jueves, 29 de diciembre de 2011

El peletero/El poder desnudo


Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.

19. El poder desnudo.

El poder desnudo tampoco vive con nosotros, necesita de adornos. La política busca el mal menor, la utopía el bien mayor, entre ambos no hay componendas aunque uno no vive sin el otro. En aquellos años la Iglesia sustituyó en la Europa Occidental a la autoridad Imperial de Roma y vistió, como mejor supo y pudo, a los nuevos príncipes que llegaron del Norte, infantiles y salvajes.

El arte del político propugnado desde Maquiavelo no es precisamente el que guarda relación directa con la moral: la idea de Platón expuesta en El político o en La República muere con los estadistas y validos en el Renacimiento y el Barroco europeos. El verdadero arte de la “ciencia” política -si pudiera escribiría aún más comillas- consiste, por deturpación y traición al espíritu griego, en el dominio de la intriga para mantenerse el mayor tiempo posible en el ejercicio del poder. Cuando Juan de Gondi, el coadjutor de la reina, había conseguido que Mazarino fuese desterrado, que se hubiese puesto el precio de cinco mil escudos a su cabeza y que esta suma se fuera a obtener de la venta de su biblioteca, no podía ni imaginarse que el cardenal volvería fortalecido de su destierro, con sus poderes plenos y reestablecidos, y que conseguiría algo más insólito aún: que un alérgico a las coronas como Cromwell se aliara con él en una cruzada anglofrancesa contra España. A los leguleyos del Parlamento, los amigos de Cromwell, que buscaban el apoyo de sus homónimos británicos, se les derrumbó su edificio como si de un castillo de naipes se tratase... y Mazarino mató no dos, sino dos centenares de pájaros de un solo tiro.

Toda esta política de imposibles y obtención de poder a perpetuidad se explica en este libro: la obtención de favores de otras personas, el logro de la fama y del reconocimiento en beneficio propio, la administración del tiempo personal, cómo aparentar leer o escribir algo diferente a lo que verdaderamente se está haciendo, la manera adecuada para ganar dinero y conservarlo, la apariencia oportuna de los sentimientos, cómo concitar odios o favorecer cariños a voluntad, el arte del disimulo o la virtud de la desconfianza... Valga como ejemplo el modo tan simple y crudo con que Mazarino conservaba los favores: “Nunca sostengas una opinión contraria a la suya, ni se la rebatas, y si te atreves a hacerlo, deja que te convenza, que te haga cambiar de parecer, y finge que así ha sido”.

No olvidemos el origen romano de las estrategias de la ciencia del discurso (dialéctica, retórica, oratoria) ni el precedente un siglo antes de Maquiavelo, al que Mazarino da una vuelta de tuerca más en ese difícil y pervertido arte de mantenerse en el poder. Como he indicado al principio, un librito primordial para aquellos que, desde un talante liberal, tratamos de anticiparnos a los voraces fagocitadores de cargos, a los tragamillas de las pirámides sociales; como nos advierte Ioannis Selliba, el editor original de las máximas de Mazarino compiladas en 1684, “no para engañar, sino para no dejarte engañar”. (La erótica del poder según el cardenal Mazarino, David Felipe Arranz. Sobre: Cardenal Mazarino, Breviario de los políticos, trad. de Alejandra de Riquer, Barcelona, Acantilado, 2007)

(http://www.iberarte.com/index.php/20070610716/canales/opinion/la-era-del-poder-segl-cardenal-mazarino.html)


En la Europa renacentista y barroca apareció el Mecenas de las artes que los Papas de Roma encarnaron en mayor grado aunque ya tuvieron que rivalizar con el nuevo imperio del dinero fresco del burgués y del noble aburguesado. Sin embargo, el heredero de San Pedro fue un verdadero hombre completo, soberano y pontífice, burócrata y empresario, militar y hacedor de reyes que hablaba y sigue hablando por boca de Dios de igual manera que sus artistas -que también han terminado siendo universales- se vieron obligados a hacerlo por boca de él. Luego vino el Rey que como un pararrayos se convirtió en el centro absoluto de todo al serlo todo al mismo tiempo, pueblo y Palacio, la encarnación de la Nación. Familias poderosas como los Medici ya usaban criterios “selectos” que no son una mera suma de objetos inclasificables, las “listas” siguen un criterio, sino científico, al menos dirigido y abigarrado.

Todos, desde los entretenidos músicos hasta los grandes arquitectos, pasando por los escultores, orfebres y pintores, ingenieros, y también inventores -que vieron cercano el día en que podrán volar con alas de hierro-, sirvieron -y sirven todavía- a su señor, Obispos, Reyes, Sátrapas, burgueses y los grandes burócratas de Palacio o de los partidos políticos, a la misma audiencia, a los fans, a los espectadores y a la masa, a los expertos y críticos que encumbran o desprestigian.

El mundo moderno nació de esa visión que proporcionó la perspectiva y el ingenio mecánico, de la luz oscura de Caravaggio (1571-1610) y del Juicio final de Miguel Ángel (1475-1564), del pensamiento de Descartes (1596–1650), de la nueva política de Maquiavelo y Mazarino, de las lecciones de anatomía, de la nueva medicina y de los satélites de Júpiter que entrevió Galileo (1564-1642) con sus pobres lentes telescópicas. En todas ellas crece y vive la sabiduría, pero también la melancolía, hijas ambas de la soledad del que mira, y sabe que mirando y sabiendo no se mira ni se sabe nada si antes no se ha recordado, pues saber sólo se sabe lo que un día se supo porque se vio.

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Axiomas
1.    Actúa con tus amigos como si pudieran convertirse un día en tus enemigos.
2.    En una comunidad de intereses, existe peligro desde el momento en que un miembro se vuelve demasiado poderoso.
3.    Cuando quieres obtener de corazón algo, que nadie lo descubra hasta que lo hayas obtenido efectivamente.
4.    Es necesario conocer el mal para poder combatirlo.
5.    Todo lo que puedas arreglar pacíficamente, no trates de arreglarlo por medio de una guerra o un proceso legal.
6.    Es preferible aceptar un ligero perjuicio que hacer prosperar los asuntos de otro porque se espera de ellos un gran beneficio.
7.    Al mostrarse demasiado duro en los asuntos, se expone uno a grandes peligros.
8.    El centro es siempre preferible a los extremos.
9.    Debes saber todo sin decir jamás nada, mostrarte afable con todo el mundo y no entregarle tu confianza a nadie.
10.    El hombre feliz es el que permanece equidistante de cada uno de los partidos.
11.    Mantén siempre un cierto grado de desconfianza de cada quien, y estate convencido que las personas no tienen mejor opinión de ti que de los demás.
12.    Cuando un partido es numeroso y poderoso, aunque no pertenezcas a él, nunca digas nada malo del mismo.
13.    Desconfía de todo aquello hacia lo cual te lleven tus sentimientos.
14.    Para ofrecer un regalo o dar una fiesta, medita tu estrategia como si fueras a partir a la guerra.
15.    No dejes que se te acerque más un secreto que un prisionero prófugo que hubiese jurado degollarte.


En resumen 
Ten siempre presentes estos cinco preceptos:
1.    Simula.
2.    Disimula.
3.    No te fíes de nadie.
4.    Di cosas buenas de todo el mundo.
5.    Prevé antes de actuar.

(Breviario de políticos del cardenal Mazzarino)

6 comentarios:

Miquel dijo...

Debes saber todo sin decir jamás nada, mostrarte afable con todo el mundo y no entregarle tu confianza a nadie. Y el resúmen son los elementos de los políticos ¡¡¡

El peletero dijo...

No solamente de los políticos, Miquel, la vida cotidiana también te demuestra que es mejor fiarse de pocos, de muy pocos.

Saludos.

Marga dijo...

Discrepo de esa opinión, señor Peletero, es más mientras leía las máximas de Mazarino me estaba dando la risa, si eso es lo necesario para triunfar así me va, no doy ni una! jeje.

Soy ilusa, lo sé, requiere su esfuerzo serlo, también soy consciente de él porque lo he "visto" y practicado en todos mis años, pero me niego a desconfiar a priori en mi vida cotodiana de nadie.

Cierto es que, sin ánimo de presumir, tengo un buen radar que me pone en alerta ante ciertos individuos pero aún así no soy capaz de andar con pies de plomo. En nada, jajaja. Cachis...

De ahí que el mundo me parezca tan feo, aunque no mucho más que a los en exceso precavidos. Y mientras llega el momento de verlo lo disfruto, una estrategia absurda, no digo que no, pero que me funciona.

En cuanto al modo político barroco, de aquellos lodos estos barros. Me parece. Desprovistos ya de toda simulación y el más mínimo estilo.

Saludos pisando las baldosas amarillas.

Y Feliz Año, si se deja.

El peletero dijo...

¿De qué discrepa, Marga?, ¿del análisis de la realidad, y del alma humana, que se desprende de las máximas de Mazarino o de la actitud que las personas han de tener respecto a esa realidad?

¿O bien de mi respuesta al comentario de Miquel al decirle que la vida cotidiana (cotidiana en el sentido amplio del término, familiar, matrimonial, amorosa, laboral, vecinal, social...) también te demuestra que es mejor fiarse de pocos, de muy pocos?

La política, y la vida, siempre han sido iguales, antes y después del siglo XVII, Maquiavelo y Mazarino solamente expusieron, sin hipocresías, la hipocresía inherente en cualquier relación de poder, no solamente la de la alta política.Para viajar siempre es conveniente disponer de un buen mapa si no queremos extraviarnos.

Pise las baldosas que quiera, pero no olvide que hay de otros colores y entre ellas junturas que dibujan cruces, todo ello conforma el suelo que, queramos que no, pisamos, excepto para los que levitan.

Me dejo, me dejo, feliz Año también para usted, apreciada Marga.

Marga dijo...

En realidad respondía a su respuesta a Miguel, fue un impulso, la tarde anterior había recibido ciertas dosis de amargura en conversación con una amiga y no sé, señor Peletero, de pronto quise rebelarme ante un sentimiento de desconfianza generalizada. Ya le dije, soy una papanatas ilusa y muy charlatana... jajaja.

De todas formas se me ocurre que sin duda debo ser una persona harto afortunada, en mi mapa de ruta nunca fue imprescindible esa pauta. Maquiavelo y Mazarino mediante, cuyos textos nunca me apasionaron, también es verdad, a pesar de reconocer su validez. Las baldosas tienen que ver, digo yo, con el peso que elegimos sustentar.

Aunque es cierto que desde que no consumo drogas me cuesta más levitar, ays.

Sonría, señor Peletero, que nada de lo que digo hoy intenta ser ortodoxo, más bien tengo ganas de expandir un poco de buen humor, jeje. (prometo leer más tarde y ponerme seria con la Vanidad)

Feliz segundo día nuevo!

El peletero dijo...

Tiene usted toda la razón, apreciada Marga, cuando insinúa que no podemos vivir desconfiando de todo el mundo, hace bien en rebelarse contra ese sentimiento de generalizada desconfianza, no es usted ninguna papanatas ni tampoco una ilusa, creo.

Hay que fiarse de los demás, naturalmente, pero mientras lo haga procure no creerse demasiado lo que le digan, por si acaso.

Hay una discrepancia básica entre los intereses y las buenas palabras y en política es algo que se encuentra en su centro. Maquiavelo y Mazarino solamente escribieron sobre ello porque existen también diferencias entre lo que la gente cree, lo que la gente sabe, lo que la gente dice, lo que la gente necesita, lo que la gente desea y quiere y lo que la gente hace.

Sonrío, Marga, y lo hago con usted, no le quepa duda, no se me nota porque, ya sabe, soy un hombre desconfiado, pero sonrío.