martes, 20 de marzo de 2012

El peletero/Teodoro Van Babel (22)



Teodoro Van Babel

22.
El Golem.

Los maniquís de sastre, sin cabeza, brazos ni piernas, son, como esculturas mutiladas, una nueva Venus de Milo, que al igual que ella parecen oscuros y secretos ídolos inmortales.

Pronto, muchos fueron perseguidos, encarcelados y ajusticiados por idólatras y herejes. La blasfemia es siempre un pecado de soberbia que permite a la ambición desbocarse como un caballo sin riendas, libre y salvaje.

Por desgracia, algunos de sus seguidores psicópatas todavía aparecen de vez en cuando tratando de fabricarse un vestido con piel humana que sólo pueden obtener despellejándola de un vivo para crear otro ser que, valga la paradoja, termina estando tan muerto como un odre de vino seco.

Los barberos rasuran, cortan los cabellos, sacan las muelas y las cambian por otras que dicen ser de oro, los maquilladores pintan nuevos rostros simulando en los labios de la boca nuevas vulvas que recuerdan más unos higos resecos que unas húmedas conchas marineras, tapan y disimulan arrugas escondiendo verrugas, los cirujanos amputan, arreglan narices y ojos, rebajan barrigas y aumentan ubres, aureolas y pezones, y también estiran, tensan y alisan pieles, inventan vaginas y cortan penes sin el menor inconveniente; muchos de ellos se han hecho ricos y son aplaudidos por una multitud de seguidores y clientes tan convencidos como necesitados de que su labor vaya más allá de ser una simple lección de anatomía.

Delirio y misterio.

----------------------------------

...y, habiéndolo puesto en el centro del mundo, le habló de esta manera:

-Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescriptas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna, te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que Son divinas.
¡Oh suma libertad de Dios padre, oh suma y admirable suerte del hombre al cual le ha sido concedido el obtener lo que desee, ser lo que quiera!

("Discurso sobre la dignidad del hombre", 1486. Giovani Pico della Mirandola. (1463-1494)

4 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

Intentar encontrar la belleza para estar solo algo más muertos.

El peletero dijo...

Existía, ya no, apreciada Alma, una larga tradición funeraria de máscaras de cera, pinturas y fotografías de cadáveres, es una lástima que el puritanismo moderno y progresista, en su anhelo higienista de incinerar a los muertos, haya terminado con tan hermosa costumbre que vinculaba de una manera artística y piadosa la belleza con la muerte.

Saludos.

Marga dijo...

Por lo visto Kafka vivía a dos manzanas de la Sinagona donde supuestamente encondían al Golem. O eso ilustra Robert Crumb en su novela gráfica, Kafka. Lo que dio lugar a no pocas pesadillas en el niño que más tarde sería tan kafkiano, él.

Pero dispersiones aparte, señor Peletero, le aseguro que a mí me parecen más delirio que misterio esas búsquedas estéticas que nos llevan a sajar y suturar pieles. A semejanza del Golem, seres de barro sin mucho juicio... me da a mí.

Y como el Golem, hay algo de pesadilla en esa búsqueda de uniformar la Belleza. Encuentro mucho más interesante la belleza de lo peculiar. Con o sin taras.

Saludos, seguro que tarados.

El peletero dijo...

Robert Crumb es uno de los grandes artistas gráficos del siglo XX, apreciada Marga, y un gran coleccionista de “77”. Cuando sea mayor me gustaría parecerme a él más que a Kafka aunque ninguno de los dos se atreva a romper el hielo y preguntarle a una meretriz por sus honorarios y especialidades.

Golems, ídolos, de barro o no, estampas, soldaditos, de plástico o de plomo, muñecas, de trapo o de silicona, monstruos del Dr. Frankenstein, chaquetas de piel de serpiente, figuras del pesebre, úteros artificiales, robots, esclavos genéticos, narices respingonas, tatuajes, escarificaciones, ojos de cristal, prótesis de rodillas, dentaduras postizas, vaginas sintéticas, colostomías.

La belleza o es peculiar o no es belleza, pero en la uniformidad la mayoría se encuentra a gusto y tranquila, parecerse a otros diluye su identidad y, al mismo tiempo, su responsabilidad, el estrés. Sin embargo, siempre hay un patrón común, una especie de semejanza, un aire de familia.

Saludos.