jueves, 19 de marzo de 2015

Παράδεισος



Diari d'hivern (23)

Παράδεισος (Paradeisos)

S’acaba l’hivern, arriba la primavera i jo explicava en el passat post que, en el seu llibre, Pascal Quignard escrivia que Sèneca pare deia que en un conte de Corneli Sever es narrava que dos soldats tombats a l’herba...

Παράδεισος significa en grec parc o jardí i ha donat nom a una temàtica molt característica dins la història de la iconografia bàsica. La millor imatge, el cim en l’art de representar jardins, és la petita pintura de Velázquez que va titular Villa Medecis on simplement veiem només l’entrada al jardí, una porta que mai s’obrirà tot i que ho demanem cantant com ho fa Richard Hawley.

En un dels meus llibres de capçalera, Arte antiguo del Asia Anterior de Antonio Blanco Freijeiro, trobo una bona descripció d’un dels relleus del rei assiri Asurbanipal on hi ha esculpit un d’aquests Παράδεισος, una icona primordial, tan similar, per cert, als frescos de les tombes etrusques. No cal afegir res a les paraules de Blanco Freijeiro, només, en tot cas, demanar, com demana Richard Hawley,  Open up your door:

Del cicle temàtic dels parcs o Παράδεισος subsisteixen molt poques plaques. En una d'elles, de triple fris, es veu, a sota de tot, part d'un porc senglar a l'espessor; al mig, uns veremadors recollint raïms; a dalt de tot, un symposium, interpretat per Moortgat, amb molta força convincent, com l'últim fill de les escenes de hierogàmia, tan típiques i freqüents en les èpoques de Mesilim i d'Ur. Asurbanipal apareix en ella recolzat en un llit, amb un bol en una mà i una flor a l'altra. Les seves armes –la espasa, l'arc i el carcaj– estan dipositades a l'esquena en una tauleta supletòria. Davant del rei es troba la reina, asseguda en una alta butaca, amb una copa a la mà i un picarol als peus. Músics i servents atenen a la real parella. L'escena té per fons una arbreda i una pèrgola de vinya, poblades d'ocells, però amb un particular element tètric: un cap humà, potser la de Teumman, penjada de la branca d'un pi. El banquet celebra la victòria sobre l’Elam, i prínceps elamites, dos d'ells representats a l'esquerra del fris, han estat, segons la inscripció, els que han cuinat les viandes en signe de servitud.

En altres relleus pitjor conservats encara, es veuen músics i lleons domesticats entre els arbres i frondes del Παράδεισος. Per Moorgat es manifesta en aquest cicle una faceta òrfica que Asurbanipal, el rei educat per sacerdot, tenia un lloc molt preferent al seu cor. Ni les guerres ni les matances, ni els sanguinaris càstigs als vençuts, van endurir aquesta fibra tendra, aquest amor a la natura, aquest desig de religiosa harmonia entre els éssers vivents. Per molt que a nosaltres ens repugni l'ús brutal de la força i l'administració implacable de la justícia –summum ius, summa iniuri – segons consta que Asurbanipal els va practicar, no hem d'oblidar que d'acord amb la moral del seu temps, ell es tenia pel més piadós i bondadós dels homes. Així, quan les adversitats van caure sobre ell i sobre el seu país, no encertava a explicar què havia fet per merèixer-ho: "Jo només vaig fer bé als homes i als déus, als morts i als vius. Per què m’atribolen les malalties, les misèries i les desgràcies?... Entre crits d'agonia arriben els meus dies al seu terme..."

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Diario de invierno (23)

Παράδεισος (Paradeisos)

Se termina el invierno, llega la primavera y yo contaba en el pasado post que, en su libro, Pascal Quignard escribía que Séneca padre decía que en un cuento de Cornelio Severo se narraba que dos soldados tumbados en la hierba…

Παράδεισος significa en griego parque o jardín y ha dado nombre a una temática muy característica en la historia de la iconografía básica. La mejor imagen, la cima en el arte de representar jardines, es la pequeña pintura de Velázquez que tituló Villa Médecis donde simplemente vemos la entrada al jardín, una puerta que nunca se abrirá aunque lo pidamos cantando como lo hace Richard Hawley.

En uno de mis libros de cabecera, Arte antiguo del Asia Anterior de Antonio Blanco Freijeiro, encuentro una buena descripción de uno de los relieves del rey asirio Asurbanipal donde hay esculpido uno de estos Παράδεισος, un icono primordial, tan similar, por cierto, a los frescos de las tumbas etruscas. No hay que añadir nada a las palabras de Blanco Freijeiro, sólo, en todo caso, pedir, como pide Richard Hawley, Open up your door:

Del ciclo temático de los parques o Παράδεισος subsisten muy pocas placas. En una de ellas, de triple friso, se ve, debajo de todo, parte de un jabalí en la espesura; en medio, unos vendimiadores recogiendo uvas; arriba de todo, un symposium, interpretado por Moortgat, con bastante fuerza convincente, como el último vástago de las escenas de hierogamia, tan típicas y frecuentes en las épocas de Mesilim y de Ur. Asurbanipal aparece en ella recostado en un lecho, con un cuenco en una mano y una flor en la otra. Sus armas –la espada, el arco y el carcaj– están depositadas a sus espaldas en una mesilla supletoria. Frente al rey se encuentra la reina, sentada en un alto sillón, con una copa en la mano y un cascabel en los pies. Músicos y sirvientes atienden a la real pareja. La escena tiene por fondo una arboleda y una pérgola de vid, pobladas de pájaros, pero con un particular elemento tétrico: una cabeza humana, tal vez la de Teumman, colgada de la rama de un pino. El banquete celebra la victoria sobre el Elam, y príncipes elamitas, dos de ellos representados a la izquierda del friso, han sido, según la inscripción, quienes han cocinado las viandas en signo de servidumbre.

En otros relieves peor conservados aún, se ven músicos y leones domesticados entre los árboles y frondas del Παράδεισος. Para Moorgat se manifiesta en este ciclo una faceta órfica que Asurbanipal, el rey educado para sacerdote, tenía un lugar muy preferente de su corazón. Ni las guerras ni las matanzas, ni los sanguinarios castigos a los vencidos, endurecieron esa fibra tierna, ese amor a la naturaleza, ese deseo de religiosa armonía entre los seres vivientes. Por mucho que a nosotros nos repugne el uso brutal de la fuerza y la administración implacable de la justicia –summum ius, summa iniuria– según consta que Asurbanipal los practicó, no debemos olvidar que de acuerdo con la moral de su tiempo, él se tenía por el más piadoso y bondadoso de los hombres. Así, cuando las adversidades cayeron sobre él y sobre su país, no acertaba a explicarse qué había hecho para merecerlas: “Yo sólo hice bien a los hombres y a los dioses, a los muertos y a los vivos. ¿Por qué me atribulan las enfermedades, las miserias y las desgracias?... entre gritos de agonía llegan mis días a su término…”

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6 comentarios:

Miquel dijo...

Este es uno de los cuadros que debía figurar en un lugar de honor.
Cuando Velazquez lo pintó rompió todas las reglas al uso. Fue la idea en el 1629, idea de pintar al aire libre (los holandeses hacían algo similar pero figurativamente), de captar la luz del momento, de pintar el paisaje sin figuras, de hacerlo mediante manchas, de hacerlo sin contornos, de no utilizar la pintura de tono muy gris o baja de cromatismo, de dar la obra por acabada cuando se pone el sol y de utilizar trazos muy cortos, la puso Manet en práctica unos siglos después para dar impulso a una escuela que se llamó impresionista (ya saben el porqué).
Luego , a don Diego , se le puede y se le debería dar el honor de decir que fue el primer impresionista en cuanto a técnica y sentido de la obra.
Salut

Marga dijo...

Estoy con Miguel, ese cuadro es de una belleza tan sencilla y luminosa que debería figurar en lugar de honor.

Las costumbres de los tiempos van cambiando, afortunadamente no siempre a peor. También Hammurabi hoy día nos parecería un cafre y sin embargo fue todo un adelantado en su época. Y el pobre Asurbanipal, lamentándose de las mismas cuitas que perseguirían al resto de los hombres, que aún nos persiguen cuando nos tocan.

Las puertas mejor entreabiertas, pues. Pero no será tan fácil.

Besos y goznes

El peletero dijo...

Me alegra mucho poder saludarte de nuevo, Miquel!!! Tienes toda la razón en el análisis que haces de este pequeño paisaje, es una verdadera obra maestra no solamente en su ejecución, sino también en esa concepción tan inteligente que sabe interpretar perfectamente el mito del jardín al no enseñarlo, esa es la clave, no mostrarlo, solamente vemos una entrada tapiada de mala manera, una puerta medio desvencijada pero que permanece en pie y que nos impide entrar, la idea siempre me ha parecido verdaderamente genial!!! El jardín lo pintamos nosotros!!!!, los espectadores.

Velázquez, por eso es insuperable y una cima que no puede ser ya más alta, siempre lograba pintar lo que no está en el cuadro, parece imposible, pero él lo conseguía, pintaba sin pintar, ¿quién más puede hacer eso?, que yo sepa nadie más lo ha logrado.

Muchos saludos

El peletero dijo...

Lo conmovedor, querida Marga, son esas cuitas que permanecen a lo largo del tiempo, siempre las mismas, siempre iguales en su componente básica.

El libro que cito, y que releo a menudo, Arte antiguo del Asia Anterior, es una obra maestra y lo es por su precisión y concisión, por algo que yo admiro profundamente y que no es otra cosa que la capacidad de describir, solamente describir, las cosas y los acontecimientos sin añadir juicios de valor, únicamente por sí mismas y por los referentes asociados a ellas. Referentes siempre necesarios porque en esa época el mundo ya era un mundo viejo con un pasado lejano.

Citar a Asurbanipal, como seguro que a usted no debe de habérsele escapado, ha sido también hacer un pequeño homenaje a sus ciudades que unos bárbaros destruyen enloquecidos en su ignorancia.

Besos de rey, de rey de su casa, naturalmente.

Marga dijo...

Ya, el mundo está loco, loco, loco y no precisamente para bien. Ni siquiera es gracioso o extravagante, verdad?

El peletero dijo...

No Marga, nada gracioso ni extravagante, en todo caso y hoy en día, lo extravagante sería hacer lo contrario.