jueves, 1 de marzo de 2012

El peletero/Teodoro Van Babel (17)


Teodoro Van Babel

17.
Emile.

Del párroco Emile sabemos menos, pero sospechamos que debió de ser de buena familia y rival del Obispo, alguien especial, sencillo pero no simple, que se conformaba con una sola parroquia habiendo podido llegar a Roma y pisar algún peldaño de sus magníficas y barrocas escaleras. No eligió el camino más cómodo, todo lo contrario, para un hombre de sus capacidades y talentos ser párroco de una pequeña iglesia no debió de ser fácil, o sí.

Teodoro nos lo retrata entrañable, afable, esa clase de personas que son y saben mucho más de lo que demuestran en un esfuerzo verdadero por no darse importancia. En Teodoro, Emile, cree ver a un buen alumno y nuestro pintor parece encontrar a un padre. Son interesantes y tiernas sus conversaciones sobre la Piedad y la Resurrección y las apostillas que de ellas hace Silvia en sus cartas y la borrachera en la que terminan él, Teodoro y su amigo Saverio.

Emile es un hombre influyente que trata de conservar un poco de sentido común en ese mundo violento y guerrero con las armas y las palabras. Vive medio retirado y sus ironías y el ligero cinismo que envuelve su conversación son también una manera de dar ejemplo y darlo alejado de la fe ciega.

Emile cree algo insólito, tal vez por influencia de Lutero, que con Dios se puede conversar como lo hacemos con cualquiera, y no más con Cristo, que fue hombre, que con el Espíritu Santo, un ángulo del triángulo demasiado olvidado por todos y no siempre el más puntiagudo.

La hipótesis de Silvia, que no anuncia de forma explícita, es que Emile formaba parte de la nobleza que sirvió a los Reyes de España y que no siendo del todo favorable a la Contrarreforma recelaba de los nuevos dueños que estaban demasiado cerca de sus siervos. Él prefería, como muchos, el poder de Roma, lejano y antiguo a uno joven y próximo que temía que cometería los mismos errores de siempre con el agravante de la ingenuidad adolescente.

Emile alentó fervientemente una de las mejores pinturas de Teodoro, “Ruth” y esa idea permanente que el párroco albergaba sobre la vida humana, una anachoresis que nadie sabe si finaliza con la muerte.

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En este momento sólo nos queda hablar de los principados eclesiásticos, donde encontraremos que las dificultades existen incluso antes de que se posean, ya que se adquieren por virtud o por fortuna, pero se conservan sin lo uno ni lo otro, pues están sostenidos por instituciones religiosas seculares que son tan poderosas y prestigiosas como para poder mantener en ellos a sus príncipes cualquiera que sea su manera de comportarse o de vivir. Estos príncipes son los únicos que poseen Estados a los que no tienen que defender y súbditos a los que no gobiernan. Si, por un lado, estos Estados aunque carezcan de defensa son imposibles de arrebatar, por otro, los súbditos, que no están gobernados, no sólo no se preocupan por ellos, sino que ni siquiera pueden ni piensan en abandonarlos. Son por lo tanto los únicos Estados que están seguros y son felices. Y como se rigen por causas superiores e inaccesibles a la mente humana, no hablaré más de ellos, pues al ser ensalzados y mantenidos por Dios, tratar sobre ellos sería una imprudencia propia de un hombre presuntuoso y temerario.

(Capítulo XI - Sobre los principados eclesiásticos. “El Príncipe”, Nicolás Maquiavelo, 1513, Edición de Mercedes López Suárez. Ediciones Temas de Hoy, S.A (T.H.), 1994.)

6 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

Algo, alguien, sencillo pero no simple, debería ser mejor considerado. Pero lo complejo y el boato se venden mejor.

E. C. Pedro dijo...

En efecto, Peletero, "es de necios confundir valor y precio". (Veo que todas las épocas se te dan, felicitaciones).

Saludos.

Marga dijo...

Por menos a Emile le hubieran quemado con sumo gusto... no eran tiempos aquellos para fantasias y sabidurías varias.

(Tampoco estos, la verdad)

Dimes y diretes de la Curia que nunca se cansó (ni se cansará) de remover su poder. Hizo bien en recelar de la Contrarreforma tratándose de un hombre honesto.

Saludos!

El peletero dijo...

Siempre ha sido así, apreciada Alma, algunos necesitan adornarse, condimentar en exceso la comida que cocinan para esconder su sosería o vacuidad.

Saludos.

El peletero dijo...

Así es, Pedro, es de necios, pero el valor no da de comer y el precio sí.

Saludos.

El peletero dijo...

No lo eran en el sentido que usted apunta, apreciada Marga, pero el espíritu humano estaba abierto y lleno de curiosidad, fue una gran época de descubrimientos, no sólo geográficos. Un cambio de época a lo que lo viejo le cuesta morir y a lo nuevo nacer.

Saludos.