domingo, 14 de junio de 2015

Quan jo era una nena i una flor de la muntanya i una rosa i un gessamí i un cactus i...


Diari de primavera (22)

Quan jo era una nena i una flor de la muntanya i una rosa i un gessamí i un cactus i...

Amb tres dies d’anticipació La Casa de la Paraula de Barcelona celebra, com cada any, el Bloomsday, l’aniversari d’un famós 16 de juny que va quedar immortalitzat en l’Ulisses de James Joyce. Entre els diferents actes es realitzen lectures en veu alta del text on sempre destaca el monòleg de la Molly Bloom. La lectura en veu alta i en comú, en família o amb amics, d’un text és ja una pràctica perduda fora de les celebracions d’aquesta mena.

El veritable mantra recurrent, però, és la queixa i el lament per la poca afició lectora actual de les persones en general. Els experts i els bons lectors sempre destaquen la bondat i els beneficis del que es coneix com a lectura profunda, aquella lectura que és realment activa i que habilita la comprensió lectora i la fase efectiva d’entendre i analitzar conceptes, idees i sentiments complexos. Malauradament d’aquest plany també es fan interpretacions maniquees en relació a la proliferació de les imatges que són vistes com hostils i enemigues de les lletres i que ens volen fer creure que es disputen, en una estranya guerra secular, el terreny i la hegemonia.

De manera recurrent sempre apareix el temor que va expressar Ray Bradbury en la seva novel·la Fahrenheit 451 contraposant, com si fossin l'aigua i l'oli, paraules amb imatges. Les coses, crec, no són així ni funcionen així. El meu germà és dissenyador gràfic i expert en marca i, conseqüentment, en símbols visuals i logotips, sé del que parlo. No cal dir per ociós que cadascú ocupa el seu lloc i compleix una funció específica diferent, sense robar-li ni envair l'espai a ningú i molt menys a les paraules i als textos, no s’ha de confondre la magnèsia amb la gimnàstica, igual que cal destacar també que les imatges s’han de saber “llegir”com els llibres. Avui en dia el desconeixement d’història  antiga i d’història recent ha convertit a tota la jovenalla en veritables analfabets visuals com ho som nosaltres quan veiem imatges alienes a la nostra cultura com ara les orientals o les africanes, en elles contemplem com cecs figures sense saber ni què veiem ni què no veiem. Tot això, no obstant, són obvietats, el que potser no ho és tant, com es destaca sovint mig en broma i mig seriosament, és que ja no s’escriuen cartes i que si en realitat pocs llegeixen gairebé ningú escriu res fora dels WhatsApp, aquest cop sí, plens d’icones que supleixen paraules.

Vull destacar aquest post que parla d’escriure i d’ensenyar a escriure, no pas a llegir. Paga, però, la pena llegir-lo. D’ell només destacaré dues frases entre moltes atribuïdes a Luis Alonso Shökel autor d’un antic manual per aprendre a escriure i que el mateix propietari del blog remarca. "Hi ha professors que defensen aquest ideal: no cohibir al noi, que es deixi anar, deixeu-lo escriure, l'important és que es vagi deixant anar, que escrigui amb naturalitat. Professors ingenus que creuen en una mena d'innocència original de l'estil infantil, una mica al que Rousseau deia amb el seu optimisme liberal. Aquest sistema és excel·lent perquè l'alumne es deixi anar a escriure malament" (...) "No s'oblidin de fer esborrany, és obligatori; al qui no presenti esborrany no li corregeixo la composició, i procurin que els esborranys arribin bastant bruts".

Tot plegat em fa pensar amb en Joan Vilardosa, professor de Literatura als Escolapis que contagiava amb naturalitat el seu entusiasme i els seus coneixements, fou una sort aprendre d’ell, era un altre temps per a mi quan jo era un esborrany "..iI les castanyoles i la nit en què vam perdre el vaixell a Algesires el guardià fent la seva ronda amb la seva llanterna i aquest horrorós torrent profund i el mar el mar carmesí de vegades com el foc i les glorioses postes de sol i les figueres en els jardins de l'Alameda i totes els estranys carrerons i les cases rosades i blaves i grogues i els jardins de roses i de gessamins i de geranis i de cactus de Gibraltar quan jo era una nena i on jo era una Flor de la Muntanya..." (Ulisses)

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Diario de primavera (22)

Cuando yo era una niña y una flor de la montaña y una rosa y un jazmín y un cactus y...

Con tres días de anticipación La Casa de la Paraula de Barcelona celebra, como cada año, el Bloomsday, el cumpleaños de un famoso 16 de junio que quedó inmortalizado en el Ulises de James Joyce. Entre los diferentes actos se realizan lecturas en voz alta del texto donde siempre destaca el monólogo de Molly Bloom. La lectura en voz alta y en común, en familia o con amigos, de un texto es ya una práctica perdida fuera de las celebraciones de este tipo.

El verdadero mantra recurrente, sin embargo, es la queja y el lamento por la poca afición lectora actual de las personas en general. Los expertos y los buenos lectores siempre destacan la bondad y los beneficios de lo que se conoce como lectura profunda, aquella lectura que es realmente activa y que habilita la comprensión lectora y la fase efectiva de entender y analizar conceptos, ideas y sentimientos complejos. Desgraciadamente de este lamento también se hacen interpretaciones maniqueas en relación a la proliferación de las imágenes que son vistas como hostiles y enemigas de las letras y que nos quieren hacer creer que se disputan, en una extraña guerra secular, el terreno y la hegemonía.

De manera recurrente siempre aparece el temor que expresó Ray Bradbury en su novela  Fahrenheit 451 contraponiendo, como si fueran el agua y el aceite, palabras con imágenes. Creo que las cosas no son así ni funcionan así. Mi hermano es diseñador gráfico y experto en marca y, consecuentemente, en símbolos visuales y logotipos, sé de lo que hablo. No es necesario resaltar por ocioso que cada uno ocupa su lugar y cumple una función específica diferente, sin robarle ni invadir el espacio a nadie y mucho menos a las palabras y a los textos, no se debe confundir la magnesia con la gimnasia, al igual que hay que destacar también que las imágenes deben saberse "leer" como los libros. Hoy en día el desconocimiento de historia antigua y de historia reciente ha convertido a toda la juventud en verdaderos analfabetos visuales como lo somos nosotros cuando vemos imágenes ajenas a nuestra cultura como las orientales o las africanas, en ellas contemplamos como ciegos figuras sin saber ni qué vemos ni qué no vemos. Todo esto, sin embargo, son obviedades, lo que quizá no lo es tanto, como se destaca a menudo medio en broma y medio en serio, es que ya no se escriben cartas y que si en realidad pocos leen casi nadie escribe nada fuera de los WhatsApp, esta vez sí, llenos de iconos que suplen palabras.

Quiero destacar este post que habla de escribir y de enseñar a escribir, no a leer. Vale, sin embargo, la pena leerlo. De él sólo destacaré dos frases entre muchas atribuidas a Luis Alonso Shökel autor de un antiguo manual para aprender a escribir y que el mismo propietario del blog remarca. Hay profesores que defienden este ideal: no cohibir al muchacho, que se suelte, dejadle escribir, lo importante es que se vaya soltando, que escriba con naturalidad. Profesores ingenuos que creen en una especie de inocencia original del estilo infantil, un poco a lo Rousseau con su optimismo liberal. Este sistema es excelente para que el alumno se suelte a escribir mal” (...) “No se olviden de hacer borrador, es obligatorio; al que no presente borrador no le juzgo la composición, y procuren que los borradores lleguen bastante sucios

Todo ello me hace pensar en Joan Vilardosa, profesor de Literatura de los Escolapios que contagiaba con naturalidad su entusiasmo y sus conocimientos, fue una suerte aprender de él, era otro tiempo para mí cuando yo era un borrador  “…y las castañuelas y la noche en que perdimos el barco en Algeciras el guardián haciendo su ronda de sereno con su linterna y ese horroroso torrente profundo y el mar el mar carmesí a veces como el fuego y las gloriosas puestas de sol y las higueras en los jardines de la Alameda y todas las extrañas callejuelas y las casas rosadas y azules y amarillas y los jardines de rosas y de jazmines y de geranios y de cactus de Gibraltar cuando yo era una niña y donde yo era una Flor de la Montaña…” (Ulises)

6 comentarios:

Miquel dijo...

Como en todo marcan los maestros.
Es evidente que un buen profe de mates te enseñará a trabajar con ellas sin que te den miedo, no he tenido esa fortuna, y a la vez un profe de literatura te dejará libre sin ponerte impedimentos...
Estamos llenos de prejuicios, ese es el problema.

El peletero dijo...

Los profesores son importantes, claro está, es lo obvio, pero los alumnos también, estoy seguro que muchos de mis compañeros que recibieron como yo clases de Joan Vilardosa no lo deben ni recordar, por una oreja les entró y por otra les salió y él nos enseñaba a todos igual.

Los prejuicios viejos no me preocupan, Miquel, esos que hablan del autoritarismo en la escuela, ya están sobradamente amortizados, a mí me preocupan los prejuicios nuevos, los progres, por decirlo así, esos que presuponen no sé qué en los alumnos. En mi post aconsejaba leer el enlace.


Salut.

Marga dijo...

Ufff complicado tema, señor Peletero, como todo lo que atañe a la educación, al "antes" y al "ahora" en nuestra percepción, a las herramientas y métodos, a los individuos, a las ganas, a la predisposición, al gozo o la tortura de querer expresarse y poder o no poder... eso, demasiados parámetros y demasiadas ideas en juego.
Personalmente creo que se lee y se escribe poco y mal, ejemplos de jovenzuelos tengo muchos y variados -casi todos negativos al respecto- y personalmente también me entristece, soy de esos locos que piensan que a mayor vocabulario y complejidad sintáctica-gramatical corresponde un pensamiento más elaborado y mejor comprensión de aquello que rodea al individuo. En pocas palabras: menos lecturas y capacidad expresiva más brutos. Aunque tampoco creo que la lectura sea la pera limonera y nos haga mejores personas y bla, bla, bla... conozco algunos necios letrados, claro.

Y tampoco creo en esa falsa competición entre letras o imágenes,considero que son elementos diferentes que sirven para una misma finalidad: interpretar lo que nos rodea. Y ya esta bien y ya nos sirven.

Como ya le dije, complejo tema, ni idea, y no tengo muy claro que ese método que se menciona en el otro blog fuera o no del todo efectivo aunque siempre es mejor eso que nada. Como leer en voz alta a los peques y seguir haciéndolo luego en grupo o llevarlos de librerías o seducirles con historias o... mientras sume bien estará, no?

Eso sí, nunca he sido capaz de terminar el Ulises, veranos y veranos que lo intentaba, más por puro esnobismo que interés sincero, lo confieso . Afortunadamente esa tontuna se me pasó hace tiempo y desistí: me aburre como pocas novelas. Mea culpa.

Besos y Bloom.

El peletero dijo...

Un tema muy complicado, efectivamente, querida Marga, y por ello apasionante. No hay que tener miedo a la guillotina del pensamiento políticamente correcto que, como usted ya sabe, inventó la izquierda y no la derecha; hay que arriesgarse en las opiniones y usar las palabras correctas que por correctas son también educadas. Sinceramente, espero que algún día alguien denuncie las barbaridades de la psicopedagogía moderna.

Para muestra un botón, léalo, vale la pena:

http://robertocolom.blogspot.com.es/2013/02/la-educacion-prohibida.html

En cualquier caso quería destacar que la lectura y la escritura son actividades complementarias con valor agregado mutuo que se retroalimentan.

La lectura comunitaria no puede substituir el acto íntimo y privado que significa leer y la abstracción, en el sentido de abstraerse, que conlleva la atención que requiere leer. La lectura comunitaria es solamente eso, un simple acto comunitario en el que un grupo de personas se juntan alrededor de un libro donde el que lee lo hace para todos y todos escuchan lo que se lee. Nada más y nada menos. Yo, en ocasiones, lo he intentado, y lo único que he logrado es desinterés.

Hace tiempo, bastante tiempo ya, que no termino los libros, y el Ulises de Joyce es uno de ellos, un libro que voy leyendo a trozos y a través de los años: ahora te pillo un rato, ahora te dejo un par de años. El monólogo de Marion es muy bonito, o a mí me lo parece, y esa cita, que podría haber ampliado, especialmente.

Besos de Ulises.

Marga dijo...

Disiento, el pensamiento políticamente correcto vino de la manita de aquella perversión del lenguaje creada como estrategia política por el nazismo y su artífice-demonio Goebbels. Desde entonces estrategias retorcidas en su simplicidad utilizadas por todos los políticos, ya sean derechas o izquierdas. Todos vieron los réditos.

Lo que nos serviría para ilustrar la importancia del lenguaje y el verbo: lo políticamente correcto se asienta en lo verbalmente correcto y mueve masas.

En cuanto a la lectura colectiva me refería llevarla a cabo con niños. Todas las ideas a las que me refería hacian alusión a la necesidad de crear lectores en la infancia o adolescencia. Luego ya es muy tarde, no imposible pero poco probable. Y no hay "trucos" que valgan.

El peletero dijo...

Disiento, querida Marga, la manipulación de las palabras es más antigua que la noche, pero lo que en la actualidad se conoce como “pensamiento político correcto” lo inventaron las izquierdas bien pensantes, básicamente norteamericanas, con expresiones, para poner un buen y exitoso ejemplo que no molestará a nadie: invidente en lugar de ciego. Los hay a miles, algunos afortunados y otros que causan vergüenza ajena.

La palabrería y los conceptos que hay detrás de buena parte de la psicopedagogía moderna como la que se expresa en el enlace que le he adjuntado, a mí, modestamente y sin ánimo de generalizar, ofenden mi inteligencia y mi sensibilidad.

En relación a la lectura colectiva tiene toda la razón, así es, como tantas cosas en la vida, cuando no se hacen los deberes en su debido momento, luego ya es tarde. Y también es cierto, no hay trucos que valgan ni siquiera cambiando las palabras.

Se ha olvidado de los besos, pero yo no.

Besos, no ósculos.