sábado, 5 de septiembre de 2015

Els paisatges del meu estiu.


Fideuada a Vilanova i la Geltrú, agost 2015


Diari d’estiu (17)

Els paisatges del meu estiu.

A l’Albert li agraden les pintures de l’Antoni Tapies perquè en elles hi veu coses sense nom, que encara no en tenen o que, el més probable, no n’arribin a tenir mai. Altre cosa completament diferent és l’afàsia, la individual produïda per malalties neurodegeneratives o la col·lectiva, quan un grup humà que conviu plegat perd la capacitat de posar noms a les coses i ha de fer servir paraules alienes, d’altres llengües i països, d’altres temps que ja no corresponen, paraules prestades per usurers, robades, o paraules de rebaixes, comprades de saldo en els mercats i en les fires per quatre cèntims o, igual com ara es compren els llibres, a pes. El paper pesa, el dels llibres i el dels bitllets de banc, però les paraules no, com tampoc ho fan les imatges ni els paisatges que pesen com pesen els records, però sí que tots tres, juntament amb el silenci i la nostra por que ens ofega quan veiem les allaus de refugiats que fugen de l’espant, configuren la veritable lleugeresa del ser i la insignificant condició humana.

Tenim por nosaltres com ells, els refugiats, de l’espant del que fugen?, en absolut, d’això no tenim por, ni inquietud ni tampoc preocupació, i no pas per valents, decidits o saberuts, sinó per tot el contrari, per covards i estults. La nostra por és d’una altra mena, és una por que no té nom com una pintura d’en Tapies.

Les imatges que segueixen a continuació més la primera configuren el que ha estat el paisatge del meu estiu que encara no s’ha acabat. Tot i que algunes no necessiten pas cap comentari perquè parlen per si soles he pensat que era millor posar un peu de foto com si tinguessin nom. No hi són totes, n’hi haurien d’haver més, però no he volgut fer-me el pesat com els amics quan fan un passi de fotografies de les seves vacances. Estan també desordenades perquè l’ordre no canvia pas, com en els factors d’una multiplicació, el sentit del relat, l’auca es pot llegir com a un li vingui de gust, com un TBO estripat a bocins i encolat després com un trencadís gaudinià.

Sí que cal remarcar, però, que ignoro si una fideuada té alguna cosa a veure amb l’Antoni Tàpies i la seva obra, o bé amb la lleugeresa del cos o de l’ànima que causa la seva deliciosa ingestió, ho desconec, però les rebaixes de la meva botiga, anunciades amb el simpàtic dibuix de l’Albert d’una sirena, segur que sí que estan relacionades amb les coses lleugeres que no pesen, i alhora també, encara que d’una manera similar però diferent, amb la Estació Espacial Internacional, que tot i ser un munt de ferralla no pesa més que un neutrí ni menys que una Royal Enfield, no us càpiga cap dubte.

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Diario de verano (17)

Los paisajes de mi verano.

A Albert le gustan las pinturas de Antoni Tapies porque en ellas ve cosas sin nombre, que aún no lo tienen o que, lo más probable, no lleguen a tenerlo nunca. Otra cosa completamente diferente es la afasia, la individual producida por enfermedades neurodegenerativas o la colectiva, cuando un grupo humano que convive junto pierde la capacidad de poner nombres a las cosas y tiene que usar palabras ajenas, de otras lenguas y países, de otros tiempos que ya no corresponden, palabras prestadas por usureros, robadas, o palabras de rebajas, compradas de saldo en los mercados y en las ferias por cuatro céntimos o, al igual como se compran los libros, a peso. El papel pesa, el de los libros y el de los billetes de banco, pero las palabras no, como tampoco lo hacen las imágenes ni los paisajes que pesan como pesan los recuerdos, pero sí los tres, junto con el silencio y nuestro miedo que nos ahoga cuando vemos las avalanchas de refugiados que huyen del espanto, configuran la verdadera levedad del ser y la insignificante condición humana.

¿Tenemos miedo nosotros como ellos, los refugiados, del espanto del que huyen?, en absoluto, de eso no tenemos miedo, ni inquietud ni preocupación, y no por valientes, decididos o sesudos, sino por todo lo contrario, por cobardes y estultos. Nuestro miedo es de otro tipo, es un miedo que no tiene nombre como una pintura de Tapies.

Las imágenes que siguen a continuación más la primera configuran lo que ha sido el paisaje de mi verano que aún no ha terminado. Aunque algunas no necesitan ningún comentario porque hablan por sí solas he pensado que era mejor poner un pie de foto como si tuvieran nombre. No están todas, debería de haber más, pero no he querido hacerme el pesado como los amigos cuando hacen un pase de fotografías de sus vacaciones. Están también desordenadas porque el orden no cambia, como en los factores de una multiplicación, el sentido del relato, el auca se puede leer como a uno le apetezca, como un TBO roto en pedazos y encolado después como un trencadís gaudiniano.

Sí hay que remarcar, sin embargo, que ignoro si una fideuada tiene algo que ver con Antoni Tàpies y su obra, o bien con la ligereza del cuerpo o del alma que causa su deliciosa ingestión, lo desconozco, pero las rebajas de mi tienda, anunciadas con el simpático dibujo de Albert de una sirena, seguro que sí que están relacionadas con las cosas ligeras que no pesan, al mismo tiempo también, aunque de una manera similar pero diferente, con la Estación Espacial Internacional, que a pesar de ser un montón de chatarra no pesa más que un neutrino ni menos que una Royal Enfield, no os quepa ninguna duda.





Residència Bonaire, Sanitas. Barcelona.



Platja de Calafell.



Camarots de creuer de luxe, fotografia del Periódico.



Cortines CCCB. Barcelona.



Banderes independentistes als balcons. Barcelona.



Flors al terra. Barcelona.



Biblioteca Agustí Centelles. Barcelona.



Pati CCCB. Barcelona.



Congrés dels Diputats. Madrid.



Decapitacions, estat Islàmic.



Barcelona des del Guinardó.



El cel des del meu llit.



El cel des del port de Barcelona.



Escola femenina a Gaza.



Interior de l’Estació Espacial Internacional.



Filmoteca de Catalunya. Barcelona.



Finestra de Barcelona. El Raval.



Ladach. Himachal Pradesh. India.



Grafitti al Raval. Barcelona.



Hospital Clínic. Barcelona.



L’ISIS



Jo i l’Audrey.



La Monroe de la filmoteca. Barcelona.



La piscina de l’Anna.



Refugiats en un vaixell al Mediterrani.



Mara Salvatrucha. Amèrica Central.



Tercer aniversari del Curiosity. Mart.



Medellín – Barcelona.



Mercat dominical de llibres de Sant Antoni. Barcelona.



Mercat de Sant Antoni. Barcelona.



Narcotràfic a Mèxic.



Castanyer O Fiangueiro on són dipositades les cendres de la QK



Plutó, New Horizons



Rambla del Raval. Barcelona.



Refugiats. Pròxim Orient.



Una Royal Enfield, moto del Benito. India.



Tanatori de les Corts. Barcelona.



Top manta. Barcelona.



UCI, Hospital Clínic. Barcelona.



Una sargantana a la porta de Zel.



L’Albert al tren de rodalies.



Cartell de rebaixes d’estiu a Zel.


4 comentarios:

Miquel dijo...

He pasado por la puerta de Zel y no he visto el cartel, por cierto que tampoco te he visto a ti.
Por el barrio circula una Royal, y a veces pienso en los kilos que debe de pesar ¡¡¡
Por lo demás, el tiempo pasa y ahora vendrá el otoño, que nos pondrá más tristes...si cabe.
Salut

Marga dijo...

Las cosas ligeras que no pesan, ajá. Así deberían ser siempre o al menos darse una vez al día. Por pedir que no quede...

Pero no, suele ser mucho más común el espanto. Y también la arrogancia y el señalar un ellos y un nosotros a cada rato: ellos están en el espanto, nosotros no. Y basta para respirar a pesar de los golpes de pecho (o debido a ellos).

Fantásticas fotos y fantástico cartel de rebajas.

Beso y hojas.

El peletero dijo...

Esta semana me la he tomado como me ha dado la gana, Miquel, no sin problemas con mi jefe que da la casualidad que soy yo mismo. Tenía cosas que resolver, siempre hay cosas que resolver. El cartel lo colgué el viernes y el viernes tuve que cerrar temprano precisamente por esos asuntos que te digo. Si mi jefe insiste en ser un tirano capitalista me declararé en huelga y me iré a comprar una Royal que ya no fabrican en el RU para subir el Everest, pero antes deberé aprender a montar en motocicleta que no sé. Y a esperar el próximo verano que en el Everest empieza a refrescar y seguirá haciéndolo hasta el próximo junio, más o menos.

Salut

El peletero dijo...

Dicen que el infierno son los otros, querida Marga, pero yo creo que somos nosotros mismos que dejamos de ser palabras, rostros y paisajes, para convertirnos en mero papel, celulosa más pesada que el oro que, como todo el mundo sabe, atrae el polvo que no cesa en su vocación de cubrirlo todo, al cielo, a los desiertos y al mar.

Besos sin polvo, ya me entiende.