martes, 15 de diciembre de 2015

Nadal



Diari de tardor (21)

Nadal

Demà o passat demà serà Nadal, d’aquí a no res, ben aviat, vulguem o no, tard o d’hora ho acabarà sent, serà Nadal i com Joan Salvat Papasseit ens va anunciar, posats a taula oblidarem els pobres -i tan pobres com som-. Jesús ja serà nat sense saber com. Ens mirarà un moment a l'hora de les postres i després de mirar-nos arrencarà a plorar. Mentre tant, els notaris, com en la pel·lícula Plácido de Berlanga, faran festa, enfeinats en atendre al pobre que els ha tocat a la rifa sense poder deixar constància fefaent que la lletra de canvi ha estat pagada degudament i puntual.

Tothom sap, o hauria de saber, que hi ha moltes maneres de morir encara que només una de néixer, potser per aquesta raó no em perdo mai els retorns de les naus Soyuz (no és broma). Com si fossin els capítols d’un serial que em té atrapat no deixo de veure’ls mai, tots són igual, una vegada i una altra, des del comiat dels companys de la ISS fins a la càlida rebuda i la modesta cerimònia que les autoritats de Kazakhstan dediquen als cosmonautes, tot sempre és igual i tot també és sempre diferent com un part.

Per alguna motiu aquests retorns em recorden el Nadal i la pobresa de la que ens parla Joan Salvat Papasseit en el seu poema. Al veure el mòdul d’aterratge socarrimat com una placenta sanguinolenta  al bell mig de l’estepa freda de Sibèria  i la gent que els rep i que els abriga amb les mantes tèrmiques no puc deixar de fer comparacions amb un pessebre i els pastors. També penso en l’esperança que encarnava Jules Verne i que tan magistralment va saber transmetre en les seves novel·les; en les lletres de canvi impagades i en les llàgrimes de Jesús al veure’ns desmemoriats asseguts a taula al dinar de Nadal.  Llàgrimes, però, que estic segur que no van ser ni llavors ni serien ara tampoc totalment de tristesa, encara que una mica sí, llàgrimes dolces i margues, tristes i alegres alhora perquè tot plegat és tan extraordinari, precari i tempestuós com la escena de la pel·lícula Syskonbädd 1782 que mostro al principi, obra dirigida per Vilgot Sjöman al 1966.

Bon Nadal a tothom.

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Diario de otoño (21)

Navidad

Mañana o pasado mañana será Navidad, dentro de nada, muy pronto, queramos o no, tarde o temprano lo acabará siendo, será Navidad y como Joan Salvat Papasseit nos anunció, sentados en la mesa olvidaremos a los pobres -y tan pobres como somos. Jesús ya habrá nacido sin saber cómo. Nos mirará un momento durante los postres y después de mirarnos se pondrá a llorar. Mientras tanto, los notarios, como en la película Plácido de Berlanga, se tomarán el día libre, atareados en atender al pobre que les ha tocado en la lotería no podrán dejar constancia fehaciente de que la letra de cambio ha sido pagada debida y puntualmente.

Todo el mundo sabe, o debería saber, que hay muchas maneras de morir aunque sólo una de nacer, quizá por esta razón no me pierdo jamás los retornos de las naves Soyuz (no es broma). Como si fueran los capítulos de un serial que me tiene atrapado no dejo de verlos nunca, todos son igual, una y otra vez, desde la despedida de los compañeros de la ISS hasta la cálida bienvenida y la modesta ceremonia que las autoridades de Kazajistán dedican a los cosmonautas, todo siempre es igual y todo también es siempre diferente como un parto.

Por algún motivo estos regresos me recuerdan la Navidad y la pobreza de la que nos habla Joan Salvat Papasseit en su poema. Al ver el módulo de aterrizaje chamuscado como una placenta sanguinolenta en medio de la estepa fría de Siberia y a la gente que los recibe y que los abriga con las mantas térmicas no puedo dejar de hacer comparaciones con un pesebre y los pastores. También pienso en la esperanza que encarnaba Julio Verne y que tan magistralmente supo transmitir en sus novelas; en las letras de cambio impagadas y en las lágrimas de Jesús al vernos desmemoriados sentados a la mesa durante la comida de Navidad. Lágrimas, sin embargo, que estoy seguro de que no fueron ni entonces ni serían ahora tampoco totalmente de tristeza, aunque algo sí, lágrimas dulces y margas, tristes y alegres al mismo tiempo porque todo es tan extraordinario, precario y tormentoso como la escena de la película Syskonbädd 1782 que muestro al principio, obra dirigida por Vilgot Sjöman en 1966.

Feliz Navidad a todos.







6 comentarios:

Miquel dijo...

Feliz Navidad.

Enric H. March dijo...

No hi ha manera de desprendre'ns d'aquesta tristesa endèmica de planura siberiana que en el pessebre, any rere any, intentem vestir de llum. Que trista es veu la ciutat amb tants pocs llums. Fa més evident el desert gèlid que hi subjau. Com la d'aquells dibuixos animats txecs de la infantesa, que ens atreien com un abisme cap a la solitud del cosmonauta. I malgrat tot, bon Nadal!

El peletero dijo...

Bon Nadal Miquel!

El peletero dijo...

Exactament Enric, d'aquesta planura gèlida venim en busca d'una mica de llum trista, i malgrat tot, Bon Nadal!

Marga dijo...

Jajajaja qué buena comparación con la de un pesebre! me ha encantado.

Y me recuerda: volver a ver Plácido estos días. La risa-mueca que provoca es igual a mi espíritu navideño -un sí pero no, un no pero sí- porque como bien dice usted "todo es extraordinario, precario y tormentoso", ajá, chapó. (La escena la veo luego en casa, me quedo de momento con la intriga).

Feliz Navidad, amigo mío, de todo corazón e intención.

Besos e iluminaciones varias.

El peletero dijo...

Gracias, amiga mía, Plácido es siempre una buena escuela incluso para los notarios que dan fe. Ya sabe de mi afición por la Astronomía y los viajes al espacio y, he de decir, que hay algo que me congratula mucho últimamente, y es que cada vez los cosmonautas son más mayores y calvos, y tienen también un poco de barriga que no esconden, y eso, tan tonto, me hace soñar, cuando me duermo abrazado al cojín, con viajes que nunca realizaré.

Feliz Navidad igualmente también para ti, de todo corazón.