lunes, 8 de junio de 2009

El peletero/Augustus y Fidelius (El amor no consumado) (y 2)




19 Mayo 2008

-Querido padre, me he dado cuenta que en las cuatro películas que mencionas las protagonistas son monjas.

-Es cierto, dos católicas y dos protestantes.

-¿Por qué?

-Me gustan los hábitos.

-Creo que te gustan más las monjas.

-También, ambas cosas son lo mismo.

-¿No era al revés? ¿El hábito no hace al monje?

-Esa frase es verdad a medias, pero es indudable que un buen hábito siempre mejora el aspecto de quien lo lleva, eso sí, solamente el de los muy guapos y muy guapas.

-¿Por qué?

-Es una prenda difícil, estéticamente arriesgada, demasiado buena, casi perfecta, no todos los cuerpos ni todas las caras pueden lucirlos. Los hábitos y los uniformes siempre demuestran que la estética y la ética son la misma cosa.

-Angie Dickinson y Candice Bergen no lo llevan.

-Peor para ellas, con el hábito mejorarían.



-El que está horrendo y muy ridículo es David Farrar en “Narciso Negro”, con un feo gorro de paja deshilachada y esos pantalones cortos, demasiado cortos, y ese aire de turista británico, bebedor y sin ningún penique en el bolsillo, sin nada del glamour de otros aventureros y desarraigados del cine. -Está grotesco, tienes razón, pero permite destacar mejor la belleza de todo lo que le es ajeno. A pesar de ello Deborah Kerr se enamora de él.



-Tampoco hay nadie más del que pueda enamorarse, padre.

-Claro que sí, hay muchos hombres, sultanes y príncipes, pobres y ricos, campesinos, esclavos, santones y gurús. Tiene donde elegir.

-Ella, y también otra monja, la que después enloquece. Son dos mujeres blancas que se enamoran del único hombre blanco que allí hay. ¿Es un prejuicio racista?

-Por supuesto que no, hijo, ellas y él son las únicas personas que encontramos que intentan no dejarse vencer por la descomunal y arrebatadora belleza del paisaje en el que viven, por su fuerza y por su inmisericordia y su falta absoluta de piedad. Un valle recóndito en unas montañas perdidas de la India. Todos los demás habitantes de ese valle apenas se distinguen del verdor de sus montañas, no hay ninguna diferencia entre ellos y las cabras que pastan. Él es un agente comercial, borracho y fumador de pipa; esa pipa es lo único que le da un poco de prestancia a su porte desmadejado y abandonado. Está harto de todo aquello, y está anhelando marcharse lo antes posible de allí. Hasta que llega…

-Hasta que llega una monja muy bella vestida de blanco inmaculado, y con un rostro todavía más blanco, como si fuera una novia, llena de energía y dispuesta a convertir el burdel y el harén vacío donde se hospedan en una verdadera escuela y hospital. Una monja que años atrás, antes de tomar los hábitos, había estado enamorada de un hombre y a punto de casarse con él. Por eso se convierte en monja para huir de aquel fantasma, ¿verdad padre?

-Ella cree que no, el caso es que en estas montañas la naturaleza la derrota por partida doble. La belleza de la tierra con todo su terrible hechizo y poder hace fracasar sus planes y los de su congregación. Empieza a albergar dudas sobre su fe, la población nativa se muestra indiferente, una de sus compañeras renuncia, otra se vuelve loca, una tercera solamente trabaja como un robot y ella se enamora sin ruido, ni siquiera ruido en el alma, ni mariposas en el vientre, ni temblor en las piernas, ni más latidos de la cuenta en el corazón, ni tampoco sonrisas en el rostro ni deseos de la carne. Nada de eso. Se enamora de alguien tan perdido como ella, que suple, para no volverse loco, con alcohol y cinismo barato esa soledad. No está allí, a diferencia de ella, para una misión caritativa, no es ninguna ONG como diríamos ahora, está para comprar y vender cosas con dinero, eso que todo el mundo dice que apesta pero que todos ansían acumular. Quiere hacerse rico. ¿Para qué quiere hacerse rico?, ¿lo sabes tú, Fidelius?

-Mi poca experiencia me dice que la gente común piensa que la riqueza es un remedio infalible para dormir, algo así como un ansiolítico, pero no es del todo verdad, el dinero básicamente sirve para construirse un pasado. Todos piensan que es algo que tiene que ver con el futuro, y en realidad tiene que ver con el pasado. Los primeros burgueses ricos, cuando reunían el suficiente dinero, lo que hacían era comprar títulos de nobleza.

-Tienes mucha razón, hijo. Ambos, ella y él, se encuentran sin pasado, o al menos con un pasado que no sirve ya para nada, y con un presente que está fracasando en una tierra que les es extraña y hostil.

-Dices que se enamoran, padre, pero no hay palabras de amor, ni besos, ni abrazos, ni siquiera una simple caricia, ni mucho menos sexo. No hay ninguna manifestación explícita entre ellos dos de amor o enamoramiento.

-Explícita no.

-¿Implícita sí, padre?

-Sí, pero de una manera muy peculiar. Sus palabras de amor consisten en conversaciones útiles sobre el día a día, o en como reparar un desperfecto de fontanería. Son conversaciones profesionales que lo único que ofrecen es proximidad física y conversación técnica. Aparte de las ironías y el sarcasmo de él y de los intentos de ella por defenderse, no hallamos nada más que no sea hablar, como mucho, del sentido que tiene para cada uno su presencia en aquel agujero del mundo. Él se burla y ella desprecia su egoísmo. Al igual como ocurre en “Historia de una monja” y las conversaciones que mantienen ella, monja enfermera, y él, médico cirujano laico, destinados los dos en una misión en el Congo belga. Nadie nunca traspasa ningún límite, pero en la tranquilidad y el sosiego que ambos demuestran saltan chispas invisibles que serían capaces de incendiar toda la selva que los envuelve.



-En “The Sins of Rachel Cade” (El Yang Tse en llamas) ella sí que se enamora de otro, ¿no?, de un guapísimo y joven Roger Moore, y en este caso consuman totalmente ese amor, ella queda embarazada de él.



-Sí, pero Roger Moore no es el protagonista masculino, es un personaje secundario, excepto por el hijo que engendra con ella y que lo perseguirá el resto de su vida. Como diría Anna, la amiga de María, no es el que escribe las cartas, no es José, es el amigo de “físico portentoso y rostro hermoso”. El protagonista es otra vez Peter Finch, que interpreta el papel de jefe de policía de la metrópoli, en un rincón perdido de África –también el Congo belga-, y que debe negociar constantemente la tranquilidad política con el jefe de la tribu. Un verdadero rey de su pueblo, un “hombre político”, un perfecto Maquiavelo lleno de inteligencia, sutilidad y fina ironía. Un Rey con el que el jefe de policía, Peter Finch, un simple funcionario, debe tratar con la deferencia y el respeto debidos, como si estuvieran en una gran cumbre de Jefes de Estado.




-En todas estas películas los personajes viven fuera de su país.

-Vivir fuera de tu país siempre desarraiga y vacía el cuerpo, como si te lo purgaran. Después tienes la sensación de volar, y casi siempre también de una cierta impunidad. Vivir fuera de tu país es estar lejos. El concepto de lejanía existencial siempre es en relación a tu casa, eso lo dejo muy claro Kavafis en uno de los mejores poemas del siglo XX y Lawrence en unas páginas desgarradoras por lo lúcidas, claras y contundentes que son. La impunidad es un estado del alma que va muy unido al anonimato, e igual que éste otorga una falsa patina de libertad como muy bien apunta Anna en su blog. Esa impunidad es la que María quería conseguir en ese jardín secreto que era su blog apócrifo y pensar de esta manera que era libre, cuando sucedía todo lo contrario. Su jardín era una cárcel.

-Y a Rachel la engaña Roger Moore, un aviador herido caído del cielo en paracaídas, un verdadero ángel.

-Claro, Rachel no se puede resistir.

-Quizás no es muy lista, padre.

-¿Por qué dices eso?

-¿Por qué dices tú que no se puede resistir?, ¿a qué no se puede resistir?, ¿a la obviedad de su belleza?, ¿a su propio deseo?, ¿a las mentiras?

-Son muchas cosas, casi nadie puede resistirse a todas ellas juntas y al mismo tiempo.

-Te veo cansado.

-Déjame leerte la reseña de una novela de un escritor norteamericano muy apreciado, Richard Ford y su última obra traducida, “The lay of the land”, aquí “El día de Acción de Gracias”

-Lee.

-Leo lo que escribe Robert Saladrigas en el Suplemento “Culturas” de la Vanguardia de Barcelona del 9 de abril de 2008.

“El protagonista, Frank Bascombe, es un “alter ego” del propio Ford. En la novela, Frank ha cumplido ya los 55 años, es propietario de una próspera agencia inmobiliaria, vive en una hermosa casa frente al mar en un lugar ficticio de Nueva Jersey llamado Sea-Clift. Hace unos meses su segunda mujer, Sally, lo abandonó para volver con su primer marido al que supuestamente se daba por desaparecido en Vietnam, y poco después le fue diagnosticado un cáncer de próstata que hizo necesario implantarle semillas de titanio en la clínica Mayo. De manera que Bascombe, en pleno auge de la especulación del suelo, sigue vendiendo fincas con una pasmosa facilidad al mismo tiempo que la conciencia del abandono afectivo y la pérdida de facultades le aboca a una doble e irreversible aceptación: la soledad y la decadencia física. Ambas le abren los ojos para ver lo que hasta ahora se había negado a admitir: que su yo presente se sostiene en la memoria del pasado y frente a él, en un difuso futuro, identifica la muerte ante la que se siente indefenso, moralmente desprotegido.

Ellas son las únicas “certezas” que moldean su mirada entre cínica y amarga a lo largo de las dos jornadas previas al día de Acción de Gracias."

-¿Estas enfermo, padre?

-No hijo, no lo estoy. Trataba de establecer una comparación, quizás no afortunada, entre esos amores no consumados y la amargura, la tristeza y la pérdida. En todas esas películas encontramos mujeres entusiastas, sacrificadas y muy valientes, tanto como ingenuas. Ellos en cambio son unos descreídos, no paran de advertirlas, primero abruptamente, luego de manera suave y después con la más absoluta ternura, que el final de su camino, el de ellas, es el fracaso, y que su viaje es un absoluto error, que no deben anhelar ni esperar ninguna clase de éxito, que deben prepararse para el desencanto y la frustración. Que no deberían haber venido nunca y que lo mejor que pueden hacer es irse a casa.

-Quizás deberían callar y alentarlas.

-¿Mientes a menudo, hijo?

-¿Qué?

-¿Cuántas veces has dicho “te quiero” a alguien no siendo verdad?

-¿Por qué debería haber hecho eso?

-No lo sé, respóndeme.

-¿Cuántas veces lo has dicho tú, padre?

-La pregunta es mía.

-Pero soy demasiado joven, apenas un niño, no puedo mentir así.

-No es cierto, la edad no tiene nada que ver ni con las mentiras ni con el amor. Responde.

-(…)

-Responde, Fidelius.

-Lo haré si luego respondes tú a la misma pregunta.

-De acuerdo.

-Una vez, padre. Una vez le mentí a una muchacha. Le dije que la quería y no era cierto.

-¿Por qué lo hiciste?

-Para tenerla.

-¿Por qué querías tenerla?

-Era muy bella.

-¿Y la tuviste?

-Sí.

-¿Y?

-Ella no me tuvo a mí.

-Y eso no te gustó, ¿verdad?

-No. (…) Responde tú ahora, padre, es tu turno.

-Lo haré, pero antes debo terminar con todas esas historias, hijo.

-Eres un tramposo, has dado tu palabra, padre.

-Y la cumpliré, no temas, no serán mil y una historias, pero recuerda que no hemos pactado plazos. Así aprenderás cómo se hacen los tratos.

-(…)

-No pongas esa cara de niño enfadado.

-Pongo la que me da la gana.

-Pones la que tienes, nada más, no seas impertinente. Y ya es hora de que empieces a trabajar el rostro.

-¿Y eso?, ¿cómo se hace?

-Hay dos maneras.

-¿Cuáles?

-La A y la B.

-O.K., entendido, gracias por burlarte de mí.

-Discúlpame Fidelius, no sé cómo uno construye su propia cara, eso se lo deberíamos preguntar a Steve McQueen, una de las mejores caras de Hollywood, pero ya está muerto.

-Yo se lo preguntaría a los Rolling Stones.

-Tienes razón, mucho mejor a los Rolling.

-Por cierto, en esta otra película, “The sand pebbles”, los personajes son distintos a los otros. No suceden las mismas cosas.

-Ella, Candice Bergen, es igual que las demás, el diferente es él.

-¿Por qué es diferente?



-Porque no la quiere convencer de nada, ni advertir de nada, hace eso que dices tú, callar. Es un marino, mecánico de la Marina norteamericana, desobediente y rebelde, le gusta la bronca y quiere sinceramente a sus amigos y siempre que puede les ayuda aunque sea a bofetadas, pero calla. Es un tipo legal y leal, valiente y decidido. Pero calla.

-¿Y ella?

-Como las demás, un ser exquisito, ingenua, bondadosa, inteligente, entusiasta y extraordinariamente bella. Demasiado bella.

-¿Demasiado?

-Demasiado para mí, las mujeres tan bellas llegan incluso a dolerme sólo de mirarlas, dan la sensación de impostura. Y Candice Bergen es una rubia muy bella, con una sonrisa deliciosa y es casi tan elegante como Audrey. En esta película los dos sí llegan a confesarse su amor, pero no llegan a consumarlo. Él muere, mejor dicho, lo matan en una refriega, es un pequeño matiz importante, creo.

-Es una película triste, ¿verdad?

-Sí, las historias de viajes en las que muere alguien son muy tristes.

-¿Por qué?

-Porque son dos viajes en uno.

-¿Cuántas veces has dicho “te quiero” a alguien no siendo verdad, padre?

-Varias, hijo, he dicho esa mentira en varias ocasiones.

-¿Por qué lo hiciste?

-Esa es otra pregunta que necesita de otro trato.

-Sabía que me darías una respuesta así.

-El amor, hijo, no es algo que tenga que ver con los tratos, pero todo el mundo quiere que el suyo sea correspondido, nadie está dispuesto a dar aquello que el otro no está dispuesto a ofrecer.

-Eso ya lo sé, pero esos amores que me cuentas, eso que tú llamas no consumados, ¿qué significan exactamente?

-Tal vez he cometido un error al nombrarlos así. Quizás no son amor, ni enamoramiento, excepto el de “The sand pebles”.

-¿Qué son entonces?

-No lo sé muy bien, no estoy seguro, pero sí puedo afirmar que en todas esas historias hay algo que no se consuma, que no llega a realizarse, es un viaje que no termina. No son ni siquiera amores abortados. Es algo que queda suspendido en el aire, en un limbo extraño. Es una nube que pronto agotará su agua, apenas unas cuantas gotas y desaparecerá entre muchas otras como ella, condenadas al mismo fin.

-Pero debes terminar de otra manera esta narración, en algún lado debes ubicar el amor.

-¿Por qué?

-Porque el amor es importante, puede que sea afectado, pero es importante.

-Tienes razón, hijo, pero el amor no puede ser correctamente metaforizado. Lo ha sido demasiado en el pasado y en la misma actualidad, excesivas veces se lo ha intentado dibujar. El amor es demasiado importante para hablar de él usando imágenes que lo evoquen, es inaprensible, quizás por eso los protagonistas de estas y de muchas otras historias no llegan a… ¿consumarlo?, no les cabe en la cabeza ni en el estómago. Por eso hablan del trabajo, de la fontanería, de política. Hablan de otras cosas y nunca del amor. Hacen bien, hablar de otras cosas es la mejor manera de hablar del amor.

-¿El amor es demasiado importante como para hacer poesía de él, padre?

-Claro, así lo creo. Por eso la poesía amorosa acostumbra a ser mala. La poesía amorosa es una tautología, como la psiquiatría emocional, o la medicina curativa, la justicia equitativa, el comercio justo o los proyectos de futuro. O cómo afirmar o preguntarle a alguien si está a favor de la vida, o si le gusta la música. En una ocasión María se lo preguntó con cariño a José y él la ridiculizó. No fue muy galante.

-Y tú, ¿eso cómo lo sabes?

-No hagas preguntas, hijo, que no puedo responder.

-Estoy pensando, padre, que la versión oficial que se narra en los Evangelios canónicos , cuenta también una relación amorosa no consumada, la de Jesús y Magdalena, ¿no?

-Cuenta dos historias, también la de María y José. Y quizás tres.

-Pero la historia de los blogs apócrifos sí fue consumada, ¿no?

-Eso parece. Si los protagonistas fuesen realmente de carne y hueso deberían ser ellos quienes lo contasen, pero eso solamente es literatura.

-¿Entonces?

-¿Entonces?, nada.

-¿Por qué lo hiciste, padre?, ¿por qué les mentiste a esas mujeres?

-Porque era lo único que ellas estaban dispuestas a oír.

-¿Te arrepientes?

-Yo sí, pero creo que ellas no.

-Eres un presuntuoso y un farolero, padre.

-Sí, lo soy.

-¿Cuál es la tercera historia no consumada que narran los Evangelios canónicos, padre?

-¿A ti qué te parece?

-Descartando al asno y al buey no sé que decirte.

-Piensa un poco.





PD. Son muy abundantes las historias sobre amores fallidos, en cambio, las que relatan amores no consumados son mucho más escasas.

Valga como nota al margen la película que vi por enésima vez ayer mismo, 7 de junio de 2009, “The remains of the day”, más de un año después de haber escrito esta pantomima de conversación entre un padre que no existe y un hijo que nunca existirá, sirva pues como un ejemplo perfecto de amor no consumado esta pequeña obra maestra de la cinematografía británica, en la que el protagonista masculino no es ningún médico, agente comercial o jefe de policía en alguna colonia lejana del Imperio Británico, solamente es un mayordomo. Y ella no es tampoco ninguna monja, es la gobernanta de la mansión de un Lord inglés, ingenuo, bobo, bienintencionado y peligroso en su bondad de aficionado. Ellos, el mayordomo y la gobernanta, colaboran y se complementan perfectamente en el trabajo cotidiano, él es el único tema de conversación, las obligaciones y las necesidades del día a día con todos los problemas que aparecen y deben ser solucionados con prontitud, destreza y rapidez. El trabajo es la única razón para estar próximos el uno con el otro.

sábado, 6 de junio de 2009

El peletero/Augustus y Fidelius (El amor no consumado) (1 de 2)


15 Mayo 2008

-Querido padre, ¿has leído “Los blogs apócrifos” de El peletero?

-Sí, Fidelius, los he leído.

-¿Todos ellos?

-Sí, todos.

-¿Y qué te han parecido?

-Bien.

-¿Sólo bien?

-¿Y tú?, ¿los has leído, hijo?, ¿te han gustado?

-Responde tu primero, padre.

-¿Has leído además los comentarios, Fidelius?

-Sí, pero responde.

-Parecen personajes maltratados, fracasados, solos. Todo en ellos es lamento y miedo.

-¿Solamente son eso, padre?

-Sin duda son más cosas.

-¿Qué más cosas son?

-Quizás apenas haya que decir que encontramos a cuatro mujeres alrededor de unas cartas, y que el autor de ellas es muy posible que tenga la nariz todavía más enorme que la de Cyrano y casi tan larga como la de Pinocho.

-¿Crees que todo es mentira y falso?

-Esa no es una pregunta literariamente pertinente.

-Ya lo sé, padre. ¿Pero esa relación epistolar que se describe es literariamente falsa o verdadera? ¿El autor de las cartas engaña a su destinataria? ¿Es engañado por ella? ¿Qué es lo que tanto les gusta a esas mujeres de esas cartas? ¿Lo sabes, padre?

-Querido hijo, yo solamente sé que en esta vida la única cosa cierta y que no es motivo de opinión es que, como afirma el fundador de los hoteles Hilton, la cortina de la bañera debe de caer por dentro de ella y no por fuera. Todo lo demás es opinable.

-Augustus, siempre te complaces en el sarcasmo. ¿No quieres responder a mi pregunta?

-En el sarcasmo “elegante”, Fidelius, “elegante”.

-Sí, claro, elegante, pero hablábamos de amor, ¿no?, de mujeres enamoradas, ¿no? ¿Quieres responder?, ¿sí o no?

-Hablábamos de personas enamoradas. También de un hombre, de José, parece que los hombres ya no existan. Pero querido Fidelius, el único amor que yo conozco, aparte del tuyo y el mío, es el amor no consumado. No puedo responder eso que me preguntas porque no sé cómo hacerlo.

-Entonces, si me permites, hablaré yo usando palabras de otro.

-¿De quién?

-En este caso de otra, de la antropóloga Déborah Puig-Pey. Has empezando hablando de fracasos, de soledades y de miedos. Todos esos personajes “apócrifos” parecen muertos, se aman los unos a los otros y apenas dejan su aliento marcado en un espejo.

-No tan muertos, hijo, dejan algo más que un vaho en un cristal.

-¿El qué?

-Unas palabras escritas. ¿Qué dice tu antropóloga?

-No es “mi” antropóloga, y es un texto aparecido en “El País” el domingo 13 de abril pasado. El periodista que firma el artículo, Joan Carles Ambrojo, dice:

“En opinión de la antropóloga y escritora Déborah Puig-Pey, ha aumentado el desajuste entre el ideal de pareja y la realidad. “La educación sentimental se basa en el modelo romántico, contradictorio con otros modos de pensar la vida social. La relación de pareja, que es también una relación social, se sigue esperando de ella reciprocidad, sentido, duración, gratuidad. Sin embargo, estas características, que no se esperan del mundo del trabajo o de la política, en la pareja quedan aisladas fuera de contexto, y parecen heredar los mecanismos contrarios: se desarrollan como relaciones de dominio en privado”. Estos enlaces tóxicos se producen “porque son un espejo de todo lo que hemos aprendido de nosotros mismos a través de nuestras relaciones humanas”, añade Puig-Pey.

A pesar de los cambios sociales que se han producido en los últimos años, entre ellos los matrimonios entre personas del mismo sexo o la tendencia hacia una sociedad erotizada, “continúa existiendo un ideal de pareja estable y la exigencia de fidelidad sexual ligada a la fidelidad amorosa sigue siendo igual de fuerte” dice Gerardo Meil, catedrático de Sociología de la Universidad autónoma de Madrid.

Uno de los problemas en el mundo del amor, sigue la antropóloga, es que se ha caricaturizado el ideal electivo o el derecho a elegir libremente la pareja, incrementándose las razones de mercado: “La relación es más tóxica si la pareja se ha formado por una cuestión de prestigio (el dinero, el estatus, el físico) porque es una relación sometida a elementos altamente variables, consumibles e incontrolables.

-¿Qué te parecen sus palabras, padre?

-Que tiene razón la señora Puig-Pey, Fidelius, pero se equivoca en los “elementos de elección”, todos son “fungibles”, sean esos los que sean.

-¿Por qué han de serlo?

-Porque estamos hablando de cuatro cosas diferentes. El enamoramiento, la convivencia, el matrimonio y el amor. Además, los elementos de “prestigio” son tan legítimos como cualquier otro, al fin y al cabo todos son de prestigio. Lo contrario es “casi” una contradicción en los términos.

-No te entiendo.

-Uno puede elegir una pareja de “prestigio” sin estar enamorada de ella. También puede enamorarse de alguien que no le aporte ninguna clase de prestigio económico, social, cultural o sexual. Pero lo más normal es que los “elementos de prestigio” enamoren, para eso están, para eso sirven, para enamorar. Todos ellos, por separado o juntos, y todo el mundo es vulnerable a su influjo. ¿Ser inteligente no enamora?, ¿ser bello tampoco?, ¿y sabio?, ¿y ser rico?, ¿y el poder o tranquilidad que comporta esa riqueza?, ¿no enamora también? ¿O la listeza y habilidad para conseguir dinero?, ¿la simpatía?, ¿pintar un cuadro, cantar una canción? ¿Ser un buen padre o una buena madre no es un buen elemento de elección? La edad también lo es, una pareja muy joven o muy mayor otorga prestigio según por dónde la pasees. Prestigio y seducción son dos aspectos que forman parte del mismo fenómeno, como el dinero y el sexo, “El-Peletero” lo resalta continuamente, ambas cosas son lo mismo. Siempre hay que recordarlo, las personas necesitan olvidarlo constantemente para sentir y creerse que son bondadosas y que se merecen el cielo. Después, cuando tu pareja pierde la belleza o se arruina, desaparece el amor, ¿cómo ha sido?, ¿qué ha sucedido?, ¿quién mató al lobo? Nadie, se murió solo, cuentan todos.

-¿Por qué tienen esa necesidad de negar eso que los impele a enamorarse?

-Por ese malentendido que muy acertadamente señala la señora Puig-Pey, por ese desajuste entre el ideal romántico de pareja y la realidad que marca la biología y la psicología humanas.

-Estás muy seguro.

-Yo no estoy seguro de nada, Fidelius, pero… ¿recuerdas el cuento de La Cenicienta?

-¿La que siempre andaba entre cenizas?, sí, claro que lo recuerdo.

-En catalán “La Ventafocs”, en inglés “Cinderella”, en francés “Cendrillon”, en alemán “Aschenbrödel”, en italiano “La Cenerentola”. Es un viejo cuento oriental sobre el ascenso social a través del amor. El amor sirve para muchas cosas, también para ascender socialmente.

-No sé que decirte, padre.

-Yo sí sé que decirte, te hablaré de un psiquiatra italiano. Y lo haré porque en “Los blogs apócrifos” hay algo que vale mucho la pena resaltar y que es un artificio absolutamente humano.

-¿Qué es?

-La relación epistolar como uno de los más bellos símbolos del diálogo y de relación entre seres humanos.

-¿Eso que hacemos tú y yo?, ¿conversar?

-Eso precisamente, querido hijo. Hablar y conversar, utilizar los verbos, los sustantivos, los adjetivos y los adverbios. El 8 de marzo pasado, Vicente Verdú, en el País nos hace una interesante reseña de una conferencia realizada en la Universidad Complutense de Madrid por Eugenio Borgna, catedrático de la Clínica de las Enfermedades Nerviosas en la Universidad de Milán. En ella cuenta algo que todos sabemos, pero que también olvidamos con demasiada frecuencia y rapidez: el valor terapéutico de la conversación y el coloquio. Afirma que “en el mutuo ejercicio del habla, cada sujeto se libera de su cerco y llega a comprender que su mal no consiste en un acoso diseñado para dañarle, sino que forma parte de una sevicia general del pueblo, de la ciudad o de todo el planeta humano”.

-Recuerdo ese artículo, padre. Pero me pareció absurdo y una tonta tautología calificar a eso de “psiquiatría emocional”, ¿no?

-Es un calificativo “comercial”, sin duda.

-Está bien que diga que “acentúa el valor del lenguaje emotivo”, pero no es necesario afirmar que “enfatiza el espacio del alma”.

-Cada vez te pareces más a mí, pero es de justicia resaltar, como él lo hace, que: “una infinidad de mujeres que meriendan juntas en las cafeterías del mundo, de sus tertulias se derivan confortamientos espirituales nunca igualados por la farmacopea o la religión”.

-¿Los hombres no somos así, padre? ¿No conversamos?

-Conversamos, pero de otra manera.

-¿Cómo?

-No hablamos de nosotros, mejor dicho, sí, hablamos de nosotros, del grupo, de lo que no hablamos es del “yo”. No hablamos de nosotros mismos frente a los otros miembros del “club”, de la banda, de la tropa. Borgna habla de una “desertización sentimental”, afirma que ya solamente lloramos en la oscuridad del cine, pero que cuando salimos al exterior controlamos nuestros sentimientos, que en los espacios públicos no se está permitido mostrarlos, el más importante entre ellos es el del lugar de trabajo, y que a las mujeres les perjudica profesionalmente “traslucir sus preocupaciones y difundir problemas familiares”

-A las mujeres y a los hombres, a cualquiera. Ese Borgna es un “seductor”.

-Pero los hombres siempre hemos hecho eso, hijo.

-¿El qué?

-Eso que se demanda, callar. No se puede ir a la guerra en tertulia.

-¿Te burlas?

-Si me permites hablar de mi experiencia escasa, parcial e interesada, te diré que las mujeres, por lo común, son tan poco románticas como lo puede ser un cocodrilo hembra del Serengueti, pero si me burlo lo hago de los hombres, no de las mujeres. Borgna afirma que ese “callar, aguantar, trabajar en silencio, huir de las confidencias, tragar y tragar, produce que el efecto natural se manifieste en graves atascos emocionales, en la colmatación de la soledad y la parálisis de las comunicaciones interpersonales”

-No sé, padre, todo eso, excepto el cocodrilo del Serengueti, me parece tan obvio como manido.

-¿Te parece mal hablar a otros de nuestros sentimientos?

-Depende de a quién. Pero ahora que lo dices, eso es indudablemente una de las causas de tanto “blog apócrifo” o no, ¿verdad? La “Blogoesfera” está lleno de ellos.

-Me gusta el último párrafo que cita Vicente Verdú de Borgna. Dice: “Estamos devorados por la indiferencia que caracteriza nuestro modo de vida cuando estamos en el trabajo e incluso cuando estamos en casa” y continúa Verdú: “hablamos poco o casi nada de nuestros sentimientos, manifestamos exiguamente las emociones y, al fin, la angustia personal con sus paralelas sensaciones de náusea crónica no viene a ser sino un síntoma del reprimido deseo por volcar nuestro interior sobre el soñado cuerpo de los otros”.

-“El soñado cuerpo de los otros”.

-Sí, “El soñado cuerpo de los otros”.

-¿El cuerpo físico?

-También ése, quizás especialmente ése.

-¿Por qué?

-Porque ya lo dicen muchos, la epidermis y el sudor, la calidez y el tacto de un cuerpo humano son la primera neurona de nuestro cerebro. El cuerpo amado es el mejor alivio para cualquier enfermedad.

-¿Y una relación epistolar puede suplir el cuerpo del otro?

-Durante un tiempo sí.

-Pero no siempre.

-No.

-¿Qué sucede entonces?

-Se produce el silencio. El silencio solitario, no compartido. La soledad. La verdadera, la que mata.

-Pero hace muy poco acabas de afirmar que el único amor que conoces es el no consumado. ¿Tiene eso algo que ver con las relaciones epistolares?

-Claro que sí, precisamente sí. Y tiene que ver también con algo mucho más importante y trascendental simbolizado en ese tipo de conversación a distancia entre personas.

-¿El qué?

-Cuando alguien lo ha dicho de manera perfecta es mejor transcribirlo: “Noli me tangere”

-¿Quién dijo eso?

-Jesús a Magdalena cuando ella lo vio a las pocas horas de resucitar.

-¿”No me toques”?

-Antoni Puigverd lo cuenta muy bien en un artículo del pasado 24 de marzo en la Vanguardia.

-¿Qué cuenta?

-Puigverd dice: “En una visita de madrugada, unos discípulos descubren que el sepulcro está abierto y vacío. Magdalena resta junto a la losa, llorando, hasta que aparece Jesús. Ella, inicialmente, no lo reconoce. Y cuando por fin lo hace, Jesús, cortando el abrazo, dice: “No me toques” (“Noli me tangere”, en latín eclesiástico). El sentido teológico de la frase es el siguiente: “Ya no soy el que era, a partir de ahora no debo relacionarme con vosotros de la misma manera que antes”.

Y continúa en la parte más interesante: “Pero la frase oculta, además, el secreto del conocimiento. Para conocer (es decir, para amar) hay que renunciar, si no literalmente a tocar, sí a poseer. Conoce el sabio que consigue distanciarse del objeto de su estudio. Crece el afecto más en ausencia que en presencia de la amada, recordaba Joan Maragall. Y los padres saben, no por teoría platónica, sino por experiencia, que el vínculo sentimental es más intenso cuando los chicos ya no duermen en casa. No es extraño que los mejores poemas de amor sean escritos desde la ausencia: filtran la emoción a través del recuerdo. El pasado dice: “No me toques”, y, en su prohibición, adquiere gran claridad. No es que añoremos el tiempo pasado, es que el presente nos turba porque está pegado a nosotros. Nos abraza de tal manera, que no podemos entenderlo”.

Yo creo igualmente, hijo, que este “noli me tangere” no es solamente el secreto del conocimiento, los es también del amor y de la libertad, es la verdadera “Trinidad” que describe la personalidad de Dios y lo que siente por nosotros: “Para conocer (es decir, para amar) hay que renunciar, si no literalmente a tocar, sí a poseer”.

-¿Dios no nos posee?

-No, esa es la paradoja.

-Pero nos ha creado.

-Tampoco te poseo yo y eres mi hijo.

-Querido padre, en el blog apócrifo de Anna, “La Amiga”, Anna vende todo su futuro por un poco de pasado escrito en una carta.

-Cartas que no “tocan”.

-¿Eso es lo que realmente quería María? ¿No ser “tocada”?

-No lo sé, Fidelius. Eso lo insinúa Anna, no lo dice María ni tampoco José. José murió en un accidente de automóvil y ya no puede hablar, ya no puede ser “tocado”, y María está muda, como lo ha estado siempre. Anna afirma:

“Y eso, la lejanía de José, María lo agradece, José molesta menos que un hombre de verdad, que un amor de verdad. A María siempre le han gustado los ángeles, José casi parece eso, un ángel, que al ser de otro mundo, en un sentido perfectamente literal, solamente habla por teléfono y escribe, es incoloro, inodoro e insípido. ¿Hay algo mejor que eso? Conozco a muchos hombres y mujeres que desearían tener algo parecido en sus vidas. María lo tuvo durante un tiempo.”

-Entonces…

-Dilo tú, hijo.

-Creo que es mejor no decir nada.

-Lo es, es mejor callar, pero callar no impide a nadie contar “historias”, son dos cosas distintas. ¿Quieres que te cuente algunas de “amores no consumados”?

-Claro que sí, padre, como cuando era muy pequeño y leíamos cuentos en la cama, allí empezaron nuestras conversaciones, ¿verdad?

-Empezaron mucho antes, hijo, cuando te cantaba antes de que tu madre te pariera, incluso antes que te concibiera, cuando solamente yo te pensaba. Conversaba contigo sin “tocarte”.

-¿Cómo José conversaba con María, Augustus?

-¿De qué José y de qué María me hablas, hijo?, ¿de los que aparecen en los Evangelios canónicos o los protagonistas de los blogs apócrifos?

-Me haces reír y me harás llorar, padre, por cierto, ¿sabes algo de mamá?

-No, hace años que no responde a mis cartas.

-Pero si me dijiste que fuiste tú quien dejó de escribir.

-Claro, cuando ella dejó de responder a mis preguntas.

-El que vas a llorar ahora eres tú. Cuéntame esas historias.

-Lo haré, te las contaré, pero será en otro momento.

-¿Por cuál empezarás?

-Por “Narciso Negro”, una película del año 1947, de Michael Powell y Emeric Pressburger, e interpretada por Deborah Kerr y David Farrar.

-¿Y luego?

-En segundo lugar te hablaré de “Historia de una Monja”, una película de 1959, dirigida por Fred Zinnemann, basada en una novela de Kathryn Hulme del mismo nombre, e interpretada por Audrey Hepburn y Peter Finch. Después, en tercer lugar, “The Sins Of Rachel Cade”, año 1961 y Gordon Douglas como director, interpretada por Angie Dickinson y también por Peter Finch. Y en cuarto y último lugar, “The sand pebbles” dirigida por Robert Wise el año 1966 e interpretada por la encantadora Candice Bergen y Steve Mcqueen.

-Pues ya puedes empezar, pero antes sécate esas lágrimas, padre.

viernes, 5 de junio de 2009

El peletero/La poesía horizontal/La dona morta

13 Mayo 2008

Quan el poeta canta és millor emmudir i escoltar. Com quan em mira el pare.

Mut.

O com quan em mires tu, que es una manera fina de dir que no em mires a mi.

A qui mires, nina?, a qui miraves que ja no el mires? Per qui obries aquests ulls que ja són buits?, què mires ara sota terra?

A mi no, ni a ell, ni a l’altre, ara mires a la Fera?

Qui t’espera? Jo no, ni ell, ni l’altre.

O sí?

Guaita, mira, fixa’t quants et miren ara, tants que ni la Fera pot deixar de mirar-te també.

Ni Ella ni Déu que la va fer.

(La dona morta, El peletero, 15 de gener de 2008)

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Cuando el poeta canta es mejor enmudecer y escuchar. Como cuando papá me mira.

Mudo.

O como cuando me miras tú, que es una manera delicada de decir que no me miras a mí.

¿A quién miras, muñeca?, ¿a quién mirabas que ya no lo miras? ¿Para quién abrías estos ojos que ya están vacíos?, ¿qué miras ahora, bajo tierra?

A mí no, ni a él, ni al otro, ¿ahora miras a la Fiera?

¿Quién te espera? Yo no, ni él, ni el otro.

¿O sí?

Observa, mira, fíjate cuántos ahora te miran, tantos que ni la Fiera puede dejar de mirar también.

Ni Ella ni Dios que la creó.

(La mujer muerta, El peletero, 15 de enero de 2008)

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Hay cosas que uno intuye,

























(Audrey Hepburn, fotografiada por el departamento de publicidad de la Paramount Pictures)

y sin saber cómo, acierta. Y quizás en este caso no fui yo y sí fue ella naciendo en Bélgica. Me refiero a Audrey Hepburn. ¿Tiene eso alguna clase de sentido?, indudablemente no, no lo tiene ni siquiera para mí que soy el que lo escribe. Pero debía hacerlo, escribirlo tal cual, sin sentido, y recordar aquella monja que no pudo evitar no ser santa.

Hoy en día, a inicios del 2008, Audrey está de moda y eso siempre es malo, aunque ya esté muerta y no le afecte. Pero me afecta a mí. Y eso para mí es mucho más importante que para ella, que ya está muerta. Para siempre.

Está muerta y está demasiado de moda, y eso es todavía peor. Mucho peor.

El mundo la ha redescubierto y ha vuelto a ver en ella algo que no tiene significado ni lógica, y que solamente puede ser explicado a base de paradojas tan sin sentido como la que inicia este texto en prosa.

Exactamente igual que aquella mirada tuya que me miraba mirando otra cosa.

¿La belleza no tiene lógica?, ¿la elegancia tampoco la tiene?

Cuando no se sabe qué se mira, ninguna de las dos tiene lógica, ni la belleza ni la elegancia. Porque en parte, el secreto de ambas cosas es eso, no saber qué mira, quien ambas posee.

Las personas realmente elegantes no miran nada en concreto, si además son extraordinariamente bellas, todavía menos. Suponer que lo miran a uno es una presunción totalmente fuera de lugar, que la realidad , tarde o temprano, se encargará de desmentir entre lágrimas y dolor.

En esos casos uno debe tomarse un fin de semana largo en Ostende, pasearse por esta ciudad decadente, caminar por sus playas, esas playas anchas del Canal y del Mar del Norte, que casi se hunden debajo del mar en busca de huesos de ahogados, para traerlos otra vez a tierra, y que sean enterrados como Dios manda.

Será adecuado y necesario tomarse un buen chocolate caliente en una terraza de café, y releer una no muy buena novela que tiene lugar por estas calles, “Dolicocéfala rubia”, de Pitigrilli.

Y así, contento y feliz, disfrutando del momento y del lugar, imaginar a esa rubia perfecta, llamada Giudi Olper, tan joven, espigada, sensual, sumamente inteligente y atrevida, seducir al pobre Teodoro Zweifel.

Cuando se termine el chocolate y empiece a oscurecer y refrescar, volverás a preguntarte por enésima vez, ¿qué demonias mirabas?, ¿a Dios?, ¿a la Fiera?, porque a mí seguro que no me mirabas.

A mí no.

Yo creo saber a quién mirabas, me puedo equivocar, claro, y me puedo equivocar mucho.

Como díría una tonadillera:

Me suelo equivocar mucho en las cosas del querer,
pero no me equivoco nunca en las cosas del mirar.
¡Qué pena!, que querer y mirar sean lo mismo que amar.
¡Qué pena y que lástima que al mirar así…, no me puedas ver!

Creo suponer pues, que te mirabas a ti, cosa que por otra parte es la que más sentido tiene de todas las dichas hasta ahora.

Lo que ya no sé es si te viste.

jueves, 4 de junio de 2009

El pelleter i el seu germà: Veni



27 Abril 2008

COMIAT

Veni, estimada mare,

Ens vas donar la benvinguda a la vida, i gràcies a tu en ella hem cregut. Els dies i les nits: panses i figues, nous i olives.

També has fet honor al teu nom: alegre, oberta, dolça i confiada, has repartit el teu encant a tots aquells a qui has estimat.

Intel•ligent, bonica i coqueta, només has presumit amb orgull d’una sola cosa: dels teus dos fills.

El papa estarà content de tornar a tenir la teva companyia, fa dos mesos que t’està esperant.

Rep dos petons eterns i queda’t amb una mica de la vida que ens vas regalar.

Mama, resta tranquil•la, que ballarem la dansa que ens vas ensenyar, la més humil: la de caminar sempre junts.

Gràcies a tots els que ens acompanyeu en la nostra tristesa.

DESPEDIDA

Veni, querida madre: nos diste la bienvenida a la vida, y gracias a ti en ella hemos creído. Los días y las noches: “pasas, higos, nueces y aceitunas”.

También has hecho honor a tu nombre: alegre, abierta, dulce y confiada, has repartido tu encanto a todos aquellos a quienes has querido.

Inteligente, bonita y coqueta, sólo has presumido con orgullo de una cosa: de tus dos hijos.

Papá estará contento de volver a tener tu compañía, hace dos meses que te está esperando.

Recibe dos besos eternos y quédate con un poco de la vida que nos regalaste.

Mamá, estate tranquila, que bailaremos la danza que nos enseñaste, la más humilde: la de caminar siempre juntos.

Gracias a todos los que nos acompañáis en nuestra tristeza.

miércoles, 3 de junio de 2009

El peletero/Caminar junts



25 Abril 2008

La llum d’una mandarina pot il.luminar el món?

Sí.

Ha il.luminat el nostre, el temps que portem de vida.

Ella ha foragitat l’ombra,

ens ha ensenyat a mirar clar,

i el seu dolç tremolor,

a ballar la dansa més humil: caminar junts.



http://es.youtube.com/watch?v=VwXQseiTVcY

(“Per tu ploro”, sardana de Pep Ventura, cantada per Marina Rossell)


¿La luz de una mandarina puede iluminar el mundo?

Sí.

Ha iluminado el nuestro, el tiempo que llevamos de vida.

Ella ha expulsado la sombra,

nos ha enseñado a mirar claro,

y su dulce temblor,

a bailar la danza más humilde: caminar juntos.

martes, 2 de junio de 2009

El peletero/La poesía horizontal/La dona despentinada

23 Abril 2008


Quan el poeta canta és millor emmudir i escoltar. Com quan em mira el pare.

Mut.

O com quan la miro a ella despentinada, o pentinada cap a l’esquerra, la seva, que es la meva dreta.

Jo que la miro i remiro, sempre em penso que és un mirall, on ni ella ni jo som la mateixa persona, mai.

Vull el teu pit, li dic.

O un troç de mugró, només això.

Només què?, un cigró?

Sí, una fava, un pèsol, allò que tremola. Vull la meitat de tu, però la vull sencera, un trosset de pit, només.

Però tu, ni m’el dones ni m’el mostres.

Qué li fas amb la ma esquerra?

Què hi tens a la ma dreta que tant lletja la tens?, què hi agafes?, què hi esgarrapes?

Per què t’has de pintar les ungles? Vol ser maca?, més encara, dona guapa?

Et batega el cor més depressa quan ho ets?

I quan no ho ets?, deixa de bategar?

Vull els teus pits, dona, ara vull els dos, sí, aquests que tens, que qui sap si algún día et mataràn.

Bé el de la esquerra o bé el de la dreta. Qui sap si l’un, qui sap si l’altre.

És curiós, mai es posen d’acord per matar, i sí per alletar.

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(La dona despentinada, El peletero, 8 de gener de 2008)




Cuando el poeta canta es mejor enmudecer y escuchar. Como cuando papá me mira.

Mudo.

O como cuando la miro a ella despeinada, o peinada hacia su izquierda, la suya, que es mi derecha.

Yo que la miro y remiro, siempre pienso que es un espejo donde ni ella ni yo somos la misma persona, nunca.

Quiero tu pecho, le digo.

O un pedazo de pezón, sólo eso.

¿Sólo qué?, ¿un garbanzo?

Sí, una haba, un guisante, aquello que tiembla. Quiero la mitad de ti, pero la quiero entera, un pedacito de pecho, nada más.

Pero tú, ni me lo das, ni me lo muestras.

¿Qué le haces con tu mano izquierda?

¿Qué tienes en tu mano derecha?, ¿qué tan fea la tienes?, ¿qué agarras?, ¿qué arañas?

¿Por qué te pintas las uñas? ¿Quieres ser bonita?, ¿todavía más, mujer guapa?

¿Te late el corazón más deprisa cuando lo eres?

¿Y cuándo no no lo eres?, ¿deja de latir?

Quiero tus pechos, mujer, ahora quiero los dos, sí, estos que tienes, que quién sabe si algún día te matarán.

Bien el de la izquierda o bien el de la derecha. Quién sabe si uno, quién sabe si el otro.

Es curioso, nunca se ponen de acuerdo para matar, i sí para amamantar.

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(La mujer despeinada, El peletero, 8 de enero de 2008)



Quizás me equivoque,





















pero creo recordar que los peluqueros fueron los primeros en desestructurar aquello que tiene una difícil estructura, los cabellos.

La caída libre para los lacios o la espiral para los rizados.

Los primeros, apenas bien peinados, adquieren la armonía de una bandada y los segundos de un rebaño.

Charlotte Rampling no está despeinada, por supuesto que no, pero ese ventilador que seguro debe de tener a su derecha, deja a la vista los cortes hábiles de las tijeras del peluquero, que cortan dejando puntas sueltas, mechones libres, como si fuesen llamas de algún fuego, o las colas de algún pez.

Charlotte es una de esas mujeres con los pechos pequeños más sensuales del mundo del espectáculo, que aquí vemos insinuar sin terminar de mostrar nada. Con su mano derecha mal fotografiada, pareciendo más una garra que la suavidad y habilidad que seguro tiene, pero mal colocada, apoyándose en la cadera, mientras la izquierda nos promete lo que ansiamos y que nunca tendremos, al menos nosotros desgraciadamente no.

Charlotte es una de esas mujeres que han sabido madurar con la valentía en esos ojos que si no son de cristal han de ser de diamante, de carbono petrificado en las más duras condiciones de presión y de calor.

¿Qué deben de haber visto, que nunca nos contará, su boca, tan especial, tan difícil y tan morfológicamente arriesgada?

Está en el límite más delicado, el más difícil, casi para terminar siendo su boca una pequeña caricatura. Boca grande, labios no gruesos y el superior que monta ligeramente en el inferior. Esa es la clave de su morbilidad, ésa y sus pezones que un día muy lejano vimos en una portería nocturna. Grandes, erectos, como si fueran atributos masculinos.

Nosotros le pedimos que nos los dé, lo hacemos porque los necesitamos, los queremos tener en nuestra boca y entre nuestras dedos, queremos que nuestra lengua los levante y los endurezca. Hay algo importante, vital, que nos impele a pedírselos, ¿el silencio de nuestro padre?, ¿su mudez y sus ojos pillos?. ¿Los pechos de nuestra madre anciana, hermosos todavía, con su famosa peca cerca de la aureola del derecho y de la que tanto ella presumía?

¿Es eso?

Yo no lo sé, pero me gustaría pellizcárselos a Madame Charlotte, con la buena educación, pasión, suavidad, delicadeza, atención y por supuesto también, la mala intención necesarias para pellizcar pezones, y me gustaría del mismo modo que jamás llegara a morir por ellos, no sería justo para nadie.

Ni para ella ni para nosotros, ni tampoco para el Verdugo.

Yo creo que a los dos, a Él y a mí, si fuéramos mujer, nos gustaría ser ella.

(Charlotte Rampling fotografiada por Bettina Rheims, 1985)

sábado, 30 de mayo de 2009

El peletero/La poesía horizontal/La bellezza

21 Abril 2008

Quan el poeta canta és millor emmudir i escoltar, com quan em mira el pare.

Mut.

Ell sap allò que tu no, que et moriràs ofegada i d’una manera molt trista, tot i que ara et mires el món des de la seva teulada.

La teulada del món.

Des d’ella encara no saps el que encara no has de saber, ara que encara el vent et pentina els cabells i la cara, no has de saber encara que el vent soc jo.

No has de saber que pentinant-te et despullo, i que pentinant-te t’estimo, t’andreço, i et perfumo, et pinto i et vesteixo.

Et miro, t’oloro i et toco, i… et retoco.

I així, ben pentinada, tant bonica i tan guapa, et planto al sostre.

Al sostre del món.

Tot això no ho saps encara, perque encara no saps… que el vent soc jo. I que quan et moris ofegada, ofegat em moriré amb tu.

D’amor per tu?

Potser… també.

Encara que jo, el que tant sols sé, és que quan et miro, pel teu alè visc i respiro.

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(La bellezza, El peletero, 6 de febrer de 2008)




Cuando el poeta canta es mejor enmudecer y escuchar, como cuando papá me mira.

Mudo.

Él sabe lo que tú no sabes, que morirás ahogada y de una manera muy triste a pesar de que ahora miras el mundo desde su cumbre.

La cumbre del mundo.

Desde ella todavía no sabes lo que todavía no debes saber, ahora que todavía el viento te peina los cabellos y la cara, no has de saber aún que el viento soy yo.

No has de saber que peinándote te desnudo, y que peinándote te quiero, te compongo, y te perfumo, te pinto y te visto.

Te miro, te huelo y te toco, y… te retoco.

Y así, bien peinada, tan bonita y tan guapa, te planto en la cima.

En la cima del mundo.

Todo eso no lo sabes todavía, porque todavía no sabes…que el viento soy yo. Y que cuando te mueras ahogada, ahogado me moriré contigo.

¿De amor por ti?

Quizás… también.

A pesar de que yo, lo único que sé, es que cuando te miro, por tu aliento vivo y respiro.

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(La bellezza, El peletero, 6 de febrero de 2008)



La belleza física siempre es sospechosa.

























Yo al menos desconfío de ella, tanto como me dejo seducir por su encanto.

No hay ninguna verdad moral, ni nada parecido que tenga fuerza suficiente para igualarse a la fuerza que posee la belleza física.

Al menos para mí no la hay, he de reconocer mi debilidad frente a ella.

Y por ella y por su causa, admito también que sería capaz de traicionar a mi familia y a todos aquellos que me aman sinceramente. Todo ese amor de ellos y por ellos, nada sería frente al cuerpo y el rostro de una mujer como Natalie Wood.

-¿Llegarías a vender tu alma por ella?

-No. Eso no lo haría jamás.

-¿Por qué estás tan seguro?

-Una vez le pedí a un Santo un deseo. No era amoroso ni nada parecido. Era un deseo de salud para una persona querida. Pensé que debía darle algo a cambio, una especie de compensación por sus servicios. Él no me lo pidió, pero así lo hice, le ofrecí dinero a cambio de esa salud.

-¿Y qué sucedió?

-El deseo fue concedido y el Santo tomó su parte.

-¿Y?

-Pedir sigo pidiendo, pero ya no ofrezco nada a cambio. Con esa experiencia tuve más que suficiente.

-El Santo tomó demasiado, ¿no? ¿Te arrepientes?

-La salud, bienvenida fue, gracias por ella, pero nunca más pediré nada a cambio de algo. Nunca más. Ni siquiera al mismo Dios. Tampoco a un santo y menos a una persona. Excepto las cosas que se piden en la cotidianidad de la vida.

-Pero tú hablabas de la belleza de Natalie y que por ella hubieras traicionado a los amigos y hasta a tu familia.

-Sí, eso hubiera hecho. Por ella lo hubiera perdido todo, mi dignidad y mi amor propio.

-¿Y ahora?, ¿qué piensas de ello?

-Exactamente lo mismo.

-¿Traicionarías y abandonarías a los tuyos a su suerte por una mujer bella, a cambio solamente de esa belleza de su cuerpo y de su rostro?

-Sí.

-¿Eso harías?

-Sí.

Por eso desconfío de la belleza. Aunque ya sé que el error y el mal no están en ella y sí en mí.

Ella es apenas una forma, es un gesto galante, una sonrisa, es un lazo de seda que envuelve algo. En muchos casos ni siquiera a alguien.

Siempre me he preguntado una tontería, ¿qué esconden las axilas de una mujer?, ¿qué hay allí?, ¿sólo pelos, sudor, restos de depilador y desodorante? ¿Eso esconde una mujer, bella o no, en sus axilas?

-¿Qué esconde un hombre debajo de las suyas? Pues lo mismo, nada.

-Soy yo el que hace las preguntas.

-¿Qué quieres que escondan, si entre sus piernas no encontramos ni siquiera el secreto del universo, ni el manido origen del mundo que pintó Courbet?

-¿No?

-¿Estás tonto? ¿Lo has hallado tú en ese lugar?

-No, claro que no, ni en ése, ni debajo de sus axilas, pero… no sé.

-Parece que te sepa mal.

-No exactamente, pero el Universo algún secreto debe de tener, algo que lo explique. Y pienso que nada mejor que el cuerpo humano para albergarlo, da igual que sea el de un hombre o una mujer, bello o feo. Eso en realidad no importa. Hubiera sido buena idea colocar ese secreto del Universo en algún lugar del cuerpo humano, ¿no?

-En eso tienes razón. ¿Entonces por qué esa fijación por la belleza?

Quizás precisamente por ello, la belleza parece poseer un poder, en realidad lo tiene, es indudable. Ese poder parece ser una pista de ese secreto del Universo, no sé.

La belleza es un espejo muy bruñido donde mirarte.

Esa belleza del Otro es un espejo de ti mismo. Te devuelve una imagen de ti, te miras y te crees reconocer en él.

Eso es la belleza.

Y ése, creo, no estoy muy seguro, pero sospecho que es el secreto del Universo y al mismo tiempo también el de la belleza.

-¿El Otro?

-Sí, el Otro y su poder.

-¿Qué poder?

-Él también eres tú, sin él tú no eres nada, ¿te parece poco poder?

(Natalie Wood fotografiada por William Claxton, 1961)

El peletero/El ojo y el negro (12)



12 Abril 2008

Elogio de la Amada

El Amado

1:9 Yo te comparo, amada mía,
a una yegua uncida al carro del Faraón.
1:10 ¡Qué hermosas son tus mejillas entre los aros
y tu cuello entre los collares!
1:11 Te haremos pendientes de oro,
con incrustaciones de plata.

Elogio del Amado

La Amada

1:12 Mientras el rey está en su diván,
mi nardo exhala su perfume.
1:13 Mi amado es para mí una bolsita de mirra
que descansa entre mis pechos.
1:14 Mi amado es para mí un racimo de alheña
en las viñas de Engadí.

(El Cantar de los Cantares)


Querido Teodoro

Acabo de llegar a Barcelona, me hospedo como ya sabes en casa de Pedro y su esposa Bienvenida. Me quedaré aquí hasta recibir el primer envío de pieles de castor americano que está preparando Christian, el esposo de tu hermana Silvia. Espero que todo vaya bien, tengo noticias que las pieles ya han salido. Quiero comprobar también la selección que de ellas han hecho los hermanos Iván y Milton.

En casa de Pedro me encuentro bien, se halla en la calle del Rec, cerca de la playa, llena de pescadores. Ellos dos son muy agradables y él siempre escucha las noticias que le llevo de estos mundos de Dios, donde parece que los reyes se inventan guerras a su antojo, haciéndonoslas pagar siempre a la gente que trabaja. Es un juego peligroso, no para ellos, claro.

Conozco un poco España y muchos se vanaglorian y se alegran de la fortuna de ser dueños de América. Esa es la clase de regalos que el diablo te da. Tienen un doble fondo, como las diligencias que hacen contrabando y no quieren pagan los aranceles a la Corona. Son regalos con trampa.

América es un bien, tan enorme, tan preciado, tan extraordinario que nadie hubiera podido soñarla ni imaginarla, pero España, o las Españas que dicen por aquí, se lastrarán en cuerpo y alma durante siglos.

Te quiero contar como fueron los días que estuve con Albert, mi amigo monje de Poblet, miniaturista.

-¿Y América? - me preguntó Albert.

-¿América? Ya no es dueña de su destino y no lo será tampoco durante siglos.

-Estás muy seguro de ello, ¿por qué hablas así?

-La esclavitud pervierte tanto al dueño como al esclavo, y este esclavo, americano, es demasiado valioso. Tú deberías saberlo, Albert. Eres un ser libre, eres un monje de clausura, aquí encerrado entre libros y muros de piedra, que protegen tu libertad. ¿Qué mejor compañía puede soñar un hombre?

-Tienes razón, yo sé cual es el precio de la libertad, y lo sé de una manera diferente de como lo sabes tú. Pero me consultas por compañías. ¿La mejor? La de Dios, sin duda, pero te pregunto yo también, ¿hay alguna otra, aparte de nosotros mismos?

-¿Y a mí me lo preguntas?

-Tú eres un hombre de mundo.

-¿Y eso qué significa, si puede saberse?

-Viajas y conoces a gente.

-Entre moverse mucho y quedarse quieto no hay apenas diferencia.

-Saverio.

-¿Qué?

-Siempre que vienes a España, y de camino a Barcelona desde Burgos, te paras aquí unos días y me visitas, ¿por qué?

-¿No somos hermanos?

-No de sangre.

-¿Quién sabe?, no estés tan seguro. Podemos saber quién es nuestra madre, no quién es nuestro padre.

-¿Sabes que te quiero?

-¡Claro que lo sé Albert!, y yo te quiero a ti.

-¿Dos hombres amándose?

-Amor de hermanos, pero aun cuando no lo fuera únicamente, ¿a quién le importa?, ¿crees que a Dios le molesta?

-Estoy seguro que no, Saverio, incluso te digo que se alegra.

-¿Albert?

-¿Qué?

-Tú me salvaste de la ruina, mantuviste mi casa con el dinero de tu familia.

-Tu casa era también la mía.

-Sí, pero eso son palabras, nada más. El dinero es dinero, muchas veces es mucho mejor que las palabras.

-¿Y?

-Quería decírtelo.

-Ya lo has dicho.

-¿Albert?

-Dime.

-He conocido a cuatro mujeres.

-¿Cuatro?

-Sí, a una india, a una flamenca, a una salmantina y a una leonesa. La india es una esclava, la flamenca es una mujer casada que ama mucho a su esposo. La salmantina es una monja, y…

-¡Por Dios, Saverio!, ¿no puedes conocer a una mujer normal?

-¿No son normales ésas?

-Tú ya me entiendes. ¿Sabes algo de Amparo y de Magdalena?

-Magdalena está en Cuba con su esposo y a Amparo la he visto hace unos días en Toledo con Sor Dolores, la monja Salmantina. Y…

-No paras de decir y… ¿Qué?

-Nada.

-¿Qué le sucede a Doña Amparo?

-Dice que es muy feliz y que es fiel a su esposo.

-¿Eso dice?

-Sí.

-Eso está bien.

-Claro.

-¿Y?

- Que quiero que siga pensando que soy un caballero.

-¿Y no lo eres?

-Tanto como lo puedas ser tú, un monje de clausura, confesor y seductor de novicias.

-¿Yo?

-Pero te mueres de ganas.

-¿De qué?

-De seducir a novicias.

-Eso sí, me muero de ganas.

-Así estamos todos, muriéndonos de ganas. Ellos y ellas.

-Háblame de la india.

-Pues…

-Olvídate de ella.

-Pero…

-Te engañará.

-Puede, pero yo te quería explicar que…

-Te dirá que te quiere mucho, igual que se lo dice a su perro.

-No tiene perro.

-Peor.

-Pero…

-Siempre te mentirá.

-¡Carajo!, ¡¡déjame hablar!! no me permites ni abrir la boca. ¡Caramba!

-¿Para qué?, ¿para decir tonterías? Te matará, si no te ha matado ya. ¿Estás muerto o estás vivo, Saverio?, responde.

-Mmmm… Si estuviera muerto me habrías enterrado.

-Es una india, huele a madera y no distingue como nosotros la verdad de la mentira. Son peores que los recién nacidos, engañan, saben llorar, y se saben abrir como las flores.

-Pues…

-Olvídala y dedícate a cristianas de piel blanca, hazme caso, no huelen a madera, pero huelen a queso. Háblame ahora de la flamenca y de la leonesa y de esa otra, ¿qué dices que es?, ¿una monja salmantina?

-¿Queso?

-Sí, queso, al menos es comestible.

-Me has quitado las ganas de hablar.

-Entonces te enseñaré lo que estoy pintando. Mira Saverio, he empezado a ilustrar “El Cantar de los Cantares”

-Por Dios, Albert, eso no lo puedes hacer.

-¿Por qué no?

-Te van a echar, igual que a Pere, sabes de qué te hablo, ¿no?

-Sé que lo expulsaron de un monasterio, pero desconozco los detalles.

-Del monasterio de Igualada, el de Capuchinos. ¿No te lo ha contado?

-Los detalles no.

-No hay mucho que contar, fue por no llevarse bien, por no obedecer. Y a ti te pasará igual.

-No me importa. Además nadie lo sabrá si tú no se lo dices.

-¿Pero tú crees que puedes pintar eso? Escenas amorosas y eróticas que hasta a mí me ponen colorado.

-¿Hasta a ti?, ¡caramba don Saverio!, me olvidaba de tu larga y abundante experiencia en estos temas.

-Búrlate lo que quieras, pero ahora va a resultar, que tú, un monje de clausura del Císter tiene más experiencia en esas cosas que yo.

-Es que yo me escapo

-Y siempre regresas, eso es hacer trampas. En cambio yo no me puedo escapar porque siempre estoy fuera.

-¿Por qué crees que me hice monje confesor?

-¿También?, ¿a quién confiesas a monjes o a monjas?

-Las monjas son las peores.

-No me creo nada de lo que me dices.

-Haces bien, todo es mentira.

-Cuéntame alguna verdad

-Lo acabo de hacer

-¿Cuál?

-Que todo es mentira.

-¿La Santísima Trinidad también?

-Eso no, eso es demasiada verdad.

-¿Demasiada?

-Claro, no la podemos comprender.

-Te estás burlando de mí. ¿Sucede algo?

-Entre las verdaderas mentiras y las demasiado verdades uno termina por no comprender nada. Mucho trabajo.

-¿Pero no se supone que un monje de clausura medita y reza?

-Sí, claro, pero además quieren que trabaje, que pinte, que sea moderno, pero no mucho, que pinte a la italiana, que sea innovador y al mismo tiempo clásico, necesitan gustar a todos. Además quieren que enseñe, me han pedido que organice una escuela de pintura.

-¿Podrás con todo?

-Y también quieren abrir más monasterios. Han llegado monjes jóvenes, ambiciosos, que no saben nada y que se creen, cada dos por tres, que están descubriendo la sopa de ajo. Toma, prueba eso.

-¿Qué es?

-Tú come.

-Es bueno.

-Se llama “chocolate” y seguro que tiene el sabor de tu india.

-¿Cómo?

-Es americano, ha llegado hace pocas semanas. Cho-co-la-te. Muchos viajan allí y no regresan.

-¿Se quedan a predicar?

-¡Narices!, ¿por qué crees que te he hablado tan seguro de tu india? Casi todos tienen mancebas indígenas y un montón de hijos, son más fértiles que las conejas.

-¿Tú también te irás?

-A veces ya me gustaría, ya. Pero no, soy demasiado mayor. No sirvo para predicar, soy un mal vendedor, no sé vender, sí puedo ser en cambio un buen maestro. Y aquí tengo trabajo.

-Te veo cansado

-Lo estoy, y tengo un tío en Bellpuig que no se encuentra bien. Mariano, ya te he hablado de él, me preocupa. Me ha hecho de padre toda la vida… Pero… ¿sabes?

-Ya sé que vas a decirme

-¿Qué sabes que voy a decirte?

-Que cuando ves a Pere, ves a tu padre.

-¿A ti te ocurre igual?

-Sí.

Can she excuse my wrongs with virtue’s cloak?
shall I call her good when she proves unkind?
Are those clear fires which vanish into smoke?
must I praise the leaves where no fruit I find?
No, no: where shadows do for bodies stand,
thou may’st be abused if thy sight be dim.
Cold love is like to words written on sand,
or to bubbles which on the water swim.
Wilt thou be thus abused still,
seeing that she will right thee never?
if thou canst not overcome her will,
thy love will be thus fruitless ever.
Was I so base, that I might not aspire
Unto those high joys which she holds from me?
As they are high, so high is my desire:
If she this deny what can granted be?
If she will yield to that which reason is,
It is reasons will that love should be just.
Dear make me happy still by granting this,
Or cut off delays if that I die must.
Better a thousand times to die,
then for to live thus still tormented:
Dear but remember it was I Who for thy sake did die contented.

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(“Can she excuse my wrongs?” John Dowland, 1563-1626)

viernes, 22 de mayo de 2009

El peletero/El blog apócrifo de Lorena, una carta y una canción (y 8)



10 Abril 2008

Juan, mi marido, ya sabe que me iré de aquí en breve. No ha puesto ningún impedimento y él mismo se está encargando de llevar los trámites del divorcio.

No tiene a nadie, ni siquiera estos amores ocasionales que tuvo, lo conozco y sé que ahora no los tiene.

Está pasando un mal momento.

Creo que no quiere que me vaya.

Pero no dice nada.

Ya es tarde.

Creo que se siente solo.

Hace tiempo dejé a María y ahora tengo a Eve Marie.

No me gustaba que María mintiese y que no se diera cuenta que lo hacía.

Todavía estoy trastornada.

Sé que nunca olvidaré ese labio mal cosido.

Y mal partido.

Mal abofeteado

María es un ser oscuro que busca desesperadamente la luz.

O al revés, yo también sé ser un mal poeta. María es un ser luminoso que busca desesperadamente la oscuridad.

En esas cartas, en las de “ése”, en las de él, ese tipo que le escribía, creí verme a mí. En ellas había un rastro. En algún punto del paisaje se plantó un mojón, se dejó caer una piedra, se murió alguien. Allí había una lápida. Me gustan las tumbas, son un muro hecho con adoquines, una antigua calle ladeada. Los viejos reyes clavaban en el suelo “estelas” de piedra.

Estelas.

De piedra.

También es verdad que cuando leía las cartas de María, sus respuestas, no podía reprimirme la risa nerviosa y el desencanto más triste y desconsolado.

Me da rubor decir que la amé.

Me produce embarazo decir eso, todavía soy muy joven, todavía soy una niña.

Todavía soy un niño.

Todavía soy una mujer.

Todavía soy un hombre.

Y tengo miedo.

Juan me advirtió sobre María. Ten mucho cuidado con ella, no es de fiar, me dijo un día.

¿Por qué?, le pregunté.

No sé, quizás está loca, quizás actúa como si lo fuera, y ambas cosas son lo mismo. Se cree lo que dice y eso es peligroso para ella y para los demás.

Eres un cínico, ¿has hablado con María?, ¿la conoces mucho para hablar de esa forma?

Más la conoces tú, Lorena, que te has acostado con ella, yo no lo he hecho, dime, ¿qué opinas tú de María?

Que está muerta y que yo no quiero terminar así.

Pero ella no sabe que está muerta, Lorena.

No, no lo sabe, Juan, tienes razón, no es capaz de olerse. Pero dime, eso debería ser un motivo para amarla, ¿no?, para compadecerla y ayudarla.

Para compadecerla y ayudarla, no, Lorena, para amarla tal vez sí, no sé.

¿O es al revés?

(…)

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Hoy, a no sé que hora, ha empezado el verano astronómico, aunque ya hace días que empezó el meteorológico.

Son días bellos, claros y luminosos. El cielo tiene un azul intenso y oscuro.

Son días dulces gracias a tu calor y al aroma que consigues hacerme llegar.

Me gusta jugar con tus fotografías, hacerlo es mirar y remirar mil veces tu rostro.

Te miro la cara y las miles de cosas que en ella hay.

Y te miro las manos y mi anillo que nunca llevas y los pies, las piernas y el cuello. Y te miro los ojos marrones de loba parda y oscura como el misterio de las cosas misteriosamente misteriosas que son siempre las mejores.

Son días apacibles y ensoñadores en los que me gusta decirte que hueles a canela y que con tus cabellos negros y rizados perfumas lo que tocas, lo que miras y piensas. Decírte eso me gusta y me descansa.

Decirte que en tus labios rojos tienes el corazón y que besarlos es besar tus entrañas de mujer, me gusta y me descansa.

Decirte que el olor y el sabor de tu saliva son mi alma, me gusta y me descansa.

Decirte que tu belleza provoca que se dispare sola mi pistola, me gusta y me descansa.

Decirte que hoy llevo todo el día con la escopeta levantada y que estoy esperando a que llegue la noche para quedarme solo en la cocina mientras todos duermen, cerrar la puerta con llave, y acribillarte a balazos con mi pistola de agua lechosa y salpicar el suelo, me gusta y me descansa.

Decirte que sueño con lamer tus axilas sin afeitar, y saborear su sudor, me gusta y me descansa.

Amarte me gusta y me descansa, me sosiega y me da calma. El deseo expresado es reparador, el amor dicho es sanador, el querer querido es conseguidor, conquistador, vencedor y triunfante.

Soy la leche que te dará de comer, soy la carne en la que te montarás para llegar al cielo, soy el árbol al que te agarrarás con tus brazos y tus piernas cuando sople el huracán.

Soy el hombre que te dijo sí.

Lo repito porque me gusta y me descansa: soy el hombre que te dijo sí.

Me gustas y me descansas y me alteras y me empinas y me levantas, y me paras.

Parado, que no quieto, estoy. Mírame bien y verás que todo está levantado para ti y si te fijas verás que el palo de la bandera se mueve porque yo quiero que se mueva. No es el viento, lo muevo yo, mi voluntad, no sé que músculo lo agita, pero enhiesto, tieso, curvado y erguido señalando el cielo por ti está, y zarandeándose te llama, mi amor. Mira su vaivén y su ligero temblor.

Mírame y no dejes de mirarme de la cabeza a los pies. ¿Qué crees que significa lo que ves? ¿Qué valor tiene? ¿Qué vale? ¿Qué es? ¿Quién soy que levantado estoy intentando ser un faro? Abre las bodegas del barco y trágate su luz, permite que te llegue al corazón a través de tu mirada, de tu flor y de tu perla coronada que ya huelo, abriéndose para comerse la vida. Esa vida que yo quiero ser para ti.

El palo de la bandera está levantado, solo le falta la banderola, colócasela tú con tus labios y deja que el viento, la brisa y el aliento de nuestras bocas la hondee.

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Han ido pasando los años, ya he cumplido los 28, y ahora nos divorciamos.

No me gusta verte sufrir, me dice Juan. Nos estamos divorciando pero no quiero que sufras. Cuando te vayas no te olvides de darme tus señas, ¿lo harás?

Lo haré.

Procura no causarle demasiado daño a Eve Marie, es una buena muchacha, ¿me lo prometes?

Lo intentaré. Quizás sea ella la que me dañe a mí.

Tienes razón. Las personas tan heridas y maltratadas son muy peligrosas. Cuídate de todo aquél que te pida ayuda.

¿Tú que harás?

Lo único que sé hacer, servir mesas, organizar timbas de póquer y proporcionar sexo de pago a los hombres y a las mujeres que quieran y puedan pagarlo.

Pareces un ángel, eso es lo que todos hacen, ¿no?

No, todos no.

¿Quiénes no hacen eso, Juan?

No sé, alguno habrá. ¿Te gustaría tomarte la última copa conmigo?

Claro, ¿qué me sirves?

¿Te apetece un “Between the sheets” (entre las sábanas)?

¿Qué ingredientes lleva?

Media onza de brandy, media de ron blanco y otra media de Cointreau.

Como tú quieras, pero antes agítalo bien.

Lo haré. ¿Sabes que te quise mucho?

Claro que lo sé, ¿Sabes que yo te quise a ti?

Por supuesto que lo sé, (…) Tengo miedo, Lorena.

Yo también.

(…)

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LA CANCIÓN

Well sometimes I go out by myself and I look across the water And I think of all the things, what you’re doing and in my head I make a picture

‘Cos since I’ve come on home, well my body’s been a mess And I’ve missed your ginger hair and the way you like to dress Won’t you come on over, stop making a fool out of me

Why won’t you come on over Valerie, Valerie? Did you have to go to jail, put your house on up for sale, did you get a good lawyer?

I hope you didn’t catch a tan, I hope you find the right man who’ll fix it for you

Are you shopping anywhere, changed the colour of your hair, are you busy?

And did you have to pay the fine you were dodging all the time are you still dizzy?

Yeah

‘Cos since I’ve come on home, well my body’s been a mess And I’ve missed your ginger hair and the way you like to dress

Won’t you come on over, stop making a fool out of me Why won’t you come on over Valerie, Valerie.

Valerie, Valerie?

Yeah Valerie

(“Valerie”, interpretada por Amy Winehose)
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Bueno, algunas veces me ensimismo y miro el agua en la lejanía, y pienso sobre todo en lo que haces, y te imagino...,
porque desde que llegué a casa, bueno..., tengo el cuerpo dolorido, y extraño tu pelo de color jengibre y tu manera de vestir..., ¿por qué no vienes? Deja de hacerme sentir tonto.

¿Por qué no vienes, Valerie, Valerie?

Tenías que irte a la cárcel, poner tu casa a la venta, ¿conseguiste un buen abogado? Espero que no hayas cogido un bronceado, ni que hayas encontrado un hombre que te solucione todo.

Estás de compras en cualquier tienda, has cambiado el color de tu pelo, ¿estás ocupada? Y tuviste que pagar la multa que evitaste pagar por tanto tiempo, ¿estás todavía mareada? Sí...,

porque desde que volví a casa, bueno..., tengo el cuerpo dolorido...

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jueves, 21 de mayo de 2009

El peletero/El blog apócrifo de Lorena, una carta y una canción (7 de 8)



9 Abril 2008

La que ahora me gusta es Eve Marie, como la actriz Eve Marie Saint, tiene mi edad, es vietnamita y cuenta una historia de violaciones y malos tratos terribles.

Seguramente es mentira, nada de lo que cuenta es verdad, pero es extraordinariamente bella y me gusta que me hable en francés en la cama. Ya se que es cursi, pero es que yo soy cursi.

Cuando digo que es mentira no quiero decir que no sea verdad. Lo más probable es que los hechos en sí lo sean, seguramente sí fue violada por toda su familia, padre, padrastro, hermanos, tíos, vecinos, y los que pasaban por allí, con el miedo, la complicidad o el beneplácito de su madre y sus tías. Todo eso debe de ser cierto. Lo que es mentira es el uso que hace de ello. ¿Qué uso? Cada vez que nos acostamos me mira como debía de mirar a su padre. Cuando intento huir de la cama me retiene como una loca, y cuando llega al final se desmaya. Pierde el sentido. No soporto verla inane. ¿Por qué me mira como si fuera su padre? No lo soy.

A pesar de ello ya le he preguntado si quiere venir conmigo cuando se nos termine el contrato y la temporada de verano haya finalizado. Me ha respondido que sí sin querer saber a dónde. Ni yo misma lo sé.

Mi amiga Eve no es ninguna prostituta ocasional como alguna de nuestras compañeras del ballet. Yo tampoco. Aunque también necesito ese dinero ocasional. Pero bien pensado, ¿para qué? Siempre necesito dinero para irme. Siempre quiero marcharme de donde estoy. Eve también. Pero a mí no me han violado, nadie me ha forzado nunca, nadie me ha obligado a nada.

Mi padre es un buen padre y mi madre una buena mujer. No saben nada y nada pueden enseñarme, pero nunca me han hecho daño. Yo sí se lo hice engañándolos con mi supuesto embarazo.

Siempre he sido un ser libre y siempre he sido mujer, las dos son circunstancias que siempre han ido juntas, han sido inseparables. Para mí sí, quizás haya tenido suerte, pero así ha sido. Yo no puedo lamentarme. Sé que muchas mujeres sufren males terribles, pero cuando me hablan de mujeres no sé de qué me hablan.