sábado, 20 de julio de 2013

El Peletero/Ciuco Gutiérrez



Sempre t'han agradat els jocs de paraules i les paraules que en si mateixes evoquen jocs, tot i que els jocs com a tals mai t'han atret massa. Poques vegades t'he vist i et veuré jugant a la botifarra o al parxís, el teu joc és un altre, molt més arriscat, per això ets un namer i un excel·lent caricaturista, per això gairebé et saps de memòria totes les tipografies del món i tens al teu cap el catàleg sencer de Pantone com les caselles d’una ruleta i, per això també, com no podia ser d'una altra manera, vas anomenar a la teva gata salvatge multicolor amb aquest mateix nom, Pantone, aquella gata que un dia va aparèixer d'imprevist al pati de l'estudi de l'Avinguda Josep Tarradellas, que anava i venia i que un dia va tornar prenyada i un altre, després de parir , us anava presentant, un a un, els seus cadells.

Sempre he cregut que les coses que configuren el món, igual que els elements de la taula periòdica, són limitats en nombre, però que la seva combinació i el seu ordre, la seva jerarquia, donen lloc a l'Univers sencer sembrat de llum.

En aquest cas, en el de Ciuco Gutiérrez, l'univers i el sol és d'estar per casa, però no per això menys radiant, tot el contrari. I tu sembles haver-ho entès perfectament, com si, per una estranya casualitat, visquessis a la mateixa casa en la que Ciuco es va criar i va viure els seus anys de nen i adolescent on es van desenvolupar les seves primeres visions i on va anar prenent consistència i seguretat aquesta mirada que tu mateix situes entre la vigília i el somni, aquesta mirada que té la força i el coratge d'aturar el temps.

M'has parlat d'ell en innombrables ocasions perquè els vincles que us uneixen són d'amistat i no només artístics, i sense haver-lo encara conegut personalment sento una estima que va més enllà de la seva estricta faceta de fotògraf. No t'oblidis de saludar-lo de part meva quan us veieu de nou.

Una abraçada.

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Querido Albert,

Siempre te han gustado los juegos de palabras y las palabras que en sí mismas evocan juegos, aunque los juegos como tales nunca te han atraído demasiado. Pocas veces te he visto y te veré jugando a la canasta o al parchís, tu juego es otro, mucho más arriesgado, por eso eres un namer y un excelente caricaturista, por eso casi te sabes de memoria todas las tipografías del mundo y tienes en tu cabeza el catálogo entero de Pantone como las casillas de una ruleta y, por eso también, como no podía ser de otra manera, llamaste a tu gata salvaje multicolor con ese mismo nombre, Pantone, aquella gata que un día apareció de imprevisto en el patio del estudio de la Avenida Josep Tarradellas, que iba y venía y que un día regresó preñada y otro, después de parir, os fue presentando, uno a uno, sus cachorros.

Siempre he creído que las cosas que configuran el mundo, al igual que los elementos de la tabla periódica, son limitados en número, pero que su combinación y su orden, su jerarquía, dan lugar al Universo entero sembrado de luz.

En este caso, en el de Ciuco Gutiérrez, el universo y los soles son de andar por casa, pero no por ello menos radiantes, todo lo contrario. Y tú pareces haberlo entendido perfectamente, como si, por una extraña casualidad, habitaras en la misma en la que Ciuco se crió y vivió sus años de niño y adolescente donde se desarrollaron sus primeras visiones y donde fue tomando consistencia y seguridad esa mirada que tú mismo sitúas entre la vigilia y el sueño, esa mirada que tiene la fuerza y el coraje de detener el tiempo. 

Me has hablado de él en innumerables ocasiones porque los vínculos que os unen son de amistad y no solamente artísticos, y sin haberlo todavía conocido personalmente siento un aprecio que va más allá de su estricta faceta de fotógrafo. No te olvides de saludarlo de mi parte cuando os veáis de nuevo.

Un abrazo.

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Soles de andar por casa     


“El helicóptero puede bajar del espacio y libar una flor”, una chispa de la imaginación de Gómez de la Serna que me sirve para encabezar estas líneas y enlazarlas con las siguientes. Porque la poesía extravagante y dulce surgida del ingenio de Ciuco Gutiérrez se aproxima mucho a esta compleja y atenta mirada soñadora de ver la figura de un águila en una nube, la constatación de saber ver lo extraordinario en la maravilla de lo cotidiano.

Lo que más asombra en la nueva obra de Ciuco es la variedad de registros que obtiene a partir de dos únicos elementos que se repiten y combinan. Una ocurrencia que no se acaba en sí misma, como cabría suponer, sino todo lo contrario, una greguería con infinidad de ramificaciones que sorprenden en cada composición.

Ciuco parte de una paradoja visual y al mismo tiempo de una asociación de ideas, un trampantojo surrealista que a primera vista parece una broma, pero del que pronto nos sobreponemos y nos damos cuenta de la cantidad de inquietud que nos puede provocar. Asimilar una lámpara con el sol no deja de ser una travesura infantil si lo dejamos ahí, pero a partir de este punto es donde el juego de similitudes se convierte en sarcasmo. El humor que expresa es ácido y tierno, nos causa desasosiego no sólo por la extrañeza de vincular dos imágenes dispares, de unir y crear relación de causa y efecto entre la luz artificial de un interior habitado y las sombras naturales del exterior habitable, sino también porque se sonríe con triste ironía de la vacuidad del empeño humano de trascender lo que no es posible que lo sea, de intentar hacer mil veces bellos los objetos que iluminan la carne del tiempo, de dar mil formas a la nada. Si imaginamos una simple bombilla iluminando un paisaje podemos enseguida conjeturar la variedad de ilusión, ingenuidad y banalidad que somos capaces de generar y soportar.

Estas imágenes nos proponen con gran originalidad la disyuntiva entre interior y exterior, una metáfora poética clásica que Gaston Bachelard define como “la de hacer concreto lo de dentro y vasto lo de fuera” o cuando relaciona las posibilidades y significados al preguntarse si “una puerta debe estar abierta, cerrada o entreabierta”, o cuando Jules Supervielle lo poetizaba expresando esta extrañeza dual entre “el vértigo exterior y la inmensidad interior”.

Aunque bien mirado, también podrían tratarse de paisajes subterráneos, amplios panoramas de iluminación impasible y uniforme que parecen el decorado de un país inventado y encantado, unas vistas pertenecientes a un mundo sumergido, oculto y sobrenatural, excavado y acabado, secreto y perfectamente cerrado, con el límpido horizonte de una perspectiva engañosa sin principio ni fin. ¿Otro universo al revés como el de Alicia?

“…Cómo vivir en otra parte sino cerca del gran árbol blanco /
de aquella lámpara…”,
así se inicia un poema de Pierre Reverdy, cuyos misteriosos paisajes que describe en su obra “combinan una intensa introspección con una proliferación de datos sensoriales”, tal como nos lo recuerda Paul Auster, y que “pese a su efecto casi místico, sus poemas están arraigados en las minucias del mundo cotidiano”, un territorio hipnotizado para que el lector lo habite. El mismo Reverdy escribió que “la imagen poética no nace de la comparación, sino de la yuxtaposición de dos realidades más o menos distantes. Cuanto más distante y verdadera sea la relación entre las dos realidades yuxtapuestas, más fuerte será la imagen, mayor su poder emocional y realismo poético”.

Una lámpara presidiendo un paisaje nos evoca la copa de un árbol, una copa que se mece igual, pero apoyada en sentido inverso, una atalaya a la que Bertolt Brecht nos conmina a trepar: “… al soplo de la brisa, contra el cielo pálido. /  Buscad árboles grandes que en el crepúsculo / mezan sus negras cimas lentamente. / Y esperad la noche entre el follaje / donde revolotean apariciones y murciélagos.” y, una vez alcanzada la cumbre nos aconseja que: “… ¡Pero no os deis impulso con las rodillas! / Tenéis que ser al árbol lo mismo que su cima: / lleva un siglo meciéndola en cada atardecer.”

Sin embargo, y a pesar de su carácter poético, prodigioso y  fríamente absurdo y a sus inversiones de sentido, estas fotos también presentan una visión reveladora y mágica, y nos proporcionan una reflexión metafísica con el mismo descreído humor, una parábola de nuestra existencia y de la creación del mundo y su hacedor, una constatación de nuestra fragilidad e ignorancia; es decir, que con una sencilla y seria charada nos interroga sobre quién y cómo es Dios.

Los paisajes de estas fotos son tan enigmáticos como las relaciones de las partes que forman el conjunto resultante. Según cómo, parece que la lámpara se ha escogido a juego con el empapelado de la pared, la pintura de las puertas y ventanas, con el estilo de los muebles, de los edificios y puentes, de los árboles, del cielo, del mar, de las rocas, de la playa,… indiferente a los diminutos personajes que los transitan, como las figuritas de sus otras series fotográficas.

El aparente cambio de registro en la obra de Ciuco no es tal, sigue regresando y dando vueltas a un sistemático mundo de fantasía asentado en el pasado de la niñez al que le ha agregado una porción de malicia. Pero igualmente miramos estas imágenes con el eco desafinado de una pianola, una música que escuchamos una y otra vez fascinados porque una simple manivela la hace sonar. De la casa de muñecas a las polichinelas, del teatrillo infantil al belén y a la batalla de soldaditos, de la emoción kitsch y sentimental de nuestros corazones que se encandilan ante una bola de cristal que nieva al voltearla, o ante el souvenir de plástico de nuestro primer viaje, o ante la vajilla heredada o el mechón de recuerdo, o ante una parejita de recién casados untados en nata. En fin, un mundo sustraído del único paraíso perdido del que Ciuco nos recuerda con nostalgia y melancolía que hemos sido expulsados sin remedio y nos advierte del pecado original de ser adultos.

Barthes no hizo más que insistir en la relación de la fotografía con la muerte, pero las fotos de Ciuco nos muestran su interludio, el de la vigilia y el del sueño, el del ensueño y el del juego, que vienen a ser todas la misma cosa.

Ante estas imágenes no sabemos a ciencia cierta si expresan una amenaza o una bendición. De repente, las lámparas dejan de parecernos soles y enseguida nos agarramos a platillos volantes o, mejor dicho, a objetos colgantes, Objetos Colgantes No Identificados, estáticos y majestuosos en su turbador asombro cósmico, en el disparate de unos tentáculos de pedrería, o en una escueta y puritana bóveda escandinava, o en la retórica de un retruécano formal.

Efectivamente, se trata de naves de luz con los faros apagados, espectrales y expectantes, a la espera de no se sabe qué.

Que puedan parecernos desconcertantes artefactos galácticos del futuro presente no quita para que les podamos atribuir otras cualidades oníricas del pasado más remoto, pájaros jurásicos con insólitos caparazones que han detenido su vuelo o planean por encima de lo abarcable para arrebatarnos una aurora o un atardecer.

Pero si conseguimos mantener el juego de la imaginación maravillada, estos objetos inquietantes nos mostrarán su cara más amable, como trapecios dispuestos a balancearnos en el vacío, como si Pinito del Oro hubiera regresado una vez más para volvernos a demostrar que entre la pantomima de los payasos y la fiereza de los leones está el eterno riesgo, el más difícil todavía, el equilibrio, y el balanceo final antes de que la barra del trapecio se pare por completo.

Estas fotos nos hablan del tiempo detenido que hemos vivido o nos queda por vivir, y nos vuelven a recordar al gran Ramón cuando decía sin la mínima importancia que “el tiempo no es oro, sino simple purpurina”.

Albert Culleré

Madrid, abril de 2010

domingo, 14 de julio de 2013

El Peletero/Inés González (y 2)




Barcelona, 14 de julio de 2013

Querida Inés,

Me alegra mucho que te haya gustado el post, en él, como puedes comprobar, no hay nada mío excepto el orden de las imágenes y las palabras dispuestas.

Todos sabemos que es difícil hablar de los amigos y de la obra de los amigos tratando de ser justos sin esconder los defectos ni recrearse en el elogio protocolario o desmesurado, procurando solamente explicar y describir con palabras exactas y fieles lo que vemos.

Tampoco con ánimo botánico ni entomológico, ni mucho menos con la asepsia del agrimensor, pero sí con el coraje del naturalista que dibuja con afición y curiosidad en su cuaderno de campo el mundo que ve, igual que tú, aunando dos actitudes aparentemente opuestas y contradictorias, la precisión y el candor.

He querido por ello, en el post que te he dedicado, usar más tus propias palabras que las mías porque tú eres una artista gráfica que las usa bien, no las teme ni se equivoca con ellas otorgándoles significados desmedidos, sofísticos o erróneos.

Así pues, la famosa y antigua técnica estudiantil del cortar y pegar me ha sido útil, el reto, por así decir, se ha limitado al orden que le daba al mosaico, al “trencadís gaudiniano” con sus formas también vegetales, abstractas y vivas.

Por esa razón he creído necesario enmarcar los textos con dos referencias personales y privadas porque definen y delimitan con claridad unas circunstancias y un carácter, una actitud, pero, sobre todo, también una mirada, la tuya. Palabras con diafragma, iris y retina. Una mirada que mirando hacia fuera nos indica, como un dedo que señala, un interior: tú y tus dibujos, igual que si fueran radiografías de otra arquitectura primordial y biológica, la de los huesos y las vísceras, la de los cartílagos y los lóbulos cerebrales con sus neuronas en forma de arañas y luciérnagas como esas noches estrelladas o esas fotografías nocturnas de ciudades iluminadas.

Las ideas y las emociones que provocan tus dibujos son, querida Inés, una red de carreteras, un sistema nervioso, un torrente sanguíneo, que ni desbocado ni salido de madre como un río rebosante, nos enseña la filigrana de la que están hechas las cosas, las grandes y las pequeñas.

Desde que mi padre me enseñó y me educó las manos y los dedos para usar con precisión quirúrgica las cuchillas de cortar pieles, desde que observaba a Albert escribir cursiva para textos impresos, desde que contemplaba a mi abuela Rosita haciendo encajes para sábanas y manteles, no he podido dejar de ver en el detalle, y en la técnica del detalle, el sentido del mundo.

Al principio decía que usas bien la palabra, es cierto, la usas y necesitas usarla como si fuera un componente lejano y cercano a tus dibujos. La Historia del Arte muestra de una manera reiterada un dilema antiguo que estos días pasados he querido expresar en algunos de mis textos y que es la relación entre poesía y pintura, la relación entre imagen y texto, entre abstracción y relato.

En tu obra no existe el uno sin el otro y viceversa, al mismo tiempo que las citas de poetas iraníes nos retrotraen a un mundo delicado y tierno, a un mundo ancestral que en buena parte se ha perdido para no regresar jamás, a una sensualidad que está a medio camino en la ruta diaria del sol alrededor del planeta, en ese que llaman Oriente medio que ni es medio ni es Oriente, a ese latido del corazón como la más vieja letanía que las personas oímos desde antes de nacer. Quizás, el pecado original de Adán y Eva no fuera más que la consecuencia de un fallo de fábrica al haberlos hecho Dios sin madre. ¿Cómo es posible dormir si antes no hemos escuchado sus latidos desde su vientre?

En este sentido, me perdonarás que traiga a colación a Borges en una de las conferencias que realizó en la Universidad de Harvard, “Credo de poeta”, del año 1968 y que cito en uno los post más recientes de mi blog.

“Borges nos habla de la metáfora y a cuento de ella cita y analiza un poema de Robert Frost. Lo hace para poner un ejemplo de metáfora que supere la simple comparación entre dos cosas, “la luna es como…”,

For I have promises to keep,
And miles to go before I sleep,
And miles to go before I sleep.

“Si tomamos los dos últimos versos, el primero –“y millas por hacer antes de dormir”- es una afirmación: el poeta piensa en las millas y el sueño. Pero, cuando lo repite, “y millas por hacer antes de dormir”, el verso se convierte en una metáfora; pues “millas” significa ‘días’, mientras “dormir” presumiblemente signifique ‘morir’. Quizás yo no debería señalarles esto. Quizá el placer no radique en que traduzcamos “millas” por ‘años’ y “sueño” por ‘muerte’, sino, más bien, en intuir la implicación”.

Por ello, el poema de Frost me recuerda a la Gran Elegía a John Donne en la que también aparece la mención a la muerte y al sueño y lo hace usando, aunque de manera diferente a Frost, la reiteración, la letanía. Para ser precisos debemos señalar que en el poema de Joseph Brodsky se habla de dormir y no de soñar, pero la licencia es tan válida, creo, como acertada:

John Donne se ha dormido, como todo el lugar.
Paredes, suelo, cuadros, la cama se han dormido;
se han dormido mesa, ganchos, pestillos, alfombras,
ropero, aparador, la vela y las cortinas.
Todo se ha dormido. Vaso, botellón, jofainas,
el pan y su cuchillo, platos cristal y loza,
armarios, quinqué, vidrios, lencería, el reloj,
escalones y puertas, La noche alrededor.
Alrededor la noche: en rincones, ojos y ropa,
en la mesa, entre el papel, en el texto del discurso,
en sus palabras en la leña, en las pinzas y el carbón
del apagado hogar, en cada objeto.”

Hago mención de ello porque creo sinceramente que tu obra es también una letanía y un sueño, igual que la de Blomsfeld, tus piezas seriadas, con el motivo repetido aunque no igual, es un gran acierto gráfico, una pulsación en el que las adormideras cumplen el papel de guardianas de ese raro jardín en el que viven parte de nuestros recuerdos y en el que sepultamos parte de nuestro futuro. Perfectos iconos de la muerte.

Has sido muy valiente, querida Inés, muy valiente como artista, al no esconder y manifestar abiertamente, con naturalidad, la fuente de la que has bebido: Karl Blossfedt y sus fotografías en blanco y negro, el verdadero color de los sueños y de las sombras, de su rara obsesión, de su tentación por la mirada fotográfica y la memoria inteligente del dibujante que trata de dar un pasó más allá, ¿más allá de dónde?, más allá de la línea que marca el coto cerrado que delimita el mundo.

Los jardines, los nidos, el boscaje, las ramas, los laberintos de la soledad, de la compañía y de la lejanía, de la distancia de todo con todo, del hogar, y de la intemperie, de las sepulturas por cerrar, de los duelos inconclusos, y de los pozos negros del mal y de las enfermedades que todo lo anegan con sus aguas putrefactas.

Ambos lo sabemos bien.

Dormir y soñar, deambular y alegrarse porque ha llovido, dibujar una línea mil veces y mil veces más porque, parafraseando a Félix de Azúa, la poesía es la verdad del arte y la verdad del arte es la capacidad de soportar el dolor que causa la experiencia del tiempo. Y en el tiempo está la muerte y la lejanía, ¿la lejanía de qué o de quién?, de los otros y con la suya la nuestra, la de nosotros con nosotros mismos.

Porque no podemos levantar el lápiz del papel ni dejar de contar historias.

Las cortinas están llenas de un oculto sofoco
y las inocentes palomas
desde lo alto de su blanca torre
miran la tierra.

Forugh Farrojzad 

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Ayer llovieron cuatro gotas que no refrescaron y el verde de las hojas de mi árbol han perdido ya su brillo, pero él tiene paciencia y me la ofrece como ejemplo. Cerca, a una manzana de mi tienda, hay una iglesia que repica las horas y los cuartos, es como una brújula y un corazón.

Besos.



  

viernes, 12 de julio de 2013

El Peletero/Inés González





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Para Inés

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Hace mucho, muchísimo tiempo, una muy buena amiga me escribió:

“Estaba tan enojada que no era capaz de mostrar mis sentimientos, mis nidos rotos tomaban una dimensión de profecía extraña, de oscuro agorero.

No estoy preparada ni quiero cambiar mi vida, sí puedo asumir proyectos como los dados anteriormente, pero allí, en aquel país, la cosa cambia, allí están mis heridas, la cajita de mis demonios y con solo pensarlo pareciera que caigo en un abismo.

Días de niebla nos han azotado, peleando como iguanas enfurecidas, con los corazones apretados por el miedo y la incertidumbre.

Las crisis destruyen a las personas y a los tejidos familiares, poder adaptarse requiere de una lucidez y fortaleza enorme, ¡enorme!

Pero como bien dices en tantos años juntos al final pareciera que uno puede y deja entrar la luz.”

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Todos saben
todos saben
que tú y yo desde aquella fría abertura
vimos el jardín
y de aquella rama juguetona e inalcanzable
cogimos una manzana.

(1)

Forugh Farrojzad

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"La primera vez que leí el nombre de Forugh Farrojzad fue en un libro en cuya cubierta había la foto de una mujer con la cabeza descubierta. Yo tenía doce años. El libro estaba en la biblioteca de mi tío. Por más que me devanaba los sesos no comprendía qué relación podían tener aquella foto y aquel libro con mi tío, que era religioso hasta los tuétanos.

Ahora pienso que el libro estaba allí desde sus años de adolescencia, como algo prohibido, casi erótico, pero como él no lo entendía, lo había olvidado al dejar el pueblo. Su título era "Cautiva" y había sido publicado antes de la revolución.
Algunos años después, en una pequeña librería de una ciudad del norte de Irán, compré un libro de Forugh, y mi padre, con solo ver su nombre, me pegó y lo rompió. Compré papel celo y lo recompuse, pero mi padre no dejaba de gritarme: ¿Por qué lees eso?, ¡es el libro de una puta!

Antes y después de la revolución, a los gobernantes solo les preocupaba de Forugh la cuestión moral, por eso en Irán se ha discutido tanto sobre su vida íntima y hay tan pocos estudiosos sobre su obra. En cambio, ahora, todas las corrientes de la lírica se consideran más en deuda con su obra que con la de Ahmad Shamlu, el padre de la poesía persa contemporánea."

Mohsen Emadi

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Desplegado en el jardín
había un mantel,
entrañable
.
En el centro del mantel,
como un presentimiento iluminado,
un racimo de uva
cubría toda duda.

La reconstrucción del silencio
me perturbó.

Vi que el árbol existía.
Si existe el árbol,
es claro que hay que existir.

Hay que existir
y seguir
las huellas de las historias contadas
hasta el cauce blanco.

(2)

Sohrab Sepehrí 

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Sohrab Sepehrí es sin duda uno de los mayores poetas persas contemporáneos. Pintor y poeta a un tiempo, tan impregnada de poesía se halla su pintura como es de los estados poéticos.

(…)

Hijo del desierto, oriundo de ese Kashán que adora, donde se refugia una gran parte del año, Sepehrí se impone una disciplina casi ascética de soledad y silencio. Esa soledad la siente, la vive, la destila, la convierte en una muralla frágil que lo cerca como un halo y, transido de una transparencia, que debe a su fantasía, ejerce sea la vocación de pintor, sea la de poeta, pasando del pincel a la pluma, cosas ambas que maneja con la misma destreza, con idéntica seguridad e intuición.

Del "Preliminar", de Daryush Shayegan

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¿Dónde os he perdido imágenes mías pisoteadas?

Cuándo se ha soñado tanto en el cáliz de una flor, se recuerda de otro modo la casa perdida, disuelta en las aguas del pasado.

La estancia muere miel y tila
Donde los cajones se abrieron de luto
La casa se mezcla a la muerte
En un espejo que se empaña

(3)

Jean Bourdeillette

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En mi vida me he emocionado muchas veces, pero pocas con la intensidad y el impacto que provocó la obra del fotógrafo y coleccionista de plantas alemán Karl Blossfeldt.

Será porque todas sus imágenes, más allá de la fascinación estética, hurgan en esos rincones interiores de mi alma y me arrancan estas pulsiones apasionadas de creatividad y trabajo.

He titulado a esta larga serie de dibujos a tinta china, y digo larga porque acaba de comenzar y no sé cuándo se agotará "Tras la huella de Karl Blossfeldt", como forma de homenaje al genio, y de agradecimiento frente a los sentimientos despertados.

Abrazo la concepción pedagógica de Blossfeldt y me sitúo como una alumna más, recibiendo sus enseñanzas y disfrutando en este incansable trabajo.

Muchas de las imágenes plasmadas son de Karl Blossfeldt, otras son mías, y también de amigos fieles como Manuel Rubio Rubio que generosamente me han cedido sus fotografías.
 

Estos dibujos guardan la línea estética de Karl Blossfeldt, imágenes en este caso de enormes adormideras ampliadas muchas veces.  Parecieran flotar sobre el grano del papel, sin abalorios, sin escenarios, ni nada que las distraiga o nos distraiga mientras las contemplamos.

Aún no sé por qué escogí las Adormideras, hay algo en ellas que me fascina y atrae, múltiples asociaciones y lecturas me despiertan estos gigantescos úteros o cárceles de invención.

El tiempo y el trabajo me darán las respuestas, o no, el acto creativo no siempre se ajusta a explicaciones.

Inés González

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Una ventana para ver
una ventana para oír
una ventana que llega a su fin
al corazón de la tierra, como el aro de un pozo
y se abre hacia la extensión de ese efecto repetido y azul
Un ventana que llena las pequeñas manos de la soledad
con el nocturno desprendimiento
de dadivosas estrellas
Y desde ahí
se puede invitar al sol al exilio de los geranios
Me basta una ventana

(…)

Dime una palabra
yo, en la ventana, al resguardo
tengo un trato con el sol.


(4)

Forugh Farrojzad

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La planta ha de considerarse como una estructura auténticamente artística y arquitectónica. Frente a un impulso ornamental y rítmico, que prevalece en toda la naturaleza, la planta solo crea formas útiles y funcionales. Se ve obligada a desarrollar órganos que, en una lucha permanente por la subsistencia, le permitan resistir, mantenerse viva y responder a una necesidad específica. Crece siguiendo las mismas leyes de la estática a las que debe someterse cualquier arquitecto. Pero la planta no se reduce nunca a un diseño únicamente sobrio; va modelándose y adquiriendo una forma según las leyes de la lógica y del funcionalismo y, con una fuerza primigenia, empuja todo a adoptar una forma artísticamente sublime.

 Karl Blossfeldt

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Si venís a  buscarme,
venid, pues, lenta y suavemente para que no se raye
la porcelana de mi soledad.
 

(2)

Sohrab Sepehrí 

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Desde el templo asirio hasta el estadio contemporáneo, desde el buda sumido en la contemplación hasta el pensador de Rodin, desde la cromoxilografía china hasta el heliograbado actual: toda obra realizada por las manos del hombre revela el espíritu de su época con tal evidencia que fácilmente se puede adivinar la fecha en que se hizo. En la creación artística de cada generación queda documentada su postura con respecto tanto de la naturaleza como de Dios y de las matemáticas. Cuanto más se integre todo el presente en una obra, más cierto será su valor de eternidad.

Karl Nierendorf

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“Discípula aventajada de Karl Blossfedt, Inés González va recorriendo, aparentemente, los motivos florales que obsesionaron al metódico. Pero lo que en éste era necesidad, el blanco y negro estricto, se antoja en ella voluntad expresiva. Los tallos, flores y frutos que Inés González, perfila minuciosamente sólo miman lejanamente aquellas centenarias fotografías. Una fuerza, una pulsión, recorre los pétalos y ramajes con los que se canta la igualdad entre movimiento y quietud. De las elegantes frondas, pasamos a los nidos vacíos, a flores a punto de descomponerse que expresan la eterna pero siempre negada identidad entre vida y muerte”.

Con estas palabras el filósofo Julio Díaz, nos invita a descubrir la obra de esta gran artista.

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Hace mucho, muchísimo tiempo, una muy buena amiga me escribió:

Estamos bien, contentos porque ha llovido, breve, pero ha llovido, y eso me gusta.

Sin novedades de ninguna clase, el trabajo sigue escondido en algún lugar, pero ya aparecerá, y si no, habrá que seguir creando adormideras y jardines negros, que me salvan del miedo y del abismo.

Espero que Uds. sigan bien, se los veía hermosos en las fotos.

Inés

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Enlaces:



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(1) Verso del poema “La conquista del jardín” que se halla en  "Nuevo Nacimiento" (1967) de Forugh Farrojzad. Traducción de Clara Janes y Sahand

(2) "Espacio Verde Todo Nada Todo Mirada", Sohrab Sepehrí 

(3) Casa y Universo, del libro "La Poética del Espacio" de Gastón Bachelard

(4) Versos del poema “Ventana” que se halla en  "Nuevo Nacimiento" (1967) de Forugh Farrojzad. Traducción de Clara Janes y Sahand





sábado, 6 de julio de 2013

El Peletero/Prendre decisions


Hemeroteca pelletera

Prendre decisions

La prehistòria de l'art pop cal buscar-la 60 anys enrere quan Marcel Duchamp va inventar, o, més ben dit, va idear les seves famoses readymades: "trossos de realitat, en general objectes manufacturats per l'home, però de vegades, com en el cas d'Aire de París, presos de la natura, presentats com a art, ja fossin modificats ("assistits") o amb més participació de l'artista que una inscripció o signatura.

Els readymades assistits il·lustren la proposta de que l'obra d'un artista, qualsevol artista, consisteix essencialment en la reunió de materials preexistents, que perfectament poden ser una operació manual, sinó que és qüestió simplement de prendre decisions. També van posar de manifest que cap aspecte del món podia estar considerat fora de l'abast de l'artista. Aquestes van ser idees represes a Nova York (on Duchamp encara vivia i treballava) per Robert Rauschenberg i Jasper Johns i ells les van passar als altres artistes Pop ". ("L'art pop", Simon Wilson, Editorial Labor, 1975)

És interessant destacar l'expressió: "prendre decisions" i aquests objectes manufacturats per l'home però presos de la natura, presentats "com a art", modificats, o "assistits".

Per aquesta raó, el cap de setmana, al sortir de veure una exposició sobre Pier Paolo Pasolini, vaig prendre una decisió i em vaig comprar "Caminar" d'Henry David Thoreau. A la contraportada es diu que va ser un "assagista, topògraf, dissident nat i mestre de la prosa, la seva autèntica ocupació va ser, segons ell es va ocupar de recordar, "inspector de ventades i diluvis"".

És evident que avui dia els pelegrins són legió, no cal més que situar-se -jo ho he fet- en el Camí de Santiago per veure una permanent processó de nois i noies amb acne juvenil a la cara o gent més madura amb acne juvenil al cervell. Allò sembla la Rambla de Barcelona i no el camí a Terra Santa. Caminar s'ha convertit en una nova moda, una més, ara en diuen senderisme. En qualsevol cas m'agrada ressaltar un dels primers paràgrafs del llibre a propòsit del terme que Thoreau fa servir i la nota que el traductor al castellà, Federico Romero, afegeix:

"En el curs de la meva vida m'he trobat només amb una o dues persones que comprenguessin l'art de caminar, això és, de caminar a peu, que tinguessin el do, per expressar-ho així, de sauntering [deambular]: terme de bella etimologia , que prové de "persona ociosa que vagava en l'Edat Mitjana pel camp i demanava almoina sota pretext d'encaminar-se" à la Sainte Terre ", a Terra Santa, de tant sentir-la, els nens cridaven: "Va a Sainte Terre: d'aquí, saunterer, pelegrí ". (1)

(1) Sauntering es tradueix per "passejar", "deambular" o "andorrear" i Saunterer, per "passejant". Thoreau els relaciona etimològicament amb Sainte Terre (Terra Santa) -atribuint-li un parentiu amb "pelegrinar" i "pelegrí"- i després amb sans terre (sense terra). Com els equivalents castellans no guarden relació fonètica, ni per descomptat etimològica, amb les expressions franceses, una traducció directa a l'espanyol no tindria sentit. Per això he conservat en el text els termes anglesos (N. del T.)

En català no existeix tampoc un terme similar, el més proper que he trobat al Pompeu Fabra és santaire, “el qui ven estampes de sants, goigs, etc, per les places i carrers”. Una curiosa aproximació al comerç d’art pop, o a les estampes populars que no són del tot diferents als còmics de superherois. Demano disculpes per la sacrílega comparació.

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En arribar a casa, després del meu llarg passeig, vaig haver de prendre noves decisions i vaig endur-me unes quantes caixes de cartró buides i un parell de bosses d'escombraries industrials plenes de papers que tenia per llançar i vaig tornar de nou al carrer a la recerca del contenidor més proper com si fos a desprendre’m d'un munt de teories sobre literatura i art, no pensant que fossin dolentes, simplement que no cabien a casa, havia de triar entre elles o els llibres, igual que en l'amor, sempre és una elecció entre la idea que tenim de l'amor i la persona estimada, ambdues són incompatibles, o et desprens d'una o de l'altra.

Seguia plovent, però no m’importava, no volia aquells trastos al rebedor de casa, el cel era d'un gris plom brillant, ple de sol en el seu interior i les gotes, tot i ser nombroses, eren grosses i gairebé les podia comptar una a una com les llàgrimes de vidre d'un llum antic, era una pluja il·luminada i silenciosa.

No hi havia gairebé ningú al carrer, les putes xineses s'havien refugiat sota d'un balcó, devien pensar al veure’m que estava boig, i sí, ho estava a mitges, una mica boig encara que no del tot, sempre em passa el mateix quan veig el mar, em sobrevé inaturable la nostàlgia de la meva època de peix i de la seva curta memòria.

Els nord-americans tenen un terme que m'agrada, "maverik", l’Antonio Muñoz Molina ens parla d'ell en el seu últim article dedicat a Charles Ives: "En el vocabulari americà, Charles Ives és un "maverick ", un rar irremeiable, algú que sense fer cap esforç d'excentricitat no s'assembla a ningú i ni tan sols es molesta a fer ostentació de la seva diferència, que és singular sense altivesa i es queda al marge sense ressentiment, un solitari que no és esquerp, un misantrop afable. Es guanyava la vida amb molta solvència dirigint una pròspera companyia d'assegurances de vida i componia mentrestant músiques secretes que haurien escandalitzat no només als seus col·legues i als seus clients sinó als aficionats més predisposats a les novetats sonores".

M'agradaria pensar que jo també ho sóc, un maverick, però crec que només arribo a botiguer arruïnat i a pelleter extingit i fracassat.

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Encara no he respost a la pregunta de WS, de què parlem? Com no sé respondre-la, li dono una capa de pintura moral a l'interrogant, el transformo en deure i em pregunto de què hem de parlar? Adam Zagajewski ens dóna una pista en el seu poema Carta d'un lector:

Massa sobre la mort,
sobre les ombres.
Escriu sobre la vida,
sobre un dia normal,
sobre el desig d'ordre.

La campana de l'escola
pot ser un model
de temprança,
fins i tot d'erudició.

Massa mort,
un excés
de negre enlluernament.

Mira,
nacions amuntegades
en estadis atapeïts
canten himnes d'odi.

Massa música,
falta harmonia,
tranquil·litat, seny.

Escriu sobre els moments
quan els ponts de l'amistat
semblen ser més duradors
que la desesperació.

Escriu sobre l'amor,
sobre els llargs capvespres,
sobre l'alba,
els arbres
sobre la infinita paciència
de la llum.

(Carta d'un lector, Adam Zagajewski)

Massa música, diu Adam Zagajewski, i ho fa com si fos una queixa, com si llancés també una advertència a l'assenyalar alguna cosa que no va bé, falta harmonia, tranquil·litat, seny.

El seu poema em recorda que no he parlat de música potser perquè sona per a tot arreu sense deixar-nos sentir les campanes que toquen cada dia, aquest model de temprança i fins i tot d'erudició com només poden ser-ho elles, les campanes. Massa música, massa mort, un excés de negre enlluernament. Escriu sobre l'amor, sobre els llargs capvespres, sobre l'alba, els arbres, sobre la infinita paciència de la llum. Però la llum no té paciència, té pressa per no arribar enlloc, tot el contrari del meu arbre que encapçala aquest text en un retrat fet a trossos i que guarda la meva sargantana entre les seves arrels. Cada dia ens saludem a la nostra manera i cada dia ell també m'explica, a la seva, la seva paciència, els seus capvespres i com les fulles ja verdes s'alegren al veure sortir el sol. És un arbre jove, encara un nen en relació a les edats dels arbres, un arbre que segur i per llei de vida em sobreviurà.

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En "Caminar", Henry David Thoreau ens diu que "El caçador africà Cummings ens explica que la pell de l’eland, igual que la de la majoria d'antílops acabats de morir, emet el més deliciós aroma a arbres i a herba. Desitjaria que tots els homes fossin com antílops salvatges, tan integrats en la natura que el seu propi cos advertís la seva presència als nostres sentits de manera tan encisadora i ens evoqués aquelles zones de la Naturalesa que més freqüentés. Ni se m'acut ironitzar quan la jaqueta del paranyer fa olor de rata mesquera; em resulta una olor més dolça que les que habitualment exhalen les peces dels comerciants o les dels erudits. Quan entro en els seus guarda-robes i toco els seus vestits, no m’evoquen les herboses planes i les praderies florides que han conegut, sinó la pols de les transaccions mercantils i les biblioteques".

Tot això, encara que no ho sembli, té a veure també amb l'art pop i amb l'Air de París, i amb els comerciants, almenys amb els comerciants de pells, i amb les transaccions mercantils, almenys amb les transaccions mercantils de pells i amb les biblioteques, almenys amb aquelles que alberguen exemplars enquadernats en pell. I, sens dubte, amb alguns erudits també, almenys amb els que saben apreciar un bon vestit de pell.

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Ja és tard, són gairebé les quatre de la matinada i és hora d'anar-me'n al llit. Segueix plovent. Demà serà un altre dia, sens dubte durarà també 24 hores i en algun moment despertarà l’albada i repicarà la campana de l'escola per recordar-nos les promeses que varem fer que estan pendents, i que encara ens falten moltes, moltes promeses per complir i moltíssimes milles per caminar abans d’allitar-nos de nou. Tantes són les milles que ens queden per recórrer abans de poder dormir com ho són els somnis i les promeses que inevitablement oblidarem al despertar.

¿Tot s’ha acabat?, va preguntar el teatral rastrejador wanderobo.

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Hemeroteca peletera

Tomar decisiones


La prehistoria del arte pop hay que buscarla 60 años atrás cuando Marcel Duchamp inventó, o, mejor dicho, ideó sus famosas readymades: “trozos de realidad, por lo general objetos manufacturados por el hombre, pero a veces, como en el caso de Aire de París, tomados de la naturaleza, presentados como arte, ya fueran modificados (“asistidos”) o con más participación del artista que una inscripción o firma.

Los readymades asistidos ilustran la propuesta de que la obra de un artista, cualquier artista, consiste esencialmente en la reunión de materiales preexistentes, que perfectamente pueden ser una operación manual, sino que es cuestión simplemente de tomar decisiones. También pusieron de manifiesto que ningún aspecto del mundo podía estar considerado fuera del alcance del artista. Estas fueron ideas retomadas en Nueva York (donde Duchamp aún vivía y trabajaba) por Robert Rauschenberg y Jasper Johns y ellos las pasaron a los demás artistas Pop”. (“El arte pop”, Simon Wilson, Editorial Labor, 1975)

Es interesante destacar la expresión: “tomar decisiones” y esos objetos manufacturados por el hombre pero tomados de la naturaleza, presentadoscomo arte, modificados, o “asistidos”.

Por ello, el pasado fin de semana, al salir de ver una exposición sobre Pier Paolo Pasolini, tomé una decisión y me compré “Caminar” de Henry David Thoreau. En la contraportada se dice que fue un “ensayista, topógrafo, disidente nato y maestro de la prosa, su autentico empleo fue, según él se ocupó de recordar, “inspector de ventiscas y diluvios””.

Es evidente que hoy en día los peregrinos son legión, no hace falta más que apostarse –yo lo he hecho- en el Camino de Santiago para ver una permanente procesión de muchachos y muchachas con acné juvenil en el rostro o gente más madura con acné juvenil en el cerebro. Aquello parece Las Ramblas de Barcelona y no el camino a Tierra Santa. Caminar se ha convertido en una nueva moda, una más, ahora le llaman senderismo. Pero me gusta resaltar uno de los primeros párrafos del libro a propósito del término que Thoreau usa y la nota que el traductor al castellano, Federico Romero, añade:

“En el curso de mi vida me he encontrado sólo con una o dos personas que comprendiesen el arte de caminar, esto es, de andar a pie; que tuvieran el don, por expresarlo así, de sauntering [deambular]: término de hermosa etimología, que proviene de “persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna so pretexto de encaminarse “à la Sainte Terre”, a Tierra Santa; de tanto oírselo, los niños gritaban : “Va a Sainte Terre: de ahí , saunterer, peregrino”. (1)

(1) Sauntering se traduce por “pasear”, “deambular” o “andorrear” y Saunterer, por “paseante”. Thoreau los relaciona etimológicamente con Sainte Terre (Tierra Santa) –atribuyéndole un parentesco con “peregrinar” y “peregrino”- y luego con sans terre (sin tierra). Como los equivalentes castellanos no guardan relación fonética, ni por supuesto etimológica, con las expresiones francesas, una traducción directa al español carecería de sentido. Por ello he conservado en el texto los términos ingleses (N. del T.)

En catalán no existe tampoco un término similar, lo más cercano que he encontrado en el Pompeu Fabra es santaire, "el que vende estampas de santos, gozos, etc, por las plazas y calles". Una curiosa aproximación al comercio de arte pop, o de las estampas populares que no son del todo diferentes a los cómics de superhéroes. Pido disculpas por la sacrílega comparación.

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Al llegar a casa, después de mi largo paseo, tuve que tomar nuevas decisiones y cargué con unas cuantas cajas de cartón vacías y un par de bolsas de basura industriales llenas de papeles que tenia para tirar y regresé de nuevo a la calle en busca del container más cercano como si fuera a desprenderme de un montón de teorías sobre literatura y arte, no pensando que fueran malas, simplemente que no cabían en casa, tenía que elegir entre ellas o los libros, igual que en el amor, siempre es una elección entre la idea que tenemos del amor y la persona amada, ambas son incompatibles, o te desprendes de una o de la otra.

Seguía lloviendo, pero me daba igual, no quería aquellos trastos en el recibidor de casa, el cielo era de un gris plomizo brillante, lleno de sol en su interior y las gotas, a pesar de ser numerosas, eran grandes y casi las podía contar una a una como las lágrimas de cristal de una lámpara antigua, era una lluvia iluminada y silenciosa.

No había casi nadie en la calle, las putas chinas se habían refugiado todas debajo de una cornisa, debieron pensar al verme que estaba loco, y sí, lo estaba a medias, un poco loco aunque no del todo, siempre me ocurre lo mismo cuando veo el mar, me sobreviene imparable la nostalgia de mi época de pez y de su corta memoria.

Los norteamericanos tienen un término que me gusta, “maverik", Antonio Muñoz Molina nos habla de él en su último artículo dedicado a Charles Ives: “En el vocabulario americano, Charles Ives es un “maverick”, un raro irremediable, alguien que sin hacer ningún esfuerzo de excentricidad no se parece a nadie y ni siquiera se molesta en hacer ostentación de su diferencia, que es singular sin altanería y se queda al margen sin resentimiento, un solitario que no es huraño, un misántropo afable. Se ganaba la vida con mucha solvencia dirigiendo una próspera compañía de seguros de vida y componía mientras tanto músicas secretas que habrían escandalizado no sólo a sus colegas y a sus clientes sino a los aficionados más predispuestos a las novedades sonoras”.

Me gustaría pensar que yo también lo soy, un maverick, pero creo que sólo llego a tendero arruinado y a peletero extinguido y fracasado.

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Todavía no he respondido a la pregunta de WS, ¿de qué hablamos? Como no sé responderla le doy una capa de pintura moral al interrogante, lo transformo en deber y me pregunto ¿de qué debemos hablar? Adam Zagajewski nos da una pista en su poema Carta de un lector:

Demasiado sobre la muerte,
sobre las sombras.
Escribe sobre la vida,
sobre un día normal,
sobre el deseo de orden.

La campana de la escuela
puede ser un modelo
de templanza,
hasta de erudición.

Demasiada muerte,
un exceso
de negro deslumbramiento.

Mira,
naciones amontonadas
en estadios apretujados
cantan himnos de odio.

Demasiada música,
falta armonía,
tranquilidad, cordura.

Escribe sobre los momentos
cuando los puentes de la amistad
parecen ser más duraderos
que la desesperación.

Escribe sobre el amor,
sobre los largos atardeceres,
sobre el amanecer,
los árboles
sobre la infinita paciencia
de la luz.

(Carta de un lector, Adam Zagajewski)

Demasiada música, dice Adam Zagajewski, y lo hace como si fuera una queja, como si lanzara también una advertencia al señalar algo que no marcha bien, falta armonía, tranquilidad, cordura.

Su poema me recuerda que no he hablado de música quizá porque suena por todas partes sin dejarnos oír las campanas que tañen cada día, ese modelo de templanza e incluso de erudición como sin más pueden serlo ellas, las campanas. Demasiada música, demasiada muerte, un exceso de negro deslumbramiento. Escribe sobre el amor, sobre los largos atardeceres, sobre el amanecer, los árboles, sobre la infinita paciencia de la luz. Pero la luz no tiene paciencia, tiene prisa para no llegar a ninguna parte, todo lo contrario de mi árbol que encabeza este texto en un retrato realizado a pedazos y que guarda a mi lagartija entre sus raíces. Cada día nos saludamos a nuestra manera y cada día él también me cuenta, a la suya, su paciencia, sus atardeceres y como sus hojas ya verdes se alegran al ver salir el sol. Es un árbol joven, todavía un niño en relación a las edades de los árboles, un árbol que seguro y por ley de vida me sobrevivirá.

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En “Caminar”, Henry David Thoreau nos dice que “El cazador africano Cummings nos cuenta (a su vez) que la piel del eland, igual que la de la mayoría de antílopes recién muertos, emite el más delicioso aroma a árboles y hierba. Desearía que todos los hombres fueran como antílopes salvajes, tan integrados en la naturaleza que su propio cuerpo advirtiese de su presencia a nuestros sentidos de modo tan encantador y nos evocase aquellas zonas de la Naturaleza que más frecuentara. Ni se me ocurre ironizar cuando el chaquetón del trampero huele a rata almizclada; me resulta un olor más dulce que el que habitualmente exhalan las prendas de los comerciantes o las de los eruditos. Cuando entro en sus guardarropas y toco sus trajes, no me evocan las herbosas llanuras y las praderas floridas que han conocido, sino el polvo de las transacciones mercantiles y las bibliotecas”.

Todo eso, aunque no lo parezca, tiene que ver también con el arte pop y con l’Air de París, y con los comerciantes, al menos con los comerciantes de pieles, y con las transacciones mercantiles, al menos con las transacciones mercantiles de pieles y con las bibliotecas, al menos con aquellas que albergan ejemplares encuadernados en piel. Y, sin duda, con algunos eruditos también, al menos con los que saben apreciar un buen vestido de piel.

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Ya es tarde, son casi las cuatro de la mañana y es hora de irme a la cama. Sigue lloviendo. Mañana será otro día, sin duda durará también 24 horas y en algún momento de él amanecerá y repicará la campana de la escuela para recordarnos las promesas que hicimos que están pendientes y que todavía nos faltan muchas, muchas promesas por cumplir y muchísimas millas por caminar antes de acostarnos de nuevo. Tantas son las millas que aún nos quedan por recorrer primero para poder dormir después como lo son los sueños y las promesas que inevitablemente olvidaremos al despertar.

¿Todo ha terminado?, preguntó el teatral rastreador wanderobo.

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