viernes, 7 de mayo de 2010

El peletero/Ficha nº 1


8 Febrero 2010

Nombre: Pepita López Fernández

Edad: Más que yo y menos que tú.

Estado: Soltera cuatro veces, casada dos y divorciada unas cuantas.

Estudios: Física nuclear e ingeniera aeronáutica. De joven trabajó en el JPL, “Jet Propulsion Laboratory”, Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa. En él diseñó un famoso lanzador espacial llamado “The big strap” que lamentablemente no llegó a construirse, pero del que todo el mundo alababa sus bellas líneas y la preciosa y sugerente forma que tenía su punta. Su cohete no llegó a ninguna estrella sacando fuego por su retaguardia, pero sí logró que las llamas salieran de más de una al conseguir que las tiendas eróticas terminaran copiándolo con gran éxito y regocijo para todos los que lo disfrutaron, yo entre ellos, y gracias también, es justo señalarlo, a sus expertas manos, no si no ellas habían sido las que lo habían dibujado, quizás pensando en mí.

Profesión: en la actualidad dirige parte de los experimentos que se realizan en el CERN con el acelerador de partículas llamado “Falopio”, en honor a un griego que tocaba la trompa y que según parece compuso unas memorables melodías que, desgraciadamente y para lamento de todos, se han perdido irremediablemente.

Chismes y tonterías: La conocí un día tonto, yo era astrónomo y me pasaba las horas pegado a un telescopio. Vino y me dijo: “tengo un trabajo más interesante para tu telescopio que mirar estrellas”. “¿A sí?”, le pregunté ingenuamente, “¿cuál?” “La espeleología profunda”, me respondió mirándome con sus ojos de osa de las cavernas, y tal cual me lo decía desabrochaba y bajaba mis pantalones y creo que a día de hoy todavía no me los ha subido, así que no sé exactamente qué demonios quería decir, pero intuyo que era algo verdaderamente muy profundo, algo que en lugar de trepar a las estrellas penetraba en las más angostas y húmedas cavidades de la tierra en búsqueda del centro que, todos sabemos, no existe en ninguna maldita parte.

Realidades: Nos casamos enamorados y todavía seguimos estándolo, casados y enamorados los tres, yo, ella, y su primer marido, el segundo soy yo. A veces tengo un poco de celos, he de reconocerlo, pero hay días que también los tiene ella cuando su “primero” y yo la amenazamos con irnos a las islas Cook en busca de algún coco y alguna nativa que hable poco y a la que se le entienda mucho menos.

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