martes, 19 de mayo de 2015

La innocència


Diari de primavera (14)

La innocència.

El meu pare em va ensenyar que quan les orenetes volen baix plourà.

L’assassinat el 1959 de quatre membres d’una mateixa família de la població de Holcomb, Kansas, que Truman Capote narrà en la seva famosa novel·la A sang freda diuen que va significar l’inici de la pèrdua de la innocència per a bona part de la societat nord-americana. En aquell moment aquesta tragèdia va posar de manifest pels ciutadans dels USA que qualsevol podia entrar fàcilment a casa teva i matar-te a tu i a tota la teva família per robar quatre dòlars escadussers. Al 1959 s’estava acabant el llarg idil·li que els Estats Units havien mantingut amb la bondat a l’haver militat durant la II Guerra Mundial al costat correcte de la contesa i haver deixat també completament enrere, i ja només pels llibres d’Història, les misèries de la Gran Depressió dels anys 30, misèries i penúries que molts van oblidar haver-les patit i que molts altres ni havien conegut.

Aquesta innocència perduda es continuà malgastant com la sang que vessa sense aturador d’una ferida mortal quan el 1963 van assassinar al President J.F. Kennedy i quan poc després van començar a enviar al seu jovent a morir al Vietnam mentre la TV retransmetia en directe com els seus nois retornaven dins de sacs de plàstic.

En un moment de la pel·lícula dels germans Cohen, No Country for Old Men, un amic del personatge anomenat Xèrif Bell, que interpreta Tommy Lee Jones, li confessa que: Si fa vint anys algú m'hagués dit que veuria a un noi amb els cabells tallats en forma de cresta, tenyits de verd i amb un anell al nas, hagués pensat que estava completament boig.

Jo no conec ni he conegut ciutadans dels Estats Units fora d’un reduït grup de jueus asquenazites i sefardites que vivien a Nova York i que tenien els seus magatzems de pells al voltant del carrer 42, però tot i que sí conec Espanya ignoro si en algun moment ha perdut ella també la innocència.

Quan es va perdre Cuba? Durant la Guerra Civil? Quan es va morir la mare de Bambi? Quan un gener del 1966 van caure aquelles bombes atòmiques a Palomares i el senyor Fraga es va tenir que banyar a la platja amb un banyador Meyba? Quan es va destapar el primer cas de corrupció de l’Espanya democràtica en la persona del germà de l’Alfonso Guerra? Quan van matar a les nenes d’Alcasser? Amb l’atemptat de l’11 de març del 2004? Quan es va saber fa poc que l’anterior rei caçava elefants? Pel que respecta als catalans, quan en Jordi Pujol va confessar, sense que ningú li demanés que ho fes, que la seva família tenia diners a Andorra no declarats?

El cas, però, és que el primer que ens adonem quan perdem la innocència es que érem efectivament innocents perquè és impossible perdre alguna cosa, la innocència o la vergonya,  si no les tens, encara que també és possible ser innocent i un pocavergonya i no saber-ho.

Sigui com sigui, jo no puc afirmar el mateix que l’amic del Xèrif Bell però si algú fa vint anys m’hagués dit que veuria un munt de joves caminant pel carrer mentre pressionen un mini teclat que apareix en una minúscula pantalla sense mirar on posen els peus, hagués pensat que estava completament boig.

Aquest matí les orenetes volaven baixes i al migdia ja plovia.

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Diario de primavera (14)

La inocencia.

Mi padre me enseñó que cuando las golondrinas vuelan bajo lloverá.

El asesinato en 1959 de cuatro miembros de una misma familia de la población de Holcomb, Kansas, que Truman Capote narró en su famosa novela A sangre fría dicen que significó el inicio de la pérdida de la inocencia para buena parte de la sociedad norteamericana. En ese momento aquella tragedia puso de manifiesto para los ciudadanos de los EE.UU que cualquiera podía entrar facilmente en tu casa y matarte a ti y a toda tu familia para robar cuatro tristes dólares. En 1959 se estaba acabando el largo idilio que los USA habían mantenido con la bondad al haber militado durante la II Guerra Mundial en el lado correcto de la contienda y haber dejado también completamente atrás, y ya sólo para los libros de Historia, las miserias de la Gran Depresión de los años 30, miserias y penurias que muchos olvidaron haberlas sufrido y que muchos otros ni habían conocido.

Esa inocencia perdida se continuó malgastando como la sangre que brota sin cesar de una herida mortal cuando en 1963 asesinaron al Presidente JF Kennedy y cuando poco después comenzaron a enviar a su juventud a morir a Vietnam mientras la TV retransmitía en directo como sus chicos retornaban dentro de sacos de plástico.

En un momento de la película de los hermanos Cohen, No Country for Old Men, un amigo del personaje llamado Sheriff Bell, que interpreta Tommy Lee Jones, le confiesa que: Si hace veinte años alguien me hubiera dicho que vería a un chico con el pelo cortado en forma de cresta, teñido de verde y con un aro en la nariz, hubiera pensado que estaba completamente loco.

Yo no conozco ni he conocido ciudadanos de los Estados Unidos fuera de un reducido grupo de judíos askenazis y sefardíes que vivían en Nueva York y que tenían sus almacenes de pieles alrededor de la calle 42, pero aunque sí conozco España ignoro si en algún momento ha perdido ella también la inocencia.

¿Cuando se perdió Cuba? ¿Durante la Guerra Civil? ¿Cuando se murió la madre de Bambi? ¿Cuando un enero de 1966 cayeron aquellas bombas atómicas en Palomares y el señor Fraga tuvo que bañarse en la playa con un bañador Meyba? ¿Cuando se destapó el primer caso de corrupción de la España democrática en la persona del hermano de Alfonso Guerra? ¿Cuando mataron a las niñas de Alcasser? ¿Con el atentado del 11 de marzo de 2004? ¿Cuando se supo recientemente que el anterior rey cazaba elefantes? Por lo que respecta a los catalanes, ¿cuando Jordi Pujol confesó, sin que nadie le pidiera que lo hiciera, que su familia tenía dinero en Andorra no declarado?

El caso, sin embargo, es que de lo primero que nos damos cuenta cuando perdemos la inocencia es que éramos efectivamente inocentes porque es imposible perder algo, la inocencia o la vergüenza, si no las tienes, aunque también es posible ser inocente y un sinvergüenza y no saberlo.

Sea como sea, yo no puedo afirmar lo mismo que el amigo del Sheriff Bell pero si alguien hace veinte años me hubiera dicho que vería un montón de jóvenes caminando por la calle mientras presionan un mini teclado que aparece en una minúscula pantalla sin mirar dónde ponen los pies, hubiera pensado que estaba completamente loco.

Esta mañana las golondrinas volaban bajas y al mediodía ya llovía.


Foto de Keith Williams

10 comentarios:

Isabel Martínez Barquero dijo...

Para reflexionar tu entrada. Nos guste o no nos guste, hemos perdido la inocencia, si es que alguna vez la tuvimos, porque en todas las sociedades se producen actos violentos que nos erizan a quienes no somos agresivos.
Me ha gustado tu manera de exponer, ese decir tanto con pocas palabras.
Un abrazo.

El peletero dijo...

Gracias Isabel por sus palabras, pero no sé yo si hemos perdido o no la inocencia y si aún conservamos algo de vergüenza aunque sea torera. Dentro de cuatro días hay elecciones y me parece a mí que no se puede depositar el voto dentro de la urna sin ninguna de las dos cualidades anteriores. A los españoles la picaresca y su tradicional tactismo los hace listos o listillos pero no inteligentes ni sabios.

En fin, un abrazo también para usted.

Miquel dijo...

Muy bueno . Simplemente muy bueno el escrito.
Creo que me he dado cuenta lentamente. Quizá lo que vaya a escribir suene a rancio, a abuelo cabreado, pero lo he pensado tantas veces...
Me parece que perdí mi inocencia cuando me he empezado a dar cuenta de que nadie se levanta de su asiento para ceder el mismo a una persona desvalida. Y si alguna se levanta es entrada en años.
Ha sido lento pero inexorable . Y lo llevo contabilizado en el tiempo porque se me ha convertido en una obsesión. Al menos hace tres años, y me quedo corto. Y soy un usufructuario del trasporte público.
O he perdido la inocencia, o es que hemos cambiado sin darnos cuenta.
Salut

Marga dijo...

La sensación que tengo, certeza que voy adquiriendo con los años y las lecturas (aquellas que hablan de lo que otros pensaron hace ya tanto, claro), es que todos los tiempos tienen sus pérdidas de inocencia, sus descabales, sus cuitas, sus obsesiones o tragedias. Me da que ya debió existir un hitita que se preguntara por aquel momento en el que todo se fue al garete y sus razones. Que serían las que él se quisiera contar, como yo misma o cualquiera, las que nos encajan en el relato que nos contamos para otorgar algo de sentido a nuestras ideas.

No creo que ningún tiempo pasado fuera mejor o peor, o no creo poder llegar a saberlo, con el único tiempo que cuento es con el que me toca justo ahora y ya me vale y ya nos cuesta. Y estoy con usted, estos no me gustan. Pero es que dudo que a nadie le pueda llegar a gustar su tiempo salvo a rachas y por momentos fugaces.

Exactamente igual a la vida.

Besos raudos

El peletero dijo...

Gracias Miquel, eres muy amable. Cada uno pierde la inocencia a su manera si es que la pierde. Esa pérdida siempre conlleva un desengaño, una decepción, nos desencantamos porque previamente estábamos encantados. Esos que no ceden su asiento también son ellos una decepción en sí mismos, lo que sucede es que no lo saben, viven encantados en su estupidez.

Salut.

El peletero dijo...

Tiene toda la razón, querida Marga, es exactamente como dice, y yo mismo me siento ya como un hitita viendo caer Troya, tengo un mal presentimiento, y lo tengo porque sé, arrimando el ascua a mi sardina, que si alguien me dijera que dentro de cien años casi no se hablará el catalán en mi tierra no lo tomaría por loco.

Besos troyanos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Excelente reflexión. Tampoco yo me atrevería a decir cuándo hemos perdido la inocencia; es más, a veces creo que nos resistimos, que queremos creer que los corruptos son unos pocos y no la mayoría, que la sociedad es limpia e impóluta y, vaya por Dios, elegimos a los corruptos sin saber de dónde venían, dónde estaban. Nos cuesta aceptar que los "elegidos" han salido de entre nosotros, representan lo que nuestra sociedad es: tramposa, aprovechada, explotadora, insolidaria a la hora de pagar impuestos. O es que ¿alguien conoce una empresa en la que paguen a los trabajadores en dinero legal y no una parte en "negro"? A veces, más que inocentes es que somos "listillos". En fin. Saludos cordiales.

El peletero dijo...

Hay un aserto famoso, querida Isabel Barceló, que afirma que no se puede estafar a un hombre justo, con ello se quiere asegurar que en cualquier estafa o engaño es necesaria la colaboración de cualquiera de los implicados, incluso de la víctima que tampoco actúa del todo con buena fe.

Si esto es así está claro que nadie ha perdido la inocencia ni la vergüenza en España porque ella solamente estaría en manos de ese hombre justo, ni inocente ni sinvergüenza, al que nadie puede estafar.

Saludos y gracias por sus palabras.

Madeleine De Cubas dijo...

Magnífico tu artículo, querido Peletero, como todo lo que he leído de ti. Te diría que viendo lo que ocurre en la actualidad y los cambios que vivimos (algunos que sí considero muy positivos, porque no todo es desastre), yo a menudo siento que me he caído del mundo. Supongo que cuando se llega a cierta edad a todos nos pasa. Sin embargo, dudo un poco de que a estas alturas todavía se pueda alegar que se perdió la inocencia. Con los adelantos en tecnología, en las comunicaciones, inocentes quizá sean los menores de 5 años. No comprendo por qué, por ejemplo, la gente elige el peor candidato y luego espera tener el mejor gobernante. En América Latina, Centro América, Europa, en China y la Conchinchina (por hablar del último rincón del mundo) existen ejemplos perfectos de lo que le ocurre a los países cuando la corrupción y la infamia se enseñorean, y sin embargo, parece que no aprendemos jamás por cabeza ajena. Desgraciadamente tiene que sucedernos para que nos pellizquemos, y algunas veces ni así
...

El peletero dijo...

Gracias Madeleine, tú eres, junto con Amparo, una de mis dos comentaristas más antiguas y entrañables.

Ya sabes que las personas siempre tropezamos con la misma piedra repetidas veces y de la decepción pasamos enseguida de nuevo a la esperanza y con ella a la inocencia para decepcionarnos al poco tiempo. Es nuestra condición.

Besos de tu peletero catalán.