domingo, 4 de octubre de 2015

El raspall



Diari de tardor (5)

El raspall

El dia que el “Turc”-un cadell de gos- es va menjar el barret del senyor Sala, la senyora Sala va decidir que allò ja ultrapassava tota mesura canina, que només una paciència de sant podia haver tolerat que les coses arribessin fins allí. Continuar llegint...

Raspall és un conte d’en Pere Calders on es relata la decisió que pren un nen de substituir per un raspall el gos que li han pres. Sembla una decisió estrambòtica i gairebé dement, però ja se sap que les criatures fan servir uns raonaments tan estranys com alhora diferents als dels adults. Si més no i ben mirat, val a dir també que tampoc ens ha de sorprendre que un infant actuï aparentment com un boig quan segurament ha estat habituat des de ben petit a que si colpeja repetidament amb un bastó, i tan fort com siguin capaç de fer-ho els seus braços, al crit salvatge de caga tió!, un tronc d’arbre el dia de Nadal rebrà regals i llaminadures que efectivament cagarà la fusta de manera incomprensiblement miraculosa. També és molt possible que la seva família que li ha pres el gos per una entremaliadura menor com és la de menjar-se un barret d’home i no pas de dona, en canvi, l’esperoni a convertir-se en anxaneta i a grimpar de manera perillosa per aquestes estrafolàries torres humanes que alguns fan per a no arribar enlloc o, en la majoria dels cassos, a esfondrar-se caient els uns damunt dels altres amb el perill real de trencar-se l’espinada o el crani igual que torres de Babel. Homes i dones barrejats, bilingües, grans i joves, grassos i forts als primers pisos i prims en els de més amunt i, per concloure,nenes o nens petits sense por al cim. Parlant de cagar, aquests nens i nenes estan acostumats també a la presència familiar als betlems de Nadal d’un personatge irreverent i escatològic, gairebé blasfem i segurament ateu al costat del Nen Jesús, un personatge que va sobreviure al Nacionalcatolicisme espanyol i a la Formación del Espíritu Nacional i que no és pas cap altra que el famós caganer, un individu cobert amb una antiga gorra frígia republicana de color vermell al que no se li acut altra cosa que alleugerir el ventre a la vista de tothom en lloc i dia tan Sant.

Raspall és un dels millors contes de la literatura catalana, escrit per un dels seus millors escriptors, en Pere Calders. Un home menut que exiliat a Mèxic a causa de la guerra va obrir allà per a poder sobreviure una botiga de mobles amb el seu cunyat, el famós ninotaire Tísner que duia un pagat a l’ull com el dels pirates del Carib i que anys més tard va fer els encreuats en català de la Vanguardia que jo sempre omplia.  Un cop tornat de l’exili, va anar a viure molt a prop d’on vivíem i encara visc, al carrer Borrell cantonada Floridablanca, en ple barri de Sant Antoni. Molts migdies, plegant de la feina i anant cap a casa a dinar, ens el trobàvem el pare i jo passejant tranquil·lament amb la seva esposa. Jo me’l mirava i no li deia mai res fins que un dia al creuar-nos em vaig atrevir i li vaig deixar anar: “passi-ho bé, senyor Calders i moltes gràcies”. Em va mirar i va somriure.

La foto que mostro d’ell sembla la d’un científic boig que acaba de fer un gran descobriment igual que Arquimedes dins d’una banyera massa plena d’aigua. Una variant, en aquest cas, de la famosa llei de l’Evolució de les espècies de Darwin, un pas més enllà que el britànic no va considerar ni va saber veure segurament per la seva flema anglosaxona que constrenyia el seu enteniment i la seva imaginació, i per no haver estat educat amb aquest crit atàvic de caga tió! Quina variant? L’evolució natural dels raspalls a gossos si un nen ho vol.

He d’advertir que quest conte no amaga cap aparent doble significat polític, encara que tot, com deien antigament els revolucionaris barbuts formats a la clàssica manera, és polític. A mida que em faig gran crec perdre el seny i el posat estoic  i temo que torno a la rauxa de les sempre inacabades i sempre derrotades revolucions heterodoxes catalanes, a la ciència belga del Doctor Tornasol o a la danesa d’en Franz de Copenhaguen del TBO, però no, no és pas això, és una altra cosa que no sé com explicar. Sigui com sigui, Raspall, el gos raspall del conte, acaba, no sé com, mossegant i espantant a uns lladres que havien entrat a casa del nen i dels seus pares a robar.

I, com diuen els castellans, colorin colorado, este cuento todavía no se ha acabado.

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Diario de otoño (5)

El cepillo

El día que "Turco" -un cachorro de perro se comió el sombrero del señor Sala, la señora Sala decidió que aquello ya superaba toda medida canina, que sólo una paciencia de santo podía haber tolerado que las cosas llegaran hasta allí. Continuar leyendo...

Cepillo es un cuento de Pere Calders donde se relata la decisión que toma un niño de sustituir por un cepillo el perro que le han quitado. Parece una decisión estrambótica y casi demente, pero ya se sabe que las criaturas usan unos razonamientos tan extraños como a la vez diferentes a los de los adultos. Por lo menos y bien mirado, hay que decir también que tampoco nos debe de sorprender que un niño actúe aparentemente como un loco cuando seguramente ha sido habituado desde pequeño a que si golpea repetidamente con un bastón, y tan fuerte como sean capaz de hacerlo sus brazos, al grito salvaje de ¡caga tió!, un tronco de árbol el día de Navidad recibirá regalos y golosinas que efectivamente cagará la madera de forma incomprensiblemente milagrosa. También es muy posible que su familia que le ha quitado el perro por una travesura menor como es la de comerse un sombrero de hombre y no de mujer, en cambio, lo estimule a convertirse en una anxaneta y a trepar de manera peligrosa por estas estrafalarias torres humanas que algunos hacen para no llegar a ninguna parte o, en la mayoría de los casos, a derrumbarse cayendo los unos encima de los otros con el peligro real de romperse el espinazo o el cráneo al igual que torres de Babel. Hombres y mujeres mezclados, bilingües, mayores y jóvenes, gordos y fuertes en los primeros pisos y delgados en los de más arriba y, para concluir, niñas o niños pequeños sin miedo en la cima. Hablando de cagar, estos niños están acostumbrados también a la presencia familiar en los belenes de Navidad de un personaje irreverente y escatológico, casi blasfemo y seguramente ateo junto al Niño Jesús, un personaje que sobrevivió al Nacionalcatolicismo español y a la Formación del Espíritu Nacional y que no es otro que el famoso caganer, un individuo cubierto con una antigua gorra frigia republicana de color rojo al que no se le ocurre otra cosa que aligerar el vientre a la vista de todos en lugar y día tan Santo.

Cepillo es uno de los mejores cuentos de la literatura catalana, escrito por uno de sus mejores escritores, Pere Calders. Un hombre pequeño que exiliado a México debido a la guerra abrió allí para poder sobrevivir una tienda de muebles con su cuñado, el famoso dibujante Tísner que llevaba un parche en el ojo como el de los piratas del Caribe y que años más tarde hizo los crucigramas en catalán de la Vanguardia que yo siempre completaba. Una vez regresado del exilio, fue a vivir muy cerca de donde vivíamos y todavía vivo, en la calle Borrell esquina Floridablanca, en pleno barrio de San Antonio. Muchos mediodías, después del trabajo y yendo a casa a comer, nos lo encontrábamos papá y yo paseando tranquilamente con su esposa. Yo lo miraba y no le decía nada hasta que un día al cruzarnos me atreví y le solté: "hasta luego, señor Calders y muchas gracias". Me miró y sonrió.

La foto que muestro de él parece la de un científico loco que acaba de hacer un gran descubrimiento al igual que Arquímedes dentro de una bañera demasiado llena de agua. Una variante, en este caso, de la famosa ley de la Evolución de las especies de Darwin, un paso más allá que el británico no consideró ni supo ver seguramente por su flema anglosajona que constreñía su entendimiento y su imaginación, y por no haber sido educado con este grito atávico de ¡caga tió! ¿Qué variante? La evolución natural de los cepillos a perros si un niño quiere.

He de advertir que este cuento no esconde ningún aparente doble significado político, aunque todo, como decían antiguamente los revolucionarios barbudos formados a la clásica manera, es político. A medida que me hago mayor creo perder la cordura y mi porte estoico y temo que regreso al arrebato de las siempre inacabadas y siempre derrotadas revoluciones heterodoxas catalanas, a la ciencia belga del Doctor Tornasol o a la danesa de Franz de Copenhague del TBO, pero no, no es eso, es otra cosa que no sé cómo explicar. Sea como sea, Cepillo, el perro cepillo del cuento, termina, no sé cómo, mordiendo y asustando a unos ladrones que habían entrado en casa del niño y de sus padres a robar.

Y, como dicen los castellanos, colorin colorado, este cuento todavía no se ha acabado.




8 comentarios:

Bertha dijo...

Ya se sabe que la imaginación de los niños pueden desconcertar a cualquiera.

Aunque no era un perro a la usanza, si que espantó al ladrón .Por lo menos los padres eran agradecidos hasta el punto de querer agasajarlo con una caseta y todo.

-Aunque no lo sea; pero es, como si lo fuera...

No solo los niños a los adultos también nos gusta sentirnos niños y darle rienda suelta a estas mentiras encubiertas.Yo disfruto muchísimo con las Navidades es que tengo una colla de sobrinos que aun les puedes enredar jajaja.

Que casualidad vive muy cerca de donde vivian mis abuelos y mis padres en la calle Sepúlveda.

Feliz lunes un abrazo(es el día que más odio...).





Miquel dijo...

Quieres creer que no lo había leído ¡¡¡
Ya te digo...
Bueno, has tenido la fortuna de cruzarte con uno de los grandes, ahí es nada.
Somos vecinos, ya ves, vivo entre Tamarit y Calabria
salut

Marga dijo...

A mí siempre me cabe el mundo de los niños, marcianos ellos y una lógica a prueba de adultos. Me cuesta mucho más, pero mucho, mucho más, el de los adultos. Unidos en el surrealismo, va a ser eso.

Desconocía al autor. Cuánto desconozco, madredelamorhermoso!

Beso y cepillo sin púas

El peletero dijo...

A los pobres lunes no los quiere nadie, querida Bertha, pobres, y son, precisamente, los que tienen que desempeñar la tarea más ardua y desagradecida, ¡empezar la semana! , alguien lo tiene que hacer y al día de la luna le ha tocado, a pesar de la mala prensa que conlleva además de tener también que sobrellevar todas las malas caras con una sonrisa, como si el pobre lunes tuviera la culpa de nuestras faltas. Mire la cara de la Luna y verá que siempre nos enseña la misma, a pesar de su fama de variable y cambiante, siempre nos muestra el mismo rostro sonriente, una cara de pan, un plastrón luminoso a veces. Hace poco debía de estar enfadada por algo al teñirse de rojo, la luna de sangre que avisa de malos tiempos.

En fin, ánimo y piense en sus sobrinos a los que todavía puede contarles cuentos de Navidad, pronto se harán mayores y serán ellos los que cuenten otra clase de cuentos.

Un abrazo.

El peletero dijo...

No se puede saber todo ni haberlo leído todo.

Sí Miquel, uno de los grandes.

Salut.

El peletero dijo...

Como dice Miquel, querida Marga, Pere Calders es uno de los grandes de la literatura catalana, ¡un grande muy grande! Y en un género supuestamente menor, el de cuentista, por ello padre y origen de una gran escuela de cuentistas catalanes muy populares en Cataluña, como escritores y también por otras razones. Pere Calders es igualmente el padre de una especie de realismo mágico a la catalana con una enorme influencia en otros ámbitos de la cultura y el arte catalán contemporáneos que bebe, como no puede ser de otra manera en un país que ama la tradición y a la vez su ruptura, de otras fuentes como el ya viejo surrealismo tan característico de la personalidad catalana.

Pere Calders fue un hombre muy entrañable y querido por todos con una mirada tan aguda como dulce.

En fin, igual en el próximo post hablo de eso, o no.

Sobre los niños es mejor no decir nada, yo siempre los trato como si no lo fueran sabiendo que lo son.

Besos del niño que todavía soy.

Fanny Sinrima dijo...

¡Fantástico! Me encantan los cuentos de Pere Calders por su fantasía extravagante y su ironía ante las cosas "sagradas".
Un abrazo.

El peletero dijo...

Me alegro que le haya gustado Fanny.

Un abrazo igualmente.