jueves, 5 de marzo de 2009

El peletero/El ojo y el negro (8)



30 Noviembre 2007

Querida Silvia,

No soy yo el único que en ocasiones pierde la memoria por atender demasiado sus propios asuntos o los asuntos de los otros. Tú también olvidas aquello que has escuchado o leído.

Mi ramera negra se llama Silvia, como tú, y como la hija de Isaac y Sofía (*), su amada muerta en el parto.

¿Te acuerdas de Isaac? Él y yo éramos buenos amigos y aunque amaba a Sofía siempre se acordaba de ti. A la vuelta de cada viaje no olvidaba nunca regalarte algo insólito y bonito. Sofía se sentía celosa. No había razón para ello, ¿o sí?, al menos ya no cuando llegó Christian. Él sí supo mirarte de la manera que tú necesitabas.

Te envío una copia pequeña del desnudo que he pintado de Marta. Ya te puedes imaginar que tardé más de la cuenta en pintarlo, no podía, ni ella me dejaba trabajar como es debido. No es una queja, por supuesto que no. Me pasaba más tiempo en la cama con ella que pintándola.

Creo que ese es el camino adecuado. Siempre has tenido razón respecto a ella, al menos conseguiré que mi suegro no me haga pagar alquiler.

Marta es también una mujer inteligente y a ella no se le escapa que nunca llegaré a ser un buen esposo. Lo sabe y lo acepta. Y yo procuraré no hacerle demasiado daño.

Se lo he contado al párroco y me ha dado su bendición, quiero que sea él el que nos case. De todas maneras todavía no he hablado con su padre, no he pedido su mano ni nada de eso. También podría suceder que me mandase al diablo de una patada en el trasero. Pero no creo que suceda, Marta tiene más autoridad sobre su padre, que él sobre ella y no dejará que me rechace. Ella está organizando el encuentro que será pronto.

Con la Pietà y con ese nuevo proyecto de pintar a Ruth, he conseguido empezar a nivelar mis finanzas. Gracias a ellas y también a las cenas del párroco ya puedo comer dos veces al día.

Al menos Marta ha visto desnudo a un Teodoro con mejor aspecto y sin que se le marquen las costillas de tan flaco que estaba. Había pensado en pintarme a mí también junto a ella y componer la tabla que te conté, un Adán y una Eva expulsados del Paraíso. ¿Te parece bien?

Me preguntas por la pintura de Ruth. Cuando la pinté por primera vez de joven lo hice mostrándola triste en el momento de partir con su suegra (…) de Moab, su hogar y dirigirse a Israel, no sabiendo lo que allí podían encontrar. Dos mujeres solas, viudas y pobres, caminando por senderos peligrosos.

Esta vez quiero hacer todo lo contrario, la quiero pintar llegando a casa de Booz y siendo recibida por las mujeres de allí. Estoy cansado de pintar tristezas. Ruth es una mujer llena de coraje, valiente y alegre, que consigue encontrar al fin la compañía adecuada y que necesita.

Tienes razón Silvia, tú eres Ruth. Y aciertas también cuando afirmas que sólo sé ver lo que viene de fuera, y me comporto como un ciego con lo que tengo en casa. Tienes razón querida hermana, pero tú, ¿dónde estás?, ¿fuera o en casa?

Me has dejado a medias con Saverio. Así que el muy embustero tenía un pequeño retrato, que no me enseñó, de esa esclava que dice amar a causa de una mirada, de una sola mirada que apenas duró un instante, nada más.

¿Sabes lo que eso significa? Yo creo saberlo y seguro que tú también Está loco, completamente loco, es cierto, pero no me dirás que no es algo lleno de belleza.

Tú siempre has sido una mujer práctica y sensata, lo has sido por temperamento, capacidad y necesidad. Pero yo sé que eres mucho más inteligente que práctica y mucho más sensible que sensata. Por eso también sé que te conmoviste con su historia. Seguro que lo hiciste, sino no hubieras elegido a ese que es hoy tu marido para irte a vivir con él a otro país, al otro lado del mar.

Termina de contarme tu conversación con él. Ya debe haber llegado a España y espero recibir pronto noticias suyas.

Ya sé que recuerdas a Marta. Tú memoria de rostros siempre ha sido muy buena, pero han pasado bastantes años. Está bonita, ¿verdad?, me gusta su cuerpo porque no es perfecto.

Es una tontería, pero quiero pensar que la visita de Saverio ha desatado algún nudo, no sé cuál, pero en alguna parte había un nudo y ahora no.

Besa a mis sobrinos como sólo tú sabes hacerlo, diles que su tío Teodoro, que todavía no conocen, los quiere.

Tu hermano que también te quiere.

Teodoro.


(*) El peletero/El ojo y el negro (1)

miércoles, 4 de marzo de 2009

El peletero/El ojo y el negro (7)



28 Noviembre 2007

Querido Teodoro,

Todos te mandan recuerdos y besos, incluido tu amigo Saverio. Sí, ha estado aquí, ha venido a visitarnos.

Pero yo estoy enfadada contigo.

Ha tenido que venir un italiano charlatán para que recordaras a Ruth. Te habías olvidado de ella y resulta que la tienes delante de tus ojos.

¿Te estás preguntando quién es?

Yo.

Soy yo, tu hermana Silvia es Ruth, ¿no te habías dado cuenta nunca?

Yo también he terminado por ir a parar a un “trigal ajeno”, que no es otro que la casa de mi esposo Christian y que ahora es también mi hogar. Otro paisaje, otras lluvias, otros olores y colores, otra gente, otra lengua y casi otro Dios.

¿Sabes de qué hablo?, ¿o todavía estás embriagado con el olor de tu ramera negra?, de la que por cierto, todavía no me has dicho ni siquiera su nombre. Supongo que debe tener alguno, ¿no?

Ya sabes Teodoro que cuando quiero puedo ser muy exigente. Siempre te fijas en lo que viene de fuera y nunca en lo que tienes al lado. Ha tenido que ser la propia Marta la que tome la iniciativa. Si fuera por ti acabaría siendo abuela antes que te decidieras a decirle algo. La muchacha más linda de la ciudad y tú todavía no le habías dicho nada.

Los hombres os emborracháis, os vais a un burdel y ya os creéis que sois los amos del mundo. O bien no paráis de llorar como niños abandonados.

Creo que nunca dejáis de jugar, siempre estáis jugando.

Como te digo, tu amigo italiano ha venido a vernos, y sí, tienes razón, es de fiar, se le ve venir de lejos y no trae con él nada malo. Es un hombre simpático, agradable y bien parecido y también es hombre de mundo, habla más de un idioma y ha leído algún que otro libro.

Mi hijo mayor, Pablo enseguida se ha hecho amigo de él, le han entusiasmado la narración de sus viajes. A todos nos ha regalado guantes, gorros y prendas hechas con ese cordero español tan bueno.

Él y Christian han llegado a un acuerdo que te contaré en una carta aparte, creo que es un buen trato para los dos.

Es una persona instruida, pero algo ingenua. Según parece todavía no le han engañado de verdad, el día que alguien lo haga conseguirá robarle hasta su mismísima alma.

Es un hombre triste, y alguien que se esfuerza y que procura constantemente disimular esa tristeza y no siempre lo consigue. Y no creo que sea por esa esclava que me cuentas. Yo no he conseguido averiguarlo, en todo caso sospecho que es al revés, se ha enamorado de ella a causa de esa tristeza.

Aunque esté en lo cierto, querido hermano, a quién se le ocurre enamorarse de una esclava a la que seguro deben haber bautizado hace cuatro días y que además tampoco debe hablar bien la lengua de su amo, ni mucho menos la de ese esposo negro con el que la han obligado a casarse.

Ha sabido congeniar con todo el mundo, sin embargo conmigo se ha mostrado inseguro y algo nervioso. Él sabía que yo sabía y tenía ganas de preguntarme cosas pero dudaba. Naturalmente he tenido que ser yo quién le preguntara a él, arriesgándome a ser indiscreta. Fue una tarde que Christian se había ido pronto.

Le dije directamente, Teodoro me ha hecho saber la existencia de Ruth, habladme de ella.

Se quedó en silenció, me miró un buen rato a los ojos, callado. Yo le aguanté la mirada, seria, severa y grave. Él también lo estaba, sus nervios habían desaparecido. ¿Os podéis levantar?, si no os importa me gustaría veros de pie, me pidió.

Me quedé un poco sorprendida. ¿Para qué?, le pregunté.

Quiero miraros entera, no a trozos.

Me levanté.

Y me miró de arriba abajo. Teodoro me ha contado que queréis mucho a vuestro esposo, me dijo sin dejar de mirarme a los ojos.

Y así es.

¿Cuánto es mucho?

No podría vivir sin él.

¿Y con un hijo de menos sí?

Sí, sin un hijo ya lo estoy haciendo, se me han muerto tres. Sin mi esposo no podría. Pero las preguntas debería hacerlas yo, ¿no?

Sin escucharme me dijo: entonces sabréis de lo que os hablo. Tomad, es ella.

Y me dio una pequeña cajita redonda en forma de medallón (*). La abrí y dentro de ella había el retrato de una mujer. Un rostro extraño, diferente, especialmente bello, insólitamente hermoso.

¿Cómo lo habéis conseguido?, ¿no es una esclava?, ¿seguro que es ella?

¡Claro que lo es!, ¿creéis que podría confundirme?

Perdonadme, pero decidme, ¿cómo ha llegado a vuestras manos?

Con dinero se puede conseguir todo, una amiga mía me lo ha proporcionado. Es una conseguidora. Sabe cómo hacer las cosas.

¿Vuestra amiga Amparo?

¿Teodoro os ha hablado de ella?

Sí, algo me ha contado, pero él no ha visto el retrato, ¿verdad?

No.

¿Por qué?

Es el retrato de una mujer, y me lo ha proporcionado otra mujer. Sólo una mujer podía ser la segunda en verlo. Él tampoco me ha enseñado a su Marta, la pintaba a escondidas de mí.

Creo que sois un exagerado.

Sí, lo soy, debo serlo.

¿Para qué?

Para ser un buen poeta se debe exagerar un poco.

Creo que confundís la realidad con la poesía.

¿No es lo mismo?

Claro que no. ¿La confundís?

Cuando se viajan ocho meses al año, solo y sin compañía de nadie durante días, y cuando has dejado, eso que llamas tu casa, al cuidado de un sirviente y un secretario, es necesario confundir el camino con uno de los paisajes que pinta vuestro hermano. Ésa es una exageración necesaria.

¿Y cuando no se viaja, cuando no te alejas más de una milla de casa, cuando siempre estás acompañada de los que amas y te aman?

No lo sé querida Silvia, quizás entonces deba uno ser preciso y exacto, medir cada palmo, cada pulgada, sin equivocarse. Esa es otra manera de cantar, exagerada y también necesaria, y tan bella como vos. ¿Sabéis que sois necesaria y bella?

Eso dicen los que me aman.

No temáis, pero yo también soy capaz de ver y apreciar vuestra belleza.

Sois un exagerado.

Sí, necesario, ¿no lo creéis así?

Sí, creo que sí, tal vez tengáis razón. Hace demasiado tiempo que no veo el mar.

Pues deberíais, el mar es el cielo.

¿Y el cielo?, ¿qué es?, ¿lo sabéis?

¿El cielo?, una exageración.

Amado Teodoro, estuvimos hablando mucho más, pero ahora necesito descansar.

Estoy contenta por ti, cuéntame más cosas de Marta y dime cómo piensas pintar la nueva Ruth. También me alegra tu amistad con Emile (…), tu párroco, ahora ya sabes que pertenece a una de las familias más importantes de Flandes, trátalo bien, recuerda bien eso y no lo olvides.

Perdóname si al principio de la carta he sido una gruñona.

Tu hermana que te quiere.

Silvia.

Sí Teodoro, cada día recuerdo a nuestros padres.


___________________________________________________________________

(*) Lo que Silvia describe es algo parecido a un “camafeo.

Para ser preciso un camafeo es un relieve en miniatura obtenido de una piedra preciosa. La más habitual era la ágata, aunque se podía hacer de cualquier material. Se llevaban en forma de colgantes y en ellos se acostumbraba a representar a alguien querido. El que le enseña Saverio a Silvia es una simple miniatura pintada, las circunstancias no daban para más, y el retrato conseguido por Amparo es casi ya un milagro, milagro que sólo ella es capaz de lograr.

La fotografía que encabeza este post pertenece a la actriz mexicana Dalia Hernández, que no tengo el placer de conocer, excepto de haberla visto en “Apocalypto” de Mel Gibson.

martes, 3 de marzo de 2009

El peletero/El ojo y el negro (6)



26 Noviembre 2007

Querida Silvia,

Estos días he recordado la historia de Ruth que me contabas de pequeño y que siempre me hacía llorar. La he recordado gracias a un italiano que he alojado en mi casa. Tiene un nombre gracioso y difícil de pronunciar para mí, se llama Saverio Cucchiaio di Tommasso, es genovés y comerciante en pieles.

Nos hemos hecho amigos, y ahora que está de nuevo a punto de partir y listo para embarcarse hacia tus islas, nos hemos prometido que nos escribiremos contándonos nuestras aventuras. Las mías pocas, las de él, bastantes más, no en balde viaja y el viaje siempre es propicio a novedades.

Se ha pasado aquí bastantes días, hemos congeniado y ya que estaba cansado del viaje ha aprovechado, y yo le he ofrecido, mi desordenada casa para descansar.

Pero él es más desordenado todavía que yo, dice que le gustaría ser poeta, pero creo que no tiene aptitudes para ello. Los poetas y escritores ensucian menos que nosotros, los pintores y los escultores, pero, el muy “poeta”, me ha llenado la casa de papeles.

Aparte de simpático y hablador, he de reconocer que es limpio y no huele como los demás italianos que he conocido. Es curioso, todos los países piensan que los demás huelen fatal y no se limpian. Eso de lavarse, como ya sabes, es una costumbre nueva que viene de oriente, de los países árabes y de la India. Los franceses, los más sucios de todos, evitan hacerlo perfumándose, son unos tramposos, pero no son tontos, porque así, de paso, han ingeniado en la Provenza una industria nueva que aquí tiene bastante éxito.

Saverio conoce mucho España, y será tal vez por la huella que el mundo musulmán ha dejado allí, pero tiene una verdadera obsesión por el agua. ¡Se baña una vez cada quince días! Tú me enseñaste que debía hacerlo una vez al mes y cuando me acuerdo lo cumplo, te lo prometo.

Hasta ahora se dedicaba sólo a importar pieles de cordero merino español a Génova, pero además pretende ir a Londres a comprar pieles de castor americano. Hay rumores que la Corona Inglesa quiere fundar una compañía que monopolice todo el comercio de pieles con sus colonias y él aspira a conseguir algún tipo de concesión para el mercado italiano. Allí los príncipes y burgueses gastan sus monedas con generosidad, no como aquí que ahorran hasta el polvo de sus bolsillos.

Le he dado vuestras señas, tal vez os visite, necesita a alguien de confianza que le represente, quizás a tu esposo Christian le pueda interesar llegar a algún acuerdo con él. Creo que se puede confiar, pero tú, Silvia, sabrás juzgarlo mejor que yo.

Es presumido, pero no llega al extremo de esos franceses que vemos por aquí con aire de superioridad. Escribe poemas tontos, muchos de amor, vulgares y simplones, otros en cambio, metafísicos, extraños y filosóficos y que no entiende ni él mismo. Cuando se emborracha llora, al principio no sabía por qué, pero al final me lo ha revelado.

Una noche, cuando todavía no habíamos bebido demasiado, le propuse ir al burdel. Primero me dijo que sí, contento y decidido, pero a medio camino se arrepintió y me confesó que no podía traicionar a su dama. Le pregunté quién era esa dama que merecía tanto sacrificio de un hombre. Me respondió que no lo sabía, que no sabía quién era, ni cuál era su verdadero nombre.

Su respuesta parecía absurda, intrigado le seguí preguntando, ¿quién podía ser esa dama sin nombre?, ¿era guapa?, ¿era rica?, ¿la hija de un noble?, ¿genovesa o española? Era remiso, no quería hablar de ella. Yo insistí. Y al final me lo dijo, la llaman Ruth.

¿La llaman Ruth?, ¿quiénes?

Sus amos, me respondió.

¿Qué amos?, ¿es una esclava?, pregunté, no entendía nada, ¿de qué me estaba hablando?, mejor dicho, ¿de quién?

La vi apenas unos segundos, nada más, me explicó. Ella me miró un solo y escaso instante después de servirme y de llenar mi jarro de agua fresca, levantó sus pestañas negras y sus ojos castaños me miraron.

Y desde entonces no han dejado de mirarte, ¿verdad?, le dije.

Sí. Es una esclava india, originaria de La Española, una de las pocas que se libró de la viruela. Y una de tantas criadas y sirvientes de un noble sevillano que a veces trae de América pieles exóticas de gatos y monos, y plumas de aves raras.

¿Eso es todo? exclamé

Bueno, a mí ya me parece mucho, me respondió con cara taciturna.

¡Cómprala! , solté. Ves y paga por ella.

No está en venta, ya tiene marido, me respondió triste.

¿La han casado?, ¿con quién?

Con otro esclavo, un negro. Y además ya ha parido, ya es madre de un varón de pelo rizado y piel oscura.

Me dejó pensando un buen rato, él me miraba intranquilo. Al final le dije: escucha Saverio, aunque tú eres un buen cristiano, que sea madre y que tenga un esposo negro y esclavo no debe ser un gran problema para ti, que también eres un hombre de mundo, ¿verdad?

No, no es ningún problema, pero creo que también es la amante del sevillano, y nada menos que de un Marqués.

¡Vaya!, eso sí que complica las cosas. ¿No podías haberte enamorado de una genovesa simple y cariñosa?

O de una española, me respondió apenado.

Eso, de una española, dicen que son muy guapas.

Sí, las más guapas son las andaluzas, pero tienen mucho carácter.

¿Y eso es malo?

Bien mirado no, sino te importa que mande tu mujer.

Yo siempre quiero que manden ellas, es más cómodo.

Pero… ¿tú qué sabes si no has estado nunca casado?

También es verdad, vaya tontería… como tú, tú tampoco lo has estado.

No, yo tampoco.

Y tú, ¿sabes algo? le pregunté ya bastante borracho.

¿De qué?

No sé, de lo que sea.

No, yo tampoco, no tengo ni idea de nada.

Pues vaya par de tontos.

Sí.

¿Y esa india es tu Dama?

Sí.

Estás loco.

Sí, lo estoy, absolutamente loco, me respondió más borracho que yo.

Te suceden estas cosas por ser eso que te he dicho, un buen cristiano y un hombre de mundo al mismo tiempo, le dije sonriendo. Soltó una carcajada, para pasar enseguida al llanto. Casi, casi, también me pongo a llorar yo.

Para que puedas reconocerlo si os viene a visitar te mando un dibujo de él. Aunque ponga cara de enfadado es muy afable y simpático. Como no quiere parecer triste, hace cara de gruñón.

Ayer me acompañó a ver la Pietà que estoy pintando. Así conoció también al párroco. Y como te puedes imaginar se hicieron amigos enseguida. No paraban de explicarse chistes el uno al otro, lo hacían en latín, en francés, genovés y en algo que Saverio decía era una mezcla de “catalano, aragonesso y castigliano”. Yo me reía de verlos reír. La hermana del párroco, que vive con él, nos tenía preparada una comida excelente, sopa de harina de cebada, una buena verdura cocida, un caldo de coles con un poco de carne y unas sardinas asadas, hacía tiempo que no comía tan bien. Terminamos los tres borrachos y durmiendo la siesta hasta que su hermana nos despertó tarde. Era ya de noche y nos quedamos a dormir en la misma parroquia. Pero antes asistimos a la última misa y ayudamos en la celebración, no sé por qué, pero me gustó hacer de monaguillo. Recordé cuando éramos pequeños y nuestros padres aún vivían.

¿Te acuerdas todavía de ellos, Silvia? Yo sí, mucho.

La Pietà va por muy buen camino, el párroco está muy satisfecho con los resultados que va viendo. Y él y yo nos hemos ido encariñando y tomando afecto mutuo. No me emborracho a no ser que lo haga en su compañía, o la de Saverio estos días que ha estado aquí conmigo.

Hay noches que viene a verme pintar. Pinto mucho a oscuras, ya lo sabes, con apenas unas pocas velas. No dice nada, se sienta y se queda mirándome en silencio. Cuando termino me invita a cenar y tiene la gentileza de no descontármelo del precio pactado. A veces canta mientras me ve pintar y a mi me gusta que lo haga, me recuerda a ti.

Es otro borracho llorón, maldita sea, siempre me tocan amigos llorones, siempre he de vérmelas con ellos y aguantar sus penas y tratar de darles consuelo. Por cierto, las penas del párroco son muy poco metafísicas. Al día siguiente estamos todos un poco avergonzados por las cosas que contamos entre jarra y jarra. Dicen que el vino hace olvidar, y es todo lo contrario, refresca la memoria, a veces demasiado y acabamos confesando aquello que no hubiéramos dicho nunca ni en el mismo momento de la Extremaunción.

En la última carta me pedías el nombre de mi párroco, se llama Emile (…), y creo que ya sé a que te referías cuando me decías que sospechabas quién era.

No te he contado aún cómo conocí a Saverio, el genovés. Un cliente que no le pagaba le ofreció, para descontar parte de la deuda, una pequeña tabla mía que seguro tú debes recordar, es una dedicada a Ruth que pinté de muy joven. No sé cómo debe de haber llegado a parar a sus manos, pero el caso es que Saverio, al verla, no pudo evitar quedársela pues lleva el nombre de su amada, Ruth, y como ella, también es alguien que ha terminado en un trigal ajeno, debía quedarse la tabla quieras que no.

Detrás de ella constaba mi nombre y en su camino a Inglaterra decidió pararse aquí, en Flandes, para conocerme. Y ya ves, lo ha logrado. Y él me ha dado motivos para pintar una tabla mejor y más grande. Ésa que halló en Génova era solamente un ejercicio de escuela. Se lo he comentado al párroco y parece que la idea le ha entusiasmado, Ruth es otra de sus grandes figuras femeninas.

Tardaré un tiempo en volver a ver a Saverio, alrededor de un año. El viaje de regreso lo hará embarcándose primero desde el sur de Inglaterra hasta Santander, en España, de allí en diligencia o a caballo hasta Burgos para solucionar negocios que tiene pendientes.

Debe consultar unos asuntos con una amiga suya también sevillana, pero no quiere regresar a Sevilla para ver a su amada, dice que es demasiado doloroso para él, deberá hacerlo por carta.

Me cuenta orgulloso que esa amiga es toda una dama, rica, instruida y bondadosa. Dice que es muy buena poetisa y que regenta una escuela para niños y niñas pobres.

De ella sólo sé que se llama Amparo y que tiene muy buenos contactos, entre ellos uno con otra gran dama, granadina y llamada Magdalena que ha tenido que irse a vivir con su marido, un alto funcionario de la Corte, a Cuba, antes llamada Isabela o Juana. Saverio también se cartea con ella y cariñosamente la llama “Magdalena de Cubas”. “Es la mujer más entusiasta del mundo” afirma vehemente.

Él no tiene hermanas como yo, y las adopta, dice que son sus mejores amigas, son “mis hermanas adoptadas”. Aunque un día le oí decir, “lástima que las dos estén casadas”.

Ya ves que mi amigo genovés tiene amistades interesantes y creo que las tiene simplemente porque sí, sin buscar nada a cambio.

De Burgos regresará a Génova pasando antes por Barcelona donde también tiene buenas relaciones, y de allí a casa otra vez en barco. Pero primero quiere pararse unos días en Poblet, donde hay un monasterio cisterciense.

Quiere descansar antes de emprender la última etapa del viaje y de paso visitar a su amigo monje, Alberto. Es un excelente miniaturista, restaurador y conservador de la gran Biblioteca del monasterio.

Me ha dicho que en Barcelona se albergará en casa de Pedro, él se encarga de fletar sus envíos de pieles a Génova. Y me comenta malicioso, que Pedro tiene una esposa pequeñita, coqueta y encantadora que le ríe sus gracias.

Estoy seguro que os vendrá a ver, no tardes en escribirme. Muchos besos para todos, para la pequeña Rosa y especialmente para ti.

Yo no he visto nunca a ninguna indígena americana, así que no la puedo pintar ni tampoco la puedo imaginar, pero en cambio sí que he podido pintar un pequeño desnudo de Marta, la hija de mi casero. Y no precisamente de memoria. Quiero utilizarlo como modelo de “El Paraíso”, que también quiero pintar.

Lo he dejado para el final para que así sea una verdadera y agradable sorpresa para ti. He de confesar que la iniciativa fue de ella. Un día llamaron a mi puerta, abrí y allí estaba Marta. Me quedé mudo al verla y casi me desmayo cuando me dice: “quiero que me pintes desnuda”

Tu hermano que te quiere.

Teodoro.

lunes, 2 de marzo de 2009

El peletero/Poesía Fría-El primer vuelo (y 4)



23 Noviembre 2007

LA TORMENTA

La tormenta tenía dorados cabellos manchados
de negrura y gemía monótona como una mujer
vulgar
que da a luz a un futuro soldado, quizás a un tirano.

Las inmensas nubes, buques de varios pisos,
nos rodeaban, y los hilos escarlata de los relámpagos
se movían rápidos y nerviosos.

La autopista se transformó en el Mar Rojo.
Íbamos por la tormenta como por un abrupto valle.
Tú conducías; te miraba con amor.

(“La Tormenta” Adam Zagajewski)

Adam Zagajewski, es un poeta que por lo poco que sabemos de él, no acostumbra ni tampoco propende a la poesía amorosa. La palabra “amor” es en él poco frecuente.

En realidad la palabra “amor” es muy poco habitual en todos los grandes poetas, casi no la usan, quizás de tan gastada que está, de tan hueca que suena.

Nosotros sospechamos la razón de ello, de su ausencia, en este caso no en lo real pero sí en el verbo, aunque de momento no diremos nada, es todavía pronto para formular eso que en su día llamaremos “Teoría de la complacencia”.

No podemos ni sabemos asegurarlo, pero tampoco recordamos que en las Sagradas Escrituras aparezca una manifestación expresa de amor por los hombres, hecha por el mismo Dios. Tal vez estemos equivocados, no somos expertos en literatura religiosa.

Pero Adam Zagajewski es un hombre de carne y hueso, y deberemos perdonarle que de vez en cuando tenga algún desliz, y pronuncie emocionado, esa palabra equivocada para el bien decir que la poesía pretende ser.

Para completar y redondear su poema hemos pensado que sería adecuado citar unos párrafos de “Vuelo nocturno” de Antoine de Saint-Exupéry, que indudablemente sirvieron para, muchos años más tarde, realizar una de las obras maestras del dibujo de animación, “Porco Rosso”, del japonés Hayao Miyazaki.

En una ocasión nos transfiguramos en Marco Pagot y creímos tener a Gina a nuestro lado (El peletero/Julia-3), pero allí a donde vamos, ella no puede acompañarnos. Y quizás no solamente ella, todas ellas.

Nos gustan los nombres de Fabien, de Rivière, son adecuados para hombres que pilotan aeroplanos entre tormentas. Son nombres dulces, casi femeninos, suaves y tiernos, hay que saberlos pronunciar con el adecuado francés, desde el fondo de la boca, cerca de la laringe, sin llegar a tocarla. Es hasta ahí donde llegan los besos profundos, aquellos que saben darlos, como si fuera el cañón de una pistola en plena boca. Ése es el final de la tormenta. ¿Disparará?

“(…) Fabien emergió.

Su sorpresa fue extrema: la claridad era tal que lo deslumbraba. Por unos segundos debió cerrar los ojos. Nunca había creído que las nubes, de noche, pudieran deslumbrar. Pero la luna llena y todas las constelaciones las transformaban en olas irradiantes.

El avión había logrado de un golpe, en el segundo mismo en que emergía, una calma que parecía extraordinaria. Ni el menor oleaje lo inclinaba. Como un barco que pasa el dique, entraba en las aguas mansas. Se encontraba en una parte del cielo desconocida y oculta como la bahía de las Islas Dichosas. La tormenta, debajo de él, formaba otro mundo de tres mil metros de espesor, recorrido por ráfagas, trombas de agua, relámpagos, pero volvía hacía los astros una cara de cristal y de nieve.”

(“Vuelo Nocturno”, Saint Exupéry)

En nuestro primer canto citábamos a Wallance Stevens cuando afirmaba que “la poesía es el tema del poema”. Y podemos leer también a Borges afirmar lo contrario en su primera conferencia de las seis que impartió en Harvard, “El enigma de la poesía”, en ella nos dice que cometeríamos un error si pensáramos que estudiamos la poesía al estudiar un gran poema o poeta.

Por eso no entendemos que luego afirme que “Los libros son sólo ocasiones para la poesía”. Llevando el argumento al extremo y citando a Emerson, nos cuenta que en alguna ocasión comparó “una biblioteca con una caverna mágica llena de difuntos. Y esos difuntos pueden renacer, pueden ser devueltos a la vida cuando abrimos sus páginas”.

La poesía es la causa del poema y no lo contrario.

No podemos evitar girar del revés la cita y advertir que también podemos matarlos al cerrar esos libros, o peor, olvidarlos. Al decirlo nos estremece descubrir la extraña coincidencia entre poesía y vida.

Este es el momento en el que alguien hablaría de Amor, pero nosotros no.

Preferimos volar, ahora que nos hemos lanzado al vacío, queremos disfrutar de ese vértigo que proporciona conocer cuál es tu nombre y saber quién eres.

Ésa es precisamente la verdadera aventura: “la apertura del sujeto saliendo a la búsqueda.”

Desgraciadamente también es una de las cosas que más rápidas se olvidan.

Aunque así sea, seguiremos una vez más a Borges cuando nos recuerda, citando el primer verso de un poema de Browning, algo que siempre olvidamos.

Que la belleza siempre está ahí esperándonos.

Just when we’re safest, there’s a subset-touch,
A Nancy from a flower-bell, some one’s death,
A chorus-ending from Eurípides

Y precisamente cuando nos sentimos más seguros, llega una puesta de sol,
el encanto de una corola, alguna muerte,
el final de un coro de Eurípides.

Borges nos recuerda también a Rafael Cansinos-Assens pidiéndole a Dios que lo protegiera de la belleza, pues “hay demasiada belleza en el mundo”.

Borges no llega hasta este extremo pero concluye afirmando, absolutamente seguro, eso que acabamos de anunciar, que la belleza siempre está esperándonos. Aunque sea en el título de una película, en la letra de una canción popular y vulgar, nos dice. O en un recuerdo cansino

Porque no supiste entender a mi corazón
lo que había en el,
porque no tuviste el valor
de ver quién soy.

Porque no escuchas lo que
está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera
y yo, que estoy a un lado
desaparezco para ti

No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...

Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y
me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti.

(Julieta Venegas)

Y nosotros terminaremos usando nuestra propia memoria y decir:

“se acostaron otra vez, dejando que pasaran las horas en aquella oscuridad tenue, besándose y besándose hasta sólo ser capaces de ver la luz en la niña del otro.”

(El peletero/La habitación 601-2)

Adiós pues.

Mientras nosotros nos alejamos en nuestro aeroplano encarando al sol, el ave tomará tierra para descansar.

Dormirá y soñará, y cuando despierte, renovada, habrá de empezar a caminar.

¿A dónde?, nadie sabe a donde.

sábado, 28 de febrero de 2009

El peletero/Poesía Fría-El primer vuelo (3 de 4)



20 Noviembre 2007

¿CÓMO TE LLAMAS?

“esos muchos instantes y esos muchos días pueden ser reducidos a uno: el momento en que un hombre averigua quién es, cuando se ve cara a cara consigo mismo.”

Es exactamente aquí donde queríamos llegar, ése es el lugar preciso que nos marca Borges, el punto exacto donde termina el camino y empieza el abismo.

Hemos andado muchos kilómetros con todos los pertrechos cargados a nuestra espalda.

Y al fin hemos llegado.

Ése es nuestro kilómetro cero.

El barranco se despliega espléndido y tentador,
los árboles que hay en su borde casi se despeñan
señalando más allá.

Su fuerza de succión es la de un remolino marino,
y aunque el aire se mantenga inmóvil,
ya nos caemos por él de solo mirar,
que entre el suelo lejano y nosotros,
no hay nada.

Más que el sol dorándonos.

Pertrechados con los arneses y las alas de tela, emprendemos nuestro primer vuelo, soñando ser Leonardo para poder descubrir quienes somos.

Suspendidos en nuestro trapecio nos balancearemos en él. Tomaremos impulso y dejaremos que nuestras manos lo suelten.

Transformados en ave buscaremos el viento adecuado, que quizás nos lleve al igual que a Ruth, llenos de nostalgia del hogar, a un trigal ajeno donde seremos bien recibidos y huéspedes honrados.

Si eso logramos, seremos alimentados, bañados y perfumados. Descansados y bien vestidos con plumas y sedas, se nos permitirá escuchar la canción en la que se encuentra, adornado en su música, nuestro nombre y al oírlo sabremos quienes somos.

The palm at the end of the mind,
Beyond the last thougt, rises,
In the bronze distance.


A gold-feathered bird
Sings in the palm, without human meaning,
Without human feeling, a foreign song.


You know then that it is not the reason
That makes us happy or unhappy.
The bird sings. Its feathers shine.


The palm stands on the edge of space.
The wind moves slowly in the branches.
The bird’s fire-fangled feathers dangle down.


(Of Mere Being, Wallace Stevens)

La palmera al extremo de la mente
Se eleva más allá del pensamiento,
En la extensión de bronce.


Un pájaro de plumas doradas
Canta allí una canción extranjera,
No destinada al hombre, sin sentimiento humano.


Entonces tú comprendes que no es ésa
La razón que nos hace felices o infelices.
Canta el pájaro. Sus plumas resplandecen.


La palmera está al borde del espacio.
En las ramas se mueve el viento lentamente.
El plumaje del pájaro pende llameante.


(De la simple existencia, Wallace Stevens)

En un post anterior hablábamos del viaje de regreso, que todo viaje lo es. Y citábamos¬ también en el capítulo pasado la “Oda a un ruiseñor” de Keats y su mención a Ruth. Ella representa una variedad de ese regreso, que finaliza, tal como menciona el poeta, “en trigal ajeno”.

Ella abandona su hogar, Ruth no regresa, Ruth se va. Y su camino terminará en ese trigal ajeno, llamado “Campo de Booz”, con otras gentes y otro Dios.

Será bien recibida, alimentada y protegida, y así, marchándose, habrá también regresado.

¿Es nuestro nombre realmente nuestro? ¿O pertenece a nuestros huéspedes?

viernes, 27 de febrero de 2009

El peletero/Poesía Fría-El primer vuelo (2 de 4)



16 Noviembre 2007

LA PALABRA

Las conversaciones de los pájaros
dicen muy poco
pero significan mucho.


(Cortos II, W. H. Auden)

En un correo electrónico no dirigido a mí, me mostraron lo siguiente:

“En un texto védico contado por Kenneth White puede leerse: "La primera de todas las enseñanzas consiste en meditar sin fin sobre el pájaro". El caso informado por Ange Condoret (1983) sobre una niña autista, muda y asocial, Betsabé, que empezó a hacer progresos desde el momento en que una paloma en vuelo raptara su atención, propone un significado pleno a la pedagogía del texto hindú: la apertura del sujeto saliendo a la búsqueda."

El autor de este mail, psiquiatra de profesión, nos cuenta el hecho sorprendente que solamente podía comunicarse con una niña autista si entre los dos había una jaula de canarios.

En un post anterior citamos una de las seis conferencias sobre poesía que impartió Jorge Luís Borges en el curso 1967-1968, en la Universidad de Harvard. En aquella ocasión nos detuvimos en la tercera conferencia titulada “El Arte de contar historias”. Ahora lo haremos en la sexta y última “Credo de poeta”, solamente para transcribir parte de sus propias palabras su descubrimiento de la poesía.

Nos cuenta Borges, al recordar a su padre recitando a Keats, y a su “Oda a un ruiseñor”, el momento poético de esa revelación.

Thou wast not born for death, immortal Bird!
No hungry generations tread thee down;
The voice I hear this passing nigth was heard
In ancient days by emperor and clown:
Perhaps the self-same song that found a path
Through the sad of Ruth, when, sick for home,
She stood in tears amid the alien corn.


Tú no has nacido para la muerte, ¡inmortal pájaro!
No han de pisotearte otras gentes hambrientas;
La voz que oigo esta noche fugaz es la que oyeron
En los días antiguos el labriego y el rey;
Quizá este mismo canto se abrió camino al triste
Corazón de Ruth, cuando, con nostalgia de hogar,
Llorando se detuvo en el trigal ajeno.


Borges nos dice:

“¿Cómo podía entender aquellos versos que consideraban a los pájaros –a los animales- como algo eterno, atemporal, porque vivían en el presente? Somos mortales porque vivimos en el pasado y el futuro: porque recordamos un tiempo en el que no existíamos y prevemos un tiempo en el que estaremos muertos.” (…) “Yo había considerado el lenguaje como una manera de decir cosas, de quejarse, o de decir que uno está alegre, o triste. Pero cuando oí aquellos versos (y, en cierto sentido, llevo oyéndolos desde entonces) supe que el lenguaje también podía ser una música y una pasión. Y así me fue revelada la poesía.”

A nosotros no nos gusta que toda esa descripción de ese momento cumbre termine afirmando simplemente que “el lenguaje también podía ser una música y una pasión”.

Preferimos su continuación en el párrafo siguiente cuando nos cuenta que aunque “la vida de un hombre se componga de miles y miles de momentos y días, esos muchos instantes y esos muchos días pueden ser reducidos a uno: el momento en que un hombre averigua quién es, cuando se ve cara a cara consigo mismo.” Nos habla de Judas besando a Jesús y nos habla también de aquel hombre –todos somos él- que desconoce si es cobarde o valiente, hasta que en un instante, en “ese instante” la vida se lo muestra.

En la novela de Harper Lee, “Matar a un ruiseñor”, hay alguien que no descubre quién es pues siempre lo ha sabido. Pero los demás sí que averiguan, y averiguamos, quién es él.

Creíamos que era una sombra de persona, uno sin rostro, casi nadie. En un instante, en “ese instante” nos muestra su faz. Es la de un ruiseñor, la de un inocente, es un ser que todavía vive en el Paraíso, un bendito de Dios, un verdadero ángel de la guarda, alguien que sí sabe utilizar su espada, y con ella salvar la vida de unos niños amenazados por un loco lleno de odio, aunque ello signifique matarlo.

miércoles, 25 de febrero de 2009

El peletero/Poesía Fría-El primer vuelo (1 de 4)



14 Noviembre 2007

EL PÁJARO

He aquí el jardín.
La rosa y mis tres amigos están ahí.
La brisa de la tarde mueve las hojas de los olmos
Es hoy.


¿A dónde mi sueño?

Esta es la realidad.
La rosa y mis tres amigos están ahí.


El canto de los pájaros pretende ahuyentar la realidad,
más la realidad no se mueve.
Es la tarde.


Hacia el sueño vuelan los pájaros.


(Primer verso de, “EL PÁJARO SOLITARIO”, Francisco Pino)

Existe una duda científica razonable sobre si el origen de las aves, que se remonta aproximadamente a unos 140 millones de años contando desde hoy a las 14 horas y cinco minutos en punto, debe buscarse en los mismos dinosaurios, como el pequeño Compsognathus, o bien en los tecodontos pseudosuquios como el Euparkeria, ancestros de los propios dinosaurios.

No se sabe con seguridad.

Lo que sí sabe es que en sus orígenes debieron competir y compartir el aire con los pterosaurios.

El resultado de tal competencia todos lo conocemos, creo. Gracias a él hoy comemos pollo, de lo contrario comeríamos algún que otro lagarto, quizás incluso más sabroso que nuestro querido y hermoso gallo.

La victoria de las aves, como mejores seres voladores, dejó exacta constancia de la superioridad de la pluma frente a la piel tensa y tersa de las alas de reptiles o mamíferos. El entramado de plumas permite que el aire transite por ellas. La pluma facilita también, y mucho mejor que la piel, las necesarias reparaciones frente a sus posibles desperfectos y daños.

Sin duda es así y yo como peletero no tengo reparos en reconocerlo, y admitir también que la pluma es un buen y adecuado elemento de vestimenta, aunque no puedo evitar resaltar su excesiva ostentosidad, más apropiada para la fiesta de Carnaval que para el día a día, o la noche iluminada. Su glamour frente a la piel es obviamente otro, no son comparables entre sí.

Pero también he de resaltar con contundencia, en aras de mi defensa, la mucha mejor adaptabilidad de la piel a las formas del cuerpo humano, su gran capacidad ergonómica y su enorme sensualidad, que la convierten en uno de los materiales más confortables para ser vestidos.

Hoy en día se calcula que debe de haber existido unos 30 órdenes de la clase Aves, algunos de ellos todavía vigentes, aunque ningún ornitólogo conoce exactamente el cómo y el cuándo de su aparición, a causa de la fragilidad de sus huesos que no toleran bien su fosilización al estar necesariamente huecos para permitir mejor la levitación, perdón, el vuelo.

Existieron aves con dientes, existen aves acuáticas, terrestres, e incluso aves no voladoras, en una de las paradojas más extrañas de la naturaleza.

Las hay vegetarianas, carnívoras y carroñeras. Minúsculas y enormes. Sedentarias y nómadas.

De picos pequeños o formidables, proporcionados o todo lo contrario, más grandes y pesados que el resto de su cuerpo.

Hay pájaros que gruñen o graznan y otros que cantan o silban.

Incluso algunos parece que hablen.

El pájaro es la metáfora perfecta del alma, el más sublime ser alado que conocemos, apenas contrariado por libélulas y mariposas.

En el “Diccionario de símbolos” de Juan-Eduardo Cirlot, leemos la cita de un cuento indostánico en la que un ogro nos cuenta dónde podemos hallar su alma, el texto dice: “A veinticinco leguas de aquí hay un árbol. Rondan ese árbol tigres y osos, escorpiones y serpientes. En la copa del árbol está enroscada una serpiente muy grande; sobre su cabeza hay una jaulita y en la jaulita un pájaro; mi alma está dentro del pájaro”.

En el citado diccionario seguimos leyendo que aunque no todas las almas son necesariamente bondadosas, la asociación del pájaro con las características de lo espiritual es obvia y abundante. Sus colores significan cosas distintas y también el ascenso o descenso del ave nos señala sublimaciones o caídas no precisamente físicas.

Así mismo es símbolo solar y fálico, del viento y de la tempestad. Y la serpiente según parece es su gran antagonista. El gran pájaro solar Garuda de los hindúes, es “el matador de las nágas o serpientes”.

Al menos a este lado del océano.

La serpiente emplumada Quetzalcoatl nos remite a otro mundo, donde sus hombres pájaros deberían traer buenaventuras para nosotros, pobres humanos que apenas podemos levantar la cabeza para tratar levemente de adivinar que es aquello que hace mover las nubes.

¿Qué es?

¿El viento?

No, el viento no es.

Yo fui un hombre pájaro y sé que no es el viento, es otra cosa peor.

“CANCIÓN DE MIS OJOS”

Por allí viene el pájaro, el pájaro solitario.
Ya ha escogido la rama;
es la primera rama de la copa;
de la copa del olmo.


Allí pone cansancio;
ya se va a lo más alto;
ya es una esfera, una esfera de amor;
ya, ya rueda su olvido


“SEGUNDA CANCIÓN DE MIS OJOS”

Por allí viene el pájaro, el pájaro solitario.
Ya ha escogido la rama;
es la segunda rama de la copa;
de la copa del olmo.


Allí pone su soledad,
no sufre compañía.
Ya es una esfera, una esfera de amor.
Ya, ya rueda su olvido


“TERCERA CANCIÓN DE MIS OJOS”

Por allá viene el pájaro, el pájaro solitario;
ya ha escogido la rama;
es la tercera rama de la copa;
de la copa del olmo.


Allí pone su sueño;
ya pone el pico al aire.
Ya es una esfera, una esfera de amor;
ya, ya rueda su olvido


“CUARTA CANCIÓN DE MIS OJOS”

Por allá viene el pájaro, el pájaro solitario;
ya ha escogido la rama;
la penúltima rama de la copa,
de la copa del olmo.


Allí pone su alegría,
¿quién dirá su color?
Ya es una esfera, una esfera de amor;
ya, ya rueda su olvido


“QUINTA CANCIÓN DE MIS OJOS”

Por allá viene el pájaro, el pájaro solitario;
ya ha escogido la rama;
ya es la quinta rama de la copa,
de la copa del olmo.


Allí cierra sus ojos;
ya canta suavemente;
ya es una esfera, una esfera de amor;
ya, ya rueda su olvido


“ÚLTIMA CANCIÓN DE MIS OJOS”

Dormido está el pájaro, el pájaro solitario;
en la rama más alta, dormido está;
en la rama invisible de la copa invisible,
de la copa del árbol invisible.


Ya no le ven mis ojos.
Ya su sueño en la noche está sumido;
ya es una esfera, una esfera de amor;
ya, ya rueda su olvido


(“EL PÁJARO SOLITARIO”, Francisco Pino)

martes, 24 de febrero de 2009

El peletero/Poesía Fría-El primer canto (y 4)



12 Noviembre 2007

EL LADRÓN

Borges hace hincapié y se lamenta de la escisión producida entre la mera poesía lírica y la narración de historias. En la antigüedad, nos dice, ambas cosas eran lo mismo, su división provocó el nacimiento de la novela, que califica como una degradación de la épica.

Borges manifiesta también que la diferencia fundamental entre una y otra, entre épica y novela radica en que la primera significa el triunfo del héroe, aunque sea a través de su derrota, pues ella siempre consigue ser un modelo y un ejemplo a seguir por los hombres.

La novela, en cambio, representa el fracaso de un hombre, no su derrota y sí su fracaso, que son dos cosas distintas. Y el fracaso de un hombre es el fracaso de ser hombre, pues en uno solo de nosotros estamos representados todos; el héroe, en cambio, únicamente se representa a sí mismo.

Borges también nos señala que en nuestros días los frutos de la épica han sido escasos, cita pocos ejemplos, “Los siete pilares de la sabiduría”, de T. H. Lawrence, “La balada del caballo blanco”, de Chesterton, “Le feu”, de Henri Barbusse, nos cita a Kipling y concluye afirmando que es en Hollywood donde verdaderamente ha proliferado y triunfado la épica, encarnándose perfectamente en el Western.

En nuestro mundo moderno el héroe es una parodia mil veces repetida, un estereotipo. Es una caricatura y al mismo tiempo algo inverosímil. Sólo es el resultado de una fantasía infantil que leen adultos desmemoriados que han olvidado lamentablemente su primer canto.

Cuando esto llega a ocurrir, ese viaje que era de regreso a casa (del que hablábamos en un principio), se detiene al igual que un automóvil averiado y abandonado en la cuneta de una carretera perdida.

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Esas dos palabras, “carretera” y “perdida”, deberían ser las últimas del presente texto. Pero llegados a este final, nos damos cuenta sorprendidos, que no estamos muy seguros de saber qué es aquello que se nos ha averiado, ¿la carretera o el auto?

No lo sabemos, pero al menos hemos intentado emular a Edgar Allan Poe, citado por Borges, cuando afirma que: “un relato debe ser escrito atendiendo a la última frase, y un poema atendiendo al último verso”.

Y eso es precisamente lo que Jorge Luís Borges llama un relato con truco. Y un truco sí que es una verdadera ausencia en lo real, o al menos en algún bolso o bolsillo.

Hemos conseguido cerrar el círculo al descubrir que en alguna parte hay un ladrón que se ríe de nosotros con sus trucos.

¿Qué nos roba?

¿Nos roba las lágrimas?

¿La risa?, ¿acaso la ira?

¿O nos roba la vida?

Sí sabemos al menos que “Lost Highway” es una de las mejores películas de David Linch, en la que se produce un perfecto bucle temporal, no sabiendo el espectador, cuando en realidad empieza o termina la historia. Nos encontramos así atrapados en el tiempo, como si la realidad nos hubiera expulsado de su seno. Como si se hubiera producido una ausencia en lo real.

¿Es así?

No podemos estar seguros, solamente decir que:

Wallace Stevens (a partir de ahora W. S.) afirma que un poema produce una ausencia en lo real.

¿Una abertura?

Esa es una muy buena metáfora, poderosa, elaborada y evocadora de un bien valioso que nos es hurtado, aunque luego, tal y como el mismo W. S. reconoce, nos sea devuelto, en justa reciprocidad.

Y en forma de poema.

(…)

lunes, 23 de febrero de 2009

El peletero/Poesía Fría-El primer canto (3 de 4)



9 Noviembre 2007

LA MUERTE

Como todos sabemos, y Borges nos lo vuelve a recordar en esa conferencia que citábamos en el capítulo anterior, los sucesos de la historia no solamente sirven para contarla, eso es lo obvio, en ella debemos tratar también de leer entre líneas, y procurar así descubrir algunas otras verdades y enseñanzas que nos sean valiosas.

La Iliada sorprende por su modernidad, los personajes que encontramos son tan humanos como nosotros mismos. En ella, aparte de la ira de su protagonista, se nos cuenta también el saco de Troya. Todos conocemos el pretexto de la guerra y las verdaderas razones de ella.

Un honor herido, unos celos enfermizos y la codicia de hombres como Agamenón. Junto a él hallamos también piratas, ladrones, aventureros, oportunistas, mercenarios, esclavos y hombres libres.

Pero Borges resalta algo que otros ya han hecho antes que él y que es de suma importancia repetir. La verdadera historia que narra la Iliada es la de un hombre que sabe que no logrará su objetivo, que antes de alcanzarlo morirá.

Ésa es la verdad del poema homérico: tratar de contarnos el significado que representa embarcarse y permanecer luego en un navío que sabes que inexorablemente se hundirá, y tú con él.

Todos sabemos que la muerte es la única compañera que nos aguarda al final del camino, para recibirnos con su frío beso. Pero cuando hablamos de conocer el destino queremos decir que conocemos también el cómo y el cuándo del beso.

Todos en esa nave conocen su destino, todos saben el final.

O dicho de otro modo y mucho mejor, todo el que conoce ese cómo y ese cuándo es alguien.

Esa es una distinción fundamental, porque ser alguien es lo que te permite, a pesar de la falta absoluta de esperanza, bajar al infierno para rescatar a tu amigo, o subir al Olimpo a robar el fuego sagrado de los dioses. O viajar a la Cólquide para robar también el vellocino de Oro. O adentrarse en el laberinto para matar al monstruo. O vengar al ser querido para que se haga tu justicia, la única que verdaderamente sabes que te sirve.

O viajar tal vez a la otra punta del mundo para conocer la respuesta a una pregunta que nadie te querrá ni te sabrá responder, pues nadie hay al otro lado. De esa pregunta y de su respuesta depende tu vida. Pero el océano que habrás de atravesar, volando como un ave majestuosa, no baña ninguna playa, sabiendo así que terminarás fatalmente cayendo igual que una piedra, marcando precisa y perfectamente la vertical y la perpendicular con ese pozo inmenso que es el mar.

Tratando de morir elegantemente, bien vestido, peinado, perfumado, de pie, mirando al frente, sonriendo y sin ninguna clase de rencor.

Aquiles es alguien, y no ignora que nunca logrará conquistar Troya, que morirá en su negocio particular con la ciudad.

Troya también sabe (los que deben saberlo, los que son alguien) que perecerá y será destruida, y todos sus habitantes muertos o esclavizados.

Este parece ser el final aunque la historia no termina aquí.

Los dioses tienen una manera muy rara de hacer justicia. Borges nos la recuerda al mencionar una vez más, que el linaje glorioso está en la casa de Príamo y no en la de Agamenón, ni en la de Ulises, ni siquiera en la de Aquiles. La gloria está en la derrota encarada, jamás en la victoria lograda.

“Hoy es un buen día para morir”, afirmaban los lakotas antes de lanzarse al combate. La más valiente aristocracia de la pradera nunca consideró digno de hombres libres lamentarse y sí, en cambio, celebrar el valor.

Nada es más así, que en la vida de Jesús, un hombre que siendo Dios tampoco rehuyó la muerte si ello significaba no cumplir su propósito. Algunos podrán pensar que ése no es ningún mérito para un dios. Nosotros creemos que sí lo es. Morir hombre no es cualquier cosa, ni siquiera para Dios.

Con los Evangelios, la Iliada y la Odisea, tenemos los tres relatos básicos que encierran las tramas primordiales, y sus innumerables variaciones, en las que se fundamenta toda la literatura.

Las “semillas inmortales” como las llama Jordi Balló.

viernes, 20 de febrero de 2009

El peletero/Poesía Fría-El primer canto (2 de 4)



7 Noviembre 2007

LA RISA Y LA IRA

En el curso 1967-1968, Jorge Luís Borges impartió seis conferencias sobre poesía en la Universidad de Harvard. Todas ellas están editadas en un pequeño libro delicioso, que nos sorprende al pensar que fueron leídas después de haberlas escrito, y no simplemente dichas, tal cual conversáramos entre buenos amigos, tomando café. Tal es su devenir y ese carisma que siempre sabía desprender J. L. Borges, dulce y claro, manso y sólido, la lección de un maestro que sabe contar mejor aquello que no sabe, que todo aquello que supone que sabe.

Una duda bien expresada siempre nos dice mucho más que una certeza bien afirmada. En la verdad hay a veces un halo de animosidad, una antipatía hacia aquello que nos inquieta y nos desconcierta y que no sosiega nunca nuestra zozobra, como si la verdad se vengara de nuestra ignorancia.

La tercera conferencia se titula “El Arte de contar historias”. Borges nos relata que el origen de la poesía debemos buscarlo en la épica, aunque en ella, nos advierte, cabe todo. Dicho así, es no decir demasiado al querer decirlo todo. Quizás Borges diga mal aquello que Wallace Stevens dice bien:

La poesía es el tema del poema.
De aquí el poema nace

Y aquí vuelve. Entre ambos,
Nacimiento y retorno,

Hay una ausencia en lo real,
Las cosas como son. O eso es lo que decimos.

Pero ¿están separados? ¿Es acaso una ausencia
Para el poema, que allí adquiere

Su verdadera faz, verde de sol,
Rojo de nube, tierra que siente, cielo que piensa?

De éstos toma. Tal vez da
En reciprocidad universal.


La épica pues es todo aquello que es contado, pero debemos ser exigentes y detallar que no lo es cualquier cosa. No todo sirve. Solamente los avatares en los que nos jugamos la vida. La física y la otra. Cuando nuestro ser está al descubierto y él mismo es defensa y ataque, escudo y espada.

Aunque la vida nos la jugamos viviéndola, todo hay que decirlo. Ningún ángel se juega lo que nosotros.

Naturalmente Borges nos habla de la Iliada, de ese poema homérico dónde, con el pretexto de narrar la ira del protagonista principal, Aquiles, se nos cuentan también otras cosas mucho más importantes.

Eso sí, sin dejar de mencionar, casi de pasada, que la ira, la cólera o el enfado de ese hombre es el motivo que lo lleva a la guerra. Las suyas son razones personales, y no otras. La muerte de su amigo Patroclo y el deseo de vengarlo es la verdadera causa de su guerra.

Resaltar ese hecho es primordial, pues no solamente es la razón del poema, sino que también es uno de los rasgos que caracteriza siempre al héroe, en contraste con las guerras modernas, las religiones y las ideologías que han conformado nuestro mundo de hoy, siempre solidarias con los conocidos y los desconocidos.

Aquiles sólo se debe a quien ama, a nadie más. Él es un ser libre, y por eso es un héroe.

Su compromiso no es social, es privado y lo es hasta el final.

Albert Camus lo corroboró muchos años después.