miércoles, 16 de junio de 2010

El peletero/Quince días (21 de 23)


27 Abril 2010

Día veintiuno.

Se oye un golpe.

- ¿Qué ha sido ese ruido?- te he preguntado alterado.

- Te has vuelto a caer de la cama.

- No, esta vez es algo distinto, el sonido ha sido otro, más hueco.

- Entonces es que han cerrado el ataúd, ya te dije que te habías muerto.

- Sí, debe de ser eso que dices, he muerto. ¿Me quieres?

- ¿Vivo o muerto?

- Vivo.

- Vivo sí, y muerto también. Te quiero siempre y te quiero bien. Ven, recuerda que me debes quince días, hemos hecho un trato, ¿lo aceptas?

martes, 15 de junio de 2010

El peletero/Veni (25-04-08)


25 Abril 2010

Em vas donar el teu somrís poc abans de morir quan vas morir sola.
Vas morir sola i jo no hi era per morir amb tu.
Sé que no m’ho tens en compte,
però jo sí que m’ho tinc en compte
perquè no puc oblidar el somrís que em vas donar poc abans de morir quan vas morir sola.
(25-04-2010)
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Me diste tu sonrisa poco antes de morir cuando moriste sola.
Moriste sola y yo no estaba allí para morir contigo.
Sé que no me lo tienes en cuenta,
pero yo sí que me lo tengo en cuenta
porque no puedo olvidar la sonrisa que me diste poco antes de morir cuando moriste sola.
(25-04-2010)

sábado, 12 de junio de 2010

El peletero/Quince días (20 de 23)


19 Abril 2010

Día veinte.

- No te rías, yo me encargo de todo, de la comida y de la logística, tú no debes preocuparte de nada, solamente has de encargarte de mí, ser de nuevo mi hombre, sabes hacerlo, no es demasiado difícil, ya lo has hecho en otras ocasiones, sólo necesitas no caerte de tu propia cama.

- Es verdad, es fácil, muchos lo han sido antes o al mismo tiempo que yo.

- ¿Tienes celos?

- No exactamente, no son celos.

- ¿Qué son entonces?

- Recuerdos.

- Casi es lo mismo.

- Tengo celos de mí, yo también fui uno de ellos. Cuando hay muchos no todos caben, hay que soltar alguno para dejar que los nuevos entren. Parecen lastre.

- O al revés.

- ¿Humo? ¿Conmigo qué haces?, ¿me dejas entrar y echas fuera alguno?, ¿uno viejo?, ¿o me cierras la puerta y no permites que mi recuerdo, ni mi carne, entren en ti?

- Depende.

- ¿De qué?

- No es de qué, es de quién, depende de ti, yo elijo a mis amantes, pero no soy la responsable de mis recuerdos, lo son los demás, lo eres tú.

- ¿Quieres parecer una cínica?, ¿por qué simulas serlo?

- Por eso te gusto, ¿no?

- No es verdad, no lo eres, no eres cínica, ni me gustas cuando pretendes serlo, pero las consecuencias son las mismas o peores, por eso nunca te pedí que te casaras conmigo.

- Si lo hubieras hecho te habría aceptado sin dudarlo.

- ¿Quién se hará cargo de las sábanas?

- Nadie.

- ¿Quién se ocupará de ti?

- Nadie.

- ¿Tienes miedo de morir?

- Sí.

- Pero antes moriré yo.

- Sí.

viernes, 11 de junio de 2010

El peletero/Quince días (19 de 23)

16 Abril 2010

Día diecinueve.

Creo que me he muerto porque hablo en rima asonante.

- Ya te dije que eras un poeta.

- Y tú una musa, no me hagas reír.

jueves, 10 de junio de 2010

El peletero/Quince días (18 de 23)


14 Abril 2010

Día dieciocho.

Mi asistenta sanitaria es bella, tiene un cuerpo joven y bien formado.

Es de mediana estatura, morena, y muestra y me enseña un pequeño pubis depilado y unos pechos caídos lo necesario y justo para que su respiración provoque en ellos el temblor que luego causa el corrimiento de las famosas placas tectónicas del planeta, los terremotos y los célebres tsunamis, esos desplazamientos abruptos de los océanos que tantas muertes ocasionan.

Me recuerda a Pier Angelli, una encantadora actriz italiana que hacía honor a su nombre.

A mí me gustan más “magiorattas”, más mujeronas, por así decirlo, pero no desprecio el sabor de especia escondida que ocultaban las “Madonas” de Rafael, santas y ninguna virgen.

- ¿Para qué sirve una mentira?- me ha preguntado.

- Para restablecer el equilibrio- le he respondido.

- ¿Entonces?, ¿la verdad qué utilidad posee?

- No tengo ni idea.

- ¿Cuál debe ser el cebo?

- Tú misma.

miércoles, 9 de junio de 2010

El peletero/Quince días (17 de 23)


12 Abril 2010

Día diecisiete.

Mi enfermera se ha transmutado en cotorra, y ha empezado a contarme intimidades y cosas de su vida, dice que se ha desnudado porque yo se lo he pedido. No es cierto. “No quiero que tenga una opinión equivocada, ya sabe que usted es alguien muy especial para mí, no me desnudo cada vez que me lo piden, me ha dicho”.

“Mientes”.

Sus compañeros y esposos me han contado que se desviste cada vez que tiene oportunidad, que es famosa en todo el hospital por sus desnudos de terrorista. Sin avisar, y sin que nadie lo espere, empieza a quitarse la ropa como si entablara una conversación amena, educada y cordial. Lo hace en cualquier parte, en un pasillo frecuentado de gente o en un ascensor vacío de cuerpo y mente.

Es capaz de hacerlo en el despacho de su superior, en unos lavabos públicos o en el mismo quirófano en plena intervención de fimosis o de cáncer de colon.

Desconoce que desnudarse no es una actividad baladí, vestirse tampoco, y mucho menos cuando lo que termina quedando al aire es la piel, la propia o la de otros.

Se desnuda con demasiada naturalidad y sin el más mínimo atisbo de erotismo, como si fuera a ducharse o a ponerse el pijama.

Hay ocasiones, me han contado, que la encuentran encamada, medio dormida y abrazada al enfermo o al moribundo, tal y como Dios la trajo al mundo.

Conmigo no ha llegado hasta este extremo, solamente se despoja de las ropas que la visten y se sienta en el borde de mi cama, a punto de caerse. Me habla de ella, de sus amores y esperanzas, de su familia y de su trabajo, de las aspiraciones profesionales que alberga y de las intrigas y triquiñuelas que tiene con sus amigos y amantes.

Dice que quiere comprarse una casita cerca del mar.

“No, no miento”.

viernes, 4 de junio de 2010

El peletero/Quince días (16 de 23)


9 Abril 2010

Día dieciséis.

En una película había una mujer que lloraba y fumaba sentada al borde de una cama y un hombre que depositaba su secreto en el hueco de una piedra antigua y gastada. (5)

Mi enfermera se desnudaba como si se vistiera y al hacerlo su bata blanca ondeaba de una manera inexplicable. Sólo una bata, y debajo nada.

“Te hablaba ayer”, le dije a mi enfermera desnuda, “de una sirena sin sexo, una mujer muy poco convencional que me ha dejado maltrecho y sin labios para responder a uno de esos besos que ahora me pides, un beso, como tú los llamas, de pirata de los mares de la China. He de confesarte que no tengo otros para ponerme contento ni más boca para cumplir mi sueño que la que me alimenta con aire y suero. Ya no me quedan cuartos, camas ni habitaciones para bajar la guardia, ni siquiera para dar y darte solamente las gracias. No, no tengo ganas, velero ni viento, me falta el aliento, amor mío, y tampoco recuerdo el primer beso que un día te di”. (4)

- Parece una canción, ha exclamado mi enfermera.

- Sí, lo parece porque casi lo es.

jueves, 3 de junio de 2010

El peletero/Quince días (15 de 23)


7 Abril 2010

Día quince.

Me asomo a la ventana y veo la cama vestida de blanco. Había llovido, las calles estaban mojadas, no pude quitarte la ropa y tú te habías vuelto a caer. Noche y día viviendo de tus senos, del sol en tus cabellos, del “no olvides que te quiero”. De la luz que entraba cada mañana por el balcón para tomarme preso sin pedirme permiso. Indiferente y sucia me iluminaba sin ninguna clase de cariño. Despiadada y sin darle pena no mostraba tampoco ningún interés por el sin sentido de no tenerte conmigo. No veía que en cada abrazo y en cada beso interminable que nos dimos, tus dedos dibujaron en mi espalda un par de copas vacías, que, sin el agua ni el vino de Πάτρα, convirtieron nuestro amor en un nuevo callejón sin salida ni destino. ¿Cómo hacerte mía al recordar que nunca lo fuiste?, ¿solamente con el frío de tu cuerpo tendido en el suelo y encima del mío?, ¿sin imaginar el cielo?, dime, ¿de quién debo tener celos ahora?, ¿de aquellos que tuvieron tiempo? ¿Cómo puedo vivir si tus labios continúan siendo todavía los míos?, ¿de qué puedo hablar si ellos me siguen contando cosas de ti? Hace mucho tiempo que no me pido perdón ni consejo, ni consigo saber ni decir nada de nada, y mucho menos nada de mí. Ya no puedo soñar contigo, amor mío, ni logro vernos jugar desnudos entre aquel espejo y la esquina, entre la arista y el filo de tu vientre de sirena vacía y vana. En nuestra escalera de madera, con tu cola de medusa rota que peinaba tu cabeza de mujer loca, perdí la mía, mi cabeza y toda mi boca… cana. (3)

miércoles, 2 de junio de 2010

El peletero/Quince días (14 de 23)


31 Marzo 2010

Día catorce.

Me estaba muriendo y deliraba entre sus guantes de terciopelo blanco.

La morfina no humeaba ni el hospital se encontraba en Shangai.

Sus manos sin dedos no podían asir mi pene, su boca sin lengua se mantenía callada y su sexo era una calle cortada como si fuera una sirena, una mujer con cola de pez.

Nunca me creí lo que me contaba, no era fiable, me decía a mí mismo, ella no sabía nada y yo solamente soñaba y fantaseaba.

No sabía nada de mí ni nada de ella, no sabía nada de nada. No deben quererme así. No quiero que nadie me ame como si sólo fuera el chico de ayer. Yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola, esa es la verdad y esa es la diferencia, siempre te acostabas a mi lado sin saber por qué. (3)

Nunca te lo perdonaré.