sábado, 24 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (26)


14 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

26. La Casi muerte.

“El placer de retratar cadáveres, sean humanos, animales, o vegetales, como lo es un precioso ramo de flores, es una manera sesgada de captar un aspecto de la realidad que muchas veces se nos escapa ante la avalancha de emociones que provoca la muerte. Pero solamente es en esta oportunidad, donde tenemos la fortuna de contemplar y disfrutar de la sombra que proyecta ese secreto que se desvanece. 

No el secreto y sí la sombra.

Es ella la que palidece como si se apagara el sol. Ése que un día fue dios y que ahora no es nada más que una estrella. Así pues, el secreto permanece mientras una nube oscura huye de nosotros.

¿Es un desvanecimiento? o ¿quizás es un milagro morir? ¿Esa es su bondad? ¿O todo lo contrario? ¿La constatación más terrible de la preeminencia de las leyes físicas? ¿Su cumplimiento inexorable?

¿Es una sentencia? ¿O la muerte es una simple casualidad, una nefasta suerte? Porque yo no creo en el destino, ni que nada esté escrito. Ni siquiera creo que hayamos de morirnos. Yo no me creo eso. 

No creo que tengamos que perder la vida necesariamente, o peor, innecesariamente. Morir en vida, claro, no vivir después de morir que es otra cosa muy distinta; seguramente también un engaño, una patraña, una mentira.

Estoy seguro que casi nadie lo cree, nadie piensa que morirá, mienten cuando dicen que sí. Lo que ocurre es que no se atreven a manifestarlo en público.

La “Naturaleza muerta” es la expresión que el castellano utiliza para plasmar las cosas inanimadas, término sin duda fatalista y rotundo, poco dado a la sutileza, incluso contradictorio. Los castellanos no han sido nunca buenos filósofos. Santos sí, místicos, guerreros y artistas también, pero no filósofos.

Los anglosajones en cambio, irónicos ellos, a la “Naturaleza muerta” la llaman “still life”, “casi vida”, “aún en vida”, “todavía viva”. Parece una broma macabra, una buena ironía del mejor de los humores negros, una bilis”. (“Still Life”, el peletero). 

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26M
-“Ni tú ni él erais los únicos, pero me supo mal aquel año que me dejaste por una rubia estúpida que no sabía francés ni griego aunque hablara inglés y alemán bávaro. Podías haber elegido a una eslava, hija de esclavos y no a una valkiria robusta; las checas o las eslovacas son más delicadas, te decía. Tú me replicabas que ella era una celta ligera, pecosa y delgada. En realidad fueron dos las hijas de Europa que amaste, pero yo tuve a doscientos y los tuve a la vez. No te gustó. El sexo es extraño, pensaba, para comprenderlo debes hartarte y saciarte y tú me mirabas triste y siempre decepcionado de mí. ¿Eso es lo que piensas?, me preguntabas en tu mal griego aprendido en los hoteles, pero... ¿qué podía responderte?, ¿qué podía hacer?, ¿querías ser él o sólo estar tú?” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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26H
-“El otro día me encontré con una muchacha rubia, jovencita y bonita, me pidió 10 euros prestados, me explicó que había perdido la cartera, el pasaporte y que estaba sola en la vida, y me contó una historia triste y terrible que casi me hace llorar. Creo recordar que me dijo también que era belga, de Ostende, pero no estoy seguro, yo solamente le miraba los pechos y los ojos. Me apuntó su nombre, Lisa, su dirección y su número de teléfono que misteriosamente empezaba por 666 -tengo una testigo que podría refrendar y corroborar todo lo que digo, me perdonarás que no la cite por respeto y para salvaguardar su condición de mujer casada-. El caso es que le presté el dinero, los 10 euros y hoy, al ver que no viene a devolvérmelos he llamado al número de teléfono y me ha respondido un hombre que apenas hablaba nada, he conseguido hacerme entender y por fin me ha confesado que no conoce a ninguna Lisa, que lo sentía mucho. “Have a nice day” me ha dicho al despedirse, “you too”, le he respondido con cara flácida.

No sé, hay gato encerrado, en este caso gata, y algo me hace sospechar que está relacionado con algo. Con algo seguro. Lo que no sé es con qué, seguramente con mi cara flácida.
Tenía unos pechos bonitos la tal Lisa y los ojos también. (El hilo. Cartas a una amiga.)

viernes, 23 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (25)

12 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

25. La Casi Vida
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Mi viejo amigo de profesión innombrable y asesina del que ya os he hablado decía:
“El ser humano siempre se ha sentido interesado por todo aquello que se mueve. Tanta ha sido la sugestión que ha manifestado por el fenómeno del movimiento que nunca ha dudado en procurar plasmarlo de una o de otra manera. Su empeño ha sido constante, firme y decidido, y hasta que no apareció la fotografía, la pintura y la escultura fueron las técnicas más apropiadas para conseguirlo.

No menos resuelta ha sido también su propensión para todo lo contrario. La inmovilidad parece esconder un misterio de otra clase, un secreto que seduce y da reparo desvelar. Sin embargo, la audacia humana no tiene límites. 

El arte, y más concretamente la pintura, consiguió convertir en género el retrato de cuerpos muertos, comestibles o de adorno. Piezas de caza, frutas y flores, incluyendo también jarrones y platos, básicamente, aunque el repertorio es inagotable.
En todos esos casos nos paseamos a lo largo de un linde no trazado por ninguna señal o marca en el suelo.” (“Still Life”, el peletero).

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25H
-“Un día vimos juntos por televisión un reportaje sobre Balthus. Tuviste celos de sus pinturas, no tanto porque yo las coleccione en mis palacios romanos de piedra gris, si no porque tú no eres nunca el modelo que en ellas aparece pintado. Te molestó también que alabara la hermosura de su esposa japonesa, y la de la hija de ambos que retiene lo mejor de las dos razas. Para disimular enfaticé con desgana la juventud de la muchacha como si fuera un reproche, un defecto de carácter o un error en su vida. Pero la madre es una mujer mayor, añadiste, por eso te gusta más. Es cierto, te respondí, ten en cuenta, sin embargo, que esa esposa asiática todavía sigue siendo mucho más joven que él, un anciano de cuerpo frágil y cabeza aún dispuesta a seguir pensando. ¿Por qué pintaba esta clase de cuadros, de niñas y jovencitas en escenas falsamente equívocas, y disimuladamente explícitas? No te puedo responder, tal vez por dinero, yo solamente colecciono sus pinturas que guardo en mis suntuosos palacios mentales de invierno y de verano, no las pinto. Pero las miras y sólo deberías mirarme a mí, me respondiste. Sí, pero debes agradecerme que a ti no te colecciono.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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25M
-“Antonio T. me quiso por que sabía francés, y porque me gustaba estar con él en la cama. No le fui fiel pero le fui útil traduciendo sus cartas, no paraba de viajar a Francia y de visitar a sus amigos de París. Pero a ti te seduje porque hablaba griego, y aunque sería fácil con ello hacer bromas tontas tú nunca las hiciste. Me llamabas Andrómeda y me señalabas con el dedo índice en el cielo estrellado. El Egeo te devorará, te anuncié, y tú me respondiste que te morirías en las riberas del Indo cabalgando elefantes conmigo a tu lado. Pero terminarás enterrado  en alguna grieta africana cazando leopardos, gacelas y guepardos. Ya sé que estamos locos o solos, pero, dime, ¿qué puedo hacer?, haz callar a las hienas, ven y mata a los osos blancos que acechan mi casa, regálame por fin la manta de lobo marino que me prometiste, cuéntame aventuras de marineros de barbas canas, háblame de torpedos y de periscopios, de barcos que se hunden y de ballenas desdentadas que devoran la estrella de la mañana. (La madeja. Cartas a un amigo.)

jueves, 22 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (24)


9 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

24. La Muerte y la poesía.

Algunos buenos críticos literarios consideran que el único género básico es la llamada “serie negra” y que en ella están incluidas todas las demás. La Historia, el cuento, el mito, la novela y las leyendas son el relato de la muerte, sea nativa o forastera, propia o ajena. Así pues, el argumento fundacional del arte de contar historias no es otro que el crimen, pues crimen es también morir por accidente o por enfermedad. El resto son variantes o hijos más o menos naturales o legítimos del peor pecado, el asesinato. 

Nosotros lo hallamos en el único “Tema” poético de Robert Graves y en la poesía apolínea que, con Sócrates y Platón, lo sustituye. En el amor a la Diosa están escondidos la muerte y el asesinato, y ambos también se encuentran, de una manera más manifiesta si cabe, en el suicidio del propio Sócrates. En las dos la muerte es necesaria para que la tribu o el pueblo sigan viviendo. La Diosa, encarnada en cualquier mujer, y la razón, en la de cualquier juez, son las dos entidades que mejor representan la crueldad al no permitirse jamás ser piadosas, ni con el hijo-amante ni tampoco con el reo que incumple la ley. La primera usa del “chivo expiatorio” y la otra de la justicia ciega y sorda que elimina la venganza y que convierte los asuntos privados en públicos. Jesús pone en evidencia algo obvio para nosotros, pero que a lo largo de la Historia de la Humanidad no lo ha sido casi nunca, que el chivo es inocente y que su asesinato es responsabilidad de todos sin distinción.
Hay dos clases de muerte, la de los otros y la nuestra.

“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva, es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. (Albert Camus)

¿Qué tiene todo ello que ver con la pintura?

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24M
-“En la Avenue Jean Jaurés de Paris tenía su piso mi amiga Mercé que trabajaba de costurera en (…) Ella era la excusa que siempre le daba a Antonio T. para quedarme unos días más. En su apartamento nos encontrábamos tú y yo medio furtivamente cuando él regresaba a Barcelona. Mi amiga nos dejaba una habitación pequeña y una cama que casi no cabía en ella. Tú venías en tren y yo pasaba de un gran hotel a una buhardilla con el suelo de madera. Todo era muy romántico, yo te facilitaba entradas gratis para los museos y a ti te gustaba visitar el taller donde trabajaba Mercè y ver los carretes de hilos y las madejas de lana como si fueran composiciones policromas vanguardistas. Tú pagabas “Le Metro” y yo los restaurantes y los libros que me pedías que te regalase. Había uno que te gustaba especialmente, “Souvenirs retrouvés”, la autobiografía de Kiki de Montparnasse, una famosa cantante y artista variada de los años 20, modelo y musa de muchos pintores. Siempre me decías que contemplar aquellos desnudos antiguos tenía algo de incestuoso, como si miraras a tu madre o a tu abuela desnudas. Por eso me corté el pelo como ellas, a lo garçon. Nunca quisiste que me depilara el pubis, en cambio Antonio T. siempre me lo quería afeitar, no sabía qué hacer y a quién obedecer. Uno de los dos, no recuerdo cuál, decía que tanto pelo parecía un Pollok.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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24H
-“Un día llegaste con un aire resuelto fuera de lo habitual, nunca fuiste una mujer apática ni perezosa, pero sólo demostrabas interés por algo cuando terminábamos de estar juntos después de tu último éxtasis, no antes, era entonces cuando elegías un libro, hablabas de ti, de mí, de los hijos que deseabas tener o de los amantes que sí lograste conseguir después. Esta vez no, tu entusiasmo no pudo esperar al sexo post coito para despertarse. Te sentaste, alisaste tu falda, te bebiste de un solo trago una coca cola entera y sin eructar me pediste: “¡háblame de Pollok!” Me desmayé.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 21 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (23)


7 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

23. La muerte y el nombre.

Rostro, muerte, imagen y soledad, son otras cuatro esquinas también, y en su centro acaso hallemos a la libertad o a esa nada abandonada, posiblemente las ocho formen a su vez los verdaderos nombres de los vientos que arrastran las velas blancas en su deambular.

En el rostro, o nombre, se encuentra la vida y la muerte, y en su imagen o apariencia vaciamos nuestro deseo como si nosotros fuéramos la copa y ella nuestra boca. El deseo es la conciencia de esa muerte, y el vino vertido su olvido breve en otra clase de expiración y tránsito, una enajenación vulgar y escasa que algunos llaman éxtasis. En ese olvido que proporciona Eros y su placer mezquino remendamos el desgarro como si cosiéramos la herida que igual que nos da la vida también nos mata cada día.
 
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23M
A ti, aparte de tus tres ases, Chanel, Dior y Balenciaga, te gustaban Lacroix y Lagerfeld. Valorabas a YSL, pero nunca te gustaron aquellos hombros tan rectos, decías que había situado la cintura a la altura del cuello. Señalabas que el cuerpo del hombre tiene tres anclajes que lo sujetan al suelo, y que el de las mujeres cuatro. Los del hombre eran la cabeza, los hombros y la cintura, justo cinco centímetros por encima de la cadera. Y que a la mujer le debíamos añadir el de los pechos, el más notorio y al mismo tiempo el más resbaladizo. Yo poseía uno más, el de los pies y tú añadías que mi nariz también merecía serlo, tenías toda la razón.

Las naranjas sí son azules y cuadradas como las manzanas, el Universo no es infinito y los animales son dioses con nombre.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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23H
“Ya sabes, querida Verónica, que tengo una relación nada habitual, para los tiempos que corren, con los animales. Yo también tuve uno cuando era niño, un jilguero que mi padre atrapó en un palacio vetusto y lleno de fantasmas, caballeros espadachines y damas escotadas. 

El nuestro es un mundo que sufre básicamente de dos graves síndromes, uno es el de Estocolmo, que ahora no viene al caso. Y el otro es el de Peter Pan, el responsable de que a los animales se los trate como a personas. 

El otro día, en la civilizada Holanda, prohibieron la zoofilia. Es una lástima, ya que ahora ya no podré consumar mi amor con aquella estrellita de mar que me tenía enamorado. Era roja y azul y me gustaba su manera de callar”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

martes, 20 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (22)



22. Víctor.

Un antiguo alumno mío, Víctor Rotjciv, aseguraba, medio en serio y medio en broma, que las cuatro esquinas del mundo son la necesidad, el deseo, la voluntad y la razón, y que en el centro, afuera o adentro, arriba o abajo, se hallaba el azar, el pilar que todo lo aguantaba. También decía que la nada no tiene lados ni tampoco esquinas, ni algo que merezca ser soportado ni sostenido, y aunque no tenga horizonte ni suelo no está vacía, está, afirmaba rotundo, abandonada. Los muertos caemos sin cesar y nuestro único consuelo, concluía, es no saber que no hay fondo.
Eso es la esperanza.

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22H
-“Capítulo 2: Coco Chanel tuvo dos grandes aciertos en su vida, el primero fue ser hombre y el segundo inventar el traje chaqueta Chanel que ya era famoso antes de nacer.

El primer acierto le permitió ser una mujer más entera y más independiente, logró convertirse en una de las grandes representantes de las poderosas estirpes de “mujeres-hombre”. Perfectos hermafroditas de mente y alma que conseguían abrirse camino a través de la selva enmarañada de los prejuicios sociales y escalar así las más altas cumbres del poder, el dinero y la fama. Ellas son hermanas de los “hombre-mujer” y sólo primas lejanas de las “mujer-mujer” y aliadas de los “hombre-hombre”. En esos últimos se apoyó económicamente y sin ninguna clase de vergüenza para empezar a sobresalir y dar a conocer su nombre. Tal hazaña la logró cambiando el mundo con un simple corte de cabello, el llamado corte a lo “garçon”. Curiosamente el paso siguiente se había dado antes y no después, en una extraña aliteración temporal al rapar los cráneos femeninos. Esa depilación que se asemeja a una castración es una manera “especial” de desnudo primordial que solamente las más hermosas pueden soportar. Tú eres una de ellas, reina mía.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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22M
-“En muchas ocasiones Antonio T. me llevaba con él a París. Nos íbamos en avión, lo ayudaba en algunas tareas, me lucía entre sus amigos y me compraba ropa de Chanel, siempre de ella, como a ti a él también le gustaba, parecía que no hubiera ninguna otra casa más de Alta Costura en el mundo que la de Coco, yo hubiera querido algo de YSL o del joven Ungaro, pero no había manera de conseguirlo.

Siempre he sido una mujer desgarbada, flaca y demasiado alta, pero mi madre, una bailarina aficionada en su juventud, me enseñó a moverme y a que mis músculos controlaran mis huesos. Bien vestida y con el maquillaje adecuado lograba parecer guapa y algo atractiva también si no miraban mis pies de pato gigante. Antonio T. siempre decía que tenía cara de judía, labios, ojos y nariz grande y cabello áspero y negro. Algunas noches íbamos a escuchar Jazz, recuerdo aquella en la que vimos a Dexter Gordon, digo que lo vimos porque estaba sentado en la mesa de al lado como simple espectador, no recuerdo quién tocaba. Un día me emborraché o bebí demasiado y terminé diciendo frases surrealistas que Antonio T. anotó en su bloc. Cuando me lo dejó leer no me lo parecieron tanto, sólo eran palabras de borracha.” 

¿Son azules las naranjas?, ¿o son tan cuadradas como lo es una manzana? Yo no te ofrecí ninguna, querido Víctor, no fuiste mi Adán, aunque cada vez que partías una lo hacías al través para ver mi estrella”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

lunes, 19 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (21)

2 Julio 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

21. El vagón y la grieta.

Mucho mejor que la metáfora del río es la que usa Félix de Azúa en su “Diccionario de las Artes”. En él nos cuenta que en los vagones de ganado que conducían a los judíos a los campos de exterminio, llenos a rebosar y cerrados a cal y canto, había quien le tocaba en suerte estar cerca de alguna grieta de la pared y poder ver qué había fuera y explicarlo, mejor o peor, a sus compañeros de infortunio y de vagón, embargados por el ansia, la necesidad y el miedo. Todos le preguntaban, ¿qué ves?, ¿qué hay más allá?, ¿a dónde nos llevan?

Esos que miran y cuentan son los artistas, y lo que narran y describen, aquello que ven a través de la rendija de la pared, del desgarro en la cortina, de la herida en la carne, de la grieta solar, es el arte y su verdad, la poesía.

Pero no siempre es así porque los artistas y su arte también pueden ser mentirosos, en realidad es lo que casi siempre acontece, todos quieren ser los tuertos en un mundo de ciegos, pero ésta es otra historia que trataremos de explicar contando mentiras.

Los museos están llenos de material inservible, inútil fuera de su valor de catálogo, una mera referencia registral para los historiadores que nos cuentan los usos y las costumbres de épocas pasadas. Material docente y de archivo.

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21M
-“Querido Víctor, todo el párrafo anterior es tramposo, pues el collar consistía originalmente en unas perlas grandes en el centro y otras progresivamente más pequeñas en los extremos. Es decir, no había ninguna perla igual, entonces no fue ningún mérito astrofísico el de Coco Chanel. El suyo fue un descuido, tal vez motivado por las prisas en recoger las perlas caídas y tenerlas que volver a ensartar rápidamente. El resultado, tienes razón, fue magistral al conseguir que el azar nos dicte el rumbo. Muchas veces el arte consiste precisamente en eso tan simple, encontrar el camino que nos marca una perla desensartada y huérfana.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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21H
-“¿Por qué te gusta Paloma Picasso?, me preguntaste en una ocasión. ¿Por qué?, porque se parece a Coco Chanel. ¿Y por qué te gusta la modista?, parece un palo de escoba y una medio bruja. ¿Por qué?, porque me atraen las mujeres que fuman, quedan bien en las fotografías, el humo les irrita los ojos y parece que miren con un cierto halo de inteligencia, misterio y desdén y porque son más hueso que carne, en su mirada somnolienta está todo su cerebro y en sus labios finos y su boca grande el infierno entero, ése es el porqué, jefa de mi harén, las dos son un poco cubistas, ¿no te parece? A ti lo que te gusta, me señalaste certera, son las mujeres con la nariz grande.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

sábado, 17 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (20)


30 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

20. El siglo XX.

El siglo XX fue, como todos, un pasado imperfecto, un tiempo también de alucinados y charlatanes que siguieron vendiendo paraísos tan falsos como verdadero es el purgatorio. Edenes y elixires que lo curaban todo, pero que no hacían más que predecir anticipadamente una muerte anunciada y proclamada a los cuatro vientos por los trovadores de una nueva era, tan deseada como si fuera el mismo pecado, la misma manzana que comió Eva. Fue un viaje extraño en el que los sueños infantiles debían cabalgar tormentas, un mundo poblado de heroínas alucinógenas y fantasmales que habitaban demoníacos olimpos artificiales. 

Todo terminó desintegrándose más allá de la nube de Oort, o deslizándose por una suave colina tapizada de blanca nieve, montando caballos indomables que parecían unicornios y que no eran más que nuestros queridos y famosos rinocerontes borrachos y gordos, máquinas de hojalata que atravesaban a toda velocidad carreteras perdidas que no llevaban ya a ninguna parte, para fallecer en ellas solos, con el cuerpo roto y en un suelo sucio. 

Muriendo y matando en mil revoluciones, generaciones de jóvenes y ancianos no han hecho más que llenar, anegar y sepultar, como hicieron sus propios padres antes, el mundo de daño, dolor y luto.

Esa es la historia del siglo XX y la del mundo.

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20M
-“Un día me preguntaste si me cansaba comportarme como hombre siendo mujer. Comprendí rápidamente tu pregunta y la intención que no escondía, pero... ¿qué podía responderte? Era una pregunta trampa, te sentías resentido conmigo por algo que no podías controlar, quizás porque tú no eras capaz de hacer lo que yo hacía al ser una mujer. Te decía sin convicción que solamente tenías derecho a reprocharme que te compartiera con otro hombre, pero que todo lo demás no era asunto de tu incumbencia, a decir verdad tuyas únicamente eran las horas que pasaba contigo, el resto era mío. Sí, ya sé que las cosas no deben ser eso, pero... ¿qué podía responderte?, ¿qué podía hacer?, ¿querías ser él o sólo estar tú?” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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20H
-“¿Quieres que te hable de Coco?, ¿tienes celos?, ¿no?, no te creo. Yo sí los tuve, y muchos, y los tuve de sus numerosos amantes y aciertos, me supo mal no haber sido uno de ellos, tuve celos de su independencia que traté de igualar y que nunca conseguí. ¿Cómo?, imaginándote. Escucha, deja de tocarme y besarme y presta atención, Capítulo 1º: Coco inventó el collar de perlas irregular donde ninguna de las perlas ensartadas tiene el mismo tamaño. Eso dicen que ocurrió de forma casual al rompérsele el que llevaba y procurar repararlo de forma descuidada. Sea como fuere eso que hizo consistió en desigualar aquello que era igual. Ni el arte japonés logró una proeza semejante con sus jardines de piedras. Esa gesta es de la misma categoría que la que aconteció en el Cosmos después del Big Bang, y que todos los astrofísicos intentan averiguar preguntándose por qué diablos sucedió eso tan misterioso que consiste en que de lo igual salga lo desigual.” (El hilo. Cartas a una amiga.)


viernes, 16 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (19)


28 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

19. La incertidumbre.

El “Principio de incertidumbre” de Heisenberg parecía dar consistencia a tales conclusiones “metafísicas” que solamente han sido correctamente dilucidadas y explicadas después de no fáciles procesos y gracias a la potencia de nuevos instrumentos matemáticos y lógicos que no describiremos aquí.

En mecánica cuántica el principio de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre de Heisenberg afirma que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto dado. Cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal. Este principio fue enunciado por Werner Heisenberg en 1927.

Nosotros solamente haremos mención a la poética del “par” de magnitudes y al absurdo y a la falta de sentido común que llevó a toda una generación de intelectuales y artistas, que casi no sabían la más elemental aritmética, a negar la realidad y afirmar con absoluta convicción que “ahí afuera” no hay nada.

Foucault, Lacan, Derrida y Kristeva hicieron fortuna aseverando que “la realidad, su producción y conocimiento, no podía preexistir a su representación” en un alarde inconsciente de neo-antropocentrismo que condujo al absoluto descrédito de la realidad. Ése fue uno de los colofones de la triste y vergonzosa historia de las vanguardias. Con sus correspondientes excepciones -y las extrañas paradojas que la poesía de lo visible es capaz de revelarnos- , su único mérito ha terminado siendo señalarnos el camino incorrecto.

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19M
-“Me olvidé del arte deconstruido, me recordaste, pero creo que lo hice a propósito, no sé, el caso es que cerraste la puerta de tu habitación cuando me preguntaste por él. ¿El arte deconstruido?, te pregunté con cara de no saber de qué me estabas hablando. Debes comprender que entonces no tuve más remedio que quitarme la falda despacio y obsequiarte con un streaptease improvisado y creo que lleno de encanto. A ti te gustó, ¿verdad? (La madeja. Cartas a un amigo.)

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19H
-“¿Arte deconstruido?, me preguntaste.
Eras una mujer muy peculiar, sabías interpretar mis palabras de la manera más inteligente y seductora que jamás he visto. Debía de haberme enamorado mucho más de ti, pero cuando estuve preparado te enamoraste mucho más de otro y me dejaste descompuesto en mis elementos primordiales, desordenados como un puzzle, todavía estoy intentando rehacerlo, pero me falta el modelo que debo copiar, te lo llevaste cuando te fuiste.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

jueves, 15 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (18)


25 Junio 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

18. La realidad y la escalera.

Desde Demócrito, y quizás incluso desde antes, existe una intuición que considera que la realidad es el orden de sus partes. En el mundo del arte los mismos impresionistas, no inventando nada nuevo, teorizaron la idea dotándola de legitimidad hablándonos de la “impresión” de la luz en sus pinceladas, y los estructuralistas la quisieron perfeccionar afirmando que esa estructura preexistía a la experiencia, y que no era más, decían ellos, que el “efecto de lo real”. Sólo eran juegos de palabras de filósofos que no sabían matemáticas.

Los físicos perfeccionaron la hipótesis convirtiéndola en ley científica con todas sus garantías. Efectivamente, la realidad, en sus niveles atómicos, está compuesta de pinceladas, de “paquetes” llamados quantums. Un quantum es una realidad sui géneris, con propiedades propias, exclusivas y ajenas a la cotidiana experiencia humana que no a su capacidad de comprensión. Todas las magnitudes que podamos medir, y que corresponden a los diferentes aspectos de su condición, se manifiestan en fardos, como si fueran una escalera y no una rampa, y así se expresan cuando se matematizan.

Las implicaciones ontológicas y epistemológicas que tales hechos tienen son mucho menores que las que algunos pensaron que tenían. Su error fue tan mayúsculo que incluso se llegó a negar la existencia de la propia realidad, usando, de manera muy apropiada un lenguaje ininteligible incluso para ellos mismos. Wittgenstein rechazó sus máximas anteriores considerando que la realidad no podía ser vista por sí misma porque no había ni podía haber percepción pura y primaria separada de la propia experiencia entendida como un filtro distorsionador. 

Paradójicamente tenía razón, aunque el error está en pensar que la “propia experiencia” sea ese elemento distorsionador cuando en realidad es todo lo contrario, es el elemento cohesionador. 

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18M
-“Y después continuabas citando a John Berger diciendo:

“El momento de gracia, si llega, es cuando te asombra descubrir que aquello que tu pincel acaba de añadir no es un color, no es ni siquiera un tono, sino una cosa, algo que la multitud, no ya una multitud sino una comunidad acoge y da un lugar. No puedes creer lo que ven tus ojos, o más bien, por primera vez sí lo crees: una cosa inexplicable hecha de colores que las palabras no pueden describir.”

Siempre quise ser tu hija, la que nunca tuviste, por eso me enamoré de ti, y hablar contigo de pintura igual que dos enamorados hablan de cualquier cosa, de fontanería o haciendo la lista de la compra, o, si me apuras, del color de mi falda, de aquél amarillo limón que tanto te gustaba mirar acompañado del blanco inmaculado de mi blusa almidonada.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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18H
-“En un viejo trabajo de Universidad resumiste así los diferentes rostros o definiciones de arte, parecían la letanía de una monja pecadora: 

El arte como procedimiento o medio, un instrumento para conseguir un fin. El arte como conocimiento, epistemología pura. El arte como trabajo, como labor útil. El arte como juego, eufemismo de la fantasía y la creatividad en la mentalidad posmoderna, derivándose el juego como forma y sistema de conocimiento. El arte como experiencia, en él se refleja el conocimiento acumulado. El arte como afirmación de la propia personalidad, casi como una terapia psicológica. El arte como imitación de la realidad, es la acepción más clásica y la más evidente y notoria en el realismo. Arte como desvelamiento de la verdad, la propia, la del artista o la de otros. El arte como comunicación, el arte que expresa una experiencia o un presupuesto, una intención o un mensaje. El arte como producción y comercio, simple corolario del marco económico y social en el que se manifiesta. El arte autojustificado, que no necesita explicación ni excusa por y para existir. El arte como ideología, expresión de un grupo, tribu, estamento, casta o clase. El arte antropológico, casi folclore. El arte como arma revolucionaria, es limítrofe al ideológico. El arte pedagógico, las imágenes de los templos eran los libros de los analfabetos. El arte como imitación o el arte como concepto o idea. 

Y, para terminar, el arte como expresión más verdadera de la secreta personalidad del melón, de su forma y de su color.

Me apabullaste y cuando eso me sucede me entran unas ganas locas de besar a mujeres guapas, y tú eras la más guapa que había conocido... hasta entonces.” (El hilo. Cartas a una amiga.)