jueves, 11 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (52)

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

52. Harry G. Frankfurt.

En un sentido parecido, pero con una intención opuesta a Platón el moralista Harry G. Frankfurt afirma en su encantador opúsculo “Sobre la verdad”, que:

“El mundo en el que vivimos, en la medida en que nuestra concepción del mismo se asienta en la mentira, es un mundo imaginario. (…) Las mentiras no tienen otro objetivo que perjudicar nuestra concepción de la realidad. Por ello, su objetivo es, de manera muy real, enloquecernos. Si nos las creemos, nuestro intelecto estará ocupado y gobernado por las ficciones, fantasías e ilusiones que el mentiroso ha urdido para nosotros. Lo que aceptamos como real es un mundo que otros no pueden ver, tocar o experimentar de manera directa. En consecuencia una persona que cree una mentira está obligada por ella a vivir “en su propio mundo”, un mundo en el que los demás no pueden entrar y en el que ni siquiera el mentiroso reside de verdad”.

“En la medida en que aprendemos cuáles son nuestros lindes discernimos nuestra forma. (…) Así, nuestro reconocimiento y comprensión de nuestra identidad surge, y depende íntegramente, de la apreciación que tenemos de una realidad que, de manera inexorable es independiente de nosotros. (…) Sólo si reconocemos un mundo de una realidad, hechos y verdades obstinadamente independientes, podemos reconocernos a nosotros mismos como seres distintos de los demás y articular la naturaleza específica de nuestras propias identidades.”

Frankfurt tiene razón y la diferencia está, obviamente, en el lugar que otorgamos y concedamos a la realidad ocupar, todo depende de dónde la coloquemos, si delante de nuestros ojos o en el Reino de los Cielos. Las derivadas de tal decisión son fundamentales incluso para decidir y formular una política democrática no regida por filósofos sabios y sin duda soberbios. 

También acierta al afirmar que el mentiroso ni siquiera reside en su mundo, al igual que el Diablo no tiene una naturaleza propia y vive de la necesidad ajena. La mentira requiere también a un mentiroso que la oiga.

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52M
-“Y Van Gogh te respondió con su obra, la pintada y la escrita. Hay algo en ti, querido Víctor, que se parece a Vincent. Te sabías sus cartas de memoria y recordarás este párrafo:

“Me gustaría más ganar como pintor 15 francos al mes que 1.500 francos mensuales por otros medios, aún como comerciante de cuadros. Estoy seguro de que podría aprender de mi profesión en París lo mismo que aquí en el brezal; en la ciudad tendría la oportunidad de aprender todavía alguna cosa de los demás, de aprovechar su experiencia, y esto no me es del todo indiferente; por otra parte, trabajando aquí, creo también poder progresar, aun sin ver a otros pintores (335)”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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52H
-“En el negro relucía el ocre y tus labios rosados besaban mis ojos cerrados que abrían sus puertas para ti, niña. Porque yo también tenía puertas y tú lanzas y arietes para romperlas, con ellas entrabas, con ellas reinabas en mis cuartos, en mis esquinas, entre escaleras y espejos, entre el suelo y el cielo. ¿Tanto tiempo ha pasado ya?” (El hilo. Cartas a una amiga.)

martes, 9 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (51)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

51. Platón.

Platón creía que la imagen solamente cumple una mera función mimética, que su significado se halla en la semejanza con el modelo que representa. 

El filósofo griego también nos dice que una imagen no imita exactamente la realidad, sino solamente una apariencia. Esa es una afirmación coherente con su famoso mito de la caverna, aunque no necesariamente verdadera. 

Es legendaria la desconfianza y la animadversión profundas que le causaban a Platón todas las artes. Para él no eran más que los instrumentos del engaño para mentir, la ilusión, el espejismo y el disfraz que los dioses, ayudados por los Hijos de la Noche, siempre usaron para servirse de los humanos, y que éstos, en su eterna y precaria condición, trataron de aprender para sobrevivir a sus caprichos y deseos, a sus designios ocultos entre el azar y el destino.

Así pues, para Platón toda imagen es engañosa porque es intrínsecamente falsa; su mejor virtud, afirma, es la banal diversión y el insustancial entretenimiento que causa mientras no se desvele su secreto, la artimaña del charlatán y el ilusionista, la paloma escondida dentro de la chistera.
El hecho decisivo es que la realidad es inerte poéticamente, no en cambio, evidentemente, el arte. Platón detestaba la poesía porque alteraba el ánimo como si fueran los cantos de una sirena, lo predisponía, lo seducía y no permitía que se manifestara lo que él consideraba como lo justo, lo valioso que es valioso al mismo tiempo que adecuado. 

Cuanto más cerca estamos de lo verosímil más lejos estamos del presente, que siempre, valga la expresión, es opaco a nuestros ojos y al recuerdo, él, como el más tenue fantasma, solo sirve a nuestros párpados cuando pestañean al son de nuestro corazón. 

La metáfora es sencilla y popular, y no es otra que la que afirma que cuando miramos muy de cerca no vemos nada, hay que dar unos pasos atrás. Nada se explica desde el presente, solamente desde su recuerdo.El peligro está en caer en el manierismo emocional, en el mero esteticismo psicológico, pintar a la manera de, construir un simulacro, copiar otras pinturas, cantar siempre la misma canción, lo que, por otra parte, casi todo el mundo hace.

A un escritor catalán -Pere Calders- le preguntaron cuándo escribiría sus memorias, y él respondió que lo haría cuando perdiera la memoria, que todavía no podía escribirlas porque lo recordaba todo.

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51H
-“Querida Verónica, cuéntame la leyenda que inventó el beato Jacobo de Varrazze, nacido en Génova el año 1230, Pacal Quignard la recuerda en su célebre obra “El sexo y el espanto”, en ella nos dice que Tiberio, gran coleccionista de imágenes pornográficas, habló con la santa de Pintura. En su “Legenda aurea, De passione Domini LIII” nos dice (cito al Sr. Quignard) que “Tiberio, el emperador, enfermó gravemente en Roma y que dirigiéndose a Volusiano, uno de sus íntimos, le dijo que había oído hablar de un médico que curaba todos los males. Así dijo el emperador a Volusiano:

-Vete de prisa a ultramar y dile a Pilato que me mande ese médico.

Se trataba de Jesús, que curaba todas las enfermedades con una sola palabra. Cuando Volusiano llegó ante Pilato y le comunicó la orden del emperador, el prefecto Pilato sintió un grandísimo temor y pidió catorce días de plazo. Volusiano se encontró entonces con una matrona que había conocido a Jesús. Se llamaba Verónica. Habló con ella a puerta cerrada.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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51M
-“Así es, querido Víctor, y Verónica le responde que:

-Yo era su amiga. A Jesús lo traicionaron por celos y Pilato lo mató, hizo que lo ataran a una cruz.

Volusiano se entristeció mucho cuando supo que el médico había muerto.

-Estoy muy apenado –le dijo-. Me aflige no poder cumplir las órdenes de mi amo.

La matrona Verónica respondió:

-Cuando mi amigo partía a recorrer el país para predicar, entonces yo, privada muy a mi pesar de su presencia, decidí mandar a hacer su retrato. El pintor me dijo que fuera a comprar una tela y unos colores. Iba yo de camino a casa del pintor para llevarle lo que me había pedido, cuando vi pasar a Jesús, que iba a morir. Mi amigo me preguntó adónde iba con esa tela y esos colores. Le expliqué lo que me proponía hacer, llorando porque él cargaba con su cruz. “No llores”, me dijo, y tomó la tela y se la puso en el rostro. “Así es como se pinta, dijo, y se fue para morir. Si el emperador de Roma mira con devoción los rasgos de esta imagen, recobrará de inmediato la salud.”
 
-“Volusiano le preguntó:

-¿Puedo comprar con oro o con plata tu imagen?

-No –contestó ella-. Sólo con ardiente devoción. Partiré contigo. Le mostraré el retrato a Cesar para que lo vea y luego regresaré aquí.

Volusiano volvió a Roma en barco con Verónica y dijo al emperador Tiberio:

-Pilato entregó a Jesús a los judiós, que lo clavaron en una cruz por celos. Pero una dama, que ha venido conmigo, trae la imagen de Jesús en el instante de morir. Si usted mira con devoción el retrato, enseguida sanará y recobrará la salud.

Entonces Tiberio mandó extender una alfombra de seda, recibió a Santa Verónica y conversaron sobre pintura. Luego le ordenó que le mostrara el retrato: apenas lo hubo mirado, recobró su salud. Tiberio le regaló un cuadro antiguo a Verónica, la puta (¿un “retrato de prostituta” de Parasio?), y ordenó que ejecutaran a Pilato por haber dado muerte a Jesús. Pero Pilato no quiso saber nada, agarró su espada y se mató. En el instante de morir, Pilato se miró la mano que sostenía la espada. Expirando, dijo

-La mano que lavé me mata.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

jueves, 4 de noviembre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (y 12)






12. El Peletero

Mil años después de ser piedra conocí a un peletero, pero ya no recuerdo quién era, aunque a veces pienso que yo fui él o él yo. Sólo sé que murió, y al morir morí con él, escuchándole contar algo al viento, entre su boca y mi aliento. 

Mucho más tarde, pensando en mi peletero muerto, me convertí de nuevo en piedra y luego en una mujer, en un número diez y en un jilguero joven, todo a la vez. 

Pero en aquel tiempo Júpiter era Neptuno y Neptuno Plutón y el Sol se vestía ya de verde y de negro limón.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (11)






11. El Palacio.

Una vez quise habitar un palacio sin súbditos ni sirvientes, sin príncipes herederos ni princesas casaderas, sin Reinas y sin harenes.

Lo conseguí, viví solo en mis aposentos, en mis salones llenos de polvo y de muebles, repletos de recuerdos, de pinturas de los que habían de haber sido mis antepasados, de todas mis batallas, de mis esclavos y de mis soldados. 

Las habitaciones eran enormes, los pasillos interminables, las columnas salomónicas, las escaleras parecían no llegar ni empezar.

Era tan grande que jamás encontré una sola ventana, no logré salir nunca a un balcón ni trepar a una almena, terraza o mirador.

Nunca pude visitar todas sus estancias ni hacerme siquiera una simple idea cabal de cuál era su plano ni su alzada. No sabía si habitaba los pisos altos o me hallaba cerca de sus cimientos. Cada rincón era distinto, cada alcoba diferente.

Había pasajes secretos y puertas escondidas que conducían a nuevos lugares que a su vez llevaban a otros que te descubrían rincones insospechados y nuevos.

Cada estancia estaba decorada con su propio color, había incontables cortinas, tapices y alfombras, baldosas, estucados, frescos y bajorrelieves, tabiques, paredes, murallas y bóvedas celestiales, cuartos pequeños y cúpulas vaticanas. Algunas esquinas parecían plazas, templos vacíos de sus dioses y de sus fieles servidores, y otras recordaban despachos, scriptoriums, bibliotecas y estudios, salas, cocinas, celdas, glorietas, calles, avenidas y paseos.

Mi palacio también tenía espitas, llaves, fuentes, desagües y pozos tan profundos que al asomarme a ellos oía latidos y voces lastimeras que me atemorizaban porque parecían ser mis propios pensamientos.

Una vez quise habitar un palacio y ser el rey, el dueño absoluto y el señor de todas las cosas que no tienen nombre.

martes, 2 de noviembre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (10)








10. La Gata.

Cuando por treceava vez fui hombre tuve una tienda, cada día pasaba por delante una mujer con paso firme y la cabeza alta, ajada. Al observarla descubría la lejana juventud y la belleza que otros hombres debían de haber amado en ella. No sabía su nombre ni quién era, sólo que cada día pasaba por delante de mi tienda a la misma hora de la tarde, al oscurecer, con tacones altos, decidida, vestido ceñido, un bolso en bandolera, silueta esbelta y el cabello suelto, rizado y castaño claro. 

A veces se paraba y miraba el escaparate, otras preguntaba algún precio y pedía ver alguna pieza, al enseñársela sólo me miraba a mí.

-¿Tienes dónde alojarte? –le pregunté un día.

-Vivo en una habitación alquilada -me respondió. 

A partir de aquella noche durmió conmigo como una gata en celo, salvaje, parda y clara. Al día siguiente trasladó sus cosas a mi casa.

Por las mañanas la dejaba dormir y me iba a mi tienda. Al mediodía me tenía la comida preparada y por la tarde, al oscurecer, pasaba por delante con paso firme y la cabeza alta, ajada.
Regresaba al día siguiente, casi al amanecer, y lo hacía como una gata en celo, salvaje, parda, y clara. 

Eso sucedió la treceava vez que fui hombre.

viernes, 29 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (9)






9. La máquina.

Siendo pintor pinté una pasarela en un río, parecía un autómata en la mitad de un camino.

En un viejo manual escolar de anatomía se dice que: “El “pene”, o “miembro viril”, es el órgano de copulación. Su forma es cilíndrica, algo aplanada de delante atrás. Termina en su extremo con una dilatación denominada “glande” o “bálano” cuya superficies es lisa y rosada. El glande está perforado en su vértice por el “meato uretral”. (…) La función del penes es, en el acto del coito llevar la “esperma” a las partes genitales de la mujer recorridas por el óvulo y favorecer así la fecundación”. (“Atlas de Anatomía Humana, V. Muedra, S.L.)

Era otro ángel como yo, un ser empecinado y sordo, mudo y olvidadizo, sin pies ni manos, sin pecho ni espalda, sin cabeza ni alma, sólo tenía alas y dos gibas que le colgaban, un solo dedo y una boca pintada en un extremo. 

En cambio, en otro manual, de fotografía en este caso, se afirma que: “es cosa sabida que una persona de pie, en medio de la fotografía, tienen un aspecto larguirucho poco agradable. Sin embargo, si el fotógrafo se acerca más al modelo de forma que la cabeza quede en la parte superior del cuadro y los pies en el borde inferior, la cara se podrá distinguir con claridad suficiente”. (“El retrato, una guía para aficionados”, Günter Spitzing)

A su rostro le faltaban los ojos, su testa no era más que un sombrero, un ridículo capirote, al verlo me reí, parecía un payaso, un tentetieso, un bombero, un elefante loco y ciego.
Yo pienso que los ángeles no sabemos pintar ni construir máquinas, no nos parecemos a Dios ni a todo aquello que tenga nombre. No somos hijos de nadie y mucho menos de los hombres. No tenemos estirpe, no somos capaces de ser padres ni sabemos tampoco morir cuando nos convertimos en menhir. 

Los ángeles no quedamos bien en las fotografías aunque nuestra piel sea lisa y rosada.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (8)








8. El Ángel.

Después de ser león fui gacela para regresar muerta al estado celestial de ángel ido y medio caído.
Fui zulú, apache y bedú y quise recordar al verdadero Caín matando al hermano de otro.
Fui Abel y Salomón, fui romano y bárbaro, me alabaron y me clavaron en la cruz como a un criminal y a un vulgar ladrón. 

Fui mentiroso para ver a Lucifer y a Belcebú reír, fui santo para besar a Gabriel y a mi querido Miguel, y fui de nuevo querubín para dormir con Dios y sentir su dulce perdón en el pozo de mi desmemoria seráfica.

lunes, 25 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (7)






7. El Gusano.

De gusano sabio me transmuté en una anciana loca. 

Después tomé esposa y me convertí en un Rey niño que mandaba sin ley, sin orden ni tino.
Quemé ciudades y fundé hospitales. 

Declaré guerras y escribí crónicas de mis travesías por los mares secos de la Luna.
Luego llegó el frío y la tormenta, todo se heló, y los valles y las llanuras de mi reino se hundieron bajo el peso de la nieve. 

Más tarde llegaron las ballenas, las focas y las legiones de calamares gigantes. 

Y todo terminó.

viernes, 22 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (6)






6. La Muerte.

Dios nos prohibió evitar a la muerte llegar, pero nada dijo sobre si podíamos o no convocarla y servirnos de ella. Así que para vivir mato y cuando soy yo el que ha de morir me transformo en árbol al lado de pozos, de fosas y de sepulcros, tres mirlos me acompañan, son mis ojos.
Quieto espero paciente a que estalle el color, solo y callado vigilo los caminos y veo a mis pájaros volar.

Dios nos prohibió evitar a la muerte llegar, pero nada dijo de morir ni de matar.

jueves, 21 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (5)






5. El lado izquierdo de tu boca.

Durante un tiempo fui tu uña y tu pierna derecha de mujer, luego el lado izquierdo de tu boca y después tu hijo en tu entraña loca, el monstruo al que expulsaste antes de nacer. Pasé por zorro, por oveja y por mosca de mil ojos, fui maza y cuchillo, aplasté tu corazón y abrí tu vientre vacío para ver como me mirabas sin comprender por qué morías y por qué te mataba.