miércoles, 22 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena tercera ( 1 de 2)

18 Febrero 2008

EL DINERO Y EL CAFÉ ESPESO

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena tercera (1 de 2)


Se encienden las luces.

Los tres miran sorprendidos la llegada de Aleka, al verla no consiguen decir una sola palabra.

Aleka (Alegre)

He dicho hola, ¿qué os sucede? ¿Por qué estáis tan callados?

Se cierran las luces y se vuelven a abrir.

Hallamos entonces, sólo y solos en la sala, a Javier y a Aleka.

Aleka (Sonriente)

¡Caramba!, tenían prisa esos dos. ¿He interrumpido alguna reunión importante?

Javier

No, ni mucho menos. No te preocupes, deben de tener trabajo.

Aleka (Irónica)

Menos mal, no quiero ser inoportuna. Pero Niko se ha ido sin hacerme el café que le he pedido.

Javier (Mirándola intrigado)

No te habrá oído.

Aleka

Será eso. ¿Tú sabes hacer café griego, mi querido Javier?

Javier (Sonriente)

¿Yo? Claro que no, mi querida Aleka, no tengo ni la menor idea. Deberías ser tú la que sabe hacer un sabroso café griego. ¿No eres tú la griega?

Aleka (Simpática)

Y lo soy, no lo dudes. ¿Todavía no te has dado cuenta?

Javier (Gracioso)

Algo raro notaba y no sabía qué era. ¿Así que es usted griega, señorita?

Aleka

Sé cómo se hace, pero siempre me da pereza cocinar, (irónica) quizás por eso estoy delgada. ¿Te gusta mi figura?

Javier

Claro, pero ¿sabes o no sabes hacer esa cosa que llamáis café?

Aleka

No te preocupes, darling, parezco tonta, pero hasta ahí llego, sí sé hacer un buen, espeso y apestoso café griego.

Javier

No digas otra vez, que pareces tonta.

Aleka

Es lo que todos pensáis, ¿no?

Javier

Claro que no. ¿Tú crees que yo pienso que lo eres?

Aleka

Sí hombre sí, tú también piensas eso, no te molestes en disimular. Di la verdad, el café griego es un atentado a la buena cocina.

Javier

¿Qué te pasa?

Aleka

Nada, ¿qué me ha de pasar?

Javier

No sé, esta mañana sí que jugabas a parecer una tonta, me has desconcertado. ¿Por qué lo has hecho? Tú no eres así, Aleka.

Aleka

No paras de preguntar, pareces un policía.

Javier

Respóndeme, anda, haz el favor.

Aleka

Hacerse la tonta no es nada más que una táctica para sobrevivir, nada más, amor mío, cada uno lo hace a su manera, yo siempre me he hecho la tonta. Tú, ¿qué táctica usas?

Javier

Sí, hoy estás rara, ¿qué te sucede?

Aleka

No me pasa nada, no te preocupes, respóndeme tú ahora, ¿qué táctica usas para que los demás estén contentos contigo?

Javier

Digo lo que quieren oír.

Aleka

¿Dices que te gusta el café griego?

Javier

Eso, sí.

Aleka (Medio riéndose)

Ves, eres un mentiroso.

Javier

¿Cuál es la mentira?

Aleka

Que te gusta el café griego

Javier

Te equivocas. Al menos en este caso no miento.

Me gusta.
(Aleka se lo mira con expresión incrédula y dudosa)

Javier

No me mires así, de verdad, me gusta. Ya lo sabes, lo habrás olvidado tú también, últimamente todos estamos teniendo una memoria muy débil.

Aleka

Bobadas. Dime, ¿dónde está Irene?

Javier

¿Irene? No sé. Pero, ¿para qué has venido en realidad?, ¿Has venido solamente para tomar café conmigo?

Aleka

Hoy tampoco pareces darte cuenta de nada. Te estoy preguntando si sabes dónde está Irene.

Y si quieres te digo que también he venido para no estar sola y para que no lo estés tú, para hacerte un poco de compañía. No te molesta, ¿verdad?

Javier

¿Entonces has venido para saber dónde está Irene?

Aleka

¡Sí, claro, por eso! ¿No me has escuchado? El que está raro eres tú.

Javier

Sí que te he escuchado, y no has venido para eso, has venido para saber si estaba conmigo. Si quieres saber dónde está llámala, seguramente estará en…

Además, ¡si ya sabes dónde está! ¡Está en casa de sus padres! ¿Por qué simulas que no lo sabes?

Aleka

De acuerdo, vale, sí, he venido para saber si estabas con ella, y también para… (Se queda en silencio)

Javier (Intrigado)

¿Qué?

Aleka

Nada.

Javier

Termina la frase. ¿Para qué más has venido?

Aleka

¿No te lo ha dicho Niko?

Javier (cansado de preguntar)

¿Qué tiene que haberme dicho? ¡Habla claro de una vez!

Aleka

Mi hijo Giorgios quiere irse a vivir con Alexis.

Javier

Sí, es verdad, tienes razón, pero me lo acaba de contar hace unos minutos.

Aleka

Ellos dos son como amigos y a mí no me gusta que lo sean.

Niko no es una buena amistad para mi hijo.

Giorgios se lo cuenta todo, se entera antes Niko que yo de las cosas de mi propio hijo.

Tiene más confianza en él que en mí. Y eso no es bueno, no lo es.

Y además me voy a quedar sola.

Javier (sin escucharla)

Hoy me he llevado una sorpresa con Niko.

Aleka

¿Qué ha pasado?

Javier

Hemos hablado de la guerra y me he dado cuenta que es un fanático. Yo pensaba que era otra clase de hombre. Siempre tan amable, con ese humor irónico, siempre solo. Pensaba que era alguien independiente, autónomo.

No sé, me gustaba como hablaba. Esa suavidad y tranquilidad.

Aleka

Todo es mentira, pura fachada. Nosotros lo conocemos. Sabemos quién y qué es.

Javier

Su soledad me atraía, creí que había algo que saber de ella.

Ha sido una verdadera decepción. Necesitaba saber qué es estar solo.

Aleka

Y está lleno de odio, ¿no?

Javier

Más o menos, eso me ha parecido, sí.

Aleka

Niko tiene alma de esclavo. Es un cobarde. Ha soportado demasiado dolor por culpa de su cobardía.

Javier

Ha terminado siendo una conversación desagradable. Vanguelis también ha estado extraño.

Aleka

Pobre Vanguelis, él es un buen hombre. Él sí que lo es. Pero ha cometido una vez más el error que cometemos todos.

Javier

¿Cuál?

Aleka

Confiar en los demás

Javier

No seas melodramática. ¿En quién ha confiado que no debía?

Aleka

No lo soy, ¿quién le mandaba apoyar la causa de otros? Un día se lo dije. Vanguelis, eliges mal las compañías.

Javier

¿Te refieres a la guerra?

Aleka

Especialmente a eso, sí.

Javier

¿Y qué te respondió?

Aleka

Que tenía razón, pero que ya era demasiado tarde.

Los dos acumulan demasiado dolor. Vanguelis todavía vive con su esposa, es un matrimonio roto, cada uno hace su vida por separado. Tienen sus amantes y mandan a sus hijos a estudiar al extranjero. En realidad lo hacen para alejarlos de ellos y así evitar que vean el espectáculo. Mentiras y dolor.

El dolor que yo no quiero tener que soportar. Yo quiero ser valiente. Y el dolor que tampoco quiero que vea mi hijo.

Además no me escuchas, no has oído todo lo que te he dicho.

Javier

Lo eres Aleka, eres valiente ¿por qué dices eso de que no te escucho?, ¿qué has dicho que no he oído?

Aleka

Ya lo sabes, no me pidas que lo repita, me duele.

Javier

Pues sí, te lo pido. No sé exactamente a que te refieres. Perdona si no te he oído bien. Pero sea lo que sea, decirlo en voz alta y delante de alguien te hará bien.

Aleka

No sé si tú eres la persona adecuada.

Javier

¿Ah no?

Aleka

No sé

Javier

Quizás precisamente soy eso, la persona más adecuada.

Aleka

Convénceme de que lo eres.

Javier

Tú y yo somos amigos, ¿no? ¿Soy amigo tuyo, Aleka?

Aleka (Dudando)

Tal vez sí, tal vez lo eres.

Javier

No lo dices nada convencida. ¿No crees que seamos amigos?

Aleka

Supongo que sí.

Supongo que el hecho de que hace seis años, aprovechando que Alexis estaba de viaje, y yo me pasara toda aquella semana que estuviste aquí, metida contigo en la cama de tu habitación del hotel, no impide que seamos amigos.

Javier

Claro que no lo impide, y no lo impide fundamentalmente porque nunca más hemos vuelto a repetirlo. Aquella semana allí se quedó. No tuvo ninguna clase de consecuencias.

Aleka

Hace seis años todavía vivía con Alexis, aquello fue un puro adulterio, además tú tampoco te portaste bien, él era y es tu amigo.

Cuando al poco tiempo me dejó y se fue para irse a vivir con aquella muchachita, y yo me quedé sola, nos hubiera sido más fácil repetirlo y en cambio no lo hicimos. Hubiese sido fácil seguir siendo amantes. Todavía no sé por qué no nos volvimos a acostar juntos.

En aquella habitación se quedaron muchas cosas

Javier

Aleka, el adulterio existió técnicamente hablando, es cierto, pero tú misma me dijiste que hacía un año que no te acostabas con Alexis.

Aleka

Cerca de un año.

Javier

Dijiste un año.

Aleka

No lo recuerdo, ha pasado mucho tiempo, ¿qué importancia tiene unos días más o menos?

Javier

Yo sí lo recuerdo, dijiste un año. ¿Era menos?

Aleka

Si lo quieres saber, sí, solamente hacía cuatro meses que dormíamos en habitaciones separadas.

Javier

¡Caramba!, qué cortos eran los años entonces.

Aleka

¿Te importa?

Javier

Ya no, ya no me importa, pero me quedo un poco sorprendido porque cada vez me doy cuenta que las cosas son un poco distintas de como las contabas.

Aleka (Ofendida)

¿Qué insinúas?

Javier (Irónico)

Nada, no insinúo nada, cosas mías.

Aleka

Yo cuento las cosas igual.

Javier

Sí, puede que tú las cuentes igual, lo malo es que no eran igual.

Aleka

¿Crees que miento?, siempre has pensado que lo hago.

Javier (Cansado y algo enfadado)

Aleka, por Dios, todo eso es ya muy viejo, deja que el río siga su curso.

Y por lo del adulterio no debes preocuparte, hablar hoy en día de eso queda un poco ridículo, ¿no?

Parece una palabra bíblica completamente en desuso: (con énfasis) ¡Adulterio!, qué mal suena ¿no?, es peor que un melodrama latinoamericano de televisión, uno de esos venezolanos que tanto éxito tienen. La gente se los mira igual que esnifan la coca que se cultivan en cada maceta.

Además, todo el mundo se acuesta con quien le da la gana. ¿No es ésa una de las grandes conquistas de la modernidad?, Sí, ¿verdad?, pues entonces tranquilízate, relájate y vete a la cama con quien desees que nadie nunca tendrá el derecho de pedirte cuentas. ¿Vale? Yo, naturalmente haré lo mismo. Todos hacemos lo mismo.

(Aleka no le responde)

Javier

¿Qué querías decirme antes? ¿Soy o no soy la persona adecuada?

Aleka

¿Por qué no lo repetimos? Respóndeme y no des la conversación por terminada, eso es de muy mala educación, ¿sabes?

Javier (Dando media vuelta)

Sí, confirmado, estamos todos amnésicos hoy.

(Levantando un poco la voz y hablando de espaldas a ella)
No repetirlo fue un acierto, Aleka.

Aleka

¿Por qué?

Javier

No pienso responderte. Ya lo hice entonces… hace cinco años…

Pero espera (sorprendido y encarándola), no le des la vuelta a la historia ¿eh? ¿Por qué demonios lo haces?

Era yo el que quería repetir (la señala con el dedo). ¿No te acuerdas? No intercambies ahora los papeles.

El que estaba enamorado era yo, me moría de ganas de acostarme contigo. ¿No te acuerdas de eso tampoco?

Deberías ser tú la que respondiera a esa pregunta. Dime, ¿por qué no salió nada más de aquella habitación, excepto ese recuerdo dulce y al mismo tiempo doloroso?

¿Por qué estuviste todo el año siguiente dándome largas y respuestas sin sentido? ¿No recuerdas nada? Y yo detrás de ti como un perro.

Aleka

(Incrédula) Si tú lo dices. Pareces tener muy buena memoria.

Javier

¡Claro que la tengo! Y te juro que nunca más volveré a repetir algo parecido.

Pero dime eso que ibas a contarme, cuéntamelo si es que soy la persona adecuada para oírlo.

Aleka (Con apenas un hilo de voz)

¿Sí?, ¿lo eres?

Javier (Más cansado y gesticulando)

¡Dios mío Aleka! Haz lo que te de la gana, cuéntalo o no. No pienso arrodillarme y suplicarte.

Aleka

¿Por qué no lo volvimos a repetir?

Javier (Enervado)

Te lo acabo de decir, no insistas Aleka, no seas tan pesada, te lo repito una vez más.

Aleka

Sí, pero eso no es exactamente así como tú lo cuentas.

Javier (Harto)

¿Ah, no?

Aleka

No, Yo podía divorciarme de mi marido, pero tú no querías perder a un muy buen amigo. Esa fue la razón…

Javier (Sorprendido)

¿Qué? ¿De dónde sacas eso ahora? Te equivocas, yo estaba dispuesto a cualquier cosa por ti, incluso…

Aleka

…y terminaste perdiéndome a mí y conservando a Alexis. Os queréis mucho, ¿no?

Javier

Terminamos perdiéndonos los dos, el uno al otro.

Aleka

Te estoy preguntando si os queréis mucho, Alexis y tú.

Javier

¡Claro que nos queremos!, somos amigos.

Aleka (Cínica)

Sois amigos, claro.

Javier (Sorprendido y amenazante)

¿Eh?, creo, querida, que estás apuntando en dirección equivocada.

Aleka, no sigas por este camino, te equivocarás mucho si lo haces. Te equivocaste entonces, no vuelvas hacerlo ahora.

Aleka

¿Te arrepientes?

Javier

Esa es una mala pregunta.

Además soy yo el que debería hacerla.

Aleka

¿Cuál es entonces la buena pregunta?

Javier

No la hay, porque la respuesta siempre es mala.

Aleka

¿Y cuál es la respuesta?

Javier

Siempre te arrepientes. Sea cual sea la decisión, siempre te arrepientes ¿Y tú?, ¿tú te arrepientes?

Aleka

Sí, llevo más de cinco años arrepintiéndome.

Javier (Conciliador)

Olvídate de ello y cuéntame eso que me querías contar, anda.

Aleka (Triste)

De acuerdo, te lo contaré. Son todos esos años así, uno detrás de otro.

Me deja mi marido por una mujer mucho más joven que yo, casi una niña, eso ya es para morirse de risa de tan visto que está.

Me quedaré sola. Mi hijo, que apenas acaba de salir del huevo, también se quiere ir a vivir con él, me mira con aire de superioridad y el año próximo será mayor de edad y por supuesto no podré, ni tampoco lo intentaré, evitar que se vaya. Y además no soy capaz de mantenerme económicamente independiente. Dependo de mi padre y de su ayuda y eso es muy humillante para mí.

Y hasta ahora, encima dependía de Alexis, del hombre con el que no vivo.

Tengo cuarenta y cinco años y la sensación de haber perdido muchos más de cinco. No quiero seguir perdiendo más años de mi vida Javier. Si sigo así acabarán diagnosticándome un cáncer.

Javier

No digas eso.

Aleka

Desde que se fue Alexis, y de eso ya hace cerca de cinco años, he vivido como una monja y tengo amigas que ya van por el cuarto amante.

Y yo en toda mi vida únicamente me he acostado con dos hombres. Alexis y tú.

¿No te parece todo eso muy triste?

Cuando quise rectificar tú ya estabas con Irene.

Javier (Burlón)

Con un solo hombre al mismo tiempo, quieres decir. No con dos a la vez.

Aleka

No te burles de eso.

Javier (Sonriendo)

Intentaba desdramatizar, perdona.

Aleka

Si quieres humor te lo voy a dar yo: en realidad lo he hecho con dos hombres y medio.

Javier

¿Dos hombres y medio?

Aleka

En la Universidad me acosté con un chico, pero la cosa fue tan mal que casi no hicimos nada. Fue cómico. A eso le digo medio hombre.

Javier

Y él te estará llamando igual, media mujer.

Aleka

¿Qué?

Javier

Media mujer. Te estará llamando, eso, media mujer. Para él fuiste una media mujer.

Aleka (Con una sonrisa que la delata)

Nunca lo había visto así, querido.

Javier

Sí que lo habías visto así. Por supuesto que sí. ¿Qué quieres aparentar ser? No te hagas la tonta conmigo, ambos sabemos cómo somos los dos en la cama.

Hoy en día ninguna mujer quiere ser, ni es una simple muñeca hinchable.

Aleka (Irónica y sonriendo)

¿Eres catedrático en sexualidad femenina?

Javier

¿Quieres que diga alguna barbaridad?

Aleka

No, mejor no, no digas nada, déjalo correr.

Javier

Las mujeres os pensáis que sois las únicas que simuláis orgasmos.

Aleka

¿Tú has simulado algún orgasmo?

Javier

Claro.

Aleka

¿Y cómo lo has hecho?

Javier

Ha sido por teléfono.

Aleka

¿Por teléfono?

Javier

Una vez me llamó Irene desde Lausanne, tenía ganas de jugar, mejor dicho, de probar su poder y su encanto. Me dijo que me masturbara mientras ella me decía procacidades por el auricular.

Aleka

¿Y?

Javier

Le seguí el juego y simulé un orgasmo. Todavía se lo cree, nunca le he dicho la verdad. Aquel día aumentó mucho su autoestima y el poder que cree tener sobre los hombres.

Aleka

¡Vaya!...

Javier

¿Es eso lo que me querías contar?, ¿que has estado cinco años haciendo vida de monja?

Aleka

Ya veo que tú no.

Javier

De monja precisamente no.

Aleka (Con una risa amarga)

No me digas que has sido un monje, que no me lo creo. Y menos con Irene.

Javier

A Irene mejor que la dejemos tranquila.

Todavía no sé a qué has venido. Este no es precisamente un lugar acogedor para charlar dos amigos. ¿Quieres ir a tomar algo?

Aleka

Pues deberías darte cuenta, te estoy pidiendo consejo.

Javier

A mí me había parecido que te estabas quejando.

Aleka

Las dos cosas. Y de Irene hablo cuando me da la gana, por eso es mi prima.

Javier

No sé qué decirte Aleka, sinceramente no sé, pero…

¿Tienes celos de Irene?

Aleka (Irritada)

No digas tonterías, ¿puedo tener celos de una mujer que todavía no tiene 30 años, es guapísima y muy atractiva y posee dos licenciaturas y tres Másters? ¿Que trabaja en Suiza, gana mucho dinero, no tiene hijos y es independiente? ¿Qué tiene una lista de amantes haciendo fila? ¿Y de la que sé cómo trabaja en la cama? ¿Puedo tener celos de una mujer así?

No pensarás que en Suiza te ha sido fiel, ¿verdad?

Javier (Sin escucharla y montándose en sus palabras)

Bueno sí, sólo una cosa, no te creas lo que te cuenten tus amigas

Aleka (Decepcionada)

No me escuchas.

(Intrigada)

¿Por qué dices que no me crea lo que me cuentan mis amigas?

Javier

Claro que te escucho, tengo dos orejas, simulo que no lo hago cuando oigo necedades.

Aleka

Respóndeme.

Javier

Porque te mienten, por eso no debes creer a tus amigas.

Aleka

Y tú eso ¿cómo lo sabes?

Javier

No lo sé, pero es lo más probable.

Aleka

¡Vaya!, eres muy listo tú. ¿No te han dicho nunca que a veces eres muy estúpido?, ¿un sabelotodo?

¿No te han dicho que siempre vas de inteligente y que humillas y lastimas a los demás?

¿No te han dicho que te mata la soberbia, Javier, querido? ¿Y que eres estúpidamente sarcástico?

Javier

Sí, muchas veces. Seguro que tienen razón. Pero seguro también que no me equivoco demasiado.

Que te mientan es lo más probable porque es lo necesario.

Aleka

No te entiendo, ¿necesario?, ¿para quién?

Javier

Para ellas, Aleka, para ellas. Cuando te cuentan esas cosas no te mienten a ti, mejor dicho, mintiéndote a ti, se mienten a ellas.

La gente se piensa que el mundo se fundamenta en la verdad, y no es cierto, se fundamenta en la necesidad, de ella nacen todas las mentiras. Por eso es importante descubrir esa verdad.

Aleka (Burlona)

Javier “Don psicólogo”. Javier “Don filósofo”. Parece usted “Buda”.

¿Quién quiere saber la verdad?

Javier

Piensa lo que quieras.

Pero oye, ¿qué sabes tú de cómo “trabaja” Irene en la cama?

Aleka

Lo sé.

Javier (Señalándola con el dedo)

¿Te has acostado con ella?

Aleka (Irónica)

Eso, ¡claro que me he acostado con ella! Si tú lo dices “sabelotodo”, será así.

Javier

No serías la primera.

Aleka

(Silencio)

Javier

¿No dices nada?

Aleka

Dime la verdad, aún estás enamorado de Irene.

Javier (Hastiado)

¿Sólo sabes hablar de ella?, creo que Irene está ya muy amortizada.

Aleka

Sólo sé hablar de las cosas importantes y saber eso para mí lo es.

Irene se cree que es una mujer importante, quiere llegar a ser eso que algunos llaman, ¡una gran mujer!

Al dejar a su primer novio, cuando ella apenas tenía catorce años, se burlaba del pobre muchacho diciendo que no sería nunca capaz de volver a tener una mujer como ella. Decir eso es peor que un pecado. Es peor que maldecir a Dios. Y lo peor es que ella lo decía sin el más mínimo atisbo de culpa o de remordimiento a pesar del desprecio hacia el muchacho. Parecía una reina situada por encima del bien y del mal, lo decía como algo natural. Dios la castigará por esas palabras.

Aquí donde la ves, tan bien vestida, tan bonita, con esas piernas tan lindas. Ese perfume tan bien elegido, esa sonrisa tan encantadora, y esa mirada intensa y falsamente penetrante. Su conversación tan masculina y esa voz, ligeramente áspera, un poco ronca y grave, sus labios rojos y sus dientes blancos, su aliento siempre limpio y fresco. Su cultura, su saber estar. Todo eso, todo ese pedazo de mujer tan sensual es pura suciedad, herrumbre, es un ser zafio, bárbaro y salvaje y a ti eso es lo que te gusta, la quieres así, quieres esa basura, necesitas las sábanas cuanto más sucias mejor, te gusta beber de ese vómito que mana de su entrepierna, del sudor de su boca. Necesitas esa selva llena de carne roja.

Siempre jactándose de las proposiciones que recibe de hombres importantes y poderosos. ¿No es patético?

¿Te gusta oler el sudor de sus axilas?

Eso es lo que buscas en ella y eso también es lo que te ha ido matando estos últimos años.

Javier

(No responde, la mira sin mirarla, sin verla)

Aleka

Di algo, respóndeme. Grita o vete.

Javier (Ensimismado, hablando para sí)

Es verdad, su aliento siempre es limpio y fresco. Nunca hiede.

martes, 21 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena segunda ( y 2)



15 Febrero 2008

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena segunda (y 2)

Javier

¿Por qué has ido a buscarlos tan pronto?, casi no debes de haber comido.

Vanguelis

No te preocupes, yo como rápido. No me fiaba de la esposa. (Dejando las pieles en el suelo)

Javier

Es verdad, ¡ella! Has hecho bien en ir pronto.

Vanguelis

Sí, creo que sí.

Javier

¿Y los demás?

Vanguelis se sienta.

Vanguelis

No sé. Primero se ha ido Irene, luego tú y después yo. Tú sí que no has comido. Pensaba que estarías con ella. Estabais hablando y de pronto se ha marchado.

Javier

¿Y Christos?

Vanguelis

¡Ah sí!, se ha ido después que tú. Ya puedes suponer dónde.

Javier

¿Y Aleka?, también se debe de haber ido, ¿no?

(Niko va colocando y ordenando las pieles en la mesa baja y grande que hay en la sala.)

Vanguelis

¿Aleka?, no sé, ahora que lo dices, no sé si se ha quedado o se ha ido también.

Javier

Pobre Aleka, siempre pasa desapercibida, nunca sabes si está o no está.

Niko se dispone a preparar café.

Niko

Queréis café, ¿verdad?

Vanguelis

Sí, por favor.

Javier

Vanguelis, haz el favor de decirle a Niko que me cuente su vida, parece que casi sea un secreto. Necesito que me aconseje.

Vanguelis

Pides algo imposible.

Niko se ríe flojito.

Vanguelis

¿Para qué quieres un consejo?

Javier

Siempre son necesarios, ¿no?

Por cierto Vanguelis, hablando de vidas no contadas, me paso el día contigo, arriba y abajo. Hemos recorrido juntos miles de kilómetros por estas carreteras y calles, y tú además seguro que un millón de veces con todos los otros clientes que tenéis. Y casi tampoco sé nada de ti.

Vanguelis

No hay nada que saber. Preguntas tonterías, Javier, pides consejos, y los consejos se dan y nadie nunca los sigue.

Es perder el tiempo pedirlos, darlos y escucharlos.

Javier

Yo creo que sí hay algo que saber, lo que sucede es que no quieres o no sabes contarlo.

¿Soy indiscreto si te pregunto por Anna, la cocinera del “Natalie”?, estás enamorado de ella, ¿no?

Vanguelis

Las dos cosas, eres indiscreto y sí, es verdad, lo estoy desde hace años, pero eso no forma parte de las cosas importantes. ¿Entiendes lo que quiero decir?

Javier

Claro que lo entiendo, hace poco yo he dicho lo mismo. ¿Ella está enamorada de ti?

Vanguelis

Si quieres saber si nos acostamos, si somos amantes, pues sí, lo somos.

Javier

Yo no te he preguntado eso.

Vanguelis

¿Qué diferencia hay?

Javier

Dímelo tú que eres el que se acuesta con ella. Yo no lo puedo saber.

Se produce un silencio mientras todos comen, beben vino o toman café.

Vanguelis (Dulcemente)

¿Con qué derecho me preguntas esas cosas?

Javier

Perdona, creí que los años que nos conocemos, que llevamos juntos haciendo negocios me otorgaban ese derecho. ¿Recuerdas que fuimos el segundo cliente que conseguisteis?

Vanguelis

Pues ya ves que no, no tienes ese derecho. Aquí sólo hacemos negocios, compramos y vendemos pieles, nada más.

Javier

Ya veo que no. Ya veo que me meto donde no me llaman.

Niko

Javier, estás bebiendo mucho vino y has comido poco.

Javier

¿Os he ofendido? ¿He hecho alguna pregunta inconveniente?

Vanguelis y Niko se mantienen en silencio mientras siguen comiendo y tomando su café. Javier se ha levantado y se ha vuelto a sentar.

Javier

Parezco un extraño, un auténtico forastero. Y ya son muchos los años que me tenéis como huésped. En cambio…, no lo parece. Creo ser un desconocido para vosotros.

Vanguelis

Tú lo has dicho, te metes donde no te llaman.

¿Tú sabes que hay una guerra al otro lado de la frontera?

Javier

¿Qué me quieres decir con eso?, ¡claro que lo sé!

Niko

Pues eso es lo importante. Mis dos hijos están ahora en Bosnia, haciendo lo que deben hacer dos buenos cristianos. Y tú no eres nada más que un inseguro español, que tontea con una griega tonta.

Además, tú tampoco quieres hablar de ella. Ni de Irene ni de Aleka, no quieres hablar de ninguna de ellas y nos preguntas a nosotros cosas sin ninguna clase de derecho.

Vanguelis

Ve a buscarla. ¿No querías un consejo?, ya lo tienes, es ése, ve, te está esperando. Es un buen consejo, te lo aseguro. Conozco a Irene y te quiere. Ha venido desde Suiza a por ti. Aunque hace un año que rompisteis ha venido a buscarte. No seas orgulloso, te repito que vayas a buscarla, te quiere y te quiere mucho.

Javier

¿Qué debería hacer para no ser un español inseguro?

Vanguelis

¿Lo preguntas de verdad?

Javier

Sí.

Vanguelis

Ir en busca de Irene y dejar de hacer preguntas.

Javier

Y algo más supongo.
.
Niko

Y ser un buen cristiano.

Javier

¿Qué?

Vanguelis

No le hagas caso, está loco.

Niko (Levantando la voz)

¡Yo no estoy loco!

Javier (Triste)

Creo que lo estáis los dos.

Vanguelis

Todos lo estamos, esta guerra nos está volviendo locos a todos.

Niko

Terminaremos locos si no la ganamos. Y la culpa será, una vez más, de los americanos. Ahora resulta que quieren defender a los musulmanes.

Javier

Todas las guerras lo hacen, todas te vuelven loco.

Vanguelis

Todas no, ésta sí.

Javier

¿Por qué ésta sí?

Vanguelis

Ya lo sabrás, al final todo se sabe. Están pasando cosas muy feas.

Niko

Siempre estás contando mentiras de nuestros soldados.

Javier

¿A qué juegas, Vanguelis? ¿Al juego de la guerra?

Vanguelis

Doy dinero, nada más.

Niko

Los ricos ponéis el dinero y los pobres ponemos los hijos.

Javier

¿Todavía lo haces?

Vanguelis

Ya no puedo decir que no. Si dejara de pagar quizás me matarían

Niko

Mis hijos se juegan la vida. Si ganamos, nadie te matará Vanguelis, no tengas miedo, solamente hay que ganar, nada más. Tiene que ser fácil ganar a esos turcos.

Vanguelis

Pero… ¿Qué sabes tú de tus hijos? Me sacas de quicio, Niko.

¡Si hace casi veinte años que no los ves! Cuando tu mujer te dejó se los llevó con ella a (…)

Niko

Cállate.

Vanguelis

Lo que sabes es lo que te cuenta tu hermana y ella te cuenta lo que le da la gana. Ella ha sido la que realmente los ha criado, ni tú, ni tu mujer.

¿Crees que tus hijos son soldados? ¿Sabes qué son? Gángsteres, criminales, eso es lo que son, pura mafia.

Niko

Cállate, no insultes a un cristiano.

Vanguelis

¿Cristiano? ¿Quién es cristiano?, ¿tus hijos?

Y me callaré cuando yo quiera, no cuando tú lo digas.

Javier

Callaos los dos, por favor.

Vanguelis

Además, esta guerra no la ganaremos, no la ganará Serbia, no te hagas ilusiones Niko.

Niko

Cállate te digo. ¿Cuántos años hace que no duermes con tu mujer?

Vanguelis

Los que me da la gana. Al menos yo me acuesto con alguien.

Javier

Sería mejor que nos callásemos todos.

Niko

¿Una puta como Anna es alguien?

Javier

¡Niko, cállate! ¿Y tú me decías que había bebido demasiado?

Niko

¿Y tu mujer con quién se acuesta, Vanguelis?

Javier

Niko, ¡por Dios!, haz el favor.

Vanguelis

¿Crees que me ofendes?

¿Con quién se acuesta? Con los que ella quiere.

¿Quién soy yo para decirle a mi esposa a quién debe meter en su cama?

(Suelta una carcajada)

Si tú quieres ir Niko, ve, inténtalo, uno más ella no lo notará.

Niko (Rabioso)

Eres un hipócrita y un mentiroso, ¿lo sabes, Vanguelis?, ¿sabes que lo eres?

Vanguelis

Lo necesario para sobrevivir, pero no más que tú.

Niko (Encolerizado)

¡Yo no miento!

Vanguelis

Pero te mienten los otros que es mucho peor…

y además eres un cobarde, nunca tuviste la valentía de ir a ver a tus hijos. Allí los dejaste.

Niko (Sorprendido)

¡Ella se los llevó! ¿Qué podía hacer yo?

Vanguelis

¡Ir!, ¡demonios, ir! Y robárselos, secuestrarlos si hacía falta.

Verlos. ¡Matarla! Besarlos, abrazarlos ¡algo!

¡Pegarte un tiro en la cabeza! Cualquier cosa, no quedarte aquí escondido, barriendo durante años el suelo que pisamos.

Niko

A vosotros os ha ido bien tenerme y pagarme una miseria.

Vanguelis

A los esclavos hay que tratarlos como lo que son.

El ascensor hace el ruido característico de que alguien lo está utilizando.

Todos se callan. Para en la planta donde ellos están, se abre la puerta.

Y aparece Aleka sonriente.

Aleka

¡Hola! ¿Queda café?

Los tres la miran sorprendidos mientras las luces se apagan.

lunes, 20 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena segunda ( 1 de 2)

14 Febrero 2008

EL DINERO Y EL CAFÉ ESPESO

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena segunda (1 de 2)



En la sala solamente se halla Niko, sentado en una silla de madera al lado del tablero para hacer paquetes. Se está comiendo un bocadillo y algo de una fiambrera mientras ojea un libro.

Del ascensor sale Javier.

Javier

¿Has visto a Irene, NIko?

Niko

¿No estaba con vosotros?

Javier

Estaba, hasta que se ha ido.

Niko (Burlón)

¿La buscas?, ¿o huyes de ella?

Javier (Sonriendo)

¿A ti que te parece?

Niko

Que no lo sabes.

Javier

No eres griego, ¿verdad Niko?

Niko

Aquí seguro que no la vas a encontrar. Me parece que no la buscas.

Javier

Sí, yo creo que tampoco la busco.

Niko

Pues haces mal. ¿Quieres café?

Javier

No, ahora no. ¿Por qué crees que hago mal?

Niko (Paternal)

Porque Irene es una magnífica muchacha, y…

Javier (Irónico)

Sí, lo es.

Niko (Desentendiéndose)

Eso es lo que dicen todos.

Javier (Seguro)

Lo es, lo es, de verdad, es una buena muchacha.

Niko (Fatalista)

Pero no la quieres.

Javier (Cansado)

No he venido aquí para hablar contigo de Irene. Dime. No eres griego, ¿verdad, Niko?

Niko (Resignado)

Como tú quieras. Pero yo creo que deberías ir a buscar a Irene. Ya debes saber dónde está.

Te advierto que encontrarás pocas mujeres como ella.

Javier (Irónico)

Tienes razón, las hay mucho mejores.

Niko (Desentendiéndose simpáticamente)

Bueno, bueno, es asunto tuyo.

Javier (Sonriendo)

Eso es.

Niko

Es verdad, no soy griego, soy macedonio. Nací en (…). Allí tengo a mi familia, mi madre, mis hermanos, tíos, todos viven allí.

Javier (Interesado)

¿Les afecta la guerra?

Niko

Gracias a Dios no, (se santigua a la manera ortodoxa). No demasiado, no en un sentido militar. En Macedonia ha habido pocos disparos.

Javier

Debes llevar muchos años en Grecia, ¿Cuántos años?

Niko

Bastantes, ¿Quieres vino?

Javier

Sí, dame un poco.

(Niko le sirve un vaso de vino y se mantiene en silencio, se mira a Javier, mientras sigue comiendo su bocadillo)

(Javier también se queda en silencio, mirando su vaso de vino sin beberlo)

Niko

¿Qué?, ¿me has preguntado algo?

Javier

No, no te he preguntado nada.

Niko

¡Ah!

Javier

La frontera no la han llegado a cerrar, ¿verdad?

Niko (Irónico)

¿Quieres ir a la guerra?

Javier

Claro que no. Sólo quería saber si…

Niko (Interrumpiéndole)

¿De qué bando estás? Y no me digas que de ninguno. (Con una gran sonrisa)

Javier (Grave)

Tú de Serbia, ¿me equivoco?

Niko

No te equivocas.

Javier

Vanguelis me ha contado que hablas muchos idiomas. ¿Cuántos hablas?

Niko

Hablo doce, pero hay algunos idiomas eslavos que se parecen mucho. Sabiendo dos, casi sabes todos los demás. El que habla demasiado es Vanguelis aunque hable menos idiomas que yo.

Javier (Sorprendido)

¿Qué quieres decir con eso de que Vanguelis habla demasiado?

Niko

Que muchas veces estaría mejor callado.

Javier (Sigue sorprendido)

¿Por qué dices eso?

Niko (Arrepentido)

Cuando se tiene una guerra cerca es mejor hablar poco, pero déjalo correr, cosas mías.

Javier (Pensativo)

Doce idiomas, doce tribus, doce meses, doce horas, doce dedos, doce ojos. De todo hay doce.

Niko (Molesto)

Y tú pareces doce veces tonto.

Javier

¡Claro que lo soy!, por eso necesito que me aconsejes, por eso estoy hablando ahora contigo.

Niko (Picado)

¿No te estarás burlando de mí, verdad? El consejo ya te lo he dado. Ve a buscarla. Irene espera que lo hagas.

Javier (Conciliador)

¿De dónde sacas que me burlo? Además no es esta clase de consejos lo que necesito.

Niko (Disgustado)

No sé, eso de que de todo hay doce es una tontería. No me gustan los chistes que no entiendo.

Javier (Conciliador)

Así no se dan los consejos.

Niko (Nervioso)

¿Y cómo se dan? Yo jamás he dado consejos. Nunca nadie me los ha pedido.

Javier (Apaciguando a Niko)

Hablando, contándome tu vida. Y dejando a Irene en paz. Ella no forma parte de las cosas importantes.

Niko (Más tranquilo)

Claro que no forma parte de las cosas importantes, eso ya lo sé, por eso te digo que vayas a buscarla, no cuesta nada, es fácil. Me parece que ése si es buen consejo.

Javier (Lógico)

Por el mismo motivo tampoco es necesario lo contrario, no es necesario que la vaya a buscar. No hacerlo todavía es más fácil Niko, y menos complicado. Si fuera aún se pensaría ella que sí es importante.

Niko (Curioso)

Pero, ¿qué te sucede?, ¿qué necesitas?, ¿de qué clase de consejos hablas?

Javier

Sospecho que estoy llegando a un final de etapa, y me temo que deberé pasarme un tiempo largo, solo.

Soy rápido en las contrarrelojes, pero lento subiendo montañas. Necesito ayuda y tal vez tú puedas dármela.


Niko

¿Temes a la soledad?

Javier

No exactamente. Sé que tiene un valor y que encierra una verdad, y…

Niko

Y te demanda un precio muy alto.

Javier

Todo lo bueno es caro.

Niko

Tonterías, el dolor es caro.

Javier

Quizás no deba preocuparme, quizás deba callarme.

Niko (Comprensivo)

Tal vez tengas razón, quizás debas callarte. Siempre es mejor callar que hablar.

Javier (Insatisfecho)

¿Siempre?

Niko

Cuanto menos hables mucho mejor.

Javier

¿Así es?

Niko (Sorprendido y encarándose con Javier)

En cambio, tú ahora quieres que empiece hablar y te cuente mi vida.


Javier
(Irónico y sonriente)

Sí.

Niko

Estás un poco desconcertado. ¿No quieres que te hable de Aleka?

Javier

¿Para qué?, en todo caso háblame de Alexis, su marido.

Tú eres el único al que puedo preguntar.

Niko

¡Si sabes tú más que yo!, ¿no erais amigos?, ¿no lo visitabas en Atenas?

Yo no sé nada desde que se fue, pero dinero sí sé que llega para su hijo Giorgios, el muchacho me lo cuenta. Ahora Alexis está en Nueva York.

Javier

Sí que lo visitaba, éramos y somos amigos, pero lleva un año en Nueva York y últimamente nos escribimos poco, él ya tiene bastante con sus libros. ¿Cuántos años hace ya de eso?, ¿cinco?

Niko

¿Qué se fue? Más o menos, sí cinco años. ¿Aún vive con aquella niña?

Javier (Con cara de estar mintiendo)

No sé.

Niko

Entonces, ¿qué demonios te cuenta?

Javier

Ya te digo que ahora poco.

Niko

A su hijo le gustará aquello.

Javier (Sorprendido)

¿Qué quieres decir?, ¿su hijo se irá a vivir con él?

Niko

Eso dice el muchacho.

Javier

¿Aleka lo sabe?

Niko

Supongo. El año que viene será ya mayor de edad.

Javier

Pobre Aleka.

Niko

¿Por qué pobre?

Javier

Se quedará sola también.

Niko

Ya que lo quieres saber, eso no es tan malo, yo llevo casi toda mi vida solo y sigo vivo. Además…, ya que hablamos de ella, Aleka no está sola del todo.

Javier

¿Que no está sola, dices?

¡Ya!

Me parece que sabes mucho.

Niko (Haciéndose el inocente)

Lo que me cuenta su hijo, nada más que lo que él me cuenta.

Javier

Tú también tienes hijos, ¿no?

Niko (Nervioso)

Dos muchachos.

Javier

¿A qué se dedican?

Niko

Están en la guerra, aunque no combaten.

Javier (Intrigado)

¿No?, qué suerte. ¿Qué hacen entonces?

Niko

Cosas.

Javier

¿Qué clase de cosas? Cosas que ni siquiera tú conoces, ¿no? Con los serbios, ¿no?

Niko

Conozco algunas y las otras las sospecho. Quizás es mejor que no las sepa. Son cosas necesarias para ganar una guerra.

Javier

¿Con Serbia?

Niko
(Orgulloso)

¡Claro!, con Serbia, ¿con quién si no?

Están en el ejército serbio de Bosnia, a las órdenes de Ratko Madlic intentando liberarla de turcos.

Tu padre también hizo una guerra, la española, ¿en el 36?

Javier (Algo confundido)

¿Eh?, sí, del 36 al 39 y en el bando perdedor, aunque sólo estuvo 18 meses, año y medio. Más o menos como Dimitris. ¿Y tú?

Niko

Pues no se nota.

Javier

¿El qué?

Niko

Que estuvieran en el bando perdedor.

Javier

No sabía que fueras envidioso.

Niko (Ofendido)

No lo soy, ¿qué te hace suponer que lo sea?

Javier

Claro, claro, no lo eres. Dime, ¿hiciste tú alguna guerra?

Niko

En aquella época era un niño.

Javier

No lo eras, muy joven sí, pero no un niño. ¿Fuiste un partisano a las órdenes de Tito, o un chetnik monárquico?

Niko

¿Por qué quieres saber tanto?, me estás poniendo nervioso.

Javier

Necesito tu consejo, ya te lo he dicho. En aquella época, en 1944 deberías tener 13 ó 14 años, ¿no?

Niko (Irritado)

Pues pregunta directamente. ¿Qué quieres saber? ¿Qué te puedo decir yo?, ¿a cuántos ustachi croatas maté?, ¿eso quieres saber?

¿No me ves? (Abriendo los brazos)

Me pagan cuatro dracmas, por barrer, hacer paquetes, recados y cafés, y vivo en apenas unos metros cuadrados, donde casi no cabe mi cama. ¿Qué tontería de consejo puedo darte yo? ¿El de un hombre que no necesita ser rico, como dice tu padre?

Javier

Claro, ese es el consejo que yo quiero. Si no, se lo hubiera pedido a Dimitris.

Niko

¡Además quieren que sonría y que sea amable! ¿Qué demonios puedo decirte yo?

Javier

No lo sé, ¿qué me puedes decir? Di lo que sea.

Niko (Enfadado)

¿Y tu padre?, ¿no sabe darte consejos?

Javier

Claro que sabe, pero a veces es mejor que te los dé alguien más ajeno.

(Murmurando para sí y en voz alta) Aunque bien pensado me los debería dar él. Quizás deba darme prisa, quizás ya no quede tiempo. Quizás sea tarde ya.

Niko

¿Qué murmuras?, ¿es tarde para qué?

En aquel momento entra Vanguelis cargado con las pieles, los 12 “bodys” de manos de visón apalabrados por teléfono. Resopla. Cuando Niko y Javier lo ven acuden para ayudarle.

viernes, 17 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena primera (y 2)

12 Febrero 2008

EL DINERO Y EL CAFÉ ESPESO

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena primera (y 2)


Javier (A Irene y algo rígido)

¿Cómo estás?

Javier se acerca a Irene para besarla cuando Aleka se lanza al cuello de Javier y le besa fuerte en la mejilla. Javier medio se sorprende y se asusta porque no se la esperaba.

Aleka (A Javier)

No te asustes que mis besos no duelen. Le da un par de besos sonoros.

(A Irene) Perdona, es todo tuyo.

Pedro

¿Y yo? ¿A mí no me besa nadie?

Irene y Javier se consiguen besar sin mucho entusiasmo, y Javier repite la pregunta:

Javier (A Irene)

¿Cómo estás?

Irene se dirige a Pedro.

Irene (Mientras besa con mucho cariño a Pedro)

(A Javier) Bien, estoy bien.

¿Cómo estás, Pedro? (Saludando con sincera dulzura a Pedro)

Pedro

Estoy bien, gracias. Y tú cada día más guapa

Aleka se acerca a Pedro.

Aleka

(Besando efusivamente a Pedro) Esta usted más guapo que su hijo.

Javier (A Irene)

¿Y Suiza?, ¿qué tal?, ¿bien?

Pedro

¡Claro!, eso ya lo sé, ¡mucho más guapo! Pues tú tampoco estás mal, Aleka. (La mira de arriba abajo)

Irene (A Javier y sonriéndole sincera)

Bien, muy bien, pero demasiado fría.

Aleka acaricia a Pedro en el rostro y le guiña un ojo mientras se sienta cerca de Javier. Irene ha ido besando fríamente a todos los demás, y se queda en pie.

Javier (A Irene)

El queso sigue siendo bueno, ¿no?

Christos

¿Queréis café?

Irene (A Javier)

¿Qué queso?

Javier (A Irene)

El suizo

A Aleka se le escapa una carcajada y a Irene se le escapa media risa

Irene (A nadie)

No tiene gracia. (Sonriendo)

Vanguelis murmura por teléfono, peleándose y regateando.

Christos

¿Queréis café o no?

Aleka

Sí, yo quiero uno. (Mirando extrañada a Vanguelis) ¿Con quién habla?

Irene

No, yo no, el café griego es lo más apestoso que he tomado nunca.(Mirada rápida a Javier)

Dimitris

¡Pedro!

Pedro

¿Qué?

Dimitris

¿Mandarás el dinero?

Javier (A Irene)

¿Ya no te gusta el café? Antes tomabas.

Pedro (A Dimitris)

Diez mil dólares no, pero cinco mil cuenta con ellos.

Irene (Mirando con interés a Javier)

Ya sabes que no, solamente me gusta el italiano, “l’espresso”. ¿Te has olvidado de eso?

Dimitris

Envía al menos nueve mil, pero antes de final de mes ¿eh?

Aleka

Pues a mí me gusta todo el café, me da igual de dónde sea. ¿En España hay buen café?

Solapándose las respuestas…

Christos

Javier

¡No!

… al hablar Christos y Javier al mismo tiempo.

Aleka (Riéndose de ellos)

¿Sí o no?

Dimitris

¡No!, el café español es muy malo, ¡lo hacen incluso mejor en Alemania!

Niko

O en Rusia.

Aleka

¿Ah sí?, ¿en Rusia hacen buen café? El de Colombia debe de ser bueno, ¿no? Hay un equipo ciclista que tiene nombre de café, ¿verdad?

Christos (A Aleka)

¿Y tú eso cómo lo sabes?

Aleka

A mi hijo le gusta el ciclismo, este verano tuve que tragarme ¡tooodo! el “Tour de Francia” entero. Que tontería, subir montañas en bicicleta. Los hombres estáis locos.

Christos

También hay mujeres ciclistas.

Aleka

Sí, claro, pero seguro que no suben montañas, las mujeres no somos tan tontas.

Javier

Tener buenos tomates no quiere decir que los frías bien, mira a los italianos.

Aleka (Mirando a Javier)

¿Qué?

Javier

Que tener buenos tomates no quiere decir que los frías bien.

Aleka

¿Fríen mal los tomates en Colombia?

Irene (Sonriente y simpática)

No tonta. Quiere decir que sin tener cafetales hacen buen café.

Aleka

¿Los colombianos no tienen cafetales?

Irene

¡Los que no tienen café son los italianos!

Aleka

¿Ah, no?

Vanguelis sigue llamando por teléfono y regateando para conseguir las “manos de visón” a 350 dólares. Parece que lo consigue.

Vanguelis (Insistiendo)

Te lo pido como un favor personal, es algo que necesitamos, nunca te pido favores.

Javier (a Christos, con una sonrisa irónica)

Eso del favor nunca falla.

Christos (a Javier)

Sí, esa es una buena táctica. Pero ahora él dirá que no es una casa de caridad

Vanguelis

Ya sé que no te dedicas a las obras de caridad, yo no te pido ninguna limosna, te pido una rebaja.

Christos (a Javier, medio riéndose)

¿Ves?

Vanguelis

Siempre te llevo los mejores clientes, no te puedes quejar.

Javier (a Christos)

Eso que le ha dicho es una amenaza velada.

Pedro (A Vanguelis)

Dígale 300, ni un dólar más.

Javier

¡Papá!, no te pases.

Vanguelis (A Javier y tapando el auricular del teléfono con una mano)

Ha ido a consultarlo con su esposa.

Javier

Mala señal.

Vanguelis

Sí.

(Hablándole de mala manera) ¡Niko!, haz el favor, tengo el café frío, tráeme otro.

Niko

¡Voy! (Casi gritando)

Aleka

Pero ¿hacen buen café o no en Colombia?

Javier

Mi argumento era a la inversa, Aleka.

Irene (A Javier, amable)

Ya veo que no has cambiado. ¿Eso lo haces a propósito?

Pedro

¡300, ni un dólar más!

Javier

¿El qué?

Irene

Hablar así, al revés, para que nadie te entienda

Javier (Javier se ha levantado y se ha acercado a Irene)

Tú me has entendido, ¿no? Siempre lo has hecho.

Christos bosteza y empieza deslizarse silla abajo.

Irene

Al final aprendí el truco. (Acercándose a las ventanas)

Javier

Que yo recuerde te gustaba y te divertías, era un acertijo. Tú misma me lo pedías. ¿No lo recuerdas?

Aparece Caterina, la secretaria, con unos papeles, y Niko con más café.

Christos se despierta de golpe, se endereza, se ajusta la corbata, se alisa el bigote y carraspea.

Irene

Sí que lo recuerdo, y…

Irene, recostada en uno de los ventanales, cuando iba a terminar de responder a Javier, se calla. Mira a la secretaria y a su primo, atenta y con cara seria. Javier se gira y también mira.

Caterina le pone a Christos unos papeles encima de la mesa y le dice algo muy bajito para que nadie la pueda oír.

Javier (A Irene)

Termina lo que ibas a decir Irene.

Aleka mira muy atenta y seria a Irene y a Javier, Irene, con el rostro entristecido, mira la calle a través de las ventanas y Javier mira con ternura a Irene.

Aleka (A los dos, entrometiéndose, a Irene y Javier)

¿De qué habláis?

Dimitris (Mirando a su hijo Christos y a la secretaria y apremiándolos con un gesto)

¿Qué te ha traído?

Irene (Respondiendo a Javier)

Nada.

Christos (A Dimitris, su padre)

Son los albaranes.

(La secretaria Caterina se va rápido y disimuladamente)

Pedro

300 dólares, ni uno más.

Javier (A Irene)

¿Nada?

Vanguelis

De acuerdo, perfecto, muchas gracias.

Vanguelis cuelga el teléfono y se produce un silencio. Todos callan y le miran.

Vanguelis (Resoplando y sonriendo, con cara de haber salido victorioso)

¡¡325!!, no he podido conseguir menos.

Javier

¡Bravo!

Aleka

¿Queda más café?

Dimitris

Diez mil dólares antes de final de mes.

Irene (Hablando sola y mirándolos a todos)

Nada.

Javier (A Dimitris)

Ha dicho usted ocho mil.

Dimitris (A Javier)

He dicho nueve mil, no trates de engañarme

Pedro

300 dólares, ni uno más.

Los demás mirando a Pedro y casi al unísono.

¿Qué?

Pedro (Mirándolos a todos)

¿He dicho algo que no debía?

Javier (A Irene)

¿Has dicho algo?

Irene (Respondiendo a Javier con una sonrisa dulce y tierna)

No, no he dicho nada.

Vanguelis (Enfadado)

¡Niko! ¿Y mi café?

Niko
(Con dulzura)

Es la una del mediodía, y ya es hora del almuerzo. ¿Por qué no se van a comer?

Pedro

Eso, buena idea. ¡Vamos todos a comer!

Dimitris (A Pedro y señalándolo con el dedo)

Pagas tú.

Pedro (A Dimitris y señalándolo con el dedo)

¡¡Ni pensarlo!!


SE APAGAN LAS LUCES

FIN DE LA PRIMERA ESCENA

jueves, 16 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena primera (1 de 2)

11 Febrero 2008

EL DINERO Y EL CAFE ESPESO

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Todos los personajes y las situaciones narradas son pura ficción.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Escena primera (1 de 2)




La sala es polivalente. En uno de los extremos hay una mesa o tarima baja, de 20 centímetros de altura y de 2x2.50 metros de superficie.

En un rincón una mesa tablero para hacer paquetes, a su lado cajas de cartón plegadas, tela de saco, arpillera, para envolverlas, cuerdas y agujas saqueras para coser la tela.

Hay también tres mesas de despacho repartidas, cerca de las paredes, con sus sillas correspondientes y con algunos armarios y archivadores detrás de ellas. Teléfonos y más objetos de escritorio.

En el centro una estufa. Una de esas de hierro colado y chimenea. Es una estufa que quema madera, carbón, periódicos y cualquier cosa que le eches. Puede con todo y su calor es abundante y llega a todos los rincones.

Son muebles de oficina moderna, anodinos. Las paredes blancas, con un poco de suciedad, no mucha.

La sala es una planta rectangular alargada. En los lados cortos, a derecha e izquierda del espectador, hay unos grandes ventanales. Uno de ellos da a la calle y el otro al patio trasero.

Estamos en la tercera planta de un edificio que tiene cinco. También hay un ascensor monta cargas, pero no garaje.

En las paredes no hay ni un cuadro ni ninguna fotografía, sólo un calendario turístico de Grecia y de la Olimpic Airways , y un cartel de la Feria de Peletería de Frankfurt con una muchacha desfilando por una pasarela.




Los personajes:

Dimitris, 66 años, es el padre de Christos.

Christos, 36 años, hijo de Dimitris.

Vanguelis, 58 años, es socio de Dimitris.

Niko, 62 años, es un empleado.

Aleka, 45 años, es también hija de Dimitris y hermana de Christos.

Irene, 28 años, es sobrina de Dimitris y prima de Aleka y de Christos.

Pedro, 77 años, es el padre de Javier.

Javier, 40 años, hijo de Pedro,

Caterina, 20 años, es la secretaria.





(Afuera está nublado, hace frío y ha llovido mucho. Pronto nevará).


(La sala está muy iluminada. La estufa encendida. En un rincón vemos a Niko, vestido con su bata gris, haciendo café en una cazuelita y un pequeño fogón a gas que hay en la mesa tablero).

(Se abre el ascensor y van saliendo, Christos, Javier, Vanguelis, Dimitris y Pedro).

Christos (Dirigiéndose a Javier)

Los griegos parecemos americanos.

Javier

¿Por qué lo dices?

Se van repartiendo en las mesas. En una Dimitri y Pedro, en la del centro Vanguelis solo, y en la tercera Christos y Javier.

Christos

Porque cuando tenemos dinero nos sobra espacio. Construimos casas demasiado grandes. Ésta (señalando la sala en la que se encuentran con un movimiento de brazos) es un buen ejemplo de ello.

Javier

Pero allí les sobra espacio aunque no tengan dinero

Christos

Precisamente, eso es lo malo.

Javier

¿Qué sea un país enorme?

Christos (Irónico)

No, lo malo es que Grecia es pequeña.

Dimitris

Te sobra espacio cuando te sobra dinero.

Vanguelis (Casi riendo)

Cuando te sobra dinero, te sobra de todo.

Dimitris (Irónico)

No se puede comer más de tres veces al día. ¿Para que quieres ser rico?

Pedro

¿Para qué quieres ser rico?, o ¿para qué quieres ser más rico de lo que ya eres, Dimitris?

Javier

Parecéis filósofos griegos.

Dimitris (Levantando tres dedos)

¡Tengo tres hijos!

Christos

Y seis nietos.

Vanguelis

Y un yerno y dos nueras.

Dimitris

¡Y varios cuñados!

Javier

Y siempre se os olvida construir el garaje subterráneo

Christos (Irónico)

Sí, es verdad, es algo que nunca he entendido, debe ser un defecto cultural, siempre se nos olvida. ¿Por qué?

Javier

No le pidas a un filósofo que construya garajes.

Todos ríen.

Niko, con su característica parsimonia, lleva una bandeja con seis cafés y seis vasos de agua que va repartiendo por las mesas. El sexto café es para él.

Dimitris

Los planos los supervisaste tú, Christos, ¿recuerdas?

Christos

Sí, pero el dinero lo ponías tú, papá, mejor dicho, tú y Vanguelis y no queríais gastar. Queríais un edificio barato. Esto es un edificio barato. (Señalando el recinto con otro amplio movimiento de sus brazos)

Javier

Sin garaje.

Christos

Y sin calefacción

Dimitris

El dinero lo poníamos yo y Vanguelis porque era ¡nuestro dinero!, ¿verdad Vanguelis? A ti te lo íbamos a dejar..., hubieras terminado con poner piscina y sauna.

Pedro (Bromista)

¡Buena idea! Con masajistas femeninas, ¿no?

Dimitris

Ya se te ha hecho tarde para eso, Pedro.

Pedro

Y tú que sabes.

Niko ha terminado de distribuir los cafés por las mesas.

Christos (Dirigiéndose a Niko)

Niko es el único que no necesita ser rico, ¿verdad Niko?

Niko (Sonriendo afable)

¡Claro! ¿Quién haría entonces los paquetes y los cafés?, ¿Quién barrería?

Pedro

(En un mal inglés) ¡You are rich Niko, because you d’ont need anything!

(A Dimitris) ¿Saldrán todos los paquetes la próxima semana?

Christos (A Pedro)

No se preocupe, todo estará listo el próximo jueves.

Todos toman el café sorbiéndolo y haciendo mucho ruido.

Javier (A Christos y procurando que los demás no le oigan)

¿Vendrá Irene a comer?

Christos (A Javier)

No sé. Aleka seguro que viene, Irene no sé.

Dimitris (A Pedro y con cara seria)

Debes enviarnos algo de dinero, la cuenta sube ya demasiado.

Javier (A Christos)

Porque está aquí ahora, ¿no?, en Kastoriá.

Christos (A Javier)

Sí llegó anteayer de Lausanne. No se por qué ha venido. ¿Ha venido por ti?

Pedro (A Dimitris, entristecido)

Ya sabes cómo han sido las ventas de este año; peor imposible. No te preocupes, enseguida te mando algo.

Javier (A Christos)

No sé, no tengo ni idea, espero que no.

Christos (A Javier)

¿No habíais roto?

Javier iba a responder a Christos

Dimitris (Mirando a Javier)

No, algo no, este mes debéis mandar al menos diez mil dólares.

Javier (Despistado)

¿Qué?

Dimitris (Mirando a Javier)

Digo, que nos tenéis que mandar al menos diez mil dólares.

Javier (A Dimitris)

Sí, sí, claro.

(A Christos)

¡Claro que hemos roto!, ya hace un año.

Pedro (Con cara de enfadado y gesticulando como un italiano dirigiéndose a Dimitris)

¿Por qué me hablas a mí y miras a mi hijo?

Dimitris (También pone cara de enfadado)

Porque él me hace caso y tú no. Recuerda (mirando otra vez a Javier y levantando el dedo índice de la mano derecha), diez mil dólares.

Javier (Esta vez atento)

“Endaxi”. Pero con una condición. (Mirando a Vanguelis) Consíguenos esas “manos de visón” que hemos dado por perdidas, consíguelas a 350 dólares, 12 “bodys”.

Vanguelis

¿Eh? ¿350? ¿Tan solo?, ¿nada más? Dirá que no, ¡imposible!

Javier

Tú prueba. (Sonriendo) Inténtalo. Dile eso de que los griegos y los españoles somos hermanos.

A Christos se le escapa una carcajada.

Vanguelis

Si le digo eso me cuelga.

Vanguelis marca el número y llama.

En aquel momento entran Aleka, hija de Dimitris y hermana de Christos, acompañada de una de sus primas, Irene.

Las dos: ¡Kalimera!

Javier y Pedro se levantan para saludarlas, los demás permanecen sentados.