jueves, 23 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena tercera ( y 2)

19 Febrero 2008

EL DINERO Y EL CAFÉ ESPESO

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena tercera (y 2)



Aleka

Respóndeme.

Javier

No se puede responder a eso, pero te equivocas, eso no es nada importante. Para mí no lo es.

Lo importante es otra cosa.

¿Por qué es importante para ti?

Aleka

¿A qué otra cosa te refieres?

Javier

¿Por qué lo es para ti?

Aleka

Porque gracias a ella, a Irene, a ese trapo sucio y sin lavar, a esta niña hermosa y sucia, puedo conseguir un trabajo en Suiza, no es gran cosa, pero para mí es más que suficiente. Mira por dónde, este saco de basura del que estás enamorado me puede solucionar media vida. Y quizás la vida entera.

Gracias a ella podré ser al fin una mujer independiente de verdad.

Y ella aún te quiere.

Pero dime, ¿a qué otra cosa te refieres?

Javier

Eso es una magnífica noticia, acepta su ayuda, acepta el trabajo, di que sí, no dudes, vete a Suiza. ¿Dónde, en Lausanne?

Aleka

No, en Zürich, ya sabes que hablo bien alemán, es una empresa que necesita alguien que hable griego y alemán, son amigos de Irene.

Pero ella aún te quiere, ¿no me has oído?

Javier

Lo dudo

Aleka

¿Por qué lo dudas?

Javier

No quiero hablar de ello ahora.

Aleka

Ella me lo ha dicho, me ha dicho que sí, que te quiere

Javier

Se hace la víctima, nada más, quiere provocar lástima.

Aleka

¿La víctima de qué?

Javier

De cualquier cosa. Mejor pregúntaselo tú, yo no tengo ganas.

Aleka

Ya lo he hecho.

Javier

¿Y qué te ha respondido?

Aleka

Que no has comprendido su alma, y que tú no le has abierto la tuya. Eso me ha dicho.

Javier

¡Por favor Aleka, no me hagas reír!

Aleka

Sí, la verdad, yo también estuve a punto de partirme de risa.

Javier (sorprendido)

¿Tú también?, no te creo, ¿seguro?

Aleka

Más o menos.

Javier

Es decir, no. En realidad lloraste con ella.

Aleka

Me dio lástima, pobre muchacha.

Javier

Mientes.

Aleka

Sí, miento, es cierto, no sabía si romperle la cara de una bofetada o aguantarme la risa.

Javier

¿Y saber eso es importante para ti?

Aleka

Sí.

Javier

¡Vaya tontería!

Aleka

¿Por qué eres tan desagradable cuando quieres?, haces daño, ¿sabes?

Saber eso para mí lo es, no lo desprecies de esa manera.

Javier

Ya me dirás por qué lo es, pero lo verdaderamente importante es otra cosa, ya te lo he dicho.

Aleka

¿Qué es eso tan importante?

Javier (Hastiado y dudoso)

¡Lo importante es la deuda que tenemos con tu padre y con Vanguelis! Eso sí que lo es.

Aleka (Sorprendida)

¿De qué demonios me hablas?

Javier

De una deuda que difícilmente podremos pagar.

Aleka

¿Deuda?

Javier

¡Sí!, ¡eso!, ¡dinero!, ¡dólares!, sabes qué son, ¿no?, billetes de banco.

Aleka (Ofendida)

No seas sarcástico otra vez, me ofendes.

Javier

Perdona.

Aleka

Claro que sé lo que significa el dinero, por qué crees que encontró Alexis a una jovencita, una monada de muchachita dispuesta a irse con él, un coñito aniñado, ¿por amor?, ahora sí que me río, claro que no, porque tenía dinero ¡y lo tenía cash! Lo había escondido, ni siquiera yo lo sabía, y era una buena cantidad. Era un buen dinero negro, libre de impuestos, hubiera podido denunciarle pero entonces habría perjudicado a nuestro hijo. Si llego a descubrírselo se lo quito.

Por qué crees también que Giorgios, ése que es mi hijo quiere marcharse con él. Por el dinero. ¿Ama a su padre?, he oído mejores mentiras que esa.

Antes vivíamos bien. Alexis ganaba lo suficiente y ahora solamente me lo da para nuestro hijo Giorgios, exclusivamente para él. Vive mejor mi hijo que yo.

Javier

Deberías alegrarte de que tu hijo viva bien. ¿O quieres entonces que te siga manteniendo tu ex esposo?

Aleka (Riéndose irónica)

Así que vais a arruinar a Dimitris&Vanguelis, cuéntame.

Javier

No hay nada que contar, es una historia triste. Dinero que no se puede pagar, eso es todo. Pedro está viejo

Aleka (Divertida)

Tiene gracia, puestos ya, acuéstate otra vez conmigo, con su hija, así el escarnio será total.

(Riéndose) ¡Déjame embarazada amor mío!

Javier

¡Aleka!, no es para reírse. El problema es grave. No debería contárselo a la hija de Dimitris, precisamente a la hija de la persona a la que le debemos dinero.

¿Ves?, siempre hablo demasiado.

Aleka

Aquella semana también hablaste mucho. Me gustó lo que decías. Me enamoré…

Javier

Deja aquella semana tranquila.

Aleka (Sonrisa tímida)

¿Sabes que estoy enamorada de ti? Por eso también es importante Irene.

Javier

¡Vaya!, ahora me sales tú con eso.

Aleka

¿Te molesta?

Javier (Enfadado, dándole la espalda)

No sé que decirte.

Aleka

¿Lo sabías? ¿Sabes que te quiero?

Javier (Dudando)

Me lo temía…, aunque eso nunca se sabe del todo…,

(Triste) Querida Aleka cualquier buena historia se termina deteriorando cuando aparece el amor. El amor lo estropea todo, aún no has aprendido esa lección tan simple.

Aleka

¿Te lo temías?, ¿tan horrorosa soy?

Javier

Ya sabes a qué me refiero.

Aleka

Sí, lo sé, ya me doy cuenta, ya veo que no ha sido una buena noticia.

Javier

La verdad es que me sabe mal por ti.

Aleka (Ofendida)

No te preocupes por mí.

Javier

Me sabe mal por los dos.

Aleka

Y ¿qué piensas hacer, ahora que lo sabes?, que lo sabes seguro, quiero decir.

Javier (Intentando ser cariñoso)

Aleka, yo no te quiero. Si te quisiera terminaríamos arruinando nuestras vidas.

Aleka

Pero me quisiste, entonces me quisiste, tú mismo lo has dicho hace un par de minutos. ¿Aún quieres a Irene?

Javier

Te repito que no quiero hablar ni de ello, ni de ella.

Aleka (Se levanta y en silencio se acerca a Javier. Tímida y tartamudeando un poco)

¿Te gustaría hacer el amor conmigo Javier?

Javier (Quejoso)

Aleka, ten piedad de mí. Te lo ruego, por favor.

Aleka

¿Te gustaría o no?

Javier

Claro que sí, claro que me gustaría.

Aleka

¿Quieres que lo hagamos?, ¿aquí mismo, encima de esas pieles?, ¿ahora?

Javier, suspirando, levantando los brazos y mirando al cielo, se pone de pie y se dirige al tablero donde ha quedado la botella de vino, se llena un vaso.

Javier

Ya que todavía no has hecho café, tomaré al menos un poco de vino, ¿quieres tú?

Aleka también se acerca mucho a Javier, casi su cuerpo toca el de él. Javier al darse cuenta se aparta de ella

Javier

No hagas eso Aleka, no debes hacerlo.

Aleka

Las hago porque soy tonta, no es un disfraz para sobrevivir, lo soy. No me dejes sola Javier.

¿Tienes miedo de las mujeres, Javier?

¿Te damos miedo?

Javier (Apartándola suavemente con las manos)

Si así fuera más a mi favor, con más motivo no debes hacer eso.

¡No debemos hacerlo!

(Los dos se callan)

Aleka (Mirando a Javier)

¿Me temes? ¿Cuando haces el amor con Irene tienes miedo? ¿Temes su fuerza, su poder, mil veces mayor que el tuyo? Respóndeme.

¿Te asusta esa energía devastadora?

¿Tuviste miedo de mí aquella semana?

(Javier se mantiene callado)

Dime algo.

¿Te dio miedo mi boca? ¿Te da miedo la voracidad de una mujer?, ¿su sexo abierto de par en par?, ¿su hambre?, ¿su codicia?, ¿su resistencia superior a la tuya? ¿Temes morir cuando amas a una mujer?

No te calles, responde. ¿Tienes miedo? ¿Te asusta nuestra oscuridad?

(Aleka se lo mira con atención. Javier no responde, no la mira, tiene los ojos clavados en la ventana)

Javier (Bebe un sorbo de vino, baja la cabeza y la levanta para preguntarle)

Tu hijo se quiere ir con Alexis, ¿Su decisión es definitiva?

(Aleka está unos segundos sin responder, mirándolo. Se sienta en una silla, parece muy cansada)

Aleka (Suspirando y jadeando)

(…)

Sí, antes de un año se irá a Nueva York, Alexis ahora vive allí, ¿lo sabes, no?

(…)

La ciudad también forma parte del paquete y del atractivo para irse a vivir con su padre.

Javier

(…)

Sí, ya sé que vive allí

(…)

(Silencio, los dos se callan y no se miran)

(…)

Aleka (Sin mirarlo)

¿No me das la más pequeña oportunidad?

Javier

No te la puedo dar, porque además tú tampoco me quieres.

¿Esa es la verdadera razón de que estés ahora aquí?, ¿decirme que me quieres?

Aleka

Sí, esa es la razón, decirte que te quiero ¿Crees que te miento?, ¿por qué debería hacerlo?

Según lo que tú me digas me iré a Suiza o no. Es la decisión más importante de mi vida, ayúdame a tomarla.

A mí no me preocupa el dinero, si tienes mucho o tienes poco…

Esa deuda que me cuentas debe ser para desalentarme, ¿no?

Javier

No es cierto que me quieras, tampoco es cierto que no te importe el dinero, eso es lo que quieres creer. Fantaseas.

Y sí, también es para desalentarte, también es para eso.

Aleka

Yo no te miento.

Javier

Aleka…

Necesitas creer que me quieres.

Aleka

¿Qué dices?

Javier

Hablas por hablar. Te gusta mirarte al espejo y hablarte.

Aleka

¡Estás loco! ¡No es cierto!, te digo la verdad. ¿Por qué supones que debo mentir? ¿Qué debo hacer para que me creas?

No me dejes sola Javier. No dejes que me vaya a Suiza, no dejes que lo haga.

Javier

Me mientes porque mañana me iré y no me verás hasta dentro de dos o tres meses.

Aleka

¿Y eso significa que no te quiero?

Javier

Claro, eso significa.

Exactamente eso.

Precisamente eso.

¡Has acertado!

Soy extranjero y vivo en la otra punta del mar.

Aleka

Algo te ocurre además de lo que ya me has contado. No entiendo por qué me hablas así. Eso que dices no tiene ningún sentido. Tú vendrás y yo iré, nos veremos a menudo, y luego…

Javier (Interrumpiéndola)

Sí tiene sentido. Deseas acostarte conmigo no porque me quieras, no, no es eso. Quieres hacerlo porque mañana me voy.

Aleka

¿Tan guapo te crees? ¿Si quisiera solamente un hombre en mi cama no te elegiría a ti?

Javier

Yo tampoco te elegiría a ti si quisiera acostarme con un hombre

Aleka

Definitivamente el sarcasmo es uno de tus principales cualidades..

Yo estoy dispuesta a ir a España Javier, y también estoy dispuesta a…

Javier (Interrumpiéndola otra vez más y enfadado)

Tú no estás dispuesta a nada. ¿Tan ingenuo me crees?

Aleka (Apenada)

¿Por qué me dices eso? ¿Quieres hacerme daño?

(Javier no responde)

Aleka

¿Qué sabes tú de mí?

Javier

Lo importante es qué sé yo de mí. Pero ya que me lo preguntas no es verdad que hayas hecho vida de monja.

Aleka (Sorprendida)

¿Qué estás diciendo?

Javier

No es asunto mío, no tengo ningún derecho a censurar lo que haces o dejas de hacer con tu vida íntima, pero al menos que yo sepa has tenido un amante durante un buen tiempo, alguien con el que ya te acostabas antes de separarte de Alexis y de acostarte conmigo aquella famosa semana. Un maestro joven de la escuela de tu hijo, el profesor de gimnasia, precisamente. Y de la que naturalmente tú no eras ni has sido nunca su única amante, claro. Recuerdas de quién te hablo, ¿no?, de aquel muchacho que según tu misma decías tenía un físico portentoso, ¿recuerdas?

Aleka (Ruborizada)

¿Cómo sabes eso?

Javier

Lo sé y nada más. ¿Aún no sabes quién soy, Aleka? ¿Todavía no me conoces?

Aleka

Y tú te lo crees, ¿verdad?

Javier

Por supuesto.

(Ahora es Aleka la que se mantiene en silencio)

Javier

Sabes que Alexis y yo somos amigos, ¿no?

Aleka (Nerviosa)

¿Qué quieres decir?, ¿te ha contado algo de mí?

Javier

No…, nada que no debiera. ¿Qué me tenía que haber contado? Alexis es un caballero. No te pongas nerviosa sin necesidad.

Aleka (Enfadada)

No estoy nerviosa, estoy enfadada. ¿Por qué me hablas de él? No le habrás dicho lo de nuestra semana, ¿verdad?

Javier

Sí, sí se lo he dicho, claro, ¿por qué no?

Aleka (Sorprendida)

¿Se lo dijiste?, me lo temía.

Javier

Sí, un año después. En su debido momento.

Aleka (Estupefacta)

¿Y qué te respondió?, ¿cómo se lo tomó?

Javier

Bien, se lo tomó bien. Además ya lo sabía, siempre lo supo. También sabía lo del profesor de gimnasia y algunas cosas más. ¿No quieres saber que ya no vive con aquella niña?

Aleka (Atónita)

¿Cómo dices? No, no lo sabía. ¿Con quién vive?, ¿vive solo?, ¿a qué más te refieres?

Javier

Sí, vive solo… Creo…

Aleka (Pensativa)

¡Cállate! Que viva con quien quiera, no me importa.

¿A qué más te refieres?

Javier

No me lo contó, ni yo se lo pregunté.

Javier se queda en silencio mirándola, no se acerca, incluso se aleja unos pasos.

Aleka mira a Javier.

Aleka

Te quiero, créeme, ¿Piensas que aún sigo enamorada de Alexis?

Javier

Yo no pienso nada.

Aleka

No me dejes sola, Javier, te lo ruego. (Le tiende una mano)

Javier (Sin recogerle la mano)

Si quieres que te crea lo haré, te creo, pero he de dejarte sola. He de irme.

Aleka

¿Por qué?

Javier

No quiero tener una amante que viva al otro lado del mar y verla cada unos cuantos meses. No quiero ni siquiera tener una amante. Se acercan malos tiempos, Aleka.

Aleka

¿Te refieres a la guerra?

Javier

No me refiero a eso. Malos tiempos para mí, tú no puedes acompañarme.

Y Pedro está enfermo.

Aleka

¿No puedo acompañarte, dices?, ¿a dónde? Habla más claro.

¿Qué le ocurre a Pedro, tu padre? ¿Está enfermo?

¡Parece que te estés inventando inconvenientes, excusas, deudas, enfermedades! ¿Qué más hay?

Javier

Desgraciadamente no me invento nada, todo es malditamente cierto. Y además no eres mi esposa Aleka, por eso no puedes venir conmigo. Sólo eres una buena amiga, nada más que eso. Nada más, y eso no es suficiente.

Aleka

Pero puedo serlo si tú me dejas. Yo quiero ser tu esposa, sentir que lo soy

¿Qué le ocurre a Pedro?, ¿no se encuentra bien?

Javier

No, no puedes. Eres una mujer desconcertada y sola. Y yo no quiero ni vivir con mujeres solas ni acompañarlas. Con mi soledad tengo suficiente.

Pedro está viejo, ésa es su enfermedad.

Aleka

Eso no es una enfermedad.

Javier

Sí que lo es, y de las peores.

Aleka

¿Demencia?

Javier

Sí, Alzheimer, por eso tampoco puedes venir.

Aleka se queda en silencio

Aleka

¿Alzheimer?

Javier

Sí, está en sus inicios.

Aleka (A punto de llorar)

Yo te podría ayudar. Mi ayuda te puede ser necesaria.

Javier

Gracias por decirlo Aleka, es lo mejor, lo más noble y lo más hermoso que has dicho esta tarde, gracias Aleka.

Aleka

Te lo digo de verdad, te puedo ayudar.

No digas que soy una mujer desconcertada y sola ¿Irene qué es?, ¿a ella qué le sucede?

Javier

Ya lo sabes por ti misma Aleka, Irene es todo lo contrario. Ella no se encuentra nada desconcertada, es muy inteligente y muy joven, demasiado para mí. Nunca está sola. Su trabajo en Suiza, en las Naciones Unidas, es un muy buen empleo, y ahora con la guerra puede hacer carrera, subir unos cuantos peldaños, las guerras tienen eso, pasas de capitán a general en poco tiempo.

Si sobrevives, claro.

Pero ella sobrevivirá, aunque siempre está enfada.

Aleka

¿Tienes celos de ella?, ¿de una mujer con mejor trabajo que tú y más dinero?

Javier

Tú sabes que no, pero ella no abandonará Suiza ni yo España. Además es demasiado joven para mí, ya te lo he dicho, su camino se aparta del mío.

Aleka

Dices que está enfadada ¿Contigo?

Yo no estoy enfadada.

Javier

Está enfadada consigo misma.

Aleka

¿Por qué?

Javier

Quizás tiene miedo, quizás no le gusta el café griego.

Nació enfadada, sabe que hace algo mal, pero no se atreve a averiguarlo. Averiguarlo sería demoledor para ella.

Tiene miedo, y eso la puede enfermar. A la larga el miedo siempre cuesta caro, lo más normal es que se vuelva loca. Todos los que tienen miedo terminan enfermos.

Aleka

¿Loca? ¿Qué es lo que Irene hace mal?

Javier

Estoy cansado Aleka.

Aleka (Con una risa triste y empezando a llorar)

Siempre me menosprecias, siempre dejando las frases a medias.

Javier

Te puedo asegurar que no.

Me burlo de mí, no soporto estas conversaciones amorosas.

Aleka

Ésta es de desamor.

Javier

Es lo mismo.

Aleka

¿Soy vieja para ti?, apenas te llevo cinco años, no son muchos. Procuro estar guapa.

¿No te gusto?

Javier

Me gustas Aleka, no es eso. Me gustas mucho, tienes los pechos más bonitos y más sexis que…, que…, son iguales a los de mi madre y mucho mejores que los de Irene.

Aleka

¿Bienvenida tiene los pechos bonitos?

Javier

Ya la conoces, tiene los mejores.

Aleka

Y tú ¿cómo sabes eso?

Javier

Porque se los he visto. Mejor dicho, me los ha enseñado.

Aleka

¿Las madres españolas hacen eso? ¿Enseñan sus pechos a sus hijos?

Javier

No sé. La mía sí.

Aleka

Quiero ser como ella.

Javier

No puedes Aleka. No es el momento. El momento ha pasado. El momento pasó hace cinco años. Hace cinco años nos equivocamos todos.

Aleka

¿Qué momento es entonces?

Javier

Ya te lo he dicho, soplan malos vientos. Lo siento, no es el momento para tener amantes y quizás ni siquiera para tener esposa.

El barco se hunde, Aleka. No te has dado cuenta de que ya he tenido que decir eso de “niños y mujeres primero”.

Suena rara esta palabra.

Aleka

¿Cuál, esposa?

Javier

Sí, ésa, esposa.

Además…

Aleka

¿Qué?

Javier

Yo ya no te quiero.

Aleka

Yo sí, yo aún te quiero.

Javier

(…)

Javier se calla.

(…)

Aleka

¿Javier?

Javier

¿Sí?

Aleka

No me dejes sola.

El ascensor vuelve a sonar, y a pararse.

Se abren las puertas y aparecen Pedro y Dimitris.

Se apagan las luces.

FIN DE LA TERCERA ESCENA

miércoles, 22 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena tercera ( 1 de 2)

18 Febrero 2008

EL DINERO Y EL CAFÉ ESPESO

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena tercera (1 de 2)


Se encienden las luces.

Los tres miran sorprendidos la llegada de Aleka, al verla no consiguen decir una sola palabra.

Aleka (Alegre)

He dicho hola, ¿qué os sucede? ¿Por qué estáis tan callados?

Se cierran las luces y se vuelven a abrir.

Hallamos entonces, sólo y solos en la sala, a Javier y a Aleka.

Aleka (Sonriente)

¡Caramba!, tenían prisa esos dos. ¿He interrumpido alguna reunión importante?

Javier

No, ni mucho menos. No te preocupes, deben de tener trabajo.

Aleka (Irónica)

Menos mal, no quiero ser inoportuna. Pero Niko se ha ido sin hacerme el café que le he pedido.

Javier (Mirándola intrigado)

No te habrá oído.

Aleka

Será eso. ¿Tú sabes hacer café griego, mi querido Javier?

Javier (Sonriente)

¿Yo? Claro que no, mi querida Aleka, no tengo ni la menor idea. Deberías ser tú la que sabe hacer un sabroso café griego. ¿No eres tú la griega?

Aleka (Simpática)

Y lo soy, no lo dudes. ¿Todavía no te has dado cuenta?

Javier (Gracioso)

Algo raro notaba y no sabía qué era. ¿Así que es usted griega, señorita?

Aleka

Sé cómo se hace, pero siempre me da pereza cocinar, (irónica) quizás por eso estoy delgada. ¿Te gusta mi figura?

Javier

Claro, pero ¿sabes o no sabes hacer esa cosa que llamáis café?

Aleka

No te preocupes, darling, parezco tonta, pero hasta ahí llego, sí sé hacer un buen, espeso y apestoso café griego.

Javier

No digas otra vez, que pareces tonta.

Aleka

Es lo que todos pensáis, ¿no?

Javier

Claro que no. ¿Tú crees que yo pienso que lo eres?

Aleka

Sí hombre sí, tú también piensas eso, no te molestes en disimular. Di la verdad, el café griego es un atentado a la buena cocina.

Javier

¿Qué te pasa?

Aleka

Nada, ¿qué me ha de pasar?

Javier

No sé, esta mañana sí que jugabas a parecer una tonta, me has desconcertado. ¿Por qué lo has hecho? Tú no eres así, Aleka.

Aleka

No paras de preguntar, pareces un policía.

Javier

Respóndeme, anda, haz el favor.

Aleka

Hacerse la tonta no es nada más que una táctica para sobrevivir, nada más, amor mío, cada uno lo hace a su manera, yo siempre me he hecho la tonta. Tú, ¿qué táctica usas?

Javier

Sí, hoy estás rara, ¿qué te sucede?

Aleka

No me pasa nada, no te preocupes, respóndeme tú ahora, ¿qué táctica usas para que los demás estén contentos contigo?

Javier

Digo lo que quieren oír.

Aleka

¿Dices que te gusta el café griego?

Javier

Eso, sí.

Aleka (Medio riéndose)

Ves, eres un mentiroso.

Javier

¿Cuál es la mentira?

Aleka

Que te gusta el café griego

Javier

Te equivocas. Al menos en este caso no miento.

Me gusta.
(Aleka se lo mira con expresión incrédula y dudosa)

Javier

No me mires así, de verdad, me gusta. Ya lo sabes, lo habrás olvidado tú también, últimamente todos estamos teniendo una memoria muy débil.

Aleka

Bobadas. Dime, ¿dónde está Irene?

Javier

¿Irene? No sé. Pero, ¿para qué has venido en realidad?, ¿Has venido solamente para tomar café conmigo?

Aleka

Hoy tampoco pareces darte cuenta de nada. Te estoy preguntando si sabes dónde está Irene.

Y si quieres te digo que también he venido para no estar sola y para que no lo estés tú, para hacerte un poco de compañía. No te molesta, ¿verdad?

Javier

¿Entonces has venido para saber dónde está Irene?

Aleka

¡Sí, claro, por eso! ¿No me has escuchado? El que está raro eres tú.

Javier

Sí que te he escuchado, y no has venido para eso, has venido para saber si estaba conmigo. Si quieres saber dónde está llámala, seguramente estará en…

Además, ¡si ya sabes dónde está! ¡Está en casa de sus padres! ¿Por qué simulas que no lo sabes?

Aleka

De acuerdo, vale, sí, he venido para saber si estabas con ella, y también para… (Se queda en silencio)

Javier (Intrigado)

¿Qué?

Aleka

Nada.

Javier

Termina la frase. ¿Para qué más has venido?

Aleka

¿No te lo ha dicho Niko?

Javier (cansado de preguntar)

¿Qué tiene que haberme dicho? ¡Habla claro de una vez!

Aleka

Mi hijo Giorgios quiere irse a vivir con Alexis.

Javier

Sí, es verdad, tienes razón, pero me lo acaba de contar hace unos minutos.

Aleka

Ellos dos son como amigos y a mí no me gusta que lo sean.

Niko no es una buena amistad para mi hijo.

Giorgios se lo cuenta todo, se entera antes Niko que yo de las cosas de mi propio hijo.

Tiene más confianza en él que en mí. Y eso no es bueno, no lo es.

Y además me voy a quedar sola.

Javier (sin escucharla)

Hoy me he llevado una sorpresa con Niko.

Aleka

¿Qué ha pasado?

Javier

Hemos hablado de la guerra y me he dado cuenta que es un fanático. Yo pensaba que era otra clase de hombre. Siempre tan amable, con ese humor irónico, siempre solo. Pensaba que era alguien independiente, autónomo.

No sé, me gustaba como hablaba. Esa suavidad y tranquilidad.

Aleka

Todo es mentira, pura fachada. Nosotros lo conocemos. Sabemos quién y qué es.

Javier

Su soledad me atraía, creí que había algo que saber de ella.

Ha sido una verdadera decepción. Necesitaba saber qué es estar solo.

Aleka

Y está lleno de odio, ¿no?

Javier

Más o menos, eso me ha parecido, sí.

Aleka

Niko tiene alma de esclavo. Es un cobarde. Ha soportado demasiado dolor por culpa de su cobardía.

Javier

Ha terminado siendo una conversación desagradable. Vanguelis también ha estado extraño.

Aleka

Pobre Vanguelis, él es un buen hombre. Él sí que lo es. Pero ha cometido una vez más el error que cometemos todos.

Javier

¿Cuál?

Aleka

Confiar en los demás

Javier

No seas melodramática. ¿En quién ha confiado que no debía?

Aleka

No lo soy, ¿quién le mandaba apoyar la causa de otros? Un día se lo dije. Vanguelis, eliges mal las compañías.

Javier

¿Te refieres a la guerra?

Aleka

Especialmente a eso, sí.

Javier

¿Y qué te respondió?

Aleka

Que tenía razón, pero que ya era demasiado tarde.

Los dos acumulan demasiado dolor. Vanguelis todavía vive con su esposa, es un matrimonio roto, cada uno hace su vida por separado. Tienen sus amantes y mandan a sus hijos a estudiar al extranjero. En realidad lo hacen para alejarlos de ellos y así evitar que vean el espectáculo. Mentiras y dolor.

El dolor que yo no quiero tener que soportar. Yo quiero ser valiente. Y el dolor que tampoco quiero que vea mi hijo.

Además no me escuchas, no has oído todo lo que te he dicho.

Javier

Lo eres Aleka, eres valiente ¿por qué dices eso de que no te escucho?, ¿qué has dicho que no he oído?

Aleka

Ya lo sabes, no me pidas que lo repita, me duele.

Javier

Pues sí, te lo pido. No sé exactamente a que te refieres. Perdona si no te he oído bien. Pero sea lo que sea, decirlo en voz alta y delante de alguien te hará bien.

Aleka

No sé si tú eres la persona adecuada.

Javier

¿Ah no?

Aleka

No sé

Javier

Quizás precisamente soy eso, la persona más adecuada.

Aleka

Convénceme de que lo eres.

Javier

Tú y yo somos amigos, ¿no? ¿Soy amigo tuyo, Aleka?

Aleka (Dudando)

Tal vez sí, tal vez lo eres.

Javier

No lo dices nada convencida. ¿No crees que seamos amigos?

Aleka

Supongo que sí.

Supongo que el hecho de que hace seis años, aprovechando que Alexis estaba de viaje, y yo me pasara toda aquella semana que estuviste aquí, metida contigo en la cama de tu habitación del hotel, no impide que seamos amigos.

Javier

Claro que no lo impide, y no lo impide fundamentalmente porque nunca más hemos vuelto a repetirlo. Aquella semana allí se quedó. No tuvo ninguna clase de consecuencias.

Aleka

Hace seis años todavía vivía con Alexis, aquello fue un puro adulterio, además tú tampoco te portaste bien, él era y es tu amigo.

Cuando al poco tiempo me dejó y se fue para irse a vivir con aquella muchachita, y yo me quedé sola, nos hubiera sido más fácil repetirlo y en cambio no lo hicimos. Hubiese sido fácil seguir siendo amantes. Todavía no sé por qué no nos volvimos a acostar juntos.

En aquella habitación se quedaron muchas cosas

Javier

Aleka, el adulterio existió técnicamente hablando, es cierto, pero tú misma me dijiste que hacía un año que no te acostabas con Alexis.

Aleka

Cerca de un año.

Javier

Dijiste un año.

Aleka

No lo recuerdo, ha pasado mucho tiempo, ¿qué importancia tiene unos días más o menos?

Javier

Yo sí lo recuerdo, dijiste un año. ¿Era menos?

Aleka

Si lo quieres saber, sí, solamente hacía cuatro meses que dormíamos en habitaciones separadas.

Javier

¡Caramba!, qué cortos eran los años entonces.

Aleka

¿Te importa?

Javier

Ya no, ya no me importa, pero me quedo un poco sorprendido porque cada vez me doy cuenta que las cosas son un poco distintas de como las contabas.

Aleka (Ofendida)

¿Qué insinúas?

Javier (Irónico)

Nada, no insinúo nada, cosas mías.

Aleka

Yo cuento las cosas igual.

Javier

Sí, puede que tú las cuentes igual, lo malo es que no eran igual.

Aleka

¿Crees que miento?, siempre has pensado que lo hago.

Javier (Cansado y algo enfadado)

Aleka, por Dios, todo eso es ya muy viejo, deja que el río siga su curso.

Y por lo del adulterio no debes preocuparte, hablar hoy en día de eso queda un poco ridículo, ¿no?

Parece una palabra bíblica completamente en desuso: (con énfasis) ¡Adulterio!, qué mal suena ¿no?, es peor que un melodrama latinoamericano de televisión, uno de esos venezolanos que tanto éxito tienen. La gente se los mira igual que esnifan la coca que se cultivan en cada maceta.

Además, todo el mundo se acuesta con quien le da la gana. ¿No es ésa una de las grandes conquistas de la modernidad?, Sí, ¿verdad?, pues entonces tranquilízate, relájate y vete a la cama con quien desees que nadie nunca tendrá el derecho de pedirte cuentas. ¿Vale? Yo, naturalmente haré lo mismo. Todos hacemos lo mismo.

(Aleka no le responde)

Javier

¿Qué querías decirme antes? ¿Soy o no soy la persona adecuada?

Aleka

¿Por qué no lo repetimos? Respóndeme y no des la conversación por terminada, eso es de muy mala educación, ¿sabes?

Javier (Dando media vuelta)

Sí, confirmado, estamos todos amnésicos hoy.

(Levantando un poco la voz y hablando de espaldas a ella)
No repetirlo fue un acierto, Aleka.

Aleka

¿Por qué?

Javier

No pienso responderte. Ya lo hice entonces… hace cinco años…

Pero espera (sorprendido y encarándola), no le des la vuelta a la historia ¿eh? ¿Por qué demonios lo haces?

Era yo el que quería repetir (la señala con el dedo). ¿No te acuerdas? No intercambies ahora los papeles.

El que estaba enamorado era yo, me moría de ganas de acostarme contigo. ¿No te acuerdas de eso tampoco?

Deberías ser tú la que respondiera a esa pregunta. Dime, ¿por qué no salió nada más de aquella habitación, excepto ese recuerdo dulce y al mismo tiempo doloroso?

¿Por qué estuviste todo el año siguiente dándome largas y respuestas sin sentido? ¿No recuerdas nada? Y yo detrás de ti como un perro.

Aleka

(Incrédula) Si tú lo dices. Pareces tener muy buena memoria.

Javier

¡Claro que la tengo! Y te juro que nunca más volveré a repetir algo parecido.

Pero dime eso que ibas a contarme, cuéntamelo si es que soy la persona adecuada para oírlo.

Aleka (Con apenas un hilo de voz)

¿Sí?, ¿lo eres?

Javier (Más cansado y gesticulando)

¡Dios mío Aleka! Haz lo que te de la gana, cuéntalo o no. No pienso arrodillarme y suplicarte.

Aleka

¿Por qué no lo volvimos a repetir?

Javier (Enervado)

Te lo acabo de decir, no insistas Aleka, no seas tan pesada, te lo repito una vez más.

Aleka

Sí, pero eso no es exactamente así como tú lo cuentas.

Javier (Harto)

¿Ah, no?

Aleka

No, Yo podía divorciarme de mi marido, pero tú no querías perder a un muy buen amigo. Esa fue la razón…

Javier (Sorprendido)

¿Qué? ¿De dónde sacas eso ahora? Te equivocas, yo estaba dispuesto a cualquier cosa por ti, incluso…

Aleka

…y terminaste perdiéndome a mí y conservando a Alexis. Os queréis mucho, ¿no?

Javier

Terminamos perdiéndonos los dos, el uno al otro.

Aleka

Te estoy preguntando si os queréis mucho, Alexis y tú.

Javier

¡Claro que nos queremos!, somos amigos.

Aleka (Cínica)

Sois amigos, claro.

Javier (Sorprendido y amenazante)

¿Eh?, creo, querida, que estás apuntando en dirección equivocada.

Aleka, no sigas por este camino, te equivocarás mucho si lo haces. Te equivocaste entonces, no vuelvas hacerlo ahora.

Aleka

¿Te arrepientes?

Javier

Esa es una mala pregunta.

Además soy yo el que debería hacerla.

Aleka

¿Cuál es entonces la buena pregunta?

Javier

No la hay, porque la respuesta siempre es mala.

Aleka

¿Y cuál es la respuesta?

Javier

Siempre te arrepientes. Sea cual sea la decisión, siempre te arrepientes ¿Y tú?, ¿tú te arrepientes?

Aleka

Sí, llevo más de cinco años arrepintiéndome.

Javier (Conciliador)

Olvídate de ello y cuéntame eso que me querías contar, anda.

Aleka (Triste)

De acuerdo, te lo contaré. Son todos esos años así, uno detrás de otro.

Me deja mi marido por una mujer mucho más joven que yo, casi una niña, eso ya es para morirse de risa de tan visto que está.

Me quedaré sola. Mi hijo, que apenas acaba de salir del huevo, también se quiere ir a vivir con él, me mira con aire de superioridad y el año próximo será mayor de edad y por supuesto no podré, ni tampoco lo intentaré, evitar que se vaya. Y además no soy capaz de mantenerme económicamente independiente. Dependo de mi padre y de su ayuda y eso es muy humillante para mí.

Y hasta ahora, encima dependía de Alexis, del hombre con el que no vivo.

Tengo cuarenta y cinco años y la sensación de haber perdido muchos más de cinco. No quiero seguir perdiendo más años de mi vida Javier. Si sigo así acabarán diagnosticándome un cáncer.

Javier

No digas eso.

Aleka

Desde que se fue Alexis, y de eso ya hace cerca de cinco años, he vivido como una monja y tengo amigas que ya van por el cuarto amante.

Y yo en toda mi vida únicamente me he acostado con dos hombres. Alexis y tú.

¿No te parece todo eso muy triste?

Cuando quise rectificar tú ya estabas con Irene.

Javier (Burlón)

Con un solo hombre al mismo tiempo, quieres decir. No con dos a la vez.

Aleka

No te burles de eso.

Javier (Sonriendo)

Intentaba desdramatizar, perdona.

Aleka

Si quieres humor te lo voy a dar yo: en realidad lo he hecho con dos hombres y medio.

Javier

¿Dos hombres y medio?

Aleka

En la Universidad me acosté con un chico, pero la cosa fue tan mal que casi no hicimos nada. Fue cómico. A eso le digo medio hombre.

Javier

Y él te estará llamando igual, media mujer.

Aleka

¿Qué?

Javier

Media mujer. Te estará llamando, eso, media mujer. Para él fuiste una media mujer.

Aleka (Con una sonrisa que la delata)

Nunca lo había visto así, querido.

Javier

Sí que lo habías visto así. Por supuesto que sí. ¿Qué quieres aparentar ser? No te hagas la tonta conmigo, ambos sabemos cómo somos los dos en la cama.

Hoy en día ninguna mujer quiere ser, ni es una simple muñeca hinchable.

Aleka (Irónica y sonriendo)

¿Eres catedrático en sexualidad femenina?

Javier

¿Quieres que diga alguna barbaridad?

Aleka

No, mejor no, no digas nada, déjalo correr.

Javier

Las mujeres os pensáis que sois las únicas que simuláis orgasmos.

Aleka

¿Tú has simulado algún orgasmo?

Javier

Claro.

Aleka

¿Y cómo lo has hecho?

Javier

Ha sido por teléfono.

Aleka

¿Por teléfono?

Javier

Una vez me llamó Irene desde Lausanne, tenía ganas de jugar, mejor dicho, de probar su poder y su encanto. Me dijo que me masturbara mientras ella me decía procacidades por el auricular.

Aleka

¿Y?

Javier

Le seguí el juego y simulé un orgasmo. Todavía se lo cree, nunca le he dicho la verdad. Aquel día aumentó mucho su autoestima y el poder que cree tener sobre los hombres.

Aleka

¡Vaya!...

Javier

¿Es eso lo que me querías contar?, ¿que has estado cinco años haciendo vida de monja?

Aleka

Ya veo que tú no.

Javier

De monja precisamente no.

Aleka (Con una risa amarga)

No me digas que has sido un monje, que no me lo creo. Y menos con Irene.

Javier

A Irene mejor que la dejemos tranquila.

Todavía no sé a qué has venido. Este no es precisamente un lugar acogedor para charlar dos amigos. ¿Quieres ir a tomar algo?

Aleka

Pues deberías darte cuenta, te estoy pidiendo consejo.

Javier

A mí me había parecido que te estabas quejando.

Aleka

Las dos cosas. Y de Irene hablo cuando me da la gana, por eso es mi prima.

Javier

No sé qué decirte Aleka, sinceramente no sé, pero…

¿Tienes celos de Irene?

Aleka (Irritada)

No digas tonterías, ¿puedo tener celos de una mujer que todavía no tiene 30 años, es guapísima y muy atractiva y posee dos licenciaturas y tres Másters? ¿Que trabaja en Suiza, gana mucho dinero, no tiene hijos y es independiente? ¿Qué tiene una lista de amantes haciendo fila? ¿Y de la que sé cómo trabaja en la cama? ¿Puedo tener celos de una mujer así?

No pensarás que en Suiza te ha sido fiel, ¿verdad?

Javier (Sin escucharla y montándose en sus palabras)

Bueno sí, sólo una cosa, no te creas lo que te cuenten tus amigas

Aleka (Decepcionada)

No me escuchas.

(Intrigada)

¿Por qué dices que no me crea lo que me cuentan mis amigas?

Javier

Claro que te escucho, tengo dos orejas, simulo que no lo hago cuando oigo necedades.

Aleka

Respóndeme.

Javier

Porque te mienten, por eso no debes creer a tus amigas.

Aleka

Y tú eso ¿cómo lo sabes?

Javier

No lo sé, pero es lo más probable.

Aleka

¡Vaya!, eres muy listo tú. ¿No te han dicho nunca que a veces eres muy estúpido?, ¿un sabelotodo?

¿No te han dicho que siempre vas de inteligente y que humillas y lastimas a los demás?

¿No te han dicho que te mata la soberbia, Javier, querido? ¿Y que eres estúpidamente sarcástico?

Javier

Sí, muchas veces. Seguro que tienen razón. Pero seguro también que no me equivoco demasiado.

Que te mientan es lo más probable porque es lo necesario.

Aleka

No te entiendo, ¿necesario?, ¿para quién?

Javier

Para ellas, Aleka, para ellas. Cuando te cuentan esas cosas no te mienten a ti, mejor dicho, mintiéndote a ti, se mienten a ellas.

La gente se piensa que el mundo se fundamenta en la verdad, y no es cierto, se fundamenta en la necesidad, de ella nacen todas las mentiras. Por eso es importante descubrir esa verdad.

Aleka (Burlona)

Javier “Don psicólogo”. Javier “Don filósofo”. Parece usted “Buda”.

¿Quién quiere saber la verdad?

Javier

Piensa lo que quieras.

Pero oye, ¿qué sabes tú de cómo “trabaja” Irene en la cama?

Aleka

Lo sé.

Javier (Señalándola con el dedo)

¿Te has acostado con ella?

Aleka (Irónica)

Eso, ¡claro que me he acostado con ella! Si tú lo dices “sabelotodo”, será así.

Javier

No serías la primera.

Aleka

(Silencio)

Javier

¿No dices nada?

Aleka

Dime la verdad, aún estás enamorado de Irene.

Javier (Hastiado)

¿Sólo sabes hablar de ella?, creo que Irene está ya muy amortizada.

Aleka

Sólo sé hablar de las cosas importantes y saber eso para mí lo es.

Irene se cree que es una mujer importante, quiere llegar a ser eso que algunos llaman, ¡una gran mujer!

Al dejar a su primer novio, cuando ella apenas tenía catorce años, se burlaba del pobre muchacho diciendo que no sería nunca capaz de volver a tener una mujer como ella. Decir eso es peor que un pecado. Es peor que maldecir a Dios. Y lo peor es que ella lo decía sin el más mínimo atisbo de culpa o de remordimiento a pesar del desprecio hacia el muchacho. Parecía una reina situada por encima del bien y del mal, lo decía como algo natural. Dios la castigará por esas palabras.

Aquí donde la ves, tan bien vestida, tan bonita, con esas piernas tan lindas. Ese perfume tan bien elegido, esa sonrisa tan encantadora, y esa mirada intensa y falsamente penetrante. Su conversación tan masculina y esa voz, ligeramente áspera, un poco ronca y grave, sus labios rojos y sus dientes blancos, su aliento siempre limpio y fresco. Su cultura, su saber estar. Todo eso, todo ese pedazo de mujer tan sensual es pura suciedad, herrumbre, es un ser zafio, bárbaro y salvaje y a ti eso es lo que te gusta, la quieres así, quieres esa basura, necesitas las sábanas cuanto más sucias mejor, te gusta beber de ese vómito que mana de su entrepierna, del sudor de su boca. Necesitas esa selva llena de carne roja.

Siempre jactándose de las proposiciones que recibe de hombres importantes y poderosos. ¿No es patético?

¿Te gusta oler el sudor de sus axilas?

Eso es lo que buscas en ella y eso también es lo que te ha ido matando estos últimos años.

Javier

(No responde, la mira sin mirarla, sin verla)

Aleka

Di algo, respóndeme. Grita o vete.

Javier (Ensimismado, hablando para sí)

Es verdad, su aliento siempre es limpio y fresco. Nunca hiede.

martes, 21 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena segunda ( y 2)



15 Febrero 2008

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena segunda (y 2)

Javier

¿Por qué has ido a buscarlos tan pronto?, casi no debes de haber comido.

Vanguelis

No te preocupes, yo como rápido. No me fiaba de la esposa. (Dejando las pieles en el suelo)

Javier

Es verdad, ¡ella! Has hecho bien en ir pronto.

Vanguelis

Sí, creo que sí.

Javier

¿Y los demás?

Vanguelis se sienta.

Vanguelis

No sé. Primero se ha ido Irene, luego tú y después yo. Tú sí que no has comido. Pensaba que estarías con ella. Estabais hablando y de pronto se ha marchado.

Javier

¿Y Christos?

Vanguelis

¡Ah sí!, se ha ido después que tú. Ya puedes suponer dónde.

Javier

¿Y Aleka?, también se debe de haber ido, ¿no?

(Niko va colocando y ordenando las pieles en la mesa baja y grande que hay en la sala.)

Vanguelis

¿Aleka?, no sé, ahora que lo dices, no sé si se ha quedado o se ha ido también.

Javier

Pobre Aleka, siempre pasa desapercibida, nunca sabes si está o no está.

Niko se dispone a preparar café.

Niko

Queréis café, ¿verdad?

Vanguelis

Sí, por favor.

Javier

Vanguelis, haz el favor de decirle a Niko que me cuente su vida, parece que casi sea un secreto. Necesito que me aconseje.

Vanguelis

Pides algo imposible.

Niko se ríe flojito.

Vanguelis

¿Para qué quieres un consejo?

Javier

Siempre son necesarios, ¿no?

Por cierto Vanguelis, hablando de vidas no contadas, me paso el día contigo, arriba y abajo. Hemos recorrido juntos miles de kilómetros por estas carreteras y calles, y tú además seguro que un millón de veces con todos los otros clientes que tenéis. Y casi tampoco sé nada de ti.

Vanguelis

No hay nada que saber. Preguntas tonterías, Javier, pides consejos, y los consejos se dan y nadie nunca los sigue.

Es perder el tiempo pedirlos, darlos y escucharlos.

Javier

Yo creo que sí hay algo que saber, lo que sucede es que no quieres o no sabes contarlo.

¿Soy indiscreto si te pregunto por Anna, la cocinera del “Natalie”?, estás enamorado de ella, ¿no?

Vanguelis

Las dos cosas, eres indiscreto y sí, es verdad, lo estoy desde hace años, pero eso no forma parte de las cosas importantes. ¿Entiendes lo que quiero decir?

Javier

Claro que lo entiendo, hace poco yo he dicho lo mismo. ¿Ella está enamorada de ti?

Vanguelis

Si quieres saber si nos acostamos, si somos amantes, pues sí, lo somos.

Javier

Yo no te he preguntado eso.

Vanguelis

¿Qué diferencia hay?

Javier

Dímelo tú que eres el que se acuesta con ella. Yo no lo puedo saber.

Se produce un silencio mientras todos comen, beben vino o toman café.

Vanguelis (Dulcemente)

¿Con qué derecho me preguntas esas cosas?

Javier

Perdona, creí que los años que nos conocemos, que llevamos juntos haciendo negocios me otorgaban ese derecho. ¿Recuerdas que fuimos el segundo cliente que conseguisteis?

Vanguelis

Pues ya ves que no, no tienes ese derecho. Aquí sólo hacemos negocios, compramos y vendemos pieles, nada más.

Javier

Ya veo que no. Ya veo que me meto donde no me llaman.

Niko

Javier, estás bebiendo mucho vino y has comido poco.

Javier

¿Os he ofendido? ¿He hecho alguna pregunta inconveniente?

Vanguelis y Niko se mantienen en silencio mientras siguen comiendo y tomando su café. Javier se ha levantado y se ha vuelto a sentar.

Javier

Parezco un extraño, un auténtico forastero. Y ya son muchos los años que me tenéis como huésped. En cambio…, no lo parece. Creo ser un desconocido para vosotros.

Vanguelis

Tú lo has dicho, te metes donde no te llaman.

¿Tú sabes que hay una guerra al otro lado de la frontera?

Javier

¿Qué me quieres decir con eso?, ¡claro que lo sé!

Niko

Pues eso es lo importante. Mis dos hijos están ahora en Bosnia, haciendo lo que deben hacer dos buenos cristianos. Y tú no eres nada más que un inseguro español, que tontea con una griega tonta.

Además, tú tampoco quieres hablar de ella. Ni de Irene ni de Aleka, no quieres hablar de ninguna de ellas y nos preguntas a nosotros cosas sin ninguna clase de derecho.

Vanguelis

Ve a buscarla. ¿No querías un consejo?, ya lo tienes, es ése, ve, te está esperando. Es un buen consejo, te lo aseguro. Conozco a Irene y te quiere. Ha venido desde Suiza a por ti. Aunque hace un año que rompisteis ha venido a buscarte. No seas orgulloso, te repito que vayas a buscarla, te quiere y te quiere mucho.

Javier

¿Qué debería hacer para no ser un español inseguro?

Vanguelis

¿Lo preguntas de verdad?

Javier

Sí.

Vanguelis

Ir en busca de Irene y dejar de hacer preguntas.

Javier

Y algo más supongo.
.
Niko

Y ser un buen cristiano.

Javier

¿Qué?

Vanguelis

No le hagas caso, está loco.

Niko (Levantando la voz)

¡Yo no estoy loco!

Javier (Triste)

Creo que lo estáis los dos.

Vanguelis

Todos lo estamos, esta guerra nos está volviendo locos a todos.

Niko

Terminaremos locos si no la ganamos. Y la culpa será, una vez más, de los americanos. Ahora resulta que quieren defender a los musulmanes.

Javier

Todas las guerras lo hacen, todas te vuelven loco.

Vanguelis

Todas no, ésta sí.

Javier

¿Por qué ésta sí?

Vanguelis

Ya lo sabrás, al final todo se sabe. Están pasando cosas muy feas.

Niko

Siempre estás contando mentiras de nuestros soldados.

Javier

¿A qué juegas, Vanguelis? ¿Al juego de la guerra?

Vanguelis

Doy dinero, nada más.

Niko

Los ricos ponéis el dinero y los pobres ponemos los hijos.

Javier

¿Todavía lo haces?

Vanguelis

Ya no puedo decir que no. Si dejara de pagar quizás me matarían

Niko

Mis hijos se juegan la vida. Si ganamos, nadie te matará Vanguelis, no tengas miedo, solamente hay que ganar, nada más. Tiene que ser fácil ganar a esos turcos.

Vanguelis

Pero… ¿Qué sabes tú de tus hijos? Me sacas de quicio, Niko.

¡Si hace casi veinte años que no los ves! Cuando tu mujer te dejó se los llevó con ella a (…)

Niko

Cállate.

Vanguelis

Lo que sabes es lo que te cuenta tu hermana y ella te cuenta lo que le da la gana. Ella ha sido la que realmente los ha criado, ni tú, ni tu mujer.

¿Crees que tus hijos son soldados? ¿Sabes qué son? Gángsteres, criminales, eso es lo que son, pura mafia.

Niko

Cállate, no insultes a un cristiano.

Vanguelis

¿Cristiano? ¿Quién es cristiano?, ¿tus hijos?

Y me callaré cuando yo quiera, no cuando tú lo digas.

Javier

Callaos los dos, por favor.

Vanguelis

Además, esta guerra no la ganaremos, no la ganará Serbia, no te hagas ilusiones Niko.

Niko

Cállate te digo. ¿Cuántos años hace que no duermes con tu mujer?

Vanguelis

Los que me da la gana. Al menos yo me acuesto con alguien.

Javier

Sería mejor que nos callásemos todos.

Niko

¿Una puta como Anna es alguien?

Javier

¡Niko, cállate! ¿Y tú me decías que había bebido demasiado?

Niko

¿Y tu mujer con quién se acuesta, Vanguelis?

Javier

Niko, ¡por Dios!, haz el favor.

Vanguelis

¿Crees que me ofendes?

¿Con quién se acuesta? Con los que ella quiere.

¿Quién soy yo para decirle a mi esposa a quién debe meter en su cama?

(Suelta una carcajada)

Si tú quieres ir Niko, ve, inténtalo, uno más ella no lo notará.

Niko (Rabioso)

Eres un hipócrita y un mentiroso, ¿lo sabes, Vanguelis?, ¿sabes que lo eres?

Vanguelis

Lo necesario para sobrevivir, pero no más que tú.

Niko (Encolerizado)

¡Yo no miento!

Vanguelis

Pero te mienten los otros que es mucho peor…

y además eres un cobarde, nunca tuviste la valentía de ir a ver a tus hijos. Allí los dejaste.

Niko (Sorprendido)

¡Ella se los llevó! ¿Qué podía hacer yo?

Vanguelis

¡Ir!, ¡demonios, ir! Y robárselos, secuestrarlos si hacía falta.

Verlos. ¡Matarla! Besarlos, abrazarlos ¡algo!

¡Pegarte un tiro en la cabeza! Cualquier cosa, no quedarte aquí escondido, barriendo durante años el suelo que pisamos.

Niko

A vosotros os ha ido bien tenerme y pagarme una miseria.

Vanguelis

A los esclavos hay que tratarlos como lo que son.

El ascensor hace el ruido característico de que alguien lo está utilizando.

Todos se callan. Para en la planta donde ellos están, se abre la puerta.

Y aparece Aleka sonriente.

Aleka

¡Hola! ¿Queda café?

Los tres la miran sorprendidos mientras las luces se apagan.

lunes, 20 de abril de 2009

El peletero/El dinero y el cafés espeso-Escena segunda ( 1 de 2)

14 Febrero 2008

EL DINERO Y EL CAFÉ ESPESO

Obra en un solo acto y cuatro escenas

Escena segunda (1 de 2)



En la sala solamente se halla Niko, sentado en una silla de madera al lado del tablero para hacer paquetes. Se está comiendo un bocadillo y algo de una fiambrera mientras ojea un libro.

Del ascensor sale Javier.

Javier

¿Has visto a Irene, NIko?

Niko

¿No estaba con vosotros?

Javier

Estaba, hasta que se ha ido.

Niko (Burlón)

¿La buscas?, ¿o huyes de ella?

Javier (Sonriendo)

¿A ti que te parece?

Niko

Que no lo sabes.

Javier

No eres griego, ¿verdad Niko?

Niko

Aquí seguro que no la vas a encontrar. Me parece que no la buscas.

Javier

Sí, yo creo que tampoco la busco.

Niko

Pues haces mal. ¿Quieres café?

Javier

No, ahora no. ¿Por qué crees que hago mal?

Niko (Paternal)

Porque Irene es una magnífica muchacha, y…

Javier (Irónico)

Sí, lo es.

Niko (Desentendiéndose)

Eso es lo que dicen todos.

Javier (Seguro)

Lo es, lo es, de verdad, es una buena muchacha.

Niko (Fatalista)

Pero no la quieres.

Javier (Cansado)

No he venido aquí para hablar contigo de Irene. Dime. No eres griego, ¿verdad, Niko?

Niko (Resignado)

Como tú quieras. Pero yo creo que deberías ir a buscar a Irene. Ya debes saber dónde está.

Te advierto que encontrarás pocas mujeres como ella.

Javier (Irónico)

Tienes razón, las hay mucho mejores.

Niko (Desentendiéndose simpáticamente)

Bueno, bueno, es asunto tuyo.

Javier (Sonriendo)

Eso es.

Niko

Es verdad, no soy griego, soy macedonio. Nací en (…). Allí tengo a mi familia, mi madre, mis hermanos, tíos, todos viven allí.

Javier (Interesado)

¿Les afecta la guerra?

Niko

Gracias a Dios no, (se santigua a la manera ortodoxa). No demasiado, no en un sentido militar. En Macedonia ha habido pocos disparos.

Javier

Debes llevar muchos años en Grecia, ¿Cuántos años?

Niko

Bastantes, ¿Quieres vino?

Javier

Sí, dame un poco.

(Niko le sirve un vaso de vino y se mantiene en silencio, se mira a Javier, mientras sigue comiendo su bocadillo)

(Javier también se queda en silencio, mirando su vaso de vino sin beberlo)

Niko

¿Qué?, ¿me has preguntado algo?

Javier

No, no te he preguntado nada.

Niko

¡Ah!

Javier

La frontera no la han llegado a cerrar, ¿verdad?

Niko (Irónico)

¿Quieres ir a la guerra?

Javier

Claro que no. Sólo quería saber si…

Niko (Interrumpiéndole)

¿De qué bando estás? Y no me digas que de ninguno. (Con una gran sonrisa)

Javier (Grave)

Tú de Serbia, ¿me equivoco?

Niko

No te equivocas.

Javier

Vanguelis me ha contado que hablas muchos idiomas. ¿Cuántos hablas?

Niko

Hablo doce, pero hay algunos idiomas eslavos que se parecen mucho. Sabiendo dos, casi sabes todos los demás. El que habla demasiado es Vanguelis aunque hable menos idiomas que yo.

Javier (Sorprendido)

¿Qué quieres decir con eso de que Vanguelis habla demasiado?

Niko

Que muchas veces estaría mejor callado.

Javier (Sigue sorprendido)

¿Por qué dices eso?

Niko (Arrepentido)

Cuando se tiene una guerra cerca es mejor hablar poco, pero déjalo correr, cosas mías.

Javier (Pensativo)

Doce idiomas, doce tribus, doce meses, doce horas, doce dedos, doce ojos. De todo hay doce.

Niko (Molesto)

Y tú pareces doce veces tonto.

Javier

¡Claro que lo soy!, por eso necesito que me aconsejes, por eso estoy hablando ahora contigo.

Niko (Picado)

¿No te estarás burlando de mí, verdad? El consejo ya te lo he dado. Ve a buscarla. Irene espera que lo hagas.

Javier (Conciliador)

¿De dónde sacas que me burlo? Además no es esta clase de consejos lo que necesito.

Niko (Disgustado)

No sé, eso de que de todo hay doce es una tontería. No me gustan los chistes que no entiendo.

Javier (Conciliador)

Así no se dan los consejos.

Niko (Nervioso)

¿Y cómo se dan? Yo jamás he dado consejos. Nunca nadie me los ha pedido.

Javier (Apaciguando a Niko)

Hablando, contándome tu vida. Y dejando a Irene en paz. Ella no forma parte de las cosas importantes.

Niko (Más tranquilo)

Claro que no forma parte de las cosas importantes, eso ya lo sé, por eso te digo que vayas a buscarla, no cuesta nada, es fácil. Me parece que ése si es buen consejo.

Javier (Lógico)

Por el mismo motivo tampoco es necesario lo contrario, no es necesario que la vaya a buscar. No hacerlo todavía es más fácil Niko, y menos complicado. Si fuera aún se pensaría ella que sí es importante.

Niko (Curioso)

Pero, ¿qué te sucede?, ¿qué necesitas?, ¿de qué clase de consejos hablas?

Javier

Sospecho que estoy llegando a un final de etapa, y me temo que deberé pasarme un tiempo largo, solo.

Soy rápido en las contrarrelojes, pero lento subiendo montañas. Necesito ayuda y tal vez tú puedas dármela.


Niko

¿Temes a la soledad?

Javier

No exactamente. Sé que tiene un valor y que encierra una verdad, y…

Niko

Y te demanda un precio muy alto.

Javier

Todo lo bueno es caro.

Niko

Tonterías, el dolor es caro.

Javier

Quizás no deba preocuparme, quizás deba callarme.

Niko (Comprensivo)

Tal vez tengas razón, quizás debas callarte. Siempre es mejor callar que hablar.

Javier (Insatisfecho)

¿Siempre?

Niko

Cuanto menos hables mucho mejor.

Javier

¿Así es?

Niko (Sorprendido y encarándose con Javier)

En cambio, tú ahora quieres que empiece hablar y te cuente mi vida.


Javier
(Irónico y sonriente)

Sí.

Niko

Estás un poco desconcertado. ¿No quieres que te hable de Aleka?

Javier

¿Para qué?, en todo caso háblame de Alexis, su marido.

Tú eres el único al que puedo preguntar.

Niko

¡Si sabes tú más que yo!, ¿no erais amigos?, ¿no lo visitabas en Atenas?

Yo no sé nada desde que se fue, pero dinero sí sé que llega para su hijo Giorgios, el muchacho me lo cuenta. Ahora Alexis está en Nueva York.

Javier

Sí que lo visitaba, éramos y somos amigos, pero lleva un año en Nueva York y últimamente nos escribimos poco, él ya tiene bastante con sus libros. ¿Cuántos años hace ya de eso?, ¿cinco?

Niko

¿Qué se fue? Más o menos, sí cinco años. ¿Aún vive con aquella niña?

Javier (Con cara de estar mintiendo)

No sé.

Niko

Entonces, ¿qué demonios te cuenta?

Javier

Ya te digo que ahora poco.

Niko

A su hijo le gustará aquello.

Javier (Sorprendido)

¿Qué quieres decir?, ¿su hijo se irá a vivir con él?

Niko

Eso dice el muchacho.

Javier

¿Aleka lo sabe?

Niko

Supongo. El año que viene será ya mayor de edad.

Javier

Pobre Aleka.

Niko

¿Por qué pobre?

Javier

Se quedará sola también.

Niko

Ya que lo quieres saber, eso no es tan malo, yo llevo casi toda mi vida solo y sigo vivo. Además…, ya que hablamos de ella, Aleka no está sola del todo.

Javier

¿Que no está sola, dices?

¡Ya!

Me parece que sabes mucho.

Niko (Haciéndose el inocente)

Lo que me cuenta su hijo, nada más que lo que él me cuenta.

Javier

Tú también tienes hijos, ¿no?

Niko (Nervioso)

Dos muchachos.

Javier

¿A qué se dedican?

Niko

Están en la guerra, aunque no combaten.

Javier (Intrigado)

¿No?, qué suerte. ¿Qué hacen entonces?

Niko

Cosas.

Javier

¿Qué clase de cosas? Cosas que ni siquiera tú conoces, ¿no? Con los serbios, ¿no?

Niko

Conozco algunas y las otras las sospecho. Quizás es mejor que no las sepa. Son cosas necesarias para ganar una guerra.

Javier

¿Con Serbia?

Niko
(Orgulloso)

¡Claro!, con Serbia, ¿con quién si no?

Están en el ejército serbio de Bosnia, a las órdenes de Ratko Madlic intentando liberarla de turcos.

Tu padre también hizo una guerra, la española, ¿en el 36?

Javier (Algo confundido)

¿Eh?, sí, del 36 al 39 y en el bando perdedor, aunque sólo estuvo 18 meses, año y medio. Más o menos como Dimitris. ¿Y tú?

Niko

Pues no se nota.

Javier

¿El qué?

Niko

Que estuvieran en el bando perdedor.

Javier

No sabía que fueras envidioso.

Niko (Ofendido)

No lo soy, ¿qué te hace suponer que lo sea?

Javier

Claro, claro, no lo eres. Dime, ¿hiciste tú alguna guerra?

Niko

En aquella época era un niño.

Javier

No lo eras, muy joven sí, pero no un niño. ¿Fuiste un partisano a las órdenes de Tito, o un chetnik monárquico?

Niko

¿Por qué quieres saber tanto?, me estás poniendo nervioso.

Javier

Necesito tu consejo, ya te lo he dicho. En aquella época, en 1944 deberías tener 13 ó 14 años, ¿no?

Niko (Irritado)

Pues pregunta directamente. ¿Qué quieres saber? ¿Qué te puedo decir yo?, ¿a cuántos ustachi croatas maté?, ¿eso quieres saber?

¿No me ves? (Abriendo los brazos)

Me pagan cuatro dracmas, por barrer, hacer paquetes, recados y cafés, y vivo en apenas unos metros cuadrados, donde casi no cabe mi cama. ¿Qué tontería de consejo puedo darte yo? ¿El de un hombre que no necesita ser rico, como dice tu padre?

Javier

Claro, ese es el consejo que yo quiero. Si no, se lo hubiera pedido a Dimitris.

Niko

¡Además quieren que sonría y que sea amable! ¿Qué demonios puedo decirte yo?

Javier

No lo sé, ¿qué me puedes decir? Di lo que sea.

Niko (Enfadado)

¿Y tu padre?, ¿no sabe darte consejos?

Javier

Claro que sabe, pero a veces es mejor que te los dé alguien más ajeno.

(Murmurando para sí y en voz alta) Aunque bien pensado me los debería dar él. Quizás deba darme prisa, quizás ya no quede tiempo. Quizás sea tarde ya.

Niko

¿Qué murmuras?, ¿es tarde para qué?

En aquel momento entra Vanguelis cargado con las pieles, los 12 “bodys” de manos de visón apalabrados por teléfono. Resopla. Cuando Niko y Javier lo ven acuden para ayudarle.