viernes, 30 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (31)


26 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

31. Joseph Mallord William Turner.

¿Es la sangre, permanentemente vertida, la que entreve, entre los vapores de la barbería de su padre, Joseph Mallord William Turner cuando pinta?, nadie puede asegurarlo, sin duda no o tal vez sí, quizás sea lo menos probable o todo lo contrario. Su visión romántica es trágica, es una descarga, una nube que estalla y una fuente que explota. Es la misma tierra y su lluvia con su niebla, es la propia tradición inglesa, sus campos y sus mares, sus ciudades y los nuevos ferrocarriles. Lo son siempre los holandeses, lo son los cielos y lo son las aguas de Norwich y lo es la luz y sus transparencias, los acuarelistas y la reverberación ensoñada en las pinturas de Claude Lorrain y en sus dársenas imposibles. 

Entre el ojo de Turner y la realidad hay mil cristales y entre cada uno hay mil más. O todo lo contrario, no hay nada y la sangre va directamente del corazón al suelo, dibujando así el color de la tierra, inaugurando de esta forma también el paisaje moderno, antesala de la verdadera abstracción y la oscuridad pintada. 

Leonardo da Vinci cita en su “Tratado...” a Botticcelli cuando habla de paisaje:

"Aquel que no ama, en igual manera, todas las cosas que están contenidas en la pintura, no será universal; como uno al cual no le gustan los paisajes; y considera que son cosas de breve y simple investigación. Como dijo nuestro Boticella, que este estudio era inútil, porque es suficiente lanzar una esponja, llena de diversos colores, en un muro, para dejar en él una mancha donde se puede ver un bello paisaje. Si bien es cierto, que en esta mancha se ven varias invenciones, de aquello que el hombre quiere buscar en ella, es decir, cabezas de hombres, animales diversos, batallas, escollos, mares, nubes, bosques y otras cosas similares; y hace como el sonido de las campanas, en los cuales, se puede entender lo que tú quieres. Pero, aunque estas manchas te dan invenciones, ellas te enseñan que no terminan en ningún particular."

Y Van Gogh le dice a su hermano:

“Théo, decididamente yo no soy un paisajista; si hago paisajes “habrá siempre dentro de ellos vestigios de figuras.”

(Cartas a Théo, V.V.G.)

Y William Turner replica en su “Cuaderno rescatado”:

“Las figuras son arrastradas sin piedad. No hay formas que soporten tal acometida. ¿Hacia dónde? ¿Hacia dónde?” (“Cuaderno rescatado”, William Turner)

¿La figuras no soportan el paisaje?, ¿cualquier paisaje, aunque sea calmo y apacible, esconde una tempestad? Sin duda sí, un césped bien cuidado no es más que una variante de la selva profunda, un estanque con nenúfares es un mar con almadías llenas de náufragos. 

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31H
-“Cuándo subiste por primera vez a mi casa, con tu vestido blanco recién planchado, me espetaste sin miramientos ni delicadeza que sufría del síndrome de Diógenes, llevabas contigo las sempiternas velas que ibas colocando en cada rincón de la habitación donde nos íbamos a acostar. Por si acaso llené un cubo de agua, para tenerlo a mano y poder apagar cualquier incendio que no fuera el de nuestros cuerpos. Al verme con él te reíste y al verte reír pensé que la vida era muy extraña, subías a mi casa para meterte en mi cama, criticabas mi orden y las cosas que guardo y atesoro y me llenabas los rincones con velas incendiarias para romantizar nuestra velada, fue entonces cuando te hablé de Turner y de sus manos siempre manchadas de mil colores. ¿No usaba pincel?, me preguntaste. Tampoco lo uso yo contigo, te respondí.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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31M
-“En “Los cañones de Navarone” hay una escena griega, cretense, una canción y una niña que lleva una flor en la mano. Decías que se la llevaba al diablo para engañarlo. ¿Cómo puede una niña engañar al Gran Mentiroso?, te preguntaba. Con sus mismas armas, me respondías, con la belleza. 

¿Es suficiente la que contiene una simple flor?, ¿para qué quiere una niña engañar al diablo?
No le dará una manzana, ¿verdad?, ese truco ya se lo conoce, me decías burlándote de mí. Pero yo sabía que ése será el acto trascendental que tratarás de hacer algún día, tarde o temprano deberás intentar salvar tu vida poniéndola en juego, pocos son capaces. La perdiste pronto, el tren se paró, el barco se hundió y nunca supiste ponerlo a flote. Por eso sé que nunca regresarás a por mí, creo que tu orgullo te lo impide y no pararás de buscar hasta encontrar a Satán para retarlo y entregarle tu flor. Pero él te teme y se esconde, es tan cobarde como mentiroso. Olvídalo y ven, te digo, pero nunca me escuchas. 

¿Recuerdas aquella noche hablando del Greco en nuestra azotea de Heraclion?” (La madeja. Cartas a un amigo.)


jueves, 29 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (30)


23 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

30. Grandes inventos.

Para el romántico el arte es un espejismo porque cree que la misma realidad lo es, una visión ensoñada, irreal, imaginaria, inventada, un mito, una leyenda lejana entre la utopía, el deseo y la locura. Y en el mejor de los casos, apenas una ilusión del presente, también del futuro, la quimera alcanza al propio pasado en un autoengaño, lo reinventa a medida. 

La industrialización de Europa parece que es antiestética, grotesca y fea. Lo más horrendo, afirman, es el paisaje diferente, los nuevos humos, los olores y los ruidos que acompañan a las máquinas. La industrialización es sucia. 

Pero lo peor y lo mejor de ella es el enorme éxito y el uso de un gran invento antiguo, tan importante como la rueda, o el botón, el dinero. El dinero como unidad contable empieza a circular con el mismo respirar de las personas, es tan necesario como el aire y sus corrientes. 

El dinero, sin embargo, tiene mala fama, se le acusa extrañamente de su bondad, ser una simple unidad de medida que mide sólo aquello que existe. Lo hace mucho mejor y de manera más precisa que el sistema métrico decimal y la propia palabra pues todos sabemos que hay más metros que distancias medibles y más palabras que cosas, pero no hay más dinero que aquello que cuenta él mismo. Todas las trampas económicas consisten en hacer que el dinero cuente más, o menos, que lo que en realidad hay que pueda ser contado.

En el origen humano se concibe al “chivo expiatorio”, otro gran invento para purgar a las masas, y que Cristo erradica con su ejemplo y en su Sermón de la Montaña. Más tarde la ciencia descubre al tullido y las ideologías a la eugenesia. 

Todavía no somos conscientes de la magnitud y las consecuencias de tal hallazgo moral, pues moral es el paso y el dilema a resolver. El tullido, físico o mental, lleva grabada en la frente una pregunta: ¿qué hacer? Lenin, en su famoso libro titulado igual, “¿Qué hacer?”, la respondió de una manera, otros a la suya y todos fracasaron en un baño de sangre. El mundo antiguo no era piadoso aunque hubiera en él personas piadosas. El nuestro, en cambio, es todo lo contrario, la ideología oficial de la modernidad es la piedad aunque pueda haber seres humanos que no lo sean. Nietzsche quiso acabar con ello y ya sabemos todos en qué terminó la idea.

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30H
-“Querida Verónica, siempre hablábamos de las apariencias. Yo te decía que si no soy lo que aparento es que estoy engañando, voluntaria o involuntariamente estoy aparentando algo que no soy. Si quiero ser un hombre sincero es indudable que he de esforzarme también para parecerlo, he de aparentar lo que soy para que así todo el mundo se haga carta cabal. Pero, aparentemos o no, siempre somos nosotros mismos incluso cuando tratamos de no serlo, como si no pudiéramos escapar a nuestro propio ser y apariencia. ¿Podemos ser algo distinto de lo que somos? Podemos imitar a otros, mejor o peor, es cierto, pero no ser ellos.

El narrador dice: “visto un traje verde”. ¿Dónde se halla la verdad?, la verdad se halla en que: el narrador dice: “visto un traje verde”

¿Es verdad que viste un traje verde? Si lo es o no es otra clase de verdad circunscrita estrictamente a la lógica del relato que no hace al caso. ¿Cuál es la verdad hasta ahora?, eso que nos cuenta el narrador es la verdad en sí misma. Quizás ésa sea la verdad de Dios y Dios vista un traje verde. La literatura se “ve”, se pude mostrar como si estuviéramos en una obra de teatro:

Aparece en escena un hombre vestido con un traje azul y exclama de cara al público: “Visto un traje verde”

O bien:

Abrió su guardarropa y extrajo un elegante traje azul. Se vistió con él y al salir a la calle se encontró con una amiga íntima y le preguntó, “¿te gusta mi traje verde?” Y ella le respondió entre risas, “me gustas más sin él”.

¿Quién miente?

Hay dos respuestas:

Respuesta primera: nadie, ni siquiera el diablo.

Respuesta segunda: todos, incluso Dios.

Ambas son eso que llamamos la verdad del arte, un traje que nadie sabe todavía si es verde o azul. Yo, por más que miro y remiro, todavía no he conseguido saberlo.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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30M
-“Al despertar de tus sueños hablabas, querido Víctor, del halo que los objetos adquirían. Todo, decías, parecía reverberar. El nimbo es la nube de Oort, te sugería yo, una nube hipotética que se encuentra en las afueras del Sistema Solar, y todo lo demás es, ciertamente, pensamiento improductivo y poca cosa más. Me mirabas sorprendido, no sé si por mis palabras o por mi halo, pero me mirabas y me mirabas y me volvías a mirar, sin tocarme y sin dejarme de mirar me mirabas de nuevo como si al mirarme nunca me vieras.” (La madeja. Cartas a un amigo.)


miércoles, 28 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (29)

21 Julio 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

29. La realidad y el combate.

El conflicto básico, en cualquier circunstancia, siempre es con la realidad, ella es el origen, la causa y la fuente de todos nuestros problemas, males y bienes. Entre la realidad y nosotros no existe componenda posible, no hay trato, no puede haber ninguna clase de negociación. Ella siempre demanda la sumisión total, es el heraldo de Dios, su soldado y su juez más despiadado, incorruptible, ciego sin duda, pero también sordo y a veces mudo.

Si no hay compromiso hay combate. El mundo medieval la sufre, el renacimiento la encuentra, el barroco la busca, el clasicismo la ordena y el Romanticismo la rechaza y la desprecia. ¿Por qué?, porque el ser humano, cuando descubre, o casi inventa, la libertad, inicia un camino inexorable, inevitable y trágico hacía la adolescencia. Un largo trayecto que todavía no ha terminado. 

La adolescencia es la peor edad del ser humano donde nada es, ni nada tampoco se sabe, donde todo se ignora y se desconoce, donde sólo existe el miedo que no sirve ni es útil para nada fuera del mal vivir al descubrir que el tiempo tiene fin.

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29M
-“Siempre decías que las ciudades deben tener montañas, atalayas o rascacielos, que París tiene la Torre Eifel y Roma sus siete colinas, y que de las siete ciudades de Cíbola nada se sabe. Existir existen las siete, afirmabas muy seguro, pero todos desconocen si se encuentran en un valle o se hallan en una llanura, si las hemos de buscar tierra adentro o si pisan el mar como Barcelona, la más contemplada por sus propios habitantes. Tú querías ir a la casa de Vallvidrera para admirarla desde su cama y yo te llevaba allí para mirarte a ti, me conmovían tus zapatos gastados y rotos y tus palabras apasionadas que me escribías en papelitos; al final, terminabas viendo rodar la ciudad, cuesta abajo, por la ladera del Tibidabo, mientras, yo me adormecía a tu lado soñando ser un cocodrilo al despertar.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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29H
-“¿Me hablas de zapatos, querida Verónica? Yo también quise ser un alquimista, un estrafalario, y un aventurero como Fabre, él, aunque fue demasiado humilde y sencillo para ello, hizo sus pinitos y sus intentos. Es enternecedor verlo actuar como secundario en esa fantástica película “El salario del miedo”. Su obra dedicada a Picasso es la referencia mundial del malagueño. Nadie que quiera saber algo del “gran” Pablo puede eludir a Palau i Fabre. ¿Me hablas de cocodrilos, de zapatos, o de zapatos de piel de cocodrilo?

LA SABATA (Palau i Fabre)

“He donat el meu cor a una dona barata.
Se'm podria a les mans. Qui l'hauría volgut?
En les escombraries una vella sabata
fa el mateix goig i sembla un tresor mig perdut.
Totes les noies fines que ronden a ma vora
No han tingut la virtut de donar-me el consol
que dóna una abraçada, puix que l´home no plora
pels ulls, plora pel sexe, i és amarg plorar sol.
Vull que ho sapigueu bé les parentes y amigues:
Josep Palau no és àngel ni és infant model.
Si tenien de mi una imatge bonica,
ara jo els n'ofereixo una de ben fidel.
No vull més ficcions al voltant de la vida;
aquella mascarada ha durat massa temps.
Com que us angunieja que us mostri la ferida,
per aixó deixo encara la sabata en els fems.”

(El hilo. Cartas a una amiga.)

martes, 27 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (28)


19 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

28. El retrato y Dios.

El retrato sirve al poder y trata de superar a la muerte en un acto de rebeldía y quizás de soberbia. Poder y muerte forman parte del mismo proceso básico del vivir y del sobrevivir,
La nuestra es una naturaleza que siempre oscila entre la del asesino y la de su víctima, elegir a la una o a la otra marca la geometría de ese poder y de sus armas, el tiempo, el sexo y el miedo.
¿El tiempo es sexo y el sexo es miedo?

El retrato no es obra de sociedades pobres y sí la consecuencia del bienestar, de la lógica decadencia y del inevitable desasosiego y la loca sospecha que la nada nos causa, las tres son también las condiciones básicas de la filosofía que no es más que una variante sofisticada del grito desesperado y del primer llanto. 

Los primeros retratos son figuras de donantes frente a Dios, orantes humillados en su voluntad de abandonar todo poder en presencia del “Poder Total”. Sin embargo, es una actitud hipócrita y vanidosa al permitir ser retratados y así mostrar su individualidad, hecho que muchas religiones y dioses rechazan, abominan y prohíben, y que al hacerlo ponen en evidencia la cuestión fundamental del retrato y de toda la pintura en general, que es su legitimidad icónica. La pregunta básica es la siguiente: ¿es legítima la representación de los rasgos que individualizan a un ser humano? Cuando éste se concreta, al hacerse identificable y diferente a través de la imagen, el orden cósmico se altera y quizás Dios, o sus profetas, se sienten amenazados. Nuestro rostro, que aparece al ser pintado, compite con Dios. ¿Es la pintura una cuestión de poder?

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28M
-“Recuerda, Víctor, que Delacroix afirmaba también que en el acto de generalizar y elegir se halla el genio de pintar. Albert Camus, en su “Hombre rebelde”, considera que en esa “elección” el tiempo se detiene y los hechos que en él acontecen quedan fijados como tú mismo hiciste encarcelando a Sam Ot en su Trasatlántico de lujo, “La Hoja de Fresla”, en aquella vieja “Historia de la quietud”. Ésa es ahora la mejor manera de describir mi situación, parezco un salmón congelado en un mundo que de tan blanco parece un alba eterna que impide al sol remontar el vuelo. No se puede vivir sin el amarillo.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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28H
-“Katya Berger le decía a su padre, en “Tiziano: ninfa y pastor”, que: “el que a lo largo de los siglos las mujeres nunca hayan dejado de ser deseadas, el que los hombres las deseen siempre, se debe, en parte, a una pequeña mentira, tan vieja como el mundo, según la cual toda la carne es femenina. (…) La piel del hombre -¿te has fijado alguna vez?- cuando es suave es mucho más suave que la de las mujeres.” 

Los mejores colores, querida Verónica, siempre son los ocres y los pardos, esos marrones de los franceses y algún que otro gris. Pero nunca podré olvidar el amarillo de tu falda y el blanco inmaculado de tu blusa de domingo, tu pañuelo, a veces azul y otras rojo, y tus zapatos negros, tan sucios por el polvo del color de la vainilla, que más parecían una pintura de Tapies que un calzado de mujer. Siempre me gustaron tus pies grandes, blancos y su tendón a punto de romperse.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

lunes, 26 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (27)

16 Julio 2010
Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

27. El paisaje y el retrato.

Toda imagen es un paisaje o bien un retrato al mismo tiempo. En cada una encontramos un escenario o un rostro en ella pintados, y aunque la pintura no inventa el segundo si lo hace con el primero. No hay pintura sin paisaje ni paisaje sin pintura. 

La ortodoxia histórica en las artes nos habla de pequeñas figuras esculpidas en las que se representa por primera vez la estampa humana, paso previo necesario para el descubriendo del rostro. Pero nosotros queremos ser más osados, ir más allá y afirmar que en el nombre ya encontramos los primeros rasgos, que él contiene su recuerdo al convertirlo en un ser distinto, con identidad. El nombre que nos identifica y distingue es nuestro primer retrato y el rostro su imagen, la firma icónica que adopta y supera el anonimato de tantos rostros pintados sin bautismo.

En la “Paleta de Narmer” encontramos el primer documento “firmado” por alguien identificable aunque su figura esté idealizada por un dibujo de trazos convencionales. Y también lo encontramos en el “Escriba sentado”, hallado en la necrópolis de Saqqara, en él vemos el otro extremo de la cuerda, una escultura en caliza que representa uno de los más antiguos retratos de alguien anónimo, sin nombre. 

La “Paleta” y el “escriba” son dos paradojas poéticas, la primera es un nombre sin rostro y el segundo un rostro sin nombre. Las dos son la misma cosa.

No es necesario que junto a los rasgos individualizados se pueda identificar al modelo, el rostro y el nombre ya lo ubican en el Universo al darle identidad y hacerlo diferente a todos aunque nunca hayamos visto a “todos”.

Animales pintados en cuevas, seres humanos en cañadas y figuras geométricas en utensilios domésticos de barro y manos abiertas en paredes. De la figura humana impersonal a la imagen de personas determinadas al ser incomparables y emerger del caos, ciega por la oscuridad o el exceso de luz, a la realidad sombreada. 

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27M
-“Querido Víctor, siempre exaltabas la valentía de Camus al distinguir el crimen de carácter de aquel otro que necesita una doctrina que lo impulse y ampare. Hoy, ese tipo de cosas no pueden decirse en público cuando se reclaman leyes que en lugar de normas disculpen nuestra cobardía. Pronto obligaremos a nuestros magistrados a promulgar una legislación sobre la belleza negando que exista la fealdad. A propósito de ello, y sin quizás venir a cuento, recuerdo el primer párrafo de “El amante” de Maguerite Duras. Dice: “Un día, cuando ya era mayor, en el vestíbulo de un lugar público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: “Os conozco desde siempre, todos dicen que erais bonita de joven, vengo a deciros que para mi sois más bonita ahora que de joven, me gustaba menos su rostro de muchacha que éste que tenéis ahora, devastado”. Es cierto, sigo siendo una mujer viva, bella y devastada.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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27H
-“Me preguntas por la verdad y la sinceridad y tu pregunta quedará sin respuesta, no porque no la tenga, ni tampoco porque no quiera dártela, sino porque si pensamos que “al fin y al cabo, ser sincero no es decir todo lo que se piensa sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”, habremos también de convenir que, al igual que cuando mentimos, cuando decimos la verdad lo que realmente nos importa es que nos crean. Cuando era joven así era, quería que me creyeran cuando decía la verdad o cuando mentía, pero ya no, ahora me da igual que crean mis verdades o mis mentiras, así que no sé si decir todo lo que pienso o callarme para no escribir lo contrario de aquello que mi cerebro barrunta. 

No te preocupes por tu amiga, “todo eso que me cuentas de ella no tiene relevancia, son cosas de matrimonios, de hombres y de mujeres, tonterías de ésas, líos de camas, ya sabes, sexo y dinero, carne, mentiras, un par de medias verdades, algunas lágrimas, muchas decepciones y un poco de música, empresarios que se imaginan que les roban el pan de cada día y mujeres que no saben relajarse, nada importante, nada fuera de lo habitual, nada que deba saberse. (El hilo. Cartas a una amiga.)


sábado, 24 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (26)


14 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

26. La Casi muerte.

“El placer de retratar cadáveres, sean humanos, animales, o vegetales, como lo es un precioso ramo de flores, es una manera sesgada de captar un aspecto de la realidad que muchas veces se nos escapa ante la avalancha de emociones que provoca la muerte. Pero solamente es en esta oportunidad, donde tenemos la fortuna de contemplar y disfrutar de la sombra que proyecta ese secreto que se desvanece. 

No el secreto y sí la sombra.

Es ella la que palidece como si se apagara el sol. Ése que un día fue dios y que ahora no es nada más que una estrella. Así pues, el secreto permanece mientras una nube oscura huye de nosotros.

¿Es un desvanecimiento? o ¿quizás es un milagro morir? ¿Esa es su bondad? ¿O todo lo contrario? ¿La constatación más terrible de la preeminencia de las leyes físicas? ¿Su cumplimiento inexorable?

¿Es una sentencia? ¿O la muerte es una simple casualidad, una nefasta suerte? Porque yo no creo en el destino, ni que nada esté escrito. Ni siquiera creo que hayamos de morirnos. Yo no me creo eso. 

No creo que tengamos que perder la vida necesariamente, o peor, innecesariamente. Morir en vida, claro, no vivir después de morir que es otra cosa muy distinta; seguramente también un engaño, una patraña, una mentira.

Estoy seguro que casi nadie lo cree, nadie piensa que morirá, mienten cuando dicen que sí. Lo que ocurre es que no se atreven a manifestarlo en público.

La “Naturaleza muerta” es la expresión que el castellano utiliza para plasmar las cosas inanimadas, término sin duda fatalista y rotundo, poco dado a la sutileza, incluso contradictorio. Los castellanos no han sido nunca buenos filósofos. Santos sí, místicos, guerreros y artistas también, pero no filósofos.

Los anglosajones en cambio, irónicos ellos, a la “Naturaleza muerta” la llaman “still life”, “casi vida”, “aún en vida”, “todavía viva”. Parece una broma macabra, una buena ironía del mejor de los humores negros, una bilis”. (“Still Life”, el peletero). 

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26M
-“Ni tú ni él erais los únicos, pero me supo mal aquel año que me dejaste por una rubia estúpida que no sabía francés ni griego aunque hablara inglés y alemán bávaro. Podías haber elegido a una eslava, hija de esclavos y no a una valkiria robusta; las checas o las eslovacas son más delicadas, te decía. Tú me replicabas que ella era una celta ligera, pecosa y delgada. En realidad fueron dos las hijas de Europa que amaste, pero yo tuve a doscientos y los tuve a la vez. No te gustó. El sexo es extraño, pensaba, para comprenderlo debes hartarte y saciarte y tú me mirabas triste y siempre decepcionado de mí. ¿Eso es lo que piensas?, me preguntabas en tu mal griego aprendido en los hoteles, pero... ¿qué podía responderte?, ¿qué podía hacer?, ¿querías ser él o sólo estar tú?” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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26H
-“El otro día me encontré con una muchacha rubia, jovencita y bonita, me pidió 10 euros prestados, me explicó que había perdido la cartera, el pasaporte y que estaba sola en la vida, y me contó una historia triste y terrible que casi me hace llorar. Creo recordar que me dijo también que era belga, de Ostende, pero no estoy seguro, yo solamente le miraba los pechos y los ojos. Me apuntó su nombre, Lisa, su dirección y su número de teléfono que misteriosamente empezaba por 666 -tengo una testigo que podría refrendar y corroborar todo lo que digo, me perdonarás que no la cite por respeto y para salvaguardar su condición de mujer casada-. El caso es que le presté el dinero, los 10 euros y hoy, al ver que no viene a devolvérmelos he llamado al número de teléfono y me ha respondido un hombre que apenas hablaba nada, he conseguido hacerme entender y por fin me ha confesado que no conoce a ninguna Lisa, que lo sentía mucho. “Have a nice day” me ha dicho al despedirse, “you too”, le he respondido con cara flácida.

No sé, hay gato encerrado, en este caso gata, y algo me hace sospechar que está relacionado con algo. Con algo seguro. Lo que no sé es con qué, seguramente con mi cara flácida.
Tenía unos pechos bonitos la tal Lisa y los ojos también. (El hilo. Cartas a una amiga.)

viernes, 23 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (25)

12 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

25. La Casi Vida
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Mi viejo amigo de profesión innombrable y asesina del que ya os he hablado decía:
“El ser humano siempre se ha sentido interesado por todo aquello que se mueve. Tanta ha sido la sugestión que ha manifestado por el fenómeno del movimiento que nunca ha dudado en procurar plasmarlo de una o de otra manera. Su empeño ha sido constante, firme y decidido, y hasta que no apareció la fotografía, la pintura y la escultura fueron las técnicas más apropiadas para conseguirlo.

No menos resuelta ha sido también su propensión para todo lo contrario. La inmovilidad parece esconder un misterio de otra clase, un secreto que seduce y da reparo desvelar. Sin embargo, la audacia humana no tiene límites. 

El arte, y más concretamente la pintura, consiguió convertir en género el retrato de cuerpos muertos, comestibles o de adorno. Piezas de caza, frutas y flores, incluyendo también jarrones y platos, básicamente, aunque el repertorio es inagotable.
En todos esos casos nos paseamos a lo largo de un linde no trazado por ninguna señal o marca en el suelo.” (“Still Life”, el peletero).

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25H
-“Un día vimos juntos por televisión un reportaje sobre Balthus. Tuviste celos de sus pinturas, no tanto porque yo las coleccione en mis palacios romanos de piedra gris, si no porque tú no eres nunca el modelo que en ellas aparece pintado. Te molestó también que alabara la hermosura de su esposa japonesa, y la de la hija de ambos que retiene lo mejor de las dos razas. Para disimular enfaticé con desgana la juventud de la muchacha como si fuera un reproche, un defecto de carácter o un error en su vida. Pero la madre es una mujer mayor, añadiste, por eso te gusta más. Es cierto, te respondí, ten en cuenta, sin embargo, que esa esposa asiática todavía sigue siendo mucho más joven que él, un anciano de cuerpo frágil y cabeza aún dispuesta a seguir pensando. ¿Por qué pintaba esta clase de cuadros, de niñas y jovencitas en escenas falsamente equívocas, y disimuladamente explícitas? No te puedo responder, tal vez por dinero, yo solamente colecciono sus pinturas que guardo en mis suntuosos palacios mentales de invierno y de verano, no las pinto. Pero las miras y sólo deberías mirarme a mí, me respondiste. Sí, pero debes agradecerme que a ti no te colecciono.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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25M
-“Antonio T. me quiso por que sabía francés, y porque me gustaba estar con él en la cama. No le fui fiel pero le fui útil traduciendo sus cartas, no paraba de viajar a Francia y de visitar a sus amigos de París. Pero a ti te seduje porque hablaba griego, y aunque sería fácil con ello hacer bromas tontas tú nunca las hiciste. Me llamabas Andrómeda y me señalabas con el dedo índice en el cielo estrellado. El Egeo te devorará, te anuncié, y tú me respondiste que te morirías en las riberas del Indo cabalgando elefantes conmigo a tu lado. Pero terminarás enterrado  en alguna grieta africana cazando leopardos, gacelas y guepardos. Ya sé que estamos locos o solos, pero, dime, ¿qué puedo hacer?, haz callar a las hienas, ven y mata a los osos blancos que acechan mi casa, regálame por fin la manta de lobo marino que me prometiste, cuéntame aventuras de marineros de barbas canas, háblame de torpedos y de periscopios, de barcos que se hunden y de ballenas desdentadas que devoran la estrella de la mañana. (La madeja. Cartas a un amigo.)

jueves, 22 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (24)


9 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

24. La Muerte y la poesía.

Algunos buenos críticos literarios consideran que el único género básico es la llamada “serie negra” y que en ella están incluidas todas las demás. La Historia, el cuento, el mito, la novela y las leyendas son el relato de la muerte, sea nativa o forastera, propia o ajena. Así pues, el argumento fundacional del arte de contar historias no es otro que el crimen, pues crimen es también morir por accidente o por enfermedad. El resto son variantes o hijos más o menos naturales o legítimos del peor pecado, el asesinato. 

Nosotros lo hallamos en el único “Tema” poético de Robert Graves y en la poesía apolínea que, con Sócrates y Platón, lo sustituye. En el amor a la Diosa están escondidos la muerte y el asesinato, y ambos también se encuentran, de una manera más manifiesta si cabe, en el suicidio del propio Sócrates. En las dos la muerte es necesaria para que la tribu o el pueblo sigan viviendo. La Diosa, encarnada en cualquier mujer, y la razón, en la de cualquier juez, son las dos entidades que mejor representan la crueldad al no permitirse jamás ser piadosas, ni con el hijo-amante ni tampoco con el reo que incumple la ley. La primera usa del “chivo expiatorio” y la otra de la justicia ciega y sorda que elimina la venganza y que convierte los asuntos privados en públicos. Jesús pone en evidencia algo obvio para nosotros, pero que a lo largo de la Historia de la Humanidad no lo ha sido casi nunca, que el chivo es inocente y que su asesinato es responsabilidad de todos sin distinción.
Hay dos clases de muerte, la de los otros y la nuestra.

“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva, es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. (Albert Camus)

¿Qué tiene todo ello que ver con la pintura?

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24M
-“En la Avenue Jean Jaurés de Paris tenía su piso mi amiga Mercé que trabajaba de costurera en (…) Ella era la excusa que siempre le daba a Antonio T. para quedarme unos días más. En su apartamento nos encontrábamos tú y yo medio furtivamente cuando él regresaba a Barcelona. Mi amiga nos dejaba una habitación pequeña y una cama que casi no cabía en ella. Tú venías en tren y yo pasaba de un gran hotel a una buhardilla con el suelo de madera. Todo era muy romántico, yo te facilitaba entradas gratis para los museos y a ti te gustaba visitar el taller donde trabajaba Mercè y ver los carretes de hilos y las madejas de lana como si fueran composiciones policromas vanguardistas. Tú pagabas “Le Metro” y yo los restaurantes y los libros que me pedías que te regalase. Había uno que te gustaba especialmente, “Souvenirs retrouvés”, la autobiografía de Kiki de Montparnasse, una famosa cantante y artista variada de los años 20, modelo y musa de muchos pintores. Siempre me decías que contemplar aquellos desnudos antiguos tenía algo de incestuoso, como si miraras a tu madre o a tu abuela desnudas. Por eso me corté el pelo como ellas, a lo garçon. Nunca quisiste que me depilara el pubis, en cambio Antonio T. siempre me lo quería afeitar, no sabía qué hacer y a quién obedecer. Uno de los dos, no recuerdo cuál, decía que tanto pelo parecía un Pollok.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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24H
-“Un día llegaste con un aire resuelto fuera de lo habitual, nunca fuiste una mujer apática ni perezosa, pero sólo demostrabas interés por algo cuando terminábamos de estar juntos después de tu último éxtasis, no antes, era entonces cuando elegías un libro, hablabas de ti, de mí, de los hijos que deseabas tener o de los amantes que sí lograste conseguir después. Esta vez no, tu entusiasmo no pudo esperar al sexo post coito para despertarse. Te sentaste, alisaste tu falda, te bebiste de un solo trago una coca cola entera y sin eructar me pediste: “¡háblame de Pollok!” Me desmayé.” (El hilo. Cartas a una amiga.)