jueves, 21 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (5)






5. El lado izquierdo de tu boca.

Durante un tiempo fui tu uña y tu pierna derecha de mujer, luego el lado izquierdo de tu boca y después tu hijo en tu entraña loca, el monstruo al que expulsaste antes de nacer. Pasé por zorro, por oveja y por mosca de mil ojos, fui maza y cuchillo, aplasté tu corazón y abrí tu vientre vacío para ver como me mirabas sin comprender por qué morías y por qué te mataba.

miércoles, 20 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (4)






4. La Arena.

Cuando fui ángel me transformé en piedra, esa fue mi primera metamorfosis.
Luego fui calamar y después quise ser mujer para diluir mi corazón celestial en su sangre caliente y muerta. 

Siendo ella fui madre y conocí a hombres y a caballos.

Montada en sus lomos recorrí las estepas y traspasé ríos, y cuando llegué al mar, cansada y vieja, deseé convertirme en arena, pero primero tuve que ser una perla y matar a mi dueña, a mi coraza de carey, a mi nácar y a mi reina.

martes, 19 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (3)



3. La Mano.

Quise ser tu mano para acariciar tu sexo, quise ser tu sexo para sentir tu mano, pero terminé manco luchando por un carro de heno. 

Así que con sólo cinco dedos pinté retratos y dibujé senos sin un papel ni siquiera un lienzo.

lunes, 18 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (2)



Las Memorias de Caín

2. La rosa y los mil peces.

Cuando fui perro te ladraba y te husmeaba y en tu sexo me enganchaba dándote la espalda.

Cuando fui gato iba y venía y cuando fui leopardo ni te miraba. 

Pero una vez fuiste la rosa entre mil peces cuando yo fui el macho y tú la ventana.

viernes, 15 de octubre de 2010

El peletero/Las memorias de Caín (1)



1. Clavos de carpintero.

Un hombre sentado y una mujer de pie. Un anciano en una cama y una niña, quieta a su lado, que sostiene su mano. 

Las sillas, de respaldo alto y de madera oscura barnizada, están tapizadas de terciopelo verde musgo y de blanco sucio. Hay un crucifijo en la pared, encima de la cabecera metálica. En la mesilla de la derecha un jarrón de cristal claro contiene una rosa recién marchita, a su lado hay unas estampas de santos y de vírgenes que parecen mirar más la luz que entra como un meandro por la ventana que al huésped que yace en el lecho.

Es temprano y es invierno, el sol está bajo y las cortinas de hilo, algo descorridas y abiertas, han tomado el color de la crema; más tarde aparentarán el tono mortecino de las sábanas viejas, medio marfil y medio hueso, pero eso será después, en el crepúsculo, cuando empiece a anochecer. 

El hombre sentado solloza, la mujer de pie está incómoda, casi irritada, y la niña quieta sonríe porque es un fantasma que sólo puede ver el anciano moribundo.

Yo, Caín, ángel ido, en una de mis metamorfosis, era la cama de metal. En ella durmieron, convalecieron, fornicaron, parieron y fallecieron tres generaciones. Terminé fundido en un horno, convertido en un montón de clavos de carpintero.

miércoles, 6 de octubre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (50)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

50. El doble y el espejo.

Cuentan que el significado de imagen en el arte siempre ha oscilado entre dos conceptos no iguales aunque extrañamente complementarios: el doble y el espejo.

La tradición que nace con el mito de Plinio la considera como “lo mismo en estado de copia”, según parece es el mejor simulacro posible al ser un duplicado verdadero, el único que podemos conseguir con las artes mágicas de la pintura. La imagen conseguida es “otro”, otro él, otro yo, un Golem, un ídolo, otro ser igual, el monstruo del Doctor Frankenstein. 

La duplicación es una extraña garantía frente a la muerte, una rara manera de elaborar una copia de seguridad y con ella pervivir. Es otra forma de procrear y perpetuarse, de engendrar y parir para eludir morir. 

Las imágenes siempre han estado relacionadas con la muerte, con el culto a los muertos y con las diferentes prácticas funerarias. La una y la otra, la imagen y la muerte, son intercambiables, la primera no es sólo un doble, es también un sustituto del fallecido, su efigie. Así pues todas las artes que construyen y erigen imágenes no son otra cosa que prosopopeyas de la muerte y de los seres que la habitan o la habitarán. Viven en nuestro mundo, las podemos tocar y observar, pero ellas ven lo que nosotros no vemos.

La muerte es una petrificación, un phalos erecto, una peculiar manera que tiene la vida de reordenarse y recolocar de nuevo las cosas en el lugar que les corresponde, equilibrando los pesos y las masas y el territorio que ocupan, reestableciendo el protocolo que se ha visto alterado por esa propensión infantil al movimiento de los entes. 

Las cosas perfectas, como todo el mundo sabe, son inmóviles.

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Al pasar el ecuador del curso las lecciones y la correspondencia entre V & V sufrirán una interrupción de alrededor un mes para permitir un descanso a sus alumnos y profesores.
En su lugar se publicarán otros textos que espero sean también de su agrado y merezcan su aprobación. Gracias anticipadas. Antonio T.

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50M
-“Querido Víctor, fui mi doble y mi espejo, gemela de mi misma.
Fui famosa y una prostituta barata, daba mi poco amor a cambio de nada y de todo.
Quería ser yo y fui otra, tú me desnudaste y me vestiste con tu propia piel que nunca llegué a traspasar.

Ahora te digo que ahora soy yo y que antes era otra, que ahora te amo cuando no te amé entonces.

Fui portada de Vogue y me acosté con mil hombres en una sola cama. 

¿Tú también fuiste ellos y ellos tú? Tú no fuiste nadie.

A todos los engañe aunque les dijera entre lágrimas que no los amaba suficiente porque se lo decía después de haberlos amado con menos que nada, con poco. 

En cambio, a ti te digo que te amo mucho y sé que no me crees porque tú no eres ni tu doble ni tampoco tu espejo. Tú lo eres todo. 

En aquellos años, en el que el mundo me albergaba, yo te quería poco. Y ahora, que el tiempo y el mundo me han abandonado, te sigo queriendo igual aunque crea que te quiero mucho.
Hoy, y desde hace siglos, ya no estás conmigo, me fui de tu lado, me marché, te aparté de la tierra, y mi vida sin ti se alejó del tiempo y de mí.

Escríbeme y dime que vives aunque sea con otra. Responde al menos alguna de mis preguntas locas, cuéntame mentiras, dime que me quieres, háblame de tu ojo enfermo, ¿todavía no está curado?, ¿qué te dice el oftalmólogo?, ¿serás un pirata filipino?, ¿quién está contigo?, ¿quién acaricia tu cuerpo?, ¿qué labios besas?, ¿los de siempre?
¿Todavía amas a tu Verónica?”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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50H
-“Entonces tu me leías en voz alta mis propias palabras, yo escuchando desnudo y acostado entre tus piernas y tú de pie, encima de aquella cama tan enorme de Antonio T., tal y como Dios te trajo al mundo, en todo tu esplendor, alta, salvaje, griega, esbelta, heroica, magnífica, soberbia, bella, sensual, poderosa, emperadora y declamando exageradamente como una griega interpretando a Antígona que:

“Le Dejeuner sur l’herbe” es una pintura extraña y ambigua, y lo es por la convivencia nada inocente de elementos iconográficos distintos y discordantes. Hombres vestidos junto a mujeres desnudas y medio desnudas. Todos ellos disfrutando de una jornada de clima apacible, de la conversación agradable, del no hacer nada o buscando tréboles de cuatro hojas por entre las hierbas del bosque. La mujer desnuda, sentada a la izquierda de la tela, mira al pintor. En el arte ésta ha sido siempre una pulsión satisfecha o reprimida según el caso: la necesidad de Dios. Su proximidad, su calor o su extrañeza, lejana, y escondida. La mirada de esta mujer representa la soledad del mundo.” (“El peletero campestre”, el peletero)

¿La soledad del mundo?, terminabas por preguntarme desde lo alto. Su mirada, te respondía, es una petición, una súplica y una pregunta y su pregunta es un ansia igual que la tuya, no sabes ni supiste nunca quién eras ¿y pretendes que alguien, te lo diga? ¿Quieres que sea yo?
Eres tu imagen, tu propia efigie, no eres nadie.

Sí, todavía sigo amando a mi Verónica” (El hilo. Cartas a una amiga.)

lunes, 4 de octubre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (49)

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

49. La Vida.

Es curiosa la enfermiza predisposición humana a detestar nuestro patrimonio, la vida, la única que tenemos y conocemos. Si sabemos que moriremos sabemos también que vivimos, y esa vida, perdón por la blasfemia, es la envidia del Cielo.

Incluso el ser humano se permite asegurar que la Creación es nefasta y que mejor sería que no existiera y, en una alabanza nihilista y perversa de la muerte y dando por supuesto algo indemostrable, que la verdadera vida empieza después de morir.

La muerte es la pérdida de la identidad y la individualidad que conlleva. La muerte es una aniquilación de la singularidad que cada uno de nosotros representa para sí mismo y para los demás. La vida, sea lo que sea, es sin duda una emergencia y nosotros somos su atributo más importante, que, paradójicamente, ella no necesita ni tampoco demanda. ¿La vida exige ser pensada?, ¿o es al contrario?, ¿el pensamiento requiere de la vida? Entre estas dos preguntas se halla cualquier icono, cualquier gesto expresado, cualquier cosa vista, mostrada y contada.

En la muerte hallamos el abismo fundamental de la vida que nos separa de los otros. La muerte es la muralla definitiva al ser siempre y únicamente nuestra muerte, el placer y el dolor son intransferibles, la vida también; la muerte es la evidencia más clara de nuestra irremediable soledad, es una extraña y terrible sinrazón.

¿Entonces qué es un rostro pintado en una superficie?, ¿por qué se parece al modelo?, ¿qué hay en él que se deja atrapar por un pincel?, ¿por qué podemos ser vistos? ¿Quién nos dará sepultura?, ¿quién escribirá nuestro nombre en la lápida?

En la muerte perdemos el nombre y regresamos allí de donde vinimos al nacer. Si nos preguntamos a dónde vamos también deberíamos indagar de dónde partimos, ambos interrogantes no tienen respuesta, pero seguro que es la misma para ambos.

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49M
-“Creo que ya te conté que un antiguo y viejo amigo partió hace mucho de viaje por África. Al fallecer su esposa no pudo ni quiso permanecer en una casa vacía y hacerse cargo de un hijo que no era suyo y que ella había tenido con otro. Se lo endosó a su cuñado o a sus suegros, hizo las maletas y se largó. Todavía no ha vuelto y hace casi cuatro años que dejó de escribir, aunque muy de vez en cuando recibo sobres africanos con dibujos suyos, cartas hechas de papel, cada una desde un lugar distinto, eso es todo lo que sé de él. Ya no las acompaña ninguna palabra y ya no las respondo porque siempre me las devuelven con la consabida frase de “remitente desconocido”. Son dibujos de paisajes y retratos de mujeres y hombres africanos anónimos para mí. Están realizados con lápices de colores y, ocasionalmente, me envía también alguna que otra acuarela. 

No sé por qué te cuento eso y tampoco sé por qué sigo hablándole a una pared. Antes me escribías el doble que yo a ti y yo la mitad que tú a mí, ahora sólo escribo yo el 100 % y tú nada.
Me sorprenden esos ríos sucios, grises y marrones debajo de un cielo todavía más ocre que el barro; esparcidos por el papel hay manchas de verde, pequeñas salpicaduras negras, rojas, y amarillas también, supongo que son los vestidos de las africanas con sus hijos a cuestas, y, desde algún rincón del cielo, un estallido de azul y blanco que me ciega.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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49H
-“Dices que cuando hago mi mala filosofía soy ateo y materialista, pero yo afirmo que si la digestión es la función del estómago, el pensamiento lo es del cerebro. Que si no hay cerebro no hay nada. No me gustan los psicólogos y sí los neuropsiquiatras que recetan pastillas. No creo en Platón ni en almas ni en el más allá, ni en Dios ni en el cielo, el pasado no existe igual que el futuro, solamente la flecha del tiempo que marca que algo cae. ¿Hacia dónde?
¿Hacia dónde? Si respondo a la pregunta deberé decirte que este “Tiempo pequeño” que te he enviado en el que medio hablo también de ti en la figura de la mujer del balcón, la otra mitad es mi madre, son solamente palabras escritas en un papel, nada más, que su valor está en ellas mismas para el que sepa hallarlo, son ensoñaciones, mezcolanzas de recuerdos, imaginaciones y sueños. Son también deseos y viejas esperanzas muertas que por estarlo las trato con el mismo respeto y amor de entonces, cuando estaban vivas y adornaban mi vida igual que lo hacen hoy.
Por eso pude escribir “Réquiem”, tú conoces sus claves. Gracias a vosotras rescaté a alguien de la oscuridad, fue un instante, sucedió entonces y sucede cada día de mi vida.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

jueves, 30 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (48)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

48. La Verdad y la Muerte

Toda la filosofía de Nietzsche está fundamentada en el miedo a la muerte, su victoria y aceptación colérica y heroica, soberbia y lujuriosa, su famosa danza dionisíaca es miedo a morir. Nietzsche era hijo de un tiempo vanidoso, era un gallo decapitado, una falsa imagen de vida, una farsa grandilocuente construida con palabras que pretendían ser castillos con torres más altas que las de Babel. Pero... tenía razón. La muerte es un secreto sabido que no por sabido deja de ser un secreto, esa es la clave de todo, la verdad que no otorga poder.

La verdad que no otorga poder.

Al menos no para los humanos. ¿Qué otro saber puede ser más poderoso que saber que vamos a morir?, ¿saber que no moriremos? ¿Es lo que saben Dios, el diablo y los ángeles de sí mismos?, ¿qué no morirán? Pero para morir hay que estar vivo, ¿lo están ellos? Jesús lo estuvo para ser el chivo expiatorio de todos nosotros y morir en nuestro lugar.

Es indudable que la naturaleza de los seres celestiales e infernales posee una semejanza indudable con la de las bestias que pueblan nuestro mundo y que ignoran su condición de mortales. Los espíritus se encuentran a medio camino entre nosotros, los humanos, y ellos, los animales. Entre ambos hay esa semejanza y esa diferencia fundamental: saber. Los animales ignoran que morirán aunque puedan presentir la muerte, en cambio, los seres espirituales, divinos y semidivinos, conocen que no morirán.

La verdad que sí otorga y confiere poder es saber que vivimos.

Hablar de ellos, de esos seres descarnados, tal y como lo hacemos les da consistencia y entidad, parece que sean seres reales igual que lo somos nosotros. Los tratamos de tú, con respeto y confianza también al decir, sólo decir, cosas de ellos. Desplegar toda esa literatura fantástica es adornar nuestra condición de sepultureros, darle renombre, prestigio y dignidad. Todo lo que hacemos en esta vida, todo, comer, vivir, amar, someter, atesorar, pensar, hablar, cantar, danzar, procrear y matar es a causa de la muerte cierta, todo es por ella. La diferencia entre las civilizaciones radica en la manera en cómo entienden y encaran, cada una, la muerte, el resto es adorno, juego de pies, pantomima de manos de magos y prestigitadores.

La continuidad genética de la especie y la de nuestras tribus y patrias nos otorga una falsa sensación de permanencia e inmortalidad que es abatida de una manera absoluta en cada hecatombe, natural o provocada. Nos sentimos inmortales en nuestros hijos ¿Quién puede enfrentarse al Cosmos y a nosotros mismos? Domeñar la naturaleza está mal visto, es, dicen, un nuevo pecado de soberbia. Erradicar el mal provoca más muertes que las que pretende evitar. Se mata en nombre de Dios y de la paz, se mata en nombre de cualquier cosa. ¿Para sobrevivir hay que matar?, seguramente sí. 

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48M
-“Alguien me preguntó una vez si lo que había debajo de mi almohada era una vaca, yo le respondí que no, que eso que había debajo de mi vaca era una almohada de plumas de ganso.

En una ocasión no supe responder, con la precisión y claridad que tu siempre me pedías, a una sencilla pregunta tuya. Al oír mi contestación te callaste, una vez más, decepcionado. Ya no sé quién hablaba entonces ni quién lo hace ahora, querido Víctor, si tú o yo, si tus correos o mis recuerdos, si tus vacas o mis almohadas que tarde o temprano, puedes estar seguro, vomitarán todos sus sueños llenando la habitación de vacas con plumas de ganso”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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48H
-“En Cork fuimos a un pub por la noche, la gente se subía al escenario, agarraba el micrófono y cantaba su canción. Parecían profesionales sin serlo, era una maravilla oír aquellas baladas celtas llenas de sentimiento, dulzura y fuerza, tan bien cantadas por gente anónima, no profesional. Cuando llegó la hora de cerrar todos se pusieron de pie y cantaron algo que parecía un himno, se me erizó la piel al escucharlos, no sé si de emoción o de temor. 

Aquella noche entró en nuestra habitación la dueña de la casa donde nos hospedábamos para recoger su dentadura postiza que había olvidado en el baño. Yo me encontraba ya en la cama leyendo, vestía sólo el pantalón del pijama y llevaba el torso desnudo; antes de irse se me acercó coqueta y acarició furtiva, rápida y apasionadamente el vello de mi pecho, sonrió, me pidió disculpas y se fue con el vaso con agua  y su prótesis metida en él mientras me guiñaba un ojo. Soltaste una carcajada, me arrebataste el libro de las manos y me bajaste el pantalón. No sabías cantar baladas celtas.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (47)



Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

47. El linde.

La realidad es completa, está terminada, pero tiene un linde, en su geografía hay una zona de sombra, una frontera que no es física ni tampoco espiritual, un límite mental que nos indica dónde termina. Porque la realidad termina, no es infinita, y en su lugar empieza la nada. Es un horizonte ontológico, una manera de estar, es el punto en el que una estatua te mira, ese instante en que sus ojos te atrapan y contemplas con ellos el mundo desde otro... mundo.

Cuando has mirado con unos ojos de piedra, arcilla o metal fundido y enfriado, tu propia carne deja de ser carne y el corazón tu corazón, los ojos devienen puentes que se incendian a ambos lados del camino.

El confín de la realidad parece el célebre sfumato de la pintura, una niebla entre lo que acaba y empieza, una zona casi de nadie: “Nuestro peletero sabe que estas afirmaciones están urdidas con un hilo tan fino y tan frágil como la casi imperceptible línea que separa la vida de la muerte. Oasis que ningún mapa señala y que sólo una rara determinación o una extraña casualidad te permitirán recorrerlo. Si esta es tu voluntad o tu suerte, descubrirás maravillado, con el paso inseguro del funambulista, su absoluta belleza y extraña penumbra. En ella también conocerás el terror ante la inminente e inevitable caída que inexorablemente te conducirá hasta el fondo del abismo, donde el tiempo y tú seréis definitivamente derrotados.

La imperceptible línea que separa la vida de la muerte es el ojo de la aguja que ni Dios, ni el diablo pueden atravesar.” (El peletero recto).

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47M
-”Pasolini tenía un semblante especial, de reptil. El rostro siempre es una puerta difícil de franquear, que nos conforma, da forma, nos perfila y define con los demás.
Nietzsche decía que la contemplación activa de la naturaleza configuraba un enigmático paisaje que no es otra cosa que el universo interior de cada uno. Es una frase brillante y certera. La clave se halla en la palabra “activa”, ella explica el párrafo entero y, algo que a ti te gusta, lo hace más allá de simplicidades ecologistas.
Siempre me recordabas que todos terminamos teniendo el rostro que nos merecemos y que el significado de un objeto artístico es no solamente responsabilidad del autor, lo es también del espectador. Tenías razón, la obra es siempre independiente del modelo, es como un hijo que se va de casa, cuando lo ves alejarse piensas, “parece real”.
Pero en la actualidad el arte no es real, es una mera estética vacía, hoy el arte es así, y lo será por mucho tiempo.” (La madeja. Cartas a un amigo.)


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47H
-“Tienes razón se me había olvidado mi propio cumpleaños, no recordaba el día en que nací, creo que fue un 28, pero no sé de que mes.
Ya sabes que pierdo mucho la memoria, no es broma, en mi olvido me siento exilado y abandonado. No viene a cuento pero he pensado en las columnas dóricas de la Catedral de Siracusa.
A una amiga le decía hoy que el olvido y la desmemoria no son siempre una enfermedad, ya todos afirmamos que el cuerpo es sabio incluso cuando nos mata. Cualquiera alega con seguridad estúpida que la naturaleza sabe lo que se hace, pero la muerte para algo debe de servir si Dios la inventó, o quizás no fue Él y lo que Él creó fue solamente la vida, una isla en un universo de muerte, y por ella nos envidia en el más insondable misterio.
Saludos y felicidades a Cindy, creo que era alguien que conocimos, ¿no?, ¿qué es de ella? ¿Isabel continua casada con aquel judío?
Es verdad, Guadalupe se desnudaba a la mínima oportunidad, le irá mejor con el fotógrafo que con el vaquero sueco de Wyoming” (El hilo. Cartas a una amiga.)

martes, 28 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (46)

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.


46. La verdad y la vaca.

La verdad tiene que ver con la realidad, sólo con ella y su forma. Nada que se diga sobre lo que hay más allá puede ser verdadero o falso porque, sencillamente, no hay nada más allá. La realidad es un cascarón cerrado, un coto vedado, no sabemos si se parece a una pecera o es lo que hay fuera de ella, ignoramos si somos el pez que nada en ese recipiente de cristal o el humano que lo mira sin saber que no mira nada.

Sea como sea las verdades y las mentiras van a la par, nadie sabe quién gana y quién pierde, quién saca ventaja en el juego de contar la realidad. El arte, empero, se ha ganado la fama de ser el mejor instrumento de la mentira, igual que el amor, dicen, engaña y corrompe cuando habla.

Siempre se ha dicho que una vaca pintada, al igual que una cara, no es una vaca ni tampoco una cara, es cierto, una vaca pintada es sólo una vaca pintada, nada más. ¿Qué diferencia hay entre la imagen y la realidad?, la misma que hay entre dos cosas diferentes pues la primera también forma parte de la segunda, la que hay entre una montaña y el mar, entre un electrón y un protón, entre un dedal y la aguja, entre un retrato y el modelo, la que hay entre un instrumento y aquello que modula. ¿Entonces?, ¿en qué consiste el problema si es que lo hay?, ¿por qué esa endémica animadversión filosófica e incluso política respecto al arte? Nadie lo sabe, pero lo que cuenta el arte parece incomodar como solamente lo hace la verdad más que como lo hace la mentira. Muchos pueblos se pintan el rostro y el cuerpo, lo taladran, lo deforman, lo escarifican, lo tatúan, lo mutilan. ¿Es el cuerpo una tela y una palabra? 

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46M
-“¿Te acuerdas de aquella amiga a la que pregunté si le gustaba una casa y me respondió que no lo sabía y que no le importaba saberlo porque no viviría jamás en ella? Pues hoy me ha vuelto a ocurrir con otra conocida. Es algo parecido a no saber si una mujer o un hombre te gustan porque te gusta otro, eso a mí no me ha sucedido nunca, ni cuando estaba enamorada he dejado de mirar a otros hombres. Creo que tenías razón, hay personas que solamente saben y les importa la silla en la que se sientan, nada más.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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46H
-“Me preguntas por el color de la carne, ¿el color de la carne?, no sé, me gusta más hablar de la piel que de la carne. En ella hay de todo un poco, creo, algo de eso y algo de aquello, está el arcobaleno representado, pero domina el gris y el rojo sangre, a veces el azul de las varices y ese blanco feo de la carne muerta y callosa, dura como uñas. Sí, la vida es un coto vedado al igual que nuestra piel.
Yo, cuando hablo de una playa, no puedo dejar de pensar en la nuestra, aunque sea una de tus mares helados del Norte o una de postal del Caribe, siempre pienso en ti y en nuestra playa donde murió Pasolini, y donde morimos tú y yo.” (El hilo. Cartas a una amiga.)