sábado, 11 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (8 de 9)



21 Julio 2008

1 de mayo

Amor mío, a Luis ya hace días que le han quitado el yeso, ha estado cuarenta con él puesto, toda una cuarentena. Lleva un mes con la rehabilitación. Como no va a trabajar (al menos no pisa la oficina pero trabajo en casa sí tiene, y mucho, con el ordenador y el teléfono no para) ahora se encarga él de recoger a los niños en el colegio y traerlos a casa, y también de llevarlos a la piscina, al ballet o, ahí quería llegar yo, al psicólogo, mejor dicho, a la psicóloga.

Al grano, se ha enamorado de la psicóloga ésa y me ha pedido el divorcio el muy sinvergüenza. Esta vez me lo ha pedido, debe de ser más seria la cosa. A mí no me importa, no es nada grave, yo le he dicho que sí y le he presentado toda la lista de cosas que quiero y a las que tengo derecho. Me he informado bien, tengo una amiga del periódico que es abogada y especialista en divorcios. Se le ha cambiado la cara. Y yo me he reído. Ya se le pasará.

He decidido ser sarcástica. Frente a esa propuesta de divorcio de mi marido creo que lo mejor que puedo hacer es ser cínica. Y decirlo con todas las palabras, me importa un pimiento su psicóloga y el color de sus bragas. Aunque esa última frase no es muy cínica, la verdad. Y tampoco me importa.

Lo verdaderamente importante es que te amo y lo mucho que te deseo, amor mío.

Hoy quiero ser tu esclava, deseo ser enteramente tuya, no reservar nada para mí. Todo te lo doy en estos momentos. ¿Qué quieres, mi señor? ¿Mi sexo? Tómalo, de tu propiedad es. Mis piernas, las columnas que flanquean la entrada al templo, se abren despacio para que puedas entrar en él, comer y beber de su carne y de su sangre. Mis propias manos separarán y abrirán las hojas que dan acceso a su más preciosa reliquia, la perla encapuchada que late con vida propia ante tu presencia, que enrojece y se inflama de deseo por ti, húmeda y palpitante, pidiéndote a través de mi sudor que tus labios, tus dedos y tu lengua la profanen.

Cuando rozas el secreto de mis entrañas brota todo mi cuerpo como si diera a luz. Te suplico que continúes. Me abro más, y te hablo. ¿Qué quieres que te diga, amor mío? Lame, besa, chupa, haz que el océano sea el maremoto que agite mis caderas y mis pechos que me acaricio para ti. Tómalos antes de que me hunda en tu boca, tómalos, empapa con mi vientre los pezones y rózalos con tu lengua, chúpalos, te amamantaré con ellos. Mi sexo, aún no satisfecho se agitará, y con él mis caderas, y entre gemidos te suplicaré que termines lo que empezaste. Pero tú, ocupado con mis pechos blancos, dejarás que me consuma en mi agonía, sin piedad. Eres mi Dios, el hacedor de mi placer, tú me lo das y tú me lo quitas. Por fin, con tu boca llena de ellos, tus dedos descenderán para rozar mi vello, los labios que oculta, entreabrirlos. Y mis gritos se confundirán con el llanto desesperado, con el temblor de mi cuerpo, con la súplica de que permitas que la lava que me corre por los intestinos pueda encontrar al fin el desagüe y el abrevadero para salir antes de que me estalle dentro.

Hoy eres mi dueño y me pones al cuello un collar que así lo evidencia y del que, por eso, me siento orgullosa; me colocas de rodillas, me atas las manos a la espalda y te sitúas frente a mí, sujetando tu sexo erecto entre las manos. Lo acaricias suavemente, sabiendo cuánto me excita eso, y te acercas. Intento llegar a él, pero te limitas a rozar mi sexo húmedo, y después mi boca, sin darme opción a capturarlo. Así una y otra vez, apenas puedo rozarlo con la punta de mi lengua en intentos que sólo hacen aumentar mi deseo. Te suplico que no me castigues de esa manera, que me permitas aprisionarlo entre mis labios, lamerlo, besarlo, succionarlo, darte placer. Pero tú no me concedes ese privilegio, sigues moviendo tu pene ante mí, alejándolo y acercándolo para mi exasperación.

Continúo suplicando por él, cada vez más ansiosa, dispuesta a todo por conseguirlo. ¿Cómo quieres hablarme? Hazlo como desees, mi señor, solo soy tu gata en celo, no tengo ahora mismo más voluntad que la tuya, sólo sé que te deseo desesperadamente, haré todo lo que me pidas. ¿Quieres que tu gata se acuclille en la bañera y orine ahí? Eso es algo que te gusta. ¿Qué deseas de mí? Solo dímelo, y lo tendrás, pero déjame tener tu pene en mi boca. Lo besaré con pasión, igual que tus testículos, los rozaré de abajo arriba con los labios humedecidos, subiendo poco a poco hasta tu glande, mi señor, y luego lo meteré entero en mi boca, llena de saliva, para lubricarlo bien. Sujétalo con tu mano, pinta mis labios con tu glande mientras la puntita de mi lengua intenta alcanzarlo, y deja que luego le dé suaves lamidas, alternando con besos y con suavísimos roces con los dientes, a todo lo largo. Introduciré tus testículos en mi boca, jugaré con ellos, y después los abandonaré para dejar que mi lengua recorra tu pene hasta llegar a la punta de la flecha, hasta llegar al pedernal. Con su vértice haré círculos, ochos, y cintas de Moebius, rodeándolo todo, lo chuparé como un helado, y después, apretaré lo suficiente como para que lo sientas preso en ella. Lo beberé, y poco a poco iré engullendo cada vez más centímetros, lo haré llegar hasta el fondo de mi boca hasta casi ahogarme con él, y mis movimientos cada vez serán más rápidos, más insistentes, hasta que, próximo a derramarte, retires tu chuzo.

De nuevo volveré a suplicarte, desesperada, que no te apartes de mí. ¿Qué quiero, me preguntas? A ti, amor mío, lo que te pido es tu semen. ¿Quién quiero que seas? Lo que eres, mi dueño y señor absoluto, el amo de mi corazón, de mis sentimientos, de mi placer, de mi deseo. Dame tu pene, por favor, dámelo. Mi respiración se agita y entrecorta tanto viendo cómo te masturbas, imposibilitada para hacerlo yo porque sigo de rodillas y atada ante ti, que te has puesto fuera del alcance de mi boca, que el deseo hace que mis gemidos se descontrolen. Y cuando veo la primera descarga de semen salir cierro los ojos para aprehender con más intensidad el momento en que bañas con él entera a tu gata, de rodillas, el momento en que me haces más tuya aún.

No quiero que me limpies, sólo que me sueltes las manos, y poder inclinarme sobre tu cuerpo tendido en el suelo, exhausto, y apoderarme de tu boca, de tu lengua, follártela como si fuera ese pene que me has negado casi todo el tiempo, cubrirte de caricias, lamidas y besos ardientes todo el pecho, el vientre, tragarme de nuevo tu polla fláccida mientras me masturbo para ti sin llegar a correrme, solo esperando excitarte con ello. Hasta poder hacerte morir de nuevo entre mis brazos.

viernes, 10 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (7 de 9)


18 Julio 2008

15 de febrero

Amor mío, el viaje a Nueva York ha sido un desastre. Ya sabes que estábamos en enero, en pleno invierno, y la ciudad estaba nevada, había nieve por todos lados y un frío horroroso. Luis, que es un crío, se empeñó el día que fuimos a visitar el Rockefeller Center en patinar en la pista de hielo. Hacía años que no practicaba, yo traté de impedírselo, ya está barrigón aunque practique squash y algo de tenis, pero el muy tozudo insistió. Ya te puedes imaginar el resultado, se cayó y se rompió la rodilla derecha, ¡la rótula!

Toda la semana hospitalizado, la pierna enyesada hasta la ingle, y yo haciéndole compañía en el hospital y ayudándole a orinar y a otras cosas, ¡qué semana!, ¡por Dios! Además ya te he contado en más de una ocasión que es muy mal enfermo. Me sacaba de quicio, se pone nervioso, es impaciente y nos peleamos varias veces, incluso un día quiso que hiciéramos el amor en la habitación del hospital. Le dije que no, ¡por supuesto!

No te cuento luego la odisea del avión y el viaje de regreso, la dichosa pierna enyesada no le cabía en ninguna parte, tuvimos que comprar un billete más. A pesar de ir en primera clase dimos la nota durante todo el vuelo.

Un desastre amor mío, un verdadero desastre, él con la pata tiesa y yo todo el día encerrada en el hospital, no vi ni la “zona cero”.

Sé que tú tampoco has tenido buenos días y que no lo estás pasando bien, y yo quiero que seas feliz al sentir mi presencia, quiero que mi amor te reconforte, como a mí me sostiene el tuyo. A mí pensar en ti me consuela, mi cielo. Eres un verdadero ángel. Esta noche me he sentido más unida a ti que nunca, amor mío. Jamás he odiado tanto la distancia que nos separa como hoy, por no poder estar a tu lado para tenerte entre mis brazos y secar tus lágrimas.

Habríamos estado sentados en la cama, yo sobre ti, a horcajadas, te habría masturbado con la mano hasta conseguir una erección y habría metido tu pene dentro de mi sexo, sin hacer nada más, solo para que estuvieras dentro de mí mientras te abrazaba. Habría apoyado tu cabeza en mis pechos, reclinado la mía sobre la tuya y te hubiese acariciado dulcemente, besando tus cabellos y tu rostro, tus ojos, lamiendo tus lágrimas y llorando contigo, porque tu tristeza y tu cansancio habrían sido míos también. No te hubiera dicho que parases, al revés, te habría animado a seguir con ese llanto hasta que te vaciases, y mientras tanto hubiese continuado besándote suavemente, acariciando tu espalda, tus cabellos, murmurando en tu oído con inmensa ternura cuánto te amo... Habríamos hablado de lo que te acongojaba si es lo que hubieras deseado, o me hubiese limitado a callar y a hacerte sentir amado, protegido, solo con mis caricias, hasta que no te hubieran quedado más lágrimas que verter, hasta que me hubieses mirado a la cara con ese amago de sonrisa que indica que al fin habías descargado tu alma de pesar. Y habrías entendido solo mirándome a los ojos que tan hermoso es ver en ellos el placer que has procurado con el sexo a la otra persona como la unión que se produce cuando compartes tu dolor con ella, creo que hasta más.

Me decías el otro día que mirar a tu pareja cuando sientes el orgasmo es desnudarse del todo ante ella, y llevabas razón, pero mirarla mientras lloras es desnudarse más profundamente aún, darte todavía más, alcanzar el grado debido de unión con quien amas. Si no se consigue ese punto, algo falla.

Yo soy tu “Caperucita roja” y tú eres mi “Love” feroz (como en la película).

Debes tener cuidado conmigo, ya sabes que soy una mujer que se enamora de los árboles y creo que tú eres uno. Aunque creo que todas las mujeres decimos la tontería esa de los árboles y que nos enamoramos de ellos, ¿no?

jueves, 9 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (6 de 9)


16 Julio 2008

15 de enero

Yo siempre he sabido que no hay esperanza. Lo intuía en aquellos años de noviazgo con Luis. Era una premonición, como si fuera casi un recuerdo. Tal vez algo deseado, quizás era eso también, un deseo, el deseo de que no hubiera esperanza. Un compañero de Universidad, más joven que yo, él de primero y yo a punto de licenciarme, con el que llegué a tener una corta relación siempre me lo decía, no te cases con Luis, déjalo, no vale ni la mitad del futuro que te espera con él”.

¿Quieres que me case contigo?”, le preguntaba yo.

No, solamente quiero que huyas conmigo”, me respondía, con una sonrisa que jamás he vuelto a ver excepto en tu rostro, amor mío.

¿A dónde?, ¿Dónde quieres que vayamos, vida mía?, inquiría yo.

Al fin del mundo, tonta, ¿a dónde quieres huir, si no?

¿Y qué demonios haremos en el fin del mundo?

Morirnos, claro, ¿te quieres morir conmigo?, me preguntaba sin perder nunca aquella sonrisa.

Yo no quería morirme, quería vivir. No quería morirme con nadie más. Y no sabía qué responderle. Entonces era cuando me dejaba tomar de la mano y saltándonos las clases nos íbamos a su casa en la que no había nadie, y allí, en aquel piso vacío, nos pasábamos toda la tarde haciendo el amor, o mejor dicho, imitando a alguien haciendo el amor, hasta que ya era hora de irme y de ir a recoger a Luis cuando salía de la oficina. Él ya trabajaba. Al verlo llegar le saltaba al cuello y lo besaba con pasión, con la pasión que me había enseñado mi joven amante, esa pasión sin futuro, la verdadera pasión, decía él, la que no conduce a nada más que a ella misma. Aunque yo siempre he supuesto que debe de haber otra…, otra que conduce a algo, claro, aunque no sé a qué. Luis me miraba extrañado y con una cierta aprensión y me respondía que estaba cansado.

¿Tú también querrías que huyera contigo al fin del mundo, amor mío? ¿Para qué?

En el fin del mundo o en el fondo de tu cama, te hubiera cubierto todo el cuerpo de besos cuando me ha llegado tu mail, ese en que decías:

"Sueño mil veces con tus pechos blancos y tiernos, bamboleantes para mí, caídos tal cual, sin sujetadores, me gustan tus tetas caídas, las quiero levantar yo y llevármelas a la boca para chuparlas sin parar. ¿Me las darás, mi vida? Quiero tus pechos morbosos y lechosos, llenos de toda la ternura y la sexualidad que albergan. Yo los disfrutaré y tú los disfrutarás también, estarás satisfecha de poseer estas dos maravillas cuando te los bese, te los acaricie, masajee y chupe. Te los devoraré como si me fuera la vida en ello. Quiero tus tetas pálidas, tus pezones rosaditos, tu aureola grande y desparramada, quiero contemplar tu sonrisa y tu rostro muerto de excitación al verme abocado en ellos, las mejores almohadas, la mejor fuente, tus tetas blancas que me regalas."

Ya sabes que a mis años sigo teniendo un cuerpo bastante aceptable, que todavía soy joven y que apenas estoy entrando en la madurez, pero los pechos (¿o debiera empezar a decir ya "tetas", como tú haces?) se me terminaron de estropear con el embarazo de Daniel. Eres un ángel, me haces sentir deseada a pesar de que mis pechos ya no son lo que fueron.

El otro día me olvidé de contarte también que hemos cambiado de psicólogo para Daniel, el que tenía hasta ahora no me gustaba nada. No hacía especialmente mal su trabajo, pero cuando íbamos a verlo Luis y yo no paraba de mirarme las piernas. Ya sabes que si no llevo pantalón uso una minifalda muy corta, y sabes también que las tengo muy bonitas. Es un orgullo para mí mostrarlas, pero ése no era el caso. Me hacía sentir realmente incómoda. Si el psicólogo no sabe contenerse y no mirarme es que no es un buen profesional. Así que se lo dije a Luis y le ha parecido muy bien. Hemos cambiado. Ahora lo lleva una psicóloga, todo será que se enamore de mi marido, guapo es, o de mí, guapa soy, ya lo sabes. Me río sola al pensar esas cosas, no son tan descabelladas, ¿sabes? Pero en fin, parece una buena profesional y Daniel se encuentra a gusto con ella, que es lo importante. Aunque ahora que lo pienso, la muchacha también es guapa, y el que se puede enamorar es el niño, los pequeños se enamoran con mucha facilidad. Yo misma, cuando lo era, me enamoraba casi cada semana de uno distinto. Incluso a veces sentía cierta atracción por alguna amiga, era algo muy extraño y me desazonaba. No sé, lo único seguro ahora es que estoy completamente loca por ti.

Me hablas en tu mail de una casa en el campo, cerca de una playa, de una cala pequeña solo para nosotros dos y de estar todo el tiempo desnudos, tú yo solos, bañándonos, amándonos. Sí, mi vida, estaremos todo el día desnudos, paseando, haciendo el amor como locos. Tenemos tanta hambre de caricias, de contacto, de pasión, de ternura, de locura, de todo lo que ahora podremos darnos, que el día se nos hará corto. Te amo, te amo y te deseo tanto que a veces hasta me falta la respiración, de veras.

¡He deseado tanto hacer el amor en una playa! Y ahora será contigo. Ya sé que esa es una fantasía de muchos hombres y mujeres, pero me da igual. Me dará igual también la hora, que sea de día o de noche. O a todas horas. Una de ellas al atardecer, me gustan los atardeceres. Y otra también de noche, bajo las estrellas. Sueño con ello, mi cielo, ten por cierto que lo haremos, y será la experiencia más hermosa de nuestras vidas. El destino nos va a compensar al fin. Te quiero tanto, tanto...

Dices que eres un fauno y yo digo que soy su ninfa, que deseo a mi fauno con el pene erecto, besárselo, lamérselo, succionárselo, hacerlo morir de placer, ser suya, enteramente suya, que no haya un solo átomo de mí que sienta que no le pertenece por completo. No dejaremos de besarnos y acariciarnos todo el tiempo, de hacer todas las locuras que siempre soñamos o incluso esas que nunca supimos que existen, saldrán solas de nuestra pasión y nuestro deseo. Nos faltará el aire, amor mío,nos moriremos ambos de felicidad porque nos estallará en el pecho.

Sí vida mía, es cierto, esta noche, mientras te pensaba, he estado contigo, en tu casa y en tu cama, te lo aseguro, y he vivido cada momento imaginado contigo. Y no era mentira lo que te decía en mi mail, me corrí. Solo de imaginarme a tu lado haciendo el amor me mojé, me hormigueaba todo, y la sensación de calor en mi sexo era tremenda. Tenía las piernas estiradas y apoyadas en una banqueta. Solo tuve que cruzarlas, unir y apretar los muslos y...

Ya te dije que a Luis le gusta la filosofía, últimamente lee a Cicerón, y hace bien. El orador afirma: "La templanza es el dominio firme y moderado, impuesto por la razón, sobre la concupiscencia y demás ímpetus desordenados"

Luis también dice que gracias a ella la vida se ordena hacia la armonía y perfección del interior del hombre y la mujer, y que si la moderación no nos liberase de la esclavitud de los placeres carnales nuestra conducta se regiría por los instintos, y eso nos acercaría a los animales. Y a él no le gustan los animales. No se puede negar que es cierto, en realidad es una obscenidad, ¿verdad?, parece tan pornográfico como una buena felación, o como un pollo asado recién salido del horno, humeante y pringoso, lleno de grasa. Me río cariñosamente de él, y él me dice esas cosas para hacerme reír, pero hay momentos en los que pienso que quiere enviarme alguna clase de mensaje subliminal. Quiere que sepa algo, creo que es algo que él sabe y yo no, quiere que entienda algo, y yo no lo capto. Y eso me hace sentir muy incómoda. Es posible que no tenga ninguna voluntad de captarlo, que tanta armonía no case bien con mi hígado más que con mi corazón. Tampoco me atrevo a preguntar, no por nada, pero si pregunto lo más probable es que me responda y eso puede ser peligroso, ya sabes, lo peor de una respuesta siempre es la pregunta, así es que mejor callar y procurar comprender. O no hacerlo, a veces es más saludable.

Yo lo comprendo todo, soy economista y racional, sabes también que me gusta la ciencia y siempre estoy informada sobre las noticias que salen sobre ella, ahora que hay tantas. Yo lo comprendo todo y mucho más que me gustaría entender. Pero a mediodía, ni por la mañana ni al atardecer, ni cuando el sol se levanta y ni cuando se cae del otro lado, solamente cuando está alto, en pleno “Ángelus”, cuando la claridad es blanca como el hielo, es entonces cuando me derrumbo y maldigo a esa estrella que me ilumina para nada. Parezco la mujer vampiro, he de refugiarme bajo cubierto como si cayera piedra. He de huir del sol que me ofusca. No entiendo ni por qué me llamo cómo me llamo. Es un instante, apenas dura unos minutos, pocos, nadie se da cuenta, ni Luis lo sabe. Solamente he de cubrirme la cabeza, si es con hormigón, mejor.

A Luis lo adoro, lo quiero, pero le gusta la filosofía platónica, es mi esposo querido y amado, muy amado, pero tú eres mi tesoro escondido, mi corazón deseado, mi cesta de las manzanas. Quiero tenerte frente a mí y que se me entrecorte la respiración anticipando tus manos en mi cuerpo, tu boca dentro de la mía. Me gusta sentir que podría romperme en mil pedazos de tanto amarte, necesito poder romperme de alguna otra manera distinta a la habitual. No es necesario que me hunda en la inmundicia ni que salte del séptimo piso, sólo quiero amarte y ser cursi cuando pienso en ti, cariño. Me gusta serlo.

La semana próxima Luis tiene que irse a Nueva York por trabajo y me ha pedido que lo acompañe, me ha hecho mucha ilusión, hace un par de años que no he estado en la “gran manzana”, será una semana inolvidable, eso queremos los dos que sea. ¡Estoy muy contenta! ¡Soy tan feliz y te quiero tanto, amor mío!

miércoles, 8 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (5 de 9)



14 Julio 2008

12 de enero

Amor mío, creo que hace tiempo te comenté que habíamos detectado en Daniel, que como ya sabes tiene seis años escasos, señales de tartamudez. Al principio no le di importancia, pero he de confesarte que han aumentado y casi ya puedo decir que ahora es un problema notorio. Todo está relacionado con sus problemas de conducta y atención. Pero a mí me preocupa mucho por lo que pueda representar en su desarrollo, que lo convierta en una persona retraída y que dificulte su relación con los demás. Ya sabes cómo son los niños, mucho más crueles que los adultos, y a mí se me parte el alma al pensar que pueda ser objeto de burla por parte de sus compañeros. Luis y yo estamos preocupados aunque el psicólogo que lo lleva no le da demasiada importancia. Claro, como que no es su hijo. Él se muestra optimista en su recuperación; hoy en día, dice convencido, esa no es una dificultad grave, hay maneras de solucionarlo.

Espero que tenga razón. Cuando los hijos tienen problemas de este tipo no puedes dejar de mortificarte pensando si no has tenido parte de culpa, si el trabajo y tus propias preocupaciones personales te habrán impedido prestarles la atención que necesitan, ser tan buena madre como debes y quieres ser. Y este problema de Daniel me preocupa mucho. Ya sabes que soy una buena periodista, he dado y doy conferencias, he colaborado también en un programa de radio y sé por experiencia propia lo importante que es la palabra y su expresión oral. Mi primer trabajo fue precisamente en una pequeña emisora local. Recuerdo que cuando me contrataron el director me llevó a su casa, yo me temí lo peor, sospeché que se quería acostar conmigo, hacerme chantaje para darme el empleo. Al llegar recelé de él todavía más, se fue directamente a la ducha, se desnudó y se metió en ella. No me pidió que lo acompañara, a mí se me subió la mosca detrás de la oreja, incluso pensé, “ahora me deja tirada”. Pero no, desde dentro de la ducha me pidió, “¡señorita, haga el favor de hablar, quiero oírla con el agua cayendo a ver que tal suena su voz de esta manera!” Luego me contó que muchas personas escuchan la radio mientras se duchan.

La voz, dicen, es lo que menos cambian las personas. Se transforma nuestro cuerpo, nuestro olor y nuestro sabor, pero la voz no, sigue siendo la misma, quizás tenga menos fuerza o potencia, pero es siempre la misma. Yo de jovencita tenía voz de mujer adulta y ahora que lo soy sigue siendo así. Me consuela saber que cuando sea viejecita continuaré teniendo una bella y sensual voz de mujer madura. Esa que a ti tanto te gusta y que dices que te enamora.

Rezo a Dios para que nos ayude. Estoy segura que lo hará. Cuando pides algo con absoluta fe siempre lo obtienes, ya lo sabes. Pero Dios te ha traído a mí sin pedirte. Eres el mejor regalo de mi vida. ¡Te quiero tanto! No paro de pensar en ti y desear tu cuerpo.

Yo soy, siempre lo he sido, una experta en lenguaje técnico, el de una economista. Siempre he sido muy cuidadosa con mis palabras y nunca he usado tacos ni digo palabras malsonantes ni soeces. Ya sabes que en mi casa no se oían, ni mi padre ni mis hermanos pronunciaron una sola vez ninguna de ellas.

En cambio tú me hablas como si yo fuera tu prostituta, para decirlo con las palabras verdaderamente adecuadas, como si fuera tu puta y tú mi cliente. ¿Y sabes qué?, me gusta, me gusta mucho que me hables así, y no me molesta que me digas que soy eso, una puta. Pero he de confesarte que de procacidades no tengo ni idea. ¿Qué es lo que se dice además de “puta”? Tendrás que enseñarme; a ti te gusta decirlas y a mí no me resultará incómodo en absoluto oírlas, creo que me excitará aún más. Para empezar, supongo que tendría que dejarme de bobadas y usar este otro tipo de palabras en según qué situaciones, palabras como "follar", "polla", "coño". Probablemente te resultan más excitantes cuando estamos "en situación", porque decirte "deseo tu pene" debe de quedar bastante cursi, ¿verdad? No tengo problemas con ninguna de ellas, lo que ocurre es que jamás las utilizo y en principio se me hace extraño, pero la verdad es que nos imagino ahora en esa escena que me describías, con la correa, a cuatro patas delante de ti y suplicando que me dejes acercarme a tu pene, y decirlo así no debe de resultar nada erótico ni excitante. ¿Tú qué crees?

Quiero saber todo cuanto te complace y te causa placer; cuando estemos juntos no es cuestión de perder tiempo en descubrimientos, cada minuto será un tesoro que no podemos desperdiciar. Y quiero hacerte tan feliz como nunca lo hayas sido. ¿Quieres que me trague tu semen? A mí me gustaría mucho.

Me resultó muy sugerente este vídeo que me enviaste, especialmente la escena en que la chica está a 4 patas, la manera en que él la embiste, eran como dos animales en celo y eso es lo que seremos nosotros. ¿Sabes qué le añadiría yo? Un par de azotes en el culete. Eso es algo que me parece de lo más excitante desde que me lo propusiste. También me gustaría embadurnar mis pechos con aceite, y hacerte lo que ella hace al chico. Incluso algo muy atrevido: masturbarme mientras tanto para ti, con algún objeto. ¿Te gustará?, ¿querrás?

Cada día que pasa estoy más deseosa de ti y más aturdida, mucho. Cada noche, antes de acostarme me masturbo contemplando tus fotografías y tu rostro.

Tienes un perfil bonito.

martes, 7 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (4 de 9)


11 Julio 2008

23 de diciembre

Amor mío, Isabel, la mayor, ha recibido muy buenas notas en el colegio, estoy muy orgullosa de ella, sin embargo Daniel es un rebelde, no para quieto. Ella es encantadora, obediente y muy aplicada, pero el niño, a pesar de ser muy inteligente, siempre está nervioso. Ya sabes que desde hace seis meses asiste a unas sesiones con el psicólogo, tiene un problema de atención, quizás debido a su inteligencia. Eso dice el médico; es un muchacho simpático pero últimamente está muy ausente, se pierde en tonterías, se fija en las moscas que vuelan y no en lo que debe. Ya sé que es muy pequeño todavía, pero no es un comportamiento normal el suyo, no lo es. Tiene apenas seis años, un momento clave en su vida, está dejando de ser un bebé para convertirse en un niño. Hemos de estar muy atentos, lo que se estropee ahora no se podrá reparar nunca más. Su padre y yo nos esforzamos, pero nunca nos presta atención.

Esta es una situación que me preocupa mucho; Luis hace también todo lo que está en su mano y me apoya, ambos vamos a una, opinamos de la misma manera y nos esforzamos igual. Pero no me siento bien, la verdad es que no, estoy algo insegura respecto al esfuerzo que debo hacer para el bien de mi hijo Daniel.

A ratos me noto confundida y cansada, muy cansada. Luis me ayuda, pero solamente tú eres mi reposo y mi alegría, mi pensamiento y mis sueños. Estoy todo el día dándole vueltas a todo aquello que creo te puede llegar a satisfacer. Realizo mi trabajo con eficacia, voy al periódico, y he de viajar por todo el país aunque hace tiempo que dejé la sección internacional al tener a Daniel, y ahora solamente me ocupo de las cosas de aquí, que también son muchas. Amor mío, tú ya conoces sobradamente el encanto tan especial que tiene viajar, y especialmente al extranjero. La sensación de impunidad que te ofrece el anonimato. Fueron años apasionantes y excitantes. Todo ayudaba, incluso las personas con las que debía relacionarme, gente importante, presidentes de grandes compañías, famosos economistas, los mejores profesores de las principales Universidades del mundo, premios Nobel, y los alumnos más prometedores, futuros premios Nobel. Viajaba al centro de las decisiones y también a los más peligrosos suburbios del mundo, donde nada, ni la vida de los seres humanos es importante. Como economista creo en el “efecto mariposa” y sé que en el más anodino rincón o en el más vulgar almacén se puede estar gestando en este mismo instante una revolución económica o una crisis terrible.

La sección nacional requiere también mucho trabajo, es más periodística y menos “económica” hay días que la jornada resulta agotadora. He de mantener mis contactos, no consigues información si no tienes buenas amistades y las fomentas. La relación del periodista con su fuente es una vía de doble dirección, ambos nos usamos para nuestros intereses, es como la relación con un amante, tú lo sabes también, yo necesito información, noticias, es mi materia prima. Ellos en cambio, me necesitan a mí para que lo que quieren que se sepa se haga saber. Muchos periodistas se creen algo que no son, apenas somos voceros de los demás.

Me ocupo de todas las cosas que debo, pero solamente pienso en ti, me tienes loca y no puedo centrarme en otra cosa. He de reconocer que no puedo. Ni tampoco quiero. No te imaginas lo que ha supuesto para mí tu irrupción en mi vida. No, no lo imaginas. Probablemente tampoco lo entenderías. Pero no hace falta que lo entiendas, no te preocupes, solo quiero que estés ahí.

Esta tarde he de ir con Luis al colegio del niño, es una de esas entrevistas rutinarias, pero seguramente la tutora nos hablará de las dificultades y problemas que ven en Daniel. También nos quieren ver a nosotros, al matrimonio. Va a ser como una especie de evaluación, o al menos así lo siento, una de tantas a las que te ves continuamente sometida para demostrar que vales lo que cuestas. No me importa demasiado aparentar o ser un simulacro sofisticado de una prostituta del barrio rojo de Amsterdam, carne para comer, fuerza bruta o materia gris expuesta en el mercado de trabajo. No me importa exhibirme, eso satisface también mi vanidad, pero cada vez soporto menos la evaluación constante y continuada. El examen perpetuo. A estas alturas de mi vida me he tenido que desnudar en demasiadas ocasiones. No tengo remilgos, ya he demostrado quién soy y qué valgo.

Pero es también normal, yo entiendo que la tutora concierte esta entrevista; hay muchas familias desestructuradas, verdaderos infiernos en la tierra, y los hijos, siempre los más débiles, terminan siendo los más perjudicados. Por suerte este no es nuestro caso, Luis y yo no somos una pareja perfecta porque esto sencillamente no existe, pero nadie podrá decir que damos mal ejemplo a nuestros hijos. Luis es un padre excelente y yo me esfuerzo en todo lo que puedo, tú ya me conoces y sabes que soy también una buena madre. Daniel es un niño demasiado inteligente, es algo que me hace sentir orgullosa como madre, pero ése es el origen de sus dificultades, y naturalmente me inquieta muchísimo. Hay que encauzar y potenciar esa inteligencia. Si hay que gastarse más dinero o dedicarle más horas lo haremos; Luis, naturalmente, está dispuesto a sacrificarse por él, y yo, no hay que dudarlo, también. Pero tampoco debemos hacer una montaña de algo que todavía no es ni un pequeño montículo. Al menos todavía no, estoy confiada, soy una mujer optimista y entusiasta, pero a veces no puedo evitar ver las nubes encima de mi cabeza. Nubes enormes, gigantes, verdaderos colosos de tez oscura, inhumana, grises, informes como el puño de algún Titán iracundo. Amenazantes. ¿Por qué el futuro siempre es un peligro? Dímelo, amor mío, ¿por qué no estás a mi lado todavía?, ¿por qué no vienes?, ¿no te das cuenta que todo mi ser quiere y necesita vaciarse en ti?, quiere y necesita ser tu vaso, tu copa de la que bebas siempre que tengas sed. ¿No te das cuenta?

Ven.

Amor mío, me gustaron mucho los vídeos que me enviaste, eran excitantes, pero en todos básicamente el placer lo recibía ella, y yo quiero saber qué es lo que te lo produce a ti, cómo te gusta que te hagan el amor, las caricias, todo. Una vez me preguntaste si me gustaría que me pusieras un collar, y te dije que sí. También sé que te excita la idea de que orine sobre ti, y lo haré, seguro que puedo hacerlo. Ese es el tipo de cosas que quiero saber, tus fantasías, tus deseos, todo aquello que te estimula, que te hace hervir la sangre, y cómo te gusta que te lo hagan. Estoy dispuesta a ser la estela oscura de la bala de plata que te mate, que te haga morir de amor entre mis brazos.

No hace falta que te diga que jamás he probado los juegos de dominación light, pero lo poco que sé de ellos me parecen muy excitantes, no solo por la estética sino por el nivel de entrega que implican, por todo el juego que pueden dar. Ya lo creo que me gustará que me pongas esa correa, que tires de ella y me hagas caminar a cuatro patas como una perrita, que la uses para alejarme y acercarme a tu pene. Me volverás loca de deseo y de excitación, mi rey, nunca he probado algo tan estimulante. Me gustará que me ates las manos, o que las ates en cruz en la cama o donde sea, que me vendes los ojos, que te masturbes sobre mí y me cubras entera con tu semen, que me hagas masturbarme para ti. Y lo del balcón, ¡hacer el amor en el balcón! Con la cortina corrida, por supuesto, no sea que la policía nos ponga las esposas. No, para eso nos las ponemos nosotros, ¿verdad? Desde que leí eso de colocarse esposas no paro de pensar en cómo será, qué se sentirá.

Me moriré de vergüenza cuando hagamos el amor frente a un espejo, me moriré, pero empiezo a darme cuenta de que me excita esa vergüenza, y también vernos como dos animales en celo; me excitan a mí misma mis propios gemidos y mucho más cuando lo hemos hecho por teléfono. Me excita mi cuerpo incluso más que el tuyo. Por eso sé que cuando estemos juntos, cuando nos miremos en el espejo, lo haremos con los ojos de otros, ese reflejo es una prueba de cargo que certifica nuestra deriva ajena, nuestra huida de la tierra, nuestro nirvana. Ese es el poder del sexo, el mejor simulacro que existe de la muerte, cuando terminas siendo otro, o bien otra cosa, un potro de cuero, un mango de hierro, la boca del Hades o simplemente el ser amado, amado siempre por siempre desconocido. El verdadero miedo. El buen sexo no es el que produce placer, es el que te llena de terror, amor mío, terror a ti y de ti, ángel desconocido, mi vida y mi muerte soñada.

Penetraré tu ano, sí amor mío, como me decías que te gustaría que hiciera, sí, y mientras tanto tu pene estará en mi boca, y te daré tanto placer que de verdad morirás en ella, y no dejaré de mirarte mientras te caes en mí. Exhausto a mi lado te besaré entero, mientras te veo resucitar como el mismo Jesucristo.

Al quererte me liberas de horrores vividos antes de nacer. Al hacer el amor contigo me devoro yo más a mí misma que a ti. Me siento confundida, clavada en una cruz donde esos clavos no han sacado a otros. ¿Debería ir a un psicólogo?, ¿pedir hora a un psiquiatra?, ¿al mismo que trata a mi vecina?, a ella y a millones de mujeres y hombres, ¿debería hacerlo, mi vida? Hoy día cualquier persona normal tiene su psicólogo o psiquiatra de cabecera, excepto quizás las madres africanas, que ni siquiera saben lo que es. Una compañera del periódico dice diéndose que es porque se mueren antes. Pero si te tengo a ti creo que ya no es necesario, ¿verdad? ¿Crees que soy ingenua?, ¿cínica tal vez?

¿Crees que estoy loca?

¿Loca por quererte sin la medida que necesita el sentido común? Tú no eres parte del sentido común, afortunadamente. Eres quien me permite seguir dentro de sus límites. Al evocarlos contigo sé dónde me hallo sin engañarme en bondades bobaliconas o en simplonas verdades de mujer acobardada.

Luis me llama muchas veces loca cuando se enfada conmigo. No es que lo crea de verdad, nunca ha tenido la desfachatez ni la falta de tacto de recomendarme un psiquiatra. Pero no me gusta esa expresión. Me inhabilita, como si perdiera mis derechos de persona, como si hubiera cometido un delito. Es peor estar loco que ser un asesino. A los criminales se les respeta el “habeas corpus”, a los locos no. Cuando nos enfadamos se va, desiste y se encierra en su despacho. Incluso en algunas ocasiones se ha ido a la casa que tenemos al lado del mar. O se va de viaje, dice. Se marcha sin despedirse y no llama por teléfono. Al cabo de un tiempo, pueden ser días, regresa. Naturalmente siempre termina regresando, tiene una familia, una familia que cualquiera desearía, y a mí esas idas no me preocupan. Al fin y al cabo, siempre nos estamos yendo. Aunque tampoco sé bien para qué, si al final terminamos volviendo.

Me gustaría parar, detenerme y descansar y eso es lo que hago al escribirte y abrirte en canal con mi hacha de matarife, para comerme directamente tus vísceras sin cocinar. Eres mi pescado crudo, mi sushi. Ahora tengo algo que morder, mis dientes están menos doloridos. Tu eres un hombre y no sangras y yo llevo faca.

Gracias también por tu apoyo, vida mía, y por tus consejos, los seguiré, puedes estar seguro que me sirven de mucha ayuda, eres un encanto, te quiero, te quiero mucho.

Yo soy tu vocera, cielo mío, y tú eres mi noticia.

lunes, 6 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (3 de 9)


9 Julio 2008

13 de diciembre

Amor mío, de vez en cuando “news are good news too”

Esta mañana ya sabía que habría noticias buenas. Luis, al despedirse, me ha guiñado un ojo y yo, desde la cama, le he sonreído con cariño. Los mejores pronósticos se han cumplido, al mediodía me ha llamado para darme la buena noticia. Este ascenso significará la culminación de un largo proceso que todavía no ha terminado y en el que los dos hemos sido parte. Luis y yo. Ambos hemos luchado, sufrido y ganado.

Esa felicidad que siento la quiero compartir ahora contigo, mi tesoro, y se multiplica por el hecho de escribirte. En mis cartas quiero anticipar todo el placer que voy a sentir al verte y toda la felicidad que deseo obtengas de mí.

Cada mañana, ya lo sabes amor mío, lo primero en que pienso es en ti, al abrir los ojos te imagino a mi lado, medio tapado por las sábanas y medio desnudo. Son momentos tiernos y excitantes. Luis se levanta temprano y me deja sola en esa cama enorme que compartimos él y yo. Es en ese instante delicioso, aún entre las brumas del sueño y el despertar, cuando más te quiero, cuando estás conmigo en mi corazón, abandonado en tu sueño, indefenso para mí. Cuando te pienso y te deseo, te imagino a mi lado tal cual te veo en esas fotos que me envías a veces con la malvada intención de ponerme nerviosa, y termino mojándome, inevitablemente.

Ya sabes que me dediqué a la economía porque me gustaba y porque pensé que tendría más salidas profesionales, es cierto, aunque también somos muchos más los que buscamos. A mí me hubiera gustado ser topógrafa, trabajo de campo, dibujar aquello que no tiene forma como ahora tú mismo, amor mío. Dibujar el paisaje sin alterarlo, ni con máquinas excavadoras ni tampoco con pinceles y telas. Aceptar la tierra y el agua que fluye de mí, mi espacio vital, mi área de seguridad y aprender a vivir fuera de ella, en plena incomodidad y molestia. Vivir en el azar, en peligro. Sola. Sin depender de nadie, ni siquiera de la opinión de otros, sin pedir consejos, vivir sin eco. No quiero que la pelota regrese a mí, no quiero tener en frente una pared. Por eso te tengo a ti, mi vida.

Luis me ha invitado a cenar esta noche, quiere celebrar conmigo su ascenso. Estoy tan feliz, cielo. He pensado regalarle algo, pero ya tiene de todo. Quizás un libro, a él le gusta mucho la filosofía, ya te lo he contado, en la oficina le llaman “Sócrates” por ese aire de sabio que tiene. Voy a salir a comprarlo, algo encontraré, pero antes llamaré a la canguro, los niños todavía son demasiado pequeños para quedarse solos en casa.

Quizás la “Historia de la filosofía occidental” de Bertrand Russell. Me la recomendaste tú, ¿verdad?

Te adoro.

sábado, 4 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (2 de 9)


7 Julio 2008

12 de diciembre

Amor mío, estoy inmensamente feliz porque mi esposo acaba de comunicarme su ascenso. Ya sabes que el pobre Luis llevaba muchos años persiguiéndolo, luchando por él. Ya te he contando todas las batallas que ha tenido que librar con sus superiores e incluso con sus propios compañeros, especialmente con ellos.

Trabajar en una multinacional es algo terrible, muy duro como ya sabes. Requiere una personalidad bien templada en el esfuerzo y una gran resistencia psicológica, además de todas las cualidades políticas que se precisan para sobrevivir en un lugar donde la competencia es fuerte y los pactos son necesarios. Pactos de unos con otros y de unos contra otros, naturalmente. Ya te he contado que en su empresa y en otras similares lo que cuenta al fin y al cabo son los intereses de los gestores, y no de los accionistas, y mucho menos los intereses de los clientes.

En este tipo de empresas todo es táctica, parecen lo contrario de lo que dicen, pero no es así. Hablan mucho, sin decir la verdad. Lo sé bien, ya son muchos años dedicándome al periodismo económico y mi experiencia es larga en el mundo empresarial. He viajado y entrevistado a todos los grandes presidentes de las más importantes compañías del mundo. Soy una mujer liberal que cree en la economía de mercado, pero las empresas muy grandes parecen no ser de nadie, y cuando algo no tiene dueño claro puede ser entonces de cualquiera, cualquiera que se atreva a tomarla sin el menor escrúpulo.

Menos mal que Luis tiene temperamento y suficientes cualidades para sobrevivir en esta guerra permanente, las tiene pero me preocupa, hay días en que el pobre llega a casa cansado, muy abatido y chamuscado de tanta batalla y de tanto incendio que debe apagar, parece un bombero en pleno agosto mediterráneo. Y eso también me chamusca a mí, me lleva a veces hasta el agotamiento. Pero bueno, estoy muy contenta por él, al final lo ha conseguido. Me siento orgullosa de mi esposo, le he ayudado y le ayudo en todo lo que puedo, ya lo sabes, amor mío.

Yo me esfuerzo constantemente. Como casi todas las mujeres he de compaginar así mismo mi vida profesional, que también es despiadada conmigo, con la familiar, mis hijos y mi esposo. La mejor manera de hacer tal cosa con la dignidad suficiente es logrando dinero, cuanto más mejor. Los billetes de banco siempre son el mejor aceite para engrasar estas tuercas y estos engranajes tan complicados que son el matrimonio y la familia. La vida.

No creas, cielo, que he estado holgazaneando, he trabajado y lo he hecho a conciencia. Y para demostrarlo te dejo un enlace que refleja con claridad la manera en que pienso limpiar tu “cosita” si me la prestas para abrillantar mi “anillo”.

Me he dedicado a mirar algunos vídeos sobre felaciones que me pasaste y a buscar también yo por mi cuenta. Tenías razón, son muy instructivos. Aunque tengo mi propia idea, claro, pero solo teórica, así que me convendrá verlo en la práctica, fijarme en detalles. Ese tema no me lo estudié cuando debía y ya me convenía tomar apuntes de nuevo y hacer algún repaso. Quiero dártelo todo, amor mío, llevarte al cielo, aprender todo lo que haga falta para que seas el hombre más feliz del mundo.

El vídeo que te envío es el que mejor refleja lo que verdaderamente siento por ti y cómo desearía hacerlo. No sé si te gustará así o de otra forma; me queda poco para instruirme en tus gustos, así que ya me dirás si ése es el modo en que a ti te gusta también o es otro. Había montones de vídeos, sólo he visto unos cuantos, igual me he saltado el que muestra lo que a ti te parecería más agradable. Si es así no dudes en señalármelo.

Este me pareció precioso. Ya sé que son actores, naturalmente, pero la manera en que la muchacha lo hace me parece llena de ternura, delicadeza y amor. No es solo carne. Su expresión mientras mete en su boca el pene de él es dulce y amorosa. Lo que veo ahí es lo que yo quiero darte cuando te tenga ante mí, cuando estemos haciendo lo mismo que ellos.

Pero supongo que esa no es la única manera, ya sé que hay muchas más, y sé también que el grado de excitación y la pasión me irán marcando las pautas. Pero tengo que saber cómo te gusta a ti, a lo mejor lo que el vídeo muestra no te resulta suficiente y quieres algo más, y yo deseo dártelo, por eso te he pedido que me muestres vídeos elegidos especialmente por ti. Sí, ya sé, le doy demasiadas vueltas, pero me gusta conocer el terreno que he de pisar y la carne que he de comer, lo que más te excita. Todo, quiero saberlo todo para volverte loco, para hacerte morir entre mis brazos y llegar al cielo. Si quieres cuéntame tus fantasías, lo que realmente sueñas y deseas hacer con una mujer bien predispuesta y absolutamente rendida como yo. Ya me has dicho algunas cosas, pero deseo estar segura de que te voy a dar cuanto de verdad esperas y quieres.

No quiero defraudarte, amor mío.

Pero quiero que sepas, mi cielo, es necesario decirlo claro, que yo no deseo lo ajeno. Ni tampoco pretendo dejar transcurrir la vida que me pertenece por derecho en la rutina de un día a día devastador y cruel. Pero tampoco quiero convertirme en una mujer vulgar que siente alivio al ser libre, y al mismo tiempo tristeza por vivir inmersa en el vacío. No quiero añorar ninguna ausencia, ni siquiera la de mis hijos, no estoy dispuesta a sentir nostalgia por un futuro imposible. No quiero convertir mi vida en una ucronía, ni tampoco pretendo desear utopías. Por eso, precisamente porque quiero seguir estando viva, de carne y de cuerpo, pues mi cuerpo es mi alma, te estoy escribiendo ahora a ti, a mi amor, al dueño de ese cuerpo que nunca me ha pertenecido del todo excepto cuando lo he dado, aunque al darlo siempre lo he perdido, a pedazos, aunque al entregarlo siempre me he liberado de él, a cachos. Mi vida eres tú, pues sin ti no podría mirarme a la cara, ¿a quién hablaría?, ¿qué le diría a la pared?, ¿de quién serían las arrugas de mi rostro?, ¿quién besaría mis ojos cuando llorasen?, ¿a quién podría yo escuchar?

Soy una mujer casada, sí. También soy madre, sí. Pero eso puede cambiar en cualquier momento, son apenas circunstancias, curvas del camino. Son lluvia o calor, nieve o huracán. Sea cual sea el futuro yo seguiré siendo una mujer de pleno derecho, completa, entera, sin otras necesidades que las que pueda tener cualquier persona y sin deseos no satisfechos ni hambres atrasadas de posguerra famélica. Y tú, tú serás siempre lo que yo quiero que seas, mi amado, mi señor.

Luis solamente necesita el nombramiento del consejero delegado y la confirmación oficial del consejo de administración. Será mañana.

Te quiero

viernes, 3 de julio de 2009

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (1 de 9)


4 Julio 2008

9 de noviembre

Hoy es el aniversario de Isabel, mi hija. Cumple 12 años.

Recuerdo que los dolores del parto empezaron a media tarde, cerca de las seis o algo así. Yo me encontraba en la redacción del periódico, casi no podía ver los papeles que tenía encima de la mesa, debajo de mi barriga. Era la semana exacta, Isabel llegaba puntual, mi primer hijo, una hembra. Rompí aguas allí en medio, temblando y asustada, sin poder controlarme, y dos compañeras se apresuraron a llevarme al hospital. El mismo director de la sección de economía en la que trabajaba y todavía trabajo se encargó de llamar a Luis, mi esposo. Tenía prisa por que saliera de la oficina.

Me puse de parto nada más llegar. Fue difícil y trabajado, la niña pesaba más de cuatro kilos, parecía tener 12 en lugar de los 9 meses. El médico no quiso hacerme cesárea, decía que yo podía sacar aquella cosa de mi vientre por mí misma. Me gritaba con malos modos que empujara, irritado por tener que decírmelo y enfadado con alguien que sin duda no era yo. Yo lo intentaba, de verdad que lo intentaba, pero me desgarraba entera. El dolor era fiero, insoportable, casi tanto como mi miedo de madre primeriza, como mi angustia ante todo lo que ignoraba, ante ese futuro que también paría junto con mi hija. El médico insistía con el mismo tono brusco, maleducado e impaciente. “Empuja, empuja”. ¿Empujar?, ¿empujar qué? Hubo sufrimiento fetal y la niña estuvo a punto de ahogarse en sus primeras heces, en eso que se llama “meconio”. Cuando se dieron cuenta me abrieron aprisa y corriendo, casi sin contemplaciones, para sacarla de aquel pozo negro que era mi vientre.

A Luis no lo localizaron hasta pasadas las dos de la madrugada, no estaba en la oficina ni en el club. Llegó cuando todo había finalizado, tenía mala cara. Él fue quien llamó a mis padres, que llegaron también en plena noche. Mi madre estuvo tan ocupada riñéndome por no haberla avisado antes que ni siquiera miró a la niña. Le importaba más la abuela que la madre o la nieta. Parte del personal del hospital la conocía y no quería parecer una abuela despreocupada llegando tan tarde. Me hizo quitar la calefacción, dijo que se ahogaba.

Mi boca estaba reseca, tenía los labios agrietados y los dientes doloridos de no poder morder nada. Toda yo lo estaba, reseca, agrietada y dolorida. Y preferí callar.

Por la mañana se hallaban todos muy cansados, así que se fueron a dormir y yo me quedé durante horas sola con Isabel. A ratos la miraba acostada en su cuna, junto a mi cama, y no sabía cuál de las dos estaba más pequeña e indefensa. No regresaron hasta muy tarde. Se pelearon por quedarse conmigo aquella noche, mi padre me miraba en silencio. Los eché de allí.

La niña parecía un cerdito, la verdad es que lo pensé, me dije “mira, has parido un gorrino”.

A la niña no la podía echar de allí.

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Amor mío, sabes muy bien que hasta ahora nadie me ha impedido nunca nada. He sido siempre aquello que he querido ser, y lo que siempre he querido ser es una mujer libre y comprometida. Y pienso seguir siéndolo. Una mujer cabal y responsable, fiel y leal a los míos, no los decepcionaré nunca, no podría. Pero estoy cansada de que la realidad me doblegue; si me obliga, seré yo ahora quien la someta a ella cuando me apetezca, quien la tuerza, quien la manipule, haré lo que me plazca.

Soy un ser libre, por eso mis ojos prestan atención a mi alma, por eso miro y observo el horizonte, por eso me enamoro de los árboles.

Por eso me he enamorado de ti, por eso te veo cuando te miro.

En esta nueva etapa de mi vida que hoy inicio tú serás la parte más importante, el centro de mi universo, la “gigante roja” que me devorará y el agujero negro al que me abocaré sin remisión ni resistencia.

En esta nueva fase que emprendo tú serás el verdadero protagonista, mi Dios, mi Orfeo, pero yo seré también tu dueña, quien vele por ti, quien te cobije, quien te consuele.

Seré tu casa.

Y tú serás la mía.

jueves, 2 de julio de 2009

El peletero/Glosas: Conversaciones con una lagartija (7)


2 Julio 2008

21 de mayo

Me doy cuenta, mi querida lagartija, que en el reino de los reptiles también se da la buena costumbre de la puntualidad, aunque para ser correctos en el uso de las palabras te haré caso y sustituiré puntualidad por la de asiduidad, frecuencia, constancia y continuidad. Debes reconocer, sin embargo, que pareces más británico que mediterráneo. Si seguimos así pronto habremos de tomar el té y levantar afectadamente el dedo meñique al asir la taza, cosa por otra parte imposible pues tú no tienes dedo meñique. Dejaremos eso de la afectación para otros y nos limitaremos a beber y a disfrutar de un buen té magrebí que también es mediterráneo puro, yo con mi gorda lengua y tú con la tuya bífida y fina, que no traicionera ni hipócrita, sino todo lo contrario, amigable y afectuosa. Afecto reptiliano, por otra parte, pero afecto sin lugar a dudas.

Siempre me he preguntado cómo serían los besos entre humanos si tuviéramos la lengua bífida como vosotros. Ya sé que tú eso de los besos nuestros nunca lo has comprendido del todo, y poco me puedes ayudar en tal suposición.

1 de junio

Querida lagartija, más que nadie te das cuenta que está empezando el verano, tus insectos y tú cambiáis el vuelo y vuestra forma de estar. Ese es un verano caluroso que llega con lluvias después de un otoño, un invierno, y una primavera tan secos como la tierra por la que te arrastras. Me contaste un día de la belleza que encuentras en un pinar, lo soltaste así, casi sin venir a cuento. Me extrañó porque tú no tienes memoria, pero eso debió de ser otra cosa, quizás la necesidad de una sombra de pino y sus piñas abiertas, y sus piñones robados por las ardillas. Recuerdo y necesidad casi son lo mismo, me decías, pero no sé si fiarme de ti. Tú no sabes qué es uno y conoces demasiado que es la otra. Ni siquiera puedes hablar de deseo, pues los animales no humanos no deseáis nunca nada (excepto algunos primates), necesitáis sí, pero no deseáis. El deseo es un sentimiento humano. Te respondo así, casi maleducado no sé por qué y entonces te mueves un poco, ladeas la cabeza y la levantas apenas un milímetro. Te quedas callado y supongo que meditabundo o quizás necesitado de deseos y de recuerdos. O tal vez te sorprende y no comprendes mi tono. Tampoco yo.

Perdona el tono, mi querida lagartija, no he querido ofenderte o molestarte, aunque sinceramente tampoco sé cómo se ofende o molesta a un reptil.

El otro día asistí, acompañado de buenos amigos, a una visita guiada por entre ruinas. Me hablaron de mercados medievales y de murallas cristianas que esconden en sus cimientos secretos bereberes. Los campos estaban verdes y en las lomas despuntaban osados esos molinos eléctricos, modernos, gigantes y blancos que no gustan a los melancólicos. Pensé en ti que tampoco eres ni puedes ser una nostálgica a pesar de vivir entre piedras y grietas.

Más profundas que esas grietas, en el fondo de algunas cuevas viven felices unas primas tuyas que han perdido el color y la capacidad de ver. Blancas y ciegas parecen novios dispuestos para el matrimonio, más por ciegos que por blancos. La ceguera no te permite ver pero eres visible para todos.

Eres vulnerable.

Hasta otro rato, mi querida lagartija, me gusta conversar contigo.

4 Julio 2008

miércoles, 1 de julio de 2009

El peletero/Glosas: Conversaciones con una lagartija (6)



30 Junio 2008

9 de mayo

Me preguntas por esa costumbre humana del baño y te cuento que el baño conjunto es uno de los juegos eróticos más habituales y más buscados. Después del placer sexual es un magnífico lugar para relajarse y entablar una conversación íntima rodeada de la calidez y la humedad del agua. Ese tacto suave afloja el espíritu y propende a los amantes a confesarse verdades.

Ese Aguador que busca el Gordo en esas cajas guardadas no es exactamente el que se ha publicado. Es fácil confundirse, pero no lo es, al menos eso creo. Él recuerda haber leído algo cuando empaquetó las cosas de su “Viejo profesor”, un sabio loco que murió de frío en un patio trasero. ¿A qué asocia ese texto vagamente recordado? Quizás no lo asocia desde el punto de vista argumental o tal vez recuerda a Mercè, la amiga de Veni, esa mujer tan guapa y con aires orientales, o simplemente recuerda el tono, la atmósfera que en él hay como contrapunto, por puro contraste.

El Gordo necesita hacer algo por sí mismo. Él empaquetó esas cajas y las guardó. Lo hizo solo, como si fuera el mismo Edmon Dantés carreteando el enorme tesoro encontrado al escaparse de If mientras simulaba estar muerto. El Conde de Montecristo también ha recibido el secreto de un viejo agonizante en una de las mazmorras del sombrío castillo de If, terrible nombre ése de la isla.

Te transcribiré parte de una respuesta mía a uno de los comentarios que mis inteligentes y amables lectoras se esfuerzan en escribir. Decía yo mismo: “Todo se puede obtener con dinero, absolutamente todo, excepto aquello que solamente puedes y debes hacer tú mismo. Ese es el límite de la economía, sea monetaria o de intercambio.

En esa tesitura se encuentra El Gordo. Puede pagar para que lo laven y aseen, para que lo transporten borracho, puede pagar para obtener sexo, cualquier cosa que podamos imaginar se puede conseguir con dinero. Puede incluso pagar para que alguien mate por él. Se puede pagar por las cosas más atroces y más sublimes. Pero no puede pagar para que alguien suba esa escalerilla y rebusque entre unas cajas una perla envuelta entre cestas de nácar. Alguien puede escribir cartas por ti, pero nadie puede besar por ti. Por eso y en eso, descubre la poesía. La descubre entre un mundo de ruinas grises, pero la poesía no es gris, o no es únicamente gris.”

¿Si lo fuera sería un contrasentido? No estoy seguro de ello.

Cuando el Gordo encuentra ese “Aguador” y lo lee, tiene la misma sensación que Greta, (The Dead) al bajar las escaleras de la casa de sus ancianas amigas y oír “The lass of Aughrim”. El recuerdo de Greta es exclusivamente de ella, el del Gordo no lo sabemos con exactitud. Quizás también es un recuerdo prestado, ajeno, pero recuerdo al fin y al cabo. Es una idea sugerente esa del recuerdo prestado, creo que todos tenemos más de uno y no lo sabemos. Pero el Gordo no tiene ningún esposo ni ninguna esposa para contarle su intimidad como Greta, que le cuenta a su esposo Gabriel el secreto de sus días y el de su juventud, el de toda su vida. Greta es una mujer afortunada, igual que Brigitte y Natalia, las tres tienen a alguien con el que pueden mostrarse desnudas. Yo te tengo a ti, mi bonita lagartija y tu me tienes a mí, ambos estamos desnudos, uno al lado del otro, y nos gusta mirarnos por el simple placer de hacerlo. Eres muy hermosa, ¿los sabías?, me respondes que no, que no lo sabías y que tampoco sabes qué significa ser hermoso. Te digo que una de las condiciones necesarias para serlo es ignorar que lo eres.

Tensas tu cuerpo y vuelves a colocarte en paralelo conmigo y me preguntas si las aventuras del Gordo continuarán. Te respondo que no lo sé, pero que ése es un buen final para toda esa historia en la que por primera vez demuestra ser alguien débil. ¿No te parece que es así, mi bonita amiga?

2 Julio 2008