viernes, 14 de mayo de 2010

El peletero/Peret (26-02-10)


26 Febrero 2010

Peret, ves, ves-te’n i vola, espera a la Veni i amb ella ves-te’n i vola.

Busca a la Carme, al Ramon, al Marià i a la Herminia, busca també a tots els altres i amb ells ves-te’n i vola.

Però no te’n vagis gaire lluny que l’Albert i jo no coneixem el camí i encara no sabem volar.

(26-02-10)

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Peret, ve, vete y vuela, espera a Veni y con ella vete y vuela.

Busca a Carme, a Ramón, a Marià y a Herminia, busca también a todos los demás y con ellos vete y vuela.

Pero no te vayas muy lejos que Albert y yo no conocemos el camino y todavía no sabemos volar.

(26-02-10)

jueves, 13 de mayo de 2010

miércoles, 12 de mayo de 2010

lunes, 10 de mayo de 2010

El peletero/Ficha nº 3



12 Febrero 2010

Nombre: Engracia Fuentalta Leiva

Edad: No sé.

Estado: Normalmente sólida y compacta, aunque tenía momentos líquidos cuando tomaba sus baños con el agua muy caliente, casi quemando y llena de jabones, aceites y perfumes que no servían de nada fuera de enjabonarla, engrasarla y perfumarla. Lo malo, o lo bueno, según como se mire, era que después de pasar rápida y sonoramente por el estado gaseoso, regresaba de inmediato a la solidez de la carne, a su olor natural y verdadero, al sudor del sexo, y al fuego de las hembras sin dueño. Y eso era, precisamente, lo que yo buscaba y necesitaba. Sí, es verdad, yo quería su carne quemada y algo de su humedad en esa fuente alta que tanto me embriagaba.

Cuando orinaba parecía una niña mala haciendo travesuras. Me decía, “mira”, y yo miraba.

Estudios: Bastantes. Arqueología por entre los polvos de Oriente que son muchos, los Orientes y los polvos que allí hay. Pincel en mano barrió medio desierto y dio de comer a muchos hambrientos y sedientos no precisamente de justicia. Sabía de lenguas raras y muertas aunque las usaba como si fueran de uso cotidiano, le hablaba a su jardinero en hitita, a su mayordomo en acadio, a su cocinero en babilónico o caldeo, a su masajista en arameo, y a los demás en asirio o, para poner unas guindas en su boca de babel, sumerio y filisteo. A mí también me mandaba en ellas.

En esas hablas orientales y polvorosas me enamoraba. Me decía “escucha”, y yo escuchaba.

Profesión: Descubridora de civilizaciones desaparecidas, de tumbas y palacios derruidos, de ruinas y tesoros escondidos debajo de las piedras. En más de una ocasión encontró alimañas y fieras, serpientes y escorpiones. Incluso un día, tras unas fornicaciones ciclópeas, halló a un marido con el que se casó que no fui yo.

Yo era su chofer y el que limpiaba la plata, el que pulía y daba brillo al bronce y a la hojalata. Pule, me decía, y yo pulía.

Chismes y tonterías: Cuentan que montaba camellas y beduinos y que bailaba desnuda en la tienda de los jeques en oasis de mentira. Era rubia pálida y eso a los hijos del desierto les gusta y los emborracha como si ya estuvieran muertos, rodeados de sus huríes en su harén celestial. En él yo desempeñaba el papel de Gran Eunuco, vigilaba quién entraba y quién salía.

En alguna rara ocasión era yo el que penetraba y me quedaba, en su cueva, entre pinturas rupestres, estalactitas y estalagmitas, ríos, lagos negros y gambas blancas y ciegas. Ven, me decía, y yo iba.

Realidades: Era verdad, montaba camellas como si fueran camellos y beduinos a pelo, desnudos como gacelas salvajes. Los encabritaba y los sometía, látigo en mano o a base de bofetadas.

Era la Reina de Saba y yo su esclavo. Salomón, me llamaba, y yo a veces me lo creía.

sábado, 8 de mayo de 2010

El peletero/Ficha nº 2



10 Febrero 2010

Nombre: Juanita Gutiérrez Pino


Edad: Dos días y medio.


Estado: Normalmente a cuatro patas. Siempre estaba pensando en divorciarse. “Haz lo que quieras, cariñito”, le decía yo, “pero si queremos hacer las cosas bien antes deberíamos casarnos, ¿verdad?”. Nunca me hizo caso, al menos me ahorré la horterada de la boda. Me dejó con un: “Ahí te quedas”.


Estudios: Veterinaria trasera y botánica parda. Era una gran especialista en orquídeas y en plantas devoradoras de hombres guapos, machos y viriles. Le gustaba el terciopelo rojo y trabajaba mucho el ornamento floral en prostíbulos y burdeles. Era una muy buena maquilladora de bajos, peinaba vulvas, labios mayores y menores y luego los fotografiaba abiertos y cerrados para no sé qué. “Llevo un archivo”, decía, pero yo nunca me lo creí.


Profesión: Animadora y organizadora de eventos multitudinarios en los que la actividad principal era la de mostrarse desnudo frente a muchas otras personas que hacían cosas raras mientras te miraban.


Chismes y tonterías: Bancaria cruel, dirigía una sucursal de un gran banco que había perdido varias veces el nombre al irse fusionando con otros. Le gustaba extorsionar al cliente de pocos recursos, lo asustaba amenazándolo con no hacerle efectivo el recibo del agua o del gas. Le aseguraba que si no cumplía con los plazos de la hipoteca terminaría pidiendo limosna por las esquinas o prostituyendo a sus hijas.


Realidades: Decía siempre la verdad y eso no lleva a ninguna parte. Jamás afirmó que me quería, y eso tampoco llevaba a ninguna parte que no fuera su cama.





viernes, 7 de mayo de 2010

El peletero/Ficha nº 1


8 Febrero 2010

Nombre: Pepita López Fernández

Edad: Más que yo y menos que tú.

Estado: Soltera cuatro veces, casada dos y divorciada unas cuantas.

Estudios: Física nuclear e ingeniera aeronáutica. De joven trabajó en el JPL, “Jet Propulsion Laboratory”, Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa. En él diseñó un famoso lanzador espacial llamado “The big strap” que lamentablemente no llegó a construirse, pero del que todo el mundo alababa sus bellas líneas y la preciosa y sugerente forma que tenía su punta. Su cohete no llegó a ninguna estrella sacando fuego por su retaguardia, pero sí logró que las llamas salieran de más de una al conseguir que las tiendas eróticas terminaran copiándolo con gran éxito y regocijo para todos los que lo disfrutaron, yo entre ellos, y gracias también, es justo señalarlo, a sus expertas manos, no si no ellas habían sido las que lo habían dibujado, quizás pensando en mí.

Profesión: en la actualidad dirige parte de los experimentos que se realizan en el CERN con el acelerador de partículas llamado “Falopio”, en honor a un griego que tocaba la trompa y que según parece compuso unas memorables melodías que, desgraciadamente y para lamento de todos, se han perdido irremediablemente.

Chismes y tonterías: La conocí un día tonto, yo era astrónomo y me pasaba las horas pegado a un telescopio. Vino y me dijo: “tengo un trabajo más interesante para tu telescopio que mirar estrellas”. “¿A sí?”, le pregunté ingenuamente, “¿cuál?” “La espeleología profunda”, me respondió mirándome con sus ojos de osa de las cavernas, y tal cual me lo decía desabrochaba y bajaba mis pantalones y creo que a día de hoy todavía no me los ha subido, así que no sé exactamente qué demonios quería decir, pero intuyo que era algo verdaderamente muy profundo, algo que en lugar de trepar a las estrellas penetraba en las más angostas y húmedas cavidades de la tierra en búsqueda del centro que, todos sabemos, no existe en ninguna maldita parte.

Realidades: Nos casamos enamorados y todavía seguimos estándolo, casados y enamorados los tres, yo, ella, y su primer marido, el segundo soy yo. A veces tengo un poco de celos, he de reconocerlo, pero hay días que también los tiene ella cuando su “primero” y yo la amenazamos con irnos a las islas Cook en busca de algún coco y alguna nativa que hable poco y a la que se le entienda mucho menos.

jueves, 6 de mayo de 2010

El peletero/Tres/Y Tres



5 Febrero 2010

Y tres.

Te llamabas Luisita Calle y terminaste con tus brasas atrapadas bajo un manto de lava reseca.

« Ils ont demandé d'une voix tranquille un toit pour s'aimer au coeur de la ville, et je me rappelle qu'ils ont regardé d'un air attendri la chambre d'hôtel au papier jauni. Et quand j'ai fermé la porte sur eux y'avait tant d'soleil au fond de leurs yeux, que ça m'a fait mal, que ça m'a fait mal... » (1)

Mientras me amabas los meteoros se derrumbaban y mis bólidos blancos tomaban la salida lanzados a una carrera loca en la que debían competir con los cometas, siempre más veloces y sempiternos triunfadores. Mis torpedos tuvieron tambien que luchar con los querubines afeminados y trompeteros, y con los diablos burlones que soplaban los cuernos, las trompas de Falopio, las cornetas y los clarines del Día del Juicio Final.

Pétreos o férreos, de cobalto o de fósforo, los aerolitos celestiales terminaron siendo apenas unos tristes pedazos de diamante ennegrecido envuelto en un papel de regalo brillante, satinado y crujiente como una cerilla chamuscada.

El lazo fui yo, mis besos y mis brazos que te rodearon enamorados como la luz zodiacal que envuelve al mundo en cada crepúsculo y en cada madrugada, luminaria misteriosa, tímida y temblorosa frente a tanta oscuridad cósmica, de pozo profundo y vacío, que por no tener no contiene ni cuatro deseos de amor, salud o dinero.

Pero mis besos te dieron aquellas palabras que nunca podrás olvidar.

Te llamabas Luisita Calle y jamás llegaste a ser el vulgar oro de un alquimista mentiroso y charlatán, ni tampoco el silicio acristalado, ni el neón luminoso de un bar de carretera.

Fuiste mi diamante, mi calle, mi llave y mi puerta, la piedra negra de mi camino, la más bonita de todas, fuiste mi reina, la almendra de mi anillo triple que un día refulgió entre las brasas de una cama en una habitación de hotel.

Siempre fuiste la mejor, y la peor también, mi canela en rama en mi alma india.

« Et je me rappelle qu'ils ont regardé d'un air attendri la chambre d'hôtel au papier jauni. Et quand j'ai fermé la porte sur eux y'avait tant d'soleil au fond de leurs yeux que ça m'a fait mal, que ça m'a fait mal. » (1)

Pero todo eso sucedió en un instante, y todo terminó, la media luz, la penumbra dulcemente dolorosa, la lluvia gozosa de cohetes, las bombas, los bólidos, los cometas de cola larga y las explosiones de lava, de sangre, de esperma y de ceniza. Los estallidos de nuestras bocas juntas en aquellos besos inmortales

Todo ocurrió en un solo día con su noche entera, en aquella oscuridad eterna que nunca terminó de ofrecer su mundo completo y su luz sincera. Tinieblas entre las luces de un anochecer y una aurora, lejana ya y solitaria ahora. Toda una vida en una sola sombra con sus siete mil leguas y sus siete ciclos enteros en aquel fulgor perpetuo que iluminaba mi corazón, entre el arcobaleno y el fin del tiempo.

« Il me semble encore les voir arriver... Ils sont arrivés se tenant par la main, l'air émerveillé de deux chérubin portant le soleil. » (1)

(1) “Les amants d’un jour”. Edith Piaf

miércoles, 5 de mayo de 2010

El peletero/Tres/Dos



3 Febrero 2010

Dos.

Te llamabas Encarnita Pérez y vivías perdida entre torbellinos y sábanas blancas tormentosas. Por entre sus olas navegabas como si fueras la mejor capitana en busca de tu inmaculada ballena inmortal.

Intrépida y valiente no temías despeñarte al alcanzar el fin del mundo, pensabas que llegado el caso valdría la pena caer en el abismo. El señuelo eras tú misma, el mejor cebo para atrapar tiburones, orcas, pulpos gigantes y monstruos de las profundidades.

No eras ningún pez desmemoriado y frío, ni tampoco un reptil de sonrisa enigmática y perenne. No te revestías con pieles de focas ni de león marino, impermeables y grasientas. Tampoco eras un delfín elegante y grácil, ni un pingüino patoso y bobo, ni una tortuga imperturbable.

Yo quise que fueras un frailecillo de pico descomunal y desproporcionado, pintado de colores, tan vistoso como humilde, un suave y precioso arcobaleno entre tanta blancura oceánica, un duende marinero, un dulce salado, un ave en vuelo rasante del mar al acantilado.

Pero terminaste siendo una gaviota planeadora, un águila pescadora y un enorme albatros viajero que de sábana en sábana pasabas de una cama a la otra cazando cetáceos, rorcuales y ballenatos. Y en noches iluminadas, peces argentinos y voladores, sirenas despiadadas y bondadosas, y amapolas de alas rotas y moribundas.

Habías nacido casualmente en Barcelona, pero parecía que vivías en París en la Avenida Jean Jaurés. Me recordabas a Jeanne Moreau, “te gustaba llevar anillos, rubíes y caracoles entre tus dedos y brazaletes de mil vueltas en tus muñecas, decías de ti misma que tus ojos eran dos ópalos fascinantes y tu rostro una circunferencia pálida y armoniosa”, « de femme fatale qui m'fut fatal » (1)

Eras una mujer inquieta que al igual que un remolino desfilaste por sus tres etapas básicas, la joven, la madura y la disipativa, en cada una de ellas todas las cosas ocurrían a un mismo tiempo, todo era desorden y las personas se te amontonaban y se confundían unas con otras en un absoluto desconcierto, el ambiente era turbio, inquieto y siempre se mantenía alterado. El aire giraba rápido, y el agua, el polvo y el humo se retorcían como lo hace el pelo de algunas personas y animales en ciertas partes de sus cuerpos.

Eso siempre fue a así, lo fue cuando te saciaste, abrazada a mí, escuchando las palabras de amor que te di, y lo fue también cuando me dejaste por otra sábana arremolinada en otra cama abandonada por la mañana… sin saber por qué. En otro tiempo, en otra vida que no recuerdas no me reconociste, nunca te lo perdonaré.

Pero ayer… ayer me conociste y nos reconocimos, nos perdimos y nos volvimos a perder, nos encontramos y nos reencontramos y nos dimos de nuevo calor y me desperté de mis sempiternos sueños interminables al sentir tus besos en mi frente prendida. Luego, la canción decía que cada uno se fue por su lado y por sí mismo en el torbellino de la vida. (1)

« Dans le tourbillon de la vie. Je l'ai revue un soir, aïe, aïe, aïe ! Ça fait déjà un fameux bail » (1)

(1) “Le Tourbillon”, de Cyrus Bassiak

viernes, 30 de abril de 2010

El peletero/Tres/Una


1 Febrero 2010

Una.

Te llamabas Paulina López y vivías debajo de un cielo bañado de luna. Eras guapa, eras ancha y atesorabas mares y valles en apenas un solo trazo.

Como si fueran zarpas no pude defenderme de tus cuatro rayas, líneas y tildes, en ellas escondías más de seis mil volcanes en menos de tres mil runas.

Eras un mar de letras en un solo perfil, siete círculos, diez triángulos, y unas cuantas paralelas y paréntesis rojos en tus dos mil pliegues, en tus ochocientas bocas y en tus incontables fuentes ferruginosas.

Estabas hecha de paredes, de bóvedas y de puentes, de túneles, de estrías y de arrugas invisibles o inexistentes. Eras un castillo y una Catedral, fuiste un desafío pintado en mil banderas clavadas a lo largo de un río.

Brillabas como una antorcha en pleno día, no tenías noche o tal vez la ocultabas, y tras la lluvia solamente hallaba en ti una niebla clara, una calma extraña, una sombra extendida en una estepa ancha y leve, era entonces cuando el arcoballeno desaparecía y algo negro se liberaba.

Si permitimos que un rayo solar atraviese un prisma, la luz se descompondrá en sus distintos colores, en un espectro. Sobre su fondo continuo multicolor hallaremos también líneas oscuras y claras que nos indicarán los elementos básicos de su composición íntima, tal vez gases nobles, o bien elementos ligeros o quizás transuránicos, tan pesados como quebradizos, inestables y frágiles.

Lima, ámbar y oro, rojo, naranja y amarillo, también verde, azul y violeta, y con un poco de suerte el añil entre la marina, la fresa y la mora.

Entre el vuelo del azor, del águila y del halcón.