jueves, 22 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (24)


9 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

24. La Muerte y la poesía.

Algunos buenos críticos literarios consideran que el único género básico es la llamada “serie negra” y que en ella están incluidas todas las demás. La Historia, el cuento, el mito, la novela y las leyendas son el relato de la muerte, sea nativa o forastera, propia o ajena. Así pues, el argumento fundacional del arte de contar historias no es otro que el crimen, pues crimen es también morir por accidente o por enfermedad. El resto son variantes o hijos más o menos naturales o legítimos del peor pecado, el asesinato. 

Nosotros lo hallamos en el único “Tema” poético de Robert Graves y en la poesía apolínea que, con Sócrates y Platón, lo sustituye. En el amor a la Diosa están escondidos la muerte y el asesinato, y ambos también se encuentran, de una manera más manifiesta si cabe, en el suicidio del propio Sócrates. En las dos la muerte es necesaria para que la tribu o el pueblo sigan viviendo. La Diosa, encarnada en cualquier mujer, y la razón, en la de cualquier juez, son las dos entidades que mejor representan la crueldad al no permitirse jamás ser piadosas, ni con el hijo-amante ni tampoco con el reo que incumple la ley. La primera usa del “chivo expiatorio” y la otra de la justicia ciega y sorda que elimina la venganza y que convierte los asuntos privados en públicos. Jesús pone en evidencia algo obvio para nosotros, pero que a lo largo de la Historia de la Humanidad no lo ha sido casi nunca, que el chivo es inocente y que su asesinato es responsabilidad de todos sin distinción.
Hay dos clases de muerte, la de los otros y la nuestra.

“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva, es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. (Albert Camus)

¿Qué tiene todo ello que ver con la pintura?

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24M
-“En la Avenue Jean Jaurés de Paris tenía su piso mi amiga Mercé que trabajaba de costurera en (…) Ella era la excusa que siempre le daba a Antonio T. para quedarme unos días más. En su apartamento nos encontrábamos tú y yo medio furtivamente cuando él regresaba a Barcelona. Mi amiga nos dejaba una habitación pequeña y una cama que casi no cabía en ella. Tú venías en tren y yo pasaba de un gran hotel a una buhardilla con el suelo de madera. Todo era muy romántico, yo te facilitaba entradas gratis para los museos y a ti te gustaba visitar el taller donde trabajaba Mercè y ver los carretes de hilos y las madejas de lana como si fueran composiciones policromas vanguardistas. Tú pagabas “Le Metro” y yo los restaurantes y los libros que me pedías que te regalase. Había uno que te gustaba especialmente, “Souvenirs retrouvés”, la autobiografía de Kiki de Montparnasse, una famosa cantante y artista variada de los años 20, modelo y musa de muchos pintores. Siempre me decías que contemplar aquellos desnudos antiguos tenía algo de incestuoso, como si miraras a tu madre o a tu abuela desnudas. Por eso me corté el pelo como ellas, a lo garçon. Nunca quisiste que me depilara el pubis, en cambio Antonio T. siempre me lo quería afeitar, no sabía qué hacer y a quién obedecer. Uno de los dos, no recuerdo cuál, decía que tanto pelo parecía un Pollok.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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24H
-“Un día llegaste con un aire resuelto fuera de lo habitual, nunca fuiste una mujer apática ni perezosa, pero sólo demostrabas interés por algo cuando terminábamos de estar juntos después de tu último éxtasis, no antes, era entonces cuando elegías un libro, hablabas de ti, de mí, de los hijos que deseabas tener o de los amantes que sí lograste conseguir después. Esta vez no, tu entusiasmo no pudo esperar al sexo post coito para despertarse. Te sentaste, alisaste tu falda, te bebiste de un solo trago una coca cola entera y sin eructar me pediste: “¡háblame de Pollok!” Me desmayé.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 21 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (23)


7 Julio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

23. La muerte y el nombre.

Rostro, muerte, imagen y soledad, son otras cuatro esquinas también, y en su centro acaso hallemos a la libertad o a esa nada abandonada, posiblemente las ocho formen a su vez los verdaderos nombres de los vientos que arrastran las velas blancas en su deambular.

En el rostro, o nombre, se encuentra la vida y la muerte, y en su imagen o apariencia vaciamos nuestro deseo como si nosotros fuéramos la copa y ella nuestra boca. El deseo es la conciencia de esa muerte, y el vino vertido su olvido breve en otra clase de expiración y tránsito, una enajenación vulgar y escasa que algunos llaman éxtasis. En ese olvido que proporciona Eros y su placer mezquino remendamos el desgarro como si cosiéramos la herida que igual que nos da la vida también nos mata cada día.
 
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23M
A ti, aparte de tus tres ases, Chanel, Dior y Balenciaga, te gustaban Lacroix y Lagerfeld. Valorabas a YSL, pero nunca te gustaron aquellos hombros tan rectos, decías que había situado la cintura a la altura del cuello. Señalabas que el cuerpo del hombre tiene tres anclajes que lo sujetan al suelo, y que el de las mujeres cuatro. Los del hombre eran la cabeza, los hombros y la cintura, justo cinco centímetros por encima de la cadera. Y que a la mujer le debíamos añadir el de los pechos, el más notorio y al mismo tiempo el más resbaladizo. Yo poseía uno más, el de los pies y tú añadías que mi nariz también merecía serlo, tenías toda la razón.

Las naranjas sí son azules y cuadradas como las manzanas, el Universo no es infinito y los animales son dioses con nombre.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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23H
“Ya sabes, querida Verónica, que tengo una relación nada habitual, para los tiempos que corren, con los animales. Yo también tuve uno cuando era niño, un jilguero que mi padre atrapó en un palacio vetusto y lleno de fantasmas, caballeros espadachines y damas escotadas. 

El nuestro es un mundo que sufre básicamente de dos graves síndromes, uno es el de Estocolmo, que ahora no viene al caso. Y el otro es el de Peter Pan, el responsable de que a los animales se los trate como a personas. 

El otro día, en la civilizada Holanda, prohibieron la zoofilia. Es una lástima, ya que ahora ya no podré consumar mi amor con aquella estrellita de mar que me tenía enamorado. Era roja y azul y me gustaba su manera de callar”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

martes, 20 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (22)



22. Víctor.

Un antiguo alumno mío, Víctor Rotjciv, aseguraba, medio en serio y medio en broma, que las cuatro esquinas del mundo son la necesidad, el deseo, la voluntad y la razón, y que en el centro, afuera o adentro, arriba o abajo, se hallaba el azar, el pilar que todo lo aguantaba. También decía que la nada no tiene lados ni tampoco esquinas, ni algo que merezca ser soportado ni sostenido, y aunque no tenga horizonte ni suelo no está vacía, está, afirmaba rotundo, abandonada. Los muertos caemos sin cesar y nuestro único consuelo, concluía, es no saber que no hay fondo.
Eso es la esperanza.

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22H
-“Capítulo 2: Coco Chanel tuvo dos grandes aciertos en su vida, el primero fue ser hombre y el segundo inventar el traje chaqueta Chanel que ya era famoso antes de nacer.

El primer acierto le permitió ser una mujer más entera y más independiente, logró convertirse en una de las grandes representantes de las poderosas estirpes de “mujeres-hombre”. Perfectos hermafroditas de mente y alma que conseguían abrirse camino a través de la selva enmarañada de los prejuicios sociales y escalar así las más altas cumbres del poder, el dinero y la fama. Ellas son hermanas de los “hombre-mujer” y sólo primas lejanas de las “mujer-mujer” y aliadas de los “hombre-hombre”. En esos últimos se apoyó económicamente y sin ninguna clase de vergüenza para empezar a sobresalir y dar a conocer su nombre. Tal hazaña la logró cambiando el mundo con un simple corte de cabello, el llamado corte a lo “garçon”. Curiosamente el paso siguiente se había dado antes y no después, en una extraña aliteración temporal al rapar los cráneos femeninos. Esa depilación que se asemeja a una castración es una manera “especial” de desnudo primordial que solamente las más hermosas pueden soportar. Tú eres una de ellas, reina mía.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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22M
-“En muchas ocasiones Antonio T. me llevaba con él a París. Nos íbamos en avión, lo ayudaba en algunas tareas, me lucía entre sus amigos y me compraba ropa de Chanel, siempre de ella, como a ti a él también le gustaba, parecía que no hubiera ninguna otra casa más de Alta Costura en el mundo que la de Coco, yo hubiera querido algo de YSL o del joven Ungaro, pero no había manera de conseguirlo.

Siempre he sido una mujer desgarbada, flaca y demasiado alta, pero mi madre, una bailarina aficionada en su juventud, me enseñó a moverme y a que mis músculos controlaran mis huesos. Bien vestida y con el maquillaje adecuado lograba parecer guapa y algo atractiva también si no miraban mis pies de pato gigante. Antonio T. siempre decía que tenía cara de judía, labios, ojos y nariz grande y cabello áspero y negro. Algunas noches íbamos a escuchar Jazz, recuerdo aquella en la que vimos a Dexter Gordon, digo que lo vimos porque estaba sentado en la mesa de al lado como simple espectador, no recuerdo quién tocaba. Un día me emborraché o bebí demasiado y terminé diciendo frases surrealistas que Antonio T. anotó en su bloc. Cuando me lo dejó leer no me lo parecieron tanto, sólo eran palabras de borracha.” 

¿Son azules las naranjas?, ¿o son tan cuadradas como lo es una manzana? Yo no te ofrecí ninguna, querido Víctor, no fuiste mi Adán, aunque cada vez que partías una lo hacías al través para ver mi estrella”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

lunes, 19 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (21)

2 Julio 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

21. El vagón y la grieta.

Mucho mejor que la metáfora del río es la que usa Félix de Azúa en su “Diccionario de las Artes”. En él nos cuenta que en los vagones de ganado que conducían a los judíos a los campos de exterminio, llenos a rebosar y cerrados a cal y canto, había quien le tocaba en suerte estar cerca de alguna grieta de la pared y poder ver qué había fuera y explicarlo, mejor o peor, a sus compañeros de infortunio y de vagón, embargados por el ansia, la necesidad y el miedo. Todos le preguntaban, ¿qué ves?, ¿qué hay más allá?, ¿a dónde nos llevan?

Esos que miran y cuentan son los artistas, y lo que narran y describen, aquello que ven a través de la rendija de la pared, del desgarro en la cortina, de la herida en la carne, de la grieta solar, es el arte y su verdad, la poesía.

Pero no siempre es así porque los artistas y su arte también pueden ser mentirosos, en realidad es lo que casi siempre acontece, todos quieren ser los tuertos en un mundo de ciegos, pero ésta es otra historia que trataremos de explicar contando mentiras.

Los museos están llenos de material inservible, inútil fuera de su valor de catálogo, una mera referencia registral para los historiadores que nos cuentan los usos y las costumbres de épocas pasadas. Material docente y de archivo.

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21M
-“Querido Víctor, todo el párrafo anterior es tramposo, pues el collar consistía originalmente en unas perlas grandes en el centro y otras progresivamente más pequeñas en los extremos. Es decir, no había ninguna perla igual, entonces no fue ningún mérito astrofísico el de Coco Chanel. El suyo fue un descuido, tal vez motivado por las prisas en recoger las perlas caídas y tenerlas que volver a ensartar rápidamente. El resultado, tienes razón, fue magistral al conseguir que el azar nos dicte el rumbo. Muchas veces el arte consiste precisamente en eso tan simple, encontrar el camino que nos marca una perla desensartada y huérfana.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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21H
-“¿Por qué te gusta Paloma Picasso?, me preguntaste en una ocasión. ¿Por qué?, porque se parece a Coco Chanel. ¿Y por qué te gusta la modista?, parece un palo de escoba y una medio bruja. ¿Por qué?, porque me atraen las mujeres que fuman, quedan bien en las fotografías, el humo les irrita los ojos y parece que miren con un cierto halo de inteligencia, misterio y desdén y porque son más hueso que carne, en su mirada somnolienta está todo su cerebro y en sus labios finos y su boca grande el infierno entero, ése es el porqué, jefa de mi harén, las dos son un poco cubistas, ¿no te parece? A ti lo que te gusta, me señalaste certera, son las mujeres con la nariz grande.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

sábado, 17 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (20)


30 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

20. El siglo XX.

El siglo XX fue, como todos, un pasado imperfecto, un tiempo también de alucinados y charlatanes que siguieron vendiendo paraísos tan falsos como verdadero es el purgatorio. Edenes y elixires que lo curaban todo, pero que no hacían más que predecir anticipadamente una muerte anunciada y proclamada a los cuatro vientos por los trovadores de una nueva era, tan deseada como si fuera el mismo pecado, la misma manzana que comió Eva. Fue un viaje extraño en el que los sueños infantiles debían cabalgar tormentas, un mundo poblado de heroínas alucinógenas y fantasmales que habitaban demoníacos olimpos artificiales. 

Todo terminó desintegrándose más allá de la nube de Oort, o deslizándose por una suave colina tapizada de blanca nieve, montando caballos indomables que parecían unicornios y que no eran más que nuestros queridos y famosos rinocerontes borrachos y gordos, máquinas de hojalata que atravesaban a toda velocidad carreteras perdidas que no llevaban ya a ninguna parte, para fallecer en ellas solos, con el cuerpo roto y en un suelo sucio. 

Muriendo y matando en mil revoluciones, generaciones de jóvenes y ancianos no han hecho más que llenar, anegar y sepultar, como hicieron sus propios padres antes, el mundo de daño, dolor y luto.

Esa es la historia del siglo XX y la del mundo.

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20M
-“Un día me preguntaste si me cansaba comportarme como hombre siendo mujer. Comprendí rápidamente tu pregunta y la intención que no escondía, pero... ¿qué podía responderte? Era una pregunta trampa, te sentías resentido conmigo por algo que no podías controlar, quizás porque tú no eras capaz de hacer lo que yo hacía al ser una mujer. Te decía sin convicción que solamente tenías derecho a reprocharme que te compartiera con otro hombre, pero que todo lo demás no era asunto de tu incumbencia, a decir verdad tuyas únicamente eran las horas que pasaba contigo, el resto era mío. Sí, ya sé que las cosas no deben ser eso, pero... ¿qué podía responderte?, ¿qué podía hacer?, ¿querías ser él o sólo estar tú?” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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20H
-“¿Quieres que te hable de Coco?, ¿tienes celos?, ¿no?, no te creo. Yo sí los tuve, y muchos, y los tuve de sus numerosos amantes y aciertos, me supo mal no haber sido uno de ellos, tuve celos de su independencia que traté de igualar y que nunca conseguí. ¿Cómo?, imaginándote. Escucha, deja de tocarme y besarme y presta atención, Capítulo 1º: Coco inventó el collar de perlas irregular donde ninguna de las perlas ensartadas tiene el mismo tamaño. Eso dicen que ocurrió de forma casual al rompérsele el que llevaba y procurar repararlo de forma descuidada. Sea como fuere eso que hizo consistió en desigualar aquello que era igual. Ni el arte japonés logró una proeza semejante con sus jardines de piedras. Esa gesta es de la misma categoría que la que aconteció en el Cosmos después del Big Bang, y que todos los astrofísicos intentan averiguar preguntándose por qué diablos sucedió eso tan misterioso que consiste en que de lo igual salga lo desigual.” (El hilo. Cartas a una amiga.)


viernes, 16 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (19)


28 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

19. La incertidumbre.

El “Principio de incertidumbre” de Heisenberg parecía dar consistencia a tales conclusiones “metafísicas” que solamente han sido correctamente dilucidadas y explicadas después de no fáciles procesos y gracias a la potencia de nuevos instrumentos matemáticos y lógicos que no describiremos aquí.

En mecánica cuántica el principio de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre de Heisenberg afirma que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto dado. Cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal. Este principio fue enunciado por Werner Heisenberg en 1927.

Nosotros solamente haremos mención a la poética del “par” de magnitudes y al absurdo y a la falta de sentido común que llevó a toda una generación de intelectuales y artistas, que casi no sabían la más elemental aritmética, a negar la realidad y afirmar con absoluta convicción que “ahí afuera” no hay nada.

Foucault, Lacan, Derrida y Kristeva hicieron fortuna aseverando que “la realidad, su producción y conocimiento, no podía preexistir a su representación” en un alarde inconsciente de neo-antropocentrismo que condujo al absoluto descrédito de la realidad. Ése fue uno de los colofones de la triste y vergonzosa historia de las vanguardias. Con sus correspondientes excepciones -y las extrañas paradojas que la poesía de lo visible es capaz de revelarnos- , su único mérito ha terminado siendo señalarnos el camino incorrecto.

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19M
-“Me olvidé del arte deconstruido, me recordaste, pero creo que lo hice a propósito, no sé, el caso es que cerraste la puerta de tu habitación cuando me preguntaste por él. ¿El arte deconstruido?, te pregunté con cara de no saber de qué me estabas hablando. Debes comprender que entonces no tuve más remedio que quitarme la falda despacio y obsequiarte con un streaptease improvisado y creo que lleno de encanto. A ti te gustó, ¿verdad? (La madeja. Cartas a un amigo.)

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19H
-“¿Arte deconstruido?, me preguntaste.
Eras una mujer muy peculiar, sabías interpretar mis palabras de la manera más inteligente y seductora que jamás he visto. Debía de haberme enamorado mucho más de ti, pero cuando estuve preparado te enamoraste mucho más de otro y me dejaste descompuesto en mis elementos primordiales, desordenados como un puzzle, todavía estoy intentando rehacerlo, pero me falta el modelo que debo copiar, te lo llevaste cuando te fuiste.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

jueves, 15 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (18)


25 Junio 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

18. La realidad y la escalera.

Desde Demócrito, y quizás incluso desde antes, existe una intuición que considera que la realidad es el orden de sus partes. En el mundo del arte los mismos impresionistas, no inventando nada nuevo, teorizaron la idea dotándola de legitimidad hablándonos de la “impresión” de la luz en sus pinceladas, y los estructuralistas la quisieron perfeccionar afirmando que esa estructura preexistía a la experiencia, y que no era más, decían ellos, que el “efecto de lo real”. Sólo eran juegos de palabras de filósofos que no sabían matemáticas.

Los físicos perfeccionaron la hipótesis convirtiéndola en ley científica con todas sus garantías. Efectivamente, la realidad, en sus niveles atómicos, está compuesta de pinceladas, de “paquetes” llamados quantums. Un quantum es una realidad sui géneris, con propiedades propias, exclusivas y ajenas a la cotidiana experiencia humana que no a su capacidad de comprensión. Todas las magnitudes que podamos medir, y que corresponden a los diferentes aspectos de su condición, se manifiestan en fardos, como si fueran una escalera y no una rampa, y así se expresan cuando se matematizan.

Las implicaciones ontológicas y epistemológicas que tales hechos tienen son mucho menores que las que algunos pensaron que tenían. Su error fue tan mayúsculo que incluso se llegó a negar la existencia de la propia realidad, usando, de manera muy apropiada un lenguaje ininteligible incluso para ellos mismos. Wittgenstein rechazó sus máximas anteriores considerando que la realidad no podía ser vista por sí misma porque no había ni podía haber percepción pura y primaria separada de la propia experiencia entendida como un filtro distorsionador. 

Paradójicamente tenía razón, aunque el error está en pensar que la “propia experiencia” sea ese elemento distorsionador cuando en realidad es todo lo contrario, es el elemento cohesionador. 

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18M
-“Y después continuabas citando a John Berger diciendo:

“El momento de gracia, si llega, es cuando te asombra descubrir que aquello que tu pincel acaba de añadir no es un color, no es ni siquiera un tono, sino una cosa, algo que la multitud, no ya una multitud sino una comunidad acoge y da un lugar. No puedes creer lo que ven tus ojos, o más bien, por primera vez sí lo crees: una cosa inexplicable hecha de colores que las palabras no pueden describir.”

Siempre quise ser tu hija, la que nunca tuviste, por eso me enamoré de ti, y hablar contigo de pintura igual que dos enamorados hablan de cualquier cosa, de fontanería o haciendo la lista de la compra, o, si me apuras, del color de mi falda, de aquél amarillo limón que tanto te gustaba mirar acompañado del blanco inmaculado de mi blusa almidonada.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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18H
-“En un viejo trabajo de Universidad resumiste así los diferentes rostros o definiciones de arte, parecían la letanía de una monja pecadora: 

El arte como procedimiento o medio, un instrumento para conseguir un fin. El arte como conocimiento, epistemología pura. El arte como trabajo, como labor útil. El arte como juego, eufemismo de la fantasía y la creatividad en la mentalidad posmoderna, derivándose el juego como forma y sistema de conocimiento. El arte como experiencia, en él se refleja el conocimiento acumulado. El arte como afirmación de la propia personalidad, casi como una terapia psicológica. El arte como imitación de la realidad, es la acepción más clásica y la más evidente y notoria en el realismo. Arte como desvelamiento de la verdad, la propia, la del artista o la de otros. El arte como comunicación, el arte que expresa una experiencia o un presupuesto, una intención o un mensaje. El arte como producción y comercio, simple corolario del marco económico y social en el que se manifiesta. El arte autojustificado, que no necesita explicación ni excusa por y para existir. El arte como ideología, expresión de un grupo, tribu, estamento, casta o clase. El arte antropológico, casi folclore. El arte como arma revolucionaria, es limítrofe al ideológico. El arte pedagógico, las imágenes de los templos eran los libros de los analfabetos. El arte como imitación o el arte como concepto o idea. 

Y, para terminar, el arte como expresión más verdadera de la secreta personalidad del melón, de su forma y de su color.

Me apabullaste y cuando eso me sucede me entran unas ganas locas de besar a mujeres guapas, y tú eras la más guapa que había conocido... hasta entonces.” (El hilo. Cartas a una amiga.)


miércoles, 14 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (17)


23 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

17. El Tiempo.

En el Arte y su Historia se pueden establecer muchas clasificaciones atendiendo a criterios diversos. Podemos usar la simple cronología, los materiales usados o los soportes que han permitido su permanencia. Podemos hablar de la técnica para construir los artefactos artísticos, o bien sacar a relucir la evolución de las formas igual que lo hacemos al hablar de la moda en la que los vestidos se suceden los unos a los otros cambiando los largos y los entalles, siendo, sin embargo, casi siempre iguales. También podemos hacer iconografía y estética comparadas igual que se hace con la literatura, señalar a los iconos y rastrear, como arqueólogos desempolvando ruinas o ancianos mirando las fotografías de su niñez, dónde se han usado con anterioridad y de dónde se han copiado, consciente o inconscientemente, los que ahora vemos.

Asimismo es posible hacer una Historia de los artistas y de sus vidas esperando que ellas nos digan más de sus obras que ellas mismas. Y podemos hablar de los temas pues cualquier obra, incluso la arquitectura, nos cuenta una historia, es también un relato, donde se suceden hechos acaecidos en forma de ficción, de afirmación o de negación. Incluso, la simple forma de la que hablábamos al leer a Mario Bunge necesita del tiempo, de nuestro tiempo, para ser simplemente vista, descrita y “leída”.

Y en el tiempo está el relato.

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17H
-“Así es, querida, el sol se ha movido por fin y no solamente ha cambiado el paisaje, también lo ha hecho el Trasatlántico de lujo “La hoja de Fresla” que permanecía encallado en su mundo de cristal, embalsamado en óleo como si fuera el lienzo en el que se transforma Katya Berger. El Augusto ha dejado de mirar el reloj y Sam Ot se ha ido en busca de su hija, Julia Spooner, que permanece prisionera en la Estación Submarina Estándar, “La Ventana de Velasco”, conocida popularmente como “La Pecera”, en manos de un mosquetero loco y asesino, de traje y belleza deslumbrantes.” (“Historia de la quietud”, el peletero) (El hilo. Cartas a una amiga.)

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17M
-“¿Te has fijado en cómo se despide la gente por teléfono?, cada uno lo hace a su manera, pero siempre lo hacen igual, siempre repiten las mismas palabras que dicen de la misma manera y con la misma entonación, me hacen sonreír porque pienso que yo debo de hacer lo mismo sin darme cuenta. La firma y la huella del adiós, otra pintura más. ¿Ya comes bien?, ¿Has adelgazado?
Hace siglos que no hablamos por teléfono. Sabes que los ciegos pueden pintar, entonces... ¿por qué no me llamas? 

Adiós.” (La madeja. Cartas a un amigo.)



martes, 13 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (16)

21 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

16. ¿El Ángel?

¿El arte es la revolución?, ¿es una esperanza o es un lamento?, ¿se puede fusilar escuchando a Beethoven? ¿El arte es amoral al ser su único fin él mismo? 

¿Su triunfo y su éxito son al mismo tiempo los de la vida humana tal y como afirmaba Nietzsche?
¿Cuál es el triunfo de la vida?, ¿no debería ser otro que el que se celebra frente a la muerte?, sin duda éxito falso y propósito vano que nunca acontece y siempre fracasa.

¿El arte debe ser útil?, ¿la verdad también?, ¿a qué?

¿El arte forma parte del mundo?, ¿o en él también está contenida la forma de ese mundo que sólo puede verse fuera de él? ¿Es el puro placer estético que ofrece la forma sola?, ¿en qué consiste ese placer?, ¿en el dulce olor de la muerte y la tumba? ¿La forma de la serpiente enroscada en sí misma?, ¿la doble hélice?

Igual que “el amor es destruido por la muerte” como afirmaba Ausias March, solamente en ella, en esa muerte, en su radical soledad y asesina nada, muere también la mentira aunque no triunfe jamás la verdad por más profana o sagrada que sea.

¿Era Jesús un artista?, ¿era Sade un satánico, Kafka un santo y Van Gogh un loco?

¿Era Velázquez un ángel? 

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16M
-“Sabía que te gustaban y de vez en cuando te regalaba textos sin sentido de jóvenes poetas que se pasaron la vida entera en la cárcel sin conocer mujer, de sonetistas miopes que usaban quevedos y blandían espadas o de filósofos dulces como Ciorán o salvajes como Bukowski, pero tu preferías darme algún buen poema anónimo entresacado de cualquier cosa. Un día me contaste que en astronomía a las “actividades extravehiculares” se las llama EVAs, y me enviaste lo siguiente:

“La primera EVA duró cuatro horas, una vez finalizada los astronautas reposaron siete. Tras el descanso se llevó a cabo la segunda y última EVA, también de casi cuatro horas. El paisaje había cambiado de forma importante debido al movimiento del Sol”. (Leído en “Eureka”, un blog científico, como si fuera un cadáver exquisito)”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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16H
-“Me gustaste, entre muchas otras cosas, porque a ti te gustaba la astronomía, ¡una mujer astrónoma!, pensé, y pensándolo me enamoré de tus ojos que habían visto tantas estrellas. Alguien así debe de atesorar en ellos buena parte de la luz del Universo, cuando me mire, me dije, algún destello me llegará, alguna chispa, algún reflejo de mí. Púlsares, cometas y cráteres encontré en ti y también el hielo de Europa, los volcanes de Io y los mares sin fondo de Neptuno”
“Y en el centro de mi corazón un gran agujero negro, terminabas tú por decir, irónica y burlona, el agujero negro debes buscarlo en mi entrepierna, tonto, me indicabas cuando te medio desnudabas, porque el otro medio te lo arrancaba yo en plena lluvia de meteoritos, bólidos y cometas”.

Eras una mujer interesante, pero no por mujer ni tampoco por astrónoma, quizás por el fondo de tu piel en el que entreví la plata del reptil y la sombra de Aldebarán".   (El hilo. Cartas a una amiga.)