viernes, 15 de julio de 2011

El peletero/El lebrel obeso (6 de 11)

El Lebrel Obeso. (6 de 11)

Un icono recurrente y emblemático de Steinberg es el cocodrilo y el uso gráfico del globo del cómic, el primero es un “alter ego” de nuestros propios fantasmas, personales y sociales, la ironía del monstruo, el devorador insaciable, la boca dentada que todo lo traga, la contra-cornucopia, la vagina glotona, el estómago que digiere la carne, el metal y, lo más fácil de digerir, el arte, pura papilla para bebés. El cocodrilo representa la selva primigenia y la materia prima con el que está confeccionado uno de los símbolos del lujo en nuestras sociedades consumistas, una joya de la artesanía que nuestra madre, como buena marroquinera que fue, elaboró con arte y dedicación: el bolso de piel de cocodrilo, todo un emblema de la excelencia.

El globo, el fumetti, el bocadillo, es también un saco que transporta pensamientos y palabras, su material es el humo, el aire, el viento que todos sabemos se lleva las palabras dichas, es también la palabra vista convertida en onomatopeya visual, es la onomatopeya gráfica hecha verbo. El globo permite dibujar las palabras y al hacerlo dotarlas de la música que carecen, a veces, en los textos literarios, es poesía visual.

La historia de la pintura es la de un artefacto que intenta ser un objeto autónomo e independiente del modelo, que no lo rememore sino que cree sus propios ecos fuera y aparte de los recuerdos del artista y del espectador, estallidos desconocidos hasta el instante de visión, que inicien y den lugar a nuevas experiencias icónicas y emocionales...

Pero ello es imposible, tal pretensión es una quimera porque fuera de la propia experiencia natal, y más allá de los primeros cinco o seis años de vida, nada es nuevo y todo es viejo; esa “experiencia nueva” es completamente invisible si es que tiene lugar, más bien es una estafa, un deseo quimérico o, a lo sumo, la experiencia visual de la nada porque nada escapa a la memoria.
Pero todos los artistas lo intentan y persiguen, y al igual que Sísifo fracasan permanentemente.

“Una cosa me intriga sobre mí: tengo la impresión de saborear ciertos momentos de mi vida con más placer en el recuerdo que en la acción. Soy una especie de rumiante.

Hechos que han podido ser muy breves pueden convertirse en infinitamente ricos y luminosos en la memoria, algunos reencuentros amorosos, ciertas visitas, aquel lugar de Italia que deviene fabulosamente bello en mi recuerdo y en el que no pasé más de treinta segundos.

También cuando he terminado un dibujo, lo miro con intensidad y curiosidad durante más tiempo que el que he necesitado para hacerlo.
Y más tarde, cuando es reproducido, lo miro largamente y lo admiro como cosa en sí misma.

Ya no es mi dibujo.” (Jean Fremon, op. cit.)

“Saúl Steinberg se encuentra en la frontera entre los géneros, es un artista que no se puede confinar en una categoría. Es un escritor de imágenes, un arquitecto del discurso y de los sonidos, un ponente de reflexiones filosóficas. Su línea de maestro, escritor y calígrafo, estéticamente delicioso en sí mismo, es también la línea del ilusionista formulando acertijos y chistes sobre las apariencias.” (Harold Rosenberg, Saúl Steinberg, Whitney Mueseum of American Art, 1978)


jueves, 14 de julio de 2011

El peletero/El lebrel obeso (5 de 11)

El Lebrel Obeso. (5 de 11)

Las figuras de Steinberg son emblemas, están desprovistas de personalidad aunque puedan ser caricaturas, por ello son especialmente irónicas. La ironía es uno de los rasgos fundamentales del arte contemporáneo que no es capaz de fundar nuevos principios ni aperturas, solamente finales. Pero, al menos, la buena ironía nos salva del mal gusto, del kitsch, que cabalga victorioso.

No obstante la representación contemporánea ya no consiga ser mítica, ni tampoco lo intente, la parodia es el único camino que le queda fuera de la abstracción y de la falsificación para obtener sentido y ofrecer al espectador algún tipo de significación. Aunque su fondo siempre se “fundamente” en la parodia no es la obra de Steinberg, sin embargo, ninguna copia a pesar también de ser toda ella un museo ambulante con continuas referencias históricas y museísticas.

En este sentido, muchas de sus figuras se encuentran más allá de otro de los extremos de la historia pictórica de Occidente: el cubismo, que oficializa el espejo roto, son post-cubistas sin haberlo sido nunca.

Sin tanta grandilocuencia picasiana, Steinberg, logra situarse a medio camino del malagueño y de los dibujos de Heinz Edelman y su “Yellow submarine”; entre la gran pintura y el dibujo contemporáneo que nace gracias a la publicidad y el diseño gráfico hallamos el espacio natural de Saúl Steinberg, el de la máscara, cuando, como afirma Arnold Hauser,el sentido de la personalidad desaparece junto a la inaudita significación de ser hombre”. (Arnold Hauser, op. cit.)

A medio camino también de Harriman y de Walt Disney, de Kracy Cat y de Micky Mouse... y de muchos más.
 
“Se tiene la necesidad de ser libre, de empezar por tener sueños de invisibilidad, el poder de desaparecer en los ojos de los demás, más tarde, se comprende que la soledad también nos convierte en invisibles y que una de las cosas esenciales de la vida es amar la soledad. En el curso de esta toma de conciencia, se deviene otro; no estando controlado ni observado se puede dar a la propia vida una evolución que corresponde a su lógica interna y no pública o política, lo cual es el caso más corriente y propiamente criminal, es en este sentido que la influencia colectiva y política literalmente nos asesina: se es cada vez menos uno mismo”. (Jean Fremon, op. cit.)

Esta una respuesta de Steinberg a una pregunta relacionada con sus máscaras, como si ellas fueran escudos que nos salvaguardaran de esta aniquilación a la que la colectividad nos somete y que nos impide llevar una “vida lógica”.

No nos remitiremos a la influencia de la época, a los años 70 del pasado siglo, en las que estuvieron dichas tales palabras, tampoco recurrimos a la etimología griega que refiere el sentido de máscara al de “persona”, pero sí haremos hincapié en el significado de la soledad como garante de la propia personalidad y la necesidad de llevar un escudo que nos proteja de los ojos de los demás. Es una paradoja, una más, que la invisibilidad nos aniquile y nos resguarde al mismo tiempo.

¿Quién hoy en día retrata?, fuera de los fotógrafos, en los bautizos y las bodas, bien pocos, no hay nada que retratar, según parece debemos de ser todos invisibles, ¿vivimos sin antifaz?

¿El único retrato genuino, que permanece y que tiene sentido en nuestro mundo paródico, es el forense?

¿El populismo democrático de nuestra contemporaneidad que nos hace a todos iguales nos convierte al mismo tiempo en invisibles?


martes, 12 de julio de 2011

El peletero/El lebrel obeso (4 de 11)


El Lebrel Obeso. (4 de 11)

“(...) La esencia de la comicidad es parecer que se ignora a sí misma y desarrollar en el espectador, o mejor dicho, en el lector, la alegría de su propia superioridad y la alegría de la superioridad del hombre sobre la naturaleza. Los artistas crean lo cómico; habiendo estudiado y reunido los elementos de lo cómico, saben que tal ser es cómico y que sólo lo es a condición de ignorar su naturaleza; lo mismo que por una ley inversa, el artista no es artista más que a condición de ser dual y de no ignorar ningún fenómeno de su doble naturaleza.
(“Lo cómico y la caricatura”, Charles Baudelaire, 1855)

Pocas pinturas son humorísticas, en cambio, el dibujo permite la sonrisa y la ironía contenida que no termina siendo kitsch porque nunca es desmesurada. Saúl Steinberg convierte muebles en rascacielos y floreros en edificios singulares, sus grandes avenidas alcanzan el horizonte, el cielo inunda el mundo de rayos y luminarias resplandecientes y las mujeres besan a los hombres como a ellos siempre les hubiera gustado ser besados, como mujeres.

“Los buenos dibujos no están bien equilibrados. Deben poseer una suerte de equilibrio particular hecho de tensiones no atendidas y de coincidencias previstas. Un equilibrio inventado. El hecho que ciertas líneas, por ejemplo, van inevitablemente a cruzarse en un punto imprevisto, pero que será el punto justo, el centro de gravedad, la resultante de todas las fuerzas. Ese punto es elegido tanto por el cuerpo como por el espíritu, una verdadera colaboración física, mental y emocional. La emoción es esencial, es aquello que no se encarga, es necesario hacer un trabajo de arqueología en uno mismo para descubrirlo.” (Jean Fremon, op. cit.)

A pesar de tener razón este es un típico párrafo de artista, vago, impreciso y contradictorio: desequilibrios equilibrados, inventados y no especificados, imprevistos, líneas que terminan, sin saber cómo, por señalar un centro que nadie sabe dónde está como si no las dibujara ninguna mano.

En él también encontramos la apelación a los sempiternos sentimientos que el más menguado posee dando por supuesto su bondad por el simple hecho de tenerlos.

Si la base de la economía es la confianza la del arte es la familiaridad en la que nos reconocemos. No obstante, Saúl Steinberg acierta, los buenos dibujos no deben de estar bien equilibrados porque es el espectador el que ha de sostenerlos e impedir que se desmoronen, que colapsen por su excesivo peso. Las buenas obras de arte han de permanecer inconclusas, esa es su forma de respirar. Saúl Steinberg sabe, quizás sin saberlo del todo, que el centro es un hueco, algo que falta y no está, ¿dónde hallarlo?, habrá que hacer, como él mismo dice, arqueología, bucear y sacar a flote ánforas rotas o llenas de vino agrio.
 
“Las zonas de espacio vacías alternan con otras siniestramente llenas; trozos de abandonado desierto están metidos entre aglomeraciones humanas, comprimidos como en una pesadilla. La unidad óptica, la coherencia continua del espacio, ha desaparecido; la profundidad espacial no está construida gradualmente, sino como lanzada de repente; las diagonales se trazan a través del plano de la representación y perforan hoyos abismales en el fondo. Los coeficientes espaciales de la composición parecen estar allí sólo para expresar la desorientación y extrañamiento de las figuras. Figura y espacio, hombre y mundo no están ya en relación. Los portadores de la acción pierden todo carácter individual; los signos de la edad, del sexo, de los temperamentos, se confunden; todo tiende a la generalidad, a la abstracción, al esquematismo. El sentido de la personalidad desaparece junto a la inaudita significación de ser hombre”. (“Historia social de la literatura y el arte” Guadarrama 1969. Arnold Hauser)

Eso decía Arnold Hauser sobre los frescos de la Capella Paolina, la Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro (1542-1549) de Miguel Ángel.
Valga la ocurrencia de citar estas palabras de A. H. que se refieren a otro pintor, pero que sirven para nuestro protagonista, este es siempre un ejercicio entretenido para demostrar que los títulos de las obras de arte pueden ser intercambiables como los nombres de las personas. Hay un ejercicio que los buenos profesores de diseño gráfico practican que consiste en tapar la marca de los anuncios publicitarios para demostrar que algunos nombres no corresponden con sus rostros.

Sin embargo, nadie osaría comparar a los dos artistas, a Miguel Ángel y a Saúl Steinberg, porque ambos están demasiado alejados en el tiempo y forman parte de dos paradigmas pictóricos diferentes, pero las palabras del historiador húngaro parecen haber sido pensadas para el artista rumano o para otros, pues ellas también describen las obras de muchos.

Hemos omitido, sin embargo, las primeras frases de A. H., que dicen: “Las figuras tienen en sí algo de falta de libertad, de ensoñadora abulia; parece como si se encontraran bajo una presión misteriosa e inevitable bajo una carga de inescrutable origen”. (Arnold Hauser, op. cit.)

Las figuras de Steinberg no son abúlicas, todo lo contrario, son alegorías dinámicas aun que algunas tengan ojos de besugo y otras sean apenas rayas que simulan multitudes, ellas se construyen a sí mismas en una ironía gráfica que recuerda la famosa leyenda de Plinio que narra el origen de la pintura al contarnos, en forma de mito, cómo una enamorada resigue en la pared la sombra y la línea del perfil de su amante dormido, Steinberg pintaba perfiles, reseguía las sombras.

sábado, 9 de julio de 2011

El peletero/El lebrel obeso (3 de 11)


El Lebrel Obeso. (3 de 11)

Saúl Steinberg era rumano de nacimiento, pero era también judío, y encontró, como muchos de sus compatriotas, la mejor patria en los Estados Unidos de Norteamérica, este extraño país al que siempre sobrevuela amenazadora la sombría y sanguinaria ave del fascismo (anécdota contada por Xavier Rubert de Ventós) pero que curiosa e invariablemente termina aterrizando en Europa una y otra vez.

Nuestro padre trabajó para un judío de origen rumano que llegó a España huyendo de los nazis, se enriqueció gracias a diversos negocios que emprendió con buena fortuna y mejor acierto, pero un día nos dieron la trágica noticia que se había disparado un tiro en la sien al perder toda su fortuna en las cartas, según parecía era jugador y nadie lo sabía y nadie tampoco habría podido imaginar tal cosa, la primera y gran sorprendida fue su esposa que se quedó en la indigencia cargada de deudas que no eran suyas.

En casi todos los lugares las cosas siempre parecen lo que son aunque nos pensemos que tienen otro semblante. Tal vez por ello: “El dibujo demuestra, si es que fuera necesario demostrarlo, que nuestra reacción ante la representación pictórica es bastante independiente del grado de realismo. Es una función de nuestro entendimiento, y supone un enorme esfuerzo inhibir nuestro entendimiento y ver únicamente tinta”. (“Temas de nuestro tiempo. El ingenio de Saúl Steinberg”, E. H. Gombrich. Debate, 1997)

Con la realidad sucede exactamente igual, nuestra reacción ante ella siempre es independiente de su “grado de realismo” porque también es en buena parte una función de nuestro entendimiento. La obra de Steinberg apela directamente, y de una manera explícita, a esta función usando para ello todos sus recursos y sus archivos almacenados en nuestra memoria como una parte del patrimonio común. Sus dibujos ponen de manifiesto un hecho capital: que escribir es una forma de leer, y que la realidad no solamente permite interpretarla, sino también explicarla y por ende reconstruirla. Steinberg lo consigue como si la realidad fuera el texto que un grafólogo ha de interpretar y sus dibujos tan legibles como lo son las recetas de un médico con buena letra.
Un elemento consustancial con la actividad humana es el de la planificación que en el caso del dibujo toma forma con lo que llamamos boceto. Toda obra tiene un proceso que normalmente se nos esconde por considerarlo irrelevante frente al resultado final. No es así, en el mismo transcurso de su ejecución está la obra terminada y terminándose, el boceto es una prueba de ese desarrollo que las obras de Steinberg no nos hurtan pues en ellas vemos el inicio y el término.

E. H. Gombrich, en “Temas de nuestro tiempo”, obra que ya hemos citado en unos párrafos anteriores, y en el capítulo “Los artistas en su tarea: compromiso e improvisación en la historia del dibujo”, hablando de Leonardo da Vinci nos comenta de su osada creación continua que expresan sus dibujos y bocetos al referirse al sentimiento que embargaba al pintor italiano que creía que siempre era posible empezar de nuevo. No me atrevo a suponer que Steinberg pensara de la misma manera, pero sí quiero creer que sus obras nunca están concluidas del todo porque siempre queda en ellas un espacio virgen para ser rellenado o una línea que rectificar. Él mismo nos dice algo parecido aunque no igual al contarnos que los buenos dibujos no deben de estar bien equilibrados, en ellos, pensamos nosotros, debe vivir también la duda cartesiana como si fueran una máquina que hay que mantener en buen estado para que no se oxide, revisarlas constantemente cada vez que las contemplamos.

Las buenas obras de arte no son entidades mudas, siempre hablan el lenguaje del presente, son una realidad que nos interpela, otra cosa es que nosotros sepamos leer sus labios.

Como buen artista gráfico Steinberg mantuvo una fértil y estimulante relación con la palabra incorporando su etimología visual como elemento literario y onomatopéyico. Nunca cayó en el estéril ideal de pureza que configura buena parte del arte contemporáneo y que bien define E. H. Gombrich: “la libertad de la imagen ante la intromisión o la contaminación de las palabras(“Temas de nuestro tiempo. Imagen y palabra en el arte del siglo XX”, E. H. Gombrich. Debate, 1997)

Para Steinberg las palabras son también imágenes, ellas permiten enriquecer sus obras al dotarlas de un abundante arsenal de referencias cruzadas con las figuraciones representadas. Las palabras están escritas porque están antes dibujadas en una deconstrucción sencilla y llena de significados y metáforas visuales, en muchos casos autoalusivas que mueven a la reflexión siempre irónica y mordaz, la mejor manera de pensar.

miércoles, 6 de julio de 2011

El peletero/El lebrel obeso (2 de 11)

El Lebrel Obeso. (2 de 11)

En el número 30 de “repères, cahiers d’art contemporain”, en una interesante y muy amena entrevista que le realizó Jean Fremon, Saúl Steinberg nos cuenta, aprovechando su extenso conocimiento de otros artistas y pintores, y gracias también a su peculiar humor judío, tan inteligente como cínico y sarcástico, su punto de vista de las cosas de este mundo, y del arte en particular.


A propósito de Barnett Newman, Steinberg nos dice que siempre se preocupaba por la dignidad física del artista y que procuraba dar consejos para mantenerla y no permitir su deterioro. Para ello recomendaba llevar siempre corbata y no dejarse jamás fotografiar riendo. Es curioso que eso lo dijera alguien que pintaba abstracción aunque fuera enmarcada en el llamado “expresionismo abstracto”, un casi, pero muy bello y logrado, oxímoron.


Como todo el mundo puede darse cuenta, ese es un consejo que hoy en día nadie sigue, la corbata está en desuso y todos ríen en las fotografías “incluso o excepto” los que no saben posar o no son fotogénicos. Todos ríen y nadie sabe por qué.


Sobre Picasso, Steinberg dice que el pintor español pensaba que lo esencial para un artista es parecerse a sí mismo, ¿eso qué es?, ¿cómo se consigue?, intentando que su trabajo se le parezca, afirmaba el genio, o dicho de otra manera, que el rostro de un artista sea una especie de autorretrato, y que para ese artista, su propio rostro se convierta en un ensayo crítico de su obra, dice Steinberg que decía Picasso. Esa es una manera bastante alambicada y fatua de afirmar aquello tan sabido de que a cierta edad uno termina por tener el rostro que se merece, sea artista, comerciante, bandolero o taxidermista.


Steinberg continúa afirmando también en la misma entrevista que hay muchas cosas en la vida que no parecen ellas mismas. Nada más alarmante que un galgo obeso, dice. Es igual para las personas, afirma que ellas no consiguen parecerse a sí mismas excepto con la condición de llevar una vida “lógica”.


El artista no especifica en qué consiste “llevar una vida lógica”, si la vida puede “llevarse” o si las dos expresiones, vida y lógica, son contradictorias entre sí, y hasta opuestas. Pero entrevemos el significado oculto de la expresión al querer enmarcar  “lógico” como una acepción de “aparente”, cuando ambas confluyen, vida y lógica, se aparenta lo que se es y nuestro rostro termina siendo un merecimiento y no un castigo, al no ir cada uno, vida y rostro, por separado. En este sentido es importante resaltar el papel que nosotros mismos ejercemos, no sólo como nuestros propios autores, sino también como uno más de los espectadores que están sentados en primera fila contemplando la pieza teatral que estamos interpretando.


“No dibujo el semblante visible, pero sí el posible. Cada uno tiene su propia técnica. Una mujer monocroma hecha de una infinidad de beiges, un hombre que se parece a sí mismo solamente en un dibujo amateur en lápiz en el cuaderno de la escuela, otro que es una acuarela y otro que aún es un maniquí de vitrina. En invierno, las calles de Nueva York están enloquecidas (affolées) por los Dubuffets.” (Jean Fremon, “Repères, cahiers d’art contemporain”, nº 30.) (Textos entresacados en parte de: “Conversaciones con El Gordo, el peletero)


No estoy seguro de si Steinberg tiene o no razón, si se equivoca o acierta al pensar que “observar y describir el mundo, es como darse una serenata a uno mismo”. ¿Es así?, aunque cada cuál piense que conoce lo que ve, las cosas, fuera de nuestros autoengaños, hipótesis y creencias, viven su vida libre y autónoma, por eso al pintarlas o dibujarlas nos llevamos a veces sorpresas, algunas desagradables, cuando descubrimos que nada es exactamente como lo recordábamos, pero que se le parece mucho.


lunes, 4 de julio de 2011

El peletero/El lebrel obeso (1 de 11)


El lebrel obeso (1 de 11)


En multitud de ocasiones hemos mencionado la metáfora de Borges que refería la línea como el laberinto perfecto. También hemos descrito la manera correcta de asir una cuchilla peletera para cortar, con el índice y el pulgar, pieles curtidas, gesto artesano que difiere muy poco de cómo se ha de coger el lápiz, la pluma o el pincel.





La aguja y el hilo.





Asimismo recordamos a menudo que nos enseñaron a escribir con plumilla, untando con ella la tinta china de un tintero blanco de porcelana. La tinta era espesa, untuosa, diluida acuarelaba virando al gris y aguando la cartulina. El estilete se hundía en ella y por osmosis retenía en su hendidura el pigmento líquido y negro. Nuestra poca destreza nos hacía, más veces de las convenientes, emborronar el papel en lugar de trazar líneas bien dibujadas.





Cuando de pequeños nuestro padre nos ayudaba, sombreaba a lápiz algunas nubes, esa parte algodonosa que al estar de cara al suelo, y no recibir la luz del cielo, se hace más oscura y redonda, como un odre lleno de agua o de vino.





Luego había que rellenar los espacios en blanco con los lápices de colores de nuestro plumier que los contenía todos aunque siempre faltara alguno. Dejar también zonas vacías, el hueco sin pintar era la clave, la clave de la vuelta que terminaba el dibujo sin acabarlo, pues nada concluye ni finaliza aunque no haya nada más que decir, es una manera sutil de respirar sin hablar, de mirar callado.





Saúl Steinberg tiene esos espacios en blanco y esos volúmenes grises entre cosas con apariencias dispares consigo mismas. Todo es lo que parece en sus dibujos aunque su aspecto sea diferente de aquello que uno hubiera imaginado podía ser, sin embargo, los reconocemos porque en alguna parte de nosotros existe algún lebrel obeso, la avenida principal de una ciudad inexistente o una pareja besándose en un salón de grandes ventanales.





Saúl Steinberg fue un afamado y brillante artista gráfico, judío de origen rumano. Nació el 15 de junio de 1913 en Bucarest, estudió filosofía en su país natal y arquitectura en Italia, de la que tuvo que marcharse a consecuencia del fascismo. Haciendo escala durante un año en la República Dominicana, llegó en 1942 a los Estados Unidos de Norteamérica de la mano de la revista The New Yorker.





Su obra es una prueba fehaciente y ejemplar del mejor arte gráfico contemporáneo, de aquél que trata de resumir en sí mismo la tradición de la que emerge, que la acoge sin rechazarla y que nos la muestra redicha por sus propios ojos que intentan ser también los nuestros.





Sus más preciados instrumentos fueron su saber, los profundos conocimientos que poseía sobre Historia del Arte, su sólida técnica particular, elaborada y trabajada sin descanso, dibujando mil veces el mismo perfil, y su aguda y fina ironía. Nada es igual con humor porque es la manera más certera y elegante de explicar la dimensión de la tragedia sin caer en la queja ni en el lamento de tanto artista mediocre y corriente que busca la trascendencia. Saúl Steinberg fue un hijo de su época al mismo tiempo una persona completamente madura que sabía que a pesar de no haber escapatoria siempre queda algo por decir.

viernes, 1 de julio de 2011

El peletero/La vida rara

Textos vírgenes o el arte de no decir nada.

La vida rara (25)

“Los programas que no contienen noticias no deben presentarse como emisiones de noticias auténticas.

Los acontecimientos ficticios no deben presentarse bajo forma de anuncios de noticias auténticas. Por lo tanto, ningún programa o anuncio comercial tiene permiso para utilizar efectos sonoros y terminología relacionada con las emisiones de noticias. Por ejemplo, el uso de la palabra “flash”, está reservado para anunciar exclusivamente boletines especiales de noticias, y no debe ser utilizado para ningún otro propósito, excepto en los raros casos en que, debido a la forma en que la use, no dé lugar a ninguna posible confusión”.

 
"La radio por dentro, el guión radiofónico", I. Martín.


----------------


Queridos amigos,

Según las circunstancias y las necesidades, las noticias pueden ser simples avisos, meras advertencias o indicaciones elementales. En otras, en cambio, se convierten en detalladas y largas crónicas, en reportajes pormenorizados, minuciosos y descriptivos de hechos complicados, de sucesos y de novedades de honda reflexión. Los primeros periódicos eran pequeñas hojas de papel del tamaño de cuartillas en las que no había titulares y todo quedaba indiferenciado, apelmazado, no pudiendo distinguir las esquelas de los bautizos ni las primicias de los anuncios publicitarios.

Hoy en día sucede lo mismo, el paisaje es una selva tupida, el ruido es ensordecedor, pocos diferencian un pregón de un grito, o una cacerolada de un concierto sinfónico. Las metáforas de la soledad y la incomunicación aumentan sin cesar, los desaparecidos pueblan nuestra memoria, casi todos han perdido sus nombres si es que alguna vez los tuvieron. Yo ya sólo recuerdo que en una ocasión, en pleno Océano Pacífico, una ballena azul macho, aquejada de una crisis aguda de rinitis alérgica, estornudó, y el alisio que salió de sus hocicos y narices produjo dos nubes, un aguacero y una pequeña ola que zarandeó la barca de unos intrépidos reporteros que trataban de filmarla y entrevistarla con el ánimo de producir un interesante reportaje sobre su vida, costumbres y opiniones políticas.

Pero... el viento cesó, la ola se fue, las nubes se disiparon y la ballena se enamoró de un caballito de mar, y a la barca la raptaron unos crueles piratas que vendieron a sus tripulantes como esclavos en el famoso Mercado de la Santa Cruz, en plena Melanesia oriental, para revenderlos más tarde como juguetes sexuales en los burdeles de Babilonia.

Corría el año no sé cuántos después de Jesucristo cuando todo esto sucedió, y desde entonces, casi cinco lustros después, todavía no sabemos nada de la ballena ni tampoco del hipocampo.
Yo era uno de aquellos intrépidos reporteros y ahora no soy más que el amante de una sultana asiria que se cree la esposa de Asurnasirpal II. Mi vida es insoportable, me he convertido en su favorito, en un pelele de barba ensortijada, y nadie acude en mi rescate.

Estoy desesperado, me afeitaré y que sea lo que Dios quiera.

La vida, amables lectores, será aún más rara que todo eso, no tengan la menor duda, pues si la vida no fuera rara, como dice el peletero, no sería vida ni sería nada.

(“La vida rara”, cuentos desesperados, Demóstenes Vilanova del Bell Puig)

miércoles, 29 de junio de 2011

El peletero/El techo de cañas


Textos vírgenes o el arte de no decir nada.


El techo de cañas. (24)



“Al hacer una confección con pieles de visón se elegirán bien para que todas sean del mismo color y tengan la misma elevación de pelo, se humedecerán, dejándolas lo más llanas posible, y se procederá a marcar cuidadosamente el centro de la arista de la piel. Después de reparar todos los defectos, se podrán efectuar los alargamientos en forma de W tal como indica la figura 152. En la 153 puede verse el resultado.



Al contrario de la mayoría de animales, el astracán tiene el bucle retorcido en dirección hacía la cabeza; por dicha razón estas pieles se confeccionan en sentido inverso. De no hacerlo así, el roce natural de los bucles con la piel haría que se desrizaran. La figura 146 nos enseña la forma de unir las pieles de astracán. Generalmente éstas tienen el bucle mayor en la parte del cuello, y al juntar una piel con otra se procurará poner encima la piel de bucle más pequeño, aprovechando todo lo posible su pequeño rabo, por ser en esta parte donde el rizo es más bonito y apretado”.



“Tratado de Peletería”, José Tapbioles.



----------------

Querida Paulina,

Siempre me repetías que cualquier animal tiene una arista, una joroba colocada en el centro de su espalda. Según parece, allí se alza el penacho que toma aire para refrescarse como si fueran las orejas de un elefante que quisiera volar.

Cuando se desolla a una bestia se debe procurar no arrancarle la carne que irremediablemente se pudrirá; vuelta como un calcetín, con el pelo hacia dentro, la deberemos extender bajo un techo de cañas y dejar que la sombra y la brisa las salvaguarden del sol. Al cabo de unos días se podrá llevar a un curtidor, con un poco de cromo y de ácido le dará el aspecto elástico que tanto imaginamos y deseamos.

Todavía recuerdo mi referencia cursi a tu “astracán”, te reías al oírla y al escuchar mis tonterías sobre maridos y esposas. Tumbada al sol y a la sombra en aquella desconchada terraza del Hotel Patras, cubierta igualmente por un techo de cañas, me decías que yo también terminaría siendo uno de ellos, un vulgar hombre casado. Pero te equivocaste de lleno, seguí en mi taller marcando con la tiza el centro de las espaldas, ese punto que indica el sentido del viento y de la corriente como si fuera una ola que se cabalga asimisma, el ombligo, el rizo, el remolino aquél que todos buscan y que pocos saben hallar.

Cualquier animal tiene esa línea, me contabas profesoral y sentenciosa, afectada, una cresta centrada que a veces termina en giba y otras en cola, ninguna de las dos se puede arrancar, nacemos con ella, diminuta y fina, luego, despacio, a medida que van pasando los años, va creciendo hasta convertirse en nimbo o en cirro, en ojo de buey o de mirlo, en las velas o en la quilla de un navío.

En otras es un Zeppelin en el cielo o un leve tartamudeo.

¿Es el pasado?, te preguntaba yo, no, cielo, me respondías tú, es el futuro y todo lo que no ha sucedido ni sucederá.

“Al contrario de la mayoría de animales, el astracán tiene el bucle retorcido en dirección hacía la cabeza...”, tal vez por ello no dejabas de advertirme que la vida aún sería más rara que todo eso. Tuviste razón, la vida lo fue, todavía más inaudita que todo lo que yo podía haber imaginado.

“Generalmente éstas tienen el bucle mayor en la parte del cuello, y al juntar una piel con otra se procurará poner encima la piel de bucle más pequeño, aprovechando todo lo posible su pequeño rabo, por ser en esta parte donde el rizo es más bonito y apretado”.

(Demóstenes Vilanova del Bell Puig, aprendiz de peletero)

miércoles, 22 de junio de 2011

El peletero/La colada


Textos vírgenes o el arte de no decir nada.

La colada. (23)

“Los tiempos de revelado para los negativos de color y las películas reversibles no pueden ser reducidos y todo el proceso debe atenerse exactamente a los tiempos señalados. Si se intenta acelerar la marcha, los resultados serán a buen seguro insatisfactorios.

Sin embargo, en el caso de los negativos de blanco y negro existen toda una serie de técnicas que permiten acortar varios pasos del revelado. En algunos casos, la rapidez se paga con una merma de calidad o estabilidad de la imagen. Si el único motivo es la impaciencia es mucho mejor emplear los procesos estándar.

El lavado se puede acelerar si sumergimos la película en una disolución eliminadora del hipo, después de la fijación. Esto reduce el tiempo de lavado a unos cinco minutos. El tiempo de secado se puede acortar si también aplicamos calor o empleamos un baño de secado rápido después del lavado final. El revelado de los negativos de blanco y negro puede hacerse con gran celeridad si se combinan en un único paso el revelado y el fijado, empleando lo que se denomina un monobaño. El tiempo requerido para esta etapa combinada es aproximadamente de 5 minutos”


“El revelado amateur, una guía para aficionados”, R. E. Jacobson.




----------------

Querida Mari Pili, amada prima, te repito, una vez más, que ni con los colores ni con los negativos se ha de acelerar la marcha.

Al igual que con los lavados y los lavajes la rapidez es contraproducente para los contrastes y las asimilaciones en los procesos Standard de positivado.

En una pica, o en una bandeja, con el revelado, o con el fijador, el material sensible ha de aparecer del fondo del negro en el blanco y del resto de colores en el iris sin usar nunca ningún “monobaño” y sí una variedad amplia de coladas y enjabonados que siempre mejorará la brillantez de un buen trabajo profesional y el agradecimiento entusiasta del cliente que, sin duda, tarde o temprano repetirá.

La lentitud siempre es agradable en esos famosos procesos Standard de lavados y enjuagues.

Recuerda mis advertencias como un buen consejo a tener en cuenta si quieres mantener una clientela amplia, variada y agradecida, ella terminará por convertirse después en un buen elenco de amigos y admiradores fieles que siempre buscarán en ti el contraste sutil y adecuado entre lo que tienen y lo que buscan. Tú se lo debes dar, has de ser para ellos el pecado y la penitencia, la película y el papel amarilleado por el tiempo. ¿No te parece mayor placer que te recuerden, como si miraran viejas fotografías, aquellos a los que ya ni recuerdas tú? Puedes estar segura que no hay día que pasa en que alguien que has olvidado completamente no te tenga en mente conmemorando su revelado.

Esa es la clave de la vida feliz, disfrutar de un desvelamiento suave en el que no se puede distinguir cuando termina un color y empieza el otro, donde nadie es, ni fue, exactamente cliente o amante, amigo o pasatiempo, esposo o asiduo.

El blanco y el negro son los extremos de una cuerda, de un beso, entre medio hay el arco iris entero, no la quieras cortar porque no podrás, se paciente, disfruta del mundo pasado más que del presente, deja que la luz, con su eterna languidez, te desvele sus propios misterios, las sombras, las tuyas primero, te lo agradecerán, y piensa, piensa siempre, que la vida será aún más rara que todo eso.

Te he estado acompañando durante algún tiempo, queridísima prima, hemos sido mucho más que hermanos, pero ahora ya es momento de irme, de alejarme de manera silenciosa, de soltarte como cuando te enseñaba a ir en bicicleta. Luego, ya lo sabes, o lo deberías saber, todos terminaremos en la terraza, o en la azotea, colgados para secar, como si fuéramos unas copias fotográficas o las sábanas de una colada sabatina.

Demóstenes, primo.

------------------------------------------
La fotografia que encapçala el present text ha estat una gentilesa de l’Adela Fonts:
------------------------------------------

lunes, 20 de junio de 2011

El peletero/El baile


Textos vírgenes o el arte de no decir nada.

El baile. (22)

Baile lento de origen español. El bolero es una canción de amor desgarrado, de celos y desamor, de pasiones desesperadas. Un ritmo conocido en todo el mundo que ha dado lugar a multitud de extraordinarias canciones. ¿Quién no ha escuchado "Perfidia" o "Sabor a mi" alguna vez?

Su paso consta de tres movimientos laterales y una pausa —que se marca arrastrando el pie por el suelo, sin apoyarlo— y se ajusta como un guante a la música. Pasos cortos y arrastrados y un ligero balanceo de la cadera completan el estilo de este romántico baile, facil de aprender y con suficientes pasos para ser interesante para los bailarines.

El baile es demasiado divertido para limitarse a bailar dentro de la clase.
Bailar consiste en que uno de los miembros de la pareja dirija y el otro se deje dirigir. Hay otros métodos para organizar el baile pero este tiene dos ventajas apabullantes: permite aprender bailes y pasos mucho más rápido y, sobre todo, bailar con gente que haya aprendido en otros sitios.

Desde entonces la vida ha dado muchas vueltas, y F.L. ha participado en muchas actividades y aprendido muchos bailes nuevos, pero su opinión sobre esto no ha variado en absoluto. Por ello, en sus clases se insiste siempre al máximo sobre la importancia de aprender no sólo los pasos sino también cómo indicarlos y combinarlos. Por otra parte, se organizan regularmente fiestas y cenas de baile con objeto de facilitar la práctica fuera del ámbito de la clase.

Baila fácil, Faustino Lafuente.

----------------

Mi desarrollo corporal fue lento y no siempre armónico, mi adolescencia separó de una manera extraña mis huesos de mi cerebro y mis gestos de mis palabras. Cantaba canciones desprovistas de música y tartamudeaba, no tenía ritmo, fluidez ni armonía tampoco. Algo decía, pero nadie me escuchaba más allá de la buena educación, mis palabras se perdían porque nunca se presta atención a lo dicho si no lo acompañan violines o trompetas y las mías, pobres y simples, parecían un tambor. Por eso el médico, al que me llevaron mis padres, me recomendó aprender a bailar, así lo hice y así logré navegar y dejarme llevar por las olas y los vientos, encararlos como si mi barca fuera una mágica alfombra voladora.

Pero se baila acompañado, o eso pensaba, y fuera de los necesarios ejercicios de estiramiento y calentamiento, debes encontrar a tu pareja de baile, una especie de doble, un raro clon.

Mi primer profesor acertó enseguida, tuve suerte, era un hombre hábil y experimentado y supo hallar mi mejor complemento, la pareja adecuada, una muchacha deliciosa y apropiada, ambos estábamos hechos para bailar juntos, nuestros cuerpos tenían las medidas precisas, el peso necesario y el sentido del tiempo armonizado como si fuéramos unos relojes suizos.

Con ella mis huesos se desataron, había parecido un nudo al despertar mi adolescencia, pero ahora, era una cinta de colores que colgaba de sus cabellos. Dejé de tartamudear y me di cuenta, gracias al baile y a su compañía, que la música es mucho más importante que las palabras. Era el instrumento que mi cuerpo había estando esperando para despegar y crecer, el acicate; las canciones se materializaban en ella y en nuestros pasos, giros y vueltas; mi sudor era el suyo y viceversa, respiraba su aliento y le daba el mío, me sonreía cuando la miraba y sus ojos parecían buscar en mi rostro la música que nos transportaba.

Éramos una pareja, una pareja de baile.

Yo era feliz, no necesitaba nada ni a nadie más, pero...

El profesor un día nos cambió, me emparejó con otra bailadora. Perdí todo lo ganado, tartamudeé de nuevo y mis pasos volvieron a ser torpes y patosos. Mi segunda compañera estaba bien, muy bien, pero era distinta, disfrutaba de otras medidas y de un peso diferente, sus volúmenes no eran los mismos, y más que suizo su reloj parecía ser japonés. Olía diferente y su aliento tenía una composición química a la que no estaba acostumbrado, me embriagaba de otra manera, era otra clase de vino. La rechacé educadamente y le pedí a mi profesor bailar de nuevo con mi antigua pareja.

-Como tu quieras, me respondió, pero debes saber que la verdadera compañía que necesitas eres tú mismo, has de armonizar tu esqueleto con tu cerebro, tus palabras con tu propio aliento, nadie respirará por ti, debes hacerlo solo y eso únicamente se consigue bailando con diferentes parejas.

-Pero si yo me encuentro bien con la primera, ¿para qué he de bailar con otra? He hallado un traje a mi medida, un guante de piel, con ella vuelo y las alas no pueden ser nunca ningún lastre, le dije.

-Ahora ella es tu libertad, pero dentro de un tiempo, ya verás, será tu jaula, añadió.

-¿Cómo puede suceder eso?, le pregunte.

-Porque las muletas ayudan a caminar, pero al final terminan por ser también la causa de tu cojera.

-Yo no cojeo.

-Ya estás empezando, no eres capaz de bailar con nadie más. Ten en cuenta que los mirlos no son gorriones ni los jilgueros estorninos, la soledad no es únicamente el punto de partida, es también el de llegada, las parejas son simplemente los pasos de un baile más grande, más amplio, siempre solitario, tus compañeras necesitan igualmente nuevos bailadores, no las enjaules tampoco, dales la libertad, no les pongas un nombre porque en el fondo no lo tienen, no son nadie.

-¿Nadie?

-Ni nada, si no quieres cojear ni tartamudear se fiel exclusivamente a la música que suena para todos, recuérdalo bien, la orquestra no toca solamente para ti, ella son las verdaderas alas, no los brazos ni los abrazos de tus parejas. Y piensa, piensa siempre, que la vida es más extraña que lo son nuestros días presentes, que escondidos detrás de los deseos ocultan la realidad, por ello, no te quepa la menor duda, la vida será aún más rara que todo lo que supones, esperas o imaginas.

(“Sofismas morales, el baile”, Demóstenes Vilanova del Bell Puig, mirlo)