martes, 6 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (10)


4 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

10. La libertad y la verdad.

Eso que llamamos destino cierra el círculo tramposamente al añadir las últimas palabras al relato, ellas pretenden restablecer el equilibrio entre sus partes y llenar el vacío que hay entre cada una, el destino da una respuesta falsa que tapona la brecha que antes ha abierto la libertad como lo hace el cuchillo con la carne. 

Igual que ese destino, también escribir, pintar o cantar son parches que tratan de concluir la realidad inacabada, pero a diferencia de él lo hacen sin necesitar ni recurrir a trágicas y funestas estrellas y profecías que guíen nuestros pasos y sí, en cambio, intentan conseguirlo inmersos en el más inseguro azar o casualidad, sin ellos no podríamos equivocarnos ni tampoco acertar. 

La libertad nos permite conocer la única verdad digna de ser conocida fuera de la muerte, la razón por la que hemos nacido y la que Dios no ha querido revelarnos jamás: que el mundo que habitamos no fue concluido tras los siete días de labor divina y que Dios debió de haber trabajado el séptimo. Al no hacerlo, por voluntad, incapacidad, olvido o cansancio, nos obliga a nosotros a continuar su tarea y a terminar el trabajo que Él empezó y que dejó inacabado. En nuestras manos está conseguirlo, queramos o no somos sus socios. 

No sabemos cómo debemos seguir, creemos que Dios ninguna indicación nos dio fuera de vagos consejos que cada uno interpreta a su conveniencia y que son más fruto de profetas que sus propias y verdaderas palabras. Sin embargo, Dios sí nos proporcionó la herramienta básica para lograrlo, el cincel apropiado, la paleta adecuada que no es otra que la capacidad de elegir, sin ella no sabríamos nunca cuál debe ser el color y la forma ni tampoco la palabra y el nombre de las cosas, sin libertad no podríamos escuchar música ni crearla. 

El mundo está pendiente de resolución, en cambio, las obras de arte, a diferencia de nosotros, sí son mundos acabados, nos hablan de tierras posibles aunque son objetos reales, y también instrumentos para algo, parecen estar vivas, las vemos navegar por ese río interminable, son cosas, emergencias súbitas, y algunas permanentes, singularidades, picos en un llano, árboles en un prado, mojones, periscopios, señales, son un norte y un sur, marcas en un papel y una brújula sin hilo que siempre indica el mismo destino, son el acomodo de nuestra mirada, son la aguja del pajar, gracias a la cual, y a través de su agujero, vemos lo que sólo Él ve: el mundo. 

No hay nada más que ver.

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10M
-“Yo te mostré las flores de O’Keefe y tú los retratos de “El Fayum”. Juntos descubrimos los callejones sin salida de los entusiastas Prerrafaelitas y los espejismos orientales de Gêrome y de otros ilustres académicos decimonónicos, pintores “pompiers”. Ambos nos maravillamos con los suelos de baldosas de Russinyol y con los pálidos rostros de Casas, con la luz de sus persianas y con los paisajes de los pintores de Olot. Los dos decidimos que Goya es uno de los más grandes y que Guardi es mucho mejor que Canaleto. Yo defendía a Cezanne cuando tú lo denostabas, y aunque en lo principal tenías razón era verdad también que era mejor pintor cuando no trataba de serlo, siempre lo somos cuando no nos esforzamos en ello. Igual que tú, porque ya no eres él ni ahora lo pretendes, aunque yo me esfuerce a veces equivocadamente en ver en ti al hombre que nunca fuiste y que nunca vas a ser.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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10H
-“Sigues teniendo razón, querida Verónica, siempre la tuviste.
“Como en un juego apagó la lámpara del techo para que sintiera deseos de besarla. La única lámpara encendida, encima de una mesa, proyectó detrás de la joven una sombra neta y alargada. Camilla, con los brazos en alto, dispuestos en arco detrás de la nuca, le llamaba con la mirada; más él sólo tenía ojos para la sombra.” (“La gata”, Colette) (El hilo. Cartas a una amiga.)

“Siempre te recuerdo que nunca amamos a la persona, siempre a otra cosa que vive a su lado, pero que no es ella, y tú continuamente me preguntas qué es, y yo te respondo que amamos a su sombra, que eso es lo que es que vemos de ella. Siempre te entristece mi respuesta, ya lo sé, pero nada puedo hacer por evitarla.” (El hilo. Cartas a una amiga.)


lunes, 5 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (9)

2 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

9. La libertad y el destino.

Camus consideraba acertadamente que “el hombre rechaza al mundo tal y como es sin aceptar abandonarlo”. La realidad parece imperfecta y la Creación inconclusa, el ser humano no entiende lo que ve ni consigue siquiera verlo todo porque todo se le sigue escapando, como nos recuerda John Berger. Al igual que lo hace el agua de entre sus dedos y el aliento de su cuerpo la realidad es inasible. 

Nuestra pobre humanidad no sabe tampoco a dónde conduce la corriente del río por el que navega, pero se aferra a la barca asustado como si fuera la almadía de un náufrago y no el casco de un buque robusto y acorazado. Esta contradicción entre el rechazo del mundo sin querer renunciar a él es el drama que causa la libertad, sin ella no veríamos el universo y con él a nosotros mismos inacabados, pendientes de resolución y sentencia, de final. 

Seríamos cadáveres sin sepultura. 

Camus afirma también que una vida destinada y predestinada es una forma de conocimiento que reconcilia, que cose la herida, pero que no puede aparecer, ni surgir, no puede brotar: “más que en ese momento fugitivo que es la muerte: todo acaba en ella. Para ser una vez en el mundo es necesario no volver a ser nunca”, ése es el precio de ver, la ceguera, el dejar de ser.

Por otra parte, considerar que la vida está sujeta a un destino nos permite pensar, de manera tramposa, que conocemos el puerto de llegada, con él renunciamos al privilegio y al reto de ser libres. 

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9M
-“Cuando estudiabas te gustaba coleccionar, así las llamabas tú, “Las sombras del hilo”, que no eran más que una lista de pinturas, famosas o desconocidas, con algunos comentarios a propósito de ellas, frases y descripciones más o menos acertadas y oportunas, unas penetrantes y otras solamente ocurrentes sobre su supuesto significado o sentido. Las recogías de cualquier parte, de libros, de revistas, algunas eran mías y muchas otras tuyas. Decías que eran visiones del fin del mundo, costuras en eso que Albert llamaba “la grieta solar”. Yo me quedaba sorprendida al escucharte porque me daba cuenta que ese final no se hallaba únicamente en el fin del tiempo, también lo podíamos encontrar en cualquier esquina, es un horizonte tan cercano como lo son una caricia o un beso o un simple muro de piedra y yeso, fácil de derribar.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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9H
-“Permíteme, amiga mía, que te cuente un secreto de mis últimos días y que ya está habitando mis sueños como si de ellos hubiera nacido para vivir conmigo el amanecer, la tarde y el crepúsculo entero hasta el alba de la mañana siguiente. Desde hace dos meses, cada noche, cuando cierro mi tienda y regreso a casa pasadas las diez, me espera un ángel en la última esquina. No hay mejor manera de describir su aspecto que llamarla así, aunque su sexo sea el de una mujer es un ángel y quizás también un querubín. Es delgada, bella y estilizada, también muy guapa y tan joven que a penas ha traspasado el umbral de la pubertad. Es una rubia de cabellos largos y lacios, de sonrisa y rostro inocente, de ojos grandes y grises y pestañas enormes. Parece dulce y azucarada, suave y tierna, puro terciopelo eslavo de piel clara, es un animal de estepa o quizás una acuarela marinera, es una mujer con aspecto de niña. Es una prostituta callejera que vende más su vista que su cuerpo frágil, inofensivo y apacible. Ya no la miro, no puedo resistir su mirada, ella sabe que no seré jamás su cliente, que nunca pagaré por su tiempo ni por su carne, pero cada vez que mis ojos encuentran a los suyos me mortifica con su sonrisa astuta que me acompaña hasta mi cama y mi noche, sola y coja, conmigo se encaman hasta que el sueño y el cansancio, la soledad y el miedo cierran mis ojos como algún día deberá cerrarlos alguna enfermera cualquiera, sin mirarme ni saber mi nombre ni quien yo era.
¿Quién es, me preguntas?, ya te lo he dicho, te repito que es un ángel, una prostituta, de las tres era la tercera, ¿recuerdas?” (El hilo. Cartas a una amiga.)



sábado, 3 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (8)


31 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

8. La belleza y la República.

Hegel tal vez desconocía que el mal se sirve asimismo de la verdad igual que lo hace de la belleza, o que quizás la eterna y universal controversia entre el bien y el mal no sea más que una disputa sobre el bien. Camus así lo insinúa cuando nos habla de Zeus y Prometeo y compara su querella con un simple arreglo de cuentas particular. Ésa fue también la razón que llevó a Aquiles hasta las murallas de Troya, un asunto privado, no político.

¿Es el arte un asunto privado? En realidad siempre lo es aunque parezca que nunca lo ha sido porque cuando lo consigue es repudiado y expulsado del ámbito social, ese círculo que se abre y se cierra alrededor del fuego sagrado. Todo poder político recela del arte.

En la República de Platón no había artistas y el mundo moderno que se inicia con la Reforma puritana que encabeza Lutero elige decididamente la moral frente a la belleza como si la una y la otra estuvieran enfrentadas. 

Camus nos lo recuerda con su siempre clarividente, valiente y acertada visión al señalar que para Calvino, Rousseau y Marx la belleza ha de ser vivida, no puede ser imaginada, de “imaginare”, crear imágenes o representaciones de cosas o personas reales o irreales. Así, el hombre nuevo que todos ellos quieren alumbrar en sus ideologías y religiones, ya no será hijo del pasado ni tampoco de sus padres, ya no serán suyos aquellos sueños ni podrá ver con su mirada. Con él termina la historia y nace el presente.

Para ese recién nacido nada significa el ayer excepto ser la razón de su revuelta moral y el peso de su mala conciencia que nunca lo abandonará como si fuera una maldición a su propia especie.
Belleza y verdad no están contrapuestas, pero el deber sí se opone a la primera y casi siempre a la segunda. 

Todas casan mal, belleza, verdad y deber, las tres no pueden servir juntas a la comunidad porque cuando lo hacen paren monstruos en forma de conveniencia, gregarismo, mimetismo, razón de Estado y crimen, corderos o lobos tras una bandera. El resultado es una forma más sutil y dañina de esclavitud y ceguera, la estupidez.

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8M
-“De ti he conocido a tres hombres, el de antes, el de después de convertirme yo en la amante y la secretaria de Antonio T. y el de ahora, que hace años que no veo. Debería haber supuesto que tu tristeza eran los celos o simplemente algo muy sencillo y evidente, que me amabas, pero nunca tuve la certeza del todo. Cuando pagas para que te quieran, y ya sabes que hay muchas maneras de hacerlo, siempre sospechas de los demás, en ellos ves tu pecado que ha sido el de los dos. Sin embargo, la memoria es caprichosa y si bien es nuestra única referencia verdadera también te miente y te engaña aunque lo haga para no dañarnos y permitirnos sobrevivir. Para serte sincera no estoy segura de nada, los detalles y las pinceladas se me escapan y vuelan huyendo como pájaros de su jaula. Estoy asustada y estoy sola, Víctor, y recuerdo con miedo la tela blanca de mi lienzo como si fuera una mortaja, así, más o menos, la llamabas tú cuando me cantabas los últimos versos de una canción de Joan Verges i Toti Soler. (La madeja. Cartas a un amigo.)

“Amiga de la mort,
camí de vela blanca,
la llum del nostre amor
és una flor que es tanca”.

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8H
-“Ya sé, ya lo sé, Verónica, que Wittgenstein empezó su “Tractatus Logico-Philosophicus” afirmando que “el mundo es lo que hace al caso” y también sé que lo terminaba concluyendo que “todo aquello que puede decirse, se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no podemos hablar, mejor es guardar silencio”. Fui yo quién te habló de él cuando me dejaste que lo hiciera simulando que no sabías quién era. Me engañaste, habías leído toda su obra y escrito unas buenas reseñas sobre ella en la Universidad, pero disimulabas y dejabas que yo te hablará con aire de hombre importante y sabio cuando en realidad nada sabía y nada sé. Yo quería impresionarte y seducirte con mi charlatanería de filósofo barato y tal vez lo conseguí con otra virtud que todavía no he llegado a saber cuál fue. Al descubrir tu mentira te reíste y me besaste y no paraste de besarme hasta el día de hoy que sigues pegada a mis labios como si mis pulmones fueran los tuyos. Por eso inventamos el arte y la poesía, te dije, gracias a ella decimos la verdad, que es la mejor manera de mantenerse callado aparte de los besos, claro está, de esos besos que se dan y se reciben al mismo tiempo.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

viernes, 2 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (7)

28 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

7. El Arte y la montaña.

¿Es entonces el arte una goma elástica o es un vestido a medida? ¿Debe tener un objetivo?, ¿una tarea?, ¿ha de explicarnos algo importante?, ¿mostrarnos la belleza cambiante?, ¿señalarnos la diferencia siempre dudosa entre el bien y el mal? 

¿O tal vez el arte es la verdad indecible? ¿Es cierto, tal y como afirma Mikel Dufrenne, que “la montaña no se convierte verdaderamente en montaña más que en la montaña pintada”?
¿El arte es la forma libre?, ¿es un símbolo mudo?, ¿es un signo abstracto y vacío? ¿El arte es solamente psicología?, ¿una especie de grafología? ¿Es una mera opinión, que, como las narices, todos tenemos una? 

¿Todo vale?
¿Es el arte una llave?, ¿la última o la primera?, ¿qué ventana abre?, ¿qué puerta cierra?, ¿libera el corazón de la tiniebla o lo sume en ella como le ocurrió a Marlow cuando encontró a Kurtz?
¿Cómo triunfa el bien?, ¿por sí solo?, ¿por qué sí?, ¿necesita la ayuda del arte? 

Hegel afirmaba que el arte debe conseguir que la belleza sea verdadera logrando que la verdad sea bella. Pero la verdad no siempre lo es. El poder del mal es grande y su forma en la forma se manifiesta con todo su esplendor y magnificencia. El mal parece ser sólo forma aunque la forma no es, sin duda, el mal. Entonces ¿el arte oculta o revela? ¿El arte es un espejo moral?

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7H
-“Recuerda, amiga mía, que no hay mejor mentira que la misma verdad. ¿Por qué?, porque la verdad es increíble, si no no lo sería, y sólo sería, como me confesó Eva un día, pura complacencia. Igual que al rostro de Dios, que contiene todos los demás, a la verdad tampoco podemos mirarla de frente, es indecible, no puede ser dicha porque nadie es capaz de reconocer la Vera Faz,”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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7M
-“No fui honesta ni conmigo misma, pero es evidente que mi relación con él me abrió muchas puertas y me facilitó la carrera que he ido haciendo a lo largo de todos estos años. De mí le gustó, tanto como le interesó, que fuera la nieta de un viejo y famoso ilustrador, cartelista y grafista de los años de la República y que hablaba perfectamente el francés, ya sabes que me crié en Perpignan. Nuestro profesor se pasaba una tercera parte del año en París y yo lo tenté al decirle que en casa guardábamos buena parte de la obra original de mi abuelo entre las que había unas cuantas pinturas de calidad. Al oírme empezó a mirarme de otra manera.

jueves, 1 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (6)


26 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.
6. El Arte y el aire.

Imitamos, siempre imitamos, aunque sea “l’air du temps”, no podemos evitar ser hijos de nuestro tiempo aunque lo rechacemos y reneguemos de él. 

Resiguiendo a Hegel sabemos que el espíritu de una época influye en los productos artísticos y en sus artífices, y también en las demás personas que lo disfrutan o lo sufren. Nadie ni nada puede escaparse al tiempo que le ha tocado vivir, su sombra lo impregna todo y a todos nos modula y nos da parte de nuestra forma. Así pues, es una evidencia reiterada afirmar que el arte es también un hecho social al manifestarse y emerger en una familia de seres humanos, sus obradores, personas únicas, y aunque no siempre independientes ni autónomas, ni tampoco emancipadas ni libres, sí iguales, dignas y diferentes.

El arte parece ser un camino de doble vía, muda y se transforma según el momento porque cambia quien lo hace y también quien lo mira. Sin embargo, y para ser más precisos, el arte, como cualquier otro artefacto, permanece, y al hacerlo es también como una corriente, como un río, siempre igual y al mismo tiempo diferente. Con todo, cualquiera nos habla de los bañistas, de los peces que en él viven y que anhela pescar e incluso de los meandros y saltos de agua, pero nadie nunca nos habla del río.

“Todas las formas son semejantes, y ninguna es igual a las otras. Si bien su coro guía hacia una ley oculta”. Goethe. Citado por Claude Lévi-Strauss en su “Elogio de la Antropología”.

Esa ley oculta es el arte.

Sabemos de los artistas que ya fallecieron, conocemos sus vidas, sus obras y su momento sin explicarnos que su mano y sus pinceles, su arpa y su pluma, viajan en una barquita dejándose ir por el curso del río, porque en realidad no cambia el autor, que termina por morir y ser enterrado, y sí el espectador que siempre es otro y nunca el mismo.

La obra permanece, da igual que fuera Miguel Ángel el pintor, la Capilla Sixtina la sigo contemplando yo, y después de mí lo hará mi hija.

¿Es el espectador también su autor?

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6H
-“Querida Verónica, te advierto cariñosamente que no deberías leer tanto a Ortega, sus reflexiones sobre el amor y las mujeres parecen en ocasiones más una venganza que una especulación sincera y desapasionada. Me respondes sarcástica afirmando que siempre hay una buena razón para vengarse de una mujer. ¿Así lo afirmas, tú, querida mía, que también lo eres?, te pregunto, y me contestas que sí, que tú también eres una venganza.”

“Era Mona Lisa una criatura satánica, hermana de la serpiente, que a su vez fue hermana de Eva; operaba en forma de tentación. Pero al enseñar a cada hombre lo absurdo de su limitación, al mostrarle que el universo es más comprensivo que su oficio, que su sistema, que su temperamento, que su pueblo, realizaba una influencia socializadora incitando a cada cual a desear a ser el prójimo. El descontento es la emoción idealista, nos arroja de nuestro círculo de realidad”, “La Gioconda” Ortega y Gasset. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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6M
-“Siempre me reprochaste en silencio mi relación con Antonio T., nuestro profesor. Aunque te enfadaste conmigo cuando se inició luego callaste, pero nunca pudiste ocultar tu tristeza y la decepción que sentiste por mí. No te lo reprocho, ya sé que mi “asalto” a su fortaleza la efectué con poco estilo, no fue nada elegante ni discreta, es verdad, parecía una vulgar “groopie” en celo ofreciéndose a su héroe, al cantante de moda. En aquellos momentos llegué a contar hasta seis las alumnas que como yo lo esperábamos al salir de clase; más tarde supe también que unas cuantas lo llamaban por teléfono invitándole a cualquier cosa; si alguna se cansaba de insistir aparecían siempre otras en su lugar. Él siempre iba picoteando a pesar de estar bien casado con una mujer excelente.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

miércoles, 30 de junio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (5)

24 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

5. La pintura y el barro.

“La pintura da a ver, y ello equivale a decir que nos enseña a ver no el ver, sino lo visto. En este caso su virtud se mide por la fidelidad de la imitación; y lo que representa o dobla es un real ya dado, convenido y conocido: dar a ver es dar a reconocer.”

“Malraux lo ha repetido hasta la saciedad, nadie inventaría la pintura, si no existiera ya, nadie buscaría lo pictórico si los otros no lo hubieran ya descubierto. (Y es por esto que se puede decir que el cuadro se refiere a todos los otros, que es un “texto plural”, o que constituye un objeto cerrado en el que toda la pintura se asemeja).” (Mikel Dufrenne, “Pintar siempre”, Revue d’Esthetique del año 1976.)

Así es, ninguno de nosotros es ni Adán ni Eva, pero en los gestos que imitamos de nuestros padres, hermanos, amigos y vecinos hallamos la fisonomía que nació del barro y, dicen ellos, de una costilla.

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5H
-“Querida Verónica, en la reseña realizada el pasado 12 de noviembre en el periódico “El País”, a “Una tempesta” (Una tempestad), la última novela publicada de Inmma Monsó, LLuis Muntada, su autor, nos recuerda que Wallace Stegner observaba que “las vidas humanas raramente se ajustan a las convenciones de la ficción”. No obstante, Muntada, nos sugiere también un “reverso poderoso” de este diagnóstico al proponernos que las convenciones de la ficción sí que se ajustan a las vidas humanas. ¿Las primeras anteceden a las segundas?, ¿o es al revés? En un buen alarde de tu saber me respondes con una cita perfecta:”

“Hallaba defectos de dibujo en su amante; sin darse cuenta, no consideraba a la mujer más que como modelo.”

- ¿Por qué –le dijo una vez- siempre estáis mirando la figura de la santa
Magdalena que sostiene el cuerpo del Salvador en el cuadro de “El Descendimiento de la Cruz?”

- Es que se parece a ti –había contestado Tiburce.

(…)…una mujer de verdad no lo habría emocionado tanto. Un hombre artificial sólo puede emocionarse con una cosa artificial; hay armonía: lo verdadero sería discordante.” “El vellocino de Oro”, Théophile Gautier.

Y terminas afirmando y medio lamentando que tú eres solamente para mí ese modelo y que nunca conseguiré ver en ti la mujer que dices que eres. Me has dejado estupefacto, no tanto porque considere que tienes razón, sino porque al pensar en ello no sé cuál de las dos me gusta más, si la mujer o tú”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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5M
-“Ya conoces el libro de poemas que te dediqué. Al final una editorial lo ha aceptado y piensa publicarlo aunque para ello haya tenido que pagar yo la mitad de los costes.

Quería haber incluido las fotografías que te hice y en la que posabas desnudo para mí, pero no lo haré, no me habrías dado el permiso si te lo hubiera pedido.

Hoy ha venido mi hijo, estará un par de días conmigo y se volverá a ir.

Sigo enviándote las cartas a la dirección que me diste, sé que las lees porque me respondes, es un correo electrónico pero sé también que ya no vives en tu casa, en realidad no sé cuál es tu casa ni sé tampoco dónde paras, si te has marchado, si vives solo, si has huido o si piensas regresar. Respondes a mis correos pero nunca a mis preguntas.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

martes, 29 de junio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (4)

21 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

4. El pecado y el secreto.

La anterior conclusión es una ironía fácil que logramos redondear y acrecentar al afirmar que ambas verdades pocos las conocen, ¿eso es todo lo que hay que saber?, ¿qué no hay nada que saber?

¿Cuál fue el pecado de Eva, y con ella el de todos nosotros?, ¿la vanidad? ¿Cuál llegó a ser la causa de su insatisfacción y de su malestar?, ¿la soberbia?, ¿la envidia?, ¿o fue sólo una mujer curiosa?

¿El descontento nos arroja de nosotros mismos? ¿Nos expulsa afuera, al frío y al abismo?, ¿el descontento nos engaña? ¿Éramos nosotros mismos el Edén o somos el Infierno?, ¿creemos encontrarlo ahora en los otros?

La felicidad no nos hace virtuosos, ni el serlo nos permite ser felices. ¿Cuál era la queja de Eva? ¿Quería ser feliz o virtuosa?

¿O quería ser otra?, ¿Eva quería escapar de sí misma?, ¿quería renacer?

Cuando se quiere ser otro normalmente se termina siendo un loco, la imagen de uno mismo o algo peor, la de otro.

Cualquiera puede elaborar la teoría que crea más adecuada sobre lo que considera que es el arte, sin embargo y a pesar de las mil y una hipótesis, tesis y conjeturas que podamos formular, él arte seguirá su camino imperturbable e indiferente, como hace la misma realidad, a todo aquello que los seres pensantes de cualquier especie cavilamos que es. 

Quizás el secreto del árbol fue otro.

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4H
-“Siempre fuiste una mujer barroca y dramática sin dejar de ser irónica y punzante. Con buen sentido del humor me comparabas con Odiseo cuando tú nunca pretendiste ser ni Penélope ni Nausicaa, te hubiera gustado ser Helena, pero sólo llegaste a ser mi amiga y a ratos mi amante, yo que ni llegué a ser Alejandro, ni Aquiles ni el cornudo Menelao. Aunque engañarme me han engañado muchas veces, tantas o más que al Rey de Esparta”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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4M
-“Cuando Antonio T. se iba de viaje yo te invitaba a entrar en sus palacios, a pisar sin ningún derecho sus suelos alfombrados que no eran los tuyos ni tampoco los míos, su secretaria y joven prostituta. En aquel tiempo me gustaba jugar a ser frívola.
A veces creo que me querías por envidia. Pero siempre reconocías que era el mejor profesor que habíamos tenido nunca, y era cierto, ambos lo admirábamos. Conservábamos los apuntes de sus clases como tesoros que fotocopiábamos y encuadernábamos con admiración y esmero. Casi puedo escenificar y repetir sus clases, las recuerdo igual que salen fáciles de mi boca tus propias palabras cuando me leías poesía o me hablabas de pintura en la playa con tu entusiasmo juvenil. En plena noche y en un otoño destemplado nos envolvíamos en una manta como si fuera una tienda india o la cueva donde pensábamos hibernar juntos. Encendíamos una vela que clavábamos en la arena, parecía un faro, estábamos solos, en el mundo no había nadie más que nosotros dos, esa luz, las sombras y el mar. Tú me hablabas de una ballena desdentada y yo te mordía”. (La madeja. Cartas a un amigo.)
 

lunes, 28 de junio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (3)



19 de mayo de 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.


3. Los ojos de un bebé.

Vemos y leemos y al hacerlo recordamos porque únicamente podemos ver y leer lo que ya vimos y leímos. No reconocemos otra cosa que aquello que ya conocemos. Parecemos niños que sólo piden escuchar el mismo cuento cada noche al acostarse antes de dormir.

Los ojos de un bebé buscan siempre los nuestros en una mirada recíproca.

Así pues, ¿no vemos nunca nada nuevo?, ¿cómo es eso posible sabiendo, como sabemos, que sabemos algo?, ¿cuándo lo aprendimos?, ¿en otra vida?

La distancia entre el aprendizaje y la mímesis es muy estrecha, es la que existe entre el enseñar y el domesticar. Pocos aprenden o enseñan, sólo amaestran o imitan.

Sin embargo, nadie puede dudar de la capacidad de aprendizaje del ser humano, y de otras especies afines, mucho más alto, según parece, cuanto más joven es el individuo y su cerebro, pero... ¿realmente sabemos o únicamente simulamos saberlo repitiendo las palabras de otros?, ¿sólo es posible escribir al dictado?

¿Siempre besamos los mismos labios?

Esa serie de preguntas nos conducen a un absurdo lógico al concluir de ellas que nadie sabe nada cuando la realidad y el sentido común nos indican y enseñan que no es así. La razón y la experiencia, propia o ajena, también nos demuestran lo contrario, que sí sabemos algo aunque solamente sean un par las enseñanzas aprendidas, dos y ninguna más.

Tal vez la primera es que no hay nada que saber y la segunda es que lo mejor y más apropiado es no revelar al mundo este conocimiento.

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3H
-“A mis palabras sobre la soledad y el viaje me respondiste burlona con la “Invocación” que aparece en el primer canto de la Odisea: “Te pido, ¡oh Musa!, hablarme de aquel hombre ingenioso quien luego de asolar la ciudad de Troya visitó otras muchas, conociendo el espíritu de hombres; de aquel que sobre los mares pasó tantas fatigas, luchando para sobrevivir y repatriar a sus gentes. Mas ni a pesar de todas ellas pudo realizar su propósito de salvarlos, si bien debieron la muerte a su propia necedad, pues alocados devoraron los bueyes del Sol, haciendo que el hijo del altísimo les impidiera para siempre el regreso a la patria. Ven, hija de Zeus, a contarnos algunas de sus hazañas”. (El hilo. Cartas a una amiga.)


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3M
-“Nuestro profesor estaba perfectamente al corriente de mis, por decirlo así, infidelidades contigo, nunca se opuso, ni siquiera las mencionaba, hacía como si no las viera, para él no tenían importancia, ambos no éramos nadie ni nada. Estaba casado con una mujer mil veces mejor, era el padre de una hija casi de mi misma edad, y tenía como amante a una jovencita como yo, flaca y pálida de pies grandes. 

Ya sabes que era alguien muy reconocido, escribía libros y artículos en las más importantes revistas y periódicos, daba conferencias, asesoraba a unas cuantas galerías y museos y seducía a sus alumnas, y tú solamente podías alardear de ser un simple estudiante que compartía, medio escondido, a su amante muy de vez en cuando”. (La madeja. Cartas a un amigo.)



sábado, 26 de junio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (2)


17 Mayo 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.


2. La memoria que se nos escapa.

¿Por qué?

Porque la realidad nunca es descubierta, sólo es reconocida al ser recordada.

Cualquiera que pinta sabe que no hay diferencia entre su acto y el mirar, ambos pertenecen al mismo hecho trascendente de ver el mundo. Katya Berger así lo entiende al recordar las palabras de su padre, John. En su metamorfosis en lienzo trata de acogerse a sí misma en un intento vano de que algo, por poco que sea, no se le siga escapando.

La experiencia propia, y no la capacidad mecánica de imitación, es el fundamento de la pintura y de todas las demás artes que intentan representar la realidad a través de sus metáforas. Tal fundamento ha sido siempre conocido, pero sin duda es también un saber que se afianza con la modernidad al mismo tiempo que lo hace el individuo autónomo y el drama que siempre lo acompaña, la libertad.

La diferencia entre recuerdo y reconocimiento nos permite saber que la memoria necesita primero distinguir con claridad la realidad y las partes que la conforman o la trocean, sus elementos básicos y sus adornos. Reconocemos un rostro de entre una multitud de ellos y distinguimos también un ojo de una boca, una letra de otra, y de esta manera vemos y leemos y al hacerlo recordamos.

Al ver miramos y con ello observamos y elegimos una parte del escenario descartando el resto, nuestra atención se concentra como si acabáramos de hallar la aguja del pajar.

Parafraseando de nuevo la frase del profesor del Sr. Liebermann, diremos con ella que solamente logramos reconocer aquello que somos capaces de recordar y que ya percibimos, y quizás miramos también, en otro momento de nuestra vida y que configura, en la parte que le corresponde, nuestro conocimiento primordial.

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2H
-“Ya sabes que siempre preferí viajar solo, no tanto por la sensación de impunidad y de falsa libertad que te embarga y sí por esa rara desnudez que te permite despojar a la realidad de sus símbolos. Con la soledad no se puede regatear ni establecer componendas, solamente ella te dice la verdad, incluso te despoja del nombre que tus padres te dieron, y te convierte en un ser anónimo, porque el nombre siempre es de los otros, nunca nos pertenece del todo. ¿Por qué me hablas ahora de entonces?, tenía celos, sí, pero eso ya no importa.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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2M
-“No te faltaban razones para estar celoso, aunque a decir verdad nunca supe si venías por mí o por ver y admirar su enorme colección de cómics y de dibujos originales que casi amontonaba, de los más importantes maestros de ésa que llamábamos enfáticamente “literatura dibujada”, y que yo, con paciencia y laboriosidad, debía clasificar y archivar.

Ambos éramos muy jóvenes entonces y tú te sentías sobrepasado por todo lo que él representaba y poseía. Ésas dos, y otras casas espléndidas que no llegamos nunca a conocer, eran suyas, viajaba por todo el mundo y tú vivías en un piso de estudiantes que siempre estaba sucio. No podías creer que desde la misma cama de la habitación de Vallvidrera se pudiese contemplar la mejor vista de una Barcelona que descendía perpendicular al mar.” (La madeja. Cartas a un amigo.)