viernes, 9 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (13)


14 Junio 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

13. La verdad y el mito.

La vieja filosofía que nace de la danza, y con ella del mito y de sus poetas que lo cantan, pretende, vanamente, ofrecer una verdad desnuda de sus metáforas a través de la alucinación ritual. Pero fracasa al no revelar que la víctima es siempre inocente.

Más tarde, cuando la razón se impone, la verdad “descarnada” es atributo solamente de los locos y de los dementes. Con el advenimiento de la razón no existe ninguna verdad que pueda ser no dicha, no hay nada que saber fuera de lo que se puede decir. Así es y nosotros así lo creemos, entendiendo por decir aquello que cualquiera puede comprender al oírlo, verlo o leerlo si... es capaz. 

Porque la verdad no es democrática y mucho menos popular al uso de nuestros tiempos ni de ningún otro. La verdad no es el resultado de un trato. Por ello, y en contra del Arte, el deber corriente es el de la supervivencia, no hay otro más digno ni más alto que el de sobrevivir a pesar de todo. Ésa era la consigna en los campos de exterminio nazi, y ése continua y continuará siendo el primer deber del ser humano, aunque el miedo nos atenace y nos convierta en ratas debemos continuar viviendo al precio que sea. El resto es el sonido de la lluvia mientras alguien cava las fosas.

La verdad es la inocencia de todas las víctimas.


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13M
-“Yo no creo que haya que dudar de mis listas, mis listas son solamente listas, nada más, no llegan a la obsesión de uno de los protagonistas de “Drowing by numbers” de Peeter Greenaway, que numera todas las cosas con una etiqueta en una curiosa metáfora del auténtico “drawing by numbers”, esa manera fácil de dibujar que enseñan algunos cursos a distancia y que consiste en reseguir con el lápiz una serie de puntos marcados con un número. Son también esos dibujos sorpresa que encontramos en las revistas de crucigramas y pasatiempos, sólo ves números impresos en un engañoso desorden, desconoces el dibujo que hay escondido en ellos y que va emergiendo lentamente mientras vas uniendo los puntos en una línea que parece un hilo.
Parecen fantasmas solidificándose, son una randa tejiéndose.” (La madeja. Cartas a un amigo.)


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13H
-“Una noche, en una de nuestras antiguas cenas, y medio asfixiado por el humo de las velas que ibas colocando por doquier al apagar las luces de las lámparas eléctricas de la casa, te dije que “La última Cena”, de Leonardo, es una de las más importantes pinturas de todos los tiempos y que siempre me había gustado en ella su total artificio en la manera de mostrar el único tema, y en el orden mental que es necesario tener previamente para una clara puesta en escena, iconográfica y poética. “La Cena” es frontal, puro artificio escénico, teatral, con diferentes sucesos en un solo acto que tiene lugar, como en toda pintura, en el presente, en un tiempo detenido fuera del propio tiempo, y del que se supone sabemos su pasado y conocemos cuál será su futuro pues a cualquiera le han contado la vida de Cristo.
Todos los protagonistas señalan a Jesús de la misma manera que nuestras miradas no pueden apartarse de su imagen que domina todo el conjunto. Él, partiendo los panes y repartiendo los vinos con su semblante severo, ya no es de este mundo.
Recuerda, amiga querida, que siempre hay que estar de pie y frontal al pintor cuando te retratan, los perfiles no son nunca verdaderos del todo, parecen esbozos, una mera silueta dibujada en una sombra, una extraña manera de huir y una fácil manera de atrapar. Mantente siempre de cara, como si fueran a fusilarte”. (El hilo. Cartas a una amiga)

jueves, 8 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (12)


11 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

12. La magia, la danza y la fiesta.

No hemos de hablar aquí de magia ni de religión, pero sí consideramos necesario destacar y resaltar el valor del rito que une a las dos y afirmar también que supuestamente la primera antecede a la segunda. Ambas, magia y religión, están formadas con el primer gesto, el movimiento adecuado y necesario que en origen no es otro que la danza, o mejor, el gesto inicia la danza, ella convoca la lluvia y reordena el mundo en su vorágine y en el torbellino que surge cuando llama a los vientos. La danza, en su momento culminante, es un vórtice, es un túnel entre el mundo y la nada. 

La danza es también la primera pincelada, es la mueca original que acompaña al llanto y al grito del niño, es una señal de dolor, es el guiño del cíclope, del rey tuerto que comanda sus legiones de ciegos que, unidos y entrelazados como Brueghel los pintó, tropezando y cayendo, levantándose y caminando a tientas, creen seguir a la Virgen que cabalga al Unicornio cuando en realidad no es virgen y quizás tampoco una mujer y sólo monta un rinoceronte desconcertado y perdido como el que pintó Durero. 

La imagen y el canto son pues un rito, una danza que el poeta traduce en palabras y el juez en pecados. La pintura no es Dios ni quiere serlo, sólo es un puente que nadie puede traspasar vivo porque todavía es carne, sangre y huesos rotos. La religión es hija de profetas y filósofos que desencarnan las piedras y las voluntades, y que ven en las sombras espíritus y fantasmas que viven sin ser polvo ni estrellas. La lluvia es un rosario, una letanía, es también una corriente, una lista, un índice, una genuflexión, un desagüe y un río que tiene un principio y un final aunque el agua mane siempre del cielo y el cielo se halle en el fondo del mar.

“El poeta era el jefe de una sociedad totémica de bailarines religiosos. Sus estrofas eran bailadas alrededor de un altar o en un recinto sagrado y cada estrofa iniciaba una nueva vuelta o un nuevo movimiento en la danza. La palabra “balada” tiene el mismo origen. Es un poema bailado, del latín “ballare”, bailar. (…) Las danzas eran estacionales y se ajustaban a una norma anual de la que surge gradualmente el único gran tema de la poesía: la vida, muerte y resurrección del Espíritu del Año, el hijo y amante de la diosa. (Robert Graves, “La Diosa Blanca”)

Los derivados que se siguen de tal afirmación son de todos conocidos y en ellos vemos los mil rostros de Cristo y de María. El resto es religión, filosofía y manierismo. La Historia del Arte se fundamenta en ello y en sus múltiples caras.

Magia, danza y fiesta. 

En la fiesta se muere como en la vida, o mueres tú o muere el toro.

En el rito se recuerda el primer asesinato, el primer inocente sacrificado.

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12M
-“Mira lo que acabo de leer que dice John Berger, escucha, me dijiste un día, eso me hace dudar de tus famosas listas: “No se puede definir un cuadro haciendo una lista de lo que hay en él, ni siquiera enumerando todas las pinceladas: un cuadro se convierte en lo que es de acuerdo a cómo mantiene unidas las cosas, o a cómo no consigue mantenerlas unidas. Esto es lo que en las escuelas suelen llamar “composición” ¡En su sentido académico, la composición es rigor mortis! No, es el espacio el que lo mantiene todo junto cada vez de una manera singular” (“Algunos pasos hacia una teoría de lo visible”, John Berger) (La madeja. Cartas a un amigo.)

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12H
-“Ya sabes que en una fotografía aparecen más cosas que las que queremos mostrar, por el contrario en una pintura solamente hay lo que pretendemos que haya, eso es así incluso con los autorretratos que nos mandamos desnudos. Tú siempre quieres estar más bella, siendo ello imposible; en las fotos que me envías procuras esconder tus pequeños defectos que tanto me gustan y yo no paro de suplicarte que me enseñes más, más de ti, más de todo, quiero volver a ver lo que viví y que no puedo ni quiero olvidar que lo vi.” (El hilo. Cartas a una amiga.)


miércoles, 7 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (11)


9 Junio 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

11. La belleza y el placer.

Cuando se habla de arte se recurre habitualmente al término de belleza como si fuera un elemento indispensable en su constitución, nosotros la hemos usado como sinónimo. La belleza es un concepto vago que al ser consecuencia del placer o del simple gusto crea más confusión que disipa incertidumbres o elimina ignorancias, esperanzas ilusas y prejuicios simples.

Según parece la relación es la siguiente y la ecuación se formula así: la belleza causa placer y el gusto es la capacidad para gozar de esa belleza

Con su aguda ironía, Félix de Azúa, considera que dentro de esa lógica sintáctica el adjetivo “bello” es en realidad una mera opinión, algo sin valor fuera de la propia satisfacción.

Un buen ejemplo es pensar, creer o suponer que una obra de arte necesita ser bella para ser considerada tal. Con ella podremos hablar de proporciones, de armonías y de composiciones equilibradas, de sinfonías de colores y de líneas entrelazadas, e incluso de evocaciones ancestrales o próximas que aviven sentimientos y que desentierren y saquen a luz emociones escondidas entre la niñez y la prehistoria. Pero hay que reconocer y advertir que en los albores del tiempo nadie consideraba que el arte debiera ser bello, era suficiente que lograra ser útil, que sirviera al propósito por el que era creado, comunicarse con los dioses, ser mágico. 

Otra cosa es que el adorno y la forma que poseen todas las cosas que existen causen goce estético, que la mirada se sienta cómoda y confortable como el bienestar que disfrutamos después de haber comido carne o pescado. A eso hoy lo llamaríamos diseño, ergonomía, acomodar la forma al uso con el adecuado perfil y adorno que la necesidad, la tradición y la moda exigen. El ojo también adquiere hábitos y costumbres y pide mirar, para lograr ver, lo que siempre ha mirado.
La belleza, como el amor, tiene muchos significados, puede ser descrita de forma simple como la fuerza del espíritu creadora que Nietzsche llamaba apolínea y que se oponía a otra, la dionisíaca o fuerza vital y destructora. 

Pero la belleza siempre escapa a una definición precisa porque ella jamás está delimitada por contornos claros y nítidos, es más hija de la sombra, con su “sfumato” característico en su linde, que de la luz, y aunque ambas surjan del mismo espejo la belleza no está en ninguna de las dos.
La belleza forma parte del otro mundo y el suyo es ese halo numinoso e inasible que jamás tocaremos, la belleza es una tierra que no nos pertenece fuera del recuerdo no vivido. 

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11H
-“En aquellos tiempos en que nos quisimos me decías que no me dejara llevar por esa moda que trata de encontrar el significado de las cosas donde terminan, donde dejan de ser lo que son, más allá de ellas mismas.

Yo te respondía que era cierto, que no podemos hablar de la silla hablando de la mesa, que esa era una manera complicada de afirmar algo sencillo, que todo lo que se ve es todo lo que hay sabiendo como sabemos que al mismo tiempo no todo lo que se puede ver se halla frente a nuestros ojos. ¿Cómo qué?, me preguntabas y yo te contestaba, como tú, querida mía. Entonces me besabas y yo me moría.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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11M
-“Listas, nunca parábamos de hacerlas, una detrás de otra, ellas ya de por sí eran otra lista, una fila interminable de cosas y nombres, desde canciones a índices, libros y personas de cualquier categoría o condición, reales o personajes de ficción como tú y como yo. Tareas y deberes que nunca alcanzábamos a realizar, todo quedaba pendiente, nada llegaba a su fin. Pintores, músicos y escritores que tampoco leeríamos. A ti te gustaba la arquitectura y a mí las pinturas de ruinas y a los dos las flores marchitas y las almas sin rumbo, vela, ni timón.” (La madeja. Cartas a un amigo.)


martes, 6 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (10)


4 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

10. La libertad y la verdad.

Eso que llamamos destino cierra el círculo tramposamente al añadir las últimas palabras al relato, ellas pretenden restablecer el equilibrio entre sus partes y llenar el vacío que hay entre cada una, el destino da una respuesta falsa que tapona la brecha que antes ha abierto la libertad como lo hace el cuchillo con la carne. 

Igual que ese destino, también escribir, pintar o cantar son parches que tratan de concluir la realidad inacabada, pero a diferencia de él lo hacen sin necesitar ni recurrir a trágicas y funestas estrellas y profecías que guíen nuestros pasos y sí, en cambio, intentan conseguirlo inmersos en el más inseguro azar o casualidad, sin ellos no podríamos equivocarnos ni tampoco acertar. 

La libertad nos permite conocer la única verdad digna de ser conocida fuera de la muerte, la razón por la que hemos nacido y la que Dios no ha querido revelarnos jamás: que el mundo que habitamos no fue concluido tras los siete días de labor divina y que Dios debió de haber trabajado el séptimo. Al no hacerlo, por voluntad, incapacidad, olvido o cansancio, nos obliga a nosotros a continuar su tarea y a terminar el trabajo que Él empezó y que dejó inacabado. En nuestras manos está conseguirlo, queramos o no somos sus socios. 

No sabemos cómo debemos seguir, creemos que Dios ninguna indicación nos dio fuera de vagos consejos que cada uno interpreta a su conveniencia y que son más fruto de profetas que sus propias y verdaderas palabras. Sin embargo, Dios sí nos proporcionó la herramienta básica para lograrlo, el cincel apropiado, la paleta adecuada que no es otra que la capacidad de elegir, sin ella no sabríamos nunca cuál debe ser el color y la forma ni tampoco la palabra y el nombre de las cosas, sin libertad no podríamos escuchar música ni crearla. 

El mundo está pendiente de resolución, en cambio, las obras de arte, a diferencia de nosotros, sí son mundos acabados, nos hablan de tierras posibles aunque son objetos reales, y también instrumentos para algo, parecen estar vivas, las vemos navegar por ese río interminable, son cosas, emergencias súbitas, y algunas permanentes, singularidades, picos en un llano, árboles en un prado, mojones, periscopios, señales, son un norte y un sur, marcas en un papel y una brújula sin hilo que siempre indica el mismo destino, son el acomodo de nuestra mirada, son la aguja del pajar, gracias a la cual, y a través de su agujero, vemos lo que sólo Él ve: el mundo. 

No hay nada más que ver.

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10M
-“Yo te mostré las flores de O’Keefe y tú los retratos de “El Fayum”. Juntos descubrimos los callejones sin salida de los entusiastas Prerrafaelitas y los espejismos orientales de Gêrome y de otros ilustres académicos decimonónicos, pintores “pompiers”. Ambos nos maravillamos con los suelos de baldosas de Russinyol y con los pálidos rostros de Casas, con la luz de sus persianas y con los paisajes de los pintores de Olot. Los dos decidimos que Goya es uno de los más grandes y que Guardi es mucho mejor que Canaleto. Yo defendía a Cezanne cuando tú lo denostabas, y aunque en lo principal tenías razón era verdad también que era mejor pintor cuando no trataba de serlo, siempre lo somos cuando no nos esforzamos en ello. Igual que tú, porque ya no eres él ni ahora lo pretendes, aunque yo me esfuerce a veces equivocadamente en ver en ti al hombre que nunca fuiste y que nunca vas a ser.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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10H
-“Sigues teniendo razón, querida Verónica, siempre la tuviste.
“Como en un juego apagó la lámpara del techo para que sintiera deseos de besarla. La única lámpara encendida, encima de una mesa, proyectó detrás de la joven una sombra neta y alargada. Camilla, con los brazos en alto, dispuestos en arco detrás de la nuca, le llamaba con la mirada; más él sólo tenía ojos para la sombra.” (“La gata”, Colette) (El hilo. Cartas a una amiga.)

“Siempre te recuerdo que nunca amamos a la persona, siempre a otra cosa que vive a su lado, pero que no es ella, y tú continuamente me preguntas qué es, y yo te respondo que amamos a su sombra, que eso es lo que es que vemos de ella. Siempre te entristece mi respuesta, ya lo sé, pero nada puedo hacer por evitarla.” (El hilo. Cartas a una amiga.)


lunes, 5 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (9)

2 Junio 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

9. La libertad y el destino.

Camus consideraba acertadamente que “el hombre rechaza al mundo tal y como es sin aceptar abandonarlo”. La realidad parece imperfecta y la Creación inconclusa, el ser humano no entiende lo que ve ni consigue siquiera verlo todo porque todo se le sigue escapando, como nos recuerda John Berger. Al igual que lo hace el agua de entre sus dedos y el aliento de su cuerpo la realidad es inasible. 

Nuestra pobre humanidad no sabe tampoco a dónde conduce la corriente del río por el que navega, pero se aferra a la barca asustado como si fuera la almadía de un náufrago y no el casco de un buque robusto y acorazado. Esta contradicción entre el rechazo del mundo sin querer renunciar a él es el drama que causa la libertad, sin ella no veríamos el universo y con él a nosotros mismos inacabados, pendientes de resolución y sentencia, de final. 

Seríamos cadáveres sin sepultura. 

Camus afirma también que una vida destinada y predestinada es una forma de conocimiento que reconcilia, que cose la herida, pero que no puede aparecer, ni surgir, no puede brotar: “más que en ese momento fugitivo que es la muerte: todo acaba en ella. Para ser una vez en el mundo es necesario no volver a ser nunca”, ése es el precio de ver, la ceguera, el dejar de ser.

Por otra parte, considerar que la vida está sujeta a un destino nos permite pensar, de manera tramposa, que conocemos el puerto de llegada, con él renunciamos al privilegio y al reto de ser libres. 

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9M
-“Cuando estudiabas te gustaba coleccionar, así las llamabas tú, “Las sombras del hilo”, que no eran más que una lista de pinturas, famosas o desconocidas, con algunos comentarios a propósito de ellas, frases y descripciones más o menos acertadas y oportunas, unas penetrantes y otras solamente ocurrentes sobre su supuesto significado o sentido. Las recogías de cualquier parte, de libros, de revistas, algunas eran mías y muchas otras tuyas. Decías que eran visiones del fin del mundo, costuras en eso que Albert llamaba “la grieta solar”. Yo me quedaba sorprendida al escucharte porque me daba cuenta que ese final no se hallaba únicamente en el fin del tiempo, también lo podíamos encontrar en cualquier esquina, es un horizonte tan cercano como lo son una caricia o un beso o un simple muro de piedra y yeso, fácil de derribar.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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9H
-“Permíteme, amiga mía, que te cuente un secreto de mis últimos días y que ya está habitando mis sueños como si de ellos hubiera nacido para vivir conmigo el amanecer, la tarde y el crepúsculo entero hasta el alba de la mañana siguiente. Desde hace dos meses, cada noche, cuando cierro mi tienda y regreso a casa pasadas las diez, me espera un ángel en la última esquina. No hay mejor manera de describir su aspecto que llamarla así, aunque su sexo sea el de una mujer es un ángel y quizás también un querubín. Es delgada, bella y estilizada, también muy guapa y tan joven que a penas ha traspasado el umbral de la pubertad. Es una rubia de cabellos largos y lacios, de sonrisa y rostro inocente, de ojos grandes y grises y pestañas enormes. Parece dulce y azucarada, suave y tierna, puro terciopelo eslavo de piel clara, es un animal de estepa o quizás una acuarela marinera, es una mujer con aspecto de niña. Es una prostituta callejera que vende más su vista que su cuerpo frágil, inofensivo y apacible. Ya no la miro, no puedo resistir su mirada, ella sabe que no seré jamás su cliente, que nunca pagaré por su tiempo ni por su carne, pero cada vez que mis ojos encuentran a los suyos me mortifica con su sonrisa astuta que me acompaña hasta mi cama y mi noche, sola y coja, conmigo se encaman hasta que el sueño y el cansancio, la soledad y el miedo cierran mis ojos como algún día deberá cerrarlos alguna enfermera cualquiera, sin mirarme ni saber mi nombre ni quien yo era.
¿Quién es, me preguntas?, ya te lo he dicho, te repito que es un ángel, una prostituta, de las tres era la tercera, ¿recuerdas?” (El hilo. Cartas a una amiga.)



sábado, 3 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (8)


31 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

8. La belleza y la República.

Hegel tal vez desconocía que el mal se sirve asimismo de la verdad igual que lo hace de la belleza, o que quizás la eterna y universal controversia entre el bien y el mal no sea más que una disputa sobre el bien. Camus así lo insinúa cuando nos habla de Zeus y Prometeo y compara su querella con un simple arreglo de cuentas particular. Ésa fue también la razón que llevó a Aquiles hasta las murallas de Troya, un asunto privado, no político.

¿Es el arte un asunto privado? En realidad siempre lo es aunque parezca que nunca lo ha sido porque cuando lo consigue es repudiado y expulsado del ámbito social, ese círculo que se abre y se cierra alrededor del fuego sagrado. Todo poder político recela del arte.

En la República de Platón no había artistas y el mundo moderno que se inicia con la Reforma puritana que encabeza Lutero elige decididamente la moral frente a la belleza como si la una y la otra estuvieran enfrentadas. 

Camus nos lo recuerda con su siempre clarividente, valiente y acertada visión al señalar que para Calvino, Rousseau y Marx la belleza ha de ser vivida, no puede ser imaginada, de “imaginare”, crear imágenes o representaciones de cosas o personas reales o irreales. Así, el hombre nuevo que todos ellos quieren alumbrar en sus ideologías y religiones, ya no será hijo del pasado ni tampoco de sus padres, ya no serán suyos aquellos sueños ni podrá ver con su mirada. Con él termina la historia y nace el presente.

Para ese recién nacido nada significa el ayer excepto ser la razón de su revuelta moral y el peso de su mala conciencia que nunca lo abandonará como si fuera una maldición a su propia especie.
Belleza y verdad no están contrapuestas, pero el deber sí se opone a la primera y casi siempre a la segunda. 

Todas casan mal, belleza, verdad y deber, las tres no pueden servir juntas a la comunidad porque cuando lo hacen paren monstruos en forma de conveniencia, gregarismo, mimetismo, razón de Estado y crimen, corderos o lobos tras una bandera. El resultado es una forma más sutil y dañina de esclavitud y ceguera, la estupidez.

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8M
-“De ti he conocido a tres hombres, el de antes, el de después de convertirme yo en la amante y la secretaria de Antonio T. y el de ahora, que hace años que no veo. Debería haber supuesto que tu tristeza eran los celos o simplemente algo muy sencillo y evidente, que me amabas, pero nunca tuve la certeza del todo. Cuando pagas para que te quieran, y ya sabes que hay muchas maneras de hacerlo, siempre sospechas de los demás, en ellos ves tu pecado que ha sido el de los dos. Sin embargo, la memoria es caprichosa y si bien es nuestra única referencia verdadera también te miente y te engaña aunque lo haga para no dañarnos y permitirnos sobrevivir. Para serte sincera no estoy segura de nada, los detalles y las pinceladas se me escapan y vuelan huyendo como pájaros de su jaula. Estoy asustada y estoy sola, Víctor, y recuerdo con miedo la tela blanca de mi lienzo como si fuera una mortaja, así, más o menos, la llamabas tú cuando me cantabas los últimos versos de una canción de Joan Verges i Toti Soler. (La madeja. Cartas a un amigo.)

“Amiga de la mort,
camí de vela blanca,
la llum del nostre amor
és una flor que es tanca”.

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8H
-“Ya sé, ya lo sé, Verónica, que Wittgenstein empezó su “Tractatus Logico-Philosophicus” afirmando que “el mundo es lo que hace al caso” y también sé que lo terminaba concluyendo que “todo aquello que puede decirse, se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no podemos hablar, mejor es guardar silencio”. Fui yo quién te habló de él cuando me dejaste que lo hiciera simulando que no sabías quién era. Me engañaste, habías leído toda su obra y escrito unas buenas reseñas sobre ella en la Universidad, pero disimulabas y dejabas que yo te hablará con aire de hombre importante y sabio cuando en realidad nada sabía y nada sé. Yo quería impresionarte y seducirte con mi charlatanería de filósofo barato y tal vez lo conseguí con otra virtud que todavía no he llegado a saber cuál fue. Al descubrir tu mentira te reíste y me besaste y no paraste de besarme hasta el día de hoy que sigues pegada a mis labios como si mis pulmones fueran los tuyos. Por eso inventamos el arte y la poesía, te dije, gracias a ella decimos la verdad, que es la mejor manera de mantenerse callado aparte de los besos, claro está, de esos besos que se dan y se reciben al mismo tiempo.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

viernes, 2 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (7)

28 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

7. El Arte y la montaña.

¿Es entonces el arte una goma elástica o es un vestido a medida? ¿Debe tener un objetivo?, ¿una tarea?, ¿ha de explicarnos algo importante?, ¿mostrarnos la belleza cambiante?, ¿señalarnos la diferencia siempre dudosa entre el bien y el mal? 

¿O tal vez el arte es la verdad indecible? ¿Es cierto, tal y como afirma Mikel Dufrenne, que “la montaña no se convierte verdaderamente en montaña más que en la montaña pintada”?
¿El arte es la forma libre?, ¿es un símbolo mudo?, ¿es un signo abstracto y vacío? ¿El arte es solamente psicología?, ¿una especie de grafología? ¿Es una mera opinión, que, como las narices, todos tenemos una? 

¿Todo vale?
¿Es el arte una llave?, ¿la última o la primera?, ¿qué ventana abre?, ¿qué puerta cierra?, ¿libera el corazón de la tiniebla o lo sume en ella como le ocurrió a Marlow cuando encontró a Kurtz?
¿Cómo triunfa el bien?, ¿por sí solo?, ¿por qué sí?, ¿necesita la ayuda del arte? 

Hegel afirmaba que el arte debe conseguir que la belleza sea verdadera logrando que la verdad sea bella. Pero la verdad no siempre lo es. El poder del mal es grande y su forma en la forma se manifiesta con todo su esplendor y magnificencia. El mal parece ser sólo forma aunque la forma no es, sin duda, el mal. Entonces ¿el arte oculta o revela? ¿El arte es un espejo moral?

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7H
-“Recuerda, amiga mía, que no hay mejor mentira que la misma verdad. ¿Por qué?, porque la verdad es increíble, si no no lo sería, y sólo sería, como me confesó Eva un día, pura complacencia. Igual que al rostro de Dios, que contiene todos los demás, a la verdad tampoco podemos mirarla de frente, es indecible, no puede ser dicha porque nadie es capaz de reconocer la Vera Faz,”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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7M
-“No fui honesta ni conmigo misma, pero es evidente que mi relación con él me abrió muchas puertas y me facilitó la carrera que he ido haciendo a lo largo de todos estos años. De mí le gustó, tanto como le interesó, que fuera la nieta de un viejo y famoso ilustrador, cartelista y grafista de los años de la República y que hablaba perfectamente el francés, ya sabes que me crié en Perpignan. Nuestro profesor se pasaba una tercera parte del año en París y yo lo tenté al decirle que en casa guardábamos buena parte de la obra original de mi abuelo entre las que había unas cuantas pinturas de calidad. Al oírme empezó a mirarme de otra manera.

jueves, 1 de julio de 2010

El peletero/La aguja del pajar (6)


26 Mayo 2010

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.
6. El Arte y el aire.

Imitamos, siempre imitamos, aunque sea “l’air du temps”, no podemos evitar ser hijos de nuestro tiempo aunque lo rechacemos y reneguemos de él. 

Resiguiendo a Hegel sabemos que el espíritu de una época influye en los productos artísticos y en sus artífices, y también en las demás personas que lo disfrutan o lo sufren. Nadie ni nada puede escaparse al tiempo que le ha tocado vivir, su sombra lo impregna todo y a todos nos modula y nos da parte de nuestra forma. Así pues, es una evidencia reiterada afirmar que el arte es también un hecho social al manifestarse y emerger en una familia de seres humanos, sus obradores, personas únicas, y aunque no siempre independientes ni autónomas, ni tampoco emancipadas ni libres, sí iguales, dignas y diferentes.

El arte parece ser un camino de doble vía, muda y se transforma según el momento porque cambia quien lo hace y también quien lo mira. Sin embargo, y para ser más precisos, el arte, como cualquier otro artefacto, permanece, y al hacerlo es también como una corriente, como un río, siempre igual y al mismo tiempo diferente. Con todo, cualquiera nos habla de los bañistas, de los peces que en él viven y que anhela pescar e incluso de los meandros y saltos de agua, pero nadie nunca nos habla del río.

“Todas las formas son semejantes, y ninguna es igual a las otras. Si bien su coro guía hacia una ley oculta”. Goethe. Citado por Claude Lévi-Strauss en su “Elogio de la Antropología”.

Esa ley oculta es el arte.

Sabemos de los artistas que ya fallecieron, conocemos sus vidas, sus obras y su momento sin explicarnos que su mano y sus pinceles, su arpa y su pluma, viajan en una barquita dejándose ir por el curso del río, porque en realidad no cambia el autor, que termina por morir y ser enterrado, y sí el espectador que siempre es otro y nunca el mismo.

La obra permanece, da igual que fuera Miguel Ángel el pintor, la Capilla Sixtina la sigo contemplando yo, y después de mí lo hará mi hija.

¿Es el espectador también su autor?

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6H
-“Querida Verónica, te advierto cariñosamente que no deberías leer tanto a Ortega, sus reflexiones sobre el amor y las mujeres parecen en ocasiones más una venganza que una especulación sincera y desapasionada. Me respondes sarcástica afirmando que siempre hay una buena razón para vengarse de una mujer. ¿Así lo afirmas, tú, querida mía, que también lo eres?, te pregunto, y me contestas que sí, que tú también eres una venganza.”

“Era Mona Lisa una criatura satánica, hermana de la serpiente, que a su vez fue hermana de Eva; operaba en forma de tentación. Pero al enseñar a cada hombre lo absurdo de su limitación, al mostrarle que el universo es más comprensivo que su oficio, que su sistema, que su temperamento, que su pueblo, realizaba una influencia socializadora incitando a cada cual a desear a ser el prójimo. El descontento es la emoción idealista, nos arroja de nuestro círculo de realidad”, “La Gioconda” Ortega y Gasset. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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6M
-“Siempre me reprochaste en silencio mi relación con Antonio T., nuestro profesor. Aunque te enfadaste conmigo cuando se inició luego callaste, pero nunca pudiste ocultar tu tristeza y la decepción que sentiste por mí. No te lo reprocho, ya sé que mi “asalto” a su fortaleza la efectué con poco estilo, no fue nada elegante ni discreta, es verdad, parecía una vulgar “groopie” en celo ofreciéndose a su héroe, al cantante de moda. En aquellos momentos llegué a contar hasta seis las alumnas que como yo lo esperábamos al salir de clase; más tarde supe también que unas cuantas lo llamaban por teléfono invitándole a cualquier cosa; si alguna se cansaba de insistir aparecían siempre otras en su lugar. Él siempre iba picoteando a pesar de estar bien casado con una mujer excelente.” (La madeja. Cartas a un amigo.)