miércoles, 9 de febrero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (93)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

93. El afuera y el adentro.

Una clasificación pictórica convencional y convenida establece un contraste y una diferencia notoria entre interior y exterior, una distinción obvia a la que nos hemos referido en un capítulo anterior.

Interior son las casas, los palacios y la gente que vive en ellas y su quehacer cotidiano. Exterior es la ciudad donde viven sus habitantes, convertidos ya -en pleno siglo XVII y en algunos escasos lugares de Europa- en ciudadanos. 

Interior era entonces el alma y ahora lo son los sentimientos. 

Exterior es el campo que se cultiva y donde pasta el ganado, el mar por donde navegan los barcos y de donde llegan las noticias y los bienes de lugares remotos. 

Interior es la tierra, pequeña y chica, y exterior es el cielo, siempre inmenso.

Se supone que la afirmación del humanismo que propicia la Reforma luterana y el advenimiento de la burguesía y su nueva moral permiten establecer ese linde, esa diferencia básica al inventar el concepto social de lo privado y lo público. 

Sin embargo, y a contracorriente de la versión oficial que acabamos de exponer, nosotros nos empeñamos en creer que toda la pintura, y con ella la holandesa de una manera magistral, adquiere su personalidad básica en la representación de un mundo completo en el que desaparece, paradójica y contrariamente a lo dicho, la frontera del “afuera” y del “adentro”. 

¿Por qué?, porque la pintura es un mundo secreto del que sólo se nos muestra un pobre boceto.
Ella talla los ojos que la miran como si fueran un diamante en bruto, el ladrido de un perro andaluz o una hoja de afeitar cualquiera, en cada pintura la montaña que nos cobija se hunde irremediablemente aplastando la cueva que habitamos, lo visible, y todo lo que no lo es, se confunden como cuando nos vestimos o nos desnudamos.

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93M
-“El ministro, querido Víctor, me dio un hijo que nunca viene a verme, en cambio, cuando quise casarme con el enorme Hans, el sobrino de mi casero, no logré que germinara en mí nada de provecho. Por cierto, no era de Islandia, era ministro de Groenlandia, aquella isla que se hunde a causa del enorme peso de su hielo que la aplasta como un beso... en plena mejilla, pronto colapsará como si fuera un agujero negro de tan blanca que es, o quizás llegue a tiempo el deseado cambio climático y crezcan en ella palmeras y a los hombres rubios se les ennegrezca algo la piel. Creo que fui una buena espía, a ti te confundí.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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93H
-“Creo que nos confundimos los dos, querida mía, yo siempre pensé que eras otra, estaba convencido de ello, veía en ti a la novia o a la hermana de algún artista antiguo. 

Tú también cometías el mismo error, con tu realismo duro y hueco, me tomabas por otro, por algún pintor del siglo XVI o XVIII. Querías ser mi modelo, decías, vestida o desnuda posabas para mis ojos que, pobre de mí, te miraba, pero no te veía.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

lunes, 7 de febrero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (92)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

92. Felipe Próspero.

Es indudable que son dos situaciones incomparables y que un rápido y fácil cotejo entre ambas decantaría nuestro juicio a favor de Théo, pero la Historia guarda sus secretos que ni nosotros ni nadie somos capaces de desvelar. Por ello queremos pensar que cada uno, Velázquez y Vincent, Théo y Felipe, cumplió perfectamente con su papel y que ninguno de los cuatro hubiera sido lo que fue sin el otro. 

¿Exagero con Felipe? No lo sé. Felipe y Diego no fueron amigos jamás. El Rey no acudió a verle en su lecho, se abstuvo de ir a consolar a su pintor y aposentador, mientras agonizaba. Le envió, eso sí, a sus médicos y a Alonso Pérez de Guzmán el Bueno para que le asistiera religiosamente, pero él, el monarca, no fue a ver al que le retrató en innumerables ocasiones y al hombre que ejecutó una de sus obras maestras, la que el artista sevillano pintó en la figura del hijo de su Rey, el Príncipe Felipe Próspero.
“El Infante Felipe Próspero, hijo de Felipe IV y de Mariana de Austria, tenía que ser Rey.
Nació el 28 de noviembre de 1657 y murió el 1 de noviembre de 1661. Apenas cuatro años de vida, enfermo de epilepsia. Velázquez lo retrató en 1659, cuando sólo tenía dos. Fue uno de sus últimos trabajos, por no decir el último. No sobrevivió a su joven modelo, el pintor murió el 6 de agosto de 1660.

Felipe IV tuvo once hijos, uno murió de joven y ocho en la misma infancia. Sólo dos llegaron a adultos. Uno de ellos fue el futuro Rey de España, Carlos II, nacido pocos días más tarde de la muerte de su hermano Felipe Próspero.

Unos meses después del alumbramiento de este hijo que tenía que ser próspero, el 4 de marzo de 1658 y para celebrar tal acontecimiento, se estrena en el Palacio de la Zarzuela, “El laurel de Apolo”, primera parte de “El golfo de las sirenas”, obra teatral y musical -una zarzuela- de Calderón, inspirada en la “Odisea” de Homero. Estas primeras zarzuelas eran puro divertimento, no pretendían ser otra cosa que un alegre pasatiempo. Y con ese espíritu triunfal que otorga el “laurel”, símbolo de la Victoria, se daba la bienvenida a un futuro Rey.

Velázquez no esperó al futuro para retratar al niño. Con su delantal blanco repleto de amuletos para alejar las enfermedades y el mal de ojo. Con su corto pelo rubio, con su mano derecha apoyada en el respaldo de una silla. Con su vestido principesco de tonos rojos y con la sola compañía de un perro de mirada melancólica, Velázquez pinta la ternura y el desamparo que el tiempo nos regala, en la figura de un niño que como él, pronto morirá.” (“El peletero velazquiano”, El peletero)

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92M
-“Querido Víctor, ya sabes que yo era un espía doble, por eso me acostaba contigo y con nuestro profesor, todos estábamos al corriente y nadie nunca llegó a saber a quién realmente amaba. ¿A nadie en verdad?, no, yo te amaba a ti con todo mi corazón, pero nunca me creíste, éste fue tu gran error, nos inventaste a los dos.” (La madeja. Cartas a un amigo.)



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92H
-“Es cierto, amiga mía, yo me inventé a Víctor y a su amiga Verónica. Pero tú también cometiste un error pensando que eras ella, una mujer del siglo XXV o XXVI, fotógrafa y a la que enamoraban el poder y los hombres que lo sustentaban. Después de Antonio T. hubo otros, todos cortados por el mismo patrón, el director de un museo, el dueño de la más importante editorial del país. Incluso te casaste con uno que llegó a ser ministro de la empobrecida República de Islandia. ¿Qué ministraba?, ¿géiseres o páramos sin árboles?” (El hilo. Cartas a una amiga.)


viernes, 4 de febrero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (91)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

91. Felipe y Diego.

"Señor mío, holgaré mucho halle ésta a V(uestra) m(erced) con la buena salud que le deseo, y asimismo a mi Sra. Doña María. Io, Sr. Llegué a esta Corte sábado a el amanecer 26 de junio, cansado de caminar de noche y trabajar de día, pero con salud y, gracias a Dios, hallé mi casa con ella. S(u) M(ajestad) llegó el mismo día y la Reyna le salió a recevir a la Casa del Campo, y desde allí fueron a Nª Sra. De Atocha. La Reyna está muy linda y el príncipe Nº Sr. El miércoles pasado hubo toros en la Plaza Mayor, pero sin Cavalleros, con que fue una fiesta simple y nos acordamos de la de Valladolid. V.m. me avise de su salud y de la de mi Sra. Doña María y me mande con que le sirva, que siempre me tendrá muy sio. A el amigo Tomás de Peñas dé V.m. de mi parte muchos recados, que como io andube tan ocupado y me bine tan de prisa no le pude Ver, por acasso ay cosa de que poder abisar a V.m. sino que Dios me le g(uarde)de muchos años como desseo.

M(adrid)d y Jullio 3 de 1660, de V.m. q(ue) s(u) m(ano) b(esa) Diego de Silva Velázquez."

(Diego de Silva Velázquez, Carta a Diego Valentín Díaz. Madrid, 3 de julio de 1660)

¿Por qué no escribió Velázquez? La pregunta es fácil de responder, porque no disfrutó la suerte de Van Gogh de tener un hermano como Théo. 

Sin embargo, Velázquez tuvo un Rey, Felipe IV. Vincent no. 

Su Rey dictó un día:

“He visto vuestra carta de 6 de Noviembre del año pasado en que me dais cuenta de lo que iva obrando Velázquez en lo que tiene a su cuidado, y, pues conocéis su flema, es bien procuréis no la execute en la detención en esa corte sino que adelante la conclusión de la obra y su partencia cuando fuera posible, y de manera que para últimos de Mayo o principios de Junio pueda Hazer su pasage a estor reynos, como se lo embío a mandar si estuviese con disposición dello la obra, y así (os) lo encargo y que en orden a esto le asistáis cuando fuere posible, que para mayor facilidad dello embío a mandar al Conde de Oñate le asista con el dinero que le hubiese dejado de enviar, según lo que necesitare, porque no tenga excusa ni pretesto que pueda obligarle a diferirlo y porque juntamente le he mandado que haga venir a esta corte a Pedro de Cortona, pintor del fresco, y que para ajustar la forma en que esto huviere de ser, se valga de nuestra autoridad. Os encargo asimismo que, saviendo el estado en que asentado el que venga a servirme, pues también embío a mandar al Conde de Oñate asista con lo que para esto fuere menester, solicitéis el que tenga efecto, por la falta que hai aquí de personas de su ministerio; y porque uno y otro han de hazer su viaje por la mar, dispondréis también la forma en que huvieren de hacer su pasaje, porque a Velázquez embío a mandar no lo haga por tierra, por lo que él se podría detener, y más con su natural, y assí convendrá que con este presupuesto esté entendiendo, os he encargado habéis de disponer su partencia, y que en orden a ello han de hallar en vos la asistencia que fuese necesaria para su cumplimiento, como me prometo de la atención con que obráis en lo que corre por vuestro cuidado." 

Felipe IV, Carta al Duque del Infantado, embajador de España en Roma. Madrid, Febrero de 1650.

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91H
-“Me gusta su aspecto, le respondió el hombre invisible, demuestra que no le importa la opinión de los demás. Pero a todos nos concierne el sentir de los que nos rodean, incluso mucho más que el nuestro y el que tenemos de nosotros mismos. ¿Qué pensamos de Felipe Próspero y de Velázquez que lo pintó? (El hilo. Cartas a una amiga.)

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91M
-“No tengo ni idea, sólo me cabe suponer que si los dos hubieran sido hermanos, Próspero y Diego, querido Víctor, tal vez como lo fueron Vincent y Theo, o como lo son A. y X., no encajarían en los parámetros gregarios. Serían unos bohemios de orden, honrados, educados, amables y algo vehementes, unos dandys nada despistados, pero que despistarían mucho, estetas, un poco cultos y sabios, descreídos y melancólicos aunque con mucha ilusión adolescente, pero inevitablemente cínica, o tal vez tierna, más tierna que la de un teenager que sólo sabe de emociones y de nada más. No querrían jubilarse ni oír hablar de la tercera edad. Formarían parte de la generación “U” (Unretired) de la que ya se empieza a hablar, minoritaria todavía. Serían como siempre han sido, unos pioneros, alguien fuera de lo común”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

miércoles, 2 de febrero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (90)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

90. Vincent, Theo y los meteoros.

Van Gogh es la necesidad permanente de aprender y buscar. ¿Buscar alguna verdad?, sí, una de las más arduas de encontrar, el color de las cosas, el azul en las naranjas, el gris en la nieve, la nieve en el sol y el sol en los caminos que llevan al verano, y al mismo verano también en esa extraña luz zodiacal que emana de la tierra oscura y helada del invierno cada mañana, al despuntar el día y al caer la noche. 

General, y paradójicamente, el mal y el dolor son soportables para los humanos, con ellos se convive y se sobrevive como mejor se sabe. Sin embargo, el bien es raramente llevadero porque dibuja frente a nosotros un paraje apenas hollado y un paisaje jamás imaginado y del que no tenemos nunca mapas ni referentes fiables. El bien no es un lugar fácilmente habitable. Sus dones no son un regalo que podamos disfrutar. El bien siempre nos interpela y nos reta y también nos derrota a la marinera manera, nos marca el rumbo y la dirección que debemos llevar. Frente al mal, en cambio, nos hendimos y nos rendimos. En su indiferencia nos resguardamos buscando una paz anestésica que nos sosiegue, apacigüe y adormezca... que ahuyente al miedo.

Pero, y a pesar de lo dicho, el bien no es lo contrario del mal ni uno es la ausencia del otro, el bien es Vincent Van Gogh y su hermano Théo, el bien es la relación que ambos mantuvieron fuera de cualquier convencionalismo y lejos de la banalidad del amor romántico y erótico. Las presentes lecciones de pintura parecen mera luz mortecina al leer la correspondencia que los dos mantuvieron a lo largo de los años. En ella se encuentra toda la sabiduría del mirar y la maravilla de lo visto. Como muchos otros, Vincent escribe también sobre su propia experiencia, su obra y las pinturas de los demás, pero ninguno como él consigue escribir con la claridad, la precisión, la exactitud y la sencillez necesarias para hablarnos del bien, del real, del bien encarnado.

Su vida estuvo poblada de meteoros que aparecen por todas direcciones. Vincent lo quiere todo y nos lo cuenta, como si no quisiera nada, en sus pinturas y en sus cartas. 

Todo lo contrario de Velázquez que no escribió nada fuera de obligadas epístolas protocolarias y cuentas de sus gastos. 

¿Por qué no escribió Velázquez?

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90M
-“¿Qué ves en el retrato de Pablo de Valladolid? 

Veo solamente un retrato, nada más, un retrato de Pablo de Valladolid, lo veo a él y el artificio de pintarlo, veo a la pintura y a la persona. 

¿Cómo en cualquier otro retrato? 

No, en ése veo la distancia, la falta de suelo y la falta de “ilusión”, veo el frío, el truco, la trampa y el milagro al mismo tiempo. 

¿Qué distancia? 

La que hay y siempre habrá entre él y yo, la que había entre el modelo y el pintor, universos enteros y la luz en la sombra de sus pies.

¿De qué milagro me hablas?” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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90H
-“¿Te has fijado que Velázquez es el pintor que mejor pinta el negro?
 
¿El negro se puede pintar o dejar de hacerlo?
 
Él lo pintaba, así que deduzco que se puede y se debe pintar el ojo y también el negro.”
 
¿De qué ojo me hablas?” (El hilo. Cartas a una amiga.)

lunes, 31 de enero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (89)

Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.
 
89. Vincent (II)

La poesía de Vincent Van Gogh se halla en su trabajo cotidiano, en el coraje que llena cada día de su vida. ¿Cómo debo pintar una figura?, ¿qué color tiene el trigo alto?, ¿dónde termina la línea del dibujo y empieza la pincelada? 

Su verdad la encontramos en ese esfuerzo permanente y constante por pintar, aprender y aprehender. Formas, sombras y colores, el mundo entero, cosas, personas y animales, todo cabe en sus ojos, lomas, cielos y casas, cada rincón merece ser mirado, habitaciones y caminos, mesas y jarrones, crepúsculos, amaneceres y noches estrelladas. 

Flores, árboles, amigos y vecinos, nubes y soles.

Vincent aprende y su aprendizaje, que no cesa ni decae nunca, nos enseña a todos.
Sus lecciones están en su propia vida y, sin duda, en sus obras, escritas y pintadas, en sus cartas a Théo, el mejor nombre para un hermano. Con él a su lado no necesitaba a Dios, ni él ni Théo, ninguno de los dos.

Vincent Van Gogh fue un hombre bañado y ungido por el bien. En él encontramos una de sus múltiples y variadas encarnaciones, una figura humilde y encendida. Su suicidio, su incapacidad honesta para aportar pan a su casa, para tener esposa, para formar su propia familia, para conseguir dinero y ser autosuficiente. También la dependencia vital y económica de su hermano, la búsqueda sin descanso del color y la forma, de la luz y de las figuras como si fueran una parte de sí mismo, extraviada y perdida, lo convierten en un bendito, en un hermano de Jesús, en uno de los ruiseñores que Atticus Finch nos advierte que no debemos matar. Sin embargo, “Bendito de Dios” en ningún caso significa ser un inocente, un ingenuo o un cándido, Vincent no lo fue, siempre supo cuál es la diferencia entre el bien y el mal, su obra, la pintada y la escrita, son la prueba.
¿Qué nos enseñó Van Gogh?

La respuesta la han dado muchos, entre ellos Hugo von Hofmannsthal:

“Me sentí como asaltado por el milagro increíble de su fuerte y violenta existencia... Cada árbol, cada franja de tierra amarilla o verduzca, cada seto vivo, cada camino excavado en la colina pedregosa, la jarra de estaño, la escudilla en la tierra, la mesa, la butaca rústica, era un ser recién nacido que se alza ante mí, saliendo del espantoso caos de la no-vida, del abismo del no-ser y yo sentía, no, yo sabía que cada una de estas criaturas había nacido de una duda horrible que desesperaba del mundo entero, que su existencia era testigo eterno del odioso abismo de la nada... Yo sentía por doquiera el alma de aquél que había hecho todo eso, quién por esta visión se daba una respuesta para liberarse del espasmo mortal de una duda espantosa”. (Hugo von Hofmannsthal, carta del 26 de mayo de 1901 en “Escritos en prosa”)

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89M
-“¿No quieres hablar de “Las Meninas”? ¿Por qué? Me da igual, yo prefiero hablar de Pollok o de ti, es mucho más sencillo. 

¿Y del “Jardín de la Villa Médicis”? ¿Tampoco quieres hablar de él?, es un cuadro de muy poco tamaño, es pequeño. ¿El tamaño es importante? Es imposible pintar en tan poco espacio el mejor paisaje de la historia. Pero él lo hizo. ¿Qué sucedió este verano pasado en El Prado?” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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89H
-“¿Qué por qué no quiero hablar de Velázquez?, ¿qué por qué no quiero contarte qué sucedió en el Prado este verano? 

Un año antes, en una playa de la Barceloneta, unos japoneses adolescentes, me pidieron que les hiciese una fotografía, tras ellos, a unos cincuenta metros y cerca del agua, había unos monstruos mecánicos del Ayuntamiento, llenos de luces intermitentes, rojas y amarillas, que, con gran estruendo, limpiaban la arena levantando mucho polvo.

Era de noche y era muy tarde también, en el cielo planeaban aeroplanos por encima del mar como si fueran “demoiselles”, y un amigo del alma me hablaba de los amores platónicos de su esposa con otros hombres.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

viernes, 28 de enero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (88)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

88. Vincent (I)

Para pintar hay que saber primero usar los colores con acierto y decisión, con valentía, y sin perder nunca de vista, valga la expresión, el sentido común. Vincent Van Gogh es la otra cara de Velázquez y un apasionado experto en colores. Sus descripciones son casi tan excelentes como sus telas, verdaderos tratados de poesía y pintura escritas a un hermano.

En sus “Cartas a Theo”, Vincent Van Gogh nos cuenta que: “En mi cuadro Café nocturno, he tratado de expresar que el café es un sitio donde uno puede arruinarse, volverse loco, cometer crímenes. En fin, he tratado por los contrastes del rosa tierno y del rojo sangre y el borra de vino, del suave verde Luis XV y Veronés, contrastando con los verdes amarillos y los verdes azules duros, todo esto en una atmósfera de hornaza infernal, de azufre pálido, de expresar algo así como la potencia de las tinieblas de un matadero”

No hay nada más hermoso en la Creación que los nombres de los colores, y Van Gogh lo sabía.
Vincent estuvo, por carácter y formación, predispuesto al retrato de la realidad llana y clara, por ello, y al ser también desde otra esquina tan sincero como Velázquez, sus pinturas nos sorprenden al parecernos alucinadas como una antorcha en plena noche de verano, una descripción cromática de un mundo prendido en la luz de Dios y, en ocasiones, del diablo, Lucífero, “el portador de la luz”.

Él fue heredero de una de las más importantes tradiciones pictóricas, la del amarillo de las tierras bajas de las “Provincias del Norte” que representan, con la Venecia acristalada, la mejor luz que se pueda pintar; es esa radiación rasante, horizontal, que el holandés recoloca entre las nubes cuando viaja al Mediterráneo francés, y a esa Provenza que casi es una Arcadia terrenal.

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88M
En el café de Pierre Loti te lustraron los zapatos en un rojo arcilla y yo me quedé azul, sentada, desnuda y espantada. No abrí la boca ni para decirte hola en aquella vetusta habitación de hotel que todavía me retiene pegada a la silla en la que me senté. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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88H
-“Del techo del Pere Palace se desprendió la lámpara de mil lágrimas que nos iluminaba, me cayó encima como si la misma cama se me tragara.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 26 de enero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (87)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.
 
87. Velázquez

Desde que el primer ser humano dibujó en la arena hasta hoy, que ya pisamos el polvo gris de la Luna, se ha redicho, una y mil veces, el dilema poético del espejo que Velázquez, el artista más frío, silencioso y distante que ha existido, pintó en “Las Meninas”.

¿Cuál es ese dilema poético? 

El dilema somos nosotros mismos cuando nos miramos como si fuéramos otro, es la integración del objeto y el sujeto en la misma mirada. 

El punto básico de fusión y de escisión del ser humano.

¿Dónde se halla el mérito del pintor sevillano? 

Se encuentra en pintarlo en un lienzo que al mirarlo nos vemos como si estuviéramos viéndonos en un espejo no siéndolo. El espejo está enfrente y a nuestra espalda a la vez, estamos dentro del cuadro sin llegar a ser ello ningún efecto óptico.

¿No es una respuesta innecesaria a un falso dilema? 

No lo es porque es la contra-cueva de Platón. En la de Velázquez la luz y la sombra son lo mismo, ambas emanan y las causan la misma cosa, nosotros, los espectadores. Ella, su pintura, es simultáneamente una cámara obscura y una linterna mágica. Estamos dentro de las Meninas sin estarlo. 

Las repercusiones ontológicas de todo ello son evidentes y trascendentes al dar desde la pintura una solución realista y materialista al “ontos”, alejada del idealismo y del dualismo platónico y religioso, mente-cerebro, que desencarnaba al ser. 

Velázquez dijo pintando que todo está fuera del espejo aunque para verlo debamos mirar a su través y verlo todo al revés.

La memoria es nuestro espejo y el olvido es lo que Alicia halló en su envés, una plancha de zinc poblada por conejos, gatos sonrientes y reinas de corazones, nada más.

La pintura de Velázquez es silenciosa como lo es toda buena pintura y como lo eran también las películas de otro mundo. Mi amiga Verónica siempre afirmaba que el cine de entonces no era mudo, sólo era silencioso y que el silencio necesita otra manera de mostrarse y de ser visto.

La pintura del sevillano y portugués es filosófica, fría y lejana. Sus obras callan y no dicen nada fuera de todo lo que muestran y que sólo es aquello que no ocultan. Todo está a la vista porque...
...solamente podemos pintar aquello que podemos recordar y lo último que olvidamos al morir es lo primero que sentimos al nacer, nuestro propio ser. 

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87M
-“El sexo y el dinero, una cinta métrica y un espejo. Ambos son instrumentos de burdel, me decías, y el sastre debe ir con bata blanca, igual que si fuera un médico o un carnicero. Ella es también un elemento fundamental del juego, todo el mundo sabe que después no hay más ropa, se está desnudo como lo estabas tú debajo de tu bata blanca, querido Víctor”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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87H
-“Querida Verónica, el trabajo de sastre, modisto o peletero, que vienen a ser lo mismo, es una labor no sólo sensual, también lo es moral, tu mirada se hilvana con otras y cose, con las agujas y los dedales, las costuras, los botones y los ojales.

La aguja debe coser, no solamente pinchar. Una que no lleve hilo es un mero instrumento de tortura y no de sutura, aunque también haga manar sangre debe cerrar heridas. El dedal es importante, es un capuchón, un condón que protege algo blando, delicado y sensible, la yema del dedo, destinada a señalar el centro del universo, allí donde nos gusta que nos miren, nuestro corazón palpitante”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

lunes, 24 de enero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (86)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

86. El espejismo.

No es difícil establecer una lista de sinónimos de “ilusión” que incluyan patologías mentales, empezando por “alucinación” y terminando por el antiguo “espejismo”, todas ellas nos hablan del fin de la distancia entre obra y espectador, entre representación y vida, por más que se avise del peligro siempre hay confusión entre los ídolos y la realidad, entre la poesía y la magia.
Siempre se quiere que el arte y la vida sean lo mismo.

El arte moderno también se empeña en abolir la distancia de seguridad que debe separarlas, incluso en muchas obras teatrales se desea fundir en una sola cosa autor y actor, actor y espectador, actor y personaje, abolir el espacio escénico y con él la palabra. Ella desaparece y da paso al gesto y a la mueca. Es un regreso aun mundo primitivo, analfabeto, emocional y visual, lleno de “furas” y de “baus”.

En la Antigüedad Narciso se enamoraba de sí mismo, ¿De sí mismo?, ¿o era a otro al que veía en el reflejo?

Yo creo que era otro porque el amor es como el peso, puedes levantar grandes piedras, pero no puedes levantarte a ti mismo sin un apoyo. ¿Era el espejo del agua ese soporte? ¿El espejo es una palanca? 

Ahora, sin embargo, el pobre Narciso no podría verse porque no vería nada reflejado en ella, el arte contemporáneo parece más lodo que agua. Dibujamos en la arena y en aire y nos hemos olvidado del simple papel, el mejor cristal. 

¿Las “Meninas” son agua, o bien son una plancha de metal bruñido?, ¿qué reflejan?, ¿lo que vemos en ellas sólo es un pintor pintando y unas princesas, sirvientes y reyes paseando?

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86M
-“Estos días están pasando en París los desfiles de alta costura. He hecho algunas buenas fotografías de ellos, te mandaré una pequeña selección, espero que te gusten. Casi nadie vestirá esos vestidos en público, aunque todos los podemos ver y apreciar. Serán vendidos y guardados en armarios llenos de vanidad. Algún día, sus propietarias, muchas árabes, los vestirán en privado y habrá hombres que tendrán la fortuna de contemplar el espectáculo, medio sentados, medio echados, en sofás llenos de almohadones”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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86H
-“No me seas puritana, el buen arte siempre es caro aunque se regale, ya deberías saber que todo lo que tiene que ver con el dinero es literatura, querida Verónica, la riqueza y la pobreza, el póquer y la estafa. Los nuevos y los ricos viejos también lo son, esas sagas de gente que ha sido siempre rica y que no concibe no serlo han nutrido la literatura en todas las épocas, al igual que los pobres y su afán por dejar de serlo y vestir bien. Una de las mejores preguntas que se pueden formular es: ¿cómo se obtiene el dinero? Pero poco podremos saber si alguien la responde porque la gente normalmente miente, lo hace en las cosas sin importancia, son mentiras que tratan de ocultar las que sí son importantes, el dinero, la salud y el sexo. La mentira es la literatura cotidiana, como la meteorología”. (El hilo. Cartas a una amiga.) 

viernes, 21 de enero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (85)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

85. La cámara y la linterna.

El mundo antiguo miraba hacia fuera y el mundo moderno lo hace hacia dentro usando ambos metáforas técnicas opuestas, no sólo entre sí, sino también supuestamente contrarias a su propósito.

Eduardo Subirats nos cuenta la tremenda dimensión de tal paradoja al señalar las diferencias entre la cámara oscura y la linterna mágica. Nos dice: “Técnicamente hablando, la “lucerna magica” es un dispositivo diametralmente opuesto a la “camara obscura”. Ésta define el espacio interior en el que se imprimen las imágenes del mundo exterior. Su principio es reproductivo. La “camara obscura” constituye en este sentido una réplica mecánica del ojo humano. La “lucerna magica”, por el contrario, obedece a un principio proyectivo. El sistema en cuestión arroja hacia un espacio exterior y vacío los “fantasmas” y “simulacros” creados artificialmente en el interior de un sistema de lentes ópticas dotado de una fuente autónoma de luz.” (“Linterna mágica”, Eduardo Subirats)

De todo ello nace la fascinación que ejercen en nosotros las artes proyectivas, el cinematógrafo, la televisión y la imagen digitalizada en la pantalla del ordenador, todas ellas verdaderas ilusiones de una nueva magia que simula, mejor que cualquiera de las anteriores, la realidad. El efecto en los seres humanos es demoledor y casi siempre perverso. La sala oscura del cinematógrafo es la nueva cueva de Platón, al final deberemos darle la razón y proclamar que estamos encadenados y sólo vemos sombras de algo que jamás se nos dará ver.

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85M
-“Querido Víctor, recuerdo perfectamente a mi profesor y a su jilguero enjaulado. Era un hombre muy obeso y descomunal y daba clases de arte medieval, le gustaba la simbología que llenaba todo aquél mundo, joven y antiguo al mismo tiempo, para él todo era un nudo. Nos leía poesía y nos hablaba de amores galantes y no demasiado consumados. Hacía ironía de su enorme y gigantesco tamaño y, quizás por eso, escribió un libro sobre la “invisibilidad” en la que los innumerables protagonistas eran todos fantasmas en una niebla permanente y fría.

Siempre nos recordaba que todo se puede pagar con dinero excepto aquello que solamente has y debes de hacer tú mismo, ese es el límite de la economía, decía”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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85H
-“Ya sabes, querida y amada amiga, que la poesía o es buena o es mala, no hay término medio. Ella no tiene calificativos fuera del sí o del no. Eso es lo que siempre supieron tu profesor obeso, mi tio Gregorio y mi abogado gordo, pero el pubis mal depilado de una de sus damas les hizo dudar como a un par de adolescentes.

Sin embargo, entre su gordura y su sabiduría siempre había un muchacho de extraña delgadez, duro, enjuto y reseco y que parecía no tener nunca frío.

Ni miedo.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 19 de enero de 2011

El peletero/La aguja del pajar (84)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

84. El hambre y la dignidad.

En las listas, sin duda sí, pero en el hambre y la dignidad de un oficio decente y honesto, tal y como nos recordaba el peletero Tapbioles que hemos citado antes, no hay nada surrealista.
“Lo que me mueve hablarte de esta cuestión es que en medio de las dificultades financieras, veo que nada es más seguro que un oficio manual en el sentido literal de trabajo ejecutado con las manos. Si llegaras a ser pintor, una de las cosas que te asombrarían sería que el oficio de pintor, con todo lo que comporta es realmente un trabajo relativamente duro desde el punto de vista físico”. V.V.G.

Y una carta de Tiziano a su Rey, Felipe II.

“Invictísimo y Poderosísimo Rey:

Puesto que, gracias a la singular benevolencia de la Majestad Vuestra, he cobrado finalmente con todo el pago de los dineros de Génova, ahora vengo con ésta a inclinarme humildemente ante ella, y darle esas gracias las mayores que por mi parte se puedan. Y puesto que gracias a ellos quedo en parte desembarazado de algunos de mis trabajos...

Verdad es que he recibido de ese pago doscientos ducados menos que lo que la Majestad Vuestra había ordenado por sus primeras cédulas, no estando especificado en la última que se me debiese pagar tal dinero en tantos escudos de oro, de donde ha sucedido que yo he recibido a razón de ducados. Pero si fuese del agrado de su Clemencia mandar declarar esto, yo tendría el suplemento que me sería de no poco regocijo...”

(Venecia 17, de agosto de 1561)

Dos de Van Gogh

“Lo último que he hecho es un estudio de una avenida de álamos, con sus hojas de otoño amarillas donde el sol formaba, entre las hojas caídas en el suelo, multitud de manchas deslumbrantes que alternaban con las sombras proyectadas por los troncos de los árboles.
Al final del camino hay una casita de labriegos y el cielo azul por arriba, entre las hojas.
Creo que dentro de un año, si lo paso pintando intensamente y sin interrupción, habré cambiado mucho más mi manera y mi color, y lo habré vuelto aún un poco más oscuro”. V.V.G.

“Afuera, está todo muy triste, los campos son una verdadera marga de bloques de tierra negra con un poco de nieve, y a menudo jornadas en las que no hay nada más que bruma y lodo; en la tarde el sol rojo, y en la mañana los cuervos, la hierba desecada y la verdura marchita que se pudren, bosquecillos negros y las ramas de los álamos y de los sauces erizadas, contra un cielo triste, como una masa de alambre de púas. Esto no lo veo más que de pasada, pero está completamente en armonía con los interiores muy sombríos en estas oscuras jornadas de invierno”. V.V.G.

Y por último una de nuestro querido pintor flamenco, Teodoro Van Babel, dirigida a su hermana Silvia

“Estimada Silvia, 

Aquest matí, quan he arribat al taller, he vist que la meva sargantana no s'havia mogut des de ahir, encara que hi havia menys aigua en el seu recipient. He tingut un mal pressentiment. La he tocat amb un paper i no es movia, la he tret de sota la taula i he vist que ja era morta. La he palpat varies vegades i estava immòbil sense reacció de cap classe i amb la llengua a fora.
Primer la he embolicat amb un bocí de paper dins d'una petita capsa de cartró que he llançat a les escombraries. Volia enterrar-la al arbre de davant del taller, però he pensat que seria massa feina i la terra dura. 

La Marta m'ha fet repensar-ho. 

He retornat a les escombraries i, amb aquelles pinces llargues que tinc, he recuperat de nou la capsa. Al taller la he treta a ella  i la he embolicada millor amb un paper negre on he escrit, amb carbonet, negre també, "amb tot el meu amor". 

Amb una espàtula i una cullera he fet un petit sot a la terra de l'arbre on he dipositat l’embolcall amb ella a dins, l'he tapat amb la terra, l'he trepitjada una mica i ja està. 

Ara és enterrada a l'arbre de davant del meu taller, la meva caseta de l’arbre. 

Que en pau descansi. Algun dia retornarà alguna de les seves filles. 

Al teu germà que t’estima, Teodoro. 

La Marta diu que hi plantarà lavanda.”

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(Querida Silvia,

Esta mañana, cuando he llegado al taller, he visto que mi lagartija no se había movido desde ayer a pesar que había menos agua en su recipiente. He tenido un mal presentimiento. La he tocado con un papel y no se movía, la he sacado de debajo de la mesa i he visto que ya estaba muerta. La he palpado varias veces i estaba inmóvil sin reacción de ninguna clase y con la lengua afuera.
Primero la he envuelto con un trozo de papel dentro de una pequeña cajita de cartón que he tirado a la basura. Quería enterrarla en el árbol que hay delante del taller, pero he pensado quesería demasiado trabajo y la tierra dura.

Marta me ha hecho rectificar.

He regresado al montón de basura y, con aquellas pinzas largas que tengo, he recuperado de nuevo la caja. En el taller la he sacado a ella y la he envuelto mejor con un papel negro en el que he escrito, con carboncillo, negro también, “con todo mi corazón”.

Con una espátula y una cuchara he hecho un pequeño hoyo en la tierra del árbol donde he depositado la envoltura con ella dentro, la he tapado con la tierra, la he pisado un poco y ya está.

Ahora está enterrada en el árbol de delante del taller, mi casita del árbol.
Que en paz descanse. Algún día regresará una de sus hijas.

Tu hermano que te quiere, Teodoro.

Marta dice que plantará lavanda.)

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84H
-“Tu viejo profesor, querida Verónica, llegaba cada día a clase con un jilguero dentro de su jaula, lo depositaba en la mesa y empezaba la clase. Era una metáfora del pecado original. Sí, ya sé que dicho así suena fuerte, ¿quién demonios cree esa tontería del pecado original?, ¿por qué habríamos de creerla?”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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84M
-“El pájaro no es obra de los hombres, querido Víctor, pero la jaula sí. El jilguero, aunque muy hermoso, no es arte, la jaula, en cambio, aunque muy fea, sí lo es. Es un constructo humano relacionado con el bien más preciado del ser humano, la libertad, que no la propia vida. Un objeto de esa clase tiene que ser necesariamente artístico. ¿Cuándo liberará al pájaro mi profesor?, ¿cuándo te liberaré?” (La madeja. Cartas a un amigo.)