martes, 14 de junio de 2011

El peletero/Las caricias que gustan a las mujeres


Textos vírgenes o el arte de no decir nada.

Las caricias que gustan a las mujeres. (19)

“¿Qué clase de caricias gustan a las mujeres?

Besos.

- Toneladas de besos es lo que más ansío.

- Muchos besos y mirarnos a los ojos, unir ambas mejillas, Muchas caricias por todo el cuerpo, caderas, espalda, estómago, piernas, vulva, vagina y clítoris. Comunicación verbal.

- Los besos son para mí enormemente importantes. Algunas veces llego a tener orgasmos sólo besando.

- Besos suaves y apasionados, especialmente en mi cuello... ¡Ahhh!

- Me besaría con un buen besador durante horas.

- Me encanta un hombre que sepa besar. También es importante besar sin que después haya que llegar al coito.

- Cuanto mi amante besa de una forma hambrienta mi boca, ojos y todo mi cuerpo... ¡Uau!

- Me gustan los besos, sobre todo cuando entran en contacto las partes carnosas y suaves del interior de los labios.

- Solíamos pasear por el bosque, juntos, charlar, desnudarnos, y contemplarnos simplemente. Algunas veces paseábamos parcial o completamente desnudos. Y nos besábamos y acariciábamos, solía arrodillarme inclinándome sobre él, o me tendía sobre su espalda. Me gustaba contemplar su boca, la forma en que temblaba después de cada beso. La sensación de placer era tan intensa que casi llegaba a cegarme. Solíamos permanecer así, inmóviles, y mirarnos a los ojos durante largo tiempo.

- Una vez mi amante me dijo que deseaba pasar todo un día haciéndome aquellas cosas que yo solía hacer por mí misma, desde el momento que me acostaba. Comenzó por cepillarme los dientes y lavarme la cara, luego me peinó y me vistió. ¡Fue maravilloso! Jamás lo olvidaré en toda mi vida. Fue la más intensa intimidad que tuve con alguien, y todavía estamos juntos. Introdujimos nuestros dedos y lenguas en todos los lugares de nuestros cuerpos e intentamos estar físicamente tan cerca como es posible. Él es maravilloso.

- Mis mejores experiencias fueron sexuales, supongo, experiencias eróticas pero no genitales; en su mayor parte un cambio de miradas, secretas, de comprensión “cósmica”, con las pocas personas que he amado de verdad”.

"El informe Hite", Shere Hite.

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Amor mío, permíteme llamarte todavía así aunque ya no te ame ni seas mía, en realidad no lo fuiste nunca ni yo tampoco quise que lo fueras.

Las presentes líneas sólo quieren ser el beso de despedida que no pude darte en su momento porque nos dijimos adiós por teléfono y el invento de Bell, creo, no se hizo para eso.

Con esta intención debes leerlas, como una mera cortesía aunque ahora, en la distancia de una carta, robe tu mejilla para besarla por última vez.

En esta hoja de papel se encuentra también la caricia y la mirada final que no será diferente de aquella que te entregué la primera noche, la misma que viste en el bosque de velas que iluminaban románticamente nuestra alcoba y que casi terminaron, más que nuestro ardor, por provocar un fuego y una tragedia que ningún seguro contra incendios hubiera podido reparar. Esa mirada, enamorada y aterrorizada, es ya eternamente tuya y de nadie más.

Siempre fuiste directa aunque nunca clara, o al revés, lo he olvidado aunque a mí me ocurría todo lo contrario, tal vez por ello te escribo y por ello también te miraba y al hacerlo me decías que de mi forma de mirarte te enamorabas.

Ya sabes que no se ama lo que no se ve porque únicamente vemos aquello que amamos y yo, la verdad, ya no te amo ni tampoco te veo aunque encabece esta carta con un protocolario y educado, “amor mío”.

¿Qué tengo que decirte pues?, en realidad nada excepto aparentar que tengo algo que decirte y decirte que te miré, pero a estas alturas ya no lo sé, me asaltan las dudas, no recuerdo lo que vi ni mucho menos lo que te dije. Las palabras no sirven, no cumplen su verdadera función que es decir algo, ellas no son la memoria ni se conservan en un frigorífico aunque el papel las congele mejor que el hielo más frío, son mudas como las de una película muda, incluso algunas llegan a ser tartamudas como los besos y las bocas, como las mías, una broca, un taladro romo que no logra atravesar ningún muro. ¿Entonces, por qué te escribo?, ¿para hablar conmigo mismo? ¿Me enamoré de mí a través de ti? Yo creo que sí, como todos. El amor siempre es la consecuencia del peor autoengaño y del más funesto malentendido.

En mi interior habitaba una culpa que pretendía que tu redimieras, era injusta contigo porque la falta no era tuya, te hacía sufrir mi propia penitencia pensando que así el peso sería más liviano, pero terminó aplastándonos a los dos y haciendo imposible nuestro amor.

Ha pasado mucho tiempo desde nuestro adiós, sencillo y escueto, no era necesario nada más quizás porque nunca te quise demasiado. El agua empaña los cristales, pero todavía recuerdo nuestros encuentros apasionados que no servían para otra cosa que para ser lo que eran, simples encuentros apasionados, una brisa cálida en ese oleaje marino que va y viene y que tanto nos gustaba navegar con aquella barquita de papel en la bañera de casa.

Tu orilla la bañaba mi ansia y en cada marejada decías mi nombre. A mí, aparte del tuyo, se me ocurrían muchos más: Ulricas, Carolinas, Segismundas o simples Marías, Teresitas o Martas, inventadas o reales, lagartijas o cibelinas. Pensar no es pecado, pensaba yo que no sabía, mal pensado, los nombres que pensabas tú si es que pensabas alguno. ¿Te fui infiel con el pensamiento? Sí, constantemente, cada día, cada hora, o al menos cada vez que respiraba por la nariz mientras te besaba. ¿Me fuiste infiel tú a mí?, si no lo fuiste deberías haberlo sido y no solamente de pensamiento porque puestos a pecar debemos pecar bien, ¿no te parece?

Estoy sentado en un enorme butacón frente a un televisor estropeado, a mi lado un ventanal cerrado, escribiendo una carta que nunca enviaré porque su remitente, más que su destinataria, ya no existe aunque no haya cambiado ni se haya movido un milímetro desde el día en que nació, ese es mi mal, que no cambio aunque me adapte; a los demás, y a ti, me parece que os ocurre lo contrario, cambiáis, pero nunca os adaptáis del todo porque cuando se muda se huye y cuando se huye no se para de huir.

Amor mío, recuerda lo que siempre te dije, que la vida será muy pronto aún más rara que todo eso.

Regresando al principio de la presente, repitiendo que mis palabras sólo quieren ser un simple beso de despedida y esperando que te encuentres bien de salud y que la felicidad te colme con la generosidad que mereces, recibe ese beso, esa caricia y esa mirada muda llena de silencio y con ellos tres mi ternura, toda aquella que no supe darte y que, desgraciada o afortunadamente, ya no te daré.

"That if all those roses you venture to sip,
The colour might all come away on your lip"
So I'll wait for the wild rose that's waiting for me
Where the mountains of Mourne sweep down to the sea.

(The mountains of Mourne, popular)

Demóstenes.

viernes, 10 de junio de 2011

El peletero/Pimientos rojos

Textos vírgenes o el arte de no decir nada.

Pimientos rojos (18)

La pequeña aldea de Khajuraho es mundialmente conocida por el esplendor de los conjuntos escultóricos de tema erótico que adornan sus templos, ya de por sí interesantes.

No es fácil llegar hasta allí. El avión o el coche de alquiler, solución cara, permiten un fácil acceso, aunque en tiempo de monzones, los servicios aéreos quedan suspendidos ocasionalmente y las carreteras cortadas por ferrocarril, el único medio económico de transporte es el autobús. 

En una palabra; el viaje a Khajuraho exige un cierto esfuerzo pero lo compensa sobradamente la visita de los templos, a pesar de que medio día sea suficiente para efectuarla.

Visitas.

Los templos del Oeste. Situados en el centro de Khajuraho, son lo bastante interesantes y atractivos para recompensar a los visitantes por sus esfuerzos. Además de las famosas esculturas eróticas, existen otros conjuntos extremadamente refinados. En cuanto a los templos propiamente dichos, su arquitectura es notable. Los templos fueron construidos en los siglos XI y XII por la Dinastía Chandella. Se necesitará aproximadamente 3 horas para una visita tranquila.

“India – Nepal”, Khajuraho. Bruno y Michelle Van der Vynckt.

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Amiga Melina,

Me alegra que tu reciente viaje a la India haya sido tan agradable y placentero como me cuentas, sin duda tus descripciones, detallistas y entusiastas, son fidedignas y me hago perfectamente cargo de lo bien que lo debes de haber pasado. ¿Te puedo decir que me habría gustado estar contigo ahora como lo estuve aquel año en el que nos paseamos por el Peloponeso?

Tienes razón, las estatuas de los templos de Khajuraho se parecen mucho a las famosas y antiguas “Estatuas desnudas de Patras”, oficialmente llamadas:τα γυμνά αγάλματα της Πάτρας, sin embargo, las griegas no eran de piedra y sí muy humanas como los actuales pesebres vivientes que en algunas localidades se representan al llegar la Navidad, figuraciones teatrales al aire libre en forma de “cuadros” o “viñetas” vivas que normalmente narran una escena religiosa o histórica.

Pero veo que no recuerdas los detalles que tanto trabajo me costó enseñarte, la clave siempre son ellos, querida mía, los detalles, quizás por ello no escuchabas demasiado, y por una oreja te entraban mis palabras y por la otra te salían trituradas, te aburrían mis clases y pocas veces prestabas atención a las lecciones que para enamorarte te dictaba, pensando, tonto de mí, que el saber seduce y que el ingenio predispone al amor, nada más falso, ¿qué buscabas en mí?, no tengo ni idea, ¿era el más guapo?, ni mucho menos, ¿era el mejor?, tampoco, ni el más rico ni el más simpático ni el más cariñoso ni mentiroso, ¿entonces?, era el que pasaba por allí. Permíteme, no obstante, y ya que lo mencionas, recordarte algunos de esos detalles:

En las estatuillas griegas, que el pueblo llano llamaba curiosamente: κόκκινη πιπεριά, “Pimientos rojos”, unos actores, aficionados y desnudos, simulaban a la vista de todos, y en posturas hieráticas, las innumerables y diferentes maneras de realizar el coito y otras prácticas sexuales.

En su caso también daban, como ya debes saber, nombre a unas festividades dedicadas a Dionisos y al Teatro del que el dios era, por así decirlo, patrón.

Sexo y Teatro son, valga la palabra, una conjunción rica en matices que ilustra perfectamente el significado de ambas, la primera es lo segundo y la segunda es necesaria para la primera, ¿verdad? En ambas lo importante son los personajes a los que los actores deben adaptarse e interpretar, así en el sexo como en el teatro, pura representación escénica.

Tales celebraciones se desarrollaban cuando el Aguador camina por el cielo, a finales de enero y a primeros de febrero, obligando a los actores, hombres y mujeres del pueblo llano, a soportar desnudos, y con gran imperturbabilidad y estoicismo, el frío y las demás inclemencias del tiempo. Todos ellos debían, de buena manera y con mejor cara, fornicar sin mover ni un músculo ni mostrar tampoco malestar ni displacer por la quietud obligada o por lo exabrupto de la climatología invernal.

Sexo también es intemperie y éste es el estado emocional en el que normalmente uno se queda después de copular. Aunque no siempre, a veces te invade el sueño y en otras ganas de ver un partido de tenis por la televisión. Y en algunas salir corriendo como si te hubieras dejado el grifo de la bañera abierto.

La primera referencia de tales celebraciones la encontramos en unas pequeñas estatuillas de cerámica que desenterraron los arqueólogos hace dos escasas centurias en las proximidades de la actual ciudad griega de Patras de la que reciben su nombre oficial y académico, aunque su origen exacto se supone que se hallaba en la cercana villa de Epidauro, donde se encuentra el famoso teatro.

Dichas terracotas son las más antiguas que se conservan, ellas se remontan al siglo VIII, exactamente 191 días después del inicio de la segunda Olimpiada, es decir, a finales de enero de 741 A.C. El dato es tan preciso porque en su base leemos escrita y grabada la fecha y los nombres (Pulmonía y Kallipandros) de los que suponemos fueron los actores que aquel año representaron, según nos muestran las propias figuras, un παλίνδρομο κάθετους, palíndromo vertical, más conocido en castellano por “sesenta y nueve de pie”, que es como normalmente es la cifra numérica 69, ¿no?, una curiosa efigie par en la que el hombre sostiene erguido, con la sola fuerza de sus brazos, a la mujer en una postura invertida que indudablemente requiere gran resistencia y fortaleza, física y también psicológica.

Es sin duda una posición acrobática y atractiva visualmente para los que la miran, pero puestos a calificarla de manera práctica hemos de decir que es una tontería, muy torpe y cansada porque fatiga a los dos protagonistas y no les permite disfrutar como es debido y nos pide el sentido común, tumbados cómoda y tranquilamente, como tú y yo bien sabemos, querida Melina, porque siempre querías acrobacias de atleta más que filigranas descansadas, nunca fuiste una mujer comodona ni cobardona, te gustaba el riesgo incluso en el placer, en más de una ocasión nos podíamos haber roto alguna vértebra, gracias a Dios o a Afrodita no fue así.

Sin embargo, para ti, la gracia de los κόκκινη πιπεριά siempre la encontrabas en su carácter democrático a la griega manera, es decir, si la elección de los cargos públicos de la ciudad se producían en una rifa, pues ellos eran, como ya sabemos, consecuencia no tanto de un plebiscito o de una elección y sí de un sorteo del que formaban parte todos los adultos, las parejas teatrales y eróticas de dichas festividades, formadas por hombres y mujeres de la localidad, también se elegían de igual manera, gracias a la suerte y al azar, en una especie de lotería que emparejaba de manera completamente aleatoria y ajena al gusto a unos con otros y que cada año cambiaba, los amantes se turnaban como la suerte en los dados.

¿Cuál era la enseñanza moral de todo ello?, ¿tenía alguna?, lo ignoro.

Es posible, sin embargo, que la desnudez, y el sexo azaroso y público -público en el sentido de hacerlo a la vista de todos, la fama indisimulada, lo que todos ven, saben, hablan y... callan de uno, no confundamos con la ordinariez de las playas nudistas -, conlleve, aunque sea a través del exhibicionismo ritual y casi religioso, la modestia y la sencillez del recién nacido, pero no estoy muy seguro de ello, a estas altura de mi vida no lo estoy de nada y no dejo de pensar, mi griega amada, que la vida será muy pronto aún más rara que todo eso, y lo será porque siempre lo ha sido, inaudita y pronta.

Quizás, al fin y al cabo, el único secreto, la sabiduría popular encerrada en tanta carne desnudada y petrificada, sea el de anunciar el futuro despojo de la muerte y la vanidad de los besos que, a pesar de ser todos igual de rojos, siempre termina apareciendo entre ellos alguno que otro más verde (o negro) que los demás, como si la vida fuera esa tómbola de la que hablábamos antes y que tan bien cantaba Marisol.

¿Verdad, querida Melina?

Esperando que tus viajes te sigan llevando de aquí para allá, recibe de mí un pícaro beso en los labios por los tiempos pasados.

Demóstenes, erotómano, uno de tantos.


(El pimiento es en realidad una especie vegetal americana, así que el misterio de los “κόκκινη πιπεριά es más insoluble e insondable todavía.)

miércoles, 8 de junio de 2011

El peletero/Les plus beaux seins du monde


Textos vírgenes o el arte de no decir nada.

Les plus beaux seins du monde. (17)

Elle était belle, fraîche, avec une peau laiteuse et de petites dents éclatanttes qu’elle aimait faire valoir en mâchonant des tiges de roses, des lèvres sensuelles, de grands yeux bouton d’or, ombrés par les cils touffus, des cheveux très noirs plaqués à la garçonne, telle etait Kiki de Montparnasse, modèle favori de Kisling, de Foujita, de Friesz et de Maillol. C’etait une de ces enfants du miracle comme il en pousse parfois entre les pavés parisiens.

En fait, Kiki était Bourguignonne et s’apelait Alice Prin. Son enfance relève d’un roman de Xavier de Montépin : « Nous etions six petits enfants de l’amour, a-t-elle raconté, nous pères ayant oublié de nous reconnaìtre. » Elle était née dans l’alcool, car sa mère, pour adoucir les douleurs de l’enfantement, s’était soûlée, et lorsqu’elle vit le jour, elle était ivre comme un grive. Peu aprés, sa mère abandonna ses enfants à leur grand-mère pour suivre à Paris un nouvel amour : M. Gaston, ouvrier imprimeur. Kiki fit ses premières armes dans la vie en acompagnant son parrain, chiffonnier qui faisait des tournées de poubelles. Plus tard, sa folle mère se souvenant d’elle la fit venir à Paris et la plaça comme brocheuse dans l’imprimerie oú travaillait son amant. Un ouvrage de pornographie fut le premier livre qu’elle eut entre les mains : elle avait treize ans.

Malgré tout, elle rêvait de vivre un grand amour, et elle crut le rencontrer en la personne d’un clown admiré dans un cirque. Celui-ci, brave type, s’intéressa à la petite. Il l’emmena chez lui, la fit manger, lui chanta ses chansons et la laissa intacte..., ce qui désespéra la dejà volcanique Kiki qui lui écrivit des lettres passionnées auxquelles il ne répondit pas.

Cette adolescence se passa en des métiers diversement sordides. Tour a tour, Kiki fut ouvrière dans une fabrique de godillots por l’armée -trois francs par jour- soudeuse et tourneuse de métaux, puis bonne à tout faire chez un boulanger..., lorsque le patron voulut la renverser dans le pétrin.

A quatorze ans, enfin, elle découvrit sa vocation. Elle a raconté dans ses Souvenirs comment il lui arriva de poser pour la première fois : «J’ai rencontré un vieux sculpteur, qui, voyant que j’étais dans l’ennui, me fait poser chez lui. Ça me fait quelque chose de me mettre nue, mais puisqu’il le faut!

«Mais comme l’atelier n’est pas trop loin de chez ma mère, des gens lui ont dit que sa fille se mettai nue chez des hommes. Ma mère est rentrée de force chez le sculpteur, avec un air tragique. Je posais. Elle a crié que je n’étais plus sa fille, que j’étais une ignoble putain. Ça ne m’a rien fait! Ça m’a même sulagée parce que j’ai compris que tout était fini.»

Ainsi devint-elle modèle. Ses débuts furent difficiles, il lui fallut du temps, malgré sa gentillesse et son amusant nez pointu, avant d’être acceptée par la bohème de Montparnasse. Elle se heurta au départ à un adversaire puissant: Libion quila prenant pour une petite prostituée, lui interdisait l’accés de l’arrière-salle de la Rotonde. Il lui fallut acheter un chapeau breton, symbole de respectabilité, por pouvoir pénetrer dans l’antre sacré. Dans une interview à Catherine Pérard, elle a brossé un savoreux tableau de la Rotonde lorsqu’elle y arriva:

«Ce qu’ils grouillaient, là-dedans, une masse colorée que je ne me lassais pas de regarder. J’ouvrais mes yeux tout grands sur ce mélange de femmes vénales, de modèles, de bourgeois en mal de curiosité, d’hommes politiques, d’artistes pleins de foi et d’ardeur, de peintres resquilleurs, etc

«Papa Libion, comme on l’appelait, ne savait pas me regarder sans rigoler. J’avais maintenant droit aux salles grâce à ce mémorable galurin. Ah! On me reconnaissait de loin!

«Et moi, j’avais trouvé mon vrai milieu! Les peintres m’avaint adoptée. Finies les tristesses. Il m’arrivait encore souvent de ne pas manger à ma faim, mais la rigolade faisait oublier tot ça. J’avais retrouvé ma saine gaieté de Bourquignone.

(...)

"Montparnasse vivant", J.P. Crespelle. Librairie Hechette, 1962

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La historia del modelo es la historia no escrita de las artes, todo lo que sabemos de él, sea un camino, sea un conejo muerto o el retrato de un amigo es a través de otra cosa que no es él, aunque nunca lo hayamos visto sabemos de su identidad como si se tratara de un viejo conocido.

En las artes en general, y en la escultura y en la pintura en particular, las mujeres han desempeñado un papel primordial al ofrecer su cuerpo para ser pintado o cantado por innumerables hombres, pues da la casualidad que la mayoría de artistas han sido siempre varones. Dejando aparte la homosexualidad de muchos, las Venus, las Vírgenes y las Evas han poblado el imaginario del mundo siendo en pocos casos verdaderas mujeres las que acababan por estar pintadas y sí modelos idealizados e irreales, imaginados y fantasiosos de seres inventados, inexistentes.

Mi bisabuela Encarnita lo fue, mujer y modelo muy apreciada por su bello busto que heredó mi madre con orgullo. Bienvenida tenía razón de estar contenta por la gracia obtenida pues yo no he visto pechos más bonitos en toda mi vida que los suyos, y he visto unos cuantos, no voy a negarlo. ¿Cómo puedo, entonces, enamorarme de una mujer que no sea ella?

En mi complejo de Edipo encuentro, sin embargo, otro trastorno superior y más fino, el de confundir la realidad con el deseo, el de gustarme cualquier mujer que he imaginado y no las reales que quieren acostarse conmigo, ninguna es bastante buena, ninguna es capaz de competir con mi madre y sus senos, ni con mis hembras inventadas y sus besos, la carne de las primeras es demasiado material, igual que su falta de sensibilidad y de distancia, o su exceso de ignorancia y escaso ingenio.

¿Estoy enfermo?

Jean Léon Gérôme, el que fue pintor francés a finales del XIX, tiene una buena alegoría, una pintura en la que el escultor besa a su obra que así cobra vida con su beso. El amor vulgar es un acto de vanidad, nos enamoramos de nosotros mismos a través de los demás porque solamente amamos aquello que vemos y no vemos nada más que lo que queremos ver.

Ya hemos dicho en más de una ocasión que no se copian los modelos y sí las pinturas entre sí: La copia, la imitación, la reproducción, el duplicado, el calco, la falsificación o el simulacro no existen entre la imagen y el supuesto modelo, la primera no es ni el doble ni la sombra del segundo porque las imágenes solamente se calcan entre ellas mismas. Se copian otras pinturas, las unas a las otras, nunca el modelo que se pinta, sea una persona o un árbol, una idea o un instante, la expresión de un sentimiento o el relato de unos hechos acontecidos.

Esa es la razón por la cual Pierre Francastel afirmaba que “la realidad del arte son las obras, jamás los modelos ni las fuentes de inspiración”. Y Santo Tomás de Aquino cuando decía que “un artista concibe la forma que quiere representar de acuerdo con la obra de otra persona que ha sido contemplada con anterioridad”

Quizás por ello buscamos a las personas en las muñecas, de madera o de plástico, hinchables o no. (“La aguja del pajar”, cap. 61, el peletero)

Kiki de Montparnasse -la bella muchacha que encabeza este texto- une en su fotografía tres antiguas y honorables tradiciones, la de las Venus recostadas que termina y culmina Manet pintando en su Olimpia a una verdadera mujer, la de las imágenes eróticas, obscenas algunas, sencillas y simples otras, pornográficas muchas, que dibujan o fotografían los cuerpos como si fueran un pollo frito o un bebé recién nacido, y la práctica habitual de los amantes y enamorados de enviarse fotografías íntimas para mantener el calor y la llama viva de su pasión.

Hablando de santos recordaremos a San Agustín señalar a Adán como el verdadero culpable porque él era el que había hablado con Dios y no Eva que sólo lo había hecho con la serpiente. Pero aquellos eran tiempos en los que la República Universal, la Ecumene, se derrumbaba como el agua que arrastra el limo, haciendo decir a los santos algunas cuantas tonterías como si fueran viejos asustados por morir.

Por ello tal vez, me gustaría pintar o fotografiar de nuevo a mujeres como Kiki, tener a mis modelos preferidas, un pequeño harén, un elenco surtido de guapas y atractivas muchachas que estimularan mi memoria, mi imaginación y que me hablaran en francés, todas con la manzana en la mano, ofreciéndomela con el semblante inocente de no haber roto nunca ningún plato ni cometido antes pecado alguno, o todo lo contrario, habiéndola ya mordido, con esa sonrisa sabia y desilusionada que indica que la vida será muy pronto aún más rara que todo eso.

En esa extrañeza que sobreviene cuando el mundo desaparece quiero encontrar de nuevo a mi Eva, a mi Venus y a mi Virgen, en las parras, en los racimos y en las flores que se marchitan al lado de su fotografía serán todas ellas bienvenidas.

«J’ai rencontré un vieux sculpteur, qui, voyant que j’étais dans l’ennui, me fait poser chez lui. Ça me fait quelque chose de me mettre nue, mais puisqu’il le faut!»

Demóstenes, pintor.

lunes, 6 de junio de 2011

El peletero/La quiebra

Textos vírgenes o el arte de no decir nada.

La quiebra. (16)

“En 1671, el café londinense de Thomas Galway vio la primera subasta de las peleterías de la compañía conocida entonces con el nombre de Compañía de la Bahía de Hudson (Hudson’s Bay Fur Company). Llegaremos al próximo milenio y seguirá siendo la primera compañía del mundo”.

Historia, técnica y moral, del vestido, 1. Las pieles” Maguelonne Toussaint-Samat.

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Apreciados amigos y lectores, la lección de hoy versará sobre historia británica y algunas de sus derivaciones biográficas que intrascendentes para el cosmos sí lo son para un servidor que les escribe.

La sección inglesa de la Hudson’s Bay Fur Company quebró a principios de los años 90 del siglo XX. En sus anales se conserva buena parte de la historia de la colonización de Norteamérica, y de la técnica y la moral humanas, no sólo del vestido sino también del desnudo, pues vestirse con pieles es siempre un doble desnudo, como la depilación total que se practica en algunos países y culturas, cejas incluidas, párpados, orejas, narices, labios, dedos, e incluso brazos, cabezas y pies. Una manera, como otra, de quitar todo lo que sobra.

La quiebra de la H.B.C. fue también quitar aquello que sobraba, una especie de afeitado que se llevó, en su afán higiénico, un fragmento del cerebro o del órgano calloso que en su interior habita y que conecta los dos hemisferios, eso que se define como parte del acerbo común.

“La “Hudson’s Bay Company” se fundó en 1670 bajo el reinado de Carlos II que le otorgó la posesión de dicha bahía y de todos los territorios que se hallasen al Este de ella. Su historia llega hasta nuestros días, convertida y reciclada en una importante empresa de distribución, incolora, inodora e insípida y con numerosas tiendas por todo el Canadá, país al que sólo le falta haber inventado el reloj de cuco para ser perfecto.

La historia del Canadá es también la historia de una empresa comercial, donde un Estado, en este caso la Corona británica, cede su soberanía a una empresa privada, que domina un territorio, llegando incluso a tener ejército propio.” (“El peletero cazador”)

En Little Trinity Lane se encontraban las oficinas de Iván & Milton K. Ltd., un edificio anodino y práctico de mediados de los setenta cercano al Támesis que se llamaba “The fur Trade House”.
Descendíamos en Bank station a buena mañana y a primera hora, y desde allí llegábamos paseando. Hubiésemos podido apearnos en Mansion House, pero preferíamos tomar la Central Line y no hacer transbordos.

La Beaver House”, sede de H.B.C., se hallaba en Garlick Hill, exactamente en Great Trinity Lane, cerca de las oficinas de Ivan y Milton. Era un edificio vetusto y la sala de subastas un anfiteatro que más recordaba a un Parlamento político que a una sala de tratantes de pieles. El gesto de asentimiento de I. & M., en la sesiones de subastas, era casi el pulgar de un emperador romano, no en balde decían que una vez le prestaron a la Compañía 500.000 libras de las de entonces.

Comíamos allí mismo bien servidos por unas camareras rubias y bonitas de narices y dientes muy sajones, equinas, decía Pere. Roastbeef y patatas al horno, guisantes y purés variados que terminaban con pastelitos y galletas.

El salón era una fiesta y a veces se subastaba un solo castor para beneficencia. Gentes de todo el mundo convivían y comían juntas. A mi me gustaba charlar con Cristos T., un griego alemán, mientras Pere lo hacía con Iván, el mejor seductor que he conocido, mi pequeño y pícaro judío de cabellos blancos. El salón era una fiesta y como todas las fiestas lo embargaba una tristeza tan extraña como cierta.

Por la tarde, al terminar, nos íbamos a pasear por la calle Strand, caminando sin prisas llegábamos a Regent Street y de allí torcíamos a la izquierda para encontrar Oxford St. que nos llevaba al hotel donde también se alojaba algún colega. Otros días seguíamos por Charing Cross Road y yo aprovechaba para entrar en Foyles.

Algún día les hablaré de las secretarias de Iván y Milton, una de ellas era sudafricana y le gustaban las películas eróticas de vampiros, ¿qué cómo lo sé? , ya les he dicho que algún día les hablaré de las secretarias de I. & M. K. Ltd., todavía no.

Las historias son siempre historias comerciales, sean artísticas o amorosas, políticas o circulares. El vicio y la virtud se encuentran, quieras que no, en este tiovivo que nunca termina de cerrarse o en esa cuenta que no acaba de saldarse.

Sin embargo, tengan en cuenta, queridos lectores, que en la mayoría de ocasiones las escaleras son espirales que no suben ni bajan, que lleguen o no a la azotea, o desciendan hasta el sótano, es muchas veces un detalle anecdótico, sin importancia, una rareza de la arquitectura que, como la vida, será todavía más increíble que todo eso.


Recuérdenlo siempre, no se les ocurra olvidarlo si quieren llegar a saber si suben o bajan.

Demóstenes, peletero.

viernes, 3 de junio de 2011

El peletero/Amor y hierro (y 15)




Amor y hierro. ( y 15)

Una amiga me acaba de llamar para decirme que su padre ha recibido accidentalmente en una pierna un balazo que le ha disparado un pistolero que perseguía por la calle a otro hombre para matarlo, según parece se encuentra bien y fuera de peligro.

Hace meses que me acompaña, en la casa del árbol en la que vivo, una pequeña lagartija que comparte su tiempo con el mío, ella caza sus mosquitos y yo le doy de beber; de vez en cuando hablamos o simplemente callamos, el uno al lado del otro. Quiero creer que mi lagartija son dos en su cuerpo pequeño, dos personas que hasta hace poco vivían a mi lado y que no puedo ni quiero olvidar, nuestra vida juntos fue casi mi vida entera y sin ellos me siento huérfano y desamparado.

Mi hermano afirma siempre que la vida es rara y yo le respondo que si no lo fuera no sería vida ni sería nada.

Por ello preferimos, él y yo, y con las debidas excepciones, papeles dibujados perdidos entre montañas de retales de periódicos, que gloriosas pinturas colgadas de paredes que siempre estarán vacías como lo están los álbumes sin fotografías.

El papel blanco, como el metal, es moldeable, él también se forjó en los hornos de los soles cuando languidecían de su última explosión; la celulosa, el carbón y el hierro, conocen qué es el calor y la fuerza de las caricias de un yunque y un martillo, de un lápiz y un pincel, las mejores manos.

Tras el sol aparecen los colores.

Mimos, besos y fracasos, fuegos y cenizas, la carne, tan blanda, tan efímera y perecedera, no sabe a nada, quema mal y huele peor. Sonrosada, canela o parda, es solamente un alimento para gusanos.

El dueño del acero y de su forja es Hefesto, hijo de Hera, Hefesto el Cojo, el esposo de Afrodita, la Gran Ramera y la única que defendió a la insigne Troya, al noble Héctor, al tonto Paris y a la incalificable Helena.

Amor y hierro, ¿el sueño es sólo nuestro?



            T. U. y su perro.

miércoles, 1 de junio de 2011

El peletero/Amor y hierro (14 de 15)


Amor y hierro. (14)

También he olvidado qué es un cuchillo y un tenedor, qué función cumple el hilo, la aguja y el dedal, los dientes falsos que rellenan mi dentadura o los anillos de oro y hojalata que luzco ensartados en mis dedos flacos.

Tampoco sé para qué demonios sirve la silla de ruedas en la que estoy sentado ni quién la empuja, ni porqué introdujeron una placa en mi cerebro agujereado. Caminar no camino y pensar, ya ven, pienso poco y mal.

A destiempo.

¿Qué pinta esa blanca flor en mi ojal?, ¿me caso o me muero?

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Tomi Ungerer puebla su mundo de gatos, osos, perros, elefantes y unicornios, a todos ellos los miran, y disfrutan al hacerlo, miles de niños y adultos. ¿Qué ven en sus dibujos? No lo sé, pero sí sé que con ellos yo me encontraré menos solo, pero más lejos de todo.


En su extensa obra también encontramos hombres, mujeres y máquinas en una extraña simbiosis en la que los que se besan no tienen rostro, ¿cuándo se quitarán la máscara?


lunes, 30 de mayo de 2011

El peletero/Amor y hierro (13 de 15)

Amor y hierro. (13)

Por todo ello, y precisamente ahora que soy un anciano y mi cuerpo está zurcido y remendado por multitud de costuras, en este instante grave en que mis órganos han sido casi totalmente reemplazados por un buen catálogo de prótesis ingeniosas, comprendo que el mejor rostro es el de una trituradora y la más dulce sonrisa el de un microondas, todos ellos superan al madero del Cristo de los Maderos y al pilar de la Virgen del Pilar.

Ya no quiero ser Superman ni Jesús Crucificado, no deseo casarme con Superwoman, pero no puedo vivir sin el amor de María Magdalena.

Mi memoria languidece y ya no recuerdo ni con quién me acosté en mi juventud dorada ni quién era la que estaba al otro lado de mi cama. Se me olvidan los compañeros de juegos, se borran los nombres de mis amigos y mis rivales, no sé quién había tras la red que nos separaba en aquellos lejanos partidos de tenis, no debí de tener ninguna conversación interesante con ninguno de ellos, quizás me aburrieron o los aburrí yo, o no fueron en ningún caso la consecuencia lógica y necesaria de algo importante. ¿Me amó alguna mujer?

Creo que no.


¿Qué puede haber en esta vida que merezca ser recordado?, ¿un televisor averiado o una aspiradora loca?



viernes, 27 de mayo de 2011

El peletero/Amor y hierro (12 de 15)

Amor y hierro. (12)

Pero... las palabras no pesan y las estrellas se apagan antes que lo haga una cerilla. Los perfumes se evaporan y la alegría queda sepultada por la tristeza y las decepciones de la vida. Las personas no escuchan y buscan en los demás las muletas que necesitan para caminar, los pájaros vuelan del nido y nunca regresan.

Su anhelo dura lo que tardan en olvidar la primavera pasada.

No, la vida y el amor no son una consecuencia lógica la una del otro, ni tampoco ninguna secuela derivada, no hay una exacta relación entre ambos, no son la causa ni el efecto.

No es necesario que nadie sea más atractivo, incitante ni excitante, que una lavadora moderna, más simpático que un lavavajillas para solteros o más interesante que un televisor portátil.

Únicamente la soledad importa, ella ya es una provocación suficientemente poderosa para buscar compañía en su seno y volvernos a mentir. Soledad a cambio de soledad.

La soledad es la verdadera tentación, es lo que buscamos erradicar en el cuerpo del otro, en ese amasijo de carne que no es la nuestra queremos depositarla, pero él nos la devuelve como un eco, ampliada, multiplicada y siempre mancillada, más sola que antes porque el otro no es nada más que una imagen descarnada, sin “histoire”, solitaria y muda, es un signo roto, un ramo de flores, una cuerda con un solo cabo y con un gato al lado, erizado y amenazador.

¿Y la belleza del cuerpo, su juventud, salud y lozanía? Un anestésico, un olvido, una niebla, apenas algo que oculta lo que somos y, sobre todo, lo que fuimos.

¿Y qué fuimos?, aquello que nunca diremos, quizás porque nunca lo supimos.


Nadie recuerda el día en que nacimos, ¿tan horroroso fue?



miércoles, 25 de mayo de 2011

El peletero/Amor y hierro (11 de 15)

Amor y hierro. (11)

Cualquier imagen es un tratado filosófico, un artilugio pensante y maquinal que representa al mundo en su lugar.

¿Las personas son máquinas, o las máquinas son personas?, ¿tienen derechos igual que los animales?, ¿deben votar en unas elecciones como hacen perros, gatos y boas constrictor?

La máquina nos interpela continuamente sobre el otro que tenemos fuera o dentro de nosotros.

¿La máquina es un feto, una criatura informe que expulsamos sin miramientos porque no se parece a nada, como si fuera un pez?, ¿o hemos de permitir que nazca y que pague impuestos?

¿Es factible la inteligencia artificial?, ¿lo es la natural?, ¿ambas son una quimera?, ¿una simple tesis?, ¿una invención?

¿Las máquinas tienen plumas o escamas?

¿Hemos de pedir que una máquina sea inteligente para acostarnos con ella o no es en absoluto necesario como tampoco lo es cuando lo hacemos con un semejante vivo, humano o animal?

Todas ésas son preguntas que me perturban y me desasosiegan más de lo debido cuando cada noche rompo las monodosis de lágrimas artificiales que mis ojos enfermos necesitan para no resecarse y seguir viéndose a sí mismos en los ojos de los demás.

¿Soy yo el que me mira desde el espejo o es mi ángel de la guarda? ¿Es un TBO?

Cuando era joven y sano pensaba que la vida era una consecuencia lógica del amor, el secreto de una lo era del otro y viceversa, un hallazgo, una casualidad, una sugerente conversación perspicaz y sutil que debía desarrollarse entre seres libres e iguales, una danza, un afortunado cóctel de palabras y de gestos, de caricias, un intercambio, una ofrenda sagrada en un diálogo común y estimulante, rico y provocador que lograba encender el sol y llenar mi vida de alegría. Pero...


martes, 24 de mayo de 2011

El peletero/Amor y hierro (10 de 15)

Amor y hierro. (10)

¿Las máquinas son nuestro hermano gemelo que no llegó a nacer? ¿Nos falta la otra mitad de nosotros mismos?

Maniquís de escaparate, figuras de belenes, santos y vírgenes de madera, polichinelas de trapo, soldaditos de plástico, de barro o de plomo, muñecas hinchables y espantapájaros. La lista sería interminable.

Y el sempiterno osito de peluche.

¿Lo similar apela y llama a lo que se le parece?

Los seres invisibles no tienen apariencia, pueden ser un simple trozo de pan o un sorbo de vino. También un bosque, una fuente, un río, incluso una montaña o una tormenta desatada, el cielo y el mar.
Sin embargo, la similitud física y formal con nosotros, los seres humanos, no es trivial ni es tampoco ninguna anécdota simple ni fuera de lugar. La ayuda y la muleta, la conversación y la compañía que nos proporcionan siempre son necesarias, todas ellas dibujan un camino de doble vía en el que la comunicación silenciosa debería ser un requisito indispensable. Pero, ¿qué clase de comunicación?, ¿un simple acomodo?, ¿una eficaz ergonomía en los cuerpos?, ¿una mera información práctica, útil, funcional?, ¿una nota, un parte?

¿Una orden?