Teodoro Van Babel
2.
El taller
Un taller de orfebres y artesanos lo aceptó de pequeño para barrer, baldear, limpiar y servir, al mismo tiempo, de criado a sus obreros. Ellos, que no poseían nada más que su oficio, creían tener en el pobre muchacho el derecho y el poder que sus propias manos les negaban con un escaso don y una insuficiente pericia.
Cuentan, los que lo trataron, que fue un mal aprendiz que no se dejaba domesticar más por pereza que por rebeldía, así que no sabemos muy bien cómo, pero Teodoro aprendió allí a pintar mirando y escuchando lo que podía como si pescara peces con un arpón o se encontrara, por casualidad, mariposas atrapadas en una de las numerosas telas de araña del polvoriento taller. Miseria y dificultad, casualidades, encuentros y despedidas porque dicen también, los que lo saben, que sólo se pinta a los muertos, o a los vivos en el trance de morir, que lo que se ve no es más que el rostro de lo desconocido, así que Teodoro parecía ver en cada ventana un pozo, en cada hoja una raíz y en la oscuridad de la vida la luz del día.
Pero la noche no lleva a la mañana.
Gracias a las escasas lecciones que algunos buenos samaritanos le dieron desarrolló a tientas su arte; en los talleres muchos esconden sus habilidades para protegerse de futuros competidores que no dudarían ni un instante en sustituirlos echándolos a la calle en plena nevada invernal. El temor a ser peores que los aprendices, a los que deben enseñar, los transforma en viles y avaros de sus haberes y deberes aunque sean lerdos y se equivoquen al contar y no sepan escribir, ni casi dibujar, una o con un canuto ni el punto de la i con la punta del dedo.
Sin embargo, otros son generosos y no ven en sus semejantes enemigos ni rivales, ni tampoco bienes como si fueran meros muebles, objetos o propiedades para comprar o vender, sino hijos de Dios como ellos, prójimos sin más, amigos y compañeros, ya que ser maestro no es impartir ninguna lección y sí dar el ejemplo que sólo se da sin darlo, si bien eso que parece tan fácil, y no cuesta dinero, al no necesitar esfuerzo aparente, no lo es en realidad y casi todos lo ignoran, y mucho menos todavía lo recuerdan si es que alguna vez lo llegaron a saber. Pocos son fieles a sí mismos y casi nadie lo es a los demás.
Fuera como fuese así quiso Dios que nuestro pintor viera las cosas, a pedazos y a la luz de las velas, y con ellas temblorosas vestir al mundo con un color entre oscuro y opaco como lo son las figuras que las sombras, llamadas chinas, dibujan en la pared.
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“1 de febrero de 1620
Sepan quantos esta carta vieren, como yo Alonso de Melgar, escribiente, vezino desta ciudad en la collación de Santa María, como padre legítimo administrador que soy de Diego de Melgar, mi hijo lijitimo que está constituído debaxo de mi dominio peternal de hedad que al presente será de treze a catorze años poco más o menos otorgo e conosco que pongo a serbir por aprendiz a el dicho mi hijo con bos Diego Velasques pintor de ymagincría vezino de esta dicha ciudad en la collación de San Miguel por tiempo de seis años cumplidos primeros siguientes que corren y se quentan desde oy día de la ffecha de esta carta en adelante hasta ser cumplidos para que en este dicho ticnpo el dicho mi hijo os sirba en el dicho buestro arte y en todo lo a él tocante y perteneciente y bos aveis de ser obligado a le dar durante el dicho tiempo de comer y beber, bestir y calzar, casa y cama en que esté y duerma sano y enfermo y curallo de todas las enfermedades que en el dicho tiempo tubiese con que cada una dellas no passe de quinse dias por que si más estubiere yo le tengo de curar a mi costa, y le enseñéis el dicho buestro arte de pintor bien y cumplidamente, según y como bos lo saveis e sin le encubrir dél cosa alguna, pudiéndole el dicho mi hijo deprender y no quedando por bos de se lo enseñar y no aveis de ser obligado a le dar otra cosa alguna más de lo referido porque ansi es concierto y donde en este tiempo el dicho mi hijo uviere y supiera vuestro pro que os lo llegue y buestro daño que os lo aparte y si apartar no pudiera que os lo diga o haga saber para que lo remedieis y las cosas que os hizierr menos de buestra casa o hazienda me obligo de os pagar e restituir por mi persona e vienes según quel derecho manda y si de vuestro poder e casa se fuere o ausentara me obligo de os lo traer de donde quiera questubiere e para ello quelquier juez os pueda dar e dé su mandamento requisitoria de apremio para lo sacar e traer de donde quiera questubiere con solo vuestro juramento e declarazión o de quien buestra causa uviere sin otra prueva alguna aunque de derecho se requiera, de que vos relievo, e le compeler e apremiar a que haga e cumpla el dicho consierto y las fallas qué os hiziere por enfermedad o ausencia me obligo e le obligo que os la sirva adelante cumplido el dicho tiempo dias por dias, tiempo por tiempo, y en esta manera y según dicho es me obligo a quel dicho mi hijo no se apartará de todo lo contenido en esta escritura aunque diga y alegue que quiere deprender otro oficio, porque durante el dicho tiempo no lo a de poder hacer e vos que no lo podais dejar por ninguna causa que sea so pena de cinco mill maravedís que la parte de nos que contra lo aquí contenido fuere o biniere dé y pague a la obediente que por ello estuviera y lo u'oiere por firme con más las costas daños y menoscabos... flecha la carta en Sevilla de otorgamiento del dicho Alonso de Melgar a primero día del mes de febrero de mill y seiscientos y veinte años y el otorgante que yo ei presente escribano público doy fe que conosco lo firmó de su nombre en el registro. Testigos Francisco del Carpio v Francisco de Puga, escribanos de Sevilla.-Alonso de Melgar (rubricado). Francisco del Carpio, escribano de Sevilla (rubricado). Francisco de Puga escribano de Sevilla. (rubricado). Pedro del Carpio escribano pública (signado y rubricado).-Y de otorgamento del dicho Diego Velasquez a tres días del mes de Febrero de mill y seiscientos y veinte años y el otorgante que yo el presente escribano público doy fé que conozco lo firmó de su nombre en el registro. Testigos Francisco del Carpio y Miguel de Burgos escribanos de Sevilla.-Diego Velázquez (rubricado).-Francisco del Carpio escribano de Sevilla (rubricado). Pedro del Carpio, escribano Dúblico. (Signado y rubricado).
Archivo de Protocolos de Sevilla. Oficio 4°. Pedro del Carpio. 1620. Libro I, fols. 474 y 474 vto).”
(Carta de aprendizaje de Diego Melgar con Velázquez)
Varia Velazqueña. Tomo II. Pág. 219.
Folio 474
Folio 474 vt°
jueves, 12 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
El peletero/Teodoro Van Babel (1)
Teodoro Van Babel
1.
Su vida.
Teodoro Van Babel nació cerca de Amberes a finales del siglo XVI.
Él y su hermana Silvia fueron los dos únicos hijos que sobrevivieron a sus numerosos hermanos, todos fallecidos a temprana edad.
Silvia se casó a los 24 con Christian, un comerciante inglés de pieles y cueros, y con él fundó una familia al otro lado del Canal, ese trozo de agua al que todos llaman Manga como si fuera el brazo de Neptuno que aflorara del mar.
A los ocho meses de irse a Inglaterra sus padres, tristes por la marcha de su hija, fallecieron de achaques, de fiebres y de melancolía, dejando a Teodoro, que entonces contaba con 20 años de edad, solo y cargado de deudas familiares que mal pagó gracias a la inagotable y continua subvención y socorro -en mayor medida que la que le correspondía por deber y herencia- de Silvia y de su esposo.
Con el auxilio de ambos logró salvarse de la cárcel, de la ira y de la violencia de los acreedores, procuradores y alguaciles que lo acosaban para saldar las cuentas que con él tenían pendientes, porque ya se sabe que la justicia del Rey sirve más al noble que al plebeyo, al rico que al pobre al que sólo le cabe esperar la de Dios en el Otro Mundo, tierra ignota para los vivos y que nunca será, desgraciadamente, la que descubrió el famoso almirante genovés.
----------------------------------
“Yo, Alberto Durero el joven, he sabido por los papeles que he encontrado en casa de mi padre, dónde nació, cómo llegó a Nuremberg y cómo murió santamente.
(...)
Del matrimonio de mi querido padre y de mi querida madre han nacido los niños cuyos nombres siguen:
Todo lo que vamos a leer a continuación, lo he copiado, palabra por palabra del libro, de mi padre.
I.- El año 1468 después del nacimiento de Jesucristo, el día de Santa Margarita, mi esposa Bárbara dio a luz a mi hija mayor. La vieja Margarita de Weissenburg fue su madrina; ella dio a la niña el nombre de su madre.
Siguen:
II- 1470 Juan, III- 1471 Albert, IV- 1472 Sebald, V- 1473 Jerome, VI- 1474 Antoine, VII- 1476 Agnes y VIII- Margarita, IX - 1477 Úrsula, X- 1478 Juan, XI- 1479 Agnes, XII- 1481 Pierre, XIII- 1482 Catherine, XIV- 1484 Andrés, XV- 1486 Sebald, XVI- 1488 Cristina, XVII- 1490 Juan, y...
XVIII- En 1492, el día de San Ciriaco, dos horas antes de la noche, Bárbara me dio mi decimoctavo y último hijo. M. charles d’Oehsenfurt, su padrino, lo llamó Carlos.
A día de hoy, casi todos mis hermanos y hermanas, hijos de mi querido padre, han fallecido, unos muy jóvenes, los otros un poco más tarde. Tres de entre nosotros han sobrevivido y vivirán lo que Dios quiera. Son mi hermano Andrés, mi hermano Juan, y yo, Alberto.”
(“Notas de Familia”, Alberto Durero)
Fuente: Gazette des Beaux Arts (1859). Tomo 18.
1.
Su vida.
Teodoro Van Babel nació cerca de Amberes a finales del siglo XVI.
Él y su hermana Silvia fueron los dos únicos hijos que sobrevivieron a sus numerosos hermanos, todos fallecidos a temprana edad.
Silvia se casó a los 24 con Christian, un comerciante inglés de pieles y cueros, y con él fundó una familia al otro lado del Canal, ese trozo de agua al que todos llaman Manga como si fuera el brazo de Neptuno que aflorara del mar.
A los ocho meses de irse a Inglaterra sus padres, tristes por la marcha de su hija, fallecieron de achaques, de fiebres y de melancolía, dejando a Teodoro, que entonces contaba con 20 años de edad, solo y cargado de deudas familiares que mal pagó gracias a la inagotable y continua subvención y socorro -en mayor medida que la que le correspondía por deber y herencia- de Silvia y de su esposo.
Con el auxilio de ambos logró salvarse de la cárcel, de la ira y de la violencia de los acreedores, procuradores y alguaciles que lo acosaban para saldar las cuentas que con él tenían pendientes, porque ya se sabe que la justicia del Rey sirve más al noble que al plebeyo, al rico que al pobre al que sólo le cabe esperar la de Dios en el Otro Mundo, tierra ignota para los vivos y que nunca será, desgraciadamente, la que descubrió el famoso almirante genovés.
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“Yo, Alberto Durero el joven, he sabido por los papeles que he encontrado en casa de mi padre, dónde nació, cómo llegó a Nuremberg y cómo murió santamente.
(...)
Del matrimonio de mi querido padre y de mi querida madre han nacido los niños cuyos nombres siguen:
Todo lo que vamos a leer a continuación, lo he copiado, palabra por palabra del libro, de mi padre.
I.- El año 1468 después del nacimiento de Jesucristo, el día de Santa Margarita, mi esposa Bárbara dio a luz a mi hija mayor. La vieja Margarita de Weissenburg fue su madrina; ella dio a la niña el nombre de su madre.
Siguen:
II- 1470 Juan, III- 1471 Albert, IV- 1472 Sebald, V- 1473 Jerome, VI- 1474 Antoine, VII- 1476 Agnes y VIII- Margarita, IX - 1477 Úrsula, X- 1478 Juan, XI- 1479 Agnes, XII- 1481 Pierre, XIII- 1482 Catherine, XIV- 1484 Andrés, XV- 1486 Sebald, XVI- 1488 Cristina, XVII- 1490 Juan, y...
XVIII- En 1492, el día de San Ciriaco, dos horas antes de la noche, Bárbara me dio mi decimoctavo y último hijo. M. charles d’Oehsenfurt, su padrino, lo llamó Carlos.
A día de hoy, casi todos mis hermanos y hermanas, hijos de mi querido padre, han fallecido, unos muy jóvenes, los otros un poco más tarde. Tres de entre nosotros han sobrevivido y vivirán lo que Dios quiera. Son mi hermano Andrés, mi hermano Juan, y yo, Alberto.”
(“Notas de Familia”, Alberto Durero)
Fuente: Gazette des Beaux Arts (1859). Tomo 18.
miércoles, 4 de enero de 2012
El peletero/La casa
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
Y 21. La casa.
Estamos condenados continuamente a vivir en casas ajenas en una anachoresis que nunca termina.
Posesiones personales, una silla, una mesa: un lugar donde escribir. En más de 400 años no es mucho lo que ha cambiado. ¿O sí? Durero pintaba a un eremita, de forma que resultaba natural mostrarlo trabajando solo, pero en el siglo XVI era raro que alguien tuviera una habitación sólo para él. Pasaron más de cien años hasta que las habitaciones a las cuales se podía retirar uno de la visión del público empezaron a aparecer, y se las llamaba “habitaciones privadas”. Así aunque el título del grabado dice que se trata de un “escritorio”, en realidad era una habitación con múltiples usos, todos ellos públicos. Pese a la calma presente en esa obra maestra, el tipo de tranquilidad y de intimidad que solemos relacionar con el lugar donde trabaja un escritor habría sido imposible. Las casas estaban llenas de gente, mucho más que hoy día, y la intimidad era algo desconocido. Además, las habitaciones no tenían funciones especializadas; al mediodía se sacaba el atril y los residentes de la casa se sentaban a la mesa a comer. Al atardecer se desmontaba la mesa y el banco largo se convertía en diván. Por la noche, lo que ahora funcionaba como cuarto de estar se convertía en dormitorio. En este grabado concreto no se ve una cama, pero en otras versiones Durero mostró el sabio escribiendo en un pequeño podio y utilizando la cama como asiento. Si pudiéramos sentarnos en uno de los taburetes con respaldo, al cabo de poco tiempo empezaríamos a cambiar de postura. El cojín que hay en el asiento protege algo contra la dureza de la madera, pero no se trata de un sillón en el que relajarse.
La habitación de Durero contiene algunos instrumentos: un reloj de arena, un par de tijeras y una pluma de ave, pero no hay máquinas ni artefactos mecánicos. Aunque la fabricación del vidrio había progresado tanto que durante el día las ventanas grandes eran una fuente útil de luz, a partir del crepúsculo se bajaban las velas del estante. Resultaba imposible o incómodo escribir. La calefacción era primitiva. En el siglo XVI las casas tenían sólo una chimenea o una cocina en la habitación principal, y el resto de la casa estaba sin calentar. En el invierno, esa habitación, con sus grandes muros de cantería y su piso de piedra, era frígida. El llevar un ropaje voluminoso, como el de Jerónimo, no era cuestión de moda sino de térmica, y si el viejo sabio está encorvado, ello no indica piedad, sino también que tiene frío. (La casa, historia de una idea, Witold Rybczynski, 1999)
El mundo contemporáneo es la consecuencia de ese fracaso que continuamos viviendo. La filosofía escolástica medieval lo puso en evidencia al expresar su propósito, la unión de la fe con la razón. El barroco dio por terminada tal ingenuidad.
La esperanza casa mal con la libertad, la verdad con la fe, la experiencia con la razón y la caridad, que quiere ser fraterna y solidaria, no llega más que a cómplice.
Lutero (1483-1546) tal vez lo sabía, y por ello quería vérselas con Dios a solas, deseaba hablar con Él sin intermediarios, ser su amigo y su cliente, pero si Su faz nos mataría si la viéramos, Su palabra nos enloquecería si la escucháramos. ¿Qué más da entonces si un sacerdote confesor oye nuestros pecados?, su labor no es la de perdonar en nombre del Altísimo como comúnmente se cree, sino la de obligarnos a recordar nuestras faltas por los siglos de los siglos, amén.
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Escudillas de estaño repletas y pesadas de metal.
Gruesas ventanas hinchadas por la luz.
Materialidad de plomizas nubes.
Vestidos como colchas. Ostras húmedas.
Vestidos como colchas. Ostras húmedas.
Objetos inmortales, pero que no nos sirven.
Andan solos los zuecos de madera.
Las baldosas nunca se aburren,
y juegan al ajedrez con la luna.
Una chica fea estudia una carta
escrita con tinta simpática.
¿Se trata de amor o de dinero?
El mantel huele a moral y a almidón.
La superficie no conecta con la profundidad.
¿Misterio? No hay misterio alguno
sólo el azul del cielo, hospitalario
e intranquilo como gritos de gaviotas.
sólo el azul del cielo, hospitalario
e intranquilo como gritos de gaviotas.
Absorta, una mujer pela una manzana roja.
Los niños sueñan con la vejez.
Alguien lee un libro (el libro es leído),
alguien duerme y se vuelve un objeto
cálido, que respira (como un acordeón).
cálido, que respira (como un acordeón).
Les gustaba habitar. Y lo habitaban todo,
el respaldo de madera de una silla
y en en hilos finos de leche como el estrecho de Bering.
Puertas de par en par, el viento era afable,
las escobas descansaban tras el trabajo a conciencia.
Descubiertas las casas. Pintura de un país
donde la policía secreta no existía.
el respaldo de madera de una silla
y en en hilos finos de leche como el estrecho de Bering.
Puertas de par en par, el viento era afable,
las escobas descansaban tras el trabajo a conciencia.
Descubiertas las casas. Pintura de un país
donde la policía secreta no existía.
Sólo una sombra prematura entró
en el rostro del joven Rembrandt. ¿Por qué?
en el rostro del joven Rembrandt. ¿Por qué?
Pintores holandeses, decid, ¿qué pasará
al pelar la manzana, cuando falte la seda,
al pelar la manzana, cuando falte la seda,
cuando todos los colores sean fríos?
Decidnos, ¿qué es la oscuridad?
“Pintores holandeses” Adam Zagajewski, Lvov, Ucrania 1945)
(Del poemario "Tierra de fuego" Ed: El acantilado, 2004)
Traducción X. Farré
lunes, 2 de enero de 2012
El peletero/La vanidad
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
20. La vanidad.
El mundo clásico fue toda una era y un vasto continente que cambió dentro de sí mismo. La Atenas de Pericles (495 a.C.-429 a.C.) no tuvo nada que ver con el Bajo Imperio Romano, pero a ambos los unieron los mismos caminos y uno llevaba al otro. Según parece Hades todavía sigue vivo, pero Apolo ya castró y mató a Zeus y Plutón lo hizo también con Poseidón, la nueva tríada que ha ocupado su lugar continúa luchando con Venus y Dioniso que no quieren seguir siendo unos segundones, algún día lo conseguirán si es que no lo han logrado ya. Marte va a su aire y nosotros todavía somos barrocos en espera de lo que diga el Imperio del Centro.
“Hace muchos años vivía un rey que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día escuchó a dos charlatanes llamados Guido y Luigi Farabutto decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Esta prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Por supuesto, no había prenda alguna sino que los pícaros hacían lucir que trabajaban en la ropa, pero estos se quedaban con los ricos materiales que solicitaban para tal fin.
Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, el emperador envió primero a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, ninguno de los dos admitieron que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabar a la misma. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino.
Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla.
Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo:
«¡Pero si va desnudo!»
La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo escuchó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile”. (“El traje nuevo del emperador”, Hans Christian Andersen, 1837. Argumento extraído de Wikipedia)
No llegó nunca a romperse con el mundo antiguo, el cristianismo siempre supo que en las viejas orillas del Mediterráneo se hallaba su origen. La Edad Media no fue exactamente una tierra de bárbaros ni una etapa entre otras; godos, francos y lombardos buscaron lo mismo que persiguen ahora nuestros modernos vándalos, ser romanos y ciudadanos del Imperio.
En la mirada lejana que ve más allá se encuentra una de las quiebras básicas de la civilización occidental barroca y contemporánea: el fracaso, una vez más, de Prometeo al querer ayudarnos y empujarnos, como Sísifo, a una meta que quizás no fue ni será nunca la nuestra, la independencia y la emancipación del ser humano lejos del Paraíso.
El genio es lo que es, sea eso lo que sea que deba ser, y la vanidad el peor pecado porque da lugar a todos los que vienen después, uno detrás de otro, como si desfilaran en Bendita Procesión un Viernes Santo.
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Las artes y los oficios
Además de la agricultura, que, como acabo de decir, es una actividad común a todos, cada uno es iniciado en un oficio o profesión como algo personal. Los oficios más comunes son el tratamiento de la lana, la manipulación del lino, la albañilería, los trabajos de herrería y carpintería. Aparte estos oficios, no hay otros que merezca la
pena mencionar, ya que los practican pocos. Los vestidos tienen la misma forma para todos los habitantes de la isla. Están cortados sobre un mismo patrón, que no cambia nunca. Las únicas diferencias son las que distinguen al hombre de la mujer, al célibe del casado. El corte no deja de ser elegante y facilita los movimientos del cuerpo, al mismo tiempo que inmuniza contra el frío y contra el calor. Cada familia confecciona sus propios vestidos.
(...)
De este mismo privilegio de exención gozan los destinados al estudio de las ciencias y de las letras. El pueblo, asesorado por la recomendación de los sacerdotes y por los votos secretos de los sifograntes les otorga vacación perpetua.
Si alguno de los elegidos defrauda las esperanzas del pueblo, es devuelto a la clase trabajadora. Pero, sucede con frecuencia, que si un obrero en sus horas libres llega a adquirir por su constancia y diligencia un dominio notable de las letras, se le libera del trabajo mecánico y se le admite en la clase intelectual. (Utopía, Tomás Moro, 1516)
jueves, 29 de diciembre de 2011
El peletero/El poder desnudo
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
19. El poder desnudo.
El poder desnudo tampoco vive con nosotros, necesita de adornos. La política busca el mal menor, la utopía el bien mayor, entre ambos no hay componendas aunque uno no vive sin el otro. En aquellos años la Iglesia sustituyó en la Europa Occidental a la autoridad Imperial de Roma y vistió, como mejor supo y pudo, a los nuevos príncipes que llegaron del Norte, infantiles y salvajes.
El arte del político propugnado desde Maquiavelo no es precisamente el que guarda relación directa con la moral: la idea de Platón expuesta en El político o en La República muere con los estadistas y validos en el Renacimiento y el Barroco europeos. El verdadero arte de la “ciencia” política -si pudiera escribiría aún más comillas- consiste, por deturpación y traición al espíritu griego, en el dominio de la intriga para mantenerse el mayor tiempo posible en el ejercicio del poder. Cuando Juan de Gondi, el coadjutor de la reina, había conseguido que Mazarino fuese desterrado, que se hubiese puesto el precio de cinco mil escudos a su cabeza y que esta suma se fuera a obtener de la venta de su biblioteca, no podía ni imaginarse que el cardenal volvería fortalecido de su destierro, con sus poderes plenos y reestablecidos, y que conseguiría algo más insólito aún: que un alérgico a las coronas como Cromwell se aliara con él en una cruzada anglofrancesa contra España. A los leguleyos del Parlamento, los amigos de Cromwell, que buscaban el apoyo de sus homónimos británicos, se les derrumbó su edificio como si de un castillo de naipes se tratase... y Mazarino mató no dos, sino dos centenares de pájaros de un solo tiro.
Toda esta política de imposibles y obtención de poder a perpetuidad se explica en este libro: la obtención de favores de otras personas, el logro de la fama y del reconocimiento en beneficio propio, la administración del tiempo personal, cómo aparentar leer o escribir algo diferente a lo que verdaderamente se está haciendo, la manera adecuada para ganar dinero y conservarlo, la apariencia oportuna de los sentimientos, cómo concitar odios o favorecer cariños a voluntad, el arte del disimulo o la virtud de la desconfianza... Valga como ejemplo el modo tan simple y crudo con que Mazarino conservaba los favores: “Nunca sostengas una opinión contraria a la suya, ni se la rebatas, y si te atreves a hacerlo, deja que te convenza, que te haga cambiar de parecer, y finge que así ha sido”.
No olvidemos el origen romano de las estrategias de la ciencia del discurso (dialéctica, retórica, oratoria) ni el precedente un siglo antes de Maquiavelo, al que Mazarino da una vuelta de tuerca más en ese difícil y pervertido arte de mantenerse en el poder. Como he indicado al principio, un librito primordial para aquellos que, desde un talante liberal, tratamos de anticiparnos a los voraces fagocitadores de cargos, a los tragamillas de las pirámides sociales; como nos advierte Ioannis Selliba, el editor original de las máximas de Mazarino compiladas en 1684, “no para engañar, sino para no dejarte engañar”. (La erótica del poder según el cardenal Mazarino, David Felipe Arranz. Sobre: Cardenal Mazarino, Breviario de los políticos, trad. de Alejandra de Riquer, Barcelona, Acantilado, 2007)
(http://www.iberarte.com/index.php/20070610716/canales/opinion/la-era-del-poder-segl-cardenal-mazarino.html)
En la Europa renacentista y barroca apareció el Mecenas de las artes que los Papas de Roma encarnaron en mayor grado aunque ya tuvieron que rivalizar con el nuevo imperio del dinero fresco del burgués y del noble aburguesado. Sin embargo, el heredero de San Pedro fue un verdadero hombre completo, soberano y pontífice, burócrata y empresario, militar y hacedor de reyes que hablaba y sigue hablando por boca de Dios de igual manera que sus artistas -que también han terminado siendo universales- se vieron obligados a hacerlo por boca de él. Luego vino el Rey que como un pararrayos se convirtió en el centro absoluto de todo al serlo todo al mismo tiempo, pueblo y Palacio, la encarnación de la Nación. Familias poderosas como los Medici ya usaban criterios “selectos” que no son una mera suma de objetos inclasificables, las “listas” siguen un criterio, sino científico, al menos dirigido y abigarrado.
Todos, desde los entretenidos músicos hasta los grandes arquitectos, pasando por los escultores, orfebres y pintores, ingenieros, y también inventores -que vieron cercano el día en que podrán volar con alas de hierro-, sirvieron -y sirven todavía- a su señor, Obispos, Reyes, Sátrapas, burgueses y los grandes burócratas de Palacio o de los partidos políticos, a la misma audiencia, a los fans, a los espectadores y a la masa, a los expertos y críticos que encumbran o desprestigian.
El mundo moderno nació de esa visión que proporcionó la perspectiva y el ingenio mecánico, de la luz oscura de Caravaggio (1571-1610) y del Juicio final de Miguel Ángel (1475-1564), del pensamiento de Descartes (1596–1650), de la nueva política de Maquiavelo y Mazarino, de las lecciones de anatomía, de la nueva medicina y de los satélites de Júpiter que entrevió Galileo (1564-1642) con sus pobres lentes telescópicas. En todas ellas crece y vive la sabiduría, pero también la melancolía, hijas ambas de la soledad del que mira, y sabe que mirando y sabiendo no se mira ni se sabe nada si antes no se ha recordado, pues saber sólo se sabe lo que un día se supo porque se vio.
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Axiomas
1. Actúa con tus amigos como si pudieran convertirse un día en tus enemigos.
2. En una comunidad de intereses, existe peligro desde el momento en que un miembro se vuelve demasiado poderoso.
3. Cuando quieres obtener de corazón algo, que nadie lo descubra hasta que lo hayas obtenido efectivamente.
4. Es necesario conocer el mal para poder combatirlo.
5. Todo lo que puedas arreglar pacíficamente, no trates de arreglarlo por medio de una guerra o un proceso legal.
6. Es preferible aceptar un ligero perjuicio que hacer prosperar los asuntos de otro porque se espera de ellos un gran beneficio.
7. Al mostrarse demasiado duro en los asuntos, se expone uno a grandes peligros.
8. El centro es siempre preferible a los extremos.
9. Debes saber todo sin decir jamás nada, mostrarte afable con todo el mundo y no entregarle tu confianza a nadie.
10. El hombre feliz es el que permanece equidistante de cada uno de los partidos.
11. Mantén siempre un cierto grado de desconfianza de cada quien, y estate convencido que las personas no tienen mejor opinión de ti que de los demás.
12. Cuando un partido es numeroso y poderoso, aunque no pertenezcas a él, nunca digas nada malo del mismo.
13. Desconfía de todo aquello hacia lo cual te lleven tus sentimientos.
14. Para ofrecer un regalo o dar una fiesta, medita tu estrategia como si fueras a partir a la guerra.
15. No dejes que se te acerque más un secreto que un prisionero prófugo que hubiese jurado degollarte.
En resumen
Ten siempre presentes estos cinco preceptos:
1. Simula.
2. Disimula.
3. No te fíes de nadie.
4. Di cosas buenas de todo el mundo.
5. Prevé antes de actuar.
1. Actúa con tus amigos como si pudieran convertirse un día en tus enemigos.
2. En una comunidad de intereses, existe peligro desde el momento en que un miembro se vuelve demasiado poderoso.
3. Cuando quieres obtener de corazón algo, que nadie lo descubra hasta que lo hayas obtenido efectivamente.
4. Es necesario conocer el mal para poder combatirlo.
5. Todo lo que puedas arreglar pacíficamente, no trates de arreglarlo por medio de una guerra o un proceso legal.
6. Es preferible aceptar un ligero perjuicio que hacer prosperar los asuntos de otro porque se espera de ellos un gran beneficio.
7. Al mostrarse demasiado duro en los asuntos, se expone uno a grandes peligros.
8. El centro es siempre preferible a los extremos.
9. Debes saber todo sin decir jamás nada, mostrarte afable con todo el mundo y no entregarle tu confianza a nadie.
10. El hombre feliz es el que permanece equidistante de cada uno de los partidos.
11. Mantén siempre un cierto grado de desconfianza de cada quien, y estate convencido que las personas no tienen mejor opinión de ti que de los demás.
12. Cuando un partido es numeroso y poderoso, aunque no pertenezcas a él, nunca digas nada malo del mismo.
13. Desconfía de todo aquello hacia lo cual te lleven tus sentimientos.
14. Para ofrecer un regalo o dar una fiesta, medita tu estrategia como si fueras a partir a la guerra.
15. No dejes que se te acerque más un secreto que un prisionero prófugo que hubiese jurado degollarte.
En resumen
Ten siempre presentes estos cinco preceptos:
1. Simula.
2. Disimula.
3. No te fíes de nadie.
4. Di cosas buenas de todo el mundo.
5. Prevé antes de actuar.
(Breviario de políticos del cardenal Mazzarino)
martes, 27 de diciembre de 2011
El peletero/El artista
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
18. El artista.
Es indudable que a los seres humanos les gusta acompañarse de cosas bellas, incluso cuando sólo son cosas y no personas. Se suponía que la belleza de la forma emana de la del espíritu o que ésta otorga a la materia su propio aspecto. Lo bello enaltece, exalta y tranquiliza como si al adornar creáramos de la nada, como si recordáramos el Edén, como si la belleza también fuera de obligado cumplimiento al ser, sin lugar a dudas, la mejor manera que tienen de expresarse la verdad y la mentira.
¿Las estatuas de Fidias (490 a. C.-431 a. C.) o Donatello (1386-1466) nos muestran lo que deberíamos ser, o bien nos recuerdan aquello que fuimos?, quizás sólo nos dicen lo que nunca seremos. ¿A qué hay que dar forma?, ¿al cuerpo humano, al del león, a la nada? El Partenón no fue más que un suelo y un techo soportado el uno en el otro entre pilares y postes que llamamos columnas. Demasiada piedra para tanta corriente de aire.
Se empezó a firmar la obra artística en la Grecia clásica buscando parte de la dignidad que no supieron reclamar los gremios y los talleres, el comercio dio lugar a los coleccionistas y a las colecciones que no son más que una variante extraña de la memoria y de la ruina al ser una lista interminable de pérdidas, un inventario de olvidos. La notoriedad del artista, sin embargo, siempre ha debido de pagar un precio elevado al tener que buscar a un señor al que servir, un bienhechor, un tutor, un dueño, porque el artista libre no existe, es imposible y no puede ser, es un contrasentido lógico como pensar que hay cortesanas y rameras sin clientes.
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Tanto Petrarca como Boccaccio emplean términos como “belleza”, “arte” y “poesía”, es decir, los mismos que la estética posterior; ello no obstante, tras de los mismos términos hay conceptos diferentes.
Así el concepto de belleza, conforme a la tradición antiguo-medieval, era mucho más amplio y a la vez mucho más restringido que el actual: más restringido porque en general designaba sólo la belleza humana, y no solía aplicarse respecto a la naturaleza ni al arte. Y más amplio porque en el hombre designaba no sólo la belleza de su cuerpo, sino también las virtudes del alma.
También el arte lo entendían ambos de modo antiguo y medieval, o sea, más ampliamente que en su uso presente. El arte para ellos consistía en la capacidad de producir cosas, no sólo cuadros o poemas, sino toda creación basada en reglas y principios. Pero Boccaccio, sirviéndose de distinciones escolásticas, tenía ya un concepto más claro del arte (ars) y lo distinguía de la sabiduría (sapientia), de la ciencia (scientia) y de las habilidades puramente prácticas (facultas).
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Poesía y verdad. Para los poetas del siglo XIV lo más problemático de la poesía era su relación con la realidad, ya que la poesía trataba –a su modo de ver- cosas reales y cosas inauditas. Más aún la poesía “revela la verdad”; es decir, cuando representa la realidad lo hace conforme a la verdad.
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“El quehacer del poeta es imaginar, esto es, componer, embellecer y recrear con tintes artísticos la verdad de las cosas humanas, naturales o cualesquiera otras, y alterarla con el velo de la encantadora ficción, una vez desvanecido el cual comenzará a resaltar la verdad, tanto más agradable cuanto más difícil sea de indagar”. (“Epístolas seniles”, XII, 2. F. Petrarca)
(Historia de la estética: La estética moderna, 1400-1700, Wladyslaw Tatarkiewicz, 1991)
viernes, 23 de diciembre de 2011
El peletero/Rezar y batallar
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
17. Rezar y batallar.
El poeta y el músico han merecido de costumbre mayor consideración social por no usar exactamente las manos, aunque no siempre se ha considerado al segundo el forjador de algo valioso al pensar que la música sólo entretiene y no forma el carácter ni el criterio y que sólo es un pasatiempo, elaborado, pero nada más que una manera de amenizar el descanso o de celebrar la fiesta como algunos piensan que fue Ganímedes para los dioses, su simple copero.
Otros también consideran que la música nos secuestra el alma como si en sus ondas bailaran otras olas de oscuros y profundos océanos. Dejarse atrapar provoca en muchos -entre los que me encuentro- recelo y precaución porque en el sueño se sabe cuándo se entra, pero no cuándo se sale. La música es una sima o una simple brisa, entre ambas navegamos por los estrechos y las corrientes, arriba el cielo, el Universo entero con sus querubines, y abajo monstruos que, con cuerpo de peces y rostro de mujeres, nos cantan como ángeles.
Hoy en día nos parece ridículo que se considerara pintar o dibujar una actividad poco digna al estar hecha con las manos en un claro ejemplo más de memez al mirar el dedo y no lo que éste señala. Pero así fue y así seguro que volverá a ser.
Sin embargo, los estúpidos prejuicios y las rémoras mentales de clase terminan por cambiar y ser sustituidos por otros que no son mejores. De esta manera los artistas han logrado por fin lo que siempre han perseguido: la admiración y el respeto, la adulación y el elogio de su público que ha ido creciendo sin freno hasta nuestros días, convirtiéndolos, en algunos casos, en verdaderos ídolos, creadores de opinión y líderes de masas. El aplauso público es un narcótico moral y un euforizante de la libido y de la vanidad, sin el llamado reconocimiento social no hay manera de conseguir el poder, es la antigua y sempiterna “auctoritas” romana que mezclada con la “virtus” da forma legal a la fe y a la confianza que otros depositan en las virtudes de un líder, un comendador.
El peligro es que normalmente se termina por caer en el esperpento de no saber quién eres.
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Al matadero de los siglos XV y XVI sigue una pausa, y las masas revolucionarias no recobran una clara conciencia de sí hasta 1848, año de la segunda Comuna parisina y el Manifiesto de Marx-Engels. Dichas muchedumbres y sus líderes siguen abogando por la sociedad sin Tuyo ni Mío, precedida por una guerra civil sin cuartel, aunque antes enarbolaban visiones apocalípticas y ahora aspiran a un desarrollo más racional de las fuerzas productivas. Se consideran hijos de la Revolución francesa, un episodio a su entender «liberal», dentro de una Europa «ancestralmente capitalista», ofreciéndonos con ello un modelo de la distorsión retrospectiva que se sigue de postular la discontinuidad. En efecto, el primer Estado liberal no llega hasta los Países Bajos del siglo XVII, y desde el Bajo Imperio romano hasta entonces Europa ha conocido algo muy distinto del capitalismo privado. La actitud llamada hoy «pensamiento único» apenas tiene protagonistas durante unos mil años, pues estar expuesto al señorío compartido de «quienes siempre rezan» y «quienes siempre batallan» impuso al comerciante trabas tan nucleares como que el crédito y la compraventa inmobiliaria fuesen operaciones ilegales. (Los enemigos del comercio, Antonio Escohotado)
miércoles, 21 de diciembre de 2011
El peletero/El cerebro y el pensamiento
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
16. El cerebro y el pensamiento.
Desde antiguo el trabajo manual ha estado mal visto frente al que se suponía falsamente que era su opuesto, el mental. Siempre se los ha considerado diferentes cuando nunca lo han sido. La especulación libre existe, si por ello se entiende la exclusiva función del cerebro, pero no en cambio el movimiento autónomo, el gesto espontáneo sólo es la consecuencia de una enfermedad nerviosa, siendo así que se piensa que la mente no es esclava del cuerpo, suposición –y error- fundamentada en el dualismo platónico que descarna al ser y lo equipara al pensamiento puro pensando que el pensar es una función que no necesita “ser pensada”.
El cerebro es carne, es un hígado y un dedo, y los dedos son parte del estómago o los extremos de nuestras neuronas, de nuestras manos y de nuestros pies.
Pero el pensamiento, como si fuera una pulcra imagen informática y virtual, parece que no queda mancillado como lo hace nuestra piel de suciedad física, de grasa o de pintura, el que manda sólo dicta señalando con el índice. El cetro sirve para ello, es un puntero y es lo que persistentemente han querido las grandes castas de señores, de funcionarios y eunucos de Palacio, la distancia higiénica que no mancha.
Las uñas largas siempre han indicado descuido, sofisticación o una digna desocupación y holganza. Ellas son en buena parte el antecedente del bronceado de nuestros días, ellas revelan también el buen estamento social al que se pertenece, o se quiere pertenecer, y que no es otro que aquel que no trabaja y que se dedica solamente a deprimirse después de divertirse, entretenimiento y recreo, ocio y espectáculo.
La vieja sociedad estamental no ha variado esencialmente, las revoluciones solamente han permitido que nuevas personas ocuparan viejos cargos, siendo el esquema básico el mismo de siempre, la tríada del poder se ha mantenido imperturbable y sin cambios hasta nuestros días: el que manda, el que obedece y el sacerdote que legitima a los otros dos y así mismo. Tan es así que incluso la materia política tiene su antimateria y los revolucionarios perpetúan permanentemente el modelo.
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“Algunos artistas tienen la virtud de ponerte delante, no de cosas, sino del arte mismo. Estás escuchando, qué te diré yo, una zarabanda de Bach y te preguntas qué demonios es ese conjunto de sonidos que llamamos música, para qué o a santo de qué lo hemos inventado y de qué está hecho. Lees los cuatro primeros versos de "East Coker" de Eliot, dejas el libro y ¿qué es esto, te dices, qué insinúa, qué necesidad tengo de ese puñado de palabras escritas de modo extravagante y con un sentido resbaladizo? Igual sucede con el pintor Chardin cuya exposición en el museo de El Prado me parece uno de los acontecimientos más conmovedores de los últimos años. Ninguna pintura puede llegar a conocerse rectamente por fotografía, pero algunos pintores como Vermeer, Velázquez, Rembrandt o Chardin son totalmente engañosos en la reproducción. Hay que verlos a ojo desnudo, o como recomendaba Kleist, recortándose los párpados.
¿Por qué queremos ver pintados unos utensilios tediosamente domésticos? ¿Una pipa, un vaso de metal, unas uvas, un pescado muerto? O las escenas más vulgares, la madre que cose, la criada que llena de vino la damajuana. ¿Y qué tiene todo esto que ver con nuestras vidas actuales, abismalmente distantes del siglo dieciocho? Podríamos resumirlo preguntando: ¿qué se me da a mí la pintura y muy particularmente la pintura de Chardin?”
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Blog de Félix de Azúa, Abre los ojos y piensa, (Publicado el 14/3/2011 a las 09:57)
lunes, 19 de diciembre de 2011
El peletero/La libertad
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
15. La libertad
Se cuenta que una cosa es el Arte y otra muy distinta lo que se piensa que es. Así es también aquello que se dice del artista, que de mago pasa por ser semidivino y de dios a un mero trabajador. Cada época y cada país ha considerado el mundo, y a sus habitantes, como mejor ha sabido sometiéndolos a todos a prejuicios como si los llenara de cadenas para retenerlos y evitar que echaran a correr.
Los artistas han pasado de ser esforzados labriegos a seres inspirados por los dioses, únicos artífices que dictaban lo que debía escribirse o pintarse igual que lo hacen los dueños con sus marionetas y muñecos parlanchines. De esta manera, Dios, o el diablo, termina siendo el verdadero artista que presta sus habilidades y sus poderes al pobre humano que así se ve transformado en genio y en un ser superior al resto de sus semejantes. Según parece, y dictan los Padres de la Iglesia, al igual que la fe, y la gracia, el arte tampoco se obtiene ni con el buen hacer ni con el esfuerzo continuado, sólo se recibe de quién tiene el don de darlo.
El arquitecto, músico o pintor, siempre ha anhelado vivir por encima del dinero sabiendo que tal propósito, quimera de locos, únicamente se consigue siendo más rico que el rico que te paga por tu trabajo.
En aquellos años lejanos que finalizan la Edad Media e inician nuestra modernidad empezó a forjarse la idea del “arte libre” y del artista no sometido a la demanda del ignorante pagano, que dicen todos que vive con su alma henchida de vanidad y su bolsa llena de oro fatuo como el fuego de San Telmo, frío y vano. Pero el artesano y el orfebre, el nuevo artista -que más tarde se consolidó en el Romanticismo-, persigue también, igual que esos nuevos ricos, “El carro del heno” (¿1516?), tesoro huero que a todos seduce y pervierte y que arrastra a cualquiera en su secreta y notoria codicia, en su público deseo.
Se cree y se airea, como sábanas lavadas y extendidas para secar, que la libertad creadora dará buenos frutos, sin embargo, otros, entre los que nos encontramos, afirman todo lo contrario, que el buen hacer sólo aparece cuando sirve a una empresa y a un cliente que paga y exige resultados fehacientes, que da libertad de la misma manera que marca el camino y el destino, que dice lo que quiere y que manda que se haga.
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“Sea la tercera propiedad de la Pintura el ser libro abierto, y historia y escritura silenciosa, pues en ella leen así doctos como imperitos, los sucesos de la sacra y humana historia; la constancia de los mártyres; la austeridad de los penitentes; la mediación de los confesores; el retiro de los anacoretas; la observancia de los religiosos; y el ejemplo en la expresión de todo linage de virtudes y documentos morales; siendo este medio de especialísima utilidad al vulgo de los idiotas, pues por él leen, como ya diximos, en el libro abierto de la Pintura lo que no aciertan á leer en los libros por cuya causa, próvida nuestra madre la iglesia de todo espiritual alimento para sus hijos, mandaba en su primitivo origen se colocasen en los templos, como hoy se practica, las historias sagradas, vidas y martirios de los santos.
De que procede también el especioso renombre de ser idioma universal, como notamos en el capítulo 6. parrafo 3. pues no solo entienden su lenguage los de una nación, sino los de todas; porque su estilo es italiano, francés, español, alemán, turco griego, chino, caldeo, y todos los demás del universo: imponderable excelencia de esta arte, y digna de superior aprecio, pues con tanta diversidad de gentes, naciones, y lenguas, se explica con un solo idioma!”. “El museo pictórico y escala óptica” (1715-1724), Antonio Palomino (1655-1726)
viernes, 16 de diciembre de 2011
El peletero/La disección
Lecciones desordenadas y fugaces de anatomía barroca.
14. La disección.
Buena parte de la confusión derivaba de un hecho económico: las indulgencias eran una fuente muy estimable de financiación del clero católico. La Reforma niega la potestad que las obras, y las oraciones, de unos curas pagados, disminuyeran las penas de las almas en el purgatorio. Si nos abstraemos del pago, y del cobro que como plañideras practicamos llenando sus bolsillos de monedas, la pregunta es la siguiente: ¿mis obras redimen las culpas de otros? La Reforma lo niega rompiendo con una tradición secular que afirma que los pecados de los padres los pagan los hijos, los pagan y los saldan liberando con ello a sus progenitores o prójimos de culpa. En el mundo de Lutero (1483-1546) no existe el perdón, su dios, aunque sea como Alá, el Misericordioso, más se parece al Jehová de Abraham y Noé que al Jesús del Madero, al que todos, Machado también, quieren verlo descender y caminar por encima de las aguas, pero como Prometeo, Él también se encuentra encadenado mientras unos buitres devoran su hígado.
Existió, como A. Hauser destacó, un barroco de la Reforma y un barroco de la Contrarreforma, el Norte se enfrentó a una Roma Papal y a un Madrid castellano y austríaco incluso en las modas, más tarde también, un Versalles que inventó pelucas, pólvoras y convirtió al Rey en un gran espectáculo público donde a los partos de la Reina estaban todos, o casi todos, invitados.
De nuestra posmodernidad se ha hablado de una forma apocalíptica y pícara igual que cuando el Barroco, más que el Renacimiento, da por terminado el Medievo y alumbra los tiempos modernos, las brujas empiezan a desaparecer para dar lugar a los locos, en este tránsito difícil surgen las nuevas identidades que Pico Della Mirándola (1463-1494) encarna perfectamente, el hombre es libre para ser lo que quiera ser, decía él, el hombre es agua y el mundo es líquido (Zygmund Bauman), decimos nosotros, se adapta a cualquier forma que la contenga. Entre ambas, entre la libertad y el agua, las revoluciones y las quimeras sociales florecen, Santo Tomás de Aquino (1224/1225-1274) y Galileo (1564-1642), San Francisco de Asís (1182-1226) y Max Plank (1858-1947).
La Compañía de Jesús (1534) y Vladimir Illich Ulianov “Lenin” (1870-1924) conviven con Santa Teresa de Ávila (1515-1582) y la Estación Espacial Internacional (1998).
Nuestra alma, al igual que nuestro cuerpo empieza a ser nuestra y al mismo tiempo una extraña, cuanto más la conocemos más nos separamos de ella.
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En medicina el Renacimiento es la época del pensamiento anatómico: de la anatomía, de la cirugía y de la anatomía patológica. La disección de cadáveres humanos ya se practicaba ocasionalmente en los siglos XIII y XIV con fines médico-legales o de estudio del cuerpo humano por algunos artistas italianos. En ese período destaca la obra del profesor boloñés Mondino de Luzzi, Anathomia, completada en 1316. Sin embargo, buena parte de sus disecciones fueron pericias médico-legales. Su Anathomia está enmarcada en autores árabes.
En el Renacimiento la figura central es la de Vesalio. Un impulso para el estudio anatómico venía también del arte, de pintores y escultores que, con ese espíritu humanista, querían conocer el cuerpo humano para representarlo en toda su belleza. Hubo ciudades como Florencia en que artistas, médicos y boticarios formaban el mismo gremio, y los artistas acudían a las disecciones para conocer directamente anatomía humana. En 1549 declaró Vesalio:
No me tomo la molestia de preocuparme de los pintores y escultores que se amontonan en mis disecciones ni, pese a sus aires de superioridad, me siento menos importante que ellos.
Pero hubo un caso particularísimo, un genio universal que, siendo artista extraordinario, hacía sus propias investigaciones anatómicas: Leonardo da Vinci, nacido en 1452 y muerto en 1519.
(...)
Paradójicamente éste, uno de los más grandes genios de la humanidad, había vivido en lo científico al margen de la historia. Sus bellos dibujos anatómicos están basados en la disección de más de veinte cadáveres. Aparte muchos hallazgos anatómicos, Leonardo se adelanta también en la concepción de la anatomía: la suya es, como se diría hoy, una anatomía funcional.
La obra de Vesalio, De humani corporis fabrica, en cambio, fue bien difundida en su tiempo y tuvo dos ediciones durante la vida de su autor: en 1543 y en 1555. La demostración de que el tabique ventricular era macizo y que, por tanto, la sangre no podía atravesarlo hacia el ventrículo izquierdo, significaba el derrumbe de la fisiología galénica.
Tres son los autores que concibieron el circuito de la circulación menor: el teólogo y médico español Miguel Servet en su obra Christianismi restitutio de 1553, Realdo Colombo, discípulo de Vesalio, en su obra póstuma De re anatomica publicada en 1559, seis años después de la muerte de Servetus, e Ibn-al-Nafis, médico de Damasco y El Cairo, comentarista de Avicena del siglo XIII.
Maestro de Vesalio fue Jacques Dubois, famoso anatomista galénico conocido bajo el nombre latino de Sylvius. Efectivamente fue uno de los que describió el acueducto que hoy lleva su nombre. No hay que confundirlo con Franz de le Boë, también latinizado a Sylvius, médico del siglo XVII cuyo nombre está asociado al surco lateral del cerebro. Contemporáneos de Vesalio fueron Eustachio y Varolio. Discípulo suyo fue, entre otros, Falopio. Otro anatomista contemporáneo de Vesalio fue Gerolamo Fabrizi D'Acquapendente. Describió las válvulas de las venas, pero como era galenista, supuso que su función era obstaculizar el paso de sangre hacia la periferia. Fue uno de los maestros de Harvey, que iría a interpretar correctamente la función de estas válvulas.(http://escuela.med.puc.cl/paginas/publicaciones/historiamedicina/histmed_01.html)
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