sábado, 11 de diciembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (66)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

66. Los bebés y las mascotas.

Se cree que la fotografía no es elitista porque del original, el negativo, se pueden realizar tantas copias como se quiera. Tal abundancia facilita su acceso y disfrute al hacerlas llegar a todos los públicos y lugares. Con ella, se dice también, cualquiera puede ya mirar por esa ventana portátil pedazos de realidad. 

La copia fotográfica no es exactamente una copia, es también un original al ser algo nuevo, como la copia de un grabado en relación a su molde. Ambos son hijos de un troquel. La metáfora de la matriz y de la horma es extraordinariamente rica y da lugar a extrañas y perversas ideas sobre el orden, la libertad y la paz.

En la Antigüedad se copiaba constantemente, todos copiaban de todos y no existían los derechos de autor. Entonces cada copia era única, se cantaba en directo y se declamaba en presencia de todos. 

El proceso de miniaturización de las cámaras es continuo e imparable, su abaratamiento también. La fotografía digital es ya un juguete en manos de niños grandes, cualquier cosa puede ser fotografiada y cualquier instante capturado. 

Los seres mas fotografiados son los bebés y las mascotas.

Con ello, tal y como nos señala Benjamín de una manera muy lúcida, las imágenes devienen efímeras y secretas bloqueando los mecanismos de asociación comunes, los que miran son analfabetos y lo que ven es incomprensible y ya no puede ser leído porque ha perdido su capacidad de trascender. La estética ha suplido al Arte.

La multitud y la masa no pueden suplantar a la familia, al clan, a la tribu ni tampoco al pueblo, y el presente no puede ser Dios. El contacto se ha roto, no hay nadie al otro lado de la línea. La única fotografía posible y plausible, y con ella la construcción de imágenes, es la policial, la judicial y la forense. Ella es la que todavía mantiene su sentido. No hay alternativa porque incluso el periodista, que quiere ser un notario, termina siendo un simple político, un fan también, su disección de la realidad es falsaria por interesada –¿no estábamos orgullosos del subjetivismo?-, y no conserva la pulcritud de la autopsia, el periodista vendió su alma por un plato de lentejas en un cuarto oscuro.

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66M
-“Querido Víctor, érase una vez un peletero pintor que se encontraba sentado en su silla frente a su tela en blanco barruntando qué pintaría en ella. Se hallaba tan tranquilo y tan absolutamente relajado y ensimismado que su mirada se había desplazado lentamente hacia un punto de la pared que había a su derecha, allí donde la pintura blanca mostraba una pequeña y casi imperceptible mancha de color indefinido. 

Llevaba bastantes minutos reposando su mente, absorto, mirando con atención la pequeña imperfección, la irregularidad, aquella señal minúscula que quizás marcaba el tiempo transcurrido desde que hacía seis meses había pintado el piso con una moderna pintura plástica de color blanco. Sólo habían pasado ciento ochenta días y la pared ya había empezado a ser vieja, pensó.
Transcurrido un tiempo, seguía observando la mácula, tranquilo y concentrado, pero al mismo tiempo empezando a entristecerse al empezar a barruntar que esta pequeña señal era un descubrimiento inesperado del paso ineludible del tiempo, de la decadencia y de la decrepitud, de la fragilidad de las obras humanas, de la ruina. Aunque, bien mirado, era también una solemne simpleza preocuparse por una pequeña mancha que incluso podía limpiarse con facilidad en aquella moderna pintura plástica. Reconocía que la situación era absurda, pero en su interior crecía un extraño desconsuelo, un sentimiento de fracaso y derrota.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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66H
-“Ayer, querida Verónica, desatasqué el lavabo con un desatascador y barrí el suelo con una escoba, con una bayeta fregué las paredes y lavé los platos con un estropajo.

Puse una lavadora, tendí la ropa en los tendederos y hoy la plancharé con la plancha. 

Quise también colgar un cuadro en el pasillo. Tenía el cuadro y la pared, pero no había manera de que permaneciera colgado, se caía cada vez que lo intentaba, no lo logré. Lo he dejado en el suelo, apoyado en ella, creo que también es un buen sitio.

Alguien me ha recordado que necesito una barrena, un taco, un clavo y un martillo para colgar un cuadro en una pared. Se me habían olvidado esos detalles, la verdad, son demasiadas cosas.
Hacer que la vida siga adelante es a veces indigno. Pienso dejar el cuadro en el suelo, como si descansara. Ya sé que puedes pensar que no termino las cosas, que siempre quedan a medias, pero no es cierto, el suelo es también un buen lugar para una pintura, recostada. ¿No crees?” (El hilo. Cartas a una amiga.)


jueves, 9 de diciembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (65)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

65. Walter Benjamín.

En otro sentido diferente, Walter Benjamín afirma que la fotografía inventa la “instantánea” al conseguir fijar el momento y dar una nueva consistencia al presente, ella parece ser la prueba de su existencia, la de la realidad y su “hábitat”, eso que llamamos presente.

Sin embargo, las necesidades técnicas, por tiempo y escenario usados, de la fotografía primitiva son más pictóricas que hijas de esa “instantánea”, ellas todavía conservan la luz de las telas y los modelos parecen posar frente a pintores, no frente a fotógrafos. Los primeros retratos fotográficos no habían entrado todavía en contacto con la actualidad al no ser, en un primer momento, un instrumento habitual ni esporádico en los primitivos periódicos. 

Benjamín nos advierte que la fotografía pone en evidencia dos hechos fundamentales al convertirlos en procesos mecánicos fáciles, el primero está referido a la reproducibilidad de la naturaleza, y el segundo a la industrialización de la obra de arte al conseguir que el objeto sea también reproducible a una escala que antes nadie había podido imaginar. El “realismo” de la fotografía, la verosimilitud con el modelo, es tan alta que permite equivocadamente suponer que el objetivo del arte es copiar la naturaleza en una ventana portátil que quepa en un bolsillo. La larga tradición de la pintura de miniaturas, centrada en el retrato, queda sustituida rápidamente por los daguerrotipos. Sin embargo, su aparición provoca, paradójicamente también y por contraste y oposición, el nacimiento de las vanguardias y su iconoclasia.

El segundo hecho, al hablarnos de la copia múltiple y abundante, redunda también en el nuevo imaginario democrático utópico que permite desear un arte al alcance de todos y en suponer que la fotografía es el primer arte popular. 

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65M
-“En una ocasión, querido Víctor, oí a alguien usar una razón muy particular para descalificar un proyecto público, algo parecido a estar en contra de la bomba atómica solamente porque te puede caer encima sin importarte si les cae a otros.

Nadie que lo oyó le creyó, naturalmente, y todos le rieron nerviosos la gracia y el argumento que usaba como si fuera una broma: el interés particular expresado de la manera más desvergonzada. 

La del niño de la película “4oo golpes” era una mentira que parecía una verdad. La otra lo contrario, una verdad que parecía una mentira. ¿Y la de Hitler?, ¿qué aparentaba?”. (La madeja. Cartas a un amigo.)
 
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65H
-“Querida Verónica, una conocida reciente me contó el otro día que guardaba la felicidad dentro de una caja adornada con un lazo, que no podía abrirla sin evitar su evaporación y que temía al verano que se acercaba porque pensaba que se la podían comer las polillas. Me preguntó nerviosa qué debía hacer para defender a la felicidad de ese ataque mortífero, que si conocía algún remedio eficaz para salvaguardarla de los insectos asesinos. Le respondí que no, que nada había en este mundo que lograra evitarlo, que las polillas se la comerían igual que se comen a un zorro de la Patagonia. 

¿Sabes cómo se comen las polillas a un zorro de la Patagonia?, le pregunté. Se me quedó mirando callada, como si hubiera visto un fantasma o estuviera loco.

Se lo comen sin saber que es un zorro de la Patagonia. Con la felicidad ocurre lo mismo, añadí, te la comes sin saber que lo es, sin degustarla y sin apercibirte tampoco que tú eres la polilla hambrienta y devoradora.

Algo asustada, y sin darme las gracias por la lección de zoología ni despedirse del zorro de la Patagonia que dormitaba a mi lado, se fue”. (El hilo. Cartas a una amiga.)


miércoles, 1 de diciembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (64)







Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

64. La Fotografía.

Roberto Longo afirma sorprendentemente que una fotografía siempre nos habla del pasado, en cambio, nos dice también que una pintura lo hace del presente. ¿Cómo es posible siendo la primera más verosímil? 

Aparte de confundir habitualmente presente y verdad, la técnica fotográfica, al permanecer oculta, nos causa, sin duda, una más alta “impresión” de veracidad que la más realista de las pinturas. La pintura, por el contrario, siempre nos enseña el artificio que la hace posible, al no ser perfecta nunca está terminada, siempre se está ejecutando ante nuestros ojos. 

La fotografía es el fundamento práctico del arte realista, en último término la máquina es siempre neutra porque lo que nos muestra existe. En cambio, una pintura, no importa la fecha de su ejecución, está aconteciendo sin concluirse jamás porque lo que nos presenta no siempre existe, el artista nunca es neutral. 

En una fotografía aparecen más cosas que las que queremos ver y enseñar, en contraste, en una pintura solamente hay lo que queremos que haya.

El presente es inasible e indomable, no se lo puede cazar vivo, no se lo puede atrapar. La fotografía lo mata, la pintura lo cabalga. Ninguna de los dos lo doma.

Lo que vemos jamás ocurre, siempre ocurrió, lo que sucede no puede ser visto todavía, quizás solamente después, por ello las cosas que nos cuenta la fotografía sucedieron en un pasado, y por el mismo motivo una pintura sí nos está mostrando, al estar construyéndolo, un ahora y unos hechos que tal vez no estén sucediendo ni sucedan nunca.

Esa es la razón por la que el arte no nos muestra la realidad, ni tampoco la representa, no la substituye ni ocupa su lugar, es independiente y autónomo, solamente nos habla de él mismo aunque esté poblado y lleno de fantasmas y paisajes, algunos recordados y otros nunca vistos ni sospechados.

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64H
-“Querida Verónica, decíamos que nos tocaron vivir tiempos confusos, si es que siempre no lo son, pero los realmente desconcertados éramos nosotros que deseábamos tenerlo todo cuando todo lo teníamos en el otro. Siempre queremos más, pero yo sólo te quería a ti y tú te ibas y regresabas para volverte a ir.

Cuando fui un ciprés te amé, ahora sólo soy un pájaro gris que mira triste los chopos que poblaron aquel río. Ya no lloro, ahora me río y me invento Verónicas que no existieron, Helenas, Cármenes, Dianas y Julias, todas ellas tan reales como aquellas que poblaron mis noches de vino y rosas.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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64M
-“Es cierto, querido Víctor, en aquel río había chopos, alisos y juncos, pájaros grises y jilgueros, mariposas y un montón de buitres carroñeros prestos a devorarnos. Con ellos también vivían gusanos y elefantes, boas constrictor, cóndores y árboles gigantes. Ya no canto, ahora lloro y me invento Víctores que sí existieron, tan reales como todos los que no se parecieron a ti. (La madeja. Cartas a un amigo.)

martes, 30 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (63)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.
63. La evocación.

El eje que vertebra toda la pintura, y el arte en general, es el tiempo poético, que es una forma también poética de nombrar a la evocación. Nos encontramos ya lejos de la vieja clasificación entre artes espaciales o temporales. 

Ese tiempo presenta una característica curiosa que no es otra que la de hallarse todo él, pasado, presente y futuro, fuera ya del tiempo. 

Sin embargo, según sea la técnica que usemos nos permite la ilusión de fijar un instante como si tuviera lugar en el mismo momento, la ilusión del presente. Eso es así en las artes escénicas, en las cinematográficas, incluida, como máximo representante, la televisión y demás artilugios informáticos y electrónicos de reproducción de imágenes. 

También es factible figurar todo lo contrario, que los hechos acontecen fuera del recuerdo o del deseo, la abstracción pretende tal proeza, e incluso pensamos que llega a conseguirla con obras como el “Cuadrado negro” de Malévich, una pintura que al carecer de referentes simbólicos positivos pretende situarse más allá del sentido al obtenerlos en su ausencia. Arte nihilista al querer hablar callando. 

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63H
-“Querida Verónica, ¿qué rostro tienen la verdad y la mentira?, ¿el de una fotografía?, ¿el de la indiferencia?, ¿el del miedo?

Hitler siempre señaló lo que iba a hacer, a todos advirtió y nadie, excepto cuatro íntimos, le creyó del todo. Alguien dirá en su descargo que al menos fue un hombre sincero.

Sin embargo, Hitler hablaba de objetivos y de estrategia, nunca se ensuciaba las manos en la fangosa y farragosa táctica. Jamás dijo algo sobre “La solución final” y los detalles que la acompañaban, dejaba que los ministros de su Gobierno interpretaran sus silencios y sus medias palabras como si sus objetivos y sus fines fueran el viento, y ellos, los capitanes, las velas que debían atraparlo. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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63M
-“Muchas veces me recordabas, querido Víctor, la película “400 golpes” de François Truffaut, en ella el protagonista, un niño de unos 13 años, responde a su profesor que su madre ha fallecido cuando éste le pregunta por qué ayer no se presentó en la escuela. La muerte de una madre no puede ser mentira, decías, nadie osaría usarla para escabullirse de un castigo que más pronto que tarde recibirá si el fallecimiento es falso, y además lo hará por partida doble, por no asistir a clase, hacer novillos, y por usar esa terrible mentira. No se puede mentir sobre la muerte de tu madre, pero si lo haces debes saber que todo el mundo te creerá, ése, y no otro, es el verdadero drama del mentiroso, que le crean. ¿Es así también con las verdades?” (La madeja. Cartas a un amigo.)

viernes, 26 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (62)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

62. El beso y el fantasma.

¿Qué hacemos entonces con el modelo si no lo copiamos, si no fabricamos de él una reproducción fidedigna, una copia, una imagen que reconocemos no siendo ella él?

Si una magdalena nos permite reconstruir toda una vida, ¿qué poder encierra un beso?, ¿ninguno, o el mundo entero? ¿Es él también un eslabón perdido?

La experiencia de la nada, que traemos al nacer como si fuera un pan debajo del brazo, la redime el recuerdo, la memoria, y todos los fantasmas y figuras que la pueblan y que nos acompañan, y que, tal vez, nos libran del sin sentido y del horror. Gracias a las magdalenas y a los besos podemos seguir manteniendo una vida digna, ellos son los guijarros que vamos echando en el suelo, tras nosotros, para asegurar después nuestro retorno, porque la muerte no es otra cosa que un regreso al primer beso.

“Ahora puede arder ya el fuego de estopa; qué importa lo que podamos parecer y lo que usurpemos? Lo que somos, lo que tenemos que ser, basta para llenar nuestras vidas y emplear nuestro esfuerzo. París es una admirable caverna, y sus hombres, cuando ven sus propias sombras agitarse en la pared del fondo, las toman por la única realidad. De ahí la extraña y fugitiva fama que esta ciudad otorga. Pero lejos de París hemos aprendido que hay una luz a nuestra espalda, que necesitamos volvernos, rompiendo nuestras ataduras, para mirarla de frente, y que nuestra tarea antes de morir es buscar a través de todas las palabras el modo de nombrarla. Todo artista, sin duda, busca su verdad. Si es grande, cada obra lo acerca a ella, o al menos, gravita cada vez más cerca de ese centro, sol huido, en el que un día todo ha de acabar por arder. Si es mediocre, cada obra lo aleja de ella y el centro está entonces en todas partes, la luz se desvanece. Pero los únicos que pueden ayudar al artista en su búsqueda obstinada son quienes lo aman y también quienes amando o creando, encuentran en su pasión la medida de toda pasión y por eso saben juzgar.

Sí, tanto ruido... ¡cuando la paz sería amar y crear silencio! Pero hay que saber tener paciencia. Todavía durante un momento, el sol sella las bocas”. (“El enigma” Albert Camus, 1950)

Albert Camus tenía razón, el sol reina y nos manda callar, y desde lo alto obliga también a las sombras a esconderse debajo de nuestros pies mientras las cosas del mundo empiezan a prender; las palabras dichas, las palabras perdidas, las alegrías y las tristezas, las decepciones y todo aquello que olvidamos entre nuestros deseos y los fríos anocheceres, se consume en el velo de su luz indiferente, radiante y fugaz. 

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62H
-”La vida me mata, Verónica. A unos los mata la muerte a mi me mata vivir.
No lo comprendiste entonces, cuando era un niño y sonreía siempre, y casi no lo comprendes ahora, traté de explicártelo de mil maneras diferentes, sólo una lagartija lista podía haberlo entendido, y a ti te faltaba todo el largo de su cola para serlo. Ahora ya recuerdo quién fue Zanardi.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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62M
-“Las perlas requieren años de fecundación, son cosas concretas, delimitadas, son una labor de años, necesitan que las ostras enfermen y el nácar se pudra. Son un embarazo.

Querido Víctor, amor mío, siempre hay alguien que no se encuentra en su lugar. Siempre hay un error fatal en alguna parte. 

Lo que todavía no sé es si el error es la vida o lo es la muerte o, si por el contrario, el error soy yo o lo son los demás. 

Entre los errores y los aciertos, entre los sueños y los deslumbrados despertares, siempre hay alguien que no está donde debería.” (La madeja. Cartas a un amigo.)


miércoles, 24 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (61)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

61. El arte y sus obras.

En esa vocación de taumaturgo y demiurgo hallamos la manera en cómo se complementan el doble y el espejo, pues la obra artística es siempre una “emergencia”, algo que antes nunca nadie había visto ni pensado. La obra de arte también hace al caso al formar parte del mundo, del “nuevo” mundo que gracias al ser humano crece sin parar con sus palabras y sus obras.

La copia, la imitación, la reproducción, el duplicado, el calco, la falsificación o el simulacro no existen entre la imagen y el supuesto modelo, la primera no es ni el doble ni la sombra del segundo porque las imágenes solamente se calcan entre ellas mismas. Se copian otras pinturas, las unas a las otras, nunca el modelo que se pinta, sea una persona o un árbol, una idea o un instante, la expresión de un sentimiento o el relato de unos hechos acontecidos. 

Esa es la razón por la cual Pierre Francastel afirmaba que “la realidad del arte son las obras, jamás los modelos ni las fuentes de inspiración”. Y Santo Tomás de Aquino cuando decía que “un artista concibe la forma que quiere representar de acuerdo con la obra de otra persona que ha sido contemplada con anterioridad”.

Quizás por ello buscamos a las personas en las muñecas, de madera o de plástico, hinchables o no.
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61H
-“Querida Verónica, nunca se sueñan los sueños de los demás, pero se pueden robar igual que las ideas y los recuerdos. Lo sé de muy buena tinta, casi todos vamos por ahí robando recuerdos y mintiéndonos a nosotros mismos como bellacos. Pero al menos alguna vez podemos decir que no, basta, o algo así. El “Viaje al fin de la noche” de Celine no logré terminarlo cuando quise leerlo, por casa andaba cuando allí vivía, pero... siempre que buscaba algo por las estanterías, otro libro cualquiera, se me aparecía el de Celine, como si cambiara de lugar, como si persiguiera mi mirada, como si me recordara un trabajo todavía no terminado. Hay libros que son una tarea leerlos, una labor. Por casa andaba, nunca mejor dicho, no pienso leerlo. ¿Y Joanne Woodward, te olvidaste de ella? Hay palabras que son como algunas mujeres, no hay manera de librarse de ellas, parecen escritas por uno mismo.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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61M
-“El pecado de Adán y Eva, se les “revela”, al darse cuenta que miran de otra manera, viendo cosas distintas que las que antes veían. Si Eva fue estúpida y osada, ¿no lo fue también Adán al seguirla? Ninguno de los dos era ningún ángel, ¿qué eran?
Los seres alados tienen un poder psicológico muy poderoso, permíteme, querido Víctor, citarte unas palabras aparecidas en el periódico “El País” de Carlos Ranera, un psiquiatra de renombre y amigo del hermano de un amigo. 
“La historia en cuestión es la de una niña que traté hace unos años, cuando estaba en el servicio de psiquiatría infantil. El otro día hablábamos de la ceguera. Silvia padecía una ceguera autista (no veía la mente de los demás). Si le decías, ¿puedes acercarme la goma de borrar? ella contestaba: ¡claro que puedo!; sin hacer el más mínimo gesto de acercar la goma. No mejoró gran cosa después de dos años de terapia. Sólo podía comunicarse conmigo si entre los dos había una jaula de canarios. En un texto védico contado por Kenneth White puede leerse: " La primera de todas las enseñanzas consiste en meditar sin fin sobre el pájaro". El caso informado por Ange Condoret (1983) sobre una niña autista, muda y asocial, Betsabé, que empezó a hacer progresos desde el momento en que una paloma en vuelo raptara su atención, propone un significado pleno a la pedagogía del texto hindú: la apertura del sujeto saliendo a la búsqueda.”
El otro día viste vampiros salir de una gruta, las ratas aladas son mamíferos que vuelan. El Porco Rosso, el Barón Rojo y Saint Exupéry también, ninguno fue en vida ningún ángel.
La poesía no termina nunca, los días tampoco”. (La madeja. Cartas a un amigo.)


lunes, 22 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (60)



Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

60. Todo se nos sigue escapando.

Recordando a Wittgenstein, nuestro filósofo austriaco, hemos de pensar que si el mundo es todo aquello que hace al caso, también lo será todo lo que, acertado o no, digamos de él, dando por entendido también que todo lo dicho no existía, o no había sido dicho antes de decirlo. Y que “decir” se puede decir hablando, escribiendo, tocando el piano, interpretando un personaje en un escenario, bailando o pintando. Así pues, consideramos, convencidos, que la realidad encuentra en la pintura uno de los mejores instrumentos para emerger ante los ojos del humano, que, esforzado, con más o menos tino y con el ánimo alegre o doliente, usa los pinceles para recubrir superficies vacías con el anhelo de llenarlas, de dar significado a la vida y a la nada. Por esa razón John Berger afirma, y repite su hija Katya, que la vida “acoge” al arte aunque todo se nos siga escapando.

En este punto de nuestra larga perorata regresamos al origen cuando citaba a mi amigo decir que: “el poeta es un hacedor y que su poesía es una aportación en lo real y no una falta ni una desaparición”.

Y por enésima vez recordaremos a Wallace Stevens cuando concluye también que la lengua es un ojo, aforismo intercambiable al señalar que el ojo ve, mira y también habla.

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60H
-“Ya sabes, querida Verónica, que siempre he pensado que una chaqueta de piel es una variante simbólica del tatuaje, que vestir una de ellas expresa también aquello que pretendían los caníbales, obtener las virtudes del otro, el ser y el poder del tótem. Entre ellas y aquellos, entre las pieles, los tatuajes y los pintores encontramos el poder del león, del lobo, del elefante y de la serpiente. La sabiduría del tiburón en su mundo opaco. Pergaminos y papiros tan dibujados como escritos, granito cincelado, pisadas de lagartija en la arena.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

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60M
-“Ya lo sé, querido Víctor, sé que una chaqueta de piel puede ser un fetiche y una variante simbólica del tatuaje. No es necesario que te cite la lista de famosos asesinos en serie, caníbales y despellejadores, como aquel Anófeles Malull que decapitaron en la Francia de la posguerra por fabricarse una levita de piel humana.

Solamente te recordaré a Marlon Brando y la película “Fugetive kind”, que aquí titularon “Piel de Serpiente”. En ella, mi admirado y deseado “Melón Blando”, se enamoraba de una muy atractiva Anna Magnani, cautiva de un ogro feroz y cruel, te parecías a él, a Brando quiero decir, con tu chaqueta de piel marrón.

La fuerza de los dos personajes era arrebatadora.

Él, guapo, joven, libre, desarraigado, con su enorme y destartalado automóvil y su chaqueta de serpiente como si fuera su segunda piel. Ella, prisionera, fuerte y dulce, escondiendo entre sus pestañas toda su vida de ojos negros abiertos”. (La madeja. Cartas a un amigo.)


viernes, 19 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (59)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

59. La cueva.

Platón afirma que el arte es artificio y simulación, y abomina de ello por cuanto cree que sólo nos ofrece engaños y mentiras. Para él la verdad no son las sombras que vemos proyectadas en la pared del fondo y sí la luz que las produce y que se halla fuera de la caverna en la que estamos encadenados, si queremos verla hay que salir para mirarla de cara.

Hay quien, en cambio, quiere pensar que la verdad se halla en esa misma cueva oscura, y que nosotros no nos encontramos dentro sino fuera de ella, y que para conocerla hemos de hacer lo opuesto que nos propone el filósofo griego, no debemos salir y ver la luz, todo lo contrario, hay que penetrar hasta lo más profundo del pozo para saber la “verdad”.

En este sentido, la mejor forma de conocer al león será transformándose en uno de ellos en un ardid rocambolesco, ditirámbico y peligroso, un viaje a los infiernos en el que se puede perder la propia personalidad al convertirnos en el personaje que interpretamos.

En esa metamorfosis de ser nosotros siendo otro hallamos también la sempiterna voluntad de integrar vida y arte en una especie de fusión nuclear casi imposible excepto en algunos rituales en los que se pone en peligro la propia vida de los participantes. En la actualidad la fiesta taurina, moribunda ya, es su máximo exponente y el más notorio ejemplo de ello. 

Lo había sido, y quiere seguir siéndolo todavía, el “Circo”, que ahora debe competir con las cabriolas de los modernos deportes. En algunos de ellos, en los que el riesgo y el peligro físico son altos, como el boxeo y las carreras de automóviles y motocicletas, se puede igualmente morir en directo. 

En ocasiones, tal pretensión, la de “morir”, la hallamos en el sexo público y de pago que al mismo tiempo es sexo espectáculo. En el trasfondo oscuro de las famosas “snoof-movies”. Y, a su vez también, en los recientes concursos televisivos como “Gran Hermano” y en los programas de tele-basura en los que se entrevista a los que enseñan, sin pudor y frente a las cámaras, sus trapos sucios. 

Una variante aburrida de todo ello son esas páginas web que retransmiten a todo el mundo, gracias a una webcam, la vida privada de quién se expone voluntariamente a ello como si fuera un animal enjaulado, contemplando, los que la miran, su anodina vida cotidiana. 

Igualmente los blogs, y los espacios web que configuran las modernas redes sociales de Internet, en los que sus propietarios hacen públicas sus bodas y sus divorcios. Ellos sirven también de tablón de anuncios y de agendas públicas donde se proponen citas, se dan cuenta de llamadas telefónicas y se habla de los planes del próximo fin de semana, en una confusión colosal entre vida pública y privada. Son el gran patio de vecinos de la contemporaneidad, ellos permiten un nuevo exhibicionismo y voyerismo y un remedo sentimentaloide, mediocre y barato, de estar por casa, de popularidad y fama. 

A esta lista hemos de añadir la ejecución pública de reos convictos a la pena capital, la guerra y algunos actos terroristas retransmitidos en directo. Hemos de señalar que la ejecución de Sadam Hussein fue el vídeo más visto del año.

Hay que destacar también las nuevas prácticas artísticas en las que su autor es el único tema de la obra, en ella todo gira a su alrededor. Fotógrafos que se fotografían a sí mismos interpretando diferentes personajes o exprostitutas que nos revelan su oscuro pasado y su raro presente.
Y, por supuesto, la política, la democrática, más que la tiránica, la populachera y seudofascista que vive del espectáculo de masas y del odio o del fervor popular.

Arte y vida, mentira y verdad, se unen para provocar asombro, escándalo y modelos a imitar que nos proporcionen nuevos deseos que copiar para dejar de ser nosotros mismos y ser otros. Ellos dos juntos siempre han conformado el espectáculo más poderoso que te hipnotiza y te atrapa irremediablemente, el presente, no hay nada más grandioso que el ahora, nada más seductor que el instante, nada tiene más fuerza que el momento fugaz. El presente, gracias al futuro, acontece frente a nuestros ojos secuestrados por la realidad. 

Así pues el retrato sólo es verdadero cuando el modelo ejerce de sí mismo y no interpreta a nadie. Pero eso es casi imposible, casi lo es en vida, pero en el “casi” se encuentra la libertad, la capacidad del pintor y del modelo y el compromiso que ambos deben contraer con la realidad.

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59H
-“A mí, querida Verónica, no me habría importado ser tu marido consorte porque eras mejor que yo. Me daba igual enseñarte que aprender de ti, pero no me gustaba que se aprovechara un tercero de mis besos, como ya sabes yo te enseñé a besar. No fui el primero, es cierto, nunca conseguí ninguna medalla de oro ni de plata ni tampoco de bronce en competición alguna, pero los besos que dabas a los demás los aprendiste de mí y los disfrutaron otros que nunca supieron, ni sabrán, quién fui yo.

¿Celos?, por supuesto, celos y muchas cosas más. ¿Para qué te fuiste con Antonio T. a Londres aquel marzo, tan deprisa y corriendo? ¿Quién era aquel muchacho con el que salías?, se llamaba Zanardi, ¿no?, ¿o era su amigo Roberto? 

Espero que nunca le contaras el secreto que esconde el guión de “The searchers”, yo te lo revelé y nadie más debe saberlo. Nunca me lo dirás, pero... ¿qué hiciste en Londres? Ya sé que hay que dejar que los demás respiren y que nos mientan lo necesario y conveniente, pero, en esta ocasión, me hubiera gustado saber de tu boca la verdad. (El hilo. Cartas a una amiga.)
 
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59M
-“Cada uno encuentra lo que busca y lo que busca puede ser cualquier cosa. En el centro de la tierra se halla el edén, y en su justo medio el cielo.

A nadie le he contado aquel secreto, Víctor, sólo sé que mi último amante me dejó porque quería tener un hijo y yo ya no podía dárselo, hace pocos meses su nueva esposa ha dado a luz a una hermosa niña, ¿se lo puedo reprochar?

”Hicimos del día una gloria antigua y del bosque un paraíso. Desobedecimos a Dios en cada instante –y a los hombres- y probamos de todas las manzanas”. (Extracto de “Paraíso”, en “Baladas de amor”, de Juan Ramón Jiménez). 

En el centro de la tierra se encuentra un monte, y en su justo medio el limbo, en él estamos tú y yo. Todo es una vuelta al tiempo anterior al tiempo, aquél que vivimos juntos antes de nacer”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

jueves, 18 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (58)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

58. El retrato y el acontecimiento.

Aristóteles afirmaba en su “Poética” que un retrato fidedigno de cualquier hecho sólo se logra cuando se experimentan las emociones implícitas en el acontecimiento. De ello podemos deducir que el propio artista representa su obra al ejecutarla, que al escribir y al pintar actúa también como si fuera un actor que logra abrigar en su seno los sentimientos del personaje llegando así a confundirse con él. Sintiendo lo que él siente es él. Las consecuencias de tal afirmación llegan hasta nuestros días y han sido motivo de grandes debates y la base teórica y práctica de muchas de las más famosas escuelas de interpretación. 

Sin embargo, su fundamento encierra un equivocado concepto de verdad que la propia práctica escénica desmiente cada día. En un escenario las cosas son distintas porque parecen diferentes, así de sencillo. La altura no es la misma como si los centímetros se acortaran, la voz, el gesto, la edad tampoco son iguales, la sinceridad es de otra clase. La verdad no debe ser demostrada, sólo debe ser verosímil, si no lo es no sirve a su propósito. Y lo que vale para un escenario vale también para una tela o para el papel en blanco que debemos rellenar con las palabras que en él escribiremos.

¿Sentir las emociones que el personaje siente tiene que ver con la verdad o, como nos recordaba Frankfurt, con la mentira? ¿El disfraz que usamos nos dice quién somos?

Frankfurt advierte la importancia clave de que cuando alguien tergiversa cualquier cosa, ha de estar forzosamente tergiversando también su propio estado de ánimo.

Pero no en el Arte.

Él dice: “Es posible por supuesto, que uno tergiverse solamente eso (por ejemplo, fingiendo que tiene un deseo o un sentimiento que realmente no tiene)” Y continúa diciendo que en el supuesto de una mentira o de cualquier otra tergiversación, lo está haciendo de dos cosas al mismo tiempo, la cosa en sí tergiversada y su estado de ánimo.

¿Por qué sucede tal cosa? Rüdiger Safranski nos dice que la mentira no se opone a la verdad y sí a la veracidad y que el que está persuadido de lo que dice no miente ni siquiera cuando sus afirmaciones son erróneas. 

Safranski afirma también, como Sartre, que la conciencia es libre y que ella no se limita en “ser consciente”, que también puede desgajarse de la realidad, siendo una “falta de ser”, una experiencia de la nada. Y continua:

“La libertad incluye la capacidad de cambiar la realidad según patrones que no proceden ellos mismos de la realidad sino del mundo imaginario. Y ¿qué es la imaginación? ¿Es solamente la materia a partir de la cual se hace el arte? El mundo imaginario es aquel que nos “figuramos”. Es una imagen, la cual no constituye una copia, sino que se pone en lugar de la realidad. Es un segundo mundo, que, sin embargo, puede dirigir e incluso dominar la conducta en el primer mundo. La imaginación se sirve de materiales que forman parte de nuestra vida: experiencias, impresiones, obsesiones, deseos. Pero lo que engendra a partir de ahí es algo nuevo, que puede oponerse también a la restante realidad” (“El Mal o El drama de la libertad”, Rüdiger Safranski)
Se cree que la realidad no debería necesitar de atributos para presentarse y representarse, que habría de hacerlo como si fuera un cuerpo desnudo y ella misma esa desnudez sin adjetivos, que nada debe ponerse en su lugar para “figurárnosla”. Se piensa que si los adquiere y se viste con ellos se falsea, se disfraza, se esconde o se tapa, se transmuta en mentira, se oculta. Muchos consideran que la realidad es incognoscible, pero se equivocan. ¿Por qué?, porque un vestido no tapa, todo lo contrario, desnuda de una forma que ningún streaptease consigue.

“What you see is what you get”, todo lo que ves es todo lo que hay, si crees que no hay nada es que no ves nada.

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58H
-“Siempre me robabas las ideas, querida Verónica, aunque te defendías al llamarme a mí, “tu Musa”. Pero tenía razón, eras una ladrona, ambos lo éramos. Yo se las sisaba a mi hermano y tú a mí. Luego estaban todos los demás y tus innumerables amigos que no pude jamás contar.
Antonio T. se las birlaba a cualquiera sin el menor pudor y, de una manera u otra, siempre conseguía venderlas como si fueran pescado fresco de Calafell.

Creo que nos veía como piezas de caza, inertes, sin vida aparente, y tendidos en una fría mesa de mármol, listos para que con la luz parda del atardecer nos pintara Chardin.

Creíste que me tenías como a un pato muerto, recién cazado, mis palabras de amor y mi pasión, aunque sinceras y verdaderas, te engañaron porque yo podía vivir sin ti, pero... ¿podías tú vivir sin mí?”. (El hilo. Cartas a una amiga.)



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58M
-“A mi me gustaba mirarte con veintiuno, o con doce, con apenas dos días o con cuarenta y dos años. 

Ahora ya no eres tú, pero lo fuiste. Allí estabas y estás, en aquellas fotografías que te robé y que te hice. 

En el año 75 murió Franco y soltábamos, sin que nos vieran, tapones de botellas de champaña por las Ramblas y aquella tarde celebramos todos nosotros una fiesta con pastel incluido. Dijimos que era para un amigo que se iba al servicio militar y encargamos unas palabras escritas con chocolate, como esos hilos negros de tus fotos, “Adiós muchacho...”, escribió el pastelero.

Hoy, cuando te miro y te remiro, veo a un hombre que se parece mucho a ti, pero que ya no eres tú, querido Víctor, y no lo eres porque ya no estás conmigo”. (La madeja. Cartas a un amigo.)


miércoles, 17 de noviembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (57)



Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

57. El retrato, el modelo y el personaje.

El retrato, el modelo y el personaje forman el trípode en el que se cimienta el arquetipo que nos hace ser lo que somos, amos y esclavos de nosotros mismos y de los demás cuando los copiamos impelidos por el deseo de ser ellos. 

Como afirma el antropólogo francés René Girard, queremos ser lo que los otros son, ser ellos mismos, y para serlo anhelamos, codiciamos incluso, su propio deseo, no hay otra manera de lograr ser ellos que desear lo que ellos desean y que no es más que aquello que otros desean también.
Queremos ser nosotros siendo ellos en un quimérico deseo.

El deseo más poderoso es ser el deseo de otro en una espiral paradójica sin fin, el otro es nuestro modelo, nuestro personaje y nuestro retrato más perfecto. 

El deseo se alimenta miméticamente en el de los demás, no tiene freno, no hay nada, excepto la muerte, que lo pare en su afán devorador.

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57H
-En aquella playa griega te dije un día entre besos que mi cuerpo, mis manos y mis ojos te abrían como una ventana y que entraba en ti como si fueras mi casa, que quería regar tus entrañas heridas y verte florecer como una rosa entre la arena. Eso te dije en aquella playa de Gavá o de Ostia, tanto da, en todas ellas se han amado miles de hombres y de mujeres antes y en todas mataron a Pasolini, lo volverán a hacer, no te quepa la menor duda.
¿Y tus manos?, ¿todavía las tienes?”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

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57M
-“¿Mis manos?, no sé, te las llevaste contigo cuando te fuiste, pegadas a tu piel están. Ahora uso unas prótesis para disimular que me faltan. 

El mar es la bañera de mi casa y a la arena la barrí”. (La madeja. Cartas a un amigo.)