viernes, 10 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (42)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

42. El Cómic.

Las estampas japonesas, con Kiyonaga Tisú, Hiroshima, Utamaro... son, permítaseme utilizar la expresión muy poco ortodoxa, la “línea clara” de la Historia de la pintura mundial, en una voluntaria y premeditada alusión al universo del cómic. Universo grafico, literatura dibujada en publicaciones baratas y populares que nacieron en las páginas específicas de las ediciones dominicales de los periódicos norteamericanos de primeros del siglo XX para lectura infantil y que todos los adultos también leían. 

Alex Raymond, Milton Caniff, Al Foster, Hogarth, Al Capp, Hill Eisner, Windsor McCay, George Herryman, Shultz, Breccia, Hugo Pratt, Hergé, Jijé, Uderzo, Goscinny, Robert Crumb, Tardi, Ambrós, Bilal, Jesús Blasco, Iranzo, Víctor Mora, Max, Nazario, Yves Chalana, Charlier, Giraud, Moebius, Manara, Crepax, Shuitten, Druillet, Liberatore, Escobar, Benejam, Ibáñez, Vázquez, Cifré, Jorge, Peñarroya, Coll. 

Y miles más.

De Chu Ta hemos leído que su abuelo y su padre ejercían como reputados pintores y calígrafos. La clave del arte de construir imágenes en una superficie se halla en la caligrafía, pintar y dibujar igual que se escribe, entendiendo por escribir el acto que al mismo tiempo es físico y mental. Todos los que han practicado oficios manuales entienden y conocen el significado básico y trascendente de usar las manos. 

“Con el pulgar y el índice se debe asir la cuchilla para cortar. Mientras tanto, el dedo meñique ha de apoyarse en la piel, inmovilizándola con la suficiente fuerza para que no se desplace ni se mueva. La otra mano la sujeta y la tensa desde el otro extremo, levantándola ligeramente del tablero en el punto donde la cuchilla ya está cortando. Así evitamos aplastar el pelo y cortarlo. Pues ése es el fin, cortar solamente el cuero y ni uno solo de los pelos.
La luz por debajo de los ojos, iluminando únicamente las manos que son las que trabajan.” (“Con el pulgar y el índice”, El peletero) 

Eso que para nosotros resulta obvio y evidente ha sido erradicado de las escuelas contemporáneas por la pedagogía moderna en uno de los actos más estúpidos y mediocres del pensamiento humano de todos los tiempos. Todavía no se han dado cuenta de su error y estulticia. Desgraciadamente nunca lo harán.

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42M-
“Querido Víctor, uno de los protagonistas masculinos de “El mundo según Garp”, de John Irving, un muchacho joven, besa a una mujer que no lleva su dentadura postiza. Creo que si se ha de usar una de esas prótesis es mejor quitársela para los besos profundos, ¿no?
En una película argentina uno de los personajes hace pulseras de los alambres dentales de un niño.

Un día te vi cambiar el agua de las que conservas de tus padres ya fallecidos, las podían necesitar en cualquier momento, afirmaste al ver mi cara de estupefacción. ¿Todavía lo haces? Y una noche mejoraste un verso diciendo que escribir un poema es estar, a la vez, dentro y fuera de ti. Como besar”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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42H
-“Son cuatro, no tres los agujeros de mi cinturón que ya me he comido en cuatro meses, uno por mes. Es verdad, no como y se me marcan los pómulos, he adelgazado. Por las noches no paro de llorar, me emborracho y bailo solo oyendo música mientras escribo como un loco. ¿Quién puede detenerme? Me hago fotos en el ascensor en las que reluzco con el metal, Doris Day canta a su hijo que será será y Sabina que llueve sobre mojado. Si te dijera, amor mío, que todo es verdad, no te mentiría.

¿Quién puede detenerme? 

Kandinsky tal vez.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (41)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

41. Dibujar.

¿Qué diferencia hay entre pintar y dibujar? 

Existe una respuesta fácil y obvia que nosotros no mencionaremos, nos limitaremos a hablar de un paisajista chino, Chu Ta (1626-1705), una de las figuras claves de la historia de la pintura China, y heredero de su larga tradición sin ser esclavo de ella. Fue descendiente de una familia de sangre real, de la dinastía Ming. Su entorno propició su interés por la pintura, su padre y su abuelo eran reputados pintores y calígrafos. Desde muy pequeño manifiestó a todos sus aptitudes por la poesía, la caligrafía y el grabado. En 1644 la rebelión Manchú de 1664 y el consecuente control y censura política de los artistas le llevaron a rebelarse prohibiéndose a sí mismo hablar. Durante años permaneció voluntariamente mudo, comunicándose con los demás sólo con los imprescindibles gestos. Refugiado en una comunidad budista vivió una vida monacal.

Recordaremos también a Zao Wou-Ki y al Premio Nóbel de literatura, Gao Xingjian, excelente pintor al mismo tiempo que escritor. Gao Xingjian honora su oficio, precisamente, al aceptar ser heredero de esa gran escuela pictórica, que, junto con la japonesa, diluye las diferencias entre la pintura y el dibujo. Sus paisajes son también manchas, dejando entrever, de la manera más sutil posible, que la naturaleza la conforman manchas. Más tarde, algunas abstracciones de Moteherwell  nos lo recordarán también. Al igual que algún “joven” contemporáneo, como Fernando Zobel, que también quiere emular a Turner.

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41M
-“Siempre usabas la metáfora del prisma para hablar de las personas, como si sus rayas negras fueran sus arrugas. 

Los seres, igual que las cosas, tienen una composición química, decías, según sea una u otra “absorben” la luz en una determinada frecuencia, el resto la “expulsan”, esa luz que “rechazan” es el color que decimos que tienen, si entonces la descomponemos en un espectro veremos unas líneas finas en negro colocadas en distintos lugares, entre los colores. Esas rayas negras nos indican su composición química. Es un método muy usado en astronomía para conocer la composición de estrellas y astros.

Tú fuiste esa luz que expulsé, mi color. ” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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41H
-“Vuelo de noche sorteando montículos y cordilleras nevadas, esperando el oro del amanecer como Saint-Exupéry, bailo con las brisas y los vientos que caen por las laderas hasta las planas, ¿quién las pintará bañadas de blanco y ocre? Nadie las mira desde tan alto, nadie quiere caer y despeñarse, nadie es capaz de decir adiós.” (El hilo. Cartas a una amiga.)


lunes, 6 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (40)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

40. Guardi.

Existe el paisaje campestre, el urbano y la marina también. Pero el mar no se puede pintar, así que no hablaremos de él. En su lugar lo haremos de algo más importante y sutil, la “vedutta”. Primero recordaremos a Lorrain y a sus escalinatas que llegaban al mar, para después señalar a Guardi, el verdadero pintor de Venecia. De una Venecia pobre y pálida, de Iglesias ya antiguas y poco ventiladas, carcomida toda por el salitre y la esperanza de un pasado muerto definitivamente. Sus “veduttas” son el retrato de un cadáver.

En la palabra “vedutta” está contenida lo que se ve y lo que se muestra, lo mirado y lo visto. En ella hallamos el acto sublime y tranquilo de la vista satisfecha. La “vedutta” es una actitud quieta, contemplativa, hedonista y estoica al mismo tiempo, es el estar de un verdadero caballero que sabe enfermar con el color adecuado. La “vedutta”, tanto para el que la pinta como para el que la observa, es el primer síntoma de sufrir del “síndrome de Stendhal”, la enfermedad que causa la contemplación de la belleza.

Francesco Lázaro Guardi aprende de Tiépolo, su pincel es fino y su pincelada es pequeña, como si tuviera miedo de romper lo que pinta si lo pintara grueso. Venecia ya está rota, pero Guardi seguirá siempre entero entre sus colores pardos y terrosos y sus azules entre el gris y el blanco.
Hay ciudades que las baña el mar sin ser nunca sus hijas. Otras, en cambio, se asientan en el suelo por pura casualidad, Venecia es, sin duda una de las primeras, pero hay otras que no necesitan de ningún canal para que la luz que reverbera las ilumine. Thessaloniki es una de ellas, Alejandría es otra, Nápoles y Barcelona no. Aunque la primera tenga su bahía y la segunda su montaña ninguna es hija del agua. Como si unas fueran ciudades pintadas y las otras dibujadas. 

“No me lisonjeo de poder comunicar a V.E. novedad de grande importancia en las invenciones que contribuyen a la perfección de las artes y manufacturas y economía de sus fábricas, porque aquí se contentan y presumen haber hecho milagros, cuando en sus tejidos de seda, de lana, de lino, llegan a imitar mediocremente las estofas, los paños, las telas, las lonas, etc. que se fabrican en Inglaterra, en Holanda, en Francia y en Germania. En lo que más se han adelantado es en las fábricas de cristales y espejos soplados, que todos convienen en que son mucho más claros, naturales y vistosos que los llaman de “de getto”, y aunque muy inferiores en la grandeza, pues los mayores que aquí se logran son de ocho cuartas de alto y cinco de largo, y si alguno se acerca a las nueve cuartas y cinco y media, pasa por una maravilla de la casualidad, y no del arte, que no prescribe reglas seguras para conseguirlo, y se hace de un aprecio y valor exorbitante”

“Don José de Montealegre, embajado de España en la Serenísima República el año de 1759.”

El texto es de la época de Tiépolo, pero es ilustrativo leerlo para saber algo de Venecia, luego, con Guardi, su luz se confundirá con la tierra y el cristal del sol se venderá a los turistas.

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40M
-“Por enésima vez he visto con mi amiga Paulina “La misión”, una muy buena película. La vimos por primera vez a las pocas semanas de estrenarla, luego, a los pocos días, ella tuvo el “ictus” que le paralizó más de medio cuerpo y la dejó imposibilitada y dependiente para casi todo, parecía que su vida se había despeñado por una de aquellas enormes cataratas americanas.
No sé si a ti también te ocurre, que al ser hija del Mediterráneo me trastorna tanta agua, tanta humedad, tantas montañas y tan altas, tanta naturaleza desbordada. 

Paulina olvidó leer y escribir y no ha conseguido aprender de nuevo, todavía no puede andar ni vestirse ni lavarse ni cocinar ni casi comer sin ayuda. La suya también es una naturaleza desbordada, dice con ironía de sí misma.

En otro tiempo nos robábamos los novios, siempre conseguía los mejores, los suyos eran muchísimos más y más altos y más guapos que los míos, juncos espigados con dedos largos o muchachos fuertes con tupés engominados y gafas oscuras. Sin embargo, a ti te admiraba de un modo muy especial, creo que era porque, de una manera u otra, siempre la hacías callar. En realidad pienso que estaba muerta de envidia, por eso decía que eras mi perro faldero. Ahora ella tiene el suyo, uno que la cuida y dice que la quiere y la que está muerta de envidia soy yo. Me gustaría saber qué demonios hacen en la cama, pero también sé que ni ella ni yo hemos olvidado aquellos novios que nos robábamos”. (La madeja. Cartas a un amigo.)

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40H
-“Cuando te envié la reseña de la última novela de Inma Monsó se me olvidó decirte que me había sorprendido leer que la literatura formaba parte de su época de zombie, como si fuera el resultado de una no vida. Yo me siento igual, ya sabes qué ha sido la mía en estos últimos muchos años, una tempestad de Turner. En el colegio no podía jugar deportes de equipo, mi físico pequeño no aguantaba las embestidas de mis compañeros, así que me hice jockey, montaba a caballo y ganaba carreras. Cuando llegaba a la meta seguía cabalgando solo, más allá, a trote, buscando la línea aquella de árboles que bordeaban el canal de casa, allí estaba ella, esperándome: “Parecía un animal salvaje, desnuda y de pie, fiera. Nuestra ropa en el suelo, el sol alto y cayendo, mi falo enhiesto y subiendo, y mis dedos bailando en su seno, entrando y saliendo de su vientre para robarle picas, corazones, tréboles y diamantes.” (“Filosofía corta-3”, el peletero).

Ahora solamente vuelo como un jilguero que ha perdido su nido y su platanero. No paro de llorar, vuelo bajo arrastrando con mi peso nubes cargadas de noche y de luz, pura ceniza, plata negra.”
(El hilo. Cartas a una amiga.)

viernes, 3 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (39)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

39. La Torre.

Indudablemente la arquitectura es también un pecado de soberbia y a propósito de ella mi amigo peletero escribió un interesante texto poético usando una historia publicada en cómic, escrita por Benoit Peeters y dibujada por François Schuiten. Es un relato kafkiano y en buena parte es la cara opuesta de “El castillo” de Kafka. En la segunda un hombre pide entrar, en el relato de Bernoit alguien quiere salir, escapar. Dice así: “La soberbia es una torre que atraviesa el cielo como la luz de una antorcha. En ella se guarda un cofre con todos los secretos del mundo. La llave de este cofre pende del cinto de un anciano desmemoriado.

Con toda la modestia que lo define frente a otros instrumentos artísticos, mucho más potentes y con más prestigio, el cómic, con su encanto sencillo, nos abre él también las puertas a misterios tan profundos como los mismísimos cimientos de Babel. En el “comic book” que escribió Benoit Peeters y dibujó François Schuiten, titulado “La Torre”, se nos muestra cómo uno de los encargados del mantenimiento y conservación de una gigantesca construcción, que se eleva imperturbable hacia los cielos, ha quedado incomunicado y aislado. Este obrero, que allí vive solo en una pequeña cabaña entre enormes muros de piedra, preocupado exclusivamente en su labor de vigilancia y reparación, llega a perder el contacto que periódicamente establecía con sus otros compañeros y superiores. Ellos están también distribuidos en otras zonas de La Torre y con el mismo deber que él, evitar que se deteriore y colapse. 

Hace ya demasiados meses que no recibe respuestas a los mensajes que envía a través de palomas, esperando ánimos o alguna orden. Aislado en su zona de trabajo malvive como un náufrago perdido en un mar de piedras, arcos, bóvedas, contrafuertes, túneles, escaleras, rampas y arbotantes. Tanto tiempo hace que no tiene contacto con nadie que decide abandonar su puesto de vigía y marcharse. Todos los indicios señalan de forma inquietante que los demás se han ido, no tiene más remedio que abandonar su puesto, se dice después de mucho dudar. ¿Habrá que regresar?, supone. Pero regresar ¿a dónde?, no lo sabe. La Torre es su casa, toda su vida ha vivido en ella, reparándola y cuidándola y antes que él su padre y el padre de su padre. No puede imaginar otro lugar. No existe nada fuera de ella. Su horizonte se ha vaciado.
Lentamente va descendiendo. Piedras y solamente piedras va encontrando. La Torre es un mundo completo, sino es ya “Todo el Mundo”. Seres extraños y solitarios habitan rincones de la mole, ajenos al Orden que la construyó y la administraba. Nadie la ha visto entera. Las imágenes completas que de ella se tienen son fabulosas y fantásticas, meramente imaginadas. Su perfil y su tamaño son un mito ya indemostrable.
Pero unos cuantos siglos antes, Pieter Brueghel el Viejo, ya nos había pintado, con una precisión notarial, lo que algunos milenios atrás los hombres habían imaginado y algunos habían empezado ya a prefigurar en la vieja Sumer con sus zigurats: “La Torre de Babel”.
A las afueras de una industriosa ciudad flamenca a la orilla del mar, Brueghel erige una torre a medio construir que ya toca las nubes. En ella trabajan los obreros con sus poleas y sus grúas medievales, levantando cada peldaño, uno después del otro. Esta obra impúdica y desvergonzada contrasta con los siervos arrodillados, sumisos, humillados frente al rey que acaba de llegar para inspeccionar las obras. Postrados ante él no osan mirarle, no deben levantar la cabeza en su presencia. Pero más tarde, paradójicamente, sí deberán mirar al cielo para seguir construyendo muros cada vez más altos. 

Mientras los humos salen oscuros de las chimeneas de las casas, la torre los sigue imperturbable en su parsimoniosa ascensión al limbo.” (“El peletero y la Torre”, El peletero)
“La callejuela” y la “Vista de Delft”, son, en cambio, dos piezas distintas a “La torre de Babel”. Dos obras maestras de Vermeer, modestas, frías, sólo casas, edificios y un río. Y una mujer. Y un solo color. Son dos pinturas verdaderamente monoteístas.

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39M
-“Querido Víctor siempre me recordabas aquella canción que decía que nuestro amor fue como un niño perdido y sin norte, sólo un espejo de cosas bellas. Yo te pedía que llorases si querías llorar, que esperases a mañana para morir, pero tú me respondías que el dolor dura para siempre si se convierte en una canción. (“Em dius que el nostre amor” Joan Vergés - Toti Soler)”

Siempre fuiste el mejor, mi amado Víctor, pero cuando se ha tenido en la cama a Antonio, nuestro profesor, a Luigi, aquel italiano de Zaragoza, o a Nacho, el que estudiaba ruso, se ve el mundo de otra manera. ¿De cuál?, de forma más sencilla, nada tiene mucha importancia ya, pero tú te empeñabas en darle importancia a todo."  (La madeja. Cartas a un amigo.)

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39H
-“Ella, sentada de izquierda a derecha, nos está esperando. Con aire altivo no se sorprende de nuestra visita, ya sabe quienes somos y a qué hemos venido. Manet la pintó con un fondo oscuro, como la piel de su sirvienta, para que así, las sábanas blancas de su cama acojan debidamente el sonrosado de su carne. Este contraste de colores, claridades y oscuridades consigue proporcionar tanto volumen a su cuerpo desnudo que acaba por sobresalir del cuadro y permitirnos a nosotros, espectadores deslumbrados, tocarla. Su mano izquierda se posa sobre su muslo derecho ocultándonos el vello de su pubis, si es que aun lo conserva. Más recatada en su postura que la Maja de Goya, es, sin embargo, más descarada por su mirada directa y desafiante. Inquisidora nos observa y examina, y según sea lo que le demos ella nos dará, simulando darse para que le demos más de lo que ya le hemos dado, que es más de lo que nos ha pedido, que ya es mucho. (…) Ese es el trato, pues hay trato. Amor tratado para que parezca que no hay trato o para que parezca que no hay amor que de todo hay en los salones de Olimpia, esa mujer que consigue estar erguida estando tumbada, sin ni siquiera mirar las flores que la esclava le lleva de un admirador.” (“El peletero y el sexo”, el peletero) (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El peletero/La aguja del pajar (38)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

38. La Arquitectura

No obstante, el paisaje no es sólo “campestre”, es también urbano, la arquitectura es toda ella consecuencia del “Templo”, es un Cosmos en si misma, es la mejor obra del ser humano, en ella está contenida su mente, el cerebro del Rey. 

Ni las obras literarias, ni las musicales ni tampoco las pictóricas, alcanzan su grandeza, no hay nada que se pueda comparar a la obra magna de un edificio, un templo, una tumba o una tienda. 

“L’arquitectura és ben segur l’art més mental al ser el més simbòlic i també el menys fàcilment evocador al no tenir referents clars a la natura tret de les coves i els úters.

L’arquitectura ordena i dona sentit a l’espai que ens envolta i conté i al fer-ho ens ordena a nosaltres mateixos donant-nos el significat que ens falta per ser humans. La casa sempre està feta a la nostre escala, tant si és una modesta tenda de campanya com si la que habitem és una gegantina i piramidal tomba.

En les parets de les cambres, habitades o buides, ocupades o abandonades, de pedra o de pells, sempre hi reboten els ecos del temps, en elles hi trobem el flux de les persones que hi viuen, estiguin encara vives o ja mortes, els rastres dels que entren i surten i passen de l’una a l’altre com la mateixa sang ho fa de l’aurícula a la aorta donant-nos vida, repetint així un so immemorial que s’ha anat transmeten de mare a fill en el delicat procés de ser dos de diferents. La música primordial.” (“Glosses, converses amb una sargantana”, El peletero)

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“La arquitectura es seguramente el arte más mental al ser el más simbólico y también el menos fácilmente evocador al no tener referentes en la naturaleza fuera de las montanyas, las cuevas y los úteros.

La arquitectura ordena y da sentido l espacio que nos envuelve y contiene, y al hacerlo nos ordena dándonos el significado que nos falta para ser humanos. La casa siempre está hecha a nuestra escala, tanto si es una modesta tienda de campaña o una gigantesca tumba.

En las paredes de las habitaciones, habitadas o vacías, ocupadas o abandonadas, de piedra o de pieles, siempre retumban los ecos del tiempo, en ellas encontramos el flujo de las personas que allí viven, estén todavía vivas o ya muertas, los rastros de aquellos que entran y salen y pasan de la una a la otra como la misma sangre lo hace de la aurícula a la aorta dándonos vida, repitiendo así un sonido inmemorial que se ha ido transmitiendo de madre a hijo en el delicado proceso de ser dos seres diferentes. La música primordial” (Glosas, conversaciones con una lagartija”, El peletero.

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38M
-“Ayer fui a comprar unos edredones, ahora las fábricas textiles nos ofrecen “ropa de cama” llena de colores y mil dibujos estampados. Nuestra amiga común, Angelines, se hizo estampadora y luego lo dejó por un estanco. Ya sabes que me gustaba dormir vestida, pero las sábanas siempre son y serán mortajas, eso es lo que tú me decías, da igual que las pintemos, sus gusanos de seda nos devorarán. 

Las mujeres decimos que lo sabemos, pero yo creo que no, creo que lo sabéis mejor los hombres aunque sólo sea por el color. Nosotras menstruamos en rojo sucio y vosotros eyaculáis en blanco muerte. Escupitajos ambos de la Dama, aquella que vino ayer, hoy, o vendrá mañana.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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38H
-“Querida Verónica, permíteme recordar el 1 de enero de 1978, al despertarnos por la mañana te besé y al recibir mi beso me miraste y al mirarme te quedaste en ese silencio meditabundo tuyo que tanto me gustaba, parecías una lagartija verde legionario.
Escucha te dije. Y te leí un poema de Brecht.

1
Cuando salgáis del agua, ya a la caída de la tarde
-y estéis desnudos, sintiendo la piel tan suave-
trepad a los grandes árboles
al soplo de la brisa, contra el cielo pálido.
Buscad árboles grandes que en el crepúsculo
mezan sus negras cimas lentamente.
Y esperad la noche entre el follaje
donde revolotean apariciones y murciélagos.

2
Las ásperas hojitas de los matorrales
os arañarán la espalda, al apretarla con fuerza
para subir trepando entre las ramas
casi sin aliento. ¡Es tan hermoso
mecerse sobre un árbol!
¡Pero no os deis impulso con las rodillas!
Tenéis que ser al árbol lo mismo que su cima:
lleva un siglo meciéndola en cada atardecer.

(Del trepar a los árboles, Bertold Brecht, traducción de José Muñoz Millanes)

Moviste la cola un par de veces y te quedaste muda del todo. 

Yo también permanecí en silencio, sentado en aquella silla de madera gastada que había al lado de la piscina. Ambos nos quedamos uno al lado del otro el resto del día y casi toda la noche sin decir palabra”. (El hilo. Cartas a una amiga.)

lunes, 30 de agosto de 2010

El peletero/La aguja del pajar (37)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

37. La Naturaleza no existe.

La naturaleza no existe, existió, pero ya no. Al paisaje, en cambio, le sucede lo contrario, nunca ha existido hasta que algunos lo inventaron buscándose a sí mismos. ¿Qué persiguen pues los ecologistas en la naturaleza que una vez dominó el mundo?, se buscan también a ellos, pero no saben que en el lomo de la bestia jamás se hallarán, ni siquiera después de muertos, descabalgados y con el cuello roto al caerse de su grupa.

Johann Barthold Jongkind no llegará a ser nunca una de los grandes maestros de la pintura, ni alcanzó en su vida el virtuosismo de otros como Veermer. Pero sus excursiones por las riberas del Sena y las acuarelas, que realiza con su modesta puesta en escena, prefiguran toda la pintura posterior de paisajes. Sus obras son pequeñas y en ellas la luz está contenida, amortiguada, y al igual que Constable, que era oscuro queriendo ser claro, no usaba una paleta colorista, el arcobaleno sin sus líneas negras. Su mirada todavía contenía el candor que los franceses “impresionistas” abandonaron al tener éxito. Curiosamente Monet le presentó a Boudin, otro paisajista atento al viento y de la estirpe de Guardi, pero que también estaba descubriendo “la impresión” que transmitía a su joven alumno Monet. “Todo lo que esté pintado directamente y sobre el terreno tendrá una fuerza, una potencia, una vivacidad que no se encuentra en el taller”. Boudin afirmaba también que debía “poseerse una obstinación extrema para no salirse de la impresión primitiva que es la buena”, y que, “no ha de ser un detalle lo que impresione de un cuadro, sino todo el conjunto”.

Pero aparte del encanto de sus obras, de ese candor en sus palabras, y más allá de su inocencia, nada de eso era verdad, al menos no fuera de sus valores estilísticos que no vienen, casi nunca vienen, al caso. Casi.

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37M
-“Querido Víctor, por tu cumpleaños quería regalarte un libro, una historia de amor epistolar con un marinero, las cartas parecían mensajes en una botella lanzada al mar. Pero no sabía a dónde debía enviártelo. Al final he decidido mandárselo a Isabel, aquella de la que decías que se parecía a la Venus de Boticcelli, pero en morena. De ella contabas que a sus veinte años ya tenía unos deliciosos pechos caídos y que te gustaban así. Los hombres sois más extraños que nosotras, las mujeres. Isabel me ha respondido que tampoco sabe dónde vives, así que ha reenviado el libro a Guadalupe, aquella muchacha que se fue a vivir a Wyoming con un vaquero sueco, él criaba vacas y ellas las pintaba. Al final terminó largándose con un fotógrafo que la retrataba desnuda con dos perros a sus pies. Guadalupe me ha escrito diciéndome que ha despachado a su vez el libro a una extraña dirección de Méjico, y desde allí, alguien que no tengo el gusto de conocer, un tal Jesús, lo ha vuelto a mandar a otra de Nueva York, creo que del antiguo barrio peletero, a una tal Diana Freeman, que me parece recordar era prima de Esther y de Cristina, las reinas de Namibia. Si al final has recibido el libro dame al menos las gracias” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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37H
-“¿Qué tiene que ver Giorgione y su tempestad con una apacible merienda campestre?, me decías.

No sé, pero ya sabes que después de la calma viene la tormenta aunque a nosotros dos siempre nos sucedió lo contrario. Escucha:

“En ella nos encontramos con dos dioses, uno es falso y está oculto tras las nubes y la lluvia. Los truenos que no oímos y los rayos que vemos nos lo recuerdan poderoso y temible. Ajenas a ese dios vociferante, tres figuras humanas desprotegidas, amenazadas por la intemperie prosiguen con su vida; un hombre de pie, vestido, observa o vigila con su lanza cómo una mujer desnuda, sentada en el suelo y protegida sólo por una pequeña tela colocada sobre sus espaldas, amamanta a su hijo también desnudo. Mientras lo alimenta, nos mira o mira al otro dios.” (“El peletero campestre”, el peletero)

Yo creo, querido amigo, concluías enérgica y convencida, que cuando hay tantos dioses y tantas mujeres desnudas todo termina por complicarse, esa pobre madre que amamanta a su bebé debe de estar pasando frío y nadie se preocupa por ella como es debido, eso es lo que pienso.

Yo me quedaba mudo porque la tuya era una respuesta que no tenía réplica, pero tampoco me dejaba satisfecho.” (El hilo. Cartas a una amiga.)
 

viernes, 27 de agosto de 2010

El peletero/La aguja del pajar (36)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

36. Del exterior y del interior.

La moderna Holanda del siglo XVII y XVIII, cuando pinta, prefiere las representaciones de la vida real y cotidiana, el cuadro de costumbres, el retrato, el paisaje, el bodegón, la escena de interior y la arquitectura. Estos temas ya no son el marco de otros, como las personas viven también independientes.

El paisaje holandés flota, se halla en, y más allá también de los árboles que bordean los caminos, es casi trascendente. Pero ¿dónde encontrar ese alcance largo en el paisaje “campestre” que inauguran Ruysdael y Hobbema? 

La pintura holandesa ha sido siempre el mejor espejo de si misma y de sus autores, conciudadanos, clientes y paganos. Un dibujo excelente y seguro, una gama cromática sobria, apenas seis colores y un sin fin de semitonos, tamaños pequeños y un uso evidente de la cámara oscura nos cuentan quiénes son. La línea del horizonte es más baja de lo habitual dando más protagonismo al cielo, buscando en él un punto de fuga más allá de lo que indican las líneas del ojo. Ese centro alto, por encima del suelo, les confiere la inevitable irrealidad y trascendencia a unas tierras que se hallan, paradójicamente, por debajo del mar y que quieren ser “campestres” y celestiales. 

La naturaleza pintada y pensada de Holanda tiene el mismo aspecto que los interiores de sus casas, no hay manera poética de distinguir los unos de los otros. Patinir y Brueghel sobrevolaban como un dios la tierra, y más que paisajes nos mostraban dioramas y pesebres. Rembrandt, y todos los demás, viajaban a pie, lo único que volaba era su vista cuando se levantaba por encima del horizonte. En sus paisajes al ser humano sólo se le halla en el espectador que contempla la obra a través de la mirada del pintor. Las personas y sus figuras han desaparecido de la pintura de paisajes; ciudades, ríos, caminos, arboledas, espacios vacíos bajo cielos inmensos, naturaleza plácida fuera del polvo que el viento del mar arrastra indiferente y al que nada, tarde o temprano, sobrevivirá.

Ruysdael pinta cementerios en sus horizontes vacíos, los rastros humanos son escasos, apenas trazos, unas pocas huellas en alguna rama rota. Sin embargo, Hobbema pinta barcas en la playa sin los pescadores que las tripulan, en ellas nos muestra el instrumento laso, ¿son pecios?
Vistas iluminadas en pardo y bosques apagados en verde oscuro con sombras grises y marrones entre alguna hoja que deja ver un azul lejano y blanco. 

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36M
-“Yo quise ser tu ave, tu albatros o tu frailecillo, tu tucán. Pero sólo llegue a ser tu pez plata, una faca afilada clavada en una piedra enamorada de un ciprés.

¿Me amaste alguna vez?, ¿me oíste cantar?, ¿me viste nadar de noche?, ¿cuántas veces morí en tus brazos?, ahora me muero de otra manera.

¿Dónde dices que te encuentras?, ¿en qué país estás?, ¿en qué casa vives?, ¿con quién te acuestas?, ¿has estado enfermo?

Nunca me dices nada, pareces un árbol que vigila sus secretos carcomidos en la hendidura de una roca enamorada, enamorada de ti.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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36H
-“Y yo te respondía, a mi vez y esforzándome mucho al hacerlo, que la soledad se encuentra en la mirada. Tu querías creer que ella es un faro como nuestra vela de la playa, que te señala un puerto abrigado y yo no osaba desengañarte, no deseaba cortar el lazo que nos unía cuando nos mirábamos durante horas, ese hilo del cometa que al romperse se convertía en un meteoro encendido que brillaba y caía.

“Manet es un dios curioso y cercano, solo, que no solitario. Por eso la mujer lo mira y con él nos mira a nosotros. En el centro, su compañera agachada, entre vestida o desvestida, con su rostro oculto, busca por el suelo del prado algo que ha perdido o algo que no encuentra. Los dos hombres conversan amigablemente, vestidos de la cabeza a los pies. Las interpretaciones obvias de la escena son muchas, nosotros no las expondremos ni haremos ninguna propia, sólo recordaremos a Giorgione y a su “Tempestad”. Y la mujer que allí aparece con su hijo, por cierto, ¿cómo está el tuyo? (“El peletero campestre”, el peletero) (El hilo. Cartas a una amiga.)

miércoles, 25 de agosto de 2010

El peletero/La aguja del pajar (35)


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

35. De lo que nunca se escribirá.

Heinrich Luitpold Himmler, en su famoso “Discurso de Posen” del 4 de octubre de 1943 dirigido a altos cargos civiles, militares y de las SS, y refiriéndose a la “Solución Final”, afirmó: “La mayoría de vosotros sabéis lo que significa cuando hay tendidos 100 cadáveres, o 500, o 1.000. Haber pasado por eso y –salvo las excepciones producidas por la debilidad humana- haber seguido siendo decentes, es lo que nos ha endurecido. Ésa es una página de gloria en nuestra historia que nunca se ha escrito y que nunca se escribirá…”

“La solución final” no podían perpetuarla personas que supieran que los pecados tienen perdón, aunque sea un cura medio sordo el que te lo dé. En “La solución final” está encerrado el pecado de soberbia que significa la voluntad de la pureza y el asesinato de Dios que ella conlleva. No se puede ser puro sin matar a Dios, ni, esto es lo peor, matarnos a nosotros mismos. Da igual ser religioso o ateo, a Dios se lo mata desde cualquier trinchera. La vanidad, luego la envidia, y más tarde la soberbia de querer ser virgen, inocente, santo y puro han inundado el mundo de sangre. Una civilización que destierra el perdón de su arsenal moral está abocada a tapar con tierra la tierra y los pecados con más pecados. Si no hay perdón aparece el rencor y la ponzoña.

Todos lo sabemos, padres violentos nacen de hijos violentados, el resentimiento se redime con más dolor, la injusticia con otra iniquidad, el orgullo herido con la soberbia en una espiral de locura y sin sentido que se transmite en cada generación. ¿Miedo? 

¿A qué?, ¿al mal? No, al mal no.

¿Qué hacer con el bien cuando se nos presenta?, ¿cómo hay que tratarlo?, ¿podremos soportar su visión?, nadie lo sabe pues siempre nos advierten del mal y cómo debemos salvaguardarnos de él, del daño, del agravio, del perjuicio y del menoscabo, nunca del beneficio y de la gracia. Todo el mundo conoce el mal, nadie sabe qué es el bien.

¿Por qué crecen las plantas y el trigo?, ¿qué alimenta a los árboles y a la hierba que comen nuestros ganados?, ¿es el agua que mana del cielo con la lluvia?, sin duda no, es otra cosa aquello que riega los campos de la mítica Arcadia que un día abandonamos expulsados, agua no es.
¿Qué mana de los pechos de las madres?, no lo sé, pero parece que leche tampoco.

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35M
-“Querido Víctor, en una ocasión me hablaste de una isla rocosa en la que las rocas, altas como murallas, parecían proteger o envidiar a unos cipreses que subían desde su centro. Era un cayo pequeño, la muralla de piedras formaba un semicírculo y en su interior crecían los árboles orgullosos. En sus paredes parecía haber unos nichos, unas sepulturas. A la isla se acercaba una barca, en ella se encontraba un hombre que transportaba un féretro. 

Era una pintura de Arnold Böcklin y una de sus cinco versiones de "La isla de la muerte"
La mole de piedras parecía cercar a los árboles para ahogarlos, agostarlos y matarlos, eso temí yo, pero me respondiste que no hay ninguna roca que pueda matar a un ciprés, lo sé bien, sé de lo que hablo, dijiste, porque yo también soy un ciprés y conmigo las rocas olvidan que lo son, pierden su dureza y sólo enseñan su debilidad y sus oquedades, en ellas guardo mis secretos que nadie conocerá jamás. 

Pero me engañaste, a ti te abatió un pájaro o algo parecido y todos tus misterios pintaron sus plumas y su pico de colores.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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35H

-“Ya sabes que mis primeras palabras sobre pintura te iban dirigidas.Para ti las escribí, y así lo entendiste, mi Verónica. 

En aquel entonces éramos demasiado jóvenes, tú tenías 22 y yo apenas 17. Me pediste que fuera el padre del hijo que deseabas tener, pero yo no podía ser el responsable de algo que no hubiera llegado a controlar jamás, por eso hablaba de pintura, es una manera elegante de huir. Decías que me querías, que te gustaba estar conmigo en la cama, pero siempre te ibas al salir el sol. Me alababas y me llenabas de besos y caricias, siempre avaras, cortas, pero sólo buscabas mis palabras, mis pinturas, mis fantasías, un compañero de cama y un padre para el hijo que, al final, otros muchos te dieron, yo no.

“¿Qué hacen pues dos hombres jóvenes, perfectamente vestidos, hablando entre sí, acompañados de dos mujeres, desnuda una y medio vestida la otra?”, me preguntabas.
“Jamás lo sabremos, pero todos parecen satisfechos.”, te respondía.” (El hilo. Cartas a una amiga.)

martes, 24 de agosto de 2010

El peletero/La aguja del pajar (34)


23 Agosto 2010


Lecciones imaginarias, poéticas y desordenadas sobre arte y pintura.

34. Holanda y la alegría.

Holanda es un país pequeño.

Su escuela de pintura nació casi al mismo tiempo que su soberanía política. Después de innumerables luchas con la Corona Española logró de ella la independencia sin necesidad del visto bueno de ningún Tribunal que la legitimara, ambas, la política y la pintura, fueron hechos consumados como lo son su mar y su cielo. 

En aquel entonces Holanda disfrutaba de una inmejorable posición que le permitía comerciar con todo el mundo, su litoral era una puerta abierta al Atlántico, el nuevo mar que sucedía al viejo, cansado y agostado Mediterráneo. Holanda sustituyó también a los arruinados banqueros alemanes que habían prestado dinero al siempre insolvente Reino de España y a sus guerras locas y fanáticas. 

Pero nada de todo eso tiene que ver con la pintura porque nada tiene que ver con la muerte y la luz.

En Holanda y en el resto del orbe luterano, nórdico y germánico, prosperó una burguesía moderna legitimada por una nueva moral que entendía la riqueza como una señal de bondad, honestidad, decencia, justicia y el premio a su mérito. Un modelo distinto, un individuo libre que, excepto por sus deberes con la comunidad, estaba solo frente al mundo y frente a Dios, entre ellos dos ya no había intermediarios, su responsabilidad, su soledad, su alegría y su miedo conformaban su autonomía y sus armas, sus blasones y sus medallas, en ellas estaba escrito su origen, su virtud y en el forro de sus vestidos negros un pecado sin nombre.

Pero nada de todo eso tiene que ver con la pintura porque nada tiene que ver con la alegría y el color.

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34M
-“Querido Víctor, yo creo que si te quedas el tiempo suficiente al lado de un muerto terminará por levantarse y volverá a caminar como lo hizo un día Lázaro, pero nadie dispone de tanto tiempo, ni siquiera creo que el tiempo sea tan largo, porque si hay algo que no es infinito es el tiempo, el espacio tal vez, pero el tiempo no. Esa es la diferencia fundamental entre pintura y música, la que hay entre el pasado y el presente, el primero es corto, en cambio, el segundo siempre es eterno.

Sigo esperando tu regreso, a veces sentada en el porche de casa, o de pie, fumando y bebiendo vino en el quicio de la puerta. Todo lo hago de pie, fumar o beber, comer o coser, cuando me siento no hago nada, dejo que el tiempo pase callada, sólo espero y miro el horizonte que me tapa como si fuera un bosque o una nube medio negra y medio escarlata.” (La madeja. Cartas a un amigo.)

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34H
-“En una vieja historia que narré hace tiempo, y que apenas duraba quince días me inventé una conversación imaginaria con Van Gogh, en ella el protagonista le preguntaba en qué consistía la pintura y el pintor holandés le respondía que pintar era elegir el color. Parecía una respuesta sin sustancia queriendo ser graciosa, pero un tiempo después de mi interesante diálogo con Vincent, cuando lo visité de veras en su casa de Arlés, leí en un pequeño libro de John Berger, “Algunos pasos hacia una teoría de lo visible” unas frases parecidas:
“Descubrir lo irremediable es el sueño de un pintor. El “azul” deja de ser un color que has elegido y se convierte en una fatalidad. Una fatalidad de la que no hay manera de zafarse. Esta fatalidad está presente en Tiziano, Turner o Rothko. Y ésa es la alegría.” (El hilo. Cartas a una amiga.)